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Ilustraciones d INÉS PÉREZJUAN SANGUINOONE MORE TIMEUna biografía ilustrada
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1.¿QUÉNIÑAESESTA? . . . . . . . . . . . . . .72.NENA,OTRAVEZ...............213.AFORTUNADA . . . . . . . . . . . . . . . .334.SOYUNAESCLAVAPARATI . . . . . . . . . .435.UPS...¡LOHEVUELTOAHACER! . . . . . . . .516.TÓXICO . . . . . . . . . . . . . . . . . . .637.APAGÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . .738.TRABAJA,ZORRA . . . . . . . . . . . . . . .939.MÁSFUERTE . . . . . . . . . . . . . . . . .107
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odo el mundo que para en Kentwood, Luisiana, está de camino a otro lugar.Tiene dos mil habitantes y es el penúltimo desvío de la autopista antes decruzar el límite estatal con Mississippi. Para encontrar una localidad con másde tres cientos mil habitantes hay que recorrer quinientos cincuenta kilómetros,hasta llegar a otro estado, Texas. Las calles de Kentwood tienen nombres de letras:avenida A, avenida B, etcétera. El límite de velocidad está en cincuenta y cinco ki-lómetros por hora, pero todo el mundo conduce a cuarenta y con sus hijos en elregazo. En cuanto ven a alguien que conduce a cincuenta y cinco o más, saben quees un forastero. En 1946, Lillian Portell dejó atrás Inglaterra y se embarcó rumbo al NuevoMundo para casarse. Lillian y Barney, su marido, se conocieron durante la Segun-da Guerra Mundial. Él era un soldado estadounidense destinado en Londres que lasacaba a bailar y le prometía llevarla a vivir en sus extensos campos de Luisiana,pero lo único que en realidad tenía era una granja de vacas. «La llegada de Lillianfue como si se mudase aquí la princesa Margarita —recordaría un vecino del pue-blo—. Ella se creía mejor que los demás, pero es que lo era». Cuando Lillian tuvouna hija, Lynne, le transmitió ese sentimiento de superioridad respecto a los luga-No hay nada que hacer en Kentwood. Nunca ocurre nada allí. Nunca nace nadie especial. Bueno, una vez sí.
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reños. Ella era mejor que sus vecinos. Ella era una Portell. Y había mucho por vivirmás allá de Kentwood.Porque Kentwood era el tipo de lugar que solo sale en las noticias cuando aparece algún cadáver. Como un día de 1966, en el que Emma Jean Spears, de treinta y dos años, caminó hasta la tumba de su hijo (fallecido al nacer, diez años atrás), se sentó junto a ella y se disparó en el pecho con una escopeta. Era su cuarto intento de suici-dio tras caer en una depresión debida a la muerte del bebé. Dejaba atrás cuatro hijos. El mayor se llamaba Jamie.El chaval arrastró el trauma desde la adolescencia, pero nunca habló sobre ello porque en Kentwood no se habla de esas cosas. Aunque tenía potencial para triunfar en el baloncesto, Jamie se pasaba el día en el bar o en el trabajo, fabricando placas de acero. Cuando conoció a Lynne, era un joven de veinticuatro años, apuesto, carismá-tico y atlético. Y casado. Así que se divorció, a las dos semanas se casó con Lynne y a los nueve meses nació su primer hijo, Bryan. Lynne presumía de que eran «los Barbie y Ken de Kentwood».Jamie reaccionó a la paternidad bebiendo casi todos los días. Cuando el padrede Lynne murió, arrollado por un camión de leche en el otoño de 1976, no se suponada de Jaime durante una semana. Por eso ella no se inmutó cuando el día deNavidad de 1979 su esposo ni siquiera se dignó aparecer por casa. Lynne esperódurante horas con el niño para abrir los regalos; finalmente, al ver que no vendría,cogió sus bártulos y se fue a casa de su madre. Jamie aprovechó la ocasión parapasar la noche con otra mujer en la vivienda familiar, que era un tráiler aparcadoen el Simpson Park, un estacionamiento de caravanas justo al lado del límite conMississippi.Lynne pidió el divorcio el primer día laborable de 1980, alegando «adulterio» y solicitando una orden de alejamiento debido a ciertos «antecedentes violentos» con-tra ella. Sin embargo, en primavera Jamie le pidió una segunda oportunidad, y los El sueño de la Barbie de Kentwood se desmoronó por completo cuando sus expectativas y su obsesión por las apariencias chocaron de frente contra la realidad de su vida.8
valores cristianos y el temor al qué dirán la llevaron a cancelar los trámites de sepa-ración. Para empezar de cero, se compraron una casa enfrente de la iglesia baptista de Kentwood. El 2 de diciembre de 1981 nació su segunda hija, Britney Jean. La misión deaquel bebé era salvar el matrimonio. Lynne siempre había querido tener una niña.Quería dar rienda suelta a ese ideal de feminidad sureña tan arraigado en la culturaestadounidense, las denominadas southernbelles, mujeres hermosas, delicadas, de-centes y complacientes. Quería darle la vida que ni Lillian ni ella habían logrado.Así que Britney era para ella una hija, una muñeca y su mejor amiga. Y no lo disi-mulaba: Lynne pagó para que sacaran a su hija recién nacida en e Kentwood News, el periódico local, e iba por ahí celebrando que por fin tenía una niña «con la quejugar a las casitas y a la que poner vestidos». Pero, con la segunda paternidad, Jamievolvió a beber.Durante una de sus borracheras, llegó a abrir las latas de cerveza disparando surevólver. Pero Lynne había aprendido a responder a sus insultos y se enzarzaban enbroncas cada vez más violentas, ya fuera entre ellos o con otros miembros de la fami-lia. «Una vez Jamie estaba borracho y quería irse en coche con Britney, que no tendríamás de cinco años —recordaba su tío Willie—. Yo traté de detenerlo cogiendo lasllaves del camión, pero él me dio un puñetazo». A veces, su reacción ante la violencia de su familia era encerrarse en el baño.Allí se ponía a cantar y bailar porque, tal y como contaría años después, la acústicaera fabulosa, imaginaba que el espejo era una pantalla de televisión y que sus pelu-ches y sus muñecas hacían de público.«Nos liamos a hostias ahí mismo, dentro del vehículo, mientras la niña lloraba. A los Spears se nos conoce por las peleas. Y si resultaba que Britney estaba en medio, pues qué se le va a hacer. Al principio, la niña se asustaba ante las broncas, pero con los años se acostumbró a levantarse, marcharse y fingir que no pasaba nada».9



Su profesor de baile en la escuela, Steve Wood, explicó que «lo único que se esperaba de los niños aquí es que fueran a la iglesia, terminasen el colegio y se casasen; cantar y bailar era algo que hacía la gente que salía por televisión, no era para los habitantes de Luisiana».Más del 70 por ciento de la población de Kentwood es negra y, aun así, los blancos tienen su propio bar, el Dub. Los negros prefieren reunirse en el Sugar Shack. Lacalle principal consiste en cien metros de negocios abandonados, porque hace añosque el comercio local se hundió tras la apertura de un centro comercial Walmart enla comarca. Solo han sobrevivido un par de hamburgueserías, algún supermercado y la tienda de armas y munición, en la que también se pueden comprar juguetes.Jamie incluso abrió un negocio. Lo llamaban El Spa y consistía en un granero con varios aparatos de musculación, un jacuzzi y una sauna. Pero el alcoholismo lo llevó a descuidarlo y, mientras Lynne pedía dinero a sus amigos y familiares, Jamie se lo gastaba en timbas de póker. Cuando no tenían dinero para comida, Jamie tenía que salir al bosque a cazar conejos o ardillas para cenar. «La gente nunca supo lo pobres que llegamos a ser», reconocería Britney años después.Los sábados, Britney ayudaba a la abuela de Jamie, la «yaya Lexie», en su restaurante de cangrejos. Todavía no había cumplido los diez años. Como tenía que madrugar,no podía disfrutar de su única tarde libre de la semana, pues los viernes se dedicaba ahacer lo que más le gustaba en el mundo, según ella: jugar al baloncesto. A los clientesdel restaurante les encantaba que les atendiese aquella niña tan educada, agradable yresponsable. Britney se sentía cómoda con la disciplina estricta que se había autoimpuesto. Sacaba buenas notas, hacía los deberes y siempre tenía su habitación ordenada. Su único acto de rebeldía era conducir karts por los bosques que rodeaban Kentwood hasta llenarse de barro. Le encantaba ensuciarse. Cuanto más se ensuciaba, másse divertía. A Britney se le daba muy bien recordar datos, lo cual era idóneo en unsistema educativo que no animaba a los estudiantes a analizar, cuestionar o explorarel contenido de las asignaturas. Solo tenían que memorizar. El colegio de Kentwoodera público y la mayoría de los estudiantes eran negros, pero Britney asistía a otro, enPero fuera de ese baño, lo único que había era campo y bosques. Pero fuera de ese baño, lo único que había era campo y bosques. Kentwood no era terreno fértil para su ilusión infantil: casi todos los que Kentwood no era terreno fértil para su ilusión infantil: casi todos los que nacían en ese pueblo crecían, vivían y morían en él. nacían en ese pueblo crecían, vivían y morían en él. 10
McComb, al otro lado del límite estatal, que promulgaba un pensamiento tan cristia-no que el profesor de ciencias no impartía la teoría de la evolución, sino la creacionis-ta (según la cual el universo fue obra Dios). «Rezo todo el tiempo —explicaría ella ensu libro del 2000, HearttoHeart—. Me reconforta mucho saber que puedo hablar conDios y que me está escuchando. Así es como me educaron». Todo lo que Britney noentendía o no podía controlar, lo dejaba en manos de Dios.Su segundo momento favorito de la semana era cuando, después de la misa del domingo, la familia se reunía para comer en casa del abuelo, Papa June. Al terminar, la subían a la mesa para que cantase «Amazing Grace» y toda la familia acababa llo-rando. Britney había provocado la misma reacción cuando cantó por primera vez en público, a los cuatro años, en una función escolar: la mayoría de los asistentes llora-ron, conmovidos ante aquella niña con voz de mujer que cantaba el villancico «What Child Is is?». Antes de tener uso de razón, Britney ya se había acostumbrado a la atención, a la adulación y a la felicidad que generaba cuando actuaba.«Recuerdo la expresión de asombro de mamá cuando yo empezaba a cantar», recordaría Britney. Lynne nunca estaba tan contenta como cuando veía actuar a su hija, lo cual presionaba a Britney: ella y su talento parecían la única fuente de felici-dad de su madre. Cuando actuaba, a diferencia del resto del tiempo, todo estaba bajo control. Todo estaba en orden.Britney fue desarrollando una obsesión con la perfección. Sabía que su familia estaba haciendo muchos esfuerzos económicos para su formación. Empezó a estu-diar baile a los dos años y canto a los cuatro. Cuando tenía siete años, su profesora de canto la definió como «insólitamente ambiciosa, centrada y perfeccionista». Britney ganó varias veces el premio anual que su academia otorgaba a la mejor alumna y llevaba una libreta en la que, después de cada actuación, se puntuaba a sí misma. Era tan presumida con su talento vocal que siempre escogía canciones con las que poder lucirse: «I Have Nothing», de Whitney Houston; «Love Can Build a Bridge», de Nao-mi Judd; o «Nothing Compares 2 U», de Sinéad O’Connor. A veces, directamente se arrancaba con piezas de ópera. Y después de cada audición, hacía una reverencia, buscaba con la mirada la aprobación de Lynne y, tras su señal, la remataba con varias piruetas: quería asegurarse de exhibir todas sus habilidades. Con el tiempo, las dis-cusiones entre Jamie y Lynne se volvieron diarias. Y Britney dejó de encerrarse en el baño. Empezó a unirse a las broncas con gritos, insultos y palabrotas. Pero una noche tomó una decisión que solucionaría todos sus problemas: su talento iba a sacar a Lynne de aquel infierno. En mayo de 1991, madre e hija se mudaron a Broadway.13



Durante aquel año y medio en Nueva York, Britney y Lynne mantendrían una relación de amigas, socias y compañeras de piso. El primer trabajo profesional de Britney fue como suplente de la actriz principal en el musical de Broadway Ruthless, que contaba la historia de una niña cuya obsesión por ser famosa es instigada por una madre sin escrúpulos.El plan era que Britney hiciese carrera en el teatro musical porque, según suagente, era el lugar idóneo para un triple talento tan atípico como el suyo: Britneysabía cantar, bailar y actuar. Era una niña perfecta.Pero no lo suficiente. Al menos, no según el concurso de talentos televisivo StarSearch, donde cantó «Love Can Build a Bridge». Britney aparentó deportividad antesu segundo puesto, pero en cuanto cortaron las cámaras, se fue corriendo a abrazara su madre para llorar. Algunos amigos y familiares de Lynne le advertían de que noera sano exponer al rechazo a una niña de nueve años (en ocasiones, Lynne mentíasobre la edad de su hija para conseguirle más audiciones), de que Britney estabaperdiéndose su infancia debido a los trabajos y a los estudios en un colegio neoyor-quino para niños prodigio. Lynne ignoró estos consejos. Los achacaba a algo típico de una mentalidad pueblerina.Mientras tanto, en Kentwood, el dinero de la hipoteca se iba acabando. Jamiese había quedado sin trabajo y su única ocupación era conducir el tractor en lahuerta de su cuñado Sonny. Los Spears acumulaban cuarenta mil dólares de deu-da; les cortaron la línea del teléfono y les embargaron uno de sus coches. La niñano conseguía ninguna audición y, cuando lo hacía, tenía que quedarse ahí plan-tada mientras le explicaban por qué no era adecuada para el papel. Un día, elcazatalentos de una agencia de modelos infantil le dijo que no era lo suficiente-mente guapa.Britney estaba cansada de llegar al apartamento pasada la medianoche seis díasa la semana. Y, sobre todo, estaba cansada de ser la suplente. Así que abandonóRuthless—donde fue reemplazada por Natalie Portman— y, en la Navidad de 1992,madre e hija regresaron a Kentwood. Pero en cuestión de semanas, Mickey Mousellamó a su puerta para hacer todos sus sueños realidad. Se trataba de una audiciónque no iba a dejar escapar: cuando actuó para los cazatalentos de Disney Channel,Tras treinta horas de viaje en tren, Britney se bajó en Pennsylvania Station Tras treinta horas de viaje en tren, Britney se bajó en Pennsylvania Station y exclamó: «¿Dónde están las vacas?».y exclamó: «¿Dónde están las vacas?».14
Las madres d Britney y Christin s quejaro al canal porqu Rya enseñabvocabuari y posturas sexuaes sus hijas.Al comparar s car co d Ker, Britney s sentíacompejad por s acné, sus dientes descoocados ys nariz grand.
Su madre fe ttor lga de Ryan y le prstó dir Lye cad los Spars se arriaron.Brity y Christi ran isparabls. Iban de l ma todas parts y jraron spararse c.