Diablos azules

Diablos azules

Ya no eres el de antes.

Ya no tienes hambre de poesía a todas horas

ni pierdes las noches en busca de una mancha

de carmín en la camisa.

Has perdido la frescura

y tu novedad ya no es tan nueva,

y la sensación de invencible

apenas hace acto de presencia.

En qué te has transformado,

dónde está tu palabra

que decía sin filtrar,

que prendía sin mechero,

que te hacía el poeta de moda

del movimiento

y por la que a tu alrededor volaban pájaros

con las alas abiertas.

Dónde están ahora esos aviones

y por qué siempre se van tus pasajeros.

Has dejado de escarbarte entre las tripas,

piensas tanto

cada verso que escribes

que rechazas el impulso,

que contienes el vómito,

que reniegas a la inocencia,

has perdido el ingrediente;

todo aquello que te hizo único.

Ya no estás de moda entre las influencers

ni comparten tus poemas en la prensa rosa

—te hacía gracia, ¿recuerdas?—.

Ahora dibujas al milímetro

y parece mentira que hayas vendido

tu alma al diablo

con tal de sobrevivir unos años más.

En qué clase de poeta

te has convertido, Miguel Gane.

Solo Roma puede salvarte.

Fontana di Trevi

El agua se tiñe de rojo.

Los turistas braman asombrados,

furiosos. Cómo me atrevo

a ensuciar su monumento.

Algunos quieren abalanzarse sobre mí,

pero no pueden,

no deben.

No saben

si estoy loca

o simplemente tengo algo que decir.

Tampoco conocen la diferencia.

No quieren

que mi sangre dañe la fuente

en la que dejan sus deseos,

sus esperanzas de amar.

No quieren que mi sangre

forme parte de su historia.

Pero no entienden el lenguaje:

Roma no está muriendo,

justo en ese instante,

Roma está naciendo.

EN ESTE LIBRO,

ROMA VA A ACEPTAR

QUE LAS COSAS MALAS

QUE LE HAN PASADO

NO VOLVERÁN

A REPETIRSE

JAMÁS.

La promesa

Mi herida es una grieta,

pero mi grieta es mi hogar.

Algún día, a mi hogar

le crecerán las raíces

que luego serán un árbol,

y junto al árbol surgirá una casa

que, a su vez, dará lugar a otra casa,

y de ellas

nacerá una ciudad

a la que llamaré bondad,

a la que llamaré luz,

a la que llamaré esperanza,

a la que llamaré fortaleza.

Y cuando todo haya sucedido,

cuando vuelvan a sostenerme

los cimientos y las raíces

y sea definitivamente yo,

me prometo

no volver a permitir

que se pise mi suelo para ensuciarlo,

que se entre a mi casa para ocuparla,

que se riegue mi árbol hasta ahogarlo.

Me prometo

que la herida nunca más

será mi hogar.

Idús de marzo

¡Cuídate de los idus de marzo!

Julio César,

SHAKESPEARE

Quién eres.

Por qué no me has enseñado

la espada desde el principio.

Por qué te has ocultado bajo otra capa

si tienes la naturaleza del lobo.

Me pusiste delante

un pastel y lo mordí

como si fuera la primera vez en mi vida

que estaba ante algo tan dulce dulce dulce.

Qué hago ahora con este veneno.

Qué hago ahora con las promesas

que son como cachorros

alimentándose de mí,

desgastándome la sangre.

Lo sé.      Ya sé.

No te mostraste desde el principio

porque te dio miedo,

porque te dio vergüenza.

Quién va a querer meter en su cama

a un animal salvaje, pensarías.

Por qué tuve que ser yo la presa.

No te lo pregunto a ti

sino a mí misma.

Cómo es que estuve tan ciega.

Acaso no sentí una lluvia sin erizar,

acaso no sospeché nada

tras la primera bala perdida

en la pared.

Por qué no me dijiste

que tú nunca eres de morir

sino de matar.

Si tú eres bueno con todos.

Si tú eres el primero en saltar,

por los amigos, por la familia.

Si tú solo usas las manos para arreglar,

para ordenar,

para cuidar.

¿Fue un abrazo o fue una jaula?

Quién eres

y en qué me has convertido.

Pobre Roma

Pobre Roma,

que no tiene rascacielos,

que no puede tocar las nubes con las manos.

Pobre Roma,

con sus calles sucias

y desordenadas.

Pobre Roma,

que no tiene Central Park,

que no conoce la Gran Vía.

Pobre Roma, pobre Roma,

que no tiene startups,

no es sostenible ni moderna,

ni es vanguardista.

Pobre Roma, cuánto le falta

para ser otra,

para parecerse a mí.