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Prólogo

Ursuline estaba sentada en su celda con los hombros hundidos cuando oyó que se acercaban los pasos del guardia de la prisión. Un periódico atravesó de pronto los barrotes de la puerta. Cayó con un golpe seco en el duro suelo de piedra. Sonó una risita y las pisadas se alejaron rápidamente.

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Ursuline se levantó de la cama de un salto con el pelo, que antes era largo, lacio y brillante, ahora revuelto y apelmazado. Los guardias a veces tiraban periódicos dentro de las celdas de los prisioneros cuando habían terminado de leerlos. Ursuline sospechaba que era para burlarse de ellos. Para que vieran lo que se estaban perdiendo fuera, en el Bosque de Wiskling. Pero, aun así, recogió el periódico con avidez.

La rabia enseguida se apoderó de ella cuando leyó el titular:

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Y debajo ponía:

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Ursuline recorrió con los ojos los dos artículos, agarrando los bordes del periódico con tal fuerza que se rasgaron. La furia palpitaba en su cabeza. ¡Victoria Stitch! Lo último que había oído de ella era que había desaparecido en el mundo de los humanos. Con suerte, para que uno la pisoteara. La aplastara hasta matarla. Pero ahora parecía que había vuelto.

Ursuline caminó de un lado a otro de su celda, enfurecida, mirando con rabia el periódico. Cada palabra impresa era un doloroso recuerdo de su archienemiga.

Victoria Stitch hizo una entrada espectacular al volver al palacio del Bosque de Wiskling, ¡rompiendo en pedazos los cristales de los balcones, montada en su flor, para salvar a su melliza, la reina Celestine, de una muerte segura!

Ante los ojos de una multitud de wisklings en el paseo real, Victoria Stitch abrió de golpe las cortinas del balcón, revelando los horrores que sucedían detrás.

Lord Astrophel, el consejero real de confianza de la reina Celestine, apuntaba con su varita a esta, decidido a matarla utilizando la magia prohibida más oscura de todas. Victoria Stitch se abalanzó sobre él justo a tiempo para salvar a nuestra reina y reveló a todo el Bosque de Wiskling la verdadera personalidad de Lord Astrophel.

Después de este suceso, la reina Celestine dio un discurso, manifestando que ya no quería tener un consejero, sino a su hermana gobernando a su lado.

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«Sé que mi hermana no ha seguido siempre las normas del Bosque de Wiskling, pero es la luz de luna de mis rayos de sol. Hemos nacido del mismo diamante real. Sé que mi hermana puede cambiar y, conmigo a su lado, será una reina buena y justa con la que compartir el trono».

Así que hoy nos hemos levantado con dos reinas. La reina Celestine y la reina Victoria Stitch. ¡Y también con la promesa de un nuevo bebé real!

Ursuline pasó directamente al siguiente artículo.

Ayer, según los informes, un pequeño trocito de diamante fue detectado creciendo en la pared de la Cueva de Cristal. Dentro de once meses, se abrirá y descubrirá a un nuevo príncipe o princesa wiskling. Como es tradición para todos los wisklings nacidos de un excepcional diamante, el nuevo miembro de la familia real irá directamente al palacio para ser educado por el actual monarca como nuevo heredero al trono.

¡La reina Celestine y la reina Victoria Stitch pronto se convertirán en madres!

Ursuline frunció el ceño y tiró al suelo el periódico, con el corazón acelerado por la rabia. Y, entonces, oyó un ruido desde el exterior. La voz de un anciano, que se acercaba más y más, resonaba por las paredes de roca, farfullando y protestando.

—¡Me tendió una trampa! ¡Todo es culpa de Victoria Stitch!

Ursuline corrió a los barrotes de su celda y, apretando la cara contra ellos, echó un vistazo afuera, a la cornisa de piedra. Era Lord Astrophel. ¡Claro que era Lord Astrophel! Dos guardias lo llevaban por la fuerza; su larga barba estaba toda revuelta y sus espesas cejas, fruncidas por el enfado.

«Interesante».

Ursuline entrecerró los ojos mientras Lord Astrophel desaparecía de su vista. Luego sonó un portazo, el cierre de una llave y un grito de indignación.

Ursuline volvió rápidamente a su cama y se sentó. Ahora que el fuego artificial de su rabia ya había explotado y las chispas se habían dispersado un poco, podía pensar con más claridad. Ver el nombre de Victoria Stitch en el periódico le había removido viejos sentimientos. En cierto momento, las dos habían sido muy amigas. Habían pasado muchas noches juntas al aire libre en el norte del bosque, un lugar salvaje donde los wisklings normales nunca se atrevían a ir. Ursuline todavía podía oler en sus sueños el humo de la hoguera; sentir el sabor del chocolate caliente que bebían juntas en mitad de la noche, bajo el brillo de las estrellas multicolores; oír el repiqueteo de sus uñas contra las joyas de la portada de El Libro de Wiskling.

El Libro de Wiskling.

Hubo una época en la que Ursuline poseyó un ejemplar ilegal del libro. Lo compartió con Victoria Stitch. Le enseñó todo lo que sabía. Eran dos inadaptadas. Unidas por los secretos. Malvadas y brillantes.

Juntas habían hecho planes y conspirado. Había sido Ursuline quien había hecho creer a Victoria Stitch que podía llegar a ser reina, después de que Lord Astrophel declarara que el cristal de nacimiento de ella y de su hermana era impuro por una mancha oscura que tenía el diamante.

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Habían planeado hacer hechizos prohibidos para engañar a Lord Astrophel y llegar al trono. Victoria Stitch sería el glamur al frente y Ursuline pretendía mover los hilos por detrás. Pero Victoria Stitch había cambiado. Había dicho que ya no necesitaba más a Ursuline. En su lugar, se había puesto del lado de su hermana y traicionado a Ursuline.

Ursuline puso cara de furia al recordarlo.

Lucharon. Sus dos oscuridades se enfrentaron.

Y Ursuline juró que algún día se vengaría.

Había intentado culpar a Victoria Stitch de asesinato y su plan habría funcionado si no hubiera sido por aquella horrible hermana suya, Celestine, que vino a ayudarla. Rápidamente, le dieron la vuelta a la situación, que acabó contra ella, y al poco tiempo Ursuline fue quien acabó en prisión.

Ursuline rechinó los dientes, llena de rabia otra vez al recordar la noche en que la encerraron.

En la cárcel.

Mientras Victoria Stitch volaba libre.

Por lo menos, cuando Victoria Stitch se fue volando al mundo de los humanos, Ursuline pudo consolarse con la idea de que la aplastara el pesado pie de alguna persona. Pero ahora resultaba que Victoria Stitch había vuelto y había conseguido lo que siempre había deseado: el trono. Celestine a su lado. Un nuevo bebé diamantino en camino.

Era repugnante.

ONCE MESES MÁS TARDE…

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Ayer por la mañana, informaron de que el tan esperado bebé diamantino por fin había salido de su cristal. ¡Era una niña! La princesa Minnie Stitch. Las dos reinas comunicaron estar felices con la nueva incorporación al palacio, mediante la efusiva frase de la reina Celestine: «¡Es preciosa!», y el comentario de Victoria Stitch, que «no sabía que los bebés eran tan pequeños. Pensé que mis brazos eran demasiado huesudos para cogerla».

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Según los informes, la reina Celestine será la única madre oficial de la princesa Minnie Stitch, mientras que la reina Victoria Stitch insiste en ser «la tía divertida».

Sobre el nacimiento, el Guardián del Cristal Eric Inkcap dijo: «¡Fue muy rápido! Bastante parecido al nacimiento de las reinas Celestine y Victoria Stitch: el diamante se abrió de pronto, sin señales previas. ¡Tuve que dar un salto rápidamente para coger al bebé! Parece que estos diamantes reales tienen un comportamiento bastante dramático».

Los pedazos del diamante serán enviados, por supuesto, a LAS ARCAS, y la princesa Minnie Stitch será la próxima heredera al trono.

¡Nuestros más calurosos y chispeantes deseos de felicidad para las dos reinas!

Artículo escrito por Winika Berry.

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Capítulo 1

LA PRINCESA MINNIE STITCH TIENE NUEVE MESES.

Faltaba una semana para la noche antes de Wiskmas y, en el Palacio del Roble Real, las reinas Victoria Stitch y Celestine estaban ocupadas con los preparativos del Baile anual de la Bola de Nieve. Celestine ayudaba a las doncellas a colgar guirnaldas de brillantes copos en las arañas de cristal y Victoria Stitch la contemplaba, meciendo a la princesa Minnie Stitch entre sus brazos mientras esta lloraba.

—Pero ¿qué le pasa? —preguntó desde arriba Celestine, volando sobre su flor, junto a una de las arañas—. ¡Lleva horas llorando!

—No tengo ni idea —respondió Victoria Stitch—. Pero ¡empiezo a tener dolor de cabeza! A lo mejor la llevo a que le dé un poco el aire por el paseo.

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—Buena idea —dijo Celestine, aunque levantó una ceja al decirlo. Sabía que su hermana se agarraría a cualquier excusa para no echar una mano.

Victoria Stitch salió del salón de baile y subió rápidamente por la gran escalera de cristal del palacio. Su falda negra de tul ondeaba a su paso con el brillo de cientos de diamantes helados con forma de estrella.

—Venga, Minnie —dijo con tono travieso—. Vamos a irnos de ese ruidoso y ajetreado salón de baile, ¡a pasárnoslo bien ahí fuera!

Minnie levantó la mirada hacia su tía, con la cara todavía contraída por el llanto y, entonces, de pronto… paró de llorar y sonrió. Adoraba a su tía… aunque la mayoría de los wisklings le tuvieran todavía un poco de miedo a la reina gótica e irritable.

Victoria Stitch llevó a Minnie a su habitación y le puso un pijama calentito de lana negro con grandes pompones plateados por delante.

—¡Ya está! —dijo contenta de cómo había quedado su sobrina—. ¡Un bebé wiskling perfectamente gótico!

Le gustaba elegir la ropa de Minnie. Si Celestine hubiera estado allí, habría querido ponerle algo más colorido. Amarillo suave o rosa pastel.

—¡No puedes vestir a un bebé todo de negro! —se quejaba a menudo.

—¿Por qué no? —protestaba Victoria Stitch—. Yo voy de negro todo el rato. ¿Qué tiene de malo?

—Es un poco… deprimente —respondía Celestine.

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Volviendo al presente, Victoria Stitch levantó a Minnie y la sujetó bien entre sus brazos mientras bajaba las escaleras. Le encantaba sentir el cuerpecito caliente de Minnie contra el suyo. ¡Todavía no se creía que tenía una sobrina! Una princesita wiskling, nacida de un diamante real.

Victoria Stitch nunca había soñado con ser madre. Ni tía, como insistía en que la llamaran, aunque era lo mismo, en realidad. ¡Ni siquiera le habían gustado nunca los bebés! Pero cuando apareció el diamante real, no había tenido otra opción. Los wisklings nacidos de diamantes siempre iban al palacio a criarse como parte de la familia real y heredar el trono, y ahora Victoria Stitch se alegraba de que hubiera venido Minnie.

Sentía que Minnie le había hecho el corazón más grande y radiante.

Se dirigió hacia las grandes puertas del palacio, donde estaba el carrito. Era un sofisticado artilugio lleno de joyas, con grandes ruedas doradas, adornado con el escudo de armas real en ambos lados. Victoria Stitch preparó a Minnie y la amarró dentro del carrito, sonriéndole mientras se ponía su propia capa (la más caliente y pesada que tenía, la del borde de piel con lunares negros).

—¿Lista? —le preguntó.

Minnie balbuceó contenta, justo cuando Celestine entraba volando en el vestíbulo.

—¿Os vais? —preguntó—. ¡Oh, mira! Minnie ha parado de llorar. ¿Por qué no traes el carrito al salón de baile y me ayudas con la…?

—¡Podría volver a llorar en cualquier momento! —dijo Victoria Stitch rápidamente.

Celestine levantó una ceja.

Una expresión traviesa pasó de pronto por la cara de Victoria Stitch.

—Ya sabes que podrías… —susurró— hacer un hechizo de El Libro de Wiskling para decorar el salón de baile…

Celestine abrió la boca con asombro.

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—¡Victoria Stitch! —dijo—. ¡No puedo creer que me lo estés sugiriendo siquiera! ¡Sabes que los hechizos de El Libro de Wiskling están absolutamente prohibidos! Además, el libro está encerrado bajo llave en la Gran Biblioteca de Wiskling.

Victoria Stitch se encogió de hombros, pero Celestine estaba preocupada.

—Espero que estés siguiendo las normas —dijo—, ¡ahora que eres reina! Tenemos que dar ejemplo.

—Solo era una broma —se apresuró a decir Victoria Stitch. No esperaba que Celestine se lo tomara tan en serio.

—Pues no es una broma muy graciosa… —repuso Celestine.

—Lo siento —dijo Victoria Stitch, sintiéndose un poco culpable de repente. Celestine la había ayudado mucho los dos últimos años. De hecho, gracias a Celestine había llegado al trono.

—Me quedaré y te ayudaré con las decoraciones —dijo—. Minnie ha dejado de llorar.

—No, no te preocupes —dijo Celestine—. Le hará bien salir. Además, Tinsel y Ember van a venir a echarme una mano dentro de nada. —Se inclinó sobre el carrito y llenó a Minnie de besos—. ¡Hasta dentro de un rato, mi encantadora wiskling! —le dijo.