Introducción

HACIA UNA MENTALIDAD DE ÉXITO

Pienso que todo es posible siempre y cuando pongas tu mente en ello y trabajes para ello. Pienso que tu mente lo controla todo.

MICHAEL PHELPS

Michael Phelps ganó su décima medalla de oro en los Juegos Olímpico­s de Pekín nadando a ciegas. En la última vuelta, sus gafas se habían llenado completamente de agua y había perdido la visibilidad en la piscina. Sin embargo, supo mantener la calma en un momento de tanta tensión. Era una situación que le resultaba familiar, la había visualizado cientos de veces y sabía perfectamente cómo actuar. Calculó el número de brazadas que necesitaría para llegar al final de la piscina y, hacia la mitad, incrementó la velocidad, ya que desconocía si se encontraba por delante o por detrás del resto de los nadadores. Contó diecinueve, veinte y, finalmente, veintiuna brazadas. Cuando tocó la pared y se quitó las gafas, pudo comprobar que, además de haber ganado otra medalla de oro para su impresionante palmarés, había logrado un récord mundial. ¿Qué le permitió situarse en una energía ganadora y no abandonarla hasta el final?

Tal y como recoge Charles Duhigg en El poder de los hábitos,[1] aquel día Michael Phelps se levantó como cada mañana a las 6.30, desayunó huevos, avena y cuatro batidos energéticos y puso en práctica su ritual de hábitos. Dos horas antes de la carrera, comenzó con sus estiramientos y, una vez terminados, se metió en la piscina para realizar su primer calentamiento. En total, dedicaba cuarenta y cinco minutos a este primer entrenamiento. A las 9.15, «salió de la piscina y empezó a ceñirse el traje LZR Racer, un bañador de cuerpo completo tan ajustado que tardaba veinte minutos en ponérselo». A continuación, empezó a reproducir la lista de música que escuchaba antes de cada carrera. Había dispuesto tanto el cuerpo como la mente para afrontar el reto que tenía por delante. Su nivel de energía se situaba donde lo necesitaba.

Cuando llegó el momento de la carrera, Phelps estaba preparado para afrontar los obstáculos que se pudieran presentar. No importaba lo que ocurriese aquel día, él ya había condicionado la mente para interpretar cualquier situación como manejable. Repetía siempre la misma rutina y eso lo ayudaba a establecer la mentalidad adecuada para alcanzar el éxito.

Podemos pensar que los rituales están reservados únicamente para seres humanos con capacidades excepcionales, como Michael Phelps, pero la realidad es que este tipo de rutinas se encuentran al alcance de todas las personas.

Laura es médico y alumna de mi programa formativo Hábitos Esenciales. En una de nuestras primeras sesiones, compartió conmigo cuál era su principal problema: después de las guardias en el hospital se sentía muy cansada, pero al llegar a casa no conseguía relajarse del todo. Como consecuencia, al no haber descansado adecuadamente en los días sucesivos, sentía que el tiempo se le escapaba sin remedio entre una guardia y la siguiente.

Dentro del programa, lo que hicimos fue diseñar dos tipos de rituales: uno de relajación y otro energizante. De esta manera, al llegar a casa tras una guardia, Laura iniciaría su ritual de relajación con el objetivo de descansar. Cuando se despertara, sin importar qué hora fuera, realizaría su ritual energizante paso a paso. Hacer estos rituales le permitiría condicionar su mente al estado que necesitara en cada momento.

Esta misma recomendación la han seguido otras alumnas mías que también trabajaban por turnos y sentían que su vida carecía de orden, ya que se acostaban y levantaban a distintas horas. Sin embargo, los rituales energizantes y relajantes les permiten mantener su descanso adaptándose a los horarios que deban cumplir cada semana.

Los rituales son rutinas compuestas por una serie de hábitos que tienen un objetivo concreto. Por ejemplo, mantener la calma en momentos difíciles, cargarnos de energía o relajarnos cuando lo necesitamos. Lo que diferencia un ritual matinal de una rutina matinal, por tanto, es la intencionalidad. Cuando ponemos en práctica un ritual, lo hacemos con el propósito de condicionar nuestra mente para situarnos en el estado de ánimo que necesitamos. Los hábitos que forman parte de estos rituales los elegimos previamente, teniendo en cuenta sus efectos sobre nuestro cuerpo y mente.

Podemos decidir qué alimentos tomar, como Michael Phelps antes de una carrera, o qué actividades incorporar, como hacer ejercicio o meditar. A continuación, deberemos contar con un período de adaptación en el que pondremos a prueba tales hábitos para, de esta forma, perfeccionar nuestro ritual y conseguir los efectos deseados. Una vez diseñado, deberemos repetirlo con frecuencia —a diario en muchos casos— para fijarlo en nuestra mente y prepararla ante cualquier situación que se nos presente.

Decidí escribir este libro tras comprobar el gran éxito que tenían en YouTube los vídeos sobre hábitos, y específicamente sobre rutinas matinales. De hecho, en mi canal, los dos vídeos más vistos en el momento de escribir estas líneas continúan siendo Los 22 hábitos que cambiaron mi vida y mis rutinas diarias[2] y Cómo levantarse temprano y tener más energía: RUTINA MATINAL.[3] El crecimiento de ambos contenidos y la proliferación de nuevos vídeos sobre estos temas me hizo preguntarme por qué son tan efectivas este tipo de rutinas, cómo nos afectan los hábitos y cuál es el motivo de que nos resulten tan atractivos. De modo que, como buena periodista, decidí encontrar la respuesta a estas preguntas y me puse a investigar, a leer libros de otros autores y a analizar estudios científicos que arrojasen luz sobre la importancia de las rutinas en nuestro día a día. Y no solo eso: también lo llevé a la práctica en mi propia vida.

Llevaba muchos años cambiando mis hábitos cotidianos para incorporar aquellos que me ayudaran a sentirme mejor, a ser más productiva y a reducir mi ansiedad mientras emprendía mi negocio. Todo cuanto iba aprendiendo lo compartía en mi canal de YouTube, y durante este proceso decidí crear mi ritual matinal de levantarme a las cinco de la mañana y dedicarme a mí misma estas primeras horas del día. Al fin y al cabo, es lo que hacen mujeres de éxito a las que admiro, como Michelle Obama o la empresaria Amy Landino. Nunca encontraba tiempo para hacer ejercicio o seguir formándome, así que pensé que si lo hacía nada más levantarme, no habría excusa que pudiera alejarme de mis hábitos. De este modo, comencé a dar forma al que fue mi primer ritual energizante y pude experimentar por mí misma sus efectos. A pesar de levantarme tan temprano, llegaba al final del día con gran vitalidad, mi concentración había aumentado y, con ello, también mi eficiencia. Era capaz de mucho más, y al mismo tiempo estaba logrando mantenerme fiel a mis hábitos. ¡Por fin tenía tiempo de hacer ejercicio y estudiar para crecer personal y profesionalmente!

Al compartirlo en mi canal y comprobar lo útil que resultaba para mis suscriptores, me propuse seguir indagando en el mundo de los hábitos y pronto se convirtió en mi principal ocupación junto con la productividad. Trabajando con mis clientas, a las que asesoraba sobre sus negocios en un programa de mentoría semestral, me di cuenta de que la clave para tener más vida era, precisamente, disponer de más tiempo y mayor energía (y a eso nos ayudan la productividad y los hábitos). Y decidí lanzar un programa de acompañamiento específico sobre hábitos, al que llamé Hábitos Esenciales y con el que he ayudado a otras personas a incorporar nuevas rutinas que les permitan llevar la vida que desean independientemente de sus circunstancias: tanto si son emprendedoras como si trabajan por cuenta ajena, si tienen hijos o no, etcétera.

Este libro sobre Rituales de hábitos nace tras años de investigación, experimentación y puesta en práctica, con resultados que he podido apreciar tanto en mi vida como en el día a día de mis alumnas, y cuyas experiencias iré compartiendo contigo a lo largo de las siguientes páginas.

Antes de que entremos en materia, es importante que tengas en cuenta algo. Cuando hablamos de situar nuestra energía donde la necesitamos, no nos referimos únicamente a llenarnos de dinamismo, estar a tope y sentirnos capaces de todo. A veces, necesitaremos una energía de relajación; otras, será una gran vitalidad; y, en más de una ocasión, buscaremos aumentar nuestra concentración para ser personas más productivas.

Como hemos visto, los rituales de hábitos nos permiten enfocar nuestra mentalidad hacia el éxito, bien sea para ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, bien para tener la energía suficiente que nos permitirá afrontar el día. Sea cual sea nuestra meta, alcanzarla es un éxito que debemos celebrar.

Existen tantos rituales como personas en el mundo. Cada una de estas series de hábitos es única y especial. A una persona le puede aportar energía hacer ejercicio, mientras que a otra puede relajarla en exceso si tiene que poner en práctica ese hábito por la mañana y marcharse después a trabajar. Los alimentos que le sientan bien a una persona pueden no ser beneficiosos para otra. Por eso debemos encontrar el ritual que mejor se adapte a nuestras necesidades. Del mismo modo, en función del estado mental que deseemos alcanzar, incorporaremos un tipo de hábitos u otro y los practicaremos de determinada manera. Regresando al ejemplo del ejercicio, no es lo mismo hacer yoga o pilates que realizar ejercicios con pesas para desarrollar nuestra fuerza. Lo mismo ocurre con la meditación, que podemos utilizarla para despertar nuestros sentidos o para relajarnos antes de dormir.

Por eso, es muy importante que aprendamos a diseñar nuestros rituales en función de los objetivos que queremos conseguir y la disposición mental que deseamos tener.

Es habitual que al iniciarnos con los rituales de hábitos sintamos que no sabemos por dónde empezar. ¿Qué hábitos incorporar? ¿Cuánto tiempo debemos dedicarles? ¿Cuál debe ser la duración total del ritual para que sea efectiva? Todas estas cuestiones las iremos resolviendo a lo largo de las siguientes páginas.

Además, descubriremos por qué en ocasiones sentimos que las emociones se apoderan de nuestra mente y nos paralizan en momentos en los que necesitamos actuar. Si Michael Phelps hubiese permitido que la emoción del miedo lo invadiese en aquella carrera del 13 de agosto de 2008, jamás habría logrado un récord mundial y tampoco una medalla. En este libro te enseñaré cómo podemos evitar que las emociones determinen nuestras acciones.

También compartiré contigo algunas ideas de rituales ya creados, con diferentes duraciones y objetivos, para que puedas empezar por estos e ir adaptándolos, día a día, a tus circunstancias.

Finalmente, conocerás los rituales de personas de éxito que han confiado en los hábitos para encarar los retos diarios de sus exigentes carreras y te presentaré los casos de mis alumnas de Hábitos Esenciales, para que descubras cómo personas con las mismas inquietudes que tú han logrado dominar sus emociones y adquirir la mentalidad necesaria para conseguir lo que se propongan.

Antes de continuar con el siguiente capítulo, en el que hablaremos de cómo tus emociones se apoderan de tus pensamientos y, con ellos, de tus acciones, hay algo importante que debes tener en cuenta.

De nada te servirá todo lo que leas en este libro si después no lo pones en práctica en tu propia vida. Por eso, quiero que afrontes esta lectura como un manual sobre el que trabajar: tienes mi permiso para subrayarlo, escribir notas en los márgenes y diseñar tu mapa mental con las ideas fundamentales que vayas adquiriendo. Así conseguirás integrar mejor todo el conocimiento que voy a compartir contigo y llevarlo a la acción en tu día a día.

Además, para que te resulte más sencillo, a lo largo de este libro encontrarás ejercicios y páginas de trabajo sobre las que podrás escribir. También puedes descargar estas hojas de trabajo gratuitamente desde mi página web:

www.ritualesdehabitos.com/ejercicios

Y ahora, prepárate para descubrir el poder de tus emociones y qué puedes hacer para evitar sentir que tienen el control sobre ti.