En el año 1974, en una sala de exposición de Nápoles, la artista serbia Marina Abramović se sometió a una performance llamada Rhythm 0. Alrededor de su cuerpo, colocó setenta y dos objetos divididos en dos categorías: objetos de placer y objetos de dolor. Bajo su responsabilidad, invitó al público a que los usase sobre ella, transformándose, de esta manera, en un objeto más. El fin era observar el comportamiento humano ante la indefensión. Si bien, al principio, los asistentes se tomaban su actuación con benevolencia, mostrándose tolerantes, poco a poco, ante la pasividad del sujeto, fueron aumentando la intensidad de sus actos, hasta tal punto que, a partir de la tercera hora, comenzaron a agredir física y sexualmente a la artista. Desgarraron su ropa, sufrió cortes en el cuello e incluso la apuntaron con una pistola cargada. Uno de los participantes usó un pintalabios para escribirle la palabra END en la frente. Los periodistas cuentan que Abramović estuvo a punto de perder la vida. Finalizadas las seis horas, el galerista puso fin a la actuación. En aquel instante, la artista volvía a adquirir su condición de humana. De alguna manera, se reconstruía a través del movimiento. Acto seguido, empezó a pasearse por el escenario tratando de mirar a los ojos a su público. Algunos, ya conscientes de sus actos, frente a frente con la realidad, la evitaban y, al parecer, la mayoría salió huyendo del lugar.

Al fin y al cabo, lo fácil siempre fue hacer daño.
Al fin y al cabo, lo difícil siempre es amar.

PRIMER ACTO. Los placeres

PRIMER ACTO

Los placeres

Placer I

Mirar siempre las cosas

como las miraste por primera vez.

Eso es el amor.

El primer beso

El primer beso

El público llega al Estudio Morra

Cómo no voy a volver a la casa

donde mi abuela

me cosía calcetines y chalecos de lana

y Mosi me despertaba

cantándome canciones populares rumanas

y me vestía entre el frío y la oscuridad

y me hacía bailar y saltar sobre la cama

—en la que estaba prohibido bailar y saltar—

y me mandaba a la guardería

para aprender a ser abogado o médico,

para aprender a no ser como ellas.

Cómo no voy a volver al lugar

donde me limpiaban las nalgas

con trapos de pana

y me daban de comer pan con azúcar pasado por agua

—porque no había más que pan

y agua y azúcar—,

cómo no voy a volver al país

donde están mis muertos y donde estarán

también mis otros muertos,

donde jugábamos con piedras y palos de madera

debajo del peral de Nae

y nos imaginábamos en las playas

de Brasil, de Costa Rica, de Uruguay,

porque no conocíamos otros países

ni otras playas.

Cómo no voy a regresar al hogar de mi infancia,

al hogar donde aprendí niñez

a base de golpes

y cáscaras de nuez,

a la tierra

donde me di el primer beso.

Imperfecta

Imperfecta

Marina llega al Estudio Morra

A veces

me gustaría ponerme en tu piel:

recibir por ti los golpes que recibes,

surcar por ti los ríos que surcas,

cederte todo lo que sé

para que no tengas que aprender

cómo pisar charcos sin mojarte

o cómo cortar lazos sin sangrar.

Me gustaría protegerte del mundo

y defenderte con mis armas

pero, amor,

en qué lugar quedaría tu fragilidad,

qué sentido tienen los labios

que nunca han probado la tristeza

o los pies

que nunca se han cansado del camino.

Cómo lograrías bailar con lobos

sin saber lo que son unas fauces hambrientas.

Yo te quiero vivida,

sensible y delicada;

yo te quiero sabiendo lo que es el dolor

y la pérdida;

yo te quiero imperfecta

porque sé lo que es escribir poemas

llenos de tachones,

sé lo que es ser flor

y deshojarte.

Amor,

te quiero querer sin el miedo a saber

que quererte

también puede convertirse

en una herida.

Usted está aquí

Usted está aquí

Besarte fue encontrar un diccionario.

RAQUEL LANSEROS,

Los ojos de la niebla

No llegaste como llegan las semanas,

los meses o las estaciones.

No llegaste como anuncian las horas

todos los relojes del mundo

ni como llega una canción

después de otra

ni un beso después del otro.

No fuiste tan previsible

como la primavera en los cerezos

ni seguiste la historia

después de la primera entrega.

Tú llegaste

y lo quisiste crear todo:

crear el cuerpo y el amor y el deseo,

inventar el lenguaje por necesidad,

hacer surgir salvajes las montañas,

y amansar el pan por primera vez

para quitar el hambre

pero también fundarlo.

Tú llegaste tan atómica,

destruyendo los hogares de todos los miedos

de todas las inseguridades,

llegaste poética e indefinida,

como la forma de una ola

al tocar la playa.

No te esperaba

y esa sorpresa fue tu victoria,

y también mi desconcierto.

Y cuando me quise dar cuenta

todos los objetos ya estaban expuestos sobre la mesa:

había cumplido treinta años,

había escrito seis libros,

había empezado a pagar la hipoteca

y habíamos adoptado un perro.

Esa chica

Esa chica

Ella es esa chica

con mil pájaros en la cabeza

y dos alas en la espalda

que le hacen estar en todas partes

y en ninguna al mismo tiempo.

Ella es ese fuego

que cualquiera pondría en su camino

a cambio de un poco de intensidad.

Así es como nace la poesía:

en el precipicio de una espalda,

en la cuerda floja de unos labios,

en el hueco de las palmas de unas manos.

Cuando hablo de milagros

hablo de ella peinándose en la mañana,

cuando hablo de efectos especiales

hablo de su pelo formando tornados.

Y si digo sobre ella

que está llena de esperanza,

quiero decir que la he visto siendo luz

para la oscuridad,

siendo paz

para la guerra.

La veo peleando por la vida

y qué fácil es admirar los dedos

que reman a toda costa,

qué sencillo es seguir los pasos

cuando son capaces de dejar huella.

Es fugazmente eterna en cada gesto,

quiero decir,

cada caricia suya pasa muy rápido

pero se vive muy muy lento.

Es esa chica

a la que ves sacando adelante sus proyectos,

esa chica despeinada y valiente

que, de tanto enfrentar al lobo,

ha aprendido a vivir mordiendo.

La imagino siendo ella misma

tras el telón

y menuda obra de arte

cuando se desviste,

se recoge el pelo

y se pone a hacer la cena.

Qué sencilla es la belleza

cuando no se escribe.

Ella es esa chica      esa

a la que, de tanto desear,

he confundido con la poesía

y ahora ya no sé si le escribo versos

o pájaros.