CONCEPTOS DE LA HISTORIA QUE RECORDAR
MANTIS: las misteriosas pero poderosas y millonarias fuerzas privadas que encontraron a los individuos de STRANGE en la cueva cuando eran bebés. Los modificaron físicamente y los mantuvieron prisioneros para ser usados como armas alquilables.
La Organización: un grupo (no se sabe bien el origen) que apareció al final del libro 1 ofreciendo ayuda y refugio a Mack y a sus amigos. Al parecer, con buenas intenciones. Aparentemente son enemigos de las acciones egoístas y crueles de MANTIS.
Cuidador: persona profesionalmente preparada que fue asignada por MANTIS para cuidar por separado a cada uno de los trece individuos de STRANGE en sus distintas celdas. Un Cuidador o Cuidadora está todo el tiempo monitoreándolos, haciéndoles pruebas, examinándolos, y siempre está al tanto de que no escapen.
PERSONAJES QUE RECORDAR
La criatura: criatura de raza, aspecto y origen desconocido que inseminó a doce mujeres en una cueva para que nacieran los trece individuos de STRANGE. Esta criatura es considerada el padre de ellos. Fue capturada también por MANTIS, pero su cuerpo se descompuso al cabo de un tiempo dentro de su celda y finalmente murió. Nadie supo bien el porqué.
La chica número dos: segunda en la línea de los trece individuos de STRANGE. Sus poderes abarcan el área de la mente y la materia. Físicamente, se parece mucho a Ax, con la misma heterocromía, pero invertida.
Vyd: es el número diez de los individuos STRANGE y su poder es controlar la electricidad. Forma equipo con Nolan, Mack y Ax.
Mellizo de Ax: como su nombre indica, compartió vientre con Ax, pero cuando era adolescente empezó a convertirse en un fallo del proyecto STRANGE y terminó transformándose en algo monstruoso sin conciencia que apareció en el libro 1. Mack y Nolan lo llamaron la Sombra o el Fallo, ya que su piel lucía carbonizada y sin facciones. Su poder era el fuego, por eso lo causaba sin control. Él era el número trece.
Godric Cavalier: el padre fallecido de Mack. Ante su hija y muchas personas fingió ser profesor filósofo, pero en secreto era un ingeniero genético muy importante. Mantuvo ocultos a la chica número dos y al mellizo de Ax en su laboratorio, construido debajo de su casa, la mansión Cavalier, porque él era el Cuidador asignado de ambos. Trabajaba para MANTIS y toda la historia se desencadena por la relación de Godric con el proyecto STRANGE. (Que aún se está descubriendo).
Dan Cox: el hermano mayor de Nolan. Es adoptado, por lo que Nolan y él no comparten sangre. Trabajaba como policía en el pueblo.
Teodorus Cox: el padre de Nolan y Dan (adoptivo). Cuando eran pequeños, este hombre se fue de casa y dejó a Nolan y a Dan con su madre religiosa. Dijo que se iba con su pareja (otro hombre), pero en realidad Teodorus se fue a trabajar para la Organización con el propósito de buscar alguna solución para las alteraciones que Godric le hizo a Nolan al nacer (recordemos que Nolan es el protector automático de Mack).
Madelein: aparente líder de la Organización. Una mujer extraña que aparece al final del libro 1 junto a Teodorus Cox para ofrecer refugio y ayuda a Mack y los demás. Es muy seria y recta.
Jaden: ex y primer novio fallecido de Mack cuando ella era más joven. Era un chico muy agradable. Mack y él una vez iban en un auto cuando de repente el mellizo de Ax convertido en un fallo apareció en medio de la carretera y causó un accidente. En ese accidente, Jaden murió. En el libro 1, Mack no recordaba mucho el accidente hasta que varias partes le llegaron por tocar a Ax y descubrió la verdad.
Doctor Campbell: un amigo de Godric Cavalier que era médico de Mack desde la infancia y los ayudó en el libro 1.
Tamara: mujer que atendía una farmacia en el pueblo. Era amiga de Nolan y Mack, pero con el tiempo se descubrió que conocía a Godric y a la madre de Mack, ya que le vendió el veneno a esta para matar a Godric. El mellizo fallido de Ax la asesinó en la farmacia. Cuando Nolan y Mack fueron a su apartamento, descubrieron que ella tenía una bebé muerta, cuyo fallecimiento no había superado, y que en el apartamento de al lado ella había ayudado a Vyd a ocultarse.
La madre de Mack: era arquitecta y muy estricta con Mack, ya que quería que su hija fuera a la universidad. En secreto, envenenó a su esposo, Godric Cavalier. El mellizo fallido de Ax la mató al final del libro 1.
Todo comenzó con el extraño chico que encontramos en mi patio: herido, cubierto de sangre, sin poder decir más que tres palabras: «sí», «no» y «aquí».
Su nombre: Ax.
Peculiarmente atractivo. Con extraños ojos heterocromáticos, uno claro y otro tan oscuro como el poder que él podía controlar. Poseedor de una figura alta e imponente, llena de cicatrices como la de un legendario soldado, entrenado y condenado.
Ax era raro, silencioso, obediente y misterioso, porque no era un humano normal.
Una criatura de raza y origen desconocido hizo que doce mujeres se quedaran embarazadas. Las mantuvo en una cueva durante el periodo de gestación, hasta que fueron encontradas por MANTIS.
Esta corporación se llevó a las mujeres y a la criatura.
La criatura murió sin explicación al cabo de un tiempo. Las mujeres también murieron apenas dieron a luz a trece bebés (mitad humanos, mitad naturaleza desconocida), cada uno de los cuales con poderes sobrehumanos.
MANTIS vio en esas habilidades un negocio y se apoderó de los bebés. Los encerró como si fueran animales y empezó a entrenarlos, modificarlos y criarlos para ser usados como armas alquilables que solo podían costear en secreto los gobiernos o las personas más influyentes del mundo.
A esto se le llamó proyecto STRANGE, en el que se incluían los trece individuos, y Ax era el número uno.
Es decir, el más poderoso de todos: capaz de controlar la oscuridad.
Nolan (mi mejor amigo) y yo escondimos a Ax apenas lo hallamos en el patio de mi casa: la mansión Cavalier. Lo aceptamos, tratamos de despertar su humanidad y le enseñamos todas las cosas que él no sabía por provenir de un mundo de torturas y esclavitud.
Entre todo eso, terminamos queriéndolo.
Y yo, amándolo. Enamorándome de él.
Eventualmente también apareció Vyd, el número diez: capaz de controlar la electricidad.
Luego encontramos a la chica número dos: la única capaz de controlar las mentes.
Pero MANTIS, opuesta a perder a sus componentes, envió soldados para tratar de capturarlos de nuevo.
Todos nos vimos obligados a luchar para que no volvieran a llevarlos a esa horrible e inhumana vida de armas alquilables.
Y estuvieron a punto de lograrlo, pero entonces llegó a nosotros la Organización.
Se presentaron como enemigos de MANTIS, contrarios a sus ideas, y nos hicieron un ofrecimiento de ayuda para que no pudieran encontrarnos.
Fue un ofrecimiento de defensa y de protección. También aseguraron que nos darían un lugar en el que los individuos especiales como Ax, Vyd y la chica pudieran vivir en paz, y que no estaban interesados en apresarlos o usarlos.
Como no teníamos más opción, aceptamos y nos fuimos con ellos.
Claro, con un plan secreto: las versiones de Ax, Vyd y la chica número dos que nos acompañarían, serían solo proyecciones creadas por su poder mental. Como espejismos, capaces de engañar.
Las versiones reales irían a buscar al resto de los individuos del proyecto STRANGE que aún seguían con vida para liberarlos de sus celdas, unirse en un equipo y defenderse de MANTIS.
Solo que, al llegar a la Organización, no fue nada como esperamos.
Primero, antes de entrar a sus instalaciones, a cambio de la protección que nos habían ofrecido, nos hicieron firmar un acuerdo.
O mejor dicho: me lo hicieron firmar a mí en nombre de todos.
Yo desconfié, pero la verdad era que estábamos contra la espada y la pared. Éramos perseguidos. El número uno y los demás se encontraban débiles. Y MANTIS y sus soldados estaban dispuestos a matarnos para recuperar a sus individuos.
Necesitábamos asegurar nuestras vidas y asegurar que nadie atrapara a Ax, Vyd y la chica.
Así que tuve que tomar una decisión de vida o muerte, y no pude negarme.
Solo que empezaron a pasar los días y todo lo ofrecido nunca llegó. No nos maltrataban y sí nos permitían andar por las instalaciones, pero:
No nos dieron el lugar para vivir, solo nos dejaron en pequeñas habitaciones.
Nos exigieron dar muestras de nuestra sangre y someternos a chequeos y evaluaciones médicas.
Nos exigieron recibir entrenamiento como soldados.
Nos exigieron colaborar en, al menos, un área de la Organización como la cocina a los patios o la limpieza o los almacenes.
Nos exigieron acostumbrarnos a que estábamos vigilados.
Y cada vez que alguno de nosotros intentaba protestar por ello, salía algún guardia de la nada a callarnos y recordarnos que existían reglas que cumplir.
Porque el acuerdo había sido tramposo y básicamente nos convirtieron en «refugiados» y también en propiedad de la Organización.
Sin derecho a quejarnos.
Sin derecho a exigir más.
Sin derecho a salir.
Sin derecho a hablar.
Cualquier intento de eso era castigado de la forma que la Organización creyera más conveniente.
Así que ahí estábamos en esos tiempos:
Éramos refugiados. Aparentemente, a salvo lejos de MANTIS. Toda la opresión estaba disfrazada de cordialidad, oculta con la excusa de «solo aquí MANTIS no podrá atraparlos».
Pero la realidad era que vivíamos bajo el dominio total de la Organización.
Y lo único que me hacía permanecer allí aguantándolo todo y cumpliendo ese silencio que nos imponían era ese plan que habíamos armado con la chica número dos antes de dejar la mansión:
Que Ax, Vyd y ella fueran llevados a la cueva en donde habían sido engendrados por la criatura, pues allí encontrarían algo que restauraría sus verdaderas fuerzas y poderes, y les permitiría estar listos para luchar.
Plan que yo estaba a punto de empezar.
PLAN ACTUAL DE MACK Y LA CHICA NÚMERO DOS
Los reales Ax, Vyd y la chica número dos no abordarían el avión hacia la Organización, sino que, en secreto, irían en la búsqueda del resto de los individuos de STRANGE que aún quedaban con vida.
Al mismo tiempo: Nolan, las proyecciones falsas de Ax, Vyd y la chica, y, claro, Mack, le harían pensar a la Organización que todos estaban bajo su protección en sus edificios.
Eso, a su vez, haría creer a MANTIS que sus objetivos estaban fuera de su alcance, puesto que el territorio de la Organización era zona antiataque, y las versiones reales no serían perseguidas.
Pero, además de aparentar que todos se encontraban en las instalaciones de la Organización, Nolan y Mack debían convencer a la directora Madelein de que se aprobara un viaje para llevar a las proyecciones falsas a la cueva en donde los STRANGE habían sido engendrados por la criatura.
En ese lugar se encontrarán con las versiones reales y con el resto de los individuos vivos.
Allí, según la chica número dos, encontrarán algo que restaurará sus fuerzas.
Nadie podrá volver a capturarlos o encerrarlos.
REGLAMENTO PARA REFUGIADOS DENTRO DE LAS FUERZAS PRIVADAS HKF
Dentro del presente acuerdo se manifiesta de forma irrevocable que cualquier persona (en adelante, «REFUGIADO» o «REFUGIADA»), independientemente del género, edad o condición que sea admitida como refugiado dentro de las fuerzas privadas HKF (en adelante, «la Organización»), se comprometerá a:
1) Recibir entrenamiento y preparación básica o especial como soldado bajo los parámetros y horarios establecidos por la Organización en pro de su propia protección y la protección del sitio en el que el REFUGIADO reside.
2) No salir de las instalaciones sin previo aviso y previa autorización de la Organización. En ese caso, informar y presentar como propuesta a esta cualquier deseo de salida, plan o necesidad externa para que sea evaluado. Según si cumple los parámetros y las condiciones, será o no aceptado.
3) No enviar información a ninguna persona externa a la Organización. Ni de horarios, eventos, cronogramas o ubicaciones.
4) No atentar contra otros REFUGIADOS, herir o causar muertes.
5) No desobedecer las órdenes de los supervisores y líderes de las distintas áreas que conforman la Organización. En este caso, los supervisores o líderes tendrán todo el derecho a imponer un castigo.
6) No ocultar información de cualquier índole a la Organización.
7) Colaborar en cualquier tipo de investigación, prueba o proyecto en el que la Organización necesite a EL REFUGIADO.
No alzarse, conspirar o causar revuelos y manifestaciones en contra de la Organización.
8) Bajo estas condiciones, EL REFUGIADO jura lealtad y permanecerá bajo la tutela de la Organización, fuerzas privadas HKF, que a su vez juran proporcionar a EL REFUGIADO: seguridad, alimentos, transporte, enseñanza y protección contra cualquier peligro político, social o ambiental.
Por último, el incumplimiento de alguna de las cláusulas y reglas establecidas anteriormente se considerará traición y la Organización tendrá toda la libertad y el derecho de proceder legal y como crea conveniente contra EL REFUGIADO.
Firma
EL REFUGIADO:

Firma
DIRECTORA DE SOCIOS SECUNDARIOS:

¡Bienvenidos a la nueva familia Cavalier!
Hay un papá muerto, una mamá muerta y una hija que se esfuerza por no terminar muerta. Cuántas cosas han pasado, ¿eh?
MACK
6 meses después del final del libro 1
«Infierno».
Esa era la palabra perfecta para describir lo que ahora vivíamos como refugiados dentro de la Organización.
Pero así todo estuviera muy mal, así hubiéramos dejado nuestra cómoda vida de adolescentes atrás (sin ya poder volver a pasar el día aplastados en el sofá viendo Netflix), una sola cosa no iba a cambiar en lo absoluto:
Que Nolan Cox no tenía paciencia para nada.
—Pero entonces ¿a quién vamos a conocer? —me preguntó él por… ¿décima vez?
Solté aire por la nariz, porque llevábamos casi una hora de espera y ya le había dicho a mi adorado y algo irritante mejor amigo (eso iba con sarcasmo, aunque con amor) que yo sabía lo mismo que él sobre a quién nos iban a presentar: casi nada.
—Que no tengo ni idea —le repetí—, tal como te dije cuando hiciste la misma pregunta hace dos horas y hace una hora y hace media hora y hace diez minutos y hace dos minutos.
En ese preciso momento Nolan y yo nos encontrábamos esperando dentro de una de las salas de reuniones más importantes del edificio A, porque días atrás yo había solicitado una reunión privada con la directora Madelein, esa mujer que había aparecido con el padre de Nolan ofreciéndonos protección en su organización.
Objetivo: hacerle la propuesta del viaje a esa cueva en donde habían sido engendrados los individuos de STRANGE, y así empezar a poner en marcha el plan secreto que teníamos con la chica número dos.
La respuesta a mi petición me la habían dado esa misma mañana y había sido: «Ah, sí, qué bueno que solicitan una reunión, porque la directora también tiene algo que decirles y alguien a quien presentarles».
Así que ahora los confundidos sobre qué iba a pasar éramos nosotros.
—Entiendo, entiendo —asintió él como una promesa de que ya no preguntaría más. Pero claro, su silencio solo duró un minuto y luego empezó a charlar otra vez, mirando todo a su alrededor con su vivaz curiosidad—: ¿Sabes? Escuché por ahí a las malas lenguas decir…
—O sea que fisgoneaste —lo corregí, ya conociendo a profundidad su alma cotilla.
—Escuché decir cuando iba por los pasillos… —me corrigió él a mí con los dientes apretados, fulminándome con la mirada. Luego carraspeó y volvió a su normalidad— que las malas lenguas decían que en esta sala de reuniones especiales no hay cámaras ni micrófonos, porque, bueno, todo lo que se habla aquí es ultrasecreto. —Una pequeña sonrisa de pillo le dio brillo a sus ojos juguetones—. Así que podemos hablar sin miedo a ser escuchados por la seguridad. Es decir que podemos jugar a que, si tienes algo guardado que no dices ya que siempre nos están vigilando, puedes soltarlo justo ahora.
—Bueno. —Me encogí de hombros. Es decir, ¿qué más daba? Nos tenían esperando tanto que nos iban a salir raíces allí.
Nolan se entusiasmó. A pesar de medir un metro ochenta, tener un cuerpo ligeramente más tonificado por los entrenamientos obligatorios de la Organización, ese cabello color miel perfectamente despeinado, esos ojos de color exótico entre marrón y verdoso, ese rostro atractivo que ya lucía como el de un hombre de veinte años (tal vez por todo lo malo que en poco tiempo nos había tocado vivir), jamás, JAMÁS, perdía esa alma medio infantil y alocada.
—De acuerdo, soltémoslo al mismo tiempo, ¿vale? —propuso, emocionado. Llevaba puesto el uniforme de los soldados que entrenaban en la Organización: unos pantalones oscuros, una camisa blanca y botas trenzadas. Habría quedado genial en una foto, pero ya no había espacio para esas cosas de gente normal—. Tengo la corazonada de que estamos pensando lo mismo, porque nuestra conexión es insuperable —añadió. Yo asentí a sus palabras (la loca que siempre seguía al amigo más loco). Entonces él contó—: Uno, dos, tres, ¡ya!
Ambos lo liberamos al unísono:
—¡Odio este lugar y a pesar de que es parte del plan, me arrepiento de haber aceptado venir! —exclamé yo.
—¡Extraño mucho la Coca-Cola! —exclamó él. Nolan pestañeó, mirándome. Yo arrugué la cara, mirándolo raro—. Oh, okey, creo que ninguno se esperó eso.
—¿En serio? —Seguí mirándolo con extrañeza—. ¿Y eso es lo que piensas cuando andas por ahí distraído?
—Sí, pues… —Nolan se rascó la nuca con cara de descubierto—. Es que una Coca-Cola muy fría es un placer de la vida… —agregó más bajito.
—Te he dicho mil veces que daña tus riñones —le recordé. Algo que habíamos hablado en el pasado cuando solíamos bromear sobre todo.
—Chist. —Él me puso el dedo índice sobre los labios, negando con la cabeza y con los ojos cerrados—. Algo que me da felicidad jamás me haría daño. No hables mal de ella.
Le di un manotazo en la mano. Luego tuve que admitirlo.
—Bueno, es cierto, yo también la extraño… —Y casi me desvío en la nostalgia grupal con Nolan de ese líquido sagrado, pero volví en mí misma y sacudí la cabeza para centrarme y centrarlo—. Pero el punto es que aunque sí detesto este sitio, en verdad debemos convencer a Madelein a toda costa. Ax, Vyd y la chica número dos cuentan con nosotros. Cuando ellos terminen de reunir a los demás STRANGE que siguen vivos, debemos reunirnos en la cueva.
—No sé por qué la chica es la que arma los planes. —Nolan negó con la cabeza. Su expresión denotó preocupación—. Parece la líder ya…
—Es la que sabe más que nosotros —le volví a explicar, porque su desconfianza ya duraba bastante tiempo—. Además es una STRANGE, ha pasado por lo mismo que Ax y Vyd, y seguramente también hay una parte buena en ella.
—Pues no se le ve debajo de esa cara de enfadada, ese pelo enmarañado y ese aire de que te va a dar un golpe en cualquier momento… —resopló por lo bajini.
—Recuerda que cuando Ax y Vyd aparecieron no confiábamos en ellos, pero descubrimos que podíamos ser sus amigos —traje a colación.
—Tú descubriste más que eso… —Me dio un codazo con una sonrisa picarona. Pero yo le devolví un golpe en el brazo para que no se fuera por la parte sexual—. ¡Ay! —Se quejó, masajeándose el lugar del golpe—. Bueno, bueno, pero es que ella no me termina de caer bien y no sé por qué. Siento que algo malo puede pasar por su culpa. Pero tal vez son ideas mías…
Él ya sabía que yo no estaba de acuerdo con no confiar en la chica solo porque intimidaba mucho.
Aunque sí que era cierto que intimidaba y daba algo de miedo…
Pero ¿solo juzgaríamos el libro por la portada? Ax había aparecido en mi patio lleno de sangre, comía gusanos y no sabía hablar casi, pero luego resultó no ser un monstruo.
Okey, debía admitirlo. Antes yo también la habría juzgado mucho, pero ya no.
—Mack, mira a esta gente. —Nolan me llamó. Se había movido hacia una pared y ahora estaba mirando un cuadro que colgaba de ella y que mostraba la fotografía de un grupo de personas en traje. En cuanto me acerqué, él señaló la placa debajo y la leyó—: Dice «Mesa de directores secundarios».
El escenario de la foto era una reunión en esa misma sala en la que nos encontrábamos. Me fijé en los rostros. Curiosamente, todos eran desconocidos para mí. Ni por un pasillo me los había topado.
—¿Existe una mesa de directores secundarios? —murmuré, desconcertada e intrigada—. No lo sabía…
—Yo tampoco. —Nolan coincidió con un asentimiento, acompañado de una expresión de confusión—. Honestamente pensé que aquí todo giraba en torno a Madelein, pero tiene sentido que la directora principal tenga directores secundarios, ¿no? Para empezar, ¿nos han dicho a quién pertenece esa Organización? Porque creo que no. ¿O tienes alguna idea de a quién? ¿Es el gobierno o la ONU y eso? He estado tratando de averiguarlo, pero nadie dice nada y, además, sabes que nadie nos quiere cerca. La gente solo me evita o se va si me acerco. No había pasado por esto desde la escuela… y desde que vivía con mi madre…
—Podría ser el gobierno. —Yo realmente tampoco lo sabía, pero sí estaba segura de algo y lo dije con cierta molestia en la voz—: Pero, sean de donde sean, son unos mentirosos. Nos pintaron seguridad y protección, pero ahora solo somos sus esclavos. —Recordé que debía moderarme a pesar de que no había cámaras o micrófonos. Es que ya estaba traumada con la vigilancia día y noche en cada pasillo y en cada habitación o sala—. Pero igual no estoy segura. ¿No le has preguntado a tu padre? Él junto a Madelein fueron quienes nos buscaron después de todo.
—Pues solo dice que, aunque fue ascendido a supervisar el área científica en cuanto llegamos, en realidad no tiene mucho poder de decisión y que debe seguir órdenes —respondió Nolan con un gesto de fastidio—. Pero el punto es que con él no puedo crear teorías, y entonces no es divertido.
Bueno, en esa parte tenía razón. No nos decían mucho.
Teodorus, que era el padre de Nolan, y Madelein, que ejercía de directora, estaban a cargo de nosotros; eso era todo lo que nos habían explicado.
Cualquier otra cosa era difícil de averiguar, porque ese sitio era inmenso:
La Organización estaba conformada por un conjunto de tres torres. Llamadas, respectivamente A, B y C. Estas torres tenían cientos de pasillos con paredes grises y pisos blancos, de salas modernas, de áreas especiales, de ventanales, de ascensores, y también a muchas personas trabajando allí.
Es decir, durante todo el tiempo se veían científicos caminando con apuro de un lado a otro, soldados entrenando o vigilando, hombres y mujeres con trajes que parecían venir de otros países a negociar o pactar cosas…
Así que ni siquiera estaba segura de cuál era el objetivo principal de la Organización, además del que nos habían dicho al ofrecernos ayuda: intentar truncar los planes de MANTIS, aquellos que habían robado a los bebés (Ax, Vyd, la chica números dos y el resto de los individuos) de la cueva para crear con ellos el proyecto STRANGE.
Solo podía asegurar que nosotros llevábamos seis meses allí y que no habían cumplido con absolutamente nada de lo que nos habían ofrecido al principio. Los condenados habían mostrado una cara y luego otra; y eso me hacía sentir que nos habían engañado, que se habían aprovechado de nuestra necesidad de ayuda para envolvernos en una trampa de la que no podríamos salir.
Así que definitivamente yo odiaba cada centímetro de suelo de la Organización.
Pero todo mi descontento era algo que me tenía que tragar como un vómito repentino, porque cada vez que intentaba protestar por algo, salía un soldado cara de culo de la nada a decirme:
«Recuerda las reglas».
Y yo quería contestar:
«Métete las reglas por donde te quepan».
Sin embargo, no se podía.
También eran bien odiosos, porque entre todos los horarios que cumplir, ninguno paraba de decirnos que nuestras vidas no volverían a ser «normales».
Ni siquiera sabía si era porque lo disfrutaban, pero nadie nos permitía olvidar que estábamos en peligro y que éramos buscados por MANTIS.
—Como sea, yo estaba tan en shock por todo lo que nos había sucedido que no leí muy bien el acuerdo que nos hicieron firmar. Solo quería que Ax, Vyd, la chica número dos y tú estuvieran seguros —le admití a Nolan, arrepentida. También soné frustrada—. Pero no lo sé, con el pasar de los días me fui dando cuenta de que solo salimos de una cosa mala para meternos en otra peor. Y creo que todavía ni siquiera hemos visto por completo lo que habrá que pagar por la protección que aceptamos.
—Sí, y es una mierda que yo todavía estuviera inconsciente por mi herida y que no viera nada ni pudiera leer nada, porque soy más desconfianza que persona y habría protestado. —Nolan estuvo de acuerdo en cuanto a lo firmado. Solo que trató de buscarle algo bueno para animarme—. Pero, okey, al menos estamos vivos, comemos y no nos tratan mal si no desobedecemos, ¿no? Es algo…
Vivos, sí, pero ¿a qué costo?
De repente, Nolan alzó las cejas y abrió mucho los ojos como si hubiese entendido algo.
—¡Ah! ¿Y si esa Organización pertenece a un malvado tipo sentado en una enorme silla tras un gigantesco escritorio planeando destruirnos con un arma secreta mortal porque odia a todos? —soltó muy rápido, pasmado por su propia idea.
Pestañeé. Mi récord de mirarlo sin expresión alguna por sus ocurrencias era insuperable.
—¿De dónde se te ocurrió eso? —fue lo que salió de mi boca—. Y no lo crees en serio, ¿verdad?
Nolan se echó a reír. Su risa era contagiosa y perfecta (como siempre), pero lo cierto era que yo no me sentía muy animada para compartirla.
—Nah, no lo creo —dijo él, desechando la idea del hombre «malvado tipo con un arma secreta mortal»—. Y salió de mi maravillosa mente. Pero, oye, al menos si lo ves desde otro modo esta nueva vida es como en esas historias posapocalípticas… ¿Será que somos algo así como los Elegidos?
Pronunció «Elegidos» con tanta emoción que juraría que estaba imaginando nuestras caras flotando sobre cuerpos de superhéroes.
—Primero, Nolan, ¿los Elegidos de qué si todo solo es complicado para nosotros? —argumenté apenas alejé el extraño concepto que había dejado en mi cabeza—. En especial porque ya te he dicho que… —lo completé entre dientes— en cualquier momento sucederá algo que nos obligará a huir de aquí. Lo que no sé es cómo lo haremos si nos tienen vigilados y si casi nos consideran de su propiedad.
Nolan hundió las cejas de repente, un poco confundido.
—¿Cuando dices que sucederá algo que nos hará huir es porque crees que la Organización hará algo contra nosotros o porque crees que MANTIS aparecerá aquí? —me preguntó.
Lo que menos te esperas es lo que más rápido sucederá. Siempre hay que estar alerta.
—Creo que ambos son posibles. —Suspiré. No de los suspiros buenos, sino de esos cargados de estrés y conflictos internos.
Nolan puso cara de cagado. Esa con la boca fruncida y las cejas arqueadas.
—También creo lo mismo, pero supongo que por ahora debemos concentrarnos en lograr lo que necesitamos. —Se quedó en silencio un instante antes de soltar—: Porque, ejem…, ¿a quién crees que vamos a conocer?
—¡Que solo me dijeron que en esta reunión nos presentarán a una persona muy importante! —enfaticé de nuevo—. No. Sé. Nada. Más. Sobre. Eso.
—Bueno, bueno, no te seguiré preguntando si estás de tan mal humor… —resopló Nolan, alzando las manos en señal de paz.
Nos quedamos en silencio. Solo casi dos minutos de silencio. CASI.
—Pero… —lo rompió Nolan de pronto, cosa nada sorprendente—, ¿de verdad no tienes ni idea de quién puede ser?
Solté aire por la nariz.
—Explotarías si estás callado un rato, ¿verdad?
—Sabes que sí —contestó él con orgullo—. Dime, ¿en serio no se te ocurre el nombre de nadie? ¿O… —me señaló la frente con el dedo índice y una tonta sonrisa en la cara— es que solo tienes en la mente la polla de Ax?
Que mencionara a Ax removió todas mis fibras sensibles. Oír su nombre en esos momentos era como darme un puñetazo en el estómago. Me ponía mal.
—¿Desde cuándo dices «polla»? —Fruncí el ceño y manoteé su dedo.
Una sonrisa ancha y pícara se le dibujó en la cara. De pronto pareció muy malicioso y divertido, justo como era él.
—¡Lo sabía! —exclamó como si me hubiera atrapado en el acto al quedarme abstraída—. ¡Nada más piensas en todas las veces que lo hicieron! —Entrecerró los ojos con picardía—. Dime, ¿tan buenas fueron?
Volví a intentar armarme de paciencia.
—Ya te he explicado con muchos detalles posibles las veces que estuvimos juntos; por favor, no empieces con…
Claro que empezó. Ensanchó más su sonrisa pícara, esa que advertía que debía prepararme para algo peor por su parte, y…
Sí, no me equivoqué.
—Espera, espera… —soltó, anticipando su propia tontería—. ¿Sabes qué? Apuesto a que en tu cabeza solo recuerdas cuando estuvieron juntos en casa del doctor Campbell y que de fondo sonaba una canción lenta y erótica…
Empezó a hacer un movimiento de perreo masculino, sensual y lento. Muy inesperado. Y muy experto también, quién lo diría.
—Nolan… —intenté detenerlo, pero él siguió moviendo las caderas de delante hacia atrás, disfrutándolo.
Ni siquiera supe qué decirle. Se vio bastante gracioso. De hecho, casi me reí de veras, solo que, de nuevo, mi ánimo era el peor.
Porque claro que pensaba en esas noches, claro que pensaba en Ax. No tenía ni que decirlo.
Pero últimamente lo que estaba sucediendo…
Mi cara debió de reflejar mi tormenta interior al pensar en nuestra otra situación actual, porque Nolan detuvo su movimiento.
—Ya, ya, bueno, no es chistoso si no te ríes —suspiró—, y digo «polla» desde este momento —agregó y se encogió de hombros—. Me gusta la diversidad verbal.
Solté aire por la boca con disimulo, tratando de recuperarme.
—Deberías comportarte —le aconsejé, aunque fue más para fastidiarlo por haberme fastidiado a mí—. Ahora eres un agente de la Organización. Pasas mucho tiempo entrenando y sabes hacer cosas que antes no.
Nolan sonrió, demasiado orgulloso. Miró algún punto del vacío con fascinación, como imaginando un futuro maravilloso, tan dramático como parecía que las leyes, Dios, la naturaleza y el universo entero le exigían que fuera.
—Sí… ¿quién lo hubiera dicho? —dijo, encantado—. Apartando todo lo malo y eso de que nos mintieron, he descubierto que aprender este tipo de cosas me apasiona. Hasta me siento más fuerte, más valiente. ¡Evolucioné como un pokémon! —Me mostró un brazo con orgullo porque sus músculos estaban más tonificados—. ¿Ves? ¿Ves? Toca —insistió—. Tócame, Mack, anda.
Casi me puso el brazo en la cara para que lo tocara, pero solo por volver a fastidiarlo manoteé para que me quitara el brazo de enfrente.
—Ya, te creo —le concedí.
Él apartó el brazo y alzó la barbilla.
—Tú te lo pierdes —presumió, y después me echó un vistazo medio preocupado—. Mack, la verdad es que no quería comentarlo porque dijiste que no sacara el tema, pero sí te noto muy amargada y malhumorada desde hace un tiempo. Te molestas por la más mínima cosa, demuestras mucho desprecio hacia la gente que pasa, casi no te ríes de mis maravillosos chistes, casi no quieres entrenar conmigo, casi no hablas… ¿Esto viene por lo de tu familia y además por lo de Ax…?
No completó la frase porque vio que yo desvié la mirada y apreté los labios, ya que si todo lo demás que había pasado me llenaba de amargura, esto que estaba sucediendo ahora me llenaba de miedo.
Sí, yo estaba diferente. Mucho, y claro que también lo notaba.
Era voluble y propensa a estallar la mayoría del tiempo. Estaba llena de estrés y algunas de mis respuestas sonaban malhumoradas. Todo eso ahora parecía dominar mis actitudes. Y él tenía razón, un chiste o un tonto comportamiento suyo ya no me hacían reír tanto como antes.
Aunque no comprendía muy bien el origen o la razón exacta del desvanecimiento de la antigua Mack, porque todo estaba mezclado y a veces resultaba inexplicable, que el enfado venía de alguna parte de mí… imprecisa.
Ah, pero había posibles razones, claro:
¿Tal vez era el dolor de haber perdido mi hogar?
¿La desilusión que quedaba cuando perdías a tu familia?
¿O lo mucho que se ennegrecía el alma cuando descubrías que toda tu vida había sido una mentira?
Después de descubrir que mi difunto padre, Godric Cavalier, había tenido un laboratorio secreto debajo de nuestra casa en el que había ocultado a la chica número dos y al mellizo de Ax porque era su Cuidador ya que siempre estuvo relacionado con el proyecto STRANGE…
Después de lo sucedido en el patio de la mansión donde había muerto mi madre…
Después de Nolan herido, de mi familia destruida y yo huérfana, primero me sumí en un sereno estado de shock en el que solo aceptaba lo que me decían. Sin alterarme, sin llorar, sin ninguna emoción. Pero luego caí en cuenta de que toda mi vida como la conocía estaba acabada, que mi padre no había sido el hombre que yo siempre había creído.
Y la cruda realidad explotó en mi cara y fue como entrar en la adultez de golpe. Pero no obligada a pagar facturas, sino a evitar mi propia muerte.
De manera que mis formas de enfrentar esta nueva vida ya habían sufrido una transformación radical, por lo que ya no podía ser la chica de la mansión. A pesar de que sí había dolor en mí, no debía deprimirme, por eso mis pensamientos ahora eran realistas aunque sí, también agresivos.
Porque lo único que se puede sentir en un lugar así es rabia.
Ser apresada. No tener libertad, me causa mucha rabia.
Así que solo me contenía e ignoraba mis emociones, porque si daba rienda suelta a ese dolor que profundamente también sentía, mis sentimientos me incapacitarían, me derrotarían, y me mostraría como la vulnerable e inexperta joven de dieciocho años que todavía era.
Y debía estar firme y fuerte para todos, para poder ayudar, para defendernos si era necesario. No podía dejarme abatir aún. Si había un futuro, ya luego lloraría por lo perdido. Pero no en esos momentos.
Nadie debe verme llorar.
Nadie debe verme débil.
—No sé si estoy así por una cosa o por todo, pero no quiero hablar de esto justo ahora —fui directa—, me llenará de preocupación y no podré pronunciar bien las palabras que debemos decir en la reunión, que es lo importante. —Bruscamente sentí el ambiente cálido. Había estado fresco, pero ya no—. Nolan hace…
—¿Calor? —completó él antes de que yo lo hiciera.
—¿Qué? ¿Cómo sabías que…?
—¿Ibas a decir eso? —Se cruzó de brazos—. Porque llevas preguntándomelo casi todos los días desde hace un mes. Si estamos parados en algún lugar sales con «¿Nolan, hace calor?», pero todo está fresco e incluso frío, así que no sé de dónde lo sacas. Y ya no me parece normal. ¿No deberías ir a la enfermería?
—No, no debe de ser nada —le quité importancia. Él me observó un poco más con los ojos entornados, analítico.
—Si te vuelve a pasar te llevo en brazos a la enfermería, es un aviso —me amenazó. Después volvió al tema anterior—: Pero sí, yo también estoy preocupado. Solo que me pregunto: ¿no es todo parte del… procedimiento? Me digo a mí mismo que no debe de estar pasando nada malo, como probablemente está maquinando nuestra mente, pero… —Él hundió las cejas, algo desconcertado por sus propios pensamientos. O eso creí porque de pronto lució más absorto que nada. Hasta que con brusquedad reaccionó, mirando todo a su alrededor, y finalmente a mí de nuevo. Alzó las cejas. Me señaló—. ¡Ten cuidado con lo que piensas, y no hace nada de calor!
Yo iba a decir: «¿Qué demonios…?», pero en ese momento la puerta de la sala se abrió por fin, y Nolan y yo miramos expectantes a quien estábamos a punto de conocer…
Pero quien entró nos obligó a desviar la mirada muy rápido.
—¡Mack! —nos saludó la proyección de Vyd, entusiasmado y con los brazos alzados de felicidad—. ¡Nolan! ¡Equipo! ¡¡¡Amigos!!!
Claro que lo que vi de Vyd antes de desviar la mirada hacia otro lado (por el miedo que sus ojos podían causar en las personas) fue esa gabardina vieja y oscura que siempre llevaba puesta, sus botas sucias y trenzadas, el pañuelo ocultándole el rostro hasta por encima del puente de la nariz, y algo de su cabello blanco muy desordenado, al igual que siempre.
Seis meses y él sí era el mismo tipo raro de ojos amarillos que habíamos atropellado aquella terrorífica noche en la calle a las afueras del edificio de la difunta Tamara.
Me alegré mucho de verlo. Me agradaba Vyd. Sentía la misma empatía por él que había sentido por Ax al encontrarlo herido. Lo veía como otra víctima de MANTIS, y ya lo consideraba parte esencial de nuestro equipo.
Pero con una tonta esperanza busqué a alguien más tras él.
Solo que no había nadie más.
Y ahí estaba el problema: llevaba dos meses sin ver a Ax.
Ah, y otra cosa: el novio de la chica que se esfuerza por no terminar muerta está un poquito desaparecido
MACK
Podía estar atrapado.
Podía estar malherido.
Y no es que no estuviera segura de que un hombre con sus poderes, su altura y su fuerza no pudiera defenderse, pero es que su desaparición había sucedido muy de repente.
Se suponía que a pesar de que el Ax real nunca había venido con nosotros a la Organización, yo debía poder hablar con él por medio de los poderes mentales de la chica número dos, ¿no?
Al menos debía poder ver a su proyección, ¿no?
Pero un día, hace dos meses, eso dejó de suceder. Pasamos de que yo podía encontrarme con su imagen en mi habitación (porque la chica lo proyectaba para mí); a no verlo más y no poder oírlo ni siquiera en mi mente diciendo un mísero «aquí».
Desde entonces no sabía nada de él. Solo sabía algunas cositas que decía el Vyd real cuando aparecía. Él me daba alguna actualización muy pobre, tipo: «Todo bien, no te preocupes» o «Es que la chica está muy exhausta como para proyectarlo».
Pero ¿por qué tenía la sensación de que mentía? Algo me decía que no era del todo cierto. Me ponía a sobrepensar con ansiedad, a preguntarme: «¿Y si la situación al tratar de encontrar al resto de los individuos que quedaban con vida estaba siendo muy difícil, pero no querían decírmelo?».
Claro, a pesar de que me preocupaba por su vida, de que esa era la prioridad, estaba el otro lado…
Que lo extrañaba mucho. Ansiaba verlo, sentirlo, besarlo. Pasar tiempo con él escuchando las pocas palabras que decía, viendo sus ojos heterocromáticos. Experimentando de nuevo. Oírlo diciendo que quería que le mostrara los lugares en los que más alcanzaba placer. Ambos tan inexpertos pero ansiosos de hacerlo todo, porque eso era lo más excitante: enseñarle mi cuerpo, guiarlo, verlo excitado y que a su vez él me guiara a mí y me enseñara a sentir cosas que nunca había esperado sentir.
La ducha de la mansión, en mi habitación, fue la última vez que estuvimos juntos, que nos tocamos. Ahora se sentía como años.
Y eso era nuevo para mí, porque ni siquiera sabía que se podía desear tanto a alguien como yo lo deseaba a él tras todo ese tiempo. Me ardía la piel de solo pensar en sus manos. Se me encendía una intensa necesidad que ni siquiera comprendía y que me dejaba absorta fantaseando con todo lo que él podía hacerme si aparecía y lográbamos estar solos.
Pero no podía hacer demasiadas preguntas y menos tan específicas sobre su desaparición o podrían oírnos. Así que sí, internamente estaba ansiosa, inquieta a pesar de que yo quería estar tranquila y no dudar, estar segura de que Ax jamás me abandonaría así.
Él no me lastimaría de esa forma. Es diferente.
Pero llegaba la noche y nada. Ni siquiera podía conciliar bien el sueño porque no paraba de preguntarme: ¿y si era porque había sucedido algo malo? ¿O estaba enfadado? ¿O todo había cambiado? ¿Necesitaba ayuda? ¿Ya no me necesitaba?
Noches sin dormir del dolor que consumía mi cuerpo. Noches sin dormir preguntándome por qué me sucedía esto tan malo a mí. Pero con él es distinto. Estará aquí conmigo al día siguiente, y estaré bien.
—¿Qué hay, Vyd? —le respondió Nolan con voz neutral al saludo. Aun con todo mi caos mental, detecté una extraña tensión en su mandíbula durante esas palabras. Además, que hundió las manos en sus bolsillos de una manera muy rara, ¿haciendo puños…?
Pero de todos modos no pude comprender si eran solo ideas mías, ya que mantuvo la cabeza algo baja.
En cuanto a Vyd, evité mirarlo a los ojos amarillos porque causaban terror, pero tuve la sensación, por el tono de voz con el que nos había saludado, de que en ese momento debían de brillar de felicidad.
—¡Qué emocionante verlos de nuevo! —nos dijo, aunque de inmediato empezó a hacerle muchas preguntas a Nolan muy rápido, casi sin respirar—: ¿Qué has hecho? ¿Cómo estás? ¿Qué ha pasado? Cuéntamelo todo.
—¡Respira! —lo detuvo Nolan de pronto, medio aturdido—. Hazme las preguntas de una en una.
Vyd asintió, paró las preguntas y quizá tomó aire.
—¿Me has echado de menos? —Hubo una evidente ansiedad en su voz por escuchar la respuesta.
Durante un momento también me interesó oír la contestación de Nolan. Hasta que, de pronto, me sentí como una joven shipper de personajes que quería saber si, milagrosamente, una pareja se haría realidad.
Tal vez era de lo poco que quedaba de la antigua Mack, el pequeño deseo de que pasara algo entre esos dos, porque sabía que a Vyd le gustaba mucho Nolan. Lo supe desde que apareció y lo confirmé mucho más cuando lo visitó en aquel hospital tras ser herido por el mellizo fallido de Ax, preocupado por él.
Entonces Vyd era muy abierto con eso. Demostraba sin contención su atracción y fascinación por Nolan, haciendo ver que le gustaba de la forma más especial posible, como se suele vivir el primer amor, con una intensidad desbocada.
Pero el problema seguía siendo el terco de Nolan. Por alguna condenada razón que no lograba comprender, le era indiferente.
Aunque antes, cuando estábamos en la mansión, Nolan había sido más chistoso al respecto. Ahora era muy distinto porque desde que despertó allí en la Organización, se puso más serio con Vyd y más distante. Si su proyección aparecía, Nolan se iba a otro lugar. No interactuaba casi con él a pesar de que Vyd trataba de buscarlo. Solo lo evitaba.
Yo quería pensar que no era que Vyd le desagradaba, pero a veces parecía eso, lo cual no tenía sentido porque para mí no era nada desagradable. Era divertido, dulce, muy alegre y amigable. En donde aparecía, todo se iluminaba, incluso en un lugar tan gris como ese.
—Solo me he dedicado a entrenar durante todo este tiempo —le dijo Nolan todavía con la mirada fija en el suelo. Un tono cordial, pero otra vez algo distante.
—Ah, claro, pues hoy estás muy guapo, aunque eso nunca cambia. —El halago de Vyd le salió con un suspiro que, sin mirarlo, supe que estaba acompañado de una sonrisa—. Sin embargo, desde que llegamos ya no puedo parar de fijarme en lo bien que te queda ese uniforme.
—Hummm, sí. —Nolan siguió con la mirada desviada. Por un instante me pareció que su mirada adquirió algo de molestia. Aunque su voz no sonó así, sino algo baja—. Gracias.
—¿Ahora tú no quieres preguntarme algo? —le sugirió Vyd, aun con la voz animada y de seguro sonriente, tan inocente, tan inconsciente de que en la vida no se pedía eso, sino que debía recibirse—. Puedes preguntarme cómo estoy…
Yo ahí no dejé de mirar a Nolan, porque si le salía con una cosa odiosa lo iba a patear allí mismo.
Pero Nolan se dio cuenta de mi mirada asesina.
—Sí, bueno… —Se rascó la nuca, por supuesto sin mirarlo, pero sin el tono de voz animado de Vyd—. ¿Cómo estás?
—Mejor ahora que te veo —le respondió él de una forma que me sonó muy dulce y aliviada—. Siempre es todo mejor si puedo verte.
Vi a Nolan tomar aire, apretar los labios y mirar hacia otro lado, casi que hacia atrás, de seguro mordiéndose la lengua.
¿Vyd se habría decepcionado al no obtener una respuesta? Ni idea, pero yo sí. De nuevo mi esperanza con el ship se esfumó con esa respuesta, así que aproveché para cortar todo eso antes de que se pusiera peor, y preguntar algo:
—¿Va a venir alguien más?
«Alguien más» obviamente era Ax, porque el asunto con las proyecciones era este:
A veces se trataba de réplicas automáticas que la chica creaba para que anduvieran por allí. En algunos momentos actuaban como zombis, sin comunicarse mucho con los demás o se quedaban en ciertos sitios (un poco espeluznante), pero igual nadie dudaba de eso porque, pues, los individuos en sí ya eran naturalmente raros, ¿no?
No obstante, otras veces sí se trataba de las versiones originales, solo que proyectadas desde su ubicación real para estar en ese lugar.
Ese que acababa de aparecer era el Vyd original, porque demostraba su personalidad, pero sin encontrarse físicamente allí. Solo su imagen visible para los demás.
—No —me respondió Vyd con algo de pena tras unos segundos. Después habló con un tonillo que hacía pensar que sonreía—. Entonces, supe que nos van a presentar a alguien. ¿Quién será?
La frustración volvió a mí. En serio, ¿ni una sola explicación sobre su ausencia era posible?
Desde pequeña entendí que las personas no dan explicaciones si están mintiendo.
Y las mentiras son tan fáciles de decir… Tan fáciles de sostener… Por eso lastiman con tanta facilidad.
—Okey… pero ¿sabes alguna cosa que puedas decirnos? —le preguntó Nolan, al igual que yo, hambriento de alguna pista o información.
Vyd se quedó pensativo un momento y luego, como si de repente se le hubiera ocurrido algo, asintió:
—Sí sé algo. ¿Sabes quién es Carmelita? La señora que está a cargo de la cafetería de esta torre. Bueno, pues sospecho que tiene algo con Roger, el tipo de vigilancia del tercer piso, pero no estoy seguro… De todos modos, he visto movidas raras, y lo peor es que Roger está casado, ¿no es horrible?
Nolan lo miró como diciendo «¿En serio?». Incluso yo lo miré de la misma forma.
—No ese tipo de cosas, Vyd —repuso Nolan, atónito, y antes de que pudiera especificar sobre qué, Vyd sacó otra:
—¡Ah! —Se acordó de pronto, y con una narrativa de suspenso susurró—: ¿Sabían que hay un individuo de STRANGE con un poder misterioso? Es el número tres, y su historia es muy rara. Desde que nació no demostró tener ningún poder o habilidad de comunicación. Era como… si estuviera en un estado vegetal. No reaccionaba al dolor ni a ningún otro estímulo. Tras muchos experimentos, MANTIS decidió que lo mejor era mantenerlo inconsciente en un lugar aislado, porque a pesar de su inactividad debía seguir con vida para que nosotros no muriéramos. Pero fue considerado algo inútil. Sin embargo, yo siempre he tenido la fuerte sensación de que sí tiene un poder, pero no estoy seguro de por qué nunca lo manifestó. Solo que a MANTIS no le servía nada que no le generara dinero, así que un día fue trasladado a alguna otra parte y… nunca se supo nada más de él. —Hizo un gesto pensativo—. Mientras buscamos, Ax ha intentado localizarlo, pero se siente como si su mente estuviera suspendida en la más profunda inconsciencia, por lo que no es posible percibir nada.
Al finalizar, quedó asintiendo, como si esa fuera una buena cosa para contar.
Yo estaba pestañeando. Nolan también.
—Eso es muy interesante —admitió Nolan—, pero nos referíamos a Ax, porque Mack está que no come de la preocupación.
—Ah, no, lo siento. —Vyd negó con la cabeza, ahora rascándose la nuca. Hasta se puso algo serio—. Solo que todo va en marcha. Como dije, estamos buscando a los demás individuos.
Ahí estaba. Ahí estaba esa condenada discreción con el tema que me irritaba.
Sé que esconde algo, pero no puedo descubrirlo. No puedo leerlo.
—Pero ¿por qué tanto misterio? —No me pude contener. Incluso soné algo exasperada—. Siempre dices lo mismo y no es suficiente para mí. No lo es, ¿entiendes eso?
A Vyd le sorprendió un poco mi actitud, porque, okey, sí perdí la paciencia al decir de más cuando habíamos acordado no actuar sospechosamente.
Pero Nolan había dicho que en esa sala no había cámaras, ¿no? Podía decir lo que quisiera.
Exigir la verdad.
—¿Acaso está pasando algo malo? ¿O me están escondiendo algo importante? —insté, impulsada por mi pensamiento.
—Todo va en marcha —repitió Vyd con cuidado, como un experto en evadir la cuestión. Y como siempre, cambió de tema con un carraspeo—: Ya sabes qué vas a decir en esta reunión, ¿no? Ella quiere que te recuerde que debes convencerlos de darnos el traslado a la cueva a los individuos que rescatemos.
No dirá nada porque sí está escondiendo algo. Y no puedes leer su mente. No puedes.
Tomé aire. De acuerdo, sí, yo sabía qué iba a decir sobre la proposición de ir a la cueva, pero al parecer Nolan también, porque al escuchar esa pregunta adoptó una postura como de líder, listo para darnos instrucciones.
—Yo ya lo tengo todo planeado —nos anunció. Nosotros lo miramos con atención. Vyd, por supuesto, lo contempló con fascinación, igual que alguien ante un ser maravilloso—. Hay que sonar firmes y sin miedo, y no importa a quién nos presenten en esta reunión… —Lo siguiente lo dijo más bajo, con cautela—: Debemos estar alertas y, ya saben, no confiar.
—Sí, estoy totalmente de acuerdo contigo. —Vyd asintió en un apoyo inmediato.
—Porque seguramente es alguien que nos dará órdenes —siguió Nolan, liderando a nuestro pequeño grupo.
—Exacto —asintió Vyd.
—Y no estamos aquí para seguir siendo esclavos, sino para lograr nuestro propósito —agregó Nolan, golpeando el lateral de su puño en su mano.
—¡Claro! —aceptó Vyd, ya motivado por el espíritu rebelde que Nolan estaba transmitiendo.
—Así que no debemos parecer intimidados —dictaminó Nolan y endureció el gesto—. Mano dura.
—¡Estoy contigo! —exclamó Vyd.
Con esas palabras pareció que estábamos listos para enfrentarnos a quienes abrieron la puerta doble y en ese instante entraron en la sala.
En primer lugar entró esa mujer llamada Madelein que conocíamos como la directora. Yo tenía conflictos en cuanto a lo que pensaba sobre ella. Porque, okey, lucía muy profesional y al llegar nosotros se había mostrado atenta a nuestra seguridad. Procuró que nos sintiéramos cómodos y dio órdenes de que nos ayudaran en lo necesario.
Pero de improviso esas órdenes empezaron a cambiar. Sacó la lista de reglas y casi nos las tiró en la cara diciendo «a cambio de la protección que necesitan para no ser atrapados por MANTIS, ya que ellos no pueden pisar este territorio, todo esto debe ser cumplido».
Determinó que ya no podíamos pasar el día entero descansando o paseando por las instalaciones, sino que debíamos trabajar en alguna área. A partir de allí nuestras horas de esclavitud empezaron. Tampoco nos concedieron espacios diseñados para individuos especiales como ella mostró, sino pequeños cuartos rectangulares con un baño y cuatro paredes.
También a Vyd y Ax, pero si yo tocaba a la habitación de Ax: o no había nadie, o su proyección estaba ahí sentado en la cama, tieso como un vegetal. Inservible.
Todo lo prometido no fue dado. Incluso pasamos de que ella misma nos preguntara cómo estábamos, a que si queríamos hablarle de algo nos ponía en espera hasta que tuviera un espacio libre.
¿Y cuál era la sorpresa? Que nunca lo tenía. Siempre estaba ocupada.
Ahora no estaba segura de si la detestaba o desconfiaba mucho de ella o solo quería lanzarla por un barranco.
Bueno, luego vimos entrar al padre de Nolan: Teodorus Cox.
Era impresionante el hecho de que lucía como una versión de Nolan de cuarenta y tantos años, con el cabello marrón atado en una coleta hasta por la línea del cuello, en este caso los ojos marrones (tal vez la única diferencia entre ellos) y un aire de intelectual algo agotado, lo que indicaba que pasaba horas de la noche trabajando. También delgado, alto y un poco desgarbado.
Lo que ahora sabíamos de él era que había pasado muchos años trabajando con esa Organización para estudiar lo que mi padre le había hecho a Nolan al nacer: darle habilidades que solo funcionaban para protegerme a mí.
Teodorus se lo había confesado a su hijo apenas despertó, algo que yo escuché porque estaba presente en la habitación aquel día:
«No me fui con ningún hombre a vivir otra vida. Esa fue solo la mentira para ocultar que me vine a trabajar aquí porque mi único deseo siempre ha sido desactivar esa “función” que Godric implantó en ti. He pasado años en eso, pero aún no lo comprendo. Aún no descubro por qué lo hizo».
Y no comprender la razón llevaba a esto: que no sabíamos si era posible desactivar algo así. (Y punto importante: Nolan y yo no nos habíamos detenido a hablar sobre el hecho de que era capaz de dar la vida por mí si yo estaba en peligro…).
¿Quizá porque ninguno de los dos sabía cómo tener esa conversación? ¿Cómo se tocaba el tema? ¿Algo tipo?:
«Oye, Nolan, ¿y cómo te sientes con eso de que puedes morir por mí sin siquiera desearlo?».
Hummm… no.
Ya finalmente vimos a la persona que los acompañaba a ambos. Esa que íbamos a conocer. Quien había causado la expectativa era un hombre. Un rostro nuevo.
Intenté adivinar: ¿unos veintiséis o veintisiete años? Aunque la primera impresión que me dio fue que se trataba de alguien que pocas veces en su vida sonreía o disfrutaba. Demasiado serio, con el cabello negro peinado hacia atrás, rasgos asiáticos.
También intimidante, sí. Tal vez alguien que podía mostrar habilidades amenazantes en cualquier momento. O guardar unos cuantos secretos.
Vestía camisa negra y pantalón militar del mismo color. Botas enormes, capaces de patear culos. No parecía necesitar nada más.
—Muy bien, sé que esta reunión fue propuesta por ustedes mismos —habló Madelein con su usual tono profesional al tomar asiento en la cabecera de la enorme mesa de reuniones—. Pero antes de comenzar quiero presentarles a Gesher.
Gesher, el tipo nuevo, hizo un ligero e indiferente asentimiento con la cabeza como presentación. Inexpresivo, y yo me estaba atreviendo a decir en mi mente que algo antipático, sentí que me pusieron una mano en el hombro. Al volver la cabeza vi que Nolan se me acercó un poco al oído.
—Mack… —murmuró solo para mí.
—Gesher trabaja con nosotros —siguió explicando Madelein, ajena al gesto de Nolan—. Pasó cinco años preparándose dentro de la Organización como agente hasta que fue ascendido a general de las fuerzas especiales. Él lidera y entrena a los escuadrones dedicados a misiones privadas.
—Está buenísimo —siguió murmurando Nolan en mi oído.
—¿Qué? —Fruncí el ceño sin entender en dónde estaba lo bueno.
—Sí, ¿qué? —intervino Vyd a nuestro lado con curiosidad, quien había escuchado algo, pero por suerte no todo.
Teodorus, que tampoco se había percatado de la actitud de Nolan, señaló las sillas:
—Vamos, tomen asiento también —nos pidió con insistencia al vernos aún de pie.
Me fui a sentar, pero me di cuenta de que Nolan había quedado algo hipnotizado con Gesher y no se había movido.
Aunque el tipo ni siquiera se estaba dando cuenta de ello. Extremadamente serio, se había limitado a sentarse, por lo que tiré a Nolan del brazo y lo obligué a que se sentara también.
Después, en cuanto todos estuvimos en nuestros asientos alrededor de la mesa, Madelein nos concedió la palabra:
—¿Quieren empezar, por favor?
Okey, había acordado con la chica número dos que esperaríamos varios meses antes de hacer la petición de la cueva, porque hacerlo tan pronto solo iba a generar desconfianza hacia nosotros acerca de por qué queríamos eso.
Pero ya era el momento y no debía fallar.
Así que tomé aire con disimulo y repetí en mi mente las mismas palabras que había practicado días atrás cada vez que tomaba mi única y cronometrada ducha del día.
—Queremos presentar la petición de que los individuos sean llevados a la cueva en donde fueron engendrados —dije finalmente.
Como en el fondo había temido sonar nerviosa, no esperé que lo que más nerviosa me pusiera fuera la inmediata pregunta que salió de la boca de Madelein:
—¿Para qué?
Todos los ojos intrigados se fijaron en mí a la espera de una respuesta. Esa afincada atención me hizo dudar por un momento de mi capacidad…
—Primero: como Ax, Vyd y la chica no son muy buenos en tener conversaciones de este tipo, nos pidieron que nosotros, los más cercanos a ellos, habláramos en su nombre. —A pesar de todo, respondí tal como la chica número dos me había indicado—. Es posible, ¿no?
Madelein asintió. Su expresión era tan seria que no demostró estar en contra o a favor, solo como un «sigue hablando a ver si me interesa».
—A la chica número dos le están pasando cosas extrañas —continué. Ni siquiera sabía cómo me estaba saliendo tan bien cada palabra—. Y la verdad es que ella no quería revelar esto, pero la convencimos de compartirlo con ustedes porque confiamos en esta Organización.
Okey, eso era una mentira.
Pero una necesaria para que Madelein sintiera que estábamos de su lado.
Aunque, de nuevo, no logré descifrar nada en su cara.
—Muy bien, ¿qué es eso tan extraño que está pasándole? —me invitó a explicarlo.
—Le llegan trozos de recuerdos en momentos aleatorios del día —seguí mintiendo—. Y son tan raros e intensos que la dejan aturdida, pero que también parecen un mensaje.
Teodorus se inclinó hacia delante con las cejas hundidas y un aire de confusión, muy intrigado.
—¿Qué? ¿Y desde cuándo está sucediendo eso si ella fue examinada en el área médica y todo estaba en orden? —nos preguntó—. Además, ¿recuerdos sobre qué?
—Empezó cuando llegamos aquí, y los recuerdos son sobre la cueva en donde fueron encontrados originalmente —añadió Nolan, casi como un compañero de exposición de proyecto, aunque con una naturalidad que me asombró en mi interior. Ese condenado sí era bueno para mentir—. Ella ha estado tratando de interpretar esos trozos, y lo que entiende es que puede ser un llamado. El sitio tal vez está exigiendo que los individuos vuelvan a ese lugar.
—Y no estamos seguros de para qué, porque eso no está claro —seguí, todavía controlando mi voz y mis nervios—. Así que la propuesta que ellos envían es esta: si los llevan a ese lugar para que ellos puedan entender qué es eso que los está llamando, todo conocimiento sobre su naturaleza también será compartido con la Organización. Además, los individuos les deberán un favor que están dispuestos a pagar en cualquier momento. Y me refiero a que, si esta Organización siempre ha tenido un deseo imposible, ellos lo harán posible para ustedes.
Nolan asintió. Sus manos estaban entrelazadas sobre la mesa como un empresario en plena negociación.
—¿No han deseado entrar en la mente de algún hombre importante? —les preguntó, astuto—. ¿En la mente de alguna empresa que sea competencia? ¿En la mente de… alguien de MANTIS? ¿O entender el origen de los STRANGE? Lo que sea, la chica número dos se compromete a usar sus poderes para ustedes, a cambio de este único favor.
Tras esa última palabra, flotó un aire pensativo en la sala. Todo se sintió como una de esas reuniones en las que personas importantes pactan cosas importantes. Yo incluso hice contacto visual con Madelein para no demostrar debilidades o dudas.
Pero quizá…
Ya las cosas no se resolvían con creativos planes.
—No —decidió Madelein con decisión y cierta indiferencia.
—¿No? —Me pilló tan desprevenida que pensé que había escuchado mal.
—No —confirmó ella sin inmutarse. De hecho, como si ya estuviera muy acostumbrada a negar peticiones—. Ofrecimos apoyo para mantenerlos a salvo, no para cumplir cualquier deseo o capricho. Además, esta Organización tiene reglas y pautas que seguir; personas que proteger; una seguridad que mantener y acciones que informar. Sabemos que los individuos están en peligro, pero no por eso nos moveremos a su antojo.
Okey, la chica número dos no me había explicado qué hacer en caso de que Madelein se negara. Eso me dejó fría e insegura por un momento, buscando en mi mente algo inteligente para decirle a una mujer experta en hacer negocios, tratos y dar órdenes.
Hasta que recordé algo en específico.
—Esto no es un capricho, se trata de entender su naturaleza, de comprender su origen, algo que ellos desean tras ser encerrados y considerados monstruos —fui más específica. Y volví a dar la impresión de que queríamos trabajar en equipo—. Además, recuerdo que cuando fueron a buscarnos, tú dijiste que esta Organización quería quitarle a MANTIS todos sus medios y ventajas. Los individuos les están ofreciendo eso, ¿por qué no aprovecharlo?
No debía tener cincuenta años para saber que el mundo estaba lleno de objetivos ocultos, y a mí ya no me quedaban dudas de que la Organización también debía de tener muchos, así que yo básicamente le acababa de poner en bandeja de plata la forma de lograrlos.
Ella no podía seguir negándose, ¿no?
—Lo que mencionas fue lo que dije, sí —replicó Madelein, simple y nada deslumbrada por mis palabras—, pero a lo largo de estos meses la Organización ha cambiado de parecer sobre algunos de sus objetivos. Por ahora solo queremos la colaboración de los individuos para pruebas científicas.
Por el contrario, la que sí quedó atónita fui yo.
—¿Qué? ¿Cambiaron de objetivos? —repetí sin procesarlo por un momento.
Nolan había dicho que no hacía calor.
Pero sentía que sí. ¿Había ventilación en ese lugar? Faltaba aire.
—Exactamente. —Madelein asintió a mi pregunta, circunspecta.
No pude ni pestañear, mirando su impasible cara, que acababa de soltar otro molesto giro contra nosotros sin ningún tipo de emoción.
Porque eso era lo que habían estado haciendo desde que llegamos: cambiando las cosas que nos habían prometido, modificando reglas, sacando pautas que supuestamente debíamos cumplir.
¿En serio lo estaba haciendo de nuevo?
—Pero ¿otra vez? —la pregunta me salió sola, me quedé pasmada.
—No sé a qué te refieres —replicó Madelein de forma inteligente—, pero ya no tenemos la misma visión que teníamos cuando fuimos a buscarlos. Así que la respuesta a tu petición es: no.
Que se hiciera la que no sabía de qué hablaba, sumado a que, como ya había dicho, mi capacidad de tolerancia había estado disminuyendo, hizo que se despertara con fuerza ese enfado que había tenido que contener durante meses por cada injusticia.
Otra vez la Mack amargada salió, y un nubarrón rojo de irritación me ensombreció el juicio y me hizo olvidar cualquier plan.
Estaba harta de eso.
Estoy harta de esta vida.
—Pero ¡¿cómo que cambiaron de objetivos de la nada?! —solté en voz más alta al mismo tiempo que me levanté de la silla, ya enojada e indignada—. ¡¿Esto es un chiste?!
—Mack, ¿qué haces?… —Nolan, sorprendido por mi inesperada actitud, intentó jalarme del brazo para que me sentara y me calmara.
Teodorus también pareció asombrado. Vyd se removió en su silla, confundido porque algo así no estaba en los planes. Solo el tal Gesher y Madelein me miraron con una fijeza inmutable, como si no les sorprendiera ni un poquito mi alteración.
Nunca me rebelé como debía porque, por alguna estúpida razón, tuve esperanzas.
Pero las esperanzas no te sacan de sitios así, solo te hunden más en ellos.
Hasta que te alzas. Hasta que lo haces arder todo.
—¿Qué hago? Que decido ser la única persona que dice algo. —Evité el agarre de Nolan y me mantuve de pie sin quitarle la mirada desafiante a Madelein, y le solté las verdades, que se escucharon con fuerza dentro de la sala—: Fueron a buscarnos asegurando que tendríamos un lugar para vivir. Al llegar aquí, no nos lo dieron. También aseguraron que los individuos no serían encerrados, pero no podemos salir si queremos, porque debemos trabajar con horarios a cambio de su «ayuda». También aseguraron que estaríamos a salvo, pero este maldito lugar se siente todavía más peligroso que ser perseguidos por MANTIS porque hay reglas y castigos. ¿Y ahora me dices que ya no tienen los mismos objetivos? ¿O fue que solo los cambiaron apenas estuvieron seguros de que nos tenían aquí?
Esperé por su respuesta igual de desafiante. Esperé que ella se alterara y discutiera conmigo, porque durante meses yo había acumulado unos argumentos muy buenos que con gusto podía soltarle en la cara.
Porque personas como ella prometen cosas fácilmente. Les creí. En mi inocencia, queriendo ayuda, pensé que podían ayudarme, pero en realidad no sienten empatía. Personas como ella solo causan sufrimiento. Harán lo que sea por su propio beneficio, incluso si eso implica encerrar a otros para siempre.
Solo que Madelein siguió sin reaccionar. Si de milagro se sintió retada, no se manifestó en su cara. Más bien la mantuvo en alto con la mirada metódica, gélida.
—¿De casualidad esto es algún tipo de alzamiento, Cavalier? Porque no está permitido, y creo que lo sabes porque sí, hay reglas que cumplir —me preguntó con una lentitud que invitaba a la reconsideración. Esa que al mismo tiempo podía ser una amenaza disfrazada.
—Mack… —Nolan volvió a tirar de mí con un susurro preocupado.
Notar precisamente eso: la preocupación en su voz por el hecho de que yo estaba haciendo algo riesgoso que podía terminar mal fue lo que disipó un poco las nubes de enojo e indignación ante mis ojos.
Y la cólera me hacía zumbar los oídos, pero algo de mi sensatez se restauró. Fui consciente con cierta impotencia de que eso de no alzarse estaba en las reglas, y que si la directora consideraba que yo las estaba incumpliendo, ellos tenían todo el derecho a proceder como quisieran.
—No, me parece que Mack está algo alterada solo por lo que supuso el cambio entre su anterior vida a esta —intervino Teodorus muy rápido ante mi silencio. También se dio cuenta de que Madelein estaba esperando mi respuesta para medir las consecuencias. Así que la miró a ella, tratando de sacarme del apuro—: Es comprensible, ¿no? Considerando lo joven que es, al igual que Nolan, hay confusión e inestabilidad en sus emociones.
—Sí, porque como dijimos, convencimos a la chica número dos de contarles lo que les está sucediendo porque confiamos en ustedes —agregó Nolan al intento de mediación de Teodorus, aunque fuera una mentira—. No vinimos para discutir, ¿verdad Mack?
Madelein siguió observándome. La tensión expectante en la sala, a la espera de lo que yo podía decir, aumentó.
Y sentí que, aunque ella no lo decía, su único pensamiento era: «Vamos, Mack, di otra cosa y confirma que estás alzándote, así puedo encerrarte de una vez por todas, o expulsarte de aquí».
Afinqué los dedos en la mesa y apreté los labios porque o me callaba, o seguía soltando verdades y lo arruinaba todo…
De acuerdo, reuniendo todo el aire posible para contenerme, terminé por ceder a la mano de Nolan que intentaba hacer que me sentara.
Madelein me quitó la mirada de encima como si mi osadía quedara zanjada y su poder opresivo hubiera ganado sobre mí.
—Si es cierto lo que dices, Teodorus, entonces Mack debería empezar terapias en el área médica para entender que su vida de antes ya no existe, y que ahora es y debe comportarse como una refugiada —repuso ella a la anterior intervención del padre de Nolan. Tan insensible y maquinal como lo podía ser alguien interesado en sus propios beneficios.
Teodorus pasó la mirada de Madelein a mí con las cejas arqueadas. Percibí preocupación, pero también cierta inquietud que mi alteración le había dejado. ¿Acaso planté en él una duda?
Sí.
—Pero yo sí me veo en la obligación de preguntar cuándo sucedió este cambio sobre los objetivos iniciales —le habló él a Madelein. Su tono no denotó miedo, pero sí moderación—, porque esto implica que tendré que cambiar los cronogramas de mi área, ¿no? No fui avisado previamente…
Madelein hizo un silencio. Me dio la impresión de que no le cayó bien que Teodorus preguntara eso con nosotros presentes, pero era tan buena en esconder cualquier emoción que no estuve segura de si estaba en lo cierto.
—Fue un cambio de último momento —dijo ella. Luego habló para todos, como si ya no le quedara otra que explicarlo—: Cambiamos los objetivos con la intención de mantener un perfil muy bajo durante un tiempo, precisamente para que MANTIS no detecte movimientos extraños de nuestra parte e intente atentar contra la seguridad de los STRANGE y los refugiados. Porque creo que ustedes son conscientes de que ellos siguen deseando atraparlos, ¿no? Así que esto se llama estrategia.
Ahí estaba otra vez la milésima mención sobre que nos estaban dando protección y que seguíamos vivos gracias a ellos.
Era como su psicología favorita. O más bien, la imposición de que les debíamos algo.
Odiaba eso.
—Y en cuanto a lo que haremos durante los próximos meses será esto —siguió explicando Madelein—: Analizaremos la sangre de los individuos, porque su material genético es inmune a muchísimas enfermedades y queremos ver qué tan posible es crear vacunas y curas basándose en ello.
Queremos avanzar más rápido que los demás, tener una ventaja indestructible, y eso lograremos.
—Ah, claro, algo que puedan vender… —Casi giré los ojos—. Será un gran negocio.
—Sería un avance para la humanidad —me corrigió Madelein con una lentitud de advertencia—. Es lo único que pedimos en este momento y es lo único con lo que nos conformaremos. Si no están de acuerdo, las puertas están abiertas para que se vayan y enfrenten los peligros ustedes solos. No son prisioneros.
No son prisioneros. Son nuestra ventaja, nuestro beneficio, nuestra propiedad, y la manipularemos a nuestro antojo.
Nada más teníamos que poner un pie en la entrada del edificio principal para que una banda de soldados nos cayera encima preguntando qué demonios hacíamos y si teníamos el permiso firmado y sellado para ello.
La Organización no tenía cadenas ni muros para apresarnos, era cierto, pero cada centímetro estaba vigilado y obstaculizado por guardias que reaccionaban al más mínimo movimiento raro.
Madelein se levantó de la silla y siguió imponiendo su presencia y su palabra, esa vez mirándonos solo a Nolan, Vyd y a mí.
—Ahora, algo que sí necesitamos que ustedes hagan es prepararse. Su situación es más riesgosa que la de otros refugiados. Así que, además de ayudar en los comedores, pasarán a formar parte de uno de los escuadrones especiales de defensa. Eso quiere decir que serán entrenados en un nivel superior, como soldados especiales, y quien estará a cargo de eso será Gesher. Por eso está hoy aquí.
Todos pusimos nuestra atención de nuevo en el hombre.
¿Cuántos hombres no he conocido? ¿Cuántos ojos masculinos no han estado sobre mí? Curiosos, analíticos, con intenciones ocultas. No hay que confiar jamás en ellos.
Lo analicé otra vez con ojo desconfiado. Sí, últimamente hacía eso con cada persona que pasaba junto a mí, pero volví a notar que por alguna loca razón a Nolan le había agradado, ya que lo observaba con cierto interés.
A ver, no era una mirada clavada a la de un animal ansioso por comerse una presa, pero había algo de curiosidad. Y años de conocer a Nolan me habían enseñado que esa era su actitud cuando conocía a alguien que le atraía físicamente.
Y pues sí, lo dejó claro cuando se inclinó un poco hacia mí.
—Creo que me está interesando la idea de recibir órdenes —me susurró sin apartar la vista de Gesher.
—Solicité que me permitieran entrenarlos personalmente, porque este es un caso diferente a cualquier otro —dijo el tipo, ajeno al susurro de Nolan. Su voz era la más neutra que había oído nunca, una voz carente de cualquier emoción—. Bajo mi supervisión, su entrenamiento…
—No, un momento, ya estamos entrenando, ¿para qué más? —lo interrumpí sin que me importara si sonaba antipática o no. O si volvía a molestar a Madelein—. Es reglamentario que los refugiados también deben cumplir entrenamiento básico como soldados y ya lo hacemos tres horas al día.
No había sido una pérdida total de tiempo. Al menos ahora yo ya sabía dar patadas y puñetazos, disparar un arma, derribar a alguien no demasiado fuerte y escapar —o… al menos intentarlo— de una situación en la que alguien quisiera matarme.
Cosas de las que antes no tenía ni idea, pero la verdad era que al menos a mí no me gustaba tanto eso de entrenar en niveles superiores o pertenecer a escuadrones. A Nolan sí, pero a mí no.
A Gesher, claro, no pareció gustarle que lo interrumpiera, aunque su expresión no cambió en absoluto.
Un muy alto control de sus expresiones faciales, ¿eh? Parecía no tener ni alma ese hombre.
—Porque lo que están haciendo no es suficiente. —Esa vez sonó tajante—. Necesitan mucho más: mayor resistencia, cómo usar diferentes armas, enfrentamiento cuerpo a cuerpo, cómo sobrevivir en caso de emergencia… Sus vidas están en constante peligro ahora. Ya no son muchachos comunes y corrientes que solo deben preocuparse por qué ropa vestir. La Organización los protege, pero ustedes deben saber protegerse también.
Agh, otra vez el recordatorio. Me irritaba.
O… ¿tal vez era que me dolía mucho escuchar la realidad? ¿Era que me dolía demasiado recordar lo que habíamos perdido?
Ya ni siquiera sabía qué me molestaba o me dolía de verdad, porque todo calaba en mí con la misma intensidad y terminaba sintiéndome de una sola forma: enojada, impotente, frustrada.
Tantas cosas en mi mente, tantas preocupaciones, tantos peligros, la desaparición de Ax, la muerte de mi madre, las verdades de mi padre…
Mi estrés solo aumentaba con cada pensamiento. Hacía que me doliera la cabeza. Ahora sufría de esos dolores muy a menudo.
Cada día el dolor es peor. Siento que mi cerebro va a explotar. La presión dentro de él, la sensación de cuchilladas. Más sufrimiento. No para. Odio sentirlo. Odio sentir.
Qué calor. Estaba sudando bajo la camisa. Hasta lo sentía en las piernas, qué incómodo.
—Yo no quiero ser una especie de soldado, ni un agente, ni nada parecido —sostuve—. Tengo otros planes y…
—Eso está cancelado a partir de ahora —me interrumpió Gesher.
Me quedé con la boca entreabierta a media palabra.
—¿Qué?
—Cuando llegaste seleccionaste colaborar como aprendiz de Teodorus y su equipo en la sección de genética y biología, ¿no? —dijo Gesher como si supiera cada paso que yo daba a diario—. Ya no más. Las horas que pasabas allí las usarás para entrenar, algo que sí te ayudará a mantenerte con vida. Es decir que, desde que termines tus deberes en la cocina, estarás en mi área. Y hay sanciones por incumplimientos.
—¡No, no puedes decidir qué deseo y qué no! —defendí mis derechos—. ¡Y no quiero entrenar como soldado! ¡Me va muy bien en el área de Teodorus, estoy aprendiendo muchísimas cosas útiles y soy buena en ello!
Pero quedó claro que aquel plan no era solo de Gesher, sino también de Madelein.
—Yo decido cómo proceden nuestros empleados, y Teodorus Cox ya no tiene permitido dejarte entrar a su área —dejó ella en claro con su serena voz de autoridad. Al ver que yo abrí la boca para soltar alguna contrariedad, agregó—: Como ha dicho Gesher, esto es para su propio beneficio. Queremos que estén preparados para enfrentar la realidad: que MANTIS está detrás de ustedes.
—Y si sabemos algo de MANTIS, es que harán lo que sea para capturarlos —asintió Gesher.
Volví la cabeza con ímpetu hacia el padre de Nolan. Él estaba quieto, pasando la mirada de uno a otro. Pero, a pesar de que lucía algo incómodo por la discusión, como si no estuviera muy de acuerdo, no decía nada.
—Teodorus, dijiste que al venir aquí nos ayudarían —le reclamé, furiosa, a la espera de que hiciera algo—, pero solo pisotean nuestra palabra y nos hacen imposiciones.
—Imposiciones que Teodorus también recibe —volvió a dictaminar Madelein—. Él es solo un empleado, y creo que eso lo dejamos claro cuando ofrecimos ayuda. Ahora, debo retirarme. Doy esta reunión por terminada.
La mujer se dirigió a la puerta. Apreté los labios, queriendo no decir nada más, forzándome, aunque me ganó de nuevo la osadía.
—Madelein —la llamé. Todos los ojos se volvieron a mí, nerviosos y expectantes. Ella se giró, sin expresión—. Como he pedido ya varias veces, ¿pueden entregarme el cadáver de mi madre para que yo pueda darle un funeral digno? Ustedes limpiaron la mansión ese día. Ustedes lo tienen.
—Cavalier —respondió, dejando en claro que me enfrentaría tanto como yo a ella—, como ya te hemos dicho todas esas veces: el cadáver de tu madre fue incinerado con todos los demás porque lo pediste tarde.
Así de cruel, se alejó. Y nunca me molestó tanto el sonido de unos zapatos de tacón repiqueteando contra el suelo como en ese momento.
Honestamente, quise gritarle. Quise sacar mi lado más histérico porque algo dentro de mí me decía que ella no me permitía ver el cadáver solo para herirme. Que seguramente, tras meses, aún lo mantenía aquí, congelado, solo porque era más que mala: inhumana.
Pero me reprendí mentalmente: «Esto no sería bueno para el plan. Si necesitamos convencer a la Organización de que nos lleven a la cueva, ganarme a la líder como enemiga solo nos lo hará más difícil, tal vez hasta imposible. No puedo descontrolarme».
—El horario está listo —dijo Gesher, también pautando su salida—. Lo enviaré a sus agendas electrónicas instaladas en sus habitaciones.
Entonces se levantó de la silla, listo para abandonar la sala.
A mi lado, Nolan reaccionó como activado por un resorte ante su marcha, porque alzó la mano igual que un estudiante buscando aclaraciones de un profesor.
—¿Y si tenemos preguntas? —le habló con rapidez, como si también quisiera prolongar su partida o llamar su atención o yo qué sé.
—Envíenme un mensaje de vuelta por la pantalla instalada en sus habitaciones —le contestó Gesher, indiferente.
—¿Y si las preguntas son muy complicadas para escribirlas? —intentó Nolan de nuevo.
—Espera a que nos veamos en los entrenamientos para hacerlas —zanjó Gesher—. Empezamos el lunes.
Mientras se iba de la sala, la mirada codiciosa de Nolan le siguió el paso. Pero ignoré eso por el momento, porque yo estaba que me pinchaban y no echaba sangre.
Así que apenas nos quedamos solos con Teodorus, le lancé una mirada enojada.
—¿Qué demonios acaba de pasar? —solté. En verdad no podía creer que nosotros habíamos convocado esa reunión para proponer algo y que terminara en todo menos el logro de eso—. ¿Cómo es que ellos toman todas esas decisiones así?
—Ya sabíamos que en cualquier momento sacarían las garras… —comentó Nolan, negando con la cabeza como si la situación no fuera tan absurda. Aunque luego frunció el ceño hacia su padre—. ¿Tú por qué no dijiste nada?
—Porque estaba tan sorprendido como ustedes —repuso Teodorus, algo desconcertado—. No sabía lo de los cambios o que tenían planes de entrenarlos de forma especial. Me enteré justo ahora al igual que me estoy enterando de que la chica recibe trozos de memorias. ¿Cuándo empezó? ¿Por qué no me lo dijeron?
Nolan y yo compartimos una mirada de reojo por la complicidad de la mentira.
—Bueno, nos callamos hasta ahora porque ella no quería que lo comentáramos a nadie. —Nolan agregó otra mentira más—. Lo cual tiene sentido porque esta gente obviamente tiene dos caras.
—Pero soy la persona en la que más puedes confiar, hijo —replicó su padre. Nolan desvió la mirada—. Como dijo Madelein, llevo años siendo solo un empleado. Puedo asegurar que las cosas antes no eran de este modo, ni tampoco tan estrictas. Y sí, me extraña mucho que de repente sucedan estos cambios. No entiendo por qué, pero como sea, la verdad es que yo rogué para que los trajeran aquí porque quería que estuvieran a salvo de MANTIS. Estoy del lado de ustedes, así que no duden en contarme nada porque me esforzaré por ayudarlos.
Vi que Nolan lo murmuró con cierto recelo mientras miraba hacia otro lugar:
—No te esforzaste ni por visitarme todos estos años…
Entonces decidí parar ese tema antes de que se saliera de control, porque la relación entre ellos, ahora juntos en un mismo lugar, era complicada.
Teodorus intentaba acercarse a Nolan, pero Nolan demostraba que prefería alejarse. A veces hasta los encontraba teniendo discusiones porque Nolan reclamaba el abandono. En fin, podía salirse de control.
—Teodorus, el punto es que no quiero entrenar —enfaticé con una lentitud algo molesta—. Quiero encontrar soluciones para Ax y pensé que lo sabías. He pasado día y noche en tu laboratorio demostrando que quiero aprender. Tuviste que apoyarme.
Teodorus soltó un suspiro y juntó las manos por encima de la mesa.
Lo cierto era que todos esos meses acompañándolo en su área me habían permitido descubrir que era un hombre muy tranquilo que casi nunca se alteraba. Se concentraba mucho en sus cosas. Pero era bastante amigable y con una personalidad muy paternal hacia todo el mundo.
Claro que Nolan no lo veía igual, y yo respetaba su punto de vista. Solo que yo estaba forjando una visión diferente de él. O bueno, la había forjado, porque su falta de apoyo me acababa de molestar.
—Mack, cuando te acepté en el laboratorio fui claro contigo —me dijo con la usual amabilidad y paciencia con la que me trataba—. Ni todas las horas que pases allí ni toda la información que yo te dé pesarán más que años de estudios.
—¡Me he leído todos los libros que me has dado!
—Y, aun así, te dije que necesitarías una educación universitaria, prácticas, escuchar a más expertos, porque la ciencia no se aprende en unos meses… —puntualizó, todavía calmado. Luego alternó los ojos cansados pero un poco preocupados entre Nolan y yo—. Miren, yo no tengo el poder que tiene Madelein. Estoy presente en estas reuniones por formar parte fundamental del equipo de desarrollo científico, pero eso no me concede poder de nada. Solo puedo asegurarles que conozco a Gesher desde que llegó aquí y es asombroso en su trabajo. Y más importante, creo que tuvo razón cuando dijo que sus vidas ya no son las de antes. Me parece que sí deben prepararse para… —se tomó unos segundos, como si no quisiera admitirlo, pero lo dijo—: cualquier cosa.
Sí, teníamos claro que eso era lo que podía hacer MANTIS. Lo que menos sentirían hacia nosotros las personas que habían ocultado a «sus individuos» sería compasión.
Así que esa sensación de peligro siempre lograba volver a hacerse presente aunque Nolan y yo fingiéramos ser dementes que no sabían nada. No necesitábamos a Madelein recordándonoslo a cada rato, porque cualquier cosa lo traía a nuestras mentes: una palabra en el comedor, el techo de nuestra pequeña y sosa habitación de refugiados o solo recordar lo que había pasado en la mansión antes de venir.
—No vamos a pelear con MANTIS, trataremos de ocultarnos de ellos como podamos. —Nolan emitió una risita.
E igual supe que solo quería convencerse a sí mismo de que no era posible.
Pero sí lo era.
—No sabes lo que va a pasar —lo contradijo Teodorus. La despreocupación de su hijo pareció inquietarlo un poco—. MANTIS intentará recuperar a sus individuos a como dé lugar, y recurrirá a las formas que vean necesarias. Y me refiero a que, si la forma que más les conviene es desatar una guerra entre ellos y esa Organización, lo harán. —Nos habló con una seriedad firme—: Puede ser muy duro, pero sus vidas de adolescentes normales han terminado. Permitan entonces que Gesher los prepare para esta nueva.
—Pfff, a mí no me gusta ese tipo —comentó Vyd con una nota desconfiada—. No pienso acatar sus órdenes para nada.
Por supuesto, Nolan ya estaba pensando diferente.
—Yo sí me uniré a su entrenamiento —afirmó él, como embelesado ante el recuerdo de Gesher sentado a la mesa.
—Pero si antes dijiste que debíamos estar alertas y que… —intentó protestar Vyd. Solo que intervine rápido para evitar que Nolan expresara más su abrupta atracción por Gesher, lo cual, obviamente, iba a lastimarlo:
—Chissst… —emití—. Mejor vámonos ya. Esta reunión fue una idiotez.
Lo bueno fue que ambos me obedecieron, y los tres nos levantamos de la silla. Mientras salíamos de la sala, Teodorus nos siguió con la mirada, quizá algo decepcionado por mi actitud retadora, pero no dijo nada.
Seguimos por el pasillo y entramos en el ascensor. Miré a Vyd apenas se cerraron las puertas, de nuevo segura de que me ocultaba algo con respecto a Ax, pero él desvió la mirada, evasivo.
Abrí la boca para soltarle una pregunta, pero mi modo supervivencia se activó, me recordó algo y subí la mirada.
Había una pequeña cámara de seguridad instalada en una esquina del ascensor.
La estúpida vigilancia solo me ralentizaba las cosas, porque quería preguntarle a Vyd más sobre Ax. Presionar para obtener alguna respuesta. Pero no podía decir ni una palabra allí.
Bueno, como también necesitaba comunicarme con la chica número dos para contarle que nos habían negado la propuesta y saber qué debíamos hacer en ese caso, cerré los ojos e intenté llamarla desde mi mente. Ella sería capaz de detectarlo. Eso habíamos acordado.
Necesitamos hablar con urgencia. ¿En dónde están?
En realidad quise ser más específica preguntando mentalmente: ¿en dónde está Ax?
Pero no lo hice, porque si Vyd que era mi amigo no me lo decía, mucho menos me lo diría ella, que solo me hablaba por asociación.
Sí, la chica y yo habíamos hablado sobre el plan, pero nada más. Ella no era muy comunicativa, y yo tampoco sabía qué decirle. A su proyección real la veía a veces asistiendo a las pruebas médicas, pero del resto casi nunca a menos que tuviera algún mensaje que transmitirme.
Nada se daba entre nosotras, ni idea de por qué. De hecho, hasta se sentía muy extraño.
En ocasiones yo sí quería intentar algo. No lo sé, tratar de acercarme a ella, quizá para que se diera cuenta de que podía confiar en mí o abrirse. Solo que no estaba segura de cómo hacerlo. No era tan accesible como con Ax o Vyd.
Ella me intimidaba un poco… Era como si… fuéramos dos imanes que se repelen…
Igual nada. En este intento de llamado mental a la chica número dos, no obtuve ninguna respuesta.
En cuanto abrí los ojos, me di cuenta otra vez de que Vyd estaba mirando a Nolan con embelesamiento, y que este estaba mirando fijamente las puertas del ascensor, con las manos de nuevo hundidas en los bolsillos, como absorto.
¿En qué pensaba? Temí que detestara tanto el interés de Vyd que lo hiriera profundamente en algún momento. A veces Nolan podía explotar. ¿Acaso eso estaba cerca de pasar?
—Mack, ¿por qué casi explotaste en la reunión? —me preguntó Nolan. Tal vez había estado tratando de entender qué había hecho—. Casi no te controlas.
Sí, ahora que lo pensaba… ¿por qué el impulso fue tan grande?
—Solo me enojé —me limité a decir debido a las cámaras. Y debido a que tampoco tuve una explicación clara.
Las puertas del ascensor se abrieron finalmente. Vi una figura parada en el pasillo. Mi corazón se aceleró con brusquedad.
¿Ax?
No.
Dan, el hermano adoptivo de Nolan.
Él también había venido a la Organización con nosotros, y honestamente a veces no terminaba de entender cómo Nolan y yo nos habíamos pasado casi todo el tiempo tratando de evitar que él se enterara de la existencia de Ax, porque había sucedido todo lo contrario.
En serio, ¿por qué las cosas siempre nos salían tan mal?
Al final, Dan había terminado muy involucrado en todo nuestro lío y había tenido que dejar sin explicaciones su lugar como policía del pueblo para también huir de MANTIS.
Pero al menos en él casi nada había cambiado durante los meses que llevábamos allí, solo que ya no vestía su uniforme de policía. En su lugar usaba el de la Organización, al igual que Nolan: un pantalón militar de color negro y una camisa blanca.
Pero sí, seguía teniendo ese aire de rectitud y honor con el cabello rubio bien peinado y un aura impecable, limpia, casi perfecta. Como siempre, todo lo contrario a su hermano.
—No sé lo que quieres, pero ahorita no; vete, que todos estamos de mal humor —le dijo Nolan a Dan al instante en el que lo vio frente a las puertas del ascensor.
Por supuesto, la disfuncional relación entre ambos no cambiaba por nada, por lo que Nolan salió del ascensor y chocó a Dan con el hombro para apartarlo.
Y sé que quiso que el gesto luciera rudo, pero obviamente la contextura física de Dan, un policía entrenado, era más fuerte, así que eso no logró gran cosa. Ni siquiera consiguió que perdiera la paciencia.
De hecho, Dan permaneció tan tranquilo como siempre.
—Quiero hablar con Mack —dijo—. Es todo.
Nolan se dio la vuelta y se cruzó de brazos. Vyd y yo nos detuvimos en el pasillo también. Yo iba perdida en mis propios pensamientos, así que la pronunciación de mi nombre me tomó por sorpresa.
¿Quería hablar conmigo sobre qué?
—Ah, mira —replicó Nolan a las palabras de Dan, indignado—. Mira. Nada más mira.
—Sí, Nolan, estoy mirando —suspiró Dan con paciencia, porque conocía muy bien las posibles actitudes de su hermano.
—¿Y te burlas de mí en mi cara? —soltó Nolan, más indignado aún.
—Bueno, ¿qué pasa contigo? —Dan hundió las cejas, confundido por esa actitud—. Pensé que estábamos bien desde que en la mansión trabajamos como equipo contra esos soldados de MANTIS. ¿Por qué estás enfadado conmigo?
Sí, ¿por qué estaba enfadado con Dan? Yo tampoco lo sabía.
Aunque, si era honesta, desde que conocía a Nolan siempre estuvo enfadado con él.
—No tengo por qué decirlo —respondió Nolan con la barbilla en alto—. Pero, bueno, sé que nos ayudaste en esa situación desesperada, y sí, eso fue bastante genial. Tus habilidades fueron muy impresionantes.
—Bien, pues gracias… —contestó Dan, más confundido todavía.
—Y solo porque me recordaste eso te concederé la palabra —añadió Nolan, como si le concediera el privilegio—. Aquí está Mack. —Me señaló al igual que un agente a su protegida—. ¿Qué quieres decirle? Habla. Suéltalo. Ya.
—No, quiero hablar con ella a solas —le aclaró su hermano.
Nolan se negó de inmediato.
—Pues no puedes porque ella es yo, y yo soy ella.
Vyd soltó una risa porque eso le pareció gracioso, pero al darse cuenta de que Nolan le dedicó una mirada de reproche, se calló.
—Lo que quiero decirle no es asunto tuyo, Nolan —intentó Dan de nuevo.
—Todo lo que pasa con Mack es asunto mío —le contradijo él, muy serio—. Lo que sea que le digas, ella me lo contará después, así que habla o nos vamos. No perderemos el tiempo aquí contigo. Estamos ocupados.
Dan, lleno de paciencia, alternó la vista entre Nolan y yo, y se quedó mirándome, como preguntándome si yo aceptaba eso.
¿Qué podía hablar yo a solas con Dan? No podía ser algo malo o serio. Ya le había dado las gracias por ayudarnos.
¿O tal vez no había sonado lo suficientemente agradecida? Porque sí lo estaba. Su apoyo final cuando los soldados de MANTIS fueron a enfrentar a Ax me había hecho sentir mal por todas las veces que le dije que lo denunciaría al ir a investigar a mi casa, y por todos los dramas que fingí para alejarlo.
Yo ya pensaba que él era una muy buena persona. Aunque tampoco tenía nada que ocultarle a Nolan. Y mi mente revuelta no estaba para ir a tener conversaciones. Si hablábamos todo allí y terminaba rápido, mejor.
Así que solo me encogí de hombros y asentí.
—De acuerdo —suspiró Dan, y me miró directo a los ojos, cosa que también me tomó desprevenida. Luego dijo—: No sé si lo sabes, pero habrá una especie de… día libre para los trabajadores aquí en la Organización, así que harán una noche de cine en las áreas de la azotea. Quería pedirte que vinieras conmigo.
Si a Nolan no se le salieron los ojos y se le desencajó la mandíbula, fue de puro milagro. Su cara resultó de lo más graciosa, porque aquello fue muy inesperado para él.
Y también para mí, claro. Solo pude pestañear, atónita.
El único que no pasó a formar parte del club de los sorprendidos fue, obviamente, Vyd. Él tuvo su propia emoción: entusiasmo.
—¡Ah, sé qué es esto! ¡Le estás pidiendo una cita! —exclamó, emocionado, como si estuviera fascinado al presenciar algo así por primera vez.
Dan asintió, muy seguro:
—Sí, Mack, te estoy pidiendo una cita.
Y… ¿Crees que ese bicho estaría en la cita?
MACK
—No. Y definitivamente no. —Esa respuesta, claro, salió de Nolan.
Se lo dijo con decisión, con autoridad, como si fuese la única persona en el mundo que supiera lo que era bueno para mí.
Y a pesar de que una reacción así no era rara porque Nolan siempre había sido tan sobreprotector conmigo como un hermano, por alguna razón trajo a mi mente ese horrible asunto de que mi padre había manipulado su nacimiento para convertirlo en mi protector.
¿Acaso eso influía en sus reacciones hacia mí? Nolan estaba ligado a mí de una forma antinatural, por lo que por primera vez me pregunté si su actitud tan protectora tenía que ver con todo eso.
Si era un rasgo que él no podía evitar…
Porque antes de ser asesinada por el mellizo fallido de Ax, mi madre lo había revelado: mi padre le había dado habilidades a Nolan para que fuera capaz de dar la vida nada más para mantenerme a salvo. Así que Nolan era un superhumano, pero eso solamente surgiría si yo estaba en peligro de muerte. Al parecer, no eran poderes que él podía controlar a su antojo.
A mí eso me enojaba. Esa verdad de haber nacido por mí… me causaba impotencia. Lo veía como una de las mayores crueldades que había cometido mi padre. No, era la principal: haber intervenido en la vida de mi mejor amigo.
Volviendo a Dan, él tomó aire, porque haber vivido toda su vida con Nolan Cox lo había entrenado para manejar sus actitudes.
—No tendré la cita contigo, Nolan, así que Mack es la que debe responder —le dijo, muy calmado. Luego me miró a mí, a la espera de mi decisión.
¿Una cita? ¿Con Dan? ¿Por quien no tenía sentimientos de ese tipo?
Asumí que él debía de saber que yo estaba enamorada de Ax, pero al instante recordé que tal vez esa situación era mi culpa, porque en la mansión, en aquella fiesta de mi madre, yo había besado a Dan para evitar que notara la presencia de Ax. Hasta le había dicho que me gustaba.
Habían sido medidas desesperadas, pero también injustas. Ahí estaban las consecuencias.
Ahora, ¿qué pensaba hacer? Para mí nada de eso había significado algo, pero ¿tal vez para Dan sí?
Detesté mi impulsividad pasada.
Aunque en lo que abrí la boca para decir algo, Nolan habló antes que yo:
—Dime que en verdad no crees que ella te va a decir que sí. —Usó un tono absurdo—. Si es así, entonces tienes las ilusiones más altas que el nivel de contaminación global.
—Pues no lo sé, por esa razón me estoy arriesgando —admitió Dan con un encogimiento de hombros, y después me miró a mí de nuevo—: ¿Podemos hablar a solas? Hay otras cosas que quisiera decirte, y Nolan lo está haciendo incómodo.
Iba a aceptar hablar a solas, porque tenía razón, Nolan lo estaba haciendo más raro aún y no se merecía eso.
Solo que otra vez Nolan se adelantó, dando un paso hacia el frente como dispuesto a defender algo:
—Si esto te parece incómodo, créeme que lo puedo hacer peor. —Y de forma muy inesperada, me tomó del brazo como a una muñeca de trapo para apartarme no supe de qué—. No la vas a tocar.
Dan frunció el ceño, desconcertado.
—¿Te parece que la quieto tocar?
—Si la estás invitando a una cita no creo que quieras solo meterla en una caja de cristal para admirarla desde lejos —replicó Nolan, muy obvio.
Dan iba a refutar, pero me zafé de Nolan.
—Muy bien, ya —dije, intentando terminar con la extraña riña, solo que ninguno de los dos cooperó.
—Ya para de actuar como si fueras su dueño —se quejó Dan hacia Nolan—. Es muy raro.
Eso, por supuesto, enfadó más a Nolan.
—¡Tú eres el raro! —Lo señaló de manera acusatoria—. ¿Crees que esto se ve normal? ¡Conoces a Mack desde que era pequeña! ¡Debería denunciarte!
Dan se ofendió por la magnitud de esa acusación.
—¡Ya Mack es mayor de edad! —defendió—. Pero, de todas formas, ¡¿por qué te estás comportando así?!
—Porque ella está con Ax y tú deberías respetar eso —sostuvo Nolan.
Dan alzó ligeramente las cejas, como sorprendido. Se cruzó de brazos.
—Ah, ¿sí?, ¿y en dónde está él? Porque ya nunca lo veo con ella. De hecho, por eso mismo le estoy pidiendo una cita, porque no parecen una pareja. Ya no parecen nada.
Hubo un denso silencio. El silencio de una pregunta difícil de responder, porque Dan no sabía nada de las proyecciones.
Pero igual lo último me dio duro, tuve que admitirlo, porque… ¿tal vez era la realidad?, ¿era de esas cosas que están ahí pero no se quieren ver aunque los demás sí las ven?
Ax y yo sí teníamos algo, solo que hasta ese momento no había pensado en que los demás lo veían como algo sin nombre, indefinido, que parecía muy lejano a una «pareja».
Yo no le había dado importancia porque aceptaba que Ax estaba lejos de ser normal, ni había llevado una vida corriente, y que ni siquiera sabía de relaciones. Con eso también había aceptado que no podía esperar una petición común de su parte.
Entonces me bastaba con sentir que le gustaba también, con que me lo demostrara en los inusuales modos que él tenía de demostrar cariño, con que nos defendiéramos juntos de MANTIS y del mundo como el equipo que habíamos formado antes.
Para mí, nuestra conexión era suficiente. Pero ¿la conexión era suficiente para él?
Yo sentía que Ax era mi novio, pero en ese instante me pregunté: ¿lo habíamos acordado ambos? ¿Él deseaba eso también? ¿O era solo lo que yo había asumido porque habíamos tenido sexo y habíamos demostrado gustarnos mucho?
¿Qué tal si para él era diferente y por eso no aparecía? ¿Qué tal si la realidad era que él no sentía el más mínimo compromiso por lo que había entre nosotros, y antes solo había seguido los impulsos de las hormonas?
Por primera vez me encontré dudando de todo eso. Fue como si me acabaran de desbloquear los más adolescentes temores, porque Ax había desaparecido sin explicaciones ni avisos, y… si realmente no estaba pasando nada malo como Vyd decía, si todo estaba bien, si él no estaba en peligro, si mis punzadas no eran ciertas, sino absurdas e innecesarias preocupaciones…
Entonces ¿había decidido alejarse y no aparecer ni siquiera en proyección para visitarme como Vyd visitaba a su platónico Nolan?
Descubrí que ni siquiera tenía forma de responder a la pregunta de Dan sobre por qué no estaba conmigo. Solo se me hizo un estúpido nudo en la garganta.
—Pues lo que pasa es que Ax está muy ocupado —defendió Nolan tras dar con algo para llenar el silencio.
—Nadie está demasiado ocupado para la persona que quiere. —Dan negó con la cabeza.
Nolan giró los ojos, fastidiado.
—Ah, genial, ahora escribe un libro de frases con eso y te vas a venderlo —le soltó. Luego avanzó y me jaló del brazo—. Nos vamos.
Pero yo no me moví, porque Dan lanzó otra muy buena pregunta:
—Solo dime, ¿qué es «eso» que lo tiene tan ocupado como para no estar aquí con ella?
Nolan quedó bloqueado, sin respuesta. Yo, obviamente, tampoco tenía una. Así que solo me quedó mirar a Vyd, quien había estado en silencio durante todo el rato, pero muy atento a la escena.
Lo miré a la espera de que él aclarara algo, porque estaba segura de que era el único que sabía en dónde estaba Ax y por qué no aparecía. Y lo miré tan fijo que eso lo puso nervioso. Lo noté porque se rascó la nuca, medio incómodo.
—Pues es que él casi no sale de su habitación… de todo lo que nos hicieron fue el más traumado… está acostumbrado a la oscuridad y… le gusta más estar solo… —dijo Vyd, muy titubeante—. Pero él debe de saber lo que ella siente, ¿no? —Soltó una risa nerviosa—. Oigan, yo soy el menos indicado para opinar aquí. Jamás he tenido una cita y no sé nada de cómo funcionan las relaciones. Tampoco conozco a Dan más que por la ayuda que nos dio en la pelea de la mansión y…
—Vyd —salió de mi boca en una interrupción. Aunque también sonó como una súplica, como un «por favor, ya dime lo que sabes o me romperé entera».
Ni siquiera me dio miedo mirar sus ojos con fijeza. Debido a eso, claro, empecé a sentir las consecuencias, el surgir de mis más profundos temores:
Flashes de las horribles imágenes de mi madre muerta por mi culpa; que Nolan muriera también intentando salvarme; que Ax nunca regresara; que descubriera que mi padre había hecho cosas aún más aberrantes…
Pero mantuve la mirada fija en Vyd a pesar de que mi cuerpo comenzaba a temblar ante la exigencia de apartarla. Él se dio cuenta, y estuve segura de que lo haría hablar únicamente para que yo no sufriera.
Solo que, antes de que mi desafiante mirada diera resultado, una alarma se encendió en cada pasillo de la Organización.
Empezó a sonar con una fuerza estrepitosa a través de los parlantes instalados en las esquinas. Para nosotros, esa emergencia nos hizo mirar en todas direcciones en un intento de entender por qué se había activado.
Para Vyd, por el contrario, sirvió como distracción, porque sin aviso ni despedida se fue por uno de los pasillos a paso tan rápido que su evasión fue evidente.
Quise seguirlo, pero entonces una voz salió de unos altavoces que ni sabía que existían en el edificio:
«EMERGENCIA EN EL PISO 1, VESTÍBULO PRINCIPAL, HAY QUE PONERSE A RESGUARDO».
Dan fue el primero que corrió en dirección al vestíbulo. Luego Nolan y yo reaccionamos y lo seguimos, usando las escaleras.
Por supuesto, Dan con su agilidad policial, fue más rápido y llegó antes. Después, en lo que Nolan y yo llegamos, lo primero que vimos en el enorme vestíbulo que se consideraba la entrada principal de la Organización fue una acumulación de guardias apuntando a algo en el suelo.
Los demás empleados que se ocupaban del registro de entrada estaban agachados detrás del gran recibidor, protegiéndose como si una bomba estuviera a punto de explotar.
Y a pesar de que la alarma aún sonaba por encima de todo, escuchamos a uno de los guardias enviando un reporte por su comunicador:
—¡Un objeto no identificado entró en el área!
Había entrado por uno de los grandes ventanales que conformaban la arquitectura moderna del edificio. Pude ver el cristal roto, indicando que, fuera lo que fuese, lo había atravesado de forma repentina.
En un intento por ver qué era esa cosa no identificada, di algunos pasos hacia la acumulación de guardias. Nolan, detrás de mí e igual de curioso, me siguió.
En cuanto logramos mirar entre ellos y las armas, por un momento ni siquiera entendí qué rayos era.
Tenía forma rectangular, y era tal vez del tamaño de un conejo adulto. Estaba hecho de un metal plateado que brillaba bajo los reflejos del sol. Y con los pedazos del cristal del ventanal roto a su alrededor, podía pasar solo como un inocente objeto que alguien había arrojado sin mala intención.
Pero inocente no debía de ser. De hecho, sí lo estaban tratando como si fuera una bomba, porque uno de los guardias se le acercó con una lentitud cautelosa para revisarlo.
Cada paso que dio, aun apuntándole con el arma, fue tan cuidadoso que se creó una intensa expectativa en el ambiente capaz de desesperar a cualquiera.
El guardia se detuvo frente al objeto…
Se agachó lentamente…
Le acercó la boca de su fusil para darle un toque…
Y estuvo a punto de hacerlo hasta que…
De pronto le salieron patas.
Sí, patas.
De manera muy inesperada, seis patas metálicas se le desplegaron de cada lado, como si se hubiera activado. Entonces, el objeto se levantó, firme, y de manera aún más inesperada todavía, expulsó un humo oscuro desde lo que debía de ser su trasero.
El misterioso humo se expandió demasiado rápido, como una nube. Hizo caer al guardia hacia atrás. Su arma se disparó. Y como todo fue tan rápido, tan extraño y tan alarmante, otro guardia gritó:
—¡Disparen!
El resto empezó a disparar hacia la pequeña cosa. El caos se desató. Nolan me abrazó para cubrirnos, y junto a Dan corrimos para resguardarnos detrás del mostrador al igual que los demás.
Los disparos resonaron en todo el lugar, dolorosos para los oídos. Se le sumaron los gritos de los empleados y más órdenes de los guardias.
Fue todo tan caótico que lo único que logré ver entre todo el lío fue que el objeto con patas saltó fuera del humo y corrió a toda velocidad por las paredes como una araña muy ágil, evitando los disparos.
—¡¿Qué demonios es eso?! —preguntó Dan con los brazos sobre su cabeza para cubrirse, pero con la vista atenta al objeto.
—¡Es un bicho con patas! —exclamó Nolan, asustado.
—¡Pensé que era una bomba! —dije yo, también muy confundida.
—¡Es un bicho bomba con patas! —corrigió Nolan, más asustado aún.
—¡Si fuera una bomba ya habría explotado, por Dios! —nos regañó Dan.
Bueno sí, tenía razón.
De nuevo intenté ver en qué parte de las paredes se encontraba ahora, pero con tantos disparos, guardias corriendo, cristales estallando y los empleados gritando, fue muy difícil.
Solo pude cubrirme hasta que por un momento conseguí ver que el bicho se deslizó entre saltos y que únicamente una bala logró casi darle en una de las patas, por lo que perdió equilibrio y cayó al suelo en un sonido metálico.
En el piso, la cosa intentó levantarse, pero pareció presentar problemas con la pata herida.
—¡Atrápenlo! —ordenó el guardia.
Pero en realidad la persona más cercana era Dan, así que su alarma de policía obediente se activó y se lanzó a la misión sin miedo ni preocupación. Corrió por el vestíbulo como si fuera el Capitán América o qué sé yo y se deslizó para atrapar al bicho.
Creí estar segura de que lo atrapó, porque cada movimiento indicó que lo lograría, pero antes de tomarlo, el ser dio un salto ágil y burló las manos de Dan. Del salto cayó sobre su hombro, y aunque él intentó atraparlo, el bicho saltó a su espalda.
Luego hubo un forcejeo entre ambos y todo fue muy confuso hasta que, por alguna razón, Dan cayó al suelo, sin equilibrio, y la pequeña cosa se apresuró a seguir por un pasillo y se perdió de vista.
Sin disparos, los guardias se apresuraron a seguirlo, pero se escuchó a uno de ellos reportando:
—¡Tenemos un posible objeto espía infiltrado en el edificio! ¡Encuéntrenlo, hay que desactivarlo!
Solo pensé: «¿Qué demonios acaba de pasar?».
Al parecer, nadie más lo sabía, pero el guardia siguió reportando algo, solo que como se movió dejamos de oírlo.
De igual modo, Nolan ya había abierto tanto los ojos que pudieron habérsele salido de las órbitas.
—¡¿Espía de quién?! ¡¿De MANTIS?! —soltó, entre horrorizado e intrigado—. Tengo que escuchar mejor esto.
Entonces, aún en cuclillas, se movió en dirección al guardia para captar lo que decía, como si fuera una pequeña misión secreta que debía cumplir a toda costa.
Ni siquiera le prestó atención a Dan, quien, tirado boca arriba en el piso, intentaba recuperar el aliento por todo el forcejeo.
Dudé un momento porque los disparos y lo extraño de la situación me habían dejado nerviosa, pero salí de detrás del mostrador y fui a verlo yo. Me agaché junto a él. Físicamente se veía ileso, pero aún agitado. Solo había quedado despeinado y enrojecido.
—¿Estás bien? —quise asegurarme.
—No sé qué es eso, pero es rápido y fuerte —jadeó, algo confundido—. Puede ser peligroso.
Miré hacia todos lados. Los guardias restantes estaban planeando dispersarse para iniciar la búsqueda. El humo oscuro se elevaba en medio del vestíbulo, sin buscar esparcirse.
Había servido como una distracción.
Hummm…, también parecía ser bastante listo, ¿no?
—Se escapó —le informé a Dan—. Y dicen que puede ser un espía.
—¿De MANTIS? —dudó él.
Pensar que MANTIS había enviado un espía porque seguían dispuestos a capturar a Ax, Vyd y la chica le dio fuerzas a lo que Teodorus nos había dicho sobre que ellos estaban dispuestos a todo, incluso a una guerra, porque al lanzar ese objeto daban a entender que no les daba miedo un ataque directo.
Me perdí unos segundos tratando de entenderlo hasta que noté que Dan pareció darse cuenta de algo y se apoyó en los codos con rapidez, mirando hacia todos lados.
—Espera, ¿Nolan te dejó sola? —me planteó.
Comprobamos la ubicación de Nolan. Estaba escondido detrás de un sofá de espera del vestíbulo, ni siquiera demasiado oculto. Estuve segura de que varios guardias sabían que él estaba ahí, pero aun así se veía muy metido en su misión.
Dan volvió la mirada hacia mí. Sus ojos siempre eran muy amables.
—No es el mejor momento después de lo que acaba de pasar, pero, dime, ¿aceptarías la cita? —me preguntó de nuevo.
—Dan, es que Ax y yo… —intenté explicarle sobre nuestros sentimientos, pero él me interrumpió:
—Sé que él no está aquí.
Bajé la mirada. La frase de que no estaba también me bajaba el ánimo.
—¿Cómo lo descubriste? —murmuré.
—Lo apunté con un arma y no hizo nada —dijo con simpleza.
—¿Qué? —Pestañeé.
—Ya lo sospechaba, así que solo me quedó arriesgarme. —Hundió un poco las cejas—. Pero todavía no entiendo cómo es que está y al mismo tiempo no.
—No podría explicártelo, es riesgoso —admití a pesar de que el revuelo de todos los soldados servía para ocultar cualquier conversación—, pero en cuanto a tu petición… —Suspiré—. No puedo, estoy enamorada de Ax y creo que eso es obvio.
Esperé que Dan se enojara un poco. De hecho, hasta planteé en ese momento una disculpa mental por aquel beso y aquellas palabras de mi antigua yo que ya casi no existía…
Pero él me dedicó una sonrisa calmada y cálida. Lo de siempre, nunca capaz de enfadarse ni con su alocado hermano.
—Está bien —asintió—. Pero sé que estás triste por esta situación. Que él no esté te ha afectado. No solo Nolan te mira, yo también, y cuando te veo por los pasillos noto que pasas los días enteros triste o ausente o nerviosa. Así que, ¿qué tal si cambias el concepto? No será una cita. Nada más vayamos juntos a ese evento y pasemos un rato divertido para que te relajes.
—No, no lo sé… —dudé.
—Puede venir Nolan o quien quieras —dijo con simpleza, quitándole el peso del asunto de la cita—. Nada más mira, justo ahora pareces preocupada. Es mucho estrés, Mack. Llegarás a un punto inaguantable. ¿Y crees que así podrás vivir todo este tiempo? Sigues siendo humana.
Bueno, era cierto que solo tenía en mi mente: «Ax, Ax, Ax. Sobrevivir, sobrevivir, sobrevivir. Ayudar, ayudar, ayudar. MANTIS, MANTIS, MANTIS». No había espacio para nada más.
—Bueno, son muchas cosas, Dan… —fue lo único que pude decir. No era algo que quisiera hablar con él por más amable que fuera.
—De acuerdo, nada más creo que una tarde de distracción te haría bien. Pasar un rato divertido haciendo algo más que entrenar o trabajar, o pensar en qué realmente está haciendo Ax o en dónde. —Se encogió de hombros—. Hasta que él aparezca. Es decir, si es que aparece.
«Si es que aparece». Agh.
Yo sabía perfectamente qué debía de estar haciendo Ax: buscar a los demás individuos que seguían con vida, es decir, sus hermanos del proyecto STRANGE.
Pero con las palabras de Dan intenté imaginarlo explorando la vida normal, conociendo sitios, lugares, más personas…
Pero el Ax que yo conocía no se interesaría por eso.
¿O… sí?
Oh, Dios, nunca me había detenido a dudar de los sentimientos de Ax por mí. Se sintió todo tan claro cuando estuvimos en la mansión, cuando nos besamos. ¿Por qué ya no? ¿Por qué ese día todo lo que me decían sobre él me estaba haciendo mirar cada cosa desde una nueva perspectiva? ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué estaba temiendo con mucha fuerza que mi destino fuera ver a Ax irse de mi lado para vivir lo que nunca había vivido con su nueva libertad?
—¿Crees que no aparecerá? —la pregunta solo me salió debido a la duda ya plantada.
—Es que no lo sé. Depende de dónde esté. —Dan puso cara de cierta pena, tipo «¿qué le puedo decir que no le duela?»—. ¿Es imposible que aparezca o cómo?
La peor pregunta para responder y más con esa mirada de sus ojos grises, como de… compasión. Dan debía de estar pensando: «Pobre, es la chica deprimida por su novio».
Y sí, me sentía triste, pero en ese momento de modo abrupto me sentí molesta.
—No lo es —dije, sorprendentemente, entre dientes.
—Entonces es simple. Tiene que venir en algún momento.
—No, que no lo es, Dan. —Fruncí el ceño, apreté los labios y solo me llegó. Siendo consciente de lo que debía contestar a su pregunta, me vino esa molestia que me había estado atacando. La misma que me hizo reaccionar ante Madelein, la misma que me hacía ir irritada por los pasillos—. Yo creí que era simple y que haría eso, pero no, y no sé si está bien o qué carajos pasa.
Me puse en pie rápido para ya acabar de hablar del tema antes de que mi humor empeorara como yo ya sabía que podía hacerlo, pero Dan también se puso en pie rápido y me agarró del antebrazo.
—Mack, Mack, no te enojes —me pidió, mirándome ya con extrañeza—. En serio, ¿no ves lo rara que estás? Eso es otra cosa, además de que a veces luces triste, también luces enfadada.
—Porque no sé si él está bien y todos solo me lo recuerdan —bufé, enojada con Ax. Enojada con su silencio; tanto, que sentí que se concentró caliente en mis mejillas y en la piel de mis brazos—. Y hace calor, suéltame.
—De acuerdo. —Dan suspiró y de inmediato me soltó, pero me lo preguntó—: Bueno, ¿qué tal si te ayudo a traerlo?
—¿Ayudarme? —Solo lo miré. Es que la pregunta sonó absurda porque no pensé en nada que pudiera lograr eso, pero por alguna razón me mantuvo ahí.
—Ya entiendo que no quieres la cita —lo dejó en claro, pero luego lo propuso con simpleza—. Pero ¿qué tal si la fingimos? Si Ax te quiere es obvio que al enterarse de que saldrás conmigo él aparecerá o te dará noticias de su paradero.
Siguió sonando absurdo. Pero continué allí.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque puede ser un individuo con poderes, pero es un hombre también. Donde sea que esté, si se entera, le molestará verte pasar tiempo con alguien más. Y esto servirá para que entiendas de una vez por todas si le importas o no y dejes de estar triste por los pasillos y enfadada con todos.
De verdad pude haber rechazado a Dan e ir a buscar al chismoso de Nolan mientras los soldados corrían de un lado a otro. Incluso a ellos los miré. Pasaron como en cámara lenta ante mí. En un parpadeo con sus armas en mano, en el vestíbulo; y en otro parpadeo, en ese microsegundo, algo extraño como si corrieran por un lugar oscuro, o un lugar con fondo naranja, gritando algo inentendible.
Ladeé la cabeza… El vestíbulo como que se inclinó conmigo…
No, estaba normal. Pero, Ax… ¿podría venir? Había sonado una alarma. Una emergencia se había presentado, tal vez una relacionada con MANTIS. Y él no se había manifestado ni siquiera a ver si yo estaba viva.
¿En verdad una situación así tan simple como una cita haría aparecer a Ax? Será que no tenía que sonar ninguna alarma, no tenía que vivir como esclava, no tenía que dormir angustiada cada noche, sino… ¿tener una cita con alguien más?
Todo lo intentado había fracasado. ¿Él reaccionaría a algo así? Oh, claro que se enteraría. Vyd iba a decírselo.
Mi enfado se concentró en uno de mis puños. De acuerdo. Si Ax me había abandonado, entonces tenía que averiguarlo. Él tenía que venir a decírmelo en la cara. Tenía que aparecer y decirme que no me amaba. Solo de esa forma yo lo dejaría en paz para que se fuera adonde quisiera.
Aunque por un momento mi punzada de que algo no estaba bien me atacó…
Al otro momento la desconfianza y el dolor fueron más fuertes. Un dolor en el pecho. Un dolor en el corazón.
Oh, Nolan se iba a enojar bastante, pero lo dije:
—Acepto.
Un muy mal presentimiento tal vez debería ser escuchado
NOLAN
Nolan Cox estaba seguro de algo: si debía tumbar la puerta que tenía enfrente para entrar, lo haría.
Pero antes de recurrir a esa medida violenta y desesperada que de seguro le quedaría genial y lo haría lucir fuerte y rudo, solo golpeó la puerta con fuerza e insistencia con el lateral de su puño.
—¡Abre ya mismo, Dan! —gritó sin parar de golpear. Y, por supuesto, sin importarle que todo el pasillo de habitaciones de la Organización escuchara su alteración—. ¡Abre o la tumbaré a patadas!
Tras unos segundos, Dan abrió la puerta y apareció frente a él. Aparentemente acababa de darse una ducha, porque su cabello rubio estaba húmedo y desordenado sobre su frente. Además, solo vestía una toalla blanca a la altura de la cintura. Parecía tan pero tan limpio que casi brillaba.
—Pero ¿cuál es el escándalo? —se quejó, aunque con ese tono paciente que tenía para dirigirse al histérico de su hermano menor.
Nolan no esperó ni un segundo para entrar hecho una fiera a la habitación. Ya dentro, encaró a Dan.
—Me vas a explicar ya mismo por qué saliste de la nada a invitar a Mack a una cita —exigió. Así, con firmeza, la barbilla en alto y toda la disposición de zanjar ese ridículo asunto. La petición había sucedido por la mañana y ya era de noche, pero Nolan no lo había olvidado.
Dan se cruzó de brazos junto a la puerta, nada sorprendido por el escándalo.
—Porque quise.
—¿Porque quisiste? —repitió Nolan como si fuera la respuesta más absurda y al mismo tiempo ofensiva que había escuchado en su vida—. Yo elijo cereales en el desayuno porque quiero. Me limpio el culo de delante hacia atrás porque quiero. Subo las escaleras de dos en dos porque quiero. Cosas simples que no se piensan mucho. Mack no entra en esa categoría. —Dio un paso adelante y lo demandó con énfasis en cada palabra—: Así que, ¿cuáles son tus intenciones?
—Las que ves: ir a una cita con ella. —Dan volvió a contestar con simpleza.
Nolan apretó los labios y trató de mantener cierta paciencia, porque Dan definitivamente haría que la perdiera.
Así que decidió ir por lo lógico, los hechos, lo comprobable e incambiable.
—Ax y Mack tienen una relación desde antes de que saliéramos de la mansión —le recordó.
—Ax no está por ninguna parte desde hace meses y ella ha estado triste. —Dan también arrojó su argumento—. Eso no es ninguna relación seria ni oficial.
—Ajá, ¿y qué piensas hacer? —Nolan lo vio absurdo—. ¿Ser su pañuelo de lágrimas temporal?
—No, pienso tomar la oportunidad que él está desperdiciando.
Nolan ahogó un grito. Los ojos se le abrieron hasta el límite anatómicamente posible, horrorizado, indignado.
—Pero ¿qué rayos estás diciendo, Dan? —fue lo que le salió en su mayor perplejidad.
Jamás creyó a su hermano tan loco como en ese momento. Y la verdad tampoco esperó encontrarse en esa situación. Nolan se sintió inexperto en qué decir, en qué hacer, cómo soltar todo lo que estaba pensando sobre algo tan ¡¡¡irracional!!!
Hasta que se le ocurrió qué era lo que debía preguntar. Qué era lo primordial que necesitaba saber. La interrogante que lo definiría todo.
—¿Estás enamorado de Mack? —le preguntó a Dan. O se lo exigió responder, mejor dicho.
Esperó.
Esperó.
Esperó.
Dan con la mirada fija en Nolan. Nolan con la mirada fija en Dan.
—¿No puede solo gustarte alguien? —dijo Dan al fin.
Nolan sintió un gran alivio interno.
—¡¿Ves?! —Volvió a sonar seguro de su postura y señaló ese importante punto—. No estás enamorado de Mack. Por el contrario, Ax sí lo está. No hay nada que pelear. Tú olvídate de ella, él la ama.
—Y a mí me parece linda. —Dan también apuntó a su razón—. Desde que me besó, pienso en ella de esa forma. ¿Es lo que querías oír?
Nolan quedó horrorizado otra vez. Solo que con algo de asco.
Luego suspiró, estresado. Se puso la mano en la frente. Le iba a dar un patatús.
—Dios, esto es peor de lo que pensaba. —Negó con la cabeza—. Ahora los dos van a pelear por Mack y habrá uno de esos estresantes triángulos…
Dan también soltó aire. Él, por el contrario, no lucía nada estresado.
—No, no tengo nada en contra de Ax, así que no discutiré ni pelearé con él, y esto no es un triángulo amoroso. —Dan quiso dejar eso en claro, porque el conflicto no estaba en sus planes—. Pero él no está aquí, y si la ama tanto como dices, ¿por qué está desaparecido? Cualquiera que sea la razón, yo solo intentaré ayudarla y al mismo tiempo acercarme a ella para ver qué puede pasar. —Se encogió de hombros—. ¿Quién sabe? Tal vez pueda suceder algo entre nosotros. Yo le podría gustar.
—Tú no le vas a gustar, Dan, ¡¡¡ese es el asunto!!! —Nolan extendió los brazos con obviedad por la terquedad de su hermano—. ¡Hay cero oportunidades por la simple razón de que Ax es el hombre que ella ama!
Dan fue el que negó ahora con la cabeza. Se cruzó de brazos.
—Ningún amor sobrevive si uno de los dos no está —aseguró.
Nolan dejó caer los brazos.
—Entonces ¿qué? ¿Te vas a interponer? —solo le preguntó, genuinamente perdido—. ¿Eres esa clase de tipo?
—No soy ninguna clase de tipo y no me estoy interponiendo. —Dan siguió firme en sus ideas—. Simplemente ahora hay una oportunidad abierta de acercarme a ella y no la voy a desperdiciar.
Nolan pensó que reventaría. En verdad, solo explotaría de estrés, porque el asunto lo estresaba más de lo normal por la sencilla razón de que tenía un mal presentimiento sobre eso.
Ni siquiera era la idea de su mejor amiga y su hermano en ese plan. Desde que escuchó a Dan pedir la cita a las afueras del ascensor, sintió algo muy específico con respecto a eso: una punzada, una impresión, una inexplicable certeza de que si Mack y Dan hacían algo juntos, terminaría mal.
Por eso había intervenido con tal fiera determinación en aquel momento, porque a pesar de que no estuvo seguro de en qué aspecto, sí estuvo seguro de que algo malo sucedería si Mack aceptaba.
Todo lo contrario, resultaría… antinatural, horrible, caótico.
¿Destructivo…?
Al tratar de imaginarlo, a Nolan solo le vinieron a la mente las palabras: una desobediencia… un error… algo que al… ¿tiempo? no le gustará para nada.
¿Tenía sentido eso? ¿O estaba exagerando? No, era una absurdez.
Pero eso no tenía que pasar. ¿Dan y Mack? Jamás.
Muy bien, si no había funcionado la intención de mediar calmadamente, tendría que recurrir a la imposición.
—No, no vas a… —Nolan ni siquiera pudo decirlo de la aversión que le causaba, así que solo lo disfrazó—: copular con Mack. —Y seguido a eso, usó su tono firme y retador—: No si yo estoy vivo. No vas a ir a ninguna cita con ella ni acercarte a ella con intenciones calentonas. Haré lo que sea para impedir esto.
—Pues es muy tarde, porque Mack aceptó ir a la noche de cine conmigo —le reveló Dan—. Y creo que tú también debes respetar sus deseos.
Nolan quedó frío. Su expresión, paralizada.
—¿Qué?
—Así como lo oyes —confirmó Dan, mirando a ese Nolan en toda su exagerada representación—. Y mi plan, además de ayudarla en algo que solo ella sabe…
—¡¿En qué?! —Nolan estaba tan al borde del infarto que no lo dejó ni terminar—. ¡¿Qué?!
Pero Dan lo ignoró y continuó:
—Es mostrarle una noche tan increíble que Ax no pasará por su cabeza en ningún momento. Si después de eso ella me dice que ya no me quiere cerca, lo respetaré. Pero por el momento, no. Ahora, sal de mi habitación que quiero vestirme y dormir.
Nolan inhaló aire con fuerza. Levantó el dedo índice, dramáticamente amenazante.
—Daniel Ernesto Cox, te juro que si tú…
—Vete, Nolan —le dijo Dan con calma. Y, más experto en manejar las exageraciones de Nolan, solo avanzó hacia la puerta y la abrió de nuevo con cordialidad para mostrarle la salida—. Estoy encantado de hablar contigo siempre que se pueda, pero ya terminamos este tema.
Nolan alternó la vista entre la puerta abierta y Dan.
¡Agh! ¡¿Por qué era tan difícil?! Tuvo que dejar a un lado su enorme orgullo, y fue honestamente insistente:
—Dan, tengo un mal presentimiento sobre esto. La razón por la que me altera tanto ni siquiera es clara, pero siento que no debe pasar.
(Déjà vu).
Dan, paciente, suspiró.
—Entiendo que tienes miedo de que le hagan daño a Mack, pero yo no la lastimaré. —Señaló la salida con esa irritante y sincera cordialidad que lo caracterizaba—. Ahora, por favor, déjame dormir.
—¡No se trata de que la lastimes, se trata de que hay algo mal en esto! —Nolan no dio el brazo a torcer. Aunque estaba a punto de arrancarse los cabellos de la frustración.
Dan avanzó hacia él porque era obvio que no se iría, y le dio un suave empujón por la parte trasera del hombro.
—Sí, bueno, piénsalo fuera —le dijo a Nolan mientras lo conducía a la salida.
—¡Mira, Dan, si algo pasa será tu culpa! —Nolan se sintió indignado, pero no se rindió a pesar de estar siendo echado.
—Nada va a pasar. —Dan, tranquilo, no paró de llevarlo a la puerta.
—¡Si Ax se enoja, también lo será!
—Que se enoje todo lo que quiera.
—¡Me interpondré!
—De seguro que sí, eres capaz de todo. —Dan lo dejó fuera de la habitación. Le dedicó una sonrisa dulce y luego agregó—: Buenas noches.
Cerró la puerta frente a Nolan.
Él, en la más pura frustración, gritó frente a la madera sin importarle que lo escucharan, su último y más desesperado intento:
—¡¡¡Dios te va a castigar, Dan, porque Mack podría ser tu hermana menor!!!
Pero no obtuvo respuesta del otro lado. Si Dan lo escuchó, solo lo ignoró.
Nolan pensó que podía seguir gritando cosas, pero que Dan no le haría caso, lo cual lo estresaba mucho, porque era un necio que solo estaba pensando con la entrepierna.
Lo cual hacía todo mucho peor, porque pensar con la entrepierna llevaba a actos inconscientes. Claro que él lo sabía muy bien.
Pero ¡es que tenía un gigantesco mal presentimiento!
No, sí debía insistir. Debía hacer lo posible por detener esa «cita» o «rato juntos», o lo que fuera.
Aunque antes de que pudiera ponerse como loco a seguir golpeando la puerta, escuchó que alguien le gritó desde el fondo del pasillo:
—¡Eh, Nolan!
Volvió la cabeza. Era Vyd. Resaltaba en todo el pasillo con su cabello blanco y desordenado, y su gabardina vieja y ropa desgastada. Pero más porque tenía la mano enguantada alzada en un saludo pintoresco y animado.
Al notar su presencia y su clara intención de acercarse a él, Nolan tragó saliva, de repente inquietado. Pasó por su mente un extraño flashback de él despertando después de haber sido herido por el Fallo, el mellizo de Ax. Después de eso le había quedado una cicatriz en el cuello.
Pero más que nada le había quedado…
Nolan cortó sus pensamientos como un regaño a sí mismo. Miró la puerta. Miró a Vyd.
Lo único que se le ocurrió fue lo mismo que se le ocurría cada vez que lo veía: «Demonios, debo irme de aquí».
—¿Quieres ir conmigo a…? —intentó decirle Vyd, esperanzado de hacer una petición.
Pero Nolan solo le soltó con brusquedad:
—No, estoy ocupado.
Ni siquiera le dejó tiempo de decir algo. Únicamente le dio la espalda a Vyd antes de que llegara, y luego se fue rápido en la dirección contraria del pasillo.
Así, como si tuviera que huir de…
Otra vez se regañó, pero con mayor fuerza, y se apresuró a perderse a fondo por los pasillos del piso de habitaciones por si Vyd lo seguía. Cruzó varios sin dirección específica hasta que llegó a una escalera extraña que conducía hacia abajo.
Pensó que llevaría a uno de los almacenes de limpieza que había por todas partes, así que bajó los escalones con intención de meterse allí un rato para no ser detectado.
Pero a medio camino escuchó una voz:
—Quiero entrar a esa celda esta misma madrugada.
Nolan la reconoció. Era la profunda y gélida voz de Gesher, el entrenador que estaba buenísimo.
—La tienen muy vigilada, y no está permitido hablar de esto ni siquiera con usted —contestó otra voz desconocida.
Intrigado, Nolan bajó otro escalón con cautela. Se inclinó y eso le permitió ver la escena que estaba sucediendo frente a la única puerta del fondo.
Gesher estaba hablando con algún soldado. El aire era de secreto, de… ¿algo que no debía estar haciéndose?
—Pero tú puedes ayudarme, ¿no? —insinuó Gesher. Y entonces Nolan vio cómo él le pasó al soldado con mucha discreción algo que pareció un papel doblado.
Así, igual que un vendedor de drogas a un comprador.
Nolan se quedó impresionado por la escena, paralizado durante un segundo. Pero ¿qué significaba todo eso? ¿Qué era ese papel? ¡¿Por qué se sentía como viendo una mafia?!
Hasta que de pronto le pareció que Gesher volvió la cabeza en su dirección, y lo vio, y entonces Nolan se asustó, y la única reacción que tuvo fue retroceder velozmente sobre sus pasos para irse corriendo de allí…
No llegó al inicio de la escalera, porque una mano grande y fuerte lo hizo girar y lo estampó contra la pared. No muy duro, pero sí lo suficiente para que él se sintiera algo asustado y se quedara ahí, inmóvil.
Nolan vio la imponente y entrenada figura frente a él: Gesher. Sus ojos negros y rasgados transmitían una frialdad intensa, analítica, pero que también pareció amenazante e impredecible.
Impredecible porque Nolan ni siquiera supo qué le haría por haberlo pillado escuchando. Nada se lo advertía. ¿Se enojaría? ¿Lo delataría? ¿Lo mataría? ¡¿Qué?!
El suspenso fue intenso. Incluso pensó en decir una excusa. Pero Gesher se inclinó hacia delante, con la mirada fija en la de Nolan, como si le estuviera leyendo hasta el alma. Y se lo dijo lento y como advertencia:
—Si llegas a mencionar algo a alguien, no te gustarán las consecuencias.
Okey, ya no le parecía buenísimo.
Algunas cosas simplemente no cambian, como el querer ocultar todo lo que aparece de la nada
MACK
Faltaba un día para ir con Dan a la noche de películas en la azotea.
Con el hermano de mi mejor amigo.
Y mi mejor amigo seguramente iba a implosionar si se enteraba.
Pero, bueno, en toda la Organización había una nueva alerta: el animalito de metal seguía dentro del edificio, por lo que todos debíamos estar atentos, ya que era considerado un peligroso desconocido/espía de MANTIS cuyos objetivos aún no estaban claros.
Yo estaba alerta, pero también decidida a escabullirme. Se suponía que ya había terminado el entrenamiento especial durante todo el día con Gesher y tenía trabajo en los jardines. Pero me fui al laboratorio de Teodorus para seguir siendo su aprendiz-ayudante.
Okey, era una movida arriesgada que podía despertar el enojo de Madelein, pero es que, desde mi llegada, el padre de Nolan y yo teníamos un secreto:
Yo le había pedido ayudarme a responder la pregunta más importante para mí: «¿Se podía eliminar la toxicidad de Ax?». Y Teodorus había aceptado.
Claro, antes me había dicho: «No estoy seguro de que logremos avanzar rápido, porque la genética y el cuerpo de Ax son algo que solo ha estudiado MANTIS a fondo, pero yo podría tratar de entender primero su naturaleza».
A partir de allí fue algo entre ambos. Yo le ayudaba con eso mientras aprendía, y él había jurado no comentárselo a nadie, mucho menos a Madelein, ya que entonces no se lo permitirían.
Pero sí, no habíamos logrado demasiado durante esos meses.
Era cierto que todo era más difícil cuando casi toda la información, datos y elementos sustanciales que servían para entender mejor la genética de los individuos de STRANGE las tenía solo MANTIS escondida, protegida y fuera del alcance de otros especialistas.
Después de todo siempre habían sido su proyecto más secreto e importante, ¿no?
Atravesé las puertas deslizables automáticas del área científica. Esa área la conformaban los tres últimos pisos del edificio A, pero lo más genial de ella era la modernidad tecnológica y arquitectónica de los laboratorios.
El de Teodorus, por supuesto, era el mejor.
Me hacía sentir como en una película de ciencia ficción porque tenía un montón de máquinas avanzadas para estudios, instrumentos, computadoras, pantallas táctiles y secciones de análisis. Grandes lámparas blancas lo alumbraban todo de forma artificial y clara. En el centro era de concepto abierto con barandales de vidrio desde los que se podía contemplar el resto del laboratorio del piso de abajo y del de arriba. Y todo olía a esterilizado, limpio, metálico y a veces químico.
Por alguna razón, ese era el único espacio de la Organización que me hacía sentir cómoda.
Aunque me fijé en que esa mañana todo estaba solo. No había ayudantes en ninguna parte, lo cual era raro. Pero supuse que igual al menos encontraría a Teodorus haciendo pruebas y análisis como todos los días en su puesto favorito frente a su computadora personal, sin haber dormido.
Pero a quien me encontré apenas llegué a la oficina fue a Nolan sentado en la silla giratoria, con los dedos juntos a la altura de la cara, los codos apoyados en los reposabrazos y una expresión seria, severa.
Una versión amenazantemente chistosa de El padrino.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté, confundida—. ¿No deberías estar en tu adorado entrenamiento?
—Yo haré las preguntas, Mackdelein —respondió con voz seria y misteriosa.
—No me llames por mi nombre completo.
—Te llamaré como quiera, Mackdelein.
Ambos nos miramos en silencio. Yo, a la espera de una explicación; él tal vez para mantener su drama.
No entendí nada de lo que estaba pasando.
—Nolan, ¿dónde está tu padre? —dije suspirando tras un momento.
—Digamos que se ha retrasado —contestó con un tonillo misterioso, como si hubiese hecho algo a propósito para que su padre no estuviera allí.
—¿Hiciste algo para que no viniera? —Enarqué una ceja.
—No, la verdad es que llegué aquí y por alguna razón no había nadie y, sí, también me pareció raro… —Se salió de su papel por un momento. Pero luego volvió a recordarlo, así que endureció su expresión, metiéndose otra vez en el personaje intimidante para soltarlo sin rodeos—: Como sea, tú y yo vamos a hablar seriamente porque quiero respuestas a estas preguntas de una vez por todas: ¿qué pretendes con Dan? ¿Y qué es eso de ir a una cita con él?
Ah, pues sí se había enterado de que había quedado con Dan.
Nolan mantuvo la presión de su entornada mirada sobre mí. Hacía eso cuando quería aclaraciones a toda costa.
—¿Cómo lo supiste? —le pregunté, sintiéndome algo culpable porque en verdad habría deseado decírselo yo primero—. Y, para empezar, no le acepté una… cita cita.
—Me lo dijo él. —Nolan no se lo guardó. Luego su expresión cambió a una de cierta molestia—. Ah, porque claro que el condenado alardeó. No se lo tatuaba en la frente porque no podía.
Bueno, a pesar de que sabía una parte, era obvio que no lo sabía todo.
—Igual esto no es como estás pensando —le aclaré—, porque yo solo acepté que fuéramos a la noche de películas como amigos. —Enfaticé la última palabra.
—Como amigos —repitió Nolan en una risa absurda. Luego volvió a enseriarse—. Pues mira, Mack, resulta que él no lo ve así. No, de hecho, justo en donde esté Dan en este momento se está haciendo toda una película de que te va a… hacer cosas.
Resaltó «cosas» como un hombre de antaño hablando sobre escandalosas y repugnantes indecencias.
—Pero yo no haré ninguna cosa con Dan aunque él lo quiera —le dije para su tranquilidad, y decidí preguntarle—: Aunque, ¿por qué parece molestarte demasiado la idea de él y yo haciendo algo juntos?
—Porque no lo entiendo, a ti no te gusta él. —Nolan hundió las cejas—. ¿O sí?
—No, no me gusta —confirmé—. Y le dejé en claro que estoy enamorada de Ax antes de aceptar su compañía a la noche de películas. —Pero de pronto la firmeza de mis palabras fluctuó y bajé la mirada, moviendo los dedos algo inquieta—. E iba a decirle que no, ¿okey? Estaba segura de rechazarlo. Pero… es que… es que quiero ver a Ax…
—Eso es algo muy diferente, porque pasar un rato con Dan no tiene nada que ver con que Ax aparezca —afirmó con mucha seguridad. Solo que notó que esquivé mirarlo a los ojos, y como mi buen mejor amigo, me descubrió—. ¿O sí, Mack?
Recordé a Dan diciendo que Ax aparecería si me veía junto a él. Recordé su propuesta, que aunque no era la más inteligente, en realidad sí podía servir…
Pero no sabía si hablar de las posibilidades iba a sonar lógico. Así que me quedé callada y de nuevo Nolan me presionó con su mirada.
Hasta que no pude más:
—Tal vez sí. —Me encogí de hombros—. Dan dijo que podía acompañarme sin compromiso para que a Ax le dieran celos…
—Por todos los demonios, Mack, ¿es en serio? —Nolan se puso la mano en la frente, asombrado por mi… ¿estupidez?—. ¿Tienes un plan con Dan?
—A ver, tú como hombre, ¿me vas a decir que algo así no funcionaría? —solté con cierta frustración—. Porque ya estoy desesperada y no sé qué hacer para saber de él.
Nolan se levantó de la silla y avanzó hacia mí. Se detuvo enfrente. La mirada que me dedicó fue seria y concluyente.
—Mack, esto no debe pasar. Así de simple. No importa cuán atractivo suene el plan o cuán desesperada estés, si esto sucede tengo el presentimiento de que desencadenará algo malo.
—No será algo real, Nolan —le fui sincera—. Y nunca más volveré a hacer algún plan con Dan después de esto. Funcione o fracase, te prometo que no volverá a suceder. Pero esta vez debo intentarlo. Además… —Suspiré y otra vez desvié la mirada. No era que quisiera decirlo, pero, aun así, me salió con honestidad—. ¿Y si me hace bien distraerme un rato?
—¿A qué te refieres? —Nolan no comprendió.
—Bueno, que lo que dijiste antes de la reunión con Madelein es cierto —admití con cierta intranquilidad. Incluso empecé a dar algunos pasos por el laboratorio. Hasta quedarme quieta se había vuelto imposible para mí—. Ya no me río de tus chistes o disfruto cosas. Estoy… amargada. Pero ¿y si pasar un rato divertido me entretiene y por primera vez en meses logro no pensar en… Ax y nuestra caótica vida actual?
—Pero ¿por qué no querrías pensar en Ax? —Nolan lo vio absurdo. Hasta que hizo un gesto con las manos de pausa—. Okey, a ver. Sí, has cambiado y pareces triste. Claro que entiendo que quieras distraerte y entiendo que quieras que tu novio aparezca, pero… —Ahí se alteró un poco, insistente—: ¡El punto es que hacer un plan con Dan no te va a servir para nada porque juntarte con él solo resultará mal!
—¿Cómo estás tan seguro? —lo contradije. Únicamente que, de pronto, una punzada de irritabilidad, o más bien de dolor emocional, me atacó—. ¿Y Ax y yo somos novios de verdad? ¿O solo es una cosa indefinida que a todo el mundo le parece nada? Porque si fuera algo importante, ¿él no estaría aquí?
—Woa, woa. —Nolan volvió a tratar de pausarme con un gesto de las manos. Toda su cara expresó un gran desconcierto—. Pero ¿qué demonios te metió Dan en la cabeza?
—¡Nada, Nolan, es que nadie entiende lo que siento y creo que seré una insoportable si lo explico, pero no es fácil sobrellevar su desaparición porque algo dentro de mí me dice que Ax no está bien! —No pude evitar explotar.
Consciente de que alcé la voz y de que se fue el poco autocontrol de mis frustraciones, me di la vuelta con la intención de tomar aire, calmarme, y no dejarme llevar por la fragilidad y el estrés.
¿Hacía calor?
Estaba empezando a hacer mucho calor…
Sentí el peso de la mirada de Nolan. Me rasqué la nuca, temiendo empezar a sudar.
—Bueno, eso es cierto… —me concedió él, algo más comprensivo—. Debe de dolerte mucho que hayan pasado meses y no sepas nada de él.
—Más que dolerme me preocupa, porque tampoco sé si es que Ax está bien o en problemas, o sin una pierna, o qué sé yo… —le contesté. Mi voz sonó afligida y algo molesta, pero ya no pude contenerme más, y lo solté todo—: Tengo este maldito mal presentimiento, esta punzada que me insiste en que algo malo está pasando. He intentado comunicarme con la chica número dos para decirle que nos negaron el viaje, pero ella tampoco me responde. Y no sé cómo manejarlo, ¿de acuerdo? Siento que cada día que pasa esto se sale de mi control al igual que se salió la muerte de mi madre, algo que tal vez hubiera podido evitar si no hubiera pensado que ella era la mala… —Tragué saliva, reuniendo todas mis fuerzas para aplacar la otra cosa que me estaba carcomiendo en secreto: el enojo interno hacia mí misma—. Si hubiera aceptado desde un principio que mi padre era el malo…
Nolan se me acercó y me puso las manos sobre los hombros. Me giró para que lo mirara. Sus cejas estaban arqueadas con una sorpresa preocupada.
—Mack, no, ¿acaso te has estado culpando? Pero si tú no causaste su muerte… —Sus ojos de ese color exótico me transmitieron cierta pena—. Ah, ya decía yo que a pesar de que parecías controlada desde que llegamos, no era posible que eso no te afectara…
Sí me había estado culpando. Mucho. De una forma muy cruel, quizá.
Pero no quise admitirlo en ese momento. Eso no cambiaría nada.
—El problema es que ahora las cosas están igual de extrañas y… —Durante un segundo el nudo que se formó en mi garganta fue tan apretado que otra vez necesité tragar fuerte para poder seguir hablando—: Tengo miedo de que algo le suceda a Ax. Tengo miedo de no poder ayudarlo. Tengo miedo de perderlo también, porque nada de lo que nos está sucediendo es común, Nolan. —Mis cejas se arquearon, y esperé que mi mirada le hiciera comprender lo mucho que eso me asustaba—. Estamos en un verdadero peligro de muerte si MANTIS ataca este lugar y nos atrapa, y él está en riesgo de ser llevado de nuevo al aislamiento y las torturas. Todas las noches creo que no amaneceremos vivos, pero más creo que él no regresará porque algo malo le sucederá.
Pensé que me diría que estaba loca por tantos temores, pero resultó que esa confesión rompió la cúpula de Nolan, aquella dentro de la que podía ocultar sus verdaderos miedos.
—Es lo que también quiero que entiendas de mí, que tengo muy malos presentimientos —admitió—. Vyd no dice nada sobre Ax, pero siento que hay algo más allá. Además… —Durante un momento, por la forma en la que sus labios se medio abrieron y por la ligera perturbación que surcó su rostro, me dio la impresión de que quiso decir algo en específico. Solo que luego sacudió la cabeza—. Pero, bueno, sí, no eres la única que tiene sospechas.
Me sentí vulnerable al escuchar eso, porque en ocasiones pensaba que estaba siendo una insoportable e intensa al dejarme afectar por la ausencia de Ax. Pero me alivió saber que sí tenía sentido porque ambos lo compartíamos.
Hasta quise desahogarme con Nolan como antes y solo… buscar ese confortable consuelo de mejor amigo.
Pero ¿para qué serviría desear eso?
Todos dicen que no tengo una vida, y es cierto.
¿Para qué desear lo que no puedo tener?
Por más que quisiera, ¿para qué desear llorar sobre un hombro que, en cuanto bajes la cabeza, puede usar esa debilidad en tu contra?
Sobrevivir es el motor de la vida. Eso es lo que debo buscar y en lo que me concentraré: supervivencia.
—Pero en caso de que mis sospechas no sean ciertas y Ax esté bien, ¿qué pasó con eso de que somos un equipo? —Les di una patada a mis debilidades emocionales, o no sé cómo, pero saqué a la luz el otro lado de la situación que sí, Dan sí había dejado en mi mente de una forma irritante—. O lo éramos en la mansión. Pero ¿ahora él solo desaparece sin explicar el porqué o siquiera mandar un pequeño mensaje? Si no le importo yo, al menos debería importarle que hicimos planes, no para estar separados, sino para salvarnos juntos.
Nolan suspiró, ahora algo afligido al oírme hablar así.
—Pero sí debe importarle —intentó convencerme—. Ax te quiere, Mack. Rarito y todo le gustas mucho, yo mismo me di cuenta de eso. Nada de lo que pasó entre ustedes es insignificante para él. Tu presentimiento debe de ser cierto, algo estará pasando…
—Pues ni parece que Ax se acuerde de lo que pasó entre nosotros —repuse. Demonios, ni siquiera sabía cómo alejar lo negativo. Ahora solo lo veía más y más—. ¿O es que no consigue reconocer el vínculo tan íntimo que eso implica?
—Bueno, recuerda que para él muchas cosas son desconocidas y nuevas… —Nolan se rascó la cabeza—. Aunque no sé si le explicamos bien que los novios no deberían desaparecer así. Realmente nunca hablé con él de los noviazgos…
Negué con la cabeza. De nuevo empecé a sentir calor, y me pasé la mano por uno de mis brazos, porque se sintió parecido a cuando un dedo se acerca a una vela.
Demonios, ¿es que toda la ventilación de las torres estaba fallando sin parar?
Me arrepiento, pero ¿quién se ha arrepentido de lo que me hicieron a mí?
—Ya él puede entender muchas cosas, Nolan —lo contradije—. Y estoy segura porque la chica número dos puede leer nuestras mentes. Ella debe de decirle todo sobre nosotros. Debe de decirle cómo me estoy sintiendo. ¿Por qué si me quiere y me ve así de preocupada, no me dice nada? Solo quiero dos palabras para tranquilizarme: «Estoy bien».
Nolan quiso responder a eso. Abrió la boca y todo con la intención, pero después la cerró, consciente de que lo acababa de derrotar. Entonces solo quedó con un fruncido de temor y perturbación.
—No lo sé…
—Además, ¿no te asusta que estemos en este lugar en donde prácticamente somos propiedad de otros? ¿O que si MANTIS aparece seremos solo tú y yo luchando? Que podemos, no somos estúpidos, pero perderíamos porque no tenemos poderes —puntualicé también. ¿Quería lógica? Ahí estaba.
—Bueno, yo sí tengo…
—Pero no los puedes controlar a tu antojo.
—Gracias, sí. —Nolan soltó aire por la boca—. Okey, tienes razón y sí me asusta un poco…
—Pues hay que hacer que venga. Así sea para decirnos que ya no… —Casi se me cortaron las palabras por tener que decir lo siguiente, pero lo dije rápido—: que ya no quiere comunicarse con nosotros. Entonces aceptaré la ayuda de Dan y…
Nolan salió abruptamente de todo el psicoterror que le metieron mis confesiones, porque volvió a pedirme pausa con las manos.
—¿Él verá que tienes una cita con Dan y vendrá porque se morirá de celos? —completó, y luego soltó—: ¿Es esa la idea? Porque me parece mala considerando que Ax ni siquiera sabe qué son los celos. Es decir, nada que no sea comestible le interesa.
—¿Y qué debería hacer según tú? —Me crucé de brazos. Sonó un poco a que lo reté a darme una solución perfecta.
Y eso lo hizo dudar. Lo confundió un poco, lo cual se notó mucho en su cara expresiva. Hasta que sacudió la cabeza, como forzándose a sí mismo a no dejarse llevar por lo que yo decía.
Entonces volvió a tomarme por los hombros, solo que ahora con frotes de apoyo.
—No lo sé, Mack, y sé que estás desesperada, pero no hagas esto —me dijo con suavidad y preocupación—. No actúes precipitadamente. De hecho, me sorprende incluso que consideres hacerlo, porque así no eres tú, no con cosas como esta. Eres inteligente y astuta, pero me parece que el reciente trauma que te dejó perder a tu madre te está alterando demasiado, y que la ausencia de Ax te está confundiendo mucho, lo cual tiene sentido porque somos jóvenes y estás enamorada de él con locura, pero no sigas el camino del mal, es decir, el de Dan…
—Dan no es una mala persona y lo sabes —repliqué, aunque su voz me hizo sentir desanimada y vulnerable de nuevo.
Nolan suspiró.
—Lo sé, exagero un poco, pero sé que será un error. Tu historia es con Ax, no con Dan, y lo sabes tanto como él. Así que vas a cancelar todo eso y ya buscaremos algún otro modo de solucionar las cosas.
Yo también emití un suspiro. De pronto lo que Nolan decía pareció muy lógico, y mi actitud muy insensata, porque yo no odiaba a Dan ni me desagradaba, pero hacer cosas con él no era buena idea, en especial porque se notaba que se sentía atraído hacia mí.
Y yo amaba a Ax. Tanto.
Dudé de mis acciones. ¿Cómo es que había dicho que sí a ese plan? ¿Por qué me había dejado llevar por esas súbitas y negativas emociones que últimamente estaban controlando mi personalidad? No podía entenderlo, era como que arribaban de las profundidades más desconocidas de mi ser, nublaban mi mente por completo y solo daban paso a una irracionalidad enfadada. A ese enojo. A ese estrés.
Maldito calor. Ya otra vez quería sudarme el pecho debajo de la camisa.
Pero Nolan había dicho que me llevaría a la enfermería si volvía a mencionarlo, por lo que me lo guardé.
—Tal vez tienes razón y no estoy pensando bien… —admití. Hasta me empezó a doler un poco la cabeza, en especial en las sienes—. No soy así de impulsiva en cosas tan serias, pero es que estoy muy confundida y asustada, y me siento rara, llena de emociones negativas, de enfado… No sé muy bien qué hacer…
Nolan me envolvió en un abrazo. Se sintió tan cálido, fraternal, familiar, seguro, que quise llorar, pero me contuve y solo lo disfruté porque olía a él naturalmente. A casa. A lo que había conocido casi toda mi vida. Un amor y un apoyo que no acabaría nunca.
—Por eso aquí estoy para ayudarte a recobrar la dirección, no te preocupes. —Me reconfortó, apretándome contra él—. Además, no tienes que preocuparte porque yo mismo iré a decirle a Dan que su plan contigo ya no va.
—No, yo debería hacerlo porque fue amable conmigo —negué—, porque también le debo una disculpa.
Nos separamos. Nolan negó con la cabeza.
—Tranquila, también se la daré. —Dio unos pasos hacia la puerta, listo para ir a hablar con Dan.
—Nolan… —intenté detenerlo.
—Yo ya sé cómo se lo diré —aseguró como si no me oyera—. Lo tengo bien pensado desde que lo escuché alardear.
—Nolan por favor, quiero hacerlo yo —insistí, avanzando hacia él para que no se fuera.
—Solo espérame aquí con mi padre, no tardaré nada. —Descartó lo que le estaba diciendo.
Y no sé qué me pasó. De nuevo las nubes oscuras ensombrecieron mi propia consciencia, y las emociones negativas me abordaron. Me sentí molesta, llena de impotencia, harta de no tener voz o poder sobre mí misma no solo dentro de esa Organización, no solo por Madelein, no solo por los soldados, sino ahora también por Nolan. Sentí que era injusto, que todo estaba en mi contra, e, impulsada por esa irritabilidad, perdí la poca paciencia que tenía últimamente.
Así que lo tomé del brazo para impedir que saliera del laboratorio.
—¡No, Nolan, solo déjame hacer las cosas! —le reclamé—. ¡Ya debes parar de mangonearme y de hablar por mí como lo hiciste en el ascensor cuando él me pidió la cita! ¡No tengo cinco años y somos amigos, no padre e hija!
Él se zafó de mi agarre inesperado. Me contempló con incredulidad.
—¿Qué?
—¡Que dejes de meterte y me dejas hablar a mí! ¡¿Por qué no paras si te lo estoy diciendo?!
—No paro y hablo por ti porque podrías hacer y decir cosas estúpidas, ya que estás confundida —me espetó, indignado por mi brusca actitud.
—Pero ¡tengo un cerebro todavía, Nolan! —Me irritó un poco más que llamara «estúpidas» a mis acciones—. ¡Y cuando Dan me pidió la cita frente al ascensor yo perfectamente pude decirle que no, pero no me lo permitiste y saliste a hablar tú! ¡Tampoco es que tienes confianza en mí!
—Ah, pero igual no le dijiste que no cuando yo no estuve, ¿cierto? —Soltó un resoplido, ya también algo molesto—. Porque aseguras que tienes un mal presentimiento sobre Ax y que por eso lo haces, Pero ¡tampoco tomas en cuenta que yo también te estoy insistiendo en que presiento que puede suceder algo malo si van juntos! ¡¿Yo no cuento?!
—¡Sí cuentas, pero odias tanto a Dan que no sé si es un presentimiento verdadero o tu desprecio hablando! —repliqué de vuelta, enfrentándome a él—. ¡Además, en lugar de llamarme «estúpida», enojarte y estar en contra tenías la oportunidad de también quedar con Vyd y así yo no estaría sola en el plan con Dan! Pero ¡no pensaste en eso, ¿cierto?!
La risa que soltó no tuvo nada de diversión, fue más bien absurda.
—Lo siento, he dicho que dices cosas estúpidas, pero en realidad dices idioteces —me dijo.
Por supuesto, eso me hizo ver rojo. El calor que sentía pasó a sentirse como llamas contra mi piel, haciendo arder mi rostro colérico.
—¡¿Yo hago idioteces?! ¡¿Y qué tal la idiotez que haces tú al tratar a Vyd con tanta indiferencia e insensibilidad cuando él solo es bueno contigo y quiere tu atención?!
—Pero ¡¿tú qué sabes por qué lo trato así?! —me gritó Nolan, ya enfurecido por sacar ese tema—. ¡¿Acaso me has preguntado el motivo por el que hago eso?! ¡¿O solo has pensado en Ax y en ti todos estos meses?! ¡¿Y por qué estamos peleando siquiera?! ¡¿Por qué estás tan enojada?!
Estas son las personas en realidad. Si no respondes con ira, ellos usarán su ira contra ti, y perderás.
—¡¡¡Porque no necesito a nadie!!! —grité las palabras lejanas a mi propia conciencia, solo inundada de calor y de furia, con la vista nublada, un zumbido en los oídos y las manos hechas puños—. ¡¡¡No necesito este maldito encierro, estas malditas mentiras o este maldito dolor!!! ¡¡¡Todos me hieren, todos ignoran lo que siento, pero esperan utilizarme!!! ¡¡¡Es lo que soy, algo utilizable para planes, un monstruo!!! —Señalé a Nolan con agresividad—. ¡Y no, ni siquiera me molesto en pensar tus razones porque no hay motivo! ¡Es solo que a veces eres capaz de comportarte como tu madre y únicamente piensas en ti mismo!
Su boca formó una «o» y sus ojos se abrieron desorbitados. Estaba atónito. Nunca había esperado que yo le dijera algo así.
Y la verdad es que yo tampoco pensé que algún día le diría eso. Incluso quedé impresionada por cómo las palabras habían salido de mi boca sin pensarlas. Me dejó estupefacta el propio descontrol de mi temperamento, de mi juicio.
¿Mi descontrol era tal que estaba siendo capaz de discutir horriblemente con Nolan aun cuando eso nunca pasaba de verdad? ¿Mi amargura e inestabilidad eran tan grandes que ni siquiera podía hablar en calma con mi mejor amigo?
¿De dónde…? Pero ¿de dónde venía toda esa rabia y disgusto?
Yo… ¿yo por qué estaba haciendo eso? ¿Por qué estaba pensando así?
Quise llorar. No solo para que mis lágrimas refrescaran mi piel extrañamente ardorosa, sino porque la realización de mi quiebre interno, de la pérdida de mí misma, de lo lejana que se veía cada día mi antigua personalidad, y en especial de eso: que no sabía qué me estaba sucediendo, me quiso romper en vulnerabilidad para pedir perdón y admitir que estaba deshecha en el fondo, incapaz de reconocerme.
Llorar solo debilita, y por eso cuando lloraste al descubrir la verdad, perdiste fuerza. Sin fuerza, perdiste control. Sin control…
La expresión de Nolan se tensó, y se puso muy serio. Pareció que se estaba preparando para continuar nuestra discusión a gritos con un contraataque más fuerte…
Pero entonces algo lo evitó.
De pronto algo cayó del techo justo frente a nosotros e hizo un ruido seco y metálico al dar contra el suelo. De hecho, fue tan similar a cuando cae un insecto de la nada, que tuvo el mismo efecto en nosotros:
Ambos nos echamos hacia atrás, juntos, dejando olvidada la discusión. Nolan lo hizo dando un gritito y yo, con el corazón acelerado. Incluso nos agarramos de los brazos, como si de esa forma pudiéramos protegernos.
—¡Es el bicho bomba! —chilló Nolan al reconocerlo.
Sí, era el mismo objeto que toda la Organización estaba buscando: no tan pequeño ni tampoco enorme. Tenía forma ovalada, solo que, en ese momento, sus patas no estaban desplegadas. Nada más había caído allí en el laboratorio, tieso.
A pesar de eso era desconocido y potencialmente peligroso, ¿no?
—¡Hay que activar la alarma! —volvió a chillar Nolan.
Durante los entrenamientos nos habían enseñado que en cada sala y pasillo de la Organización siempre encontraríamos un interruptor instalado en una de las paredes que servía para activar una alarma en caso de emergencia. Eso haría que el equipo de seguridad viniera enseguida a ayudarnos.
El problema era que…
—¡Está al otro lado! —solté, mirando el interruptor en la pared del fondo. Es decir, detrás del bicho de metal.
Nolan puso cara de que iba a chillar más.
—Dios, está todo perdido… —sollozó sin lágrimas, viendo imposible una salida—. Vino a matarnos y nos atrapó.
Ninguno supo qué hacer, así que, temiendo que de nuevo el objeto/insecto expulsara humo o quizá algo más, nos lo quedamos mirando.
El laboratorio de repente pareció el escenario perfecto para un final fatal. Estaba en silencio, a excepción de pequeños pitiditos provenientes de algunas máquinas. La luz blanca de las lámparas hacía que pudiéramos verlo todo con demasiada claridad.
El bichito seguía inmóvil y parecía solo un objeto metálico, indefenso. Ni siquiera daba la impresión de que podían salirle patas de improviso.
Asustaba lo impredecible que era, pero de milagro se me ocurrió algo.
—Okey, me parece que tenemos que rodearlo y así llegaremos hasta el interruptor… —propuse, bajando un poco la voz por si el sonido era algún factor de riesgo.
—Lo dices como si fuéramos espías profesionales o algo así de genial y pudiéramos esquivar y ser sigilosos —resopló Nolan, bajando la voz también.
—Es que, si lo han enviado para espiarnos, de seguro que está quieto porque está recopilando información, entonces movernos será fácil —le expliqué—. Recuerda que aquel día que apareció y travesó la ventaba del vestíbulo de entrada se activó solo cuando los guardias de La Organización se le acercaron mucho. No hay que estar muy cerca. Lo intentaré.
Yo iba a dar un paso valiente, pero Nolan me puso una mano en el hombro para detenerme.
Al alzar la mirada hacia su rostro noté que había adoptado un dramático aire de héroe.
—Mack… No —suspiró con madurez—. Déjame hacerlo a mí. He estado entrenando mucho para protegernos. No debo dejar que mi miedo me domine, y debo poner en práctica lo que he aprendido.
—De acuerdo —acepté de inmediato y retrocedí.
Automáticamente, su cara pasó a ser de horror.
—¡¿Qué?! —soltó, mirándome—. ¿Me dejas ir así de rápido? ¿Sin dudar?
—¡Tú te has ofrecido, así que hazlo! —Lo empujé sin mucha fuerza.
Él quería y no quería hacerlo, pero de todas maneras, ya no le quedaba otra, porque yo había retrocedido más y estaba segura en la lejanía. Se lo dejaría todo para que demostrara cuán bueno era en ser un soldado.
—No puedo creerlo, mi mejor amiga no solo me insulta, sino que también me sacrifica… —lo escuché murmurar con indignación.
Nolan analizó el panorama por un momento. Esa cosa seguía en el suelo, inmóvil. Había un buen espacio alrededor para poder rodearlo, solo se debía ser cuidadoso.
Y eso fue lo que él intentó. Con muchos nervios y un miedo muy evidente, empezó a dar pasos con mucho cuidado por un lateral, moviéndose en dirección a la pared del fondo.
En cierto instante tuvo que apoyarse en el panel de las computadoras y deslizarse por él, sin apartar en ningún momento la vista del pequeño enemigo que seguía quieto en el suelo.
Comencé a sentir la tensión también.
Alterné la mirada entre Nolan y el objeto, Nolan y el objeto. El objeto y Nolan. Sus manos temblaban, pero tuve fe en que lo lograría porque estaba cerca…
Ya casi…
Ya casi llegaba…
Solo unos pasos más…
Solo le faltaba estirar más el brazo por la pared hacia el botón de la alarma…
Incluso vi la emoción de la victoria en su rostro…
Pero entonces el destino dijo: no.
Las patas del bichito brotaron de cada lado. Se enderezó dando un saltito y en tan solo unos segundos se transformó en esa especie de rectangular insecto araña que vimos antes en el vestíbulo.
En cuanto Nolan fue consciente de eso, por supuesto que empezó a gritar a todo pulmón y se cayó hacia atrás sobre el panel de computadoras. Yo, igual de asustada, también me caí hacia atrás contra lo más cercano: un estante.
Aun así, en el suelo, el bichito se giraba hacia un lado y hacia otro, mirándonos alternativamente (si es que tenía forma de hacerlo).
Y luego, de pronto, sin aviso, cumplió los mayores temores de Nolan y se lanzó sobre él.
El caos se desató en cuanto el bichito aterrizó sobre su maraña de pelo color miel.
Yo grité:
—¡Cuidado!
Él gritó a su vez:
—¡Me está matando! —Y empezó a moverse como un poseso, tratando de quitárselo de encima.
A ambos nos cegó el miedo y el no saber qué hacer. Yo no sabía si correr, escapar o usar algo para intentar salvar a Nolan de lo que parecía ser una muerte segura. A él tampoco se le ocurrió nada para defenderse, porque solo utilizó sus manos y corrió de un lado a otro chocando contra todo y tirando las cosas al suelo, sin parar de chillar que iba a morir.
En verdad pensé que aquello iba a acabar muy mal. No le veía ninguna salida. Con facilidad me imaginé a Nolan muerto en el suelo.
Hasta que, en medio de aquel caos, me di cuenta de algo:
En realidad, nadie estaba matando a nadie.
El bichito no le estaba haciendo nada. No lo estaba atacando ni parecía querer «sacarle los ojos», como vociferaba Nolan. Solo saltaba de su cabeza a sus hombros y, viceversa, para no caerse ni ser atrapado.
En ese momento me quedé quieta, siguiéndolos con la mirada mientras corrían por el laboratorio.
Otra cosa rara: ese objeto, que supuestamente había sido enviado por MANTIS, no tenía ningún tipo de marca o logo en ninguna parte.
—Nolan —lo llamé.
Pero él no se detuvo. Tampoco me oyó. Siguió gritando y chocando contra todo objeto y máquina del lugar como si fuera una pelota.
—¡Nolan! —lo llamé de nuevo.
Pero nada. Él seguía gritando mientras agitaba los brazos:
—¡¡¡Quítamelo de encima antes de que me mate!!!
—¡Nolan, deja de correr!
—¡¡¡Quiere sacarme los ojos!!!
Entonces tuve gritar más que él, y lo hice con todas mis fuerzas:
—¡¡¡No te está haciendo nada!!! ¡¡¡Quédate quieto!!!
Funcionó. Nolan se quedó paralizado, pegado a la pared y con los brazos extendidos, como si fuera un póster.
Y entonces el bichito también se quedó quieto por fin… sobre su cabeza.
Aunque, como si la vida jugara chistosamente con nosotros, tras todo ese jaleo, la mano derecha de Nolan al fin quedó a solo unos centímetros del botón para activar la alarma.
Si se movía un poco, podía presionarlo. De hecho, le vi la intención de hacerlo.
—¡No lo toques! —le pedí a Nolan, deteniéndolo.
—¡¿Por qué?! —soltó sin mover demasiado la boca, como si eso pudiera evitar que el bichito lo atacara.
—Date cuenta de que no te está haciendo nada.
—Está encima de mi cabeza, Mack —me recordó con cierta ironía—. Creo que eso es algo.
Así que movió un poco la mano hacia el interruptor.
—Pero ¡espera! —volví a intervenir—. ¿Y si no es malo?
Nolan detuvo la mano y frunció el ceño.
—¡¿Es que te ha pinchado y no me he dado cuenta?! —me preguntó entre dientes.
—Nolan, más bien creo que nosotros exageramos —insistí—. Y también creo que no es de MANTIS, como todos piensan.
Hubo un momento de silencio y suspense…
—Sí te ha pinchado —soltó él de pronto, muy serio—. Necesitas ser examinada y desinfectada.
Otra vez sus dedos ya iban directos hacia el interruptor, así que volví a gritar:
—¡Voy a probar una cosa! Si me ataca, entonces activa la alarma, pero, de lo contrario, no lo hagas. —Como Nolan no dijo nada, sino que solo me miró con los ojos entornados llenos de sospecha, insistí—: Por favor. Confía en mí.
Esperé unos segundos hasta que él susurró un «de acuerdo». Entonces avancé muy despacio en dirección adonde ellos estaban con la mano extendida hacia el extraño insecto de metal, invitándolo a que viniera hacia mí.
Pensé que me costaría mucho conseguirlo, pero tras dar tan únicamente un par de pasos más, ¡el bichito saltó a mi antebrazo!
Abrí los ojos muy sorprendida y me lo quedé mirando sobre mi brazo. Lo primero de lo que estuve segura fue de que pesaba bastante. Y sí, sus patas eran algo puntiagudas y de seguro pinchaban si atacaba, pero, de nuevo, no parecía tener esa intención.
Sin embargo… Ladeé la cabeza.
—¿No se te hace familiar? —le pregunté a Nolan, intrigada.
—No uses la palabra «familiar» otra vez, por favor —gimoteó él, aún pegado a la pared.
—No estoy exagerando, acércate y compruébalo tú mismo —le propuse.
Dudó, pero le insistí con la mirada y con la mano extendida, demostrándole que no había peligro. Poco a poco Nolan se despegó de la pared. No se acercó demasiado por miedo, pero intentó mirarlo más de cerca.
Pensó un momento. Luego abrió los ojos, sorprendido.
—¡He olido esto antes! —exclamó, y luego arrugó la cara—. Pero no sé dónde… —Su expresión cambió a una de pánico—. No puede ser, soy como tú…
—No es un olor nuevo, puedo sentirlo —murmuré, pensativa—. Pero ¿dónde…?
De seguro Nolan tenía algo más que comentar, pero, de repente, su mirada se fue a un punto fijo del lugar, medio confundido.
—Siento un déjà vu… pero es incómodo…
Iba a decirle que claro que sí, porque eso de hallar algo raro se sentía como cuando habíamos descubierto a Ax, pero no tuve tiempo de ahondar en los cajones de mis recuerdos porque de pronto se escucharon unos pasos detrás de la puerta de entrada, como si alguien estuviera caminando por el pasillo.
Ante eso, el bichito saltó en alerta y se ocultó debajo del escritorio más cercano.
Los pasos se alejaron tras un segundo, pero él no salió de su escondite.
Nolan y yo nos agachamos frente al escritorio. Estaba escondido en una esquina como un animalito indefenso y asustado. Ni siquiera era horrible, su diseño era no solo interesante, sino también muy impresionante.
—No quiere que lo capturen —susurré, fascinada—. Parece muy inteligente.
—Sí, ahora lo veo… —murmuró Nolan, aunque luego ladeó la cabeza y pareció dudoso—. Tal vez… ¿no debemos activar la alarma para dejarlo libre?
—Esto podría no venir de MANTIS, por lo que creo…
Ni siquiera pude completar la frase, porque él volvió la cabeza hacia mí, sabiendo a la perfección lo que iba a decir.
—Ay, no… —sonó asustado.
—Tenemos que llevárnoslo —solté al final.
—Ay, no…
—Y mantenerlo oculto.
—Ay, no…
—¡Es que creo que significa algo!
—¡Tú siempre crees cosas! —chilló con más espanto.
—¡Pues lo que creí sobre Ax en un principio era cierto, ¿no?! —me defendí.
Nolan se puso de pie de golpe con una cara de asustado/nervioso/traumatizado. Se llevó las manos a la cabeza y empezó a dar pasos de un lado a otro.
—¡Ay, no! ¡Ay, no! —soltó, agobiado y dramático—. Mack, estoy teniendo flashbacks de cuando encontramos a Ax. ¡¿Es que se repite la historia?! ¡¿Se repite?!
Tuve que levantarme y detenerlo. Lo miré a los ojos, seria.
—Cálmate —le exigí—. Solo creo que no debemos decir a nadie que lo tenemos…
—Pero vivimos todos en el mismo sitio —refutó Nolan, haciendo énfasis en cada palabra—. ¡¿Cómo vamos a ir por ahí con esta cosa en el hombro como si fuera nuestra nueva mascota?!
—No andaremos con él por ahí —lo corregí—. Hay que buscar un sitio para ocultarlo.
—¡Te recuerdo que no tenemos ninguna casita de la piscina aquí como hicimos con Ax!
—Tal vez en nuestra habitación… —propuse, medio pensativa.
Nolan se disponía a soltar alguna otra razón para convencerme de que ocultar al insecto mecánico era una muy mala idea, pero entonces escuchamos el sonido característico de una de las puertas del laboratorio abriéndose automáticamente.
Como pensé que se trataba de la puerta deslizable que teníamos más cerca, es decir, justo detrás, lo que pasó por mi mente fue: «Oh, Dios… Nos han descubierto con el bichito de metal. Nos lo quitarán y, además, nos castigarán».
Pero unos segundos después comprendí que en realidad se había abierto la puerta doble del piso de abajo, ese que se podía escuchar y ver desde nuestra ubicación si nos acercábamos al barandal de vidrio.
—¡Alguien viene, agáchate detrás del escritorio, Nolan! —solté apenas procesé que desde allí no podrían vernos tan fácil si nos ocultábamos.
Me aceleré al agacharme, pero entonces como que el bichito de metal también percibió el potencial peligro y fue lo suficientemente rápido para hacer algo y ocultarse también:
Dio un salto desde el suelo y se metió debajo de la camisa de Nolan, justo en su espalda.
—¡¡¡Oh no, se metió en mi espalda!!! —soltó él, asustado, alertado, acelerado, sorprendido, todo al mismo tiempo.
Admití que se estaban cumpliendo las peores pesadillas de Nolan, pero igual fue todo tan veloz e inesperado que ni él ni yo pudimos hacer nada para evitarlo.
Y por supuesto que él empezó a dar giros como loco sobre sus propios pies, tratando de alcanzar su espalda casi de la misma forma que un perro a su cola. Hasta sus codos se torcieron en ángulos extraños, desesperados.
Pero yo escuché finalmente entrar a las personas, y primero unas voces algo inentendibles.
—¡Agáchate ya mismo! —le exigí a Nolan en un susurro alterado.
—Pero, Mack, ¡¡¡ayúdame!!! —susurró con urgencia, preso del pánico mientras intentaba sacarse esa cosa de la ropa.
—¡Nolan solo agáchate o nos descubrirán y será peor! —Tuve que alzarme yo de nuevo para empujarlo por los hombros hacia abajo—. ¡Y no hagas ruido, quédate quieto!
—Dios, ¡¿por qué me haces esto?! —chilló él con una voz muy aguda que contenía el «tengo un bicho con patas puntiagudas en la espalda».
Se agachó junto a mí finalmente y me tomó la palabra con lo de no moverse, porque más bien se quedó ultraparalizado.
Okey, si no hubiera estado tan asustada de que nos vieran, me habría reído de lo contraída y congelada que quedó su cara de pavor.
Pero bien, me concentré en lo que estaba pasando en el piso de abajo y agucé el oído, tratando de captar todo:
Obviamente no tardé ni tres segundos en reconocer el repiqueteo de los molestos tacones de la directora Madelein.
Detrás de ella, otros pasos apurados.
—¡Madelein, pero esto no está aprobado todavía! —escuché la voz preocupada y alarmada de Teodorus.
—Mejor, así consideraremos esto una prueba definitiva —replicó Madelein con su característica frialdad. ¿Venían teniendo un desacuerdo? Me dio esa sensación.
—Pero ¡es que es antiético! ¡No podemos aplicar esto a personas sin su consentimiento! —insistió Teodorus con gravedad—. ¡No haré lo que me acabas de pedir!
Aplicar ¿qué? ¿Qué le había pedido?
Madelein le contestó algo con respecto a eso, pero no lo escuché bien.
Miré a Nolan. Trataba de no moverse, pero de vez en cuando hacía algo parecido a un espasmo cuando el bichito, en su espalda, intentaba encontrar algún lugar más seguro debajo de su camisa.
—Voy a acercarme al barandal para oír mejor y ver qué pasa… —le susurré. Sus ojos se abrieron muchísimo con terror.
—¡¿Qué?! ¡Si te ve Madelein casi que te van a colgar del cuello! —trató de detenerme.
Pero tomé el riesgo por la patria del chisme.
Aún en cuclillas, di pasos cuidadosos y sigilosos. Usé los escritorios más cercanos para ocultarme, y tras unos segundos logré ubicarme en algún punto estratégico cerca del barandal, detrás de una mesa de evaluación, que me permitió detallar la escena.
Madelein y Teodorus estaban frente a frente. Era una discusión. Solo que el rostro cuarentón de Teodorus mostraba un desconcierto mezclado con horror. Daba la impresión de que le parecía espantoso lo que ella le estaba proponiendo.
—Es que, como te dije, va contra las reglas y contra mi moral —lo escuché decir, decidido.
—Las reglas estipulan que tenemos toda libertad de proceder contra cualquiera que sea una amenaza o peligro para nuestras fuerzas privadas —lo corrigió Madelein con dureza. Por su lado, ella lucía algo molesta ante las contradicciones de Teodorus.
—Pero ¡ese hombre no lo es! —exclamó este con cierta desesperación—. ¡Acabo de verlo en las celdas y ni siquiera parece estar bien de la cabeza! De hecho, sospecho que está en un shock permanente, tal vez por algo que lo traumatizó…
—Ese hombre desconocido ha estado tratando de ingresar a nuestro sistema de datos científicos desde hace tres meses —señaló Madelein. Su irritación parecía ir en aumento, aunque no perdía del todo su aire de rectitud. Era un enfado controlado—. Ubicamos su IP, lo rastreamos y los drones obtuvieron fotos de él. ¿Sabes qué encontramos en su registro de identidad al introducirlas? Que trabajó para MANTIS. ¿Y quiénes son ellos justo ahora, Cox? Nuestros mayores enemigos. Enviaron un objeto no identificado a aterrizar en nuestras instalaciones que no hemos encontrado y que posiblemente está recopilando todo lo que detecta, y ahora este hombre trata de hackearnos. Claro que es una amenaza, y por eso mismo lo capturamos ayer por la noche.
Bueno, yo ya tenía la sensación de que el bichito de metal no era de MANTIS.
Pero un hombre desconocido tratando de hackear a la Organización, eso sí me sonó a ellos…
Aunque, al parecer, Teodorus no pensaba lo mismo.
—Pero yo no creo que MANTIS lo haya enviado —sostuvo él contra todo lo que Madelein aseguraba—. Creo que él necesita evaluación psiquiátrica porque no me parece que sepa muy bien lo que estuvo haciendo. Aunque habla de querer hacer un trato con nosotros. ¿Por qué no consideras eso en lugar de apresarlo y drogarlo?
—Consideraré su petición del trato si confirmamos que no es un espía de MANTIS —dictaminó ella con frialdad—. De lo contrario no. Ahora, lo que harás…
Iba a dar la orden, pero de manera inesperada Teodorus la interrumpió. Fue brusco, pero como un impulso de valor y alteración:
—¡No, no voy a inyectar a una persona inocente!
Madelein soltó la risa absurda más mecánica, sin diversión, que jamás había escuchado. La comisura ni siquiera se le alzó mucho, fue tan sosa como sus trajes de falda y chaqueta de tubo, y su cara carente de expresiones claras.
Dio unos pasos lentos hacia Teodorus. Se le detuvo con esa cercanía que servía para intimidar y marcar superioridad. El ambiente alrededor de ellos se formó tenso, como si se acabara de cruzar la línea que separaba la osadía de la traición.
—Teodorus, me parece que crees que yo te estoy preguntando si quieres hacer esto, cuando en realidad te lo estoy ordenando —le dijo Madelein. Sus dientes algo apretados le dieron un tono lentamente intimidante a su voz. Aunque la cosa con Madelein era que ella tenía talento para que uno se sintiera amenazado sin amenazar con obviedad—. No estás aquí para evaluar la cordura de las personas o servir de mediador. Estás aquí para supervisar los proyectos del área científica. Además, tienes una deuda enorme con estas fuerzas privadas. Nuestro ofrecimiento de refugio iba solo para los individuos de STRANGE que estaban en libertad, pero me rogaste que también le diéramos refugio a tus hijos, a tu exesposa y a la hija de Godric Cavalier porque entendiste que ellos estarían mejor aquí dentro que allá fuera con MANTIS, y lo acepté. Pero eso no fue un regalo, fue un favor que te dije que tendrías que pagar en cualquier momento. —Lo afincó—: El momento es ahora.
Teodorus sudó en la frente. Sus cejas color miel se arquearon. Todo él lució nervioso, entre la espada y la pared.
—Madelein, es que la inyección que me pides que le administre a ese hombre podría matarlo —trató de hacerla entender sin desafiarla—, porque lleva cinco años en desarrollo y todavía es peligrosa a pesar de que tiene cierta efectividad.
—Si él es un enviado de MANTIS, aunque le administres la inyección o no, ese será su destino. —Madelein también se sujetó a su punto, insensible, pero sobre todo mordaz—: Y si sigues negándote, tus hijos y Mack Cavalier saldrán de aquí mañana mismo. Pero piensa bien si quieres dejarlos sin nuestra protección a merced de MANTIS. En especial a Nolan, que tiene habilidades que ellos sin duda querrían explotar.
No era yo la que estaba en la posición de Teodorus en ese momento, pero fui la que apretó el puño de la rabia.
Odiaba esa imperturbabilidad aun cuando ella estaba usando su poder con crueldad.
Odiaba que nunca amenazaba directamente frente a otros para que nadie tuviera razones para apuntarla porque en realidad era meticulosa, astuta, fría, y que, aunque se notaba su enojo, no perdía el control de sí misma.
Por supuesto que funcionó. Teodorus bajó la mirada con la que la había desafiado, y no dijo nada. Una clara señal de su rendición. Ni siquiera por cobardía, sino para no ponernos en peligro.
—El hombre seguirá custodiado en el área de celdas. —Madelein finalmente le dio las órdenes claras, entendiendo su triunfo—. A medianoche quiero que lleves la inyección a la sala de interrogación abierta. Se la administrarás, le haremos preguntas y sabremos todas las verdades que está ocultando.
Dicho eso, Madelein salió del laboratorio. Y tras un momento de tomar aire, secar su cara y quizá procesar todo lo que acababa de pasar, Teodorus también.
Todo volvió a quedar en silencio, vacío.
Me puse en pie y miré a Nolan. Seguía agachado detrás del otro escritorio, con la cara tensa en una expresión chistosa de pavor. Unas gotitas de sudor ya brillaban en su frente al igual que su padre, pero estaba sorprendentemente quieto conteniendo su alteración interna. Hasta se notaba que temblaba un poco de miedo.
—Nolan, ¿oíste todo eso? —le pregunté.
—Esa cosa sigue en mi espalda, Mack… —Su voz en extremo aguda y despavorida casi me hizo reír.
—Capturaron a un tipo que trabaja para MANTIS —dije mientras me acercaba a él—. Tenemos que escabullirnos al área de las celdas para ver quién es y qué es lo que está pasando.
Nolan apretó los ojos e inhaló hondo. Con cuidado se puso en pie. Con más cuidado trató de sacar el bichito de su espalda. Su camisa se alzó un poco. Contra todos sus miedos lo despegó de su piel y lo sostuvo en sus manos.
Creí que me lo lanzaría con miedo, pero en realidad en cuanto lo tuvo sobre sus palmas, Nolan se le quedó mirando fijo. Durante un instante su expresión fue muy rara, porque él hundió un poco las cejas, extrañado como cuando se contempla una estatua cuyo concepto es algo incomprensible. Pero al mismo tiempo a mí me dio la curiosa impresión de que no estaba analizándolo, sino sintiendo algo de él.
—Yo lo guardaré —dijo finalmente, neutral, sin dejar de observarlo, pero ya claro que habiendo cambiado de opinión—. Sí, lo guardaré.
Se dio vuelta para irse, aún con los ojos fijos en lo que llevaba en sus manos.
Caí en cuenta de lo que había pasado antes de los pasos, lo crueles que habían sido mis palabras, y volví a sentirme extraña. Quería confesárselo. Quería que supiera que ni sabía de dónde venía lo que salía de mi boca.
—Nolan, sobre lo que dije… —Intenté que no se fuera sin antes arreglarlo.
Pero él nada más se detuvo unos segundos y giró un poco la cabeza para que lo viera de perfil. Su expresión ya no indicaba molestia o indignación. Solo neutralidad. Más bien cualquiera habría pensado que ya lo había olvidado y perdonado, y que ahora su inexpresividad era como si sus pensamientos se hubieran quedado en otro lugar y él no comprendiera bien cuál.
—Cancélale a Dan —fue lo que me dijo—. Hoy mismo.
Luego se fue.