Para todos nosotros
inmersos en el dolor & en la sanación
que elegimos
seguir luchando
Nota de la traductora
En la poesía de Amanda Gorman juega un papel esencial la aliteración. La estructura gramatical, los tiempos verbales, la puntuación, las propias palabras son modificados y, con frecuencia, violentados al servicio de la secuencia silábica y el juego fonético. Gorman crea así una melodía con fuerte carácter oral que genera su propio significado. Al traducir su obra al español hemos conservado la aliteración y, cuando esto no ha sido posible, hemos primado el sentido. Ese difícil equilibrio busca transmitir tanto el espíritu del libro como su sonoridad.
La historia y la elegía son similares. La palabra historia proviene del antiguo verbo griego ίστωρειν, que significa «preguntar». Aquel que pregunta —sobre las dimensiones de las cosas, su peso, la ubicación, el talante, los nombres, el carácter sagrado, su olor— es un historiador. Pero el cuestionamiento no es banal. Solo cuando uno se pregunta acerca de un hecho, descubre que ha sobrevivido al mismo y que por tanto ha de cargar con ello, o convertirlo en algo que sea llevadero.
ANNE CARSON
MANIFIESTO NÁUTICO DE CARGA
Al parecer lo peor ha quedado atrás.
Aun así, seguimos agazapados al despuntar el día,
titubeantes como un ánima sin cabeza en nuestra propia casa,
esperando recordar qué hacer,
qué se supone que debemos hacer.
& ¿qué se supone exactamente que debemos hacer?
Dirigir una carta a este mundo del que soy hija.
Escribimos, pero las palabras se evaporan,
se diluyen como gotas de agua resbalando por el parabrisas.
El poeta juzga que todo lo vivido
se ha distorsionado en un sueño febril
cuya silueta va esbozando nuestra confusa mente.
Para ser consecuentes debemos rendir cuentas:
no con lo que se dijo, sino con lo que se quiso decir.
No con lo que hicimos, sino con lo que sentimos.
Lo que sabíamos aun sin ser nombrado.
Nuestro argumento será
nuestro testimonio.
Este libro es un mensaje en una botella.
Este libro es una carta.
Este libro no se rinde.
Es una alerta.
Es una estela.
Pues ¿qué es un manifiesto sino nuestra posición exacta?
¿Una cápsula capturada?
¿Un contenedor?
¿Una elocuente arca?
& el poeta, el custodio
de fantasmas & conquistas,
de demonios & sueños,
de tormentos & esperanzas.
He aquí la custodia de esa luz atroz.


ARBORESCENTE I
Somos
arborescencia:
lo que
no se ve
se halla en
la raíz de nuestro ser.
La distancia puede
distorsionar la conciencia
de quienes
somos,
dejándonos alterados
& consumidos,
como un gélido viento
invernal. No
olvidaremos
lo que hemos sufrido.
Lo conservaremos
por un tiempo,
en silencio,
nos columpiaremos en sus ramas,
como el niño
que se niega a volver
a casa.
Lo conservaremos,
lloraremos,
sabiendo que
renunciaríamos
de nuevo
a nuestro mundo
por este.
EN EL PRINCIPIO



FUGA
No nos malinterpreten.
Nos atormenta lo que ha pasado,
pero más aún lo que pasamos por alto,
sin agradecer ni entender
que cuanto teníamos era nuestro.
Otro vacío más
nos ahogaba:
la sencilla ofrenda de la despedida.
Con Adiós decimos al otro:
Gracias por ofrecerme tu vida,
cuando querríamos decir:
Pronto nos saludaremos de nuevo.
Esto es indiscutible:
la tos era una terrible tragedia;
la proximidad, un peligro en potencia.
Cartografiamos cada escalofrío, cada estornudo,
convencidos de que huíamos a la carrera
del virus que corría ya por nuestras venas.
Los días transcurridos, un sueño.
El año, un llanto
consternado & temeroso.
Tal vez sea ese el sentido,
respirar & expirar en esta carne.
Perdónanos,
pues hemos transitado antes
esta senda.
La historia parpadeaba ante nosotros
& más allá de nuestros ojos,
como una película
que atravesáramos con mirada atónita.
Hoy sumamos mil pasos en falso
a nuestro podómetro,
porque cada paso dado
nos ha exigido más de lo que teníamos.
En aquella condición eterna
permanecimos días como muertos vivientes,
temiendo la dolencia & el desastre.
Nuestros huesos marchitos se encogían
como un laurel en sequía, nuestras gargantas
desgastadas en tentativas frenéticas;
el pie vencido,
como un cervatillo famélico.
Nos aguardaban horrores,
erigíamos leviatanes antes de que existieran.
Imposible apartar la cabeza
de la estridente sima.
La ansiedad, ese cuerpo vivo
suspendido a nuestro lado como una sombra.
La última criatura,
la única bestia que nos ama
lo suficiente para quedarse.
Llevábamos ya miles
de muertes en un año.
Entregábamos a las noticias el corazón,
la cabeza & las vísceras,
nuestros cuerpos, rígidos & tensos preguntándose: ¿Y ahora qué?
Pero quién tendría el coraje de preguntar: ¿Y si...?
Qué esperanza podríamos
albergar como un secreto,
como una segunda sonrisa,
más íntima & más pura.
Lamento si somos más desconfiados;[1]
la COVID trató de extinguirnos.
Hoy, los apretones de manos & los abrazos son regalos
que nos asombra dar & recibir.
& así buscamos cualquier excusa:
un clic en el pulmón
que nos hermane a los extraños,
sentirnos como con aquellos a quienes amamos,
un solo organismo que se desplaza instintivamente,
igual que el destello de un banco de peces.
El amor por los otros
no está contaminado,
solo se ha transformado.
Con Hola queremos decir:
No nos despidamos de nuevo.
Siempre hay alguien por quien morir.
Palpar esa verdad irrefutable,
ese sacrificio natural & espontáneo,
es la cima del amor:
la cumbre que confronta el miedo.
Hemos perdido demasiado para darnos por perdidos.
Nos apoyamos de nuevo en el otro,
como el agua que se desangra en sí misma.
Esta cristalina hora detenida
estalla como la estrella que nos guía,
que es nuestra, ahora & siempre.
En qué más debemos creer.
CIERRAN LOS COLEGIOS
La noticia
nos golpeó como un mazazo:
todos los estudiantes debían abandonar
el campus lo antes posible.
Creemos que entonces lloramos,
la mente, un manto sin mácula.
Ya intentábamos olvidar
lo que viviríamos.
Lo que cederíamos.
* * *
Cuídate de los idus de marzo.
Sentimos que algo circulaba
desbocado, como un rumor
entre filas.
Los casos se extendían, más & más cercanos,
igual que una gota de tinta en una servilleta.
Nada más preocupante
que un titán que se cree
ajeno al mundo.
* * *
Día de graduación.
Sin toga.
Sin escenario.
Caminamos junto a nuestros antepasados,
sus tambores redoblan por nosotros,
sus pies danzan nuestra vida.
Poderoso aquel a quien roban
& sigue eligiendo el baile.
NO HAY MAYOR FORTALEZA QUE EL HOGAR
Hartos de estar en casa,
anhelábamos el hogar perdido.
La mascarilla en nuestro rostro
embozó también el año.
Cuando entrábamos en casa,
al borde de la asfixia,
nos la arrancábamos como una venda
que velaba
la gran oquedad de nuestra boca.
Aun sin rostro, una sonrisa enmascarada
puede escalar mejillas,
trepando por los huesos,
frunciendo nuestros ojos
delicadamente como papel de arroz,
ante otra belleza igual de frágil:
el melancólico gañido de un perro,
una ardilla aventurándose hacia nosotros,
el eco alegre de la broma de alguien amado.
La mascarilla no es velo, es ventana.
Qué somos sino lo que vemos en el otro.
LO QUE HICIMOS EN AQUEL TIEMPO
Esforzarnos por ganar músculo & ser ecologistas.
Entrenarnos.
Expresarnos.
Permanecer en casa.
Permanecer cuerdos.
Mantener nuestros hornos encendidos para hacer pan.
Nuestros teléfonos siempre iluminados con algún pretexto para festejar.
Conectábamos con nuestros seres queridos
a través de las barras diagonales de una web,
parecíamos zoom-bis,
los rostros atrapados en la prisión de ese prisma.
Un mezquino zoo(m), sí.
¿Qué podíamos hacer si no?
Solo hay un modo de no morir.
Será una bendición que nuestros hijos
nunca logren a saber
cómo llegamos hasta ahí.
Dadles este poema, si lo olvidan.
Si lo hacen, olvidadlo.
SOBREVIVIENDO
Estas palabras no necesitan ser rojas para que nuestra sangre las recorra.
Cuando la tragedia amenaza con aniquilarnos, nos arrastran los sentimientos;
nuestros rostros cambiantes, alterables como un terreno al paso de
las estaciones. Tal vez los años estén trazados & planificados
como semillas en un campo recién arado.
En el sueño nos movemos solo por instinto.
Es posible que no sepamos lo que somos,
& aun así hemos sobrellevado lo que fuimos.
Incluso ahora seguimos estremecidos,
porque toda revelación duele.
No tendría que ser así.
Es más, no tendría que ser.
Los desaparecidos no eran / ni son umbral,
ni escalón de entrada para nuestros pies.
Y aunque no murieron por nosotros,
seguimos caminando por ellos.
Solo aprenderemos cuando consintamos que la pérdida,
al igual que nosotros, cante una & otra vez.
LOS BAJÍOS
Estábamos tan necesitados de roce
& tan ávidos de luz
como una llama invertida
devorando calor hasta su origen.
La desesperación es voraz,
toma & toma & toma,
estómago insaciable.
No es una hipérbole.
Todo lo que es hermoso & bueno & honesto
no es exceso, no cuando su vacío
nos empuja a la larga linde de la lid.
Incluso cuando parecemos serenos,
la conciencia de lo perdido
nos arrastra como un fantasma.
Lo vivido
permanece indescifrable.
& sin embargo, seguimos avanzando
& aun así, escribimos,
& así, escribimos.
Mirad cómo nos deslizamos sobre la niebla
igual que una cumbre anochecida.
¿Nuestra carga será hiel?
¿O será miel?
Lamentaos.
Después, elegid.
& ASÍ
Qué fácil lamentarse,
más arduo confiar.
Esa verdad, de claridad meridiana,
es sentida o no se siente.
Lo memorable no fue hecho para ser fragmentado.
A pesar del terror que la aflige,
esta chica Negra aún sueña.
Sonreímos como un sol sin ocaso.
La pena, cuando desaparece, lo hace suavemente,
como el aliento
que retenemos sin darnos cuenta.
El mundo es redondo,
no hay modo de alejarse del otro,
porque incluso entonces
volveremos a juntarnos.
Cuanto más nos alejamos
más se acorta la distancia.
HERIDA
No es fácil herir.
El verdadero daño está estancado, suspendido.
:Inaudible:
Debemos cambiar
este final en todos los sentidos.
* * *
La enfermedad es muerte fisiológica,
la soledad, muerte social,
allí donde el antiguo nosotros se desploma como un pulmón.
* * *
Algunos días, solo necesitamos un lugar
en el que sangrar en paz.
La única palabra para esto es
poema.
* * *
No hay manera exacta de decir
cuánto nos hemos extrañado los unos a los otros.
La conmoción inunda el cuerpo,
es un dolor que traspasa los huesos.
Nos tornamos hacia un alma afín,
a través de la herida de nuestras vidas.
Tal vez ese dolor es como un nombre
que solo canta para ti.
* * *
Pedimos disculpas
con nuestras elocuentes manos:
seguimos estando heridos,
pero ya no dañamos
al otro.
No hay manera mansa de reparar.
Debemos destruirnos con cuidado.
EL BUEN DOLOR
La palabra trauma
no solo significa «herida», también «perforación» o «giro»,
como viaja la navaja para encontrar su hueco.
El dolor tiene su propia gramática,
establecida por lo íntimo & lo imaginario.
Cuántas veces decimos:
Nos abruma tanto dolor.
Es imposible imaginarlo.
Así, la angustia nos lleva a prever
lo que no nos creíamos capaces de soportar
incluso de sobrevivir.
Existe, por tanto,
un dolor bueno.
A través de ese dolor sabemos
que estamos vivos & conscientes;
él nos predispone para los exquisitos
& espantosos acontecimientos venideros.
Un giro nos impulsa hacia delante,
nos atraviesa de nuevo.
La gravedad no tiene por qué ser
una carga o una angustia.
Llamadla, por ejemplo, ancla,
un dolor que nos fija por agarre al fondo de su propio mar.
La desesperación nos abandona tal como nos invade,
a través de la boca.
Incluso ahora, esta certeza produce
una magia extraña en nuestro idioma.
Nos reconstruimos
con lo que
hacemos / encontramos / vemos / decimos / recordamos / sabemos.
Nuestra carga nos dice que hemos sobrevivido,
el lastre es lo que nos sobrevive.
Sobrevivimos a nosotros mismos.
Donde antaño estuvimos solos,
ahora nos acompaña esa sombra.
Donde fuimos cortantes & crueles como cuchillas,
ahora solo nos es posible imaginarlo.