Cuando la Luna se alzó en la Tercera Sala al Norte, fui al Noveno Vestíbulo

ENTRADA CORRESPONDIENTE AL PRIMER DÍA DEL QUINTO MES DEL AÑO EN QUE EL ALBATROS SE POSÓ EN LAS SALAS AL SUROESTE

Cuando la Luna se alzó en la Tercera Sala al Norte, fui al Noveno Vestíbulo para contemplar la unión de las tres Mareas. Esto tiene lugar tan sólo una vez cada ocho años.

El Noveno Vestíbulo resulta notable puesto que en él coinciden tres grandes Escaleras. Las Paredes están revestidas de centenares de Estatuas de mármol que ascienden, Hilera tras Hilera, hasta una altura vertiginosa.

Me encaramé por la Pared al Oeste hasta llegar a la Estatua de una Mujer que carga con una Colmena, quince metros por encima del Embaldosado. La Mujer es dos o tres veces más alta que yo, y la Colmena está cubierta de Abejas de mármol del tamaño de mi pulgar. También hay una abeja sobre su Ojo izquierdo que siempre me da un poco de náuseas. Me introduje como pude en el Nicho de la Mujer y esperé a oír el rugido de las Mareas en las Salas Inferiores. De pronto, noté que las Paredes vibraban con la fuerza de lo que iba a pasar.

Primero, llegó la Marea procedente de las Salas Más al Este. Ascendió sin violencia por la Escalera Más al Este de Todas. No era de un color definido y sus Aguas apenas llegarían al tobillo. Se extendió por el Embaldosado como si fuera un espejo gris veteado de Espuma lechosa.

A continuación, llegó la Marea proveniente de las Salas al Oeste. Ésa avanzó violentamente contra la Escalera más al Oeste de Todas, anegándola, y fue a estrellarse contra la Pared al Este con un fortísimo Restallido que hizo temblar las Estatuas. Su Espuma era como del blanco de las espinas de pescado viejas, y el torbellino de sus Profundidades, de un gris plateado. Al cabo de unos segundos, sus Aguas llegaban hasta la Cintura de las Estatuas situadas en la Hilera Inferior.

Por último, llegó la Marea procedente de las Salas al Norte. Embistió contra la Escalera de en medio, trepando por los escalones y salpicando el Vestíbulo de titilante Espuma blanca como el hielo. Me empapó, me cegó. Cuando pude ver de nuevo, las Aguas caían por las Estatuas como una cascada; en ese momento comprendí que me había equivocado al calcular el volumen de la Segunda y Tercera Mareas: un imponente Pico de Agua se elevó hasta el lugar en el que yo estaba acuclillado y me arrancó de la Pared como una mano enorme. Me aferré a las Piernas de la Mujer que lleva una Colmena en Brazos y supliqué a la Casa que me protegiera. Las Aguas me cubrieron y durante un momento me envolvió el extraño silencio que sobreviene cuando el Mar te arrolla y engulle, ahogando sus propios ruidos. Pensé que iba a morir, o que las Aguas me arrastrarían a Salas Desconocidas, lejos del ajetreo y el rumor de las Mareas Familiares. Me agarré tan fuerte como pude.

A continuación, todo terminó de forma tan repentina como había empezado: las Mareas Juntas se retiraron por las Salas circundantes. Las oí chocar contra las Paredes con estruendosos chasquidos. Las Aguas del Noveno Vestíbulo bajaron de nivel con rapidez hasta que apenas alcanzaron a cubrir los Pedestales de la Hilera Inferior de Estatuas.

Me di cuenta de que tenía algo en la mano. La abrí y encontré el Dedo de mármol de alguna Estatua Lejana dejado por las Mareas.

La Hermosura de la Casa es inconmensurable; su Bondad, infinita.

Una descripción del Mundo

ENTRADA CORRESPONDIENTE AL SÉPTIMO DÍA DEL QUINTO MES DEL AÑO EN QUE EL ALBATROS SE POSÓ EN LAS SALAS AL SUROESTE

Estoy decidido a explorar el Mundo tanto como pueda mientras viva, por eso he viajado tan lejos, hasta la Sala Novecientos Sesenta al Oeste, la Ochocientos Noventa al Norte y la Setecientos Sesenta y Ocho al Sur. He subido a las Salas Superiores, allí donde las Nubes avanzan en lenta procesión y las Estatuas asoman de súbito entre la Bruma, he explorado las Salas Sumergidas, cuyas Aguas Oscuras están alfombradas de blancos nenúfares, he visto las Salas Ruinosas al Este, cuyos Techos, Suelos —¡e incluso Paredes!— se han venido abajo, y cuya lobreguez rasgan haces de Luz grisácea.

En cada uno de esos lugares me he detenido en el Umbral para ver qué había más allá, y en ningún momento he visto indicación alguna de que el Mundo estuviera llegando a un Final; tan sólo he contemplado la progresión regular de las Salas y Corredores en la Lejanía. No hay Sala, Vestíbulo, Escaleras o Corredor sin Estatuas. En la mayoría de las Salas, éstas ocupan todo el espacio disponible, aunque aquí y allá hay algún Pedestal, Nicho o Ábside Vacíos, o algún espacio vacío en una Pared por lo demás revestida de Estatuas. A su manera, esas Ausencias son tan misteriosas como las propias Estatuas.

He observado que, si bien las Estatuas de cada Sala en particular son de tamaño más o menos uniforme, hay una variación considerable entre las de distintas Salas. En algunas, las figuras son dos o tres veces más altas que un Ser Humano, en otras son más o menos de tamaño natural, y en otras más apenas me llegan al hombro. En las Salas Sumergidas hay Estatuas gigantescas —de entre quince y veinte metros de altura—, pero son la excepción.

He comenzado a escribir un Catálogo con el propósito de anotar la Posición,Tamaño y Motivo de cada una de las Estatuas, así como cualesquiera otros rasgos de interés. Hasta el momento he registrado todas las de las Salas Primera y Segunda al Suroeste, ahora estoy ocupado con las de la Tercera. La vastedad de esa labor a veces me abruma pero, como científico y explorador, tengo el deber de dejar constancia de los Portentos del Mundo.

Las Ventanas de la Casa dan a unos Grandes Patios, unas extensiones vacías y desoladas pavimentadas en piedra. Por lo general, los Patios tienen cuatro lados, aunque de vez en cuando hay alguno de seis lados, de ocho, o incluso de tres —estos últimos resultan bastante extraños y lúgubres.

Fuera de la Casa no hay más que los Cuerpos Celestes: el Sol, la Luna y las Estrellas.

La Casa tiene tres Niveles.

Las Salas Inferiores constituyen el Dominio de las Mareas; sus Ventanas —vistas desde alguno de los Patios exteriores— son de un color verde grisáceo a causa de las Aguas en movimiento incesante, y blancas por las crestas de Espuma. Las Salas Inferiores proporcionan sustento en forma de peces, crustáceos y vegetación marina.

Las Salas Superiores son, como ya he dicho, el Dominio de las Nubes; sus Ventanas son de un blanco grisáceo y están empañadas. A veces, el centelleo de un relámpago ilumina toda una hilera de ellas. Esas Salas proveen de Agua Dulce que se derrama sobre los Vestíbulos en forma de Lluvia, resbala por las Paredes y corre en arroyos Escaleras abajo.

Entre esos dos Niveles (prácticamente deshabitados) se encuentran las Salas de En Medio, el Dominio de los pájaros y los hombres. El Primoroso Orden que impera en la Casa nos da la Vida.

Esta mañana miré por una de las Ventanas de la Décima Octava Sala al Sureste y descubrí que, al otro lado del Patio, el Otro también estaba mirando por una Ventana. La Ventana era alta y oscura, y enmarcaba la noble cabeza del Otro, con la frente alta y la barba perfectamente recortada. Se lo veía en una esquina inferior, sumido en sus cavilaciones, como de costumbre. Lo saludé con la mano, pero no me vio. Saludé de forma más insistente y llamativa, me puse a dar saltos, pero las Ventanas de la Casa son muchas y él no me vio.

Un listado de todas las personas que han vivido y lo que de ellas se sabe

ENTRADA CORRESPONDIENTE AL DÉCIMO DÍA DEL QUINTO MES DEL AÑO EN QUE EL ALBATROS SE POSÓ EN LAS SALAS AL SUROESTE

Hay certeza de la existencia de quince personas desde que el Mundo es Mundo. Es posible que hayan sido más pero, como científico que soy, estoy obligado a proceder de acuerdo a las evidencias. De las quince personas cuya existencia es verificable, tan sólo Yo Mismo y el Otro seguimos con vida.

Paso a nombrar a esas quince personas y a señalar donde están, cuando es relevante.

PRIMERA PERSONA: YO MISMO

Creo tener entre treinta y treinta y cinco años, mido aproximadamente un metro ochenta y tres y soy de complexión delgada.

SEGUNDA PERSONA: EL OTRO

Calculo que el Otro tiene entre cincuenta y sesenta años. Mide un metro ochenta y ocho aproximadamente y, lo mismo que yo, es de complexión delgada. Parece fuerte y en buena forma para su edad. Es de tez pálida, ligeramente olivácea. Lleva pelo corto y bigote, ambos de color castaño oscuro, y una barba que está encaneciendo, bien recortada y un poco en punta. Tiene la cabeza perfectamente redondeada, la frente amplia y despejada y los pómulos altos de un aristócrata. En general, da la impresión de ser una persona amigable, aunque un tanto adusta y severa, dedicada al cultivo del intelecto.

Es un científico como yo, y el único otro ser humano con vida, por lo que es natural que valore mucho su amistad.

El Otro cree que existe cierto Conocimiento Grande y Secreto oculto en algún lugar del Mundo, un Conocimiento que, una vez descubierto, nos conferirá enormes poderes. No sabe con exactitud en qué consiste, pero en una u otra ocasión ha sugerido que podría incluir lo siguiente:

1. Vencer a la Muerte y volvernos inmortales.

2. Saber, por medio de la telepatía, qué piensan los otros.

3. Convertirnos en águilas y surcar los Aires.

4. Convertirnos en peces y surcar las Mareas.

5. Mover objetos de sitio mediante el pensamiento.

6. Apagar y encender el Sol y las Estrellas.

7. Dominar a los intelectos inferiores y someterlos a nuestra voluntad.

El Otro y Yo buscamos ese Conocimiento con todo nuestro empeño. Nos encontramos dos veces por semana (los martes y viernes) para discutir nuestros avances. El Otro se organiza el día meticulosamente y nunca permite que nuestros encuentros se prolonguen más allá de una hora.

Si en algún otro momento requiere mi presencia, entonces grita «¡Piranesi!» hasta que aparezco.

Piranesi: así es como me llama.

Lo que es raro, pues, que yo recuerde, ése no es mi nombre.

TERCERA PERSONA: EL HOMBRE CON LA CAJA DE GALLETAS

El Hombre con la Caja de Galletas es un esqueleto que yace en un Nicho Vacío de la Tercera Sala al Noroeste. Sus huesos se han ordenado de una manera peculiar: los huesos largos de tamaño parecido están atados juntos con un cordel hecho a partir de algas marinas. A su derecha está la calavera y, a la izquierda, una caja de galletas con todos los huesos pequeños: los dedos de las manos y los pies, las vértebras, etcétera. La caja de galletas es roja, tiene impresa la imagen de unas galletas y la leyenda «Huntley Palmers» y «Family Circle».Cuando descubrí al Hombre con la Caja de Galletas, el cordel de algas se había resecado y roto y los huesos estaban dispersos por ahí. Hice un bramante nuevo con cuero de pescado y volví a amarrar el manojo de huesos. Desde entonces, vuelve a estar perfectamente ordenado.

CUARTA PERSONA: LA PERSONA ESCONDIDA

Un día, hace tres años, subí por la Escalera del Décimo Tercer Vestíbulo y descubrí que las Nubes habían abandonado aquella Región de las Salas Superiores, que ahora brillaban y relucían a la Luz del Sol, por lo que decidí explorar un poco más. En una de las Salas (la que está situada justo encima de la Décima Octava Sala al Noreste) encontré un esqueleto medio desmoronado encajado en el estrecho espacio entre un Pedestal y la Pared. A juzgar por la disposición de los huesos, sospecho que antes estaba en posición sedente con las rodillas casi tocando el mentón. No he podido determinar su sexo: de haberme llevado los huesos para examinarlos, nunca hubiera podido volver a dejarlos tal como estaban.

PERSONAS QUINTA A DÉCIMA CUARTA: LAS GENTES DEL NICHO

Las Gentes del Nicho son un conjunto de esqueletos que yacen unos junto a otros en un Pedestal Vacío del Nicho Más al Norte en la Décima Cuarta Sala al Suroeste.

Tentativamente, he identificado tres de los esqueletos como esqueletos de mujer y tres como de hombre, y existen otros cuatro sobre cuyo género no me atrevo ni siquiera a especular. A uno de ellos lo he llamado el Hombre del Cuero de Pescado. Está incompleto y muchos de sus huesos se encuentran muy desgastados por las Mareas, hasta el punto de que algunos son poco más que pequeños guijarros óseos. Otros muestran pequeñas perforaciones en sus extremos, así como restos de cuero de pescado, lo que me lleva a sacar unas cuantas conclusiones:

1. El esqueleto del Hombre del Cuero de Pescado es más antiguo que los demás.

2. El esqueleto del Hombre del Cuero de Pescado en su día estaba dispuesto de manera distinta, con los huesos engarzados con correas de cuero de pescado, pero el cuero fue haciéndose polvo con el tiempo.

3. Las personas que vinieron después del Hombre del Cuero de Pescado —presumiblemente las Gentes del Nicho— reverenciaban tanto la vida humana que se tomaron el trabajo de recoger pacientemente sus huesos y acomodarlos junto a sus propios muertos.

Pregunta: cuando me sienta a punto de morir, ¿tendría que ir junto a las Gentes del Nicho y tumbarme junto a ellas? Según mis cálculos, hay espacio para cuatro adultos más. Aunque soy joven y aún falta bastante para el día de mi Muerte (al menos eso espero), he estado dándole vueltas a la cuestión.

Hay otro esqueleto junto a las Gentes del Nicho, aunque no cuenta como una de las personas que han vivido: se trata de los restos de un ser de unos cincuenta centímetros de estatura con una cola tan larga como el resto del cuerpo. He comparado esos huesos con los Seres de diverso tipo que aparecen representados en las Estatuas y creo que corresponden a un mono. Nunca he visto un mono vivo en la Casa.

LA DÉCIMA QUINTA PERSONA: LA NIÑA QUE SE ABRAZA LAS RODILLAS

La Niña que se abraza las Rodillas es un esqueleto que parece haber pertenecido a una niña de unos siete años. Está colocada en un Pedestal Vacío de la Sexta Sala al Sureste, sus brazos rodean sus rodillas flexionadas y tiene la cabeza gacha. En torno al cuello lleva un collar hecho con cuentas de coral y espinas de pescado.

He reflexionado mucho sobre la relación que esa niña puede tener conmigo. En el Mundo, como ya he explicado, sólo vivimos Yo Mismo y el Otro, y ambos somos varones. ¿Cómo podría el Mundo tener algún Habitante una vez que hayamos muerto los dos? Tengo la impresión de que el Mundo (o la Casa, si se prefiere, pues a efectos prácticos son una y la misma cosa) quiere contar con un Habitante, alguien que sea testigo de su Belleza y beneficiario de sus Dones. Se me ha ocurrido que la Casa tenía intención de que la Niña que se abraza las Rodillas fuera mi Esposa, pero algo lo impidió. Desde que tuve esa idea, me ha parecido que lo mínimo que puedo hacer es compartir cuanto tengo con ella.

Visito a todos los Muertos, pero a la Niña que se abraza las Rodillas en particular. Les llevo comida, agua y nenúfares de las Salas Sumergidas. Hablo con ellos, les cuento lo que he estado haciendo y les describo aquellas Maravillas que he visto en la Casa, así saben que no están solos.

Tan sólo yo hago estas cosas, el Otro no. Que yo sepa, no sigue prácticas religiosas.

LA DÉCIMA SEXTA PERSONA

Y Tú, ¿Tú quién eres? ¿Quién es la persona para quien escribo? ¿Eres un viajero que ha desafiado las Mareas y recorrido los Suelos Reventados y las Escaleras en Ruinas para llegar a estas Salas, o quizá alguien que habita estas mismas Salas mucho tiempo después de mi muerte?

Mis Diarios

ENTRADA CORRESPONDIENTE AL DÉCIMO SÉPTIMO DÍA DEL QUINTO MES DEL AÑO EN QUE EL ALBATROS SE POSÓ EN LAS SALAS AL SUROESTE

Anoto en mis cuadernos lo que observo. Lo hago por dos razones, primero porque la Escritura te inculca el hábito de la precisión y el esmero, y en segundo lugar porque intento preservar para ti, la Décima Sexta Persona, aquellos conocimientos que pueda tener. Guardo mis Diarios en un bolso con bandolera de cuero marrón que acostumbro a meter en el hueco que hay detrás de la Estatua de un Ángel enredado en una Rosaleda que está en la Esquina Noreste de la Segunda Sala al Norte. Allí también suelo dejar el reloj que necesito los martes y viernes para poder encontrarme con el Otro a las 10 h en punto (los demás días trato de no llevarlo encima por miedo a que el Agua de Mar deteriore el mecanismo).

Uno de mis cuadernos contiene mi Tabla de las Mareas: ahí apunto las Horas y los Volúmenes de las Pleamares y Bajamares y calculo las Mareas que están por llegar. Otro contiene mi Catálogo de las Estatuas. Los demás contienen el Diario en el que registro mis pensamientos y recuerdos y, en general, lo que me sucede cotidianamente. Hasta la fecha, mi Diario ocupa diez cuadernos, todos ellos numerados y en su mayoría etiquetados con las fechas a las que se refieren.

El n.º 1 lleva la etiqueta «Diciembre de 2011 a junio de 2012».

El n.º 2 lleva la etiqueta «Junio de 2012 a noiembre de 2012».

El n.º 3 lleva la etiqueta «Noviembre de 2012», pero en algún momento ésta fue tachada y sustituida por otra en la que dice «Del trigésimo día del décimo segundo mes del Año de los Lloros y las Lamentaciones hasta el cuarto día del séptimo mes del año en que descubrí las Salas del Coral».

Tanto en el n.º 2 como el n.º 3 faltan algunas páginas que han sido violentamente arrancadas. Sigo sin entender por qué y he intentado figurarme quién ha podido hacerlo, si bien aún no he llegado a ninguna conclusión.

El n.º 4 lleva la etiqueta «Del décimo día del séptimo mes del año en que descubrí las Salas del Coral hasta el noveno día del cuarto mes del año en que di nombre a las Constelaciones».

El n.º 5 lleva la etiqueta «Del décimo quinto día del cuarto mes del año en que di nombre a las Constelaciones hasta el trigésimo día del noveno mes del año en que hice el recuento de los Muertos y les di nombre».

El n.º 6 lleva la etiqueta «Del primer día del décimo mes del año en que hice el recuento de los Muertos y les di nombre hasta el décimo cuarto día del segundo mes del año en que los techos de las Salas Vigésima y Vigésima Primera al Noreste se vinieron abajo».

El n.º 7 lleva la etiqueta «Del décimo séptimo día del segundo mes del año en que los techos de las Salas Vigésima y Vigésima Primera al Noreste se vinieron abajo hasta el último día de ese año».

El n.º 8 lleva la etiqueta «Del primer día del año en que viajé a la Sala Novecientos Sesenta al Oeste hasta el décimo quinto día del décimo mes de ese año».

El n.º 9 lleva la etiqueta «Del décimo sexto día del décimo mes del año en que viajé a la Sala Novecientos Sesenta al Oeste hasta el cuarto día del quinto mes del año en que el Albatros se posó en las Salas al Suroeste».

Empecé a escribir este Diario (el n.º 10) el quinto día del primer mes del año en que el Albatros se posó en las Salas al Suroeste.

Uno de los inconvenientes de llevar un diario es que no resulta fácil volver a encontrar las entradas importantes, por eso tengo la costumbre de utilizar uno de los cuadernos como índice de todos los demás. En ese cuaderno he asignado determinado número de páginas a cada letra del alfabeto (más páginas para las letras frecuentes, como la «A» o la «C», menos páginas para las letras no tan frecuentes, por ejemplo la «Q» y la «X»). Bajo cada letra hay un listado de entradas organizadas por temas, así como su ubicación en mis Diarios.

Al leer lo que acabo de escribir, me doy cuenta de una cosa: he estado haciendo uso de dos sistemas distintos para enumerar los años. ¿Cómo es posible que no haya reparado antes en eso?

He hecho mal, lo reconozco: basta con uno solo. Dos dan pie a la confusión, a la incertidumbre, a la duda, al embrollo constante (y son más bien antiestéticos).

Ateniéndome al primero de los sistemas, he dado a dos años los nombres 2011 y 2012, respectivamente, algo que me parece de lo más pedestre. Para colmo, no consigo recordar qué fue lo que pasó hace dos milenios que me hizo pensar que dicho año podía ser un buen punto de partida. Ateniéndome al segundo sistema, he dado a los años nombres como «El año que di nombre a las Constelaciones» o «El año que hice el recuento de los Muertos y les di nombre», lo que me gusta bastante más porque le da a cada uno de los años un carácter propio. Ése es el sistema que pienso emplear a partir de ahora.

Las Estatuas

ENTRADA CORRESPONDIENTE AL DÉCIMO OCTAVO DÍA DEL QUINTO MES DEL AÑO EN QUE EL ALBATROS SE POSÓ EN LAS SALAS AL SUROESTE

Algunas Estatuas me gustan más que otras. Una de las que más me gustan es la de la Mujer que lleva una Colmena en Brazos.

Otra Estatua que me gusta —quizá es la que más me gusta de todas— se encuentra junto a una Puerta que comunica las Salas Quinta y Cuarta al Noroeste. Es la Estatua de un Fauno —un ser mitad hombre, mitad cabra— con la cabeza cubierta de exuberantes rizos. Sonríe ligeramente mientras se lleva el dedo índice a los labios. Siempre tengo la impresión de que está tratando de decirme algo, o quizá de advertirme de alguna cosa: «¡calla!», me dice, «¡ten cuidado!», aunque nunca sabré a qué peligro se refiere. En una ocasión soñé con él: estaba en un bosque nevado hablando con una niña.

En la Quinta Sala al Norte hay una Estatua de un Gorila que me resulta fascinante. Está en cuclillas, con los poderosos puños hincados en el suelo. Su Cara me fascina; los prominentes Arcos Superciliares que ensombrecen sus Ojos le otorgan una expresión que, si se tratara de un ser humano, describiríamos como irritación, pero que en su caso parece reflejar precisamente lo contrario: cosas como la Paz, la Serenidad, la Fuerza y la Resistencia ante la Adversidad.

Hay muchas otras Estatuas que me encantan: la del Niño que toca los Platillos, la del Elefante que carga con un Castillo, la de los Dos Reyes que juegan al Ajedrez... pero no quiero dejar de mencionar una, o mejor dicho un par, que no se encuentran entre mis favoritas y sin embargo nunca puedo dejar de mirar. Se hallan a uno y otro lado de la Puerta al Este de la Primera Sala al Oeste. Tienen unos seis metros de altura y poseen dos características peculiares. Para empezar, son mucho más grandes que las demás Estatuas de la Primera Sala al Oeste, pero además están incompletas: sólo se ven los Torsos, que parecen haber brotado de la Pared. Extienden los brazos hacia atrás como si empujaran con toda la fuerza de sus Músculos, y sus Caras contorsionadas reflejan el terrible esfuerzo. Uno se siente incómodo al verlas: dan la impresión de estar sufriendo, pugnando por nacer y venir al mundo; su lucha bien puede ser inútil, pero no por ello se rinden. Tienen unos extravagantes Cuernos en la Frente, por eso las llamo los Gigantes Cornudos. Representan el Empeño y la Lucha contra un Destino Abyecto.

¿Esto de amar a unas Estatuas más que a otras constituye una falta de respeto a la Casa? A veces me lo pregunto. Estoy convencido de que la propia Casa ama y bendice por igual todo aquello que ha creado, ¿tendría yo que intentar hacer lo mismo? Pero, al mismo tiempo, me doy cuenta de que preferir una cosa a la otra, encontrarle mayor sentido a una que a otra, forma parte de la naturaleza de los hombres.

¿Existen los árboles?

ENTRADA CORRESPONDIENTE AL DÉCIMO NOVENO DÍA DEL QUINTO MES DEL AÑO EN QUE EL ALBATROS SE POSÓ EN LAS SALAS AL SUROESTE

Hay muchas cosas desconocidas. Una vez —hace seis o siete meses— vi una brillante manchita amarilla que flotaba en una tranquila Marea por debajo de la Cuarta Sala al Oeste. No veía bien lo que era, por lo que vadeé las Aguas y la cogí. Era una hoja de árbol, muy bonita, con dos de sus lados algo curvados. Por supuesto, es posible que provenga de alguna planta marina que nunca había visto, pero lo dudo: la textura no acaba de corresponder. Su superficie repelía el Agua, como si se tratara de algo creado para vivir en el Aire.

II. El otro

II

EL OTRO