Este libro, más que un libro, es un espejo. Un espejo que te permite comprender cómo funcionas y tomar las riendas de tu interior.
¿Cómo funciona nuestro mundo interno? ¿Quiénes somos verdaderamente? ¿Cuál es el propósito de nuestra vida? ¿Por qué nos perturbamos en el plano emocional? ¿Cómo podemos dejar de hacerlo? ¿Qué principios rigen nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestras emociones? ¿Qué mecanismos nos alejan de la paz interior y cómo dejar de caer en sus redes? ¿En qué consiste exactamente la felicidad? ¿Cómo gestionar nuestros pensamientos y emociones? ¿Cómo acceder al bienestar emocional?
Este libro gira en torno a estas preguntas, pero ya tendremos tiempo y espacio para ello. Por ahora, lo único que deseo es que abras tu mente a nuevas posibilidades. A diferentes puntos de vista. A nuevas perspectivas desde las que entender y experimentar la realidad. A nuevas maneras de disfrutar del mayor regalo que nos ha sido concedido: la propia vida. Solo así podrás comenzar este viaje de sanación, comprensión y consciencia.
Este libro es un mapa de la condición humana. Su finalidad es ayudarte a comprender y a gestionar tu interior, así como a bajar a lo más profundo de ti y reencontrarte con lo que siempre has sido: un ser lleno de potencialidades, talentos, pasiones y valores, con la capacidad de tener una existencia plena y de vivir el instante presente desde la paz y el bienestar.
Conforme vayas adentrándote en los diferentes capítulos de este libro irás adentrándote también en ti, pues el camino que deseo proponerte es en realidad el más importante y apasionante de nuestra vida: el camino hacia nosotros mismos.
El viaje del autoconocimiento nos lleva a soltar todos los patrones limitantes que hemos ido acumulando con los años y que nos han ido alejando de la paz y de la dicha que forman parte de nuestra verdadera naturaleza.
Este libro ha sido creado para que te descubras y te reencuentres contigo. Para que vivas desde una perspectiva más pacífica y consciente. Entrar en contacto con las páginas que tienes en tus manos te llevará a entrar en contacto con el potencial, la belleza y la abundancia que guardas en tu interior.
Estas líneas tienen la intención de llenar tu vida de sentido, encontrando una respuesta clara y definida a la pregunta «¿para qué estoy en este mundo?», tras haber buceado en las profundidades de tu existencia y haber encontrado —justo en el fondo— aquello que todos anhelamos, la paz interior.
Sabios de todos los tiempos han hecho hincapié en que el cambio interior es posible. Este viaje hay que abordarlo con rigor y profundidad, pero si nos comprometemos de verdad a emprenderlo, podemos transformarnos en personas más sanas desde el punto de vista emocional. ¡Está demostrado!
Millones de personas han experimentado los efectos de recorrer este apasionante trayecto hacia dentro. Ese sendero interior es el que nos conduce a la paz, a la abundancia interna y a la verdadera felicidad —que, como veremos, es mucho más profunda y estable que la alegría.
La información que comparto en este libro ha supuesto un antes y un después en mi vida y en la de millones de personas más. Sin embargo, no pretendo que te creas nada de lo que leas por el simple hecho de verlo escrito. Mi verdadera intención es que lo compruebes a través de tu propia experiencia. Verás que lo único que necesitas es integrar a conciencia esta información y abrirte a ella.
Es posible que a veces tengas la sensación de que alguna idea se repite. Esto sucede precisamente para que la integres de verdad. Cuando una idea salga más de una vez, pregúntate si de verdad la habías integrado. Esa integración es la que te llevará a la liberación emocional.
Lo que este libro pretende es mostrar los ladrillos de sabiduría que el autoconocimiento nos ofrece. Solo tenemos que cogerlos, ponerlos en el sitio adecuado y comenzar a construir, paso a paso, nuestra renovada e inquebrantable salud emocional.
No puedo expresar con palabras lo emocionado y agradecido que estoy por haber escrito este libro y saber que va a ser de verdadera utilidad para otros seres humanos.
He volcado muchísima información en estas páginas. De hecho, el contenido que hay en ellas es un compendio de todas las enseñanzas dadas por las corrientes filosóficas, psicológicas y espirituales destinadas a la liberación emocional, a la erradicación del sufrimiento y a la comprensión de quiénes somos.
Mi propósito es aportarte el máximo valor posible a lo largo de estas páginas. Pero no te preocupes, no va a ser una lectura densa ni difícil. Lo he explicado todo como a mí me hubiera gustado que me lo explicaran desde el primer día. De la manera más amena y sencilla posible, enfatizando los conceptos clave y proponiendo muchas prácticas para pasar de la teoría a la verdadera experiencia. Todo está escrito y pensado para que puedas ir verificando por tu propia cuenta todo lo que voy a compartir contigo.
Eso sí, este es un libro para leer despacio. Para disfrutarlo, saborearlo y sentirlo. Como te decía, hay mucha información en sus páginas. Así que mi propuesta es que te lo tomes con calma. Esto es un viaje de autoconocimiento. Un viaje hacia dentro que hay que recorrer sin prisa y disfrutando del paisaje de nuestro interior. Es una aventura que nos lleva a reconectar con nuestra verdadera esencia y con la plenitud emocional. Así que respira, léelo con calma y permite que la transformación vaya sucediendo.
Una vez le preguntaron al gran escultor Miguel Ángel Buonarroti cómo se las ingeniaba para crear tan magníficas esculturas. Su respuesta fue que en realidad él no creaba nada nuevo, que lo único que hacía era quitar de una gran pieza de mármol las partes que sobraban, las que no pertenecían a lo que finalmente constituiría su escultura.
Nuestra tarea como seres humanos es hacer exactamente lo mismo que hacía Miguel Ángel. Es decir, eliminar lo que sobra: nuestro diálogo interior generador de sufrimiento, nuestras creencias erróneas y limitantes, nuestra perturbación interior, nuestro resentimiento acumulado, nuestros miedos aprendidos, nuestras falsas identidades, nuestros juicios, nuestras rigideces, nuestro odio, nuestra ansiedad, nuestro estrés, nuestras comparaciones, nuestra negatividad, nuestras exigencias, nuestro autorrechazo, nuestra tendencia a no estar en el presente, nuestros apegos y nuestra manera sufriente de relacionarnos con la vida, con los demás o con nosotros mismos.
Sin lugar a dudas, todos esos patrones son una carga demasiado pesada para andar por la vida de manera fluida, pacífica y satisfactoria. Cuando dejamos de caer en esos patrones la paz interior y el bienestar emocional empiezan a abrirse paso. Empiezan a impregnar nuestro interior, nuestras relaciones, nuestras experiencias y nuestra vida en general. Es una de las cosas más fascinantes y liberadoras que puede experimentar un ser humano.
No se trata de llenarnos de lo que nos falta, sino de vaciarnos de lo que nos sobra. Cuando nos desprendemos de todos los patrones por los cuales nos perturbamos, conectamos automáticamente con la paz y el bienestar interior.
Los seres humanos nacemos como una semilla. En esa semilla ya están nuestro potencial, nuestros talentos, nuestros valores genuinos, nuestras pasiones, nuestra autenticidad y nuestro bienestar emocional. Esa es, por así decirlo, nuestra verdadera esencia. Es lo que realmente somos, lo que trajimos al mundo al nacer.
¿Por qué vivimos los seres humanos tan desconectados de lo que realmente somos y del bienestar interior? Por todas esas capas de «mármol sobrante» que hemos ido acumulando. Esos patrones aprendidos —de los cuales veremos cómo liberarnos— son los que nos llevan a la perturbación emocional y nos impiden vivir una vida plena.
Cuando los seres humanos vamos desprendiéndonos del mármol sobrante y conectando con nuestra verdadera esencia, empezamos a vivir una vida plena y satisfactoria. Empezamos a ser quienes realmente somos, dejamos de caer en nuestros viejos mecanismos generadores de sufrimiento y vivimos el instante presente desde la paz y la armonía. En otras palabras, nuestra existencia empieza a llenarse de dicha y de sentido.
Viajar hacia dentro
Al ir recorriendo este fascinante viaje de comprensión e indagación interior, vamos dejando de reaccionar con perturbación frente a lo que nos sucede. Encontramos en nuestro interior una paz que no tiene una causa externa y empezamos a estar plenamente presentes, aquí y ahora, sin entrar en conflicto con el instante en el que nos encontramos.
Además, dejamos de estar dominados por nuestros propios pensamientos —los cuales suelen atraparnos e inyectar perturbación en nuestro interior sin que nos demos cuenta—. Sabemos quiénes somos y cuál es nuestro sendero en la vida. Estamos en contacto con nuestro interior y dejamos de perdernos en el afuera. Disfrutamos plenamente de nuestra existencia, sabemos hacernos cargo de nuestro bienestar emocional y conectamos con una sensación de gratitud y de abundancia.
Comprender quiénes somos y cómo funcionamos nos lleva a conectar con lo más profundo y verdadero de nosotros mismos. Nuestra verdadera esencia. Es un apasionante proceso de limpieza interior, a través del cual vamos soltando el lastre, abandonando viejos patrones y creencias, y conectando de manera profunda con el bienestar emocional y la paz interior.
Este hermoso viaje nos lleva a descubrir que el bienestar emocional no es algo que debamos luchar por conseguir, sino algo a lo que podemos acceder en nuestro interior.
A lo largo del libro recorreremos este trayecto hacia dentro, este viaje de comprensión interior y de liberación emocional. En esta primera parte vamos a sentar algunas bases necesarias para abordar todo ello con la profundidad que se merece. ¡Te deseo buen viaje!
Liberarnos de las interferencias mentales
Empecemos por ver que nuestros pensamientos desempeñan un papel central en nuestra vida. Determinan cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con la vida en general.
Observa que, conforme vamos creciendo, vamos aprendiendo a pensar de una determinada manera. Vamos desarrollando un diálogo interior, y empezamos a contarnos una historia acerca de cómo «deberían» ser las cosas por fuera para poder sentirnos bien por dentro.
Nos preguntamos: ¿Cómo tienen que ser las cosas para que yo pueda experimentar bienestar? ¿Cómo debería ser lo de fuera para que yo pudiera sentirme bien por dentro? «Mi cuerpo debería ser diferente a como es.» «Debería tener pareja.» «Debería gozar de mayor reconocimiento.» «Los demás deberían actuar como a mí me gustaría.» «Debería tener más amigos.» «Este inconveniente no debería haber sucedido.» «Esta persona no debería pensar así.» «La realidad externa no debería ser de esta manera.» «Este atasco debería ir más rápido.» «Mis vecinos deberían ser más amables.» ¡Cuántos requisitos nos imponemos para experimentar bienestar!
Nuestra mente nos bombardea constantemente con pensamientos acerca de cómo debería ser la realidad para poder experimentar paz. Pero es precisamente esa agitación y dispersión mental la que nos impide experimentar paz en este instante.
Así es como los seres humanos comenzamos a boicotear nuestro propio bienestar emocional, enganchándonos a pensamientos erróneos y estableciendo falsas necesidades. «Para ser feliz tengo que ser el mejor en mi trabajo.» «Tengo que complacer a todos.» «Tengo que hacerlo todo siempre bien.» «Tengo que cumplir las expectativas de los demás.» «Tengo que conseguir todo lo que se supone que debería tener a mi edad.» «Tengo que tener éxito social.» «Tengo que ser popular.» «Tengo que tener muchas posesiones.» «Tengo que llegar a ese momento futuro que he idealizado en mi mente, entonces podré sentirme bien.»
¿Qué es todo esto? Pura cháchara mental. Creencias erróneas y limitantes que hemos ido almacenando en nuestro interior. Palabras flotando en el cielo de nuestra mente. Se trata simplemente del discurso interno que hemos ido automatizando con los años, pero cuando nos lo creemos ejerce un inmenso poder sobre nuestro interior.
Cuando vivimos dominados por todos esos pensamientos, suposiciones y creencias —de las cuales a menudo ni siquiera somos conscientes—, nuestro interior comienza a intoxicarse. Es decir, comenzamos a cosechar insatisfacción, sufrimiento, ansiedad, estrés, desesperanza, odio, apatía, tristeza, miedo, etc.
¿Cómo te sentirías si te liberaras realmente de ese tipo de pensamientos y creencias distorsionadas?
Nuestra manera de pensar determina cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos con la realidad. Es decir, determina los resultados que cosechamos tanto fuera como dentro de nosotros.
A lo largo del libro nos iremos liberando de ese sistema de creencias generador de sufrimiento que hemos ido desarrollando con los años de manera inconsciente. También veremos cómo vivir el instante presente sin las interferencias de la mente, habitando un estado de paz y armonía.
Cuando comenzamos a reducir el ruido de nuestra mente, es decir, cuando dejamos de quedarnos enganchados de manera automática al sinfín de pensamientos que nos lanza la mente, empezamos a vivir el instante presente desde la serenidad y el bienestar interior.
Algo que puedes hacer en este mismo instante es tomar verdadera conciencia de que todos los ejemplos de pensamientos que hemos puesto en este capítulo —y muchos más que iremos poniendo— son ideas erróneas.
¿Puedes ver que el simple gesto de poner esas creencias sobre la mesa, hacerlas conscientes y ver que son falsas les resta poder? ¿Puedes ver que son solo palabras, ilusiones que a veces confundimos con la realidad? ¿Puedes ver que no son verdad? Con eso ya has empezado a liberarte.
Si de verdad puedes tomar conciencia de que son creencias erróneas que no se corresponden con la realidad, podrás sentir una especie de liberación en tu interior, un alivio inmediato, como si te hubieran quitado un peso de encima. Eso es lo que sucede cuando dejas de ser presa de tu diálogo interior automático, compulsivo y generador de sufrimiento.
Es fascinante y muy hermoso experimentar esa liberación interior, ese proceso de ir desprendiéndonos de lo que nos lleva a la perturbación, e ir comprobando cómo entonces la paz y el bienestar empiezan a brotar de manera natural de nuestro interior.
Encontrar la paz interior
Si algo han resaltado los sabios de todos los tiempos es que en nuestro interior hay una fuente inagotable de paz y bienestar que no depende del mundo externo. ¿Cómo es esto posible? En realidad, es muy sencillo de observar. Si te fijas, la paz y la armonía brotan en nosotros de manera natural cuando dejamos de compararnos, de desvalorizarnos, de odiarnos, de odiar a los demás, de juzgar, de vivir tiranizados por el apego, etc.
Todos los patrones que nos separan de la paz interior y del bienestar emocional —odio, juicio, comparaciones, autorrechazo, afán de control, dependencias, exigencias, miedos— no son sino el modo de estar en el mundo que hemos desarrollado de forma automática. Son sencillamente el modo en que hemos aprendido a relacionarnos con nosotros mismos y con la realidad. Pero siempre podemos «desaprender nuestros viejos hábitos y establecer una nueva relación, más pacífica y consciente, con nosotros mismos y con todo cuanto nos rodea.
Los seres humanos decimos: «Soy miedoso, «soy dependiente», «soy iracundo», «soy ansioso», «soy exigente», «soy una persona triste», «siempre juzgo y condeno a los demás», «siempre me estreso», etc. Pero en realidad todo eso no es lo que somos. Son etiquetas que nos hemos puesto. Son solo patrones que hemos estado usando, y de los cuales nos podemos liberar —liberándonos con ello del malestar que generan.
¿Puedes ver que cuanto más dominado vive un ser humano por esos patrones, menor es el bienestar emocional que experimenta? ¿Y puedes ver que es ese mismo ser humano quien está sosteniendo y perpetuando dichos patrones y, por tanto, boicoteando su propia paz?
Todo ser humano comienza a experimentar paz en el mismo momento en el que deja de perturbarse a sí mismo.
Al ir desprendiéndonos de todas las capas de pensamientos automáticos, apegos, miedos, rigideces, juicios, etc., vamos accediendo al «espacio de paz» que hay debajo.
Para que puedas comprobar todo esto a través de tu experiencia, vamos a comenzar con una sencilla práctica. Léela despacio, con calma, y ábrete a sentirla. La finalidad de esta primera práctica es que reduzcas la lucha de tu interior y permitas que aflore la serenidad que hay en ti.
PRÁCTICA
El vacío interior no se llena, se atraviesa
Respira profundo. Presta toda tu atención a las sensaciones de tu cuerpo. Deja que broten en tu interior las emociones y sensaciones que tengas dentro. Acéptalas. Obsérvalas con distancia. Tú no eres esas emociones, sino el ser que las experimenta. Abraza todo cuanto sientas. Acoge cada sensación en tu interior. Si observas emociones desagradables, no pasa nada. Deja que todo el resentimiento y el dolor acumulado salga a la luz. Cuanto más lo entierres o lo rechaces, más se perpetuará. Las sensaciones desagradables solo buscan ser sentidas y aceptadas. Son como un niño que protesta: cuando lo atiendes amorosamente, se calma. Sigue aceptando todas tus sensaciones. No pretendas sentir algo diferente a lo que estás sintiendo en este momento. No luches contra tu propio interior. Sigue respirando conscientemente y abraza tus sensaciones hasta que no haya nada de lucha dentro de ti. Cuanta menos lucha siembres en tu interior, más paz germinará en él. Respira profunda y conscientemente y mantente así unos instantes. Atiende el ir y venir de tu respiración. Permanece presente y observa cómo la calma y el bienestar comienzan a brotar de tu interior.
Al observar nuestro interior con esta actitud de aceptación y apertura, vamos accediendo a ese espacio de paz que hay dentro de nosotros, encontrando dentro la calma que tanto hemos buscado fuera. Es una manera muy sencilla de atravesar nuestro vacío interior y experimentar serenidad.
La pregunta no es «¿qué hacer para sentir paz?», sino «¿qué estoy haciendo para perturbarme?»
Con esta práctica tan sencilla, has dejado de hacer muchas cosas. Has dejado de caer por un momento en tus patrones generadores de malestar emocional, como la comparación, el odio, el juicio, el deseo de agradar a todos o la autoexigencia. Has dejado de luchar con cómo es la realidad en este instante. Has dejado de ser presa de tus propios pensamientos, desligándote de la incansable cháchara mental de tu cabeza. Has dejado de alimentar tus emociones a través de esos pensamientos. Has dejado de luchar contra lo que estás sintiendo, dejando con ello de alimentar tu nivel de sufrimiento, y permitiendo que las emociones fluyan y se desvanezcan. Y has vuelto por completo al instante presente. Gracias a todo ello, has podido conectar con tu estado natural de serenidad y armonía.
Además, con esta práctica puedes verificar dos cosas maravillosas. La primera es que todas las emociones son pasajeras. Vienen y, si no intentas reprimirlas ni las alimentas con tus pensamientos, se van. La segunda es que debajo de todo el malestar que puedas experimentar, siempre hay mucha paz esperándote.
Dejar de perturbarnos
Como ves, dejar de perturbarnos emocionalmente no pasa por huir hacia fuera, buscando un estímulo externo que nos calme. Más bien pasa por respirar conscientemente, dejar de engancharnos a nuestro diálogo interior generador de perturbación y hacer las paces con nuestras emociones dolorosas hasta que se vayan desvaneciendo. Al dejar de alimentarlas con nuestros pensamientos, desaparecerán.
Es fundamental que no luchemos contra nuestras emociones. El mecanismo de luchar contra lo que sentimos es precisamente lo que nos deja atrapados en un ciclo de sufrimiento y perturbación emocional.
Cuando luchas contra una emoción, cuando te enfadas con esta o intentas reprimirla, dicha emoción se perpetúa, a la larga se hace más fuerte y tu sufrimiento aumenta. Cuando no luchas contra una emoción, cuando la acoges, respiras y te permites sentirla, esta termina por desvanecerse, devolviéndote a tu estado natural de serenidad.
Más adelante profundizaremos en todo ello, pero con la anterior práctica puedes ver que tu paz está en lo más profundo de ti y en este mismo instante —ni en el mundo externo ni en un instante futuro—, que no tienes por qué vivir bajo el control de tu mente, y que todas las emociones se terminan desvaneciendo cuando te abres a sentirlas. Esos hallazgos son fundamentales, y han constituido el centro de todas las enseñanzas destinadas a la liberación emocional.
Dejar de impedir que florezca
Uno de los acontecimientos más fascinantes que está viviendo la humanidad es que millones de personas se abren cada día a comprobar que cosechar mejores resultados en el plano emocional es posible. Así como también lo es reconectar con nuestra esencia, saber quiénes somos y vivir una vida plena y con sentido.
Todo pasa por iniciar el apasionante viaje del autoconocimiento. Este viaje puede ser duro a veces, porque nos confronta con nosotros mismos. Nos lleva a mirar de frente nuestras heridas, nuestro dolor, nuestras sombras y nuestros demonios internos. Pero en realidad eso es maravilloso, porque es lo que nos permite sanar. Si quieres limpiar algo, tienes que ver dónde está la suciedad.
Con todo ello, la primera clave del viaje es ver que el bienestar que buscamos ya está dentro de nosotros. Solo tenemos que dejar de impedir que florezca. A eso se refería el poeta sufí Rumi cuando decía: «Hay una fuente dentro de ti, no camines con un cubo vacío».
Nada en el mundo externo puede «llenar tu cubo» —es decir, proporcionarte una paz y un bienestar profundos, estables y duraderos—. Solo puedes acceder a esa paz y a ese bienestar yendo a lo más profundo de ti —como haremos a lo largo del libro—, dejando de mirar únicamente hacia fuera y haciendo lo verdaderamente revolucionario, que es empezar a mirar hacia dentro para sanar y responsabilizarte de tu propio interior.
Shakyamuni Buda lo expresaba hace ya más de 2.500 años: «La paz viene de dentro, no la busques fuera». Es sorprendente ver cómo tomar plena conciencia de algo tan sencillo cambia la vida de tantas personas que, cada día, comprueban esta verdad fundamental.
Al ir integrando la información que comparto contigo en este libro, podrás ir conectando de manera más profunda con ese espacio de paz y bienestar que hay dentro de ti.
Por ahora, ¿puedes ver lo que sucede cuando vives este instante sin lucha y sin las interferencias de tu mente, como has hecho en la práctica anterior? ¿Puedes ver lo que sucede cuando respiras conscientemente, acoges lo que sientes y dejas de alimentar tu perturbación emocional con tu cháchara mental? ¿Puedes respirar hondo y abrirte a esa sensación de paz?
EN ESTE CAPÍTULO HEMOS VISTO...
• El cambio en el plano emocional es posible.
• La paz y el bienestar emocional que buscamos están dentro, no fuera. Son parte de nuestra verdadera naturaleza.
• Con los años hemos desarrollado un diálogo interior repleto de creencias tóxicas y generadoras de sufrimiento.
• Los seres humanos fabricamos nuestra propia perturbación emocional al vivir dominados por:
1. Nuestros propios pensamientos.
2. Los patrones que hemos ido automatizando con los años y de los cuales nos podemos liberar, como la comparación, el odio, el juicio, el apego, el deseo de agradar a todos o la autoexigencia.
• Una vía para acceder a la paz interior es respirar conscientemente, aceptar nuestras emociones, dejar de alimentarlas a través del pensamiento y permitir que se desvanezcan.
Comencemos por no negar lo evidente: todos los seres humanos experimentamos cierto malestar emocional. Es como una corriente de insatisfacción subterránea que recorre nuestro interior. A veces es más intensa y a veces menos.
Y ¿qué solemos hacer los seres humanos para acallar este flujo de malestar interior? Tratar de silenciarlo. ¿Cómo? Con algo externo a nosotros. Con entretenimiento. Con trabajo. Con la aprobación de los demás. Con reconocimiento. Con objetos. Con relaciones. Con bebida. Con comida. Con drogas. Sin embargo, ninguno de esos estímulos externos puede paliar a largo plazo nuestra insatisfacción. Y al vivir obcecados en lo de fuera, comenzamos a marginar y a desatender lo de dentro, por lo que esta errática búsqueda hacia fuera no es parte de la solución, sino del problema.
«Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia dentro, despierta.»
CARL GUSTAV JUNG
En última instancia, lo que buscamos no es ese viaje ideal, esa pareja perfecta o esas condiciones externas que tanto anhelamos. Lo que buscamos es el bienestar que esperamos experimentar a través de ello. Si estuviéramos plenamente convencidos de que nos sentiríamos mal aun consiguiendo esas cosas, ¿realmente lucharíamos por conseguirlas?
Es curioso ver cómo confundimos los medios —más abundancia material, más entretenimiento, más reconocimiento— con el fin que pretendemos obtener a través de estos —bienestar emocional—. Y lo paradójico es que al final acabamos logrando justo el fin contrario, porque cuanto más nos perdemos en lo de fuera, más abandonamos lo de dentro. De ahí las palabras de François de La Rochefoucauld: «Si no encuentras satisfacción en ti, la buscas en vano en cualquier otra parte».
Solo puedes encontrar paz dentro de ti, y solo puedes hacerlo en el instante en el que estás.
Suceda lo que suceda fuera, el único sitio en el que vamos a poder encontrar paz es en nuestro interior. Por eso es tan paradójico que, movidos por nuestro condicionamiento social, abandonemos nuestro interior a su suerte y busquemos nuestro bienestar interno en todo cuanto hay fuera de nosotros mismos —objetos, personas, situaciones, distracciones, la aceptación de los demás, etc.—. Cuanto más nos descuidamos por dentro, más buscamos fuera, y cuanto más buscamos fuera, más nos descuidamos por dentro.
No es extraño entonces que la mayoría de los seres humanos, atrapados en este tortuoso proceso, terminemos por vivir alejados de nosotros mismos, sin saber quiénes somos ni para qué estamos en este mundo. De ahí que nuestra existencia carezca a menudo de sentido, y que nuestra manera de estar en el mundo no nos aporte esa sensación de regocijo, satisfacción y sentido vital que comúnmente denominamos «felicidad» —hablaremos de ella más adelante.
¿Es malo disfrutar de la comida y la bebida, entretenerse y trabajar? Claro que no. Lo que nos perjudica es hacerlo como medio para huir de nosotros mismos. Nuestro vacío no desaparece así. Desaparece cuando logramos estar en paz sin necesidad de estímulos externos.
Una enseñanza milenaria
Cabe señalar que todo esto no es nada nuevo. Las enseñanzas y reflexiones que comparto en este libro tienen miles de años de antigüedad. Buda, Sócrates, Lao-Tse... Son muchos los sabios que a lo largo de la historia nos han ido advirtiendo sobre todo esto.
Este cambio de paradigma, que pasa por sustituir nuestra infructuosa búsqueda exterior por una apasionante búsqueda interna, nos lleva a buscar la paz en primera instancia en nuestro interior para, después, poder salir al mundo y relacionarnos con él de un modo más sereno y consciente. Y eso puede solventar la mayor parte del sufrimiento humano.
T. S. Elliot lo expresaba de esta manera: «No dejaremos de explorar, y el fin de nuestra exploración será volver al lugar del que partimos, y conocer por primera vez ese sitio». Ese lugar somos nosotros. Nuestro propio interior.
PRÁCTICA
Conoce tu espacio interior
Toma conciencia de dónde estás. Observa los objetos que te rodean. Contempla los detalles de todo cuanto hay a tu alrededor. Fíjate en la sensación del libro entre tus manos. Nota su tacto, su textura, su temperatura y su olor. Ahora, poco a poco, ve tomando conciencia de ti. Nota el tacto de tu ropa. Fíjate en tu piel. Observa si tienes frío o calor. Presta atención al peso de tu cuerpo sobre la superficie en la que te estés apoyando. Observa tu respiración. El ir y venir del aire. Observa cómo se infla y se desinfla tu pecho. Nota cómo se mueve también tu abdomen. Y ahora observa las sensaciones internas de tu cuerpo. Presta atención a lo que sientes dentro de ti. Conecta con tu sensación de presencia. Con la vida que inunda tu cuerpo. Vuelve a ti. Observa lo que sucede cuando llevas toda tu atención al interior y permaneces presente aquí y ahora. Nota cómo eso te conecta, poco a poco, con una sensación de presencia y de paz.
¿Por qué sucede esto? Porque te estás desligando del incansable flujo mental de pensamientos automáticos de tu mente, y porque estás llevando tu atención al interior en lugar de obcecarte y de pelear con el exterior.
Cuando respiras conscientemente y conectas con tu sensación de presencia sin engancharte al flujo de pensamientos de tu mente, dejas de alimentar tu perturbación y accedes a la serenidad que hay dentro de ti. Eso lo puedes hacer en este instante, cuando estés paseando, conduciendo, charlando o en el trabajo. Da igual. La paz está siempre al alcance de tu mano.
¿Puedes respirar y sentir tu presencia en este instante? ¿Puedes sentir la vida que hay dentro de ti? ¿Puedes vivir plenamente aquí, en conexión con el ahora? ¿De qué te sirve ir a un momento futuro en el que cambie el escenario si tu manera de vivir el presente sigue siendo igual de disfuncional? ¿Por qué ir al mundo externo para encontrar nuestra paz interior? ¿Por qué no probar a encontrar primero la paz en nosotros y, desde ahí, salir al mundo? Ningún sitio al que llegues en el futuro va a poder darte la satisfacción que no encuentres en ti.
Sentir paz es un viaje hacia dentro, no hacia delante.
Suceda lo que suceda fuera, siempre puedes recordar que existe dentro de ti un espacio de paz y recurrir a él. Basta con respirar conscientemente, conectar con nuestra sensación de presencia y volver al ahora sin ser dominados por el ajetreado oleaje de nuestra mente.
El mero hecho de ser consciente de que tu paz está en tu interior —y de que si tú no impides que brote, brotará— te hará dejar de ver el mundo externo como una amenaza. Y cuanta más conciencia tomes de ello, más sencillo te resultará no perturbarte. Sabes que tu paz está dentro, no fuera, así que lo de fuera deja de ser tan amenazante porque cada vez te controla en menor medida.
Así vamos sanando nuestro malestar interior, porque dejamos de taparlo con estímulos externos y comenzamos a comprenderlo y a atravesarlo. Al ir sanando y atravesando nuestro malestar, salimos al mundo para gozar de la vida, no para parchear nuestro dolor.
PRÁCTICA
Observa el instante sin las interferencias de tu mente
Observa este instante. Observa lo que te rodea. No recurras a tus juicios y evaluaciones para vivir este momento. Respira y mira lo que es, no lo que tú piensas que es. Los seres humanos somos capaces de vivir toda una vida encerrados en lo que pensamos acerca de la vida. Este instante no está pidiendo que lo pienses, lo interpretes o lo evalúes. Está pidiendo que lo vivas. Mantente presente. Atiende a las sensaciones de tu cuerpo y vive lo que está sucediendo en este instante sin dejarte atrapar por el parloteo de tu mente. Ese parloteo mental es la verdadera fuente de malestar e insatisfacción. Todo momento presente vivido desde la presencia y la aceptación puede ser vivido con serenidad y armonía. Observa el poder que tienes sobre tu interior. Observa lo que sucede cuando le quitas a tu charla mental el control de tu mundo interno. Respira. El instante presente nunca es tu enemigo. Lo que sientes no procede de la forma que adopta el ahora, sino de lo que tú haces con ello en tu interior. Observa lo que pasa cuando vuelves al ahora sin dejarte arrastrar por el flujo de pensamientos automáticos de tu mente. Respira más profundo y con serenidad. Mira lo que pasa cuando en lugar de juzgar y condenar el momento presente, haces las paces con él y lo experimentas tal y como es. Mira la paz que brota de ti cuando vuelves al ahora sin las interferencias de tu mente. Al abandonar la agitación de la mente, reconectas con la serenidad del interior.
Con esta práctica puedes comprobar que cuando observamos sin evaluar, juzgar o etiquetar, dejamos de fabricar perturbación en nuestro interior. Conectamos con la paz y la armonía porque nos liberamos del ruido de la mente. Es sencillo, pero inmensamente liberador. La paz no te la da el instante en el que estás, sino tu manera de relacionarte con este. Cuando vives el instante presente sin las interferencias de tu mente, el malestar emocional se disuelve.
Encontrar paz dentro no nos lleva a descuidar lo de fuera
Cabe destacar que este encuentro de paz y serenidad en nuestro interior no nos lleva a descuidar el mundo externo. No nos lleva a convertirnos en seres fríos o indiferentes. Al contrario. La paz nos lleva a disfrutar mucho más de lo externo, porque reducimos el sufrimiento de nuestro interior. Sabemos que tenemos dentro nuestra paz, y que todo lo externo que se nos proporcione es un regalo añadido. Algo que podemos valorar, saborear y disfrutar tanto como deseemos.
Esto no nos lleva a descuidar el mundo externo, sino a relacionarnos con este de un modo más consciente, generando mejores resultados por dentro, que normalmente se traducen en mejores resultados por fuera —en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestro tiempo libre, etc.
Como dice el proverbio: «Cuando tú cambias, todo cambia». Primero, porque cambia nuestra manera de percibir e interpretar la realidad, y eso nos lleva a cosechar mejores resultados desde el punto de vista emocional. A eso se refería Marcel Proust cuando afirmaba que «el único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos». Y segundo, porque al pasar por este proceso de cambio y transformación interior, cambia nuestra manera de relacionarnos con lo de fuera y, con ello, cambian los resultados que obtenemos ya no solo en lo interno, sino también en lo externo. Los hindúes lo expresaban de esta bella manera: «Nada ha cambiado. Solo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado».
EN ESTE CAPÍTULO HEMOS VISTO...
• Para acceder a la paz interior podemos llevar la atención hacia dentro y conectar con nuestra sensación de presencia, atendiendo a las sensaciones internas de nuestro cuerpo, a la vida que hay dentro de nosotros.
• También podemos acceder a la paz observando lo de fuera sin evaluar, juzgar o etiquetar. Sencillamente observando y estando presentes.
• El malestar emocional se disuelve cuando dejas de alimentarlo con tus pensamientos. Es decir, cuando vives este instante sin las interferencias de tu mente.
• Encontrar paz por dentro no nos lleva a descuidar lo de fuera, sino a disfrutar más de ello.
Nadie encuentra fuera la paz que no tiene dentro. Tu malestar no desaparecerá simplemente cuando la vida te trate mejor. Ningún estímulo, ningún objeto, persona o situación puede eliminar por completo tu sufrimiento. Aunque el escenario que te rodea cambie, seguirás cosechando perturbación en tu interior si tu manera de relacionarte con el exterior está marcada por la guerra y el conflicto.
Puedes introducir cambios en tu vida —y como veremos más adelante, si modificas tu forma de relacionarte con la realidad, esos cambios llegarán—, pero no servirá de nada si no encuentras paz y sosiego en tu interior. Nuestra serenidad nunca será verdaderamente nuestra si esperamos que sean nuestras circunstancias las que nos la proporcionen.
Si un mismo acontecimiento hace que unas personas se perturben y otras no, la perturbación ha de estar en la persona, y no en el acontecimiento.
¿Has notado que antes te perturbabas por cosas por las que ahora no sufres? Quizá antes te molestara mucho que alguien no te escuchara, pero ahora no te alteras tanto. O quizá antes sufrieras cuando algo no te salía perfecto, pero ahora no le das tanta importancia. Esto sucede porque tu relación con esos hechos ha cambiado. Es decir, tu sufrimiento no estaba en los hechos, sino en tu manera de vivirlos.
Así, el primer paso es siempre atrevernos a mirar dentro de nosotros mismos. Deja de buscar fuera: el problema y la solución están dentro de ti. Más que nada porque tu bienestar y tu malestar no dependen de lo de fuera, sino de cómo tú te relacionas con ello. Lo que experimentamos en nuestro interior no es consecuencia directa de lo que nos pasa, sino de cómo interpretamos y nos relacionamos con lo que nos pasa. Por eso distintos seres humanos cosechan diferentes resultados emocionales ante las mismas circunstancias.
Nuestra relación con lo que sucede
Son las 15.00. Hora punta en la carretera. Multitud de personas salen del trabajo y se dirigen a casa. Se forma un gran atasco y solo se escuchan pitidos mezclados con el ruido de los motores. Un gran porcentaje de los conductores grita, gesticula y pone muecas de enfado e indignación. Están dominados por la ira, el estrés, el odio y el resentimiento. Sin embargo, otros conductores afrontan la situación con serenidad. Escuchan música, respiran y aprovechan el tiempo para tomarse el descanso que llevan toda la mañana deseando. Aunque les gustaría llegar a casa pronto y preferirían que ese atasco no se hubiera producido, en su interior hay paz y claridad.
¿Cómo es posible que distintas personas generen diferentes resultados emocionales al enfrentarse al mismo acontecimiento? Observar este fenómeno psicológico nos ayuda a ver que el resultado emocional que cosechamos en nuestro interior no es consecuencia directa de lo que nos sucede, sino de lo que nosotros hacemos con ello.
Dicho de otro modo: nuestro estado de ánimo no lo determinan las circunstancias externas, sino la manera en que nos relacionamos con estas. En el ejemplo del atasco de tráfico, las circunstancias son las mismas para todos los conductores, pero cada uno genera sus propios resultados en el plano emocional.
Ni nuestro jefe, ni la manera de ser de los demás, ni las contrariedades, ni los atascos de tráfico tienen tanto poder sobre nuestro interior como hemos aprendido a pensar. El mundo externo no nos hace sentir bien o mal. Nosotros nos sentimos bien o mal por cómo nos relacionamos con el mundo.

Figura 1. Lo que sientes no procede de lo que te pasa, sino de cómo te relacionas con lo que te pasa.
La paz y el bienestar siempre están en uno mismo. No están en lo que nos sucede. Somos nosotros quienes perdemos nuestra paz y nuestro bienestar por cómo reaccionamos frente a lo que nos sucede.
No es lo de fuera lo que nos pone de los nervios. Somos nosotros quienes nos ponemos de los nervios por lo de fuera. Lo de fuera no nos ofende ni nos entristece. Somos nosotros quienes nos ofendemos o nos entristecemos por lo de fuera. Lo de fuera no nos perturba. Nosotros nos perturbamos por cómo nos relacionamos con lo de fuera. Por eso unas personas se ofenden, se perturban o se entristecen por unas cosas, y otras personas lo hacen por otras.
El ego humano se resiste mucho a asumir la responsabilidad de sus emociones, porque eso requiere un acto de humildad. Requiere que abandonemos el victimismo —el eterno enemigo de la salud emocional— y nos hagamos cargo de nuestro bienestar interior.
No sufrimos por los estímulos externos —una crítica, un rechazo, un atasco, etc.— sino por la manera en que reaccionamos ante ellos. Por eso, el cambio que verdaderamente necesitamos no está fuera, sino dentro de nosotros mismos.
El estímulo está fuera, pero la alteración está dentro.
Al abrirnos a esta comprensión estamos mucho más cerca de dejar de ser una consecuencia de lo que nos sucede y comenzamos a ser la causa de nuestro bienestar. Es así como un ser humano comienza a conquistar una plena y absoluta libertad interior.
Por supuesto, no pasa nada si te sientes mal o si sufres por algo. Lo último es siempre culparse a uno mismo. No hay nada menos sabio que machacarnos por sentirnos mal. Lo que sientes en cada momento es perfecto. Acoge siempre lo que sientes con cariño, como hemos visto en las prácticas anteriores.
El viaje interior no nos lleva a rechazar lo que sentimos, ni a rechazarnos a nosotros por sentir lo que estemos sintiendo, sino a ver que tenemos un inmenso poder sobre los resultados emocionales que cosechamos. Estamos viendo cómo gestionar mejor nuestro interior, pero no podemos partir del autorrechazo. Acepta lo que sientes en cada momento, y mejora tu relación contigo y con el mundo desde ahí.
Más adelante profundizaremos en todo esto, porque es un paso fundamental en el camino de la liberación emocional y de la comprensión de quiénes somos y cómo funcionamos. Por ahora deja que esta nueva información vaya asentándose dentro de ti.
El mundo no tiene tanto poder sobre ti
Decíamos que el primer paso es atrevernos a mirar dentro de nosotros mismos. Pues bien, el segundo paso es asumir la responsabilidad de nuestras emociones, las cuales fabricamos en función de cómo interpretamos y nos relacionamos con la realidad. De no ser así, no tendríamos ningún tipo de poder sobre nuestro bienestar emocional.
Sin duda, uno de los cambios que nos llevan a construir una existencia satisfactoria es gestionar mejor nuestros pensamientos y emociones. La verdadera pregunta es: ¿estamos preparados para asomarnos a los abismos de nuestro interior? ¿Estamos preparados para encontrarnos cara a cara con todos los mecanismos a través de los cuales generamos nuestra perturbación emocional? ¿Estamos listos para abrirnos a nuevas maneras de comprender y de relacionarnos con la realidad?
Sin duda, nuestro interior está orquestado por miles de creencias, miedos, heridas, limitaciones y patrones automatizados que nos dominan sin que nosotros seamos conscientes de ello. A lo largo de este libro vamos a hacer una radiografía de todos los mecanismos a través de los cuales los seres humanos fabricamos nuestro propio sufrimiento, y veremos cómo derribarlos. El hecho de comprenderlos y hacerlos conscientes te permitirá gestionarlos y dejar de caer en sus redes.
«Hasta que no hagas consciente lo inconsciente, tu subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino.»
CARL GUSTAV JUNG
Conocerse a uno mismo es un viaje apasionante. Y aunque está lleno de misterio e incertidumbre, nos lleva a reencontrarnos con quienes verdaderamente somos: seres llenos de potencialidades, con la capacidad de disfrutar de la vida y de vivir en paz con la realidad en este el instante presente.
Este viaje nos lleva a comprender nuestro interior para sanarlo. Al aumentar nuestro grado de comprensión y consciencia, vamos dejando de generar resultados emocionales relacionados con el sufrimiento y la insatisfacción.
Por este motivo el viaje más importante de nuestra vida no es aquel en el que nos movemos por el mundo externo, sino aquel en el que exploramos nuestro propio mundo interior.
¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? ¿Cuál es nuestro verdadero propósito en la vida? ¿Cómo hemos desarrollado nuestra manera de ser? ¿Cómo estamos generando nuestro propio sufrimiento? ¿Cómo funcionan nuestros pensamientos y nuestras emociones? ¿Cómo gestionarlos? Vamos a seguir dando respuesta a estas apasionantes preguntas. Porque lo que realmente necesitamos no es seguir buscando fuera, sino mirarnos más por dentro.
El sufrimiento es un despertador
Una de las causas del sufrimiento humano es precisamente la mala relación que tenemos con nuestro sufrimiento. ¿Qué hace normalmente un ser humano cuando sufre? Se pelea con su sufrimiento. ¿Y qué obtiene con ello? Más sufrimiento. Así, si queremos generar mejores resultados desde el punto de vista emocional, más nos vale hacer las paces con nuestro sufrimiento, dejar de pelearnos con él y tratar de comprenderlo.
Trascender el sufrimiento requiere que nos relacionemos de un modo diferente con este. En primer lugar, hemos de dejar de luchar contra el sufrimiento —al fin y al cabo, solo es una sensación desagradable—. Al aceptarlo y acogerlo, inyectamos paz y serenidad en nuestro interior, por lo que nuestro nivel de sufrimiento desciende. Es paradójico: cuanto más aceptamos nuestro sufrimiento, más se reduce. Así que respira. Da la bienvenida a lo que sientes. No rechaces tus sensaciones. Deja que surjan. Abrázalas y respira profundo. Tu lucha interior se apacigua cuando dejas de avivarla.
En segundo lugar, hemos de cambiar la concepción que tenemos del sufrimiento. Si luchamos tanto contra él es porque lo vemos como un enemigo. Como algo que no debería suceder en nuestro interior. Solo cuando dejamos de concebirlo como un oponente podemos ver que cumple una función muy específica. De hecho, en realidad es nuestro aliado.
La función del sufrimiento es hacernos despertar y ver que existen otras formas —más pacíficas y saludables— de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestras circunstancias.
El sufrimiento que experimentamos no es señal de que haya algo defectuoso en nuestro interior. Es la manera que tiene nuestro organismo de pedirnos que cambiemos el modo en que nos estamos relacionando con nosotros mismos, con los demás o con nuestras circunstancias.
¿Qué ocurre cuando hacemos los cambios necesarios para dejar de cosechar sufrimiento? Que el sufrimiento ya no tiene nada más que decirnos y se va, dejando un rastro de paz tras de sí.
Una llamada a la transformación
El sufrimiento es una llamada a la transformación. Es la manera en que nuestro organismo nos pide un cambio. Cuando hacemos los cambios que el sufrimiento nos demanda, ya no tiene nada más que hacer y desaparece. Esa era su función, y cuando la ha cumplido, sencillamente se marcha. Al mirar nuestro sufrimiento desde esta perspectiva nos resulta mucho más sencillo conquistar la libertad emocional que tanto anhelamos.
El sufrimiento quiere que dejes de hacer aquello que estás haciendo para hacerte daño.
¿Qué pasaría si pellizcaras alguna parte de tu cuerpo? Que te dolería. Ese dolor es la manera que tu organismo tiene de decirte que algo no marcha bien para que atiendas esa parte de ti. ¿Qué sucede cuando dejas de pellizcarte? Que el dolor desaparece. Pues bien, el sufrimiento emocional actúa del mismo modo: quiere que dejes de hacer aquello que estás haciendo y que te causa un daño emocional.
En síntesis, el sufrimiento es lo que nos lleva a despertar, a dejar de hacernos daño a nosotros mismos y a convivir en paz con la realidad.
Ejemplos para comprenderlo
Supongamos que sufres por tu estatura. ¿Cuándo desaparecerá tu sufrimiento? Cuando dejes de rechazarte por no ser «lo suficientemente alto». ¿Y si sufres por no tener pareja? Desaparecerá cuando dejes de creer que no puedes ser feliz sin tenerla. Por conectar esto con lo que decíamos en el primer capítulo acerca del diálogo interior, observa que en esos casos te habrías creído los pensamientos «necesito ser más alto para ser feliz» y «necesito una pareja para ser feliz».
La causa de tu sufrimiento no está en ser más o menos alto, o en tener o no tener pareja. La causa está en tu manera de vivirlo. En cómo tú te relacionas con el hecho de tener la estatura que tienes, o con el hecho de no tener pareja. ¿Cómo lo sabes? Porque es lo que has de cambiar para cosechar mejores resultados en el ámbito emocional.
Pase lo que pase, conviene recordar que dentro de nosotros existe un espacio de paz que no depende del mundo externo. No depende de nuestra estatura, de tener pareja, de la opinión que los demás tengan de nosotros o de nuestro estatus laboral.
Cuando dejamos de creer que para sentirnos bien necesitamos ser más altos, tener pareja, caer bien a todos o alcanzar un mayor estatus laboral, el sufrimiento se va. Esto es aplicable a cualquier otra cosa: gozar de mayor reconocimiento, tener más éxito, poseer una casa más bonita, etc.
Solo cuando nos liberamos de esas falsas necesidades y dejamos de intentar parchear nuestro dolor con lo de fuera, podemos mirar hacia dentro y conectar con nuestra sensación de paz, presencia y bienestar. Para sentir paz y armonía solo necesitamos este instante.
A continuación, vamos a enumerar más concretamente aquellos mecanismos a través de los cuales generamos nuestra perturbación emocional. Es decir, aquellos mecanismos que nuestro sufrimiento nos pide que cambiemos.
¿Cómo aprendemos a sufrir?
Como veremos más adelante, a lo largo de nuestra vida los seres humanos recorremos un viaje a través del cual vamos alejándonos de lo que verdaderamente somos, de nuestra verdadera esencia. En este viaje vamos almacenando los mecanismos con los que comenzamos a fabricar perturbación en nuestro interior.
Y, como ves, lo único que necesitamos para poner orden en nuestro universo emocional, tener una vida plena y reconquistar nuestra felicidad es desprendernos de todos los mecanismos psicológicos nocivos que algún día incluimos en nuestro funcionamiento y a causa de los cuales aún seguimos perturbándonos en la actualidad.
Estos mecanismos son principalmente los siguientes:
• Vivir dominados por el flujo de nuestros pensamientos automáticos.
• La manera tóxica en que percibimos e interpretamos la realidad, y que hemos ido desarrollando de forma inconsciente.
• Las creencias erróneas y limitantes que hemos absorbido.
• El modo en que hemos aprendido a relacionarnos con nosotros mismos y con todo cuanto nos rodea.
• La falsa identidad que hemos aprendido a adoptar, desconectando de nuestra verdadera esencia.
• Las prioridades que hemos aprendido a mantener en función de nuestro condicionamiento, estableciendo un proyecto de vida insatisfactorio y sin sentido.
• Las pautas de comportamiento que hemos interiorizado y las reacciones automáticas con las que hemos aprendido a funcionar.
• Los miedos e inseguridades que hemos desarrollado.
• No soltar el pasado y vivir persiguiendo el futuro.
• Nuestra forma torpe y disfuncional de relacionarnos con el instante presente.
• El apego con el que nos relacionamos con todo cuanto nos rodea.
• Vivir desconectados del amor propio.
• Vivir dominados por el estrés, la ansiedad, la culpa o las expectativas.
• Dejarnos dominar por nuestras «sombras» o «lado oscuro».
• Vivir en lucha con la realidad externa y con las emociones que sentimos en nuestro interior.
Esos mecanismos son el «mármol sobrante» del que hablábamos al principio del libro. Son los residuos que enturbian el agua de nuestra paz interior. Son los mecanismos a través de los cuales generamos nuestro sufrimiento. A lo largo del libro los iremos examinando y derribando. Verás que están todos relacionados y que forman parte de la misma dinámica.
Cuando nos liberamos de todos los patrones que nos provocan perturbaciones, accedemos a la inagotable fuente de paz que llevamos dentro
Al igual que no puedes conducir un coche si no sabes cómo funciona, tampoco podrás conducir tu propia vida si no sabes cómo funcionas tú. Así que en la siguiente parte del libro vamos a adentrarnos en una de las facetas más fascinantes del autoconocimiento: cómo funcionan nuestros pensamientos, que a su vez determinan cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con todo cuanto nos rodea.
EN ESTE CAPÍTULO HEMOS VISTO...
• Lo que experimentamos en nuestro interior no es consecuencia directa de lo que nos pasa, sino de cómo interpretamos y nos relacionamos con lo que nos pasa.
• No hemos de rechazarnos o machacarnos por sentir lo que estemos sintiendo, sea lo que sea.
• Existen determinados mecanismos concretos a través de los cuales los seres humanos generamos nuestro sufrimiento.
• El sufrimiento es un despertador que nos pide que cambiemos algo en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás o con nuestras circunstancias. Nos pide que dejemos de caer en nuestros viejos patrones.
• Cuando hacemos esos cambios, el sufrimiento se va, dejando un rastro de paz.