Prólogo

Te doy la bienvenida al mundo de Berto Pena.

Vivimos en un momento de la historia en el que cambios exponenciales hasta ahora nunca vistos están transformándolo todo. Por primera vez, millones de personas de cualquier rincón del planeta saben que pueden diseñar y crear la vida que desean.

Este logro, sin embargo, plantea una terrible paradoja: la cruda realidad es que somos conscientes de que podemos diseñar la vida que queremos, pero ignoramos cómo hacerlo. Y esto nos provoca una gran frustración. Tenemos sueños, pero ¿cómo llevarlos a cabo? Deseamos otra vida, pero los días pasan sin que consigamos mejoras significativas.

Tener la intención de cambiar es necesario, pero no suficiente.

La buena noticia es que hoy en día podemos acceder a información crucial para llegar a ese lugar donde se producen cambios significativos y duraderos.

El salvoconducto para llegar a ese lugar se llama hábitos.

Recuerda bien esta palabra, porque es la clave: hábitos.

El día que entendí que lo importante no era lo inteligente que pudiera ser o el dinero o los contactos que pudiera tener, sino mi capacidad para establecer y consolidar buenos hábitos, lo cambió todo.

Me siento muy afortunado por haber comprendido que conseguir resultados no es un esprint sino un maratón. También por haber captado relativamente joven que lo único que hay que hacer es consolidar unos cuantos hábitos y esperar —con la confianza del que sabe que su deseo se cumplirá— el tiempo suficiente.

El estudio de los hábitos me fascina. En algunos vídeos que he subido a YouTube y en mi libro Misión emprender comparto los hábitos que pueden conducirte al éxito. Desde hace más de una década he acompañado miles de procesos de transformación personal y he comprobado que la clave de los resultados está en algo tan sencillo como mantener los hábitos adecuados el tiempo suficiente.

¿Sencillo? Sí.

¿Fácil? Quizá no tanto.

Cuando empecé el camino de diseñar y crear mi propia vida, me topé con un señor que hablaba de productividad. Su mensaje resonó dentro de mí desde el primer momento. Había verdad y sencillez en sus palabras. Asimilé su mensaje, sus ideas y sus hábitos sobre cómo ser más productivo, cómo empezar y terminar el día, o cómo gestionar el correo electrónico. Y esas ideas pronto se convirtieron en mí en hábitos.

El nombre de ese señor era Berto Pena.

Más adelante le pedí, y tras varios intentos terminó aceptando, que fuera profesor de Productividad y gestión del tiempo en masterdeemprendedores.com, y desde hace siete años, y tras el paso de casi dos mil alumnos, he podido comprobar que Berto Pena es un genio para conseguir que incorporemos hábitos que nos permitan ser más productivos y, por lo tanto, más felices. No me lo han contado; lo he visto con mis propios ojos.

Berto no solo es un ejemplo de lo que predica, sino que es capaz de convertir la productividad, la gestión del tiempo y la fijación de hábitos en algo posible para cualquiera.

Ha sido capaz de condensar en estas páginas la forma de incorporar a nuestra vida los hábitos adecuados. Este libro era necesario y por fin se ha escrito. Gracias, Berto, por allanar el camino de aquellos que se toman en serio su transformación personal.

Si tienes claro que puedes aspirar a una vida mejor, que la clave de una transformación duradera son los hábitos y que quieres aprender cómo incorporarlos, bienvenido y bienvenida al mundo de Berto Pena, un mundo donde conocemos el santo grial del éxito: la forma de definir e incorporar hábitos adecuados a nuestra vida.

SERGIO FERNÁNDEZ,

emprendedor, autor de siete libros

(entre ellos el best seller Vivir sin jefe),

director de masterdeemprendedores.com

y de MasterDeDesarrollopersonal.com

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Cómo aprovechar este libro

El libro que tienes en tus manos se puede leer de muchas maneras y, por supuesto, queda a tu elección cómo hacerlo. Pero mi labor no solo consiste en dar respuesta a lo que buscas, sino también en ayudarte a que lo encuentres antes y lo asimiles mejor. Por eso quería compartir contigo algunas recomendaciones que te permitirán sacar más provecho de todo el contenido.

Márcate un plan de lectura

La lectura de esta guía también puede verse como un nuevo hábito. Y un buen comienzo sería establecer un plan de lectura regular que te permitiera avanzar poco a poco. Consulta tu agenda (trabajo, familia, compromisos...) y busca uno o varios momentos para hacerlo. Si al principio no encuentras la ocasión, trata de identificar alguna actividad que puedas reducir o eliminar durante un tiempo. Estoy seguro de que lo que ganarás compensará ese ajuste provisional.

Ten cerca algo para tomar notas

A medida que vayas leyendo necesitarás anotar ideas, subrayar conceptos o hacer algún esquema sobre la marcha. Es importante que traduzcas mis ideas a tus propias palabras, situaciones que hayas vivido o casos en los que te veas reflejado. Tus apuntes te ayudarán durante la lectura, pero también dentro de un tiempo. Cuando necesites repasar y refrescar algún concepto, esas notas te servirán como guía rápida.

Repite algunas de las partes clave

Durante la lectura te encontrarás con capítulos o apartados que quizá te interese releer porque tengan un significado especial para ti o porque el contenido resulte clave en el cambio que buscas. No los releas enseguida; te recomiendo que busques otro momento, incluso al cabo de unos días. La relectura permite captar nuevos detalles, asimilar mejor el contenido y visualizar los ejemplos de otra manera. No solo te interesa descubrir ideas, sino adaptarlas a ti y aplicarlas mejor.

Evita la lectura rápida

La primera lección para desarrollar Hábitos es esta: correr equivale a hacerlo mal. Leer el libro rápido no hará que asimiles antes el método. Ve al ritmo que necesites o con el que te sientas más cómodo, pero te animo a que no pases páginas a la carrera. Si vas muy rápido, te perderás detalles, no podrás practicar ciertas actividades y tu aprendizaje se quedará a medias. Te lo digo porque, con este tipo de libros, a menudo la curiosidad y las ganas de mejorar pueden más que la paciencia y la práctica. Y los Hábitos exigen ambas capacidades.

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Empezamos

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Sé bienvenido
¡Empezamos!

¡Qué poco sabía yo de Hábitos cuando empecé a cambiarlos! Hace más de veinte años inicié mi transformación personal con unas ganas infinitas de cambiar. Me movían unos motivos sólidos y la posibilidad de conseguirlo me ilusionaba. Estaba en la línea de salida y tenía todo lo necesario para iniciar la marcha. Todo, excepto lo más importante: no sabía cómo cambiar.

Muy pronto aprendí que desarrollar ciertos Hábitos no se puede hacer de cualquier manera, que si se quiere ir más allá de un cambio puntual hay que tener las ideas claras y contar con un sistema, igual que tocar el piano no se limita a pulsar una serie de teclas. Y eso es lo que busco con este libro, transmitirte tanto las claves como el método práctico para adquirir y asentar Hábitos duraderos.

Unos inicios tímidos y accidentados

La idea de que puedes ser el arquitecto de tu vida gracias a los Hábitos es algo que descubrí cuando me propuse dar un giro a la mía. Cansado de vivir de forma desorganizada, improductiva y poco saludable, decidí que, si quería cambiar, debía empezar por los cimientos. Y no tardé en fijarme en mis Hábitos.

Los Hábitos me atraparon desde el primer momento. Todo lo que los rodeaba me fascinaba, y empecé a devorar la información relacionada que encontraba a mi paso. Compré libros, me suscribí a blogs y pódcast, y empecé a seguir a autores especializados en internet. Más allá de la gestión del tiempo (mi inicial área de interés), había Hábitos para conseguir una vida saludable, mejorar el bienestar personal, lograr una buena organización y el orden en casa, llevar una gestión de las finanzas inteligente y un largo etcétera. Había Hábitos para casi todo, y casi todos me servían. Detrás de aquello estaba la respuesta al cambio que estaba buscando.

El no saber cómo enfocarlo no detuvo mi entusiasmo inicial, así que me lancé a incorporar Hábitos. Unos cuantos. Y ahí cometí el primero de otros errores que vendrían después: introduje demasiados a la vez. En poco tiempo terminé por abandonar la mayoría de ellos y experimenté en primera persona el efecto gaseosa de los Hábitos pasajeros.

Tras varios intentos, unas cuantas caídas y frustrado por un cambio que no terminaba de cuajar, decidí parar y analizar qué y cómo lo estaba haciendo. Y aquello fue un punto de inflexión en el camino.

El análisis me llevó a dar con otro de mis errores. Me había puesto a copiar y pegar los Hábitos tal como los había descubierto, en lugar de ver cómo adaptarlos a mí (agenda y horarios, tipo de trabajo, necesidades personales). Comprendí que debía concretar más cada cambio, hacerlo más gradual y menos costoso, apoyarme en aquello que lo simplificaba o centrarme en eliminar mis tentaciones o lo que me distraía.

Eso me dio ánimos, un punto de partida y una nueva dirección. Así que volví a la casilla de salida, pero esta vez con un nuevo enfoque: lo que contaba no era querer cambiar o qué iba a cambiar, sino la manera de aplicar ese cambio. Antes de lanzarme a practicar Hábitos, primero tenía que ver cómo introducirlos.

El primero que adquirí con éxito fue el de empezar el día haciendo siempre la tarea más importante. Quería volcarme en las cosas que ofrecían mejores resultados, sacar más de mi hora más productiva y «empezar ganando» cada día. Y así ha sido desde hace más de veinte años.

A este hábito le siguió otro: lo último que haría cada día sería preparar el plan de tareas del siguiente. Durante los meses posteriores seguí sumando Hábitos de productividad y gestión del tiempo, pero empecé a extenderlos a otras áreas. Siempre de uno en uno y solo después de asegurarme de que el anterior estuviera bien asentado. Y es que mis primeras y sonadas caídas se habían encargado de que esas dos lecciones quedaran bien grabadas en mi mente.

Con cada nuevo hábito que adquiría, no paraba de aprender: cómo son y cómo funcionan, por qué unos se quedan y otros se van, por qué algunos se hacen tan cuesta arriba, qué trampas debía evitar, errores frecuentes (muchos de ellos reincidentes), cómo añadir nuevos cambios sin descuidar los anteriores, etc.

Con el tiempo y la práctica fui definiendo un método que combinaba mis experiencias con las ideas que había aprendido de otros. Y ese método, que me ayudó a convertirme en una persona completamente nueva, es el que quiero compartir contigo.

Cambiar no es algo que se enseñe

Desde hace más de quince años he podido acompañar a miles de personas que, como yo, buscan ese cambio con mayúsculas. En mi blog, pódcast, canal de YouTube, en los centenares de seminarios y charlas que he impartido o en las incontables sesiones de asesoría personal que he ofrecido, siempre me han planteado esta pregunta: «¿Cómo se puede cambiar?».

No es una pregunta cualquiera. Todo el mundo es capaz de cambiar, pero no todo el mundo sabe hacerlo. Nadie nos enseña a cambiar. Es un problema generalizado con el que me topé cuando me puse a renovar mis Hábitos. Y saber cambiar es algo cada vez más importante. En algún momento de nuestra vida, todos necesitamos introducir un cambio o incluso afrontar una reforma integral.

A veces la necesidad de cambiar viene impuesta por lo que nos rodea: inicio de nuevos proyectos, novedades en el trabajo o cambios en el entorno familiar. En otras ocasiones surge de un impulso interior: aprovechar más el tiempo, mantener el orden y la organización personal o llevar un estilo de vida más sano. En todos estos casos hay que hacer ajustes en las costumbres, introducir otras o prescindir de alguna rutina. Pero la pregunta sigue ahí: «¿Cómo se puede cambiar?».

Si estás aquí, quizá tú también busques la respuesta. Y es probable, además, que te encuentres en una de las siguientes situaciones, dado que son las más comunes entre los que buscamos un cambio a través de los Hábitos:

• Situación 1

Tienes en mente un hábito que quieres incorporar (o varios). Quizá lo has intentado en el pasado, pero sin éxito. Estás cansado de probar cosas que duran un tiempo y se evaporan, y quieres saber cómo lograr que se queden contigo para siempre. Necesitas un método práctico para desarrollar Hábitos duraderos.

• Situación 2

Quieres reinventarte y buscas la transformación de tus Hábitos. Necesitas dar un giro profundo a tu vida personal o profesional (o a ambas), pero deseas hacerlo bien desde el principio. No te interesa perder el tiempo con experimentos y quieres dar en la diana a la primera. Buscas una guía clara y, sobre todo, pensada para la vida real.

• Situación 3

Quieres enseñarles a otras personas, como a tus hijos, a algún familiar, amigo o compañero. Te has propuesto aprender tú primero para transmitírselo a ellos después. Es algo de enorme valor para cualquiera, pero más para los niños/chicos. Porque aprender a cambiar es una cualidad que les resultará vital en sus estudios, pero sobre todo en su futuro. Desarrollar Hábitos no se enseña en las aulas, pero se puede aprender fuera de ellas, sin duda.

Independientemente de la situación en que te encuentres —en varias a la vez o en alguna que no he descrito—, en este libro hallarás las claves y un completo método para conseguirlo. Te ofreceré una fórmula que podrás aplicar y repetir tantas veces como quieras, cada vez que necesites afrontar un cambio o adquirir Hábitos, ya sea ahora o en los próximos años. Igual que solemos actualizar el software de nuestros ordenadores y móviles de forma regular, podrás poner al día el tuyo con nuevos Hábitos.

Porque ellos, en conjunto, forman tu «sistema operativo personal». Tus Hábitos marcan de una manera sorprendente lo que haces, cómo lo haces e incluso lo que consigues. Esas rutinas y gestos están tan arraigados en ti que te salen sin pensar, sin esfuerzo, en modo piloto automático. Son un armazón invisible que te sostiene y te dirige a la vez. Tú eres lo que repites. Tú eres lo que son tus Hábitos.

El camino que tenemos por delante

Antes de emprender la marcha, me gustaría comentarte las tres partes en las que se divide el libro. Solo es una rápida fotografía para que te hagas una idea de lo que viene a continuación.

En la primera parte nos centraremos en ver cómo funcionan los Hábitos: cómo se forman, por qué los perdemos y cómo conseguir que se queden. No te preocupes si suena a teoría; lo veremos todo desde un punto de vista práctico. Para construir Hábitos duraderos, es preciso que conozcas cómo son por dentro y por qué terminamos abandonando algunos.

Después nos adentraremos en el método en sí. En la fase de «Arranque» descubrirás los elementos clave para poner en marcha el hábito y cómo eliminar las resistencias y obstáculos más frecuentes. Lo haremos con una intención clara: practicar el hábito sin recurrir a la sobreexplotada fuerza de voluntad o a la trillada disciplina.

En la última parte del libro seguiremos con el método, pero nos centraremos en hacer que el hábito crezca. Esta será la fase de «Rodaje». Aprenderás a marcar una repetición para que se grabe en ti, a hacer un seguimiento para asegurarte de que se está asentando y a evitar ciertas trampas que suelen aparecer durante la práctica-repetición.

A lo largo de todo el camino iremos viendo ejemplos prácticos y compartiré contigo numerosas experiencias, tanto mías como de otras personas con las que he trabajado durante estos años. Asimismo, al final de cada parte encontrarás unos ejercicios que te ayudarán a fijar algunas de las ideas que vayas descubriendo. Es un programa de trabajo ambicioso que te exigirá tiempo, energía y atención. Pero la recompensa merece la pena.

Tenemos mucho por delante, así que... ¡a por ello!

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Una Red de Hábitos duraderos

Nadie nace con Hábitos, pero todos acabamos teniéndolos. Incluso las personas que nos parecen indisciplinadas o caóticas han adquirido los suyos. Pero quienes llevan una vida productiva, organizada o saludable hacen algo único: primero deciden qué quieren cambiar y después identifican aquello que les permite conseguirlo. Eligen sus Hábitos de forma premeditada, con una idea clara de lo que quieren, y suelen extraerlo de preguntas como las siguientes:

«¿Mis Hábitos actuales me están llevando hacia donde quiero?».

«¿Qué Hábitos me faltan (o sobran) para conseguir lo que busco?».

Las personas así se impulsan en sus Hábitos para llegar hasta lo que quieren. Primero deciden qué buscan y luego eligen los Hábitos que los llevarán hasta allí. Esta forma de cambiar, que quizá parezca evidente, supone una enorme diferencia respecto a una mayoría más acostumbrada a tener ganas de cambiar que a actuar.

Por lo general, pensamos más en lo que nos gustaría ser o tener que en lo que debemos hacer para conseguirlo. Solemos decir «Tengo que organizarme mejor», cuando debería ser «Tengo que cambiar mis Hábitos organizativos». O afirmamos «Tengo que empezar a cuidarme», cuando deberíamos decir «Estos son los Hábitos que me permitirán llevar una vida sana».

Esta forma de pensar (vivir) en la que los deseos mandan sobre las acciones ha calado tanto que suele conducir a ansiar un cambio que muchas veces no llega. Al final, todo se reduce a un «digo que quiero algo, le doy mil vueltas en la cabeza, pero en el fondo no hago nada para conseguirlo».

El Laberinto del Cambio Pasajero

Por supuesto, sabemos que no siempre es así. Muchos de nosotros hemos hecho cambios y probado nuevos Hábitos. Pero ¿cuántos se han mantenido? ¿Cuántas veces hemos puesto en marcha un hábito y, tras un inicio prometedor, hemos terminado por abandonarlo?

Cuando esta situación se repite de forma recurrente nos suele conducir a lo que llamo el «Laberinto del Cambio Pasajero», un círculo vicioso del que mucha gente no sabe salir y en el que se puede vivir durante años. Uno de los ejemplos que mejor describe ese laberinto son los famosos propósitos de año nuevo.

Aunque la necesidad de cambiar lleva un tiempo rondándome, cuando está a punto de empezar un nuevo año siento que es el momento perfecto para iniciar una nueva etapa, probar algo nuevo y (por fin) dejar algún mal hábito. Y es entonces cuando las intenciones que durante el año han estado rebotando en mi cabeza se convierten en una prioridad: aprender otro idioma, perder peso, dejar de fumar, volver al gimnasio, organizarme mejor o llevar una alimentación sana, por citar algunos de los propósitos más populares.

El resultado es que la mayoría no llegan a finales de enero. Tras la ilusión inicial y disfrutar tímidamente de los primeros resultados, al final me quedo como estaba. Y el hábito que tanto prometía se va desinflando a medida que recorro estas cinco etapas:

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Al alcanzar la última etapa, en especial si ya lo he intentado antes, empiezo a decirme que ese hábito no va conmigo y que tal vez nunca lo consiga. Pero después de un tiempo el deseo por cambiar volverá a la superficie y pondré en marcha el proceso de nuevo. Y en cada intento seguiré más o menos el mismo patrón, sin ideas muy claras y tropezando en las mismas piedras. El resultado será que aparecerán Hábitos pasajeros que van y vienen, y que, por el camino, van desgastando mis ganas por cambiar y la confianza en conseguirlo.

He escrito estos párrafos en primera persona porque conozco muy bien cómo es ese laberinto por dentro. Viví en él durante muchos años..., hasta que encontré la forma de salir. Primero aprendí a formar Hábitos con un método paso a paso, y a continuación descubrí algo que me llevaría a una completa transformación.

Hábitos que duran y se conectan entre sí

Tras unos comienzos con más caídas que aciertos, me centré en seguir sumando Hábitos, pero me aseguré de asentarlos bien y siempre de uno en uno. Al principio eran rutinas sueltas que, fundamentalmente, se centraban en mejorar la efectividad de mi trabajo. Lo que desconocía entonces —y ahora sé— es que esos Hábitos acabarían juntándose y formando una especie de red. Algo que terminaría por desencadenar el mayor cambio de mi vida.

Al principio no fui consciente de estar construyendo una red. Guiado por mi instinto y mis necesidades, me limité a incorporar Hábitos. Con mis dos primeros, conseguí dar tal vuelco a mi forma de trabajar que empecé a referirme a ellos como «Superhábitos» (te hablaré de ellos en el próximo capítulo). Además, fui sumando otras costumbres y gestos que, sin llegar a ser impactantes, jugaron su papel dentro del cambio que había puesto en marcha (poner el móvil en silencio cada vez que estaba con otra persona, por poner un ejemplo).

Y a medida que iba asentando tanto unos Hábitos como otros, comprobé algo fascinante: de alguna forma, se habían ido conectando entre sí. Esa conexión hizo que dejaran de trabajar de forma aislada y que su acción se multiplicase. En otras palabras, sus beneficios se dispararon. Por ejemplo:

• El hábito de abrir el correo en momentos específicos del día se conectó con el de empezar siempre el día haciendo la tarea más importante, y a la vez potenció el gesto de silenciar el móvil cuando necesitaba concentrarme.

• El hábito de estirar mi cuerpo durante mis descansos de trabajo se conectó con mi rutina de relajación antes de acostarme, pero también me ayudó a acostumbrarme a beber agua con regularidad.

• El hábito de aumentar mi consumo de fruta y verdura se conectó con el de planificar la compra semanal y a la vez reforzó el de preparar un plan de comidas saludables por adelantado.

Descubrir ese vínculo entre mis Hábitos supuso un giro inesperado, pero fue toda una revelación. Así que decidí ir a lo grande. Seguí agregando otros poco a poco, pero esta vez empecé a elegirlos con más intención. Quise que cada hábito cubriera una necesidad, pero a la vez que tuviera afinidad con alguno de los que ya había adoptado. Como ya sabía qué pasos debía dar para acertar, cada vez me costaba menos ponerlos en marcha y que se pegaran a mí.

Con los años fui completando una Red de Hábitos que terminó por llevarme donde jamás imaginé. El cambio que tanto había deseado llegó con ese gota a gota de Hábitos conectados que no se asomaban y se iban, sino que por fin se quedaban conmigo. Sin recurrir a mi débil fuerza de voluntad o pretendida disciplina, sin tomar decisiones drásticas ni abrazar medidas extremas, había abandonado para siempre el Laberinto del Cambio Pasajero.

Haz que tus Hábitos trabajen para ti

Terminé construyendo mi Red de Hábitos guiado por la intuición y casi por casualidad, pero cada día doy gracias por ese maravilloso descubrimiento. Esos Hábitos me han convertido en una persona más productiva, me han proporcionado bienestar y salud, me han aportado organización personal y orden en casa, y me han permitido pilotar mi vida como yo quiero.

La transformación que viví fue tan profunda que enseguida me di cuenta de que tenía que compartir mi aprendizaje, así que decidí volcar mi carrera en ayudar a los demás. Y siempre transmitiendo el cambio con esta sencilla pero poderosa idea: elige tus Hábitos uno a uno y ponlos al servicio de lo que quieres. Haz que tus Hábitos trabajen para ti.

Como sabes, un gran número de tus acciones las repites en modo automático. Tus Hábitos están al timón. Deciden, por ejemplo, si lo primero que haces al despertarte es mirar el móvil; si haces ejercicio o te quedas en el sofá; si pierdes el tiempo cuando deberías estar trabajando/estudiando; si a la hora del almuerzo eliges una opción saludable o comida procesada; si estás mirando las notificaciones del teléfono en vez de atender a alguien; si antes de acostarte ordenas la casa o lo dejas todo patas arriba. En definitiva, los que muchas veces te llevan en una dirección u otra son tus Hábitos.

De manera que si los eliges de forma intencionada, añadiendo los que te acerquen a lo que buscas y te impulsen donde tú no llegas, llegarán a «reprogramarte» casi por completo. Si los sumas (y los conectas) podrás cambiar según lo que quieras mejorar o conseguir, ya sea tu manera de organizarte y gestionar el día, ser efectivo en el trabajo o en los estudios, o cuidar de tu bienestar y salud personal.

El conjunto de todas las rutinas, costumbres y gestos que vas adquiriendo de forma deliberada irán conformando tu Red de Hábitos. Esa red actuará como un software interno que te dirigirá cada día y en gran medida determinará lo que vas a conseguir. Porque lo que decide hasta dónde llegas no es lo que deseas, sino lo que haces y repites.

Por supuesto, para desarrollar Hábitos no es necesario perseguir esa conexión o tener la intención de construir una red que te reprograme o te ayude a redefinir tu vida. Puedes incorporar un hábito concreto que cubra una necesidad y ya está o hacerlo por curiosidad. Es algo que naturalmente decidirás tú. Pero cuando buscas un cambio duradero y de impacto (tú u otra persona a la que quieras ayudar), tu Red de Hábitos será algo prodigioso.

A diferencia de lo que me pasó a mí —que recorrí el camino en solitario y medio a ciegas—, te iré acompañando mientras avanzas de manera progresiva, dando pasos firmes y sin grandes esfuerzos. De ese modo, contarás con un método claro que te permitirá acercarte a lo que quieres. Esa es la magia de los Hábitos, y eso es lo que vamos a descubrir.