¡Sería una locura dejar que una mujer ascendiera al trono! ¿Os imagináis a una dama o doncella mandar los ejércitos? ¿Y cómo hacer frente a los vasallos cuando ellas no son capaces ni siquiera de refrenar los ardores de su naturaleza? No, yo no lo concibo, y si esto llegara, entregaría enseguida mi espada.
MAURICE DRUON, La ley de los varones
Es menester que las princesas aprendan a aburrirse con gracia.
CONDESA DE HULST, institutriz
de la emperatriz Carlota de México
Su corazón iba a servir de pergamino para que sobre él, con dagas que no con plumas, escribieran sus padres y sobrinos tratados de poder y de ambición. Si así lo pensó, y es probable, solo pecaría de poca imaginación; porque lo que iba a sufrir por ser hija de reyes, era inimaginable.
SALVADOR DE MADARIAGA,
Mujeres españolas (Catalina de Aragón)