¡HOLA!

¡Anda, ya estás aquí! ¡Qué bien! Te estábamos esperando.

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Seguramente, has elegido este libro porque últimamente sufres estrés y muchas preocupaciones y crees que necesitas que alguien te eche una mano. Confía en nosotras: has llegado al lugar adecuado. Aquí encontrarás un montón de ayuda.

En las páginas de este libro descubrirás secretos, estrategias, verdades difíciles de asimilar, ciencia, ejercicios y una gran cantidad de datos increíbles que no solo aliviarán tus preocupaciones, sino que las transformarán por completo. Nos atrevemos incluso a decir que el viaje que te propone este libro podría llegar a cambiarte la vida, así que estamos impacientes por que te sumerjas en él. Pero, en primer lugar, queremos hablarte un poco de nosotras.

Yo me llamo Renee Jain y pasé la mayor parte de mi infancia preocupada por diversas cosas: «¿Y si suspendo el examen? ¿Y si nadie me pide que lo acompañe al baile? ¿Y si no me eligen para el equipo? ¿Y si...?». Y la lista seguía y seguía. Al final, cuando tenía algo más de veinte años, conocí a un terapeuta que me cambió la vida: me proporcionó las herramientas que luego utilizaría para transformar mi ansiedad en poder. Fue entonces cuando decidí que mi misión en esta vida sería transmitir esas mismas herramientas de resiliencia a tantos chicos y chicas como pudiera y fundé una organización llamada GoZen!, en la que creamos programas para niños y niñas de todas las edades con el objetivo de ayudarlos a ser lo más felices posible. Y, como parte de esta misión, he escrito este libro junto a mi querida amiga...

¡Hola! Soy la doctora Shefali. Siempre me han fascinado las razones por las que pensamos lo que pensamos, sentimos lo que sentimos e incluso hacemos lo que hacemos; en otras palabras: me interesan profundamente las personas. Y por eso me hice psicóloga clínica: cuando una persona, ya sea niña o adulta, tiene dificultades con sus pensamientos, sus emociones o su comportamiento, acude a mí en busca de ayuda. He trabajado con familias de todo el mundo, lo que significa mucho para mí. Junto a Renee, me dispongo a acompañarte en este viaje, que será una aventura llena de sorpresas. Aprenderás a aliviar tus preocupaciones, pero, además, ¡descubrirás cómo vivir una vida superpoderosa! Hemos escrito este libro para que funcione como una herramienta, y eso significa que, para que te sea de ayuda, tendrá que mancharse un poco. En la mayoría de los capítulos encontrarás varios ejercicios y esperamos que anotes tus respuestas directamente en estas páginas. Exacto: ¡queremos que escribas en el libro! A no ser, por supuesto, que lo hayas cogido de la biblioteca o pienses prestárselo a alguien cuando lo hayas terminado. En ese caso, puedes utilizar una libreta para hacerlos. ¡Te prometemos que te resultarán igual de útiles!

Y ahora ¿a qué estás esperando? ¡A por ello!

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CAPÍTULO 1

EL PODER

La madre de Sabrina entró en la habitación de su hija y subió las persianas. La chica estaba muy cansada y la luz del sol le hizo daño en los ojos. Tardó unos instantes en despertarse del todo y recordar lo que le deparaba el día, pero la ansiedad apareció en cuanto lo hizo: los pensamientos se le aceleraron; una sensación extraña se apoderó de su estómago.

Sabrina estaba preocupada por el trayecto en autobús hasta el colegio (cuando su mejor amiga no iba, le costaba mucho decidir con quién sentarse). Estaba preocupada por su examen de Matemáticas (la semana anterior la habían cambiado al grupo en el que, como sabía todo el mundo, estaba la gente que más ayuda necesitaba). Estaba preocupada por...

«Un momento, ¿qué acaba de decir mamá?» A menudo, los pensamientos de Sabrina tenían tanta fuerza que apenas oía a la gente que estaba a su lado.

—Tienes que limpiar este cuarto —repitió su madre—. Por favor. Es la sexta vez que te lo pido esta semana.

Sabrina miró al suelo y vio que, en efecto, había ropa tirada por todas partes. Uf. Tenía siempre tantas cosas que hacer... ¡Un momento! Esa tarde había un partido de fútbol, así que tenía que ponerse la sudadera del equipo... Pero estaba colgada del poste de la cama, sucia y arrugada. Así no se la podía poner. Y si le pedía a su madre que se la lavara, se enfadaría... Ella también tenía mucho que hacer. Encima, ni siquiera le gustaba jugar al fútbol, lo que, de algún modo, la hacía sentir aún peor.

Le dolía la barriga, se sentía como si tuviese la cabeza debajo del agua y tenía calor. Era como si en el interior de su cuerpo se estuviese librando una batalla. Lo único que deseaba era que todo se detuviera.

No recordaba que la vida hubiera sido siempre tan difícil.

Si este libro te va a servir de algo, debemos hablar con sinceridad. La verdad es importante... Y la verdad es que la vida no siempre es fácil.

Aunque quizá eso ya lo sabías.

Quizá ya lo sabías porque a veces tienes una sensación muy desagradable en el estómago, como si lo tuvieras muy lleno, te ardiera o estuviese a punto de explotar.

Quizá ya lo sabías porque a veces sientes que tus pensamientos giran y giran como si estuvieran en un tiovivo, tan rápido que incluso te acabas mareando. Tanto que no consigues concentrarte ni tampoco dormirte, como si en tu mente resonaran cientos de gritos que dan vueltas y más vueltas.

Quizá ya sabías que la vida no siempre es fácil porque a veces te preocupas, y no solo por cosas que pueden llegar a ser peligrosas, sino por las que forman parte de tu día a día. Te preocupa ir al colegio, te preocupa jugar un partido de fútbol, te preocupa no caer bien a los demás, te preocupa preocuparte...

Cuando todas estas emociones y pensamientos se entremezclan, hablamos de ansiedad. La ansiedad nos asusta y nos provoca una inquietud y una inseguridad terribles. Nos impulsa a salir huyendo y escondernos y, a veces, eso es exactamente lo que hacemos. También nos provoca la necesidad de gritar y de chillar y, a veces, eso es justo lo que hacemos. Nos quita las ganas de seguir intentándolo y, a veces... Bueno, ya lo pillas, ¿no?

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Pues ahí la tienes: esa es la dura y triste verdad. Pero eso no es todo... ¡Hay más! Y, créenos, quieres saber a qué nos referimos con «más».

La ansiedad no tiene por qué hacerte sentir tan mal.

Hay formas de transformar la ansiedad en algo útil.

El primer paso para aprender cómo lidiar con la ansiedad es comprender por qué la sentimos. Cuando consigamos descubrirlo, todo lo demás se resolverá por sí solo. Así pues, ¿por qué tenemos ansiedad? Es hora de que te confesemos otra verdad: la razón principal por la que aparece es porque nuestros superpoderes se han agotado.

Has puesto los ojos en blanco porque acabamos de hablar de superpoderes, ¿verdad? Espera un momento: no nos referimos a que tengas una fuerza sobrehumana, visión de rayos láser o a que por la noche salgas en secreto a luchar contra malvados villanos (aunque eso molaría un montón). Lo que queremos decir es que, si estás leyendo este libro (y es evidente que así es) y eres un ser humano (eso también es bastante evidente), tienes una serie de poderes que, a lo largo de tu vida, pueden recargarte de energía y ayudarte a luchar contra el estrés, la presión y la preocupación. El problema es que nadie te ha dicho que están ahí ni te ha explicado cómo utilizarlos.

Y aquí es donde entramos nosotras: hemos trabajado con miles de chicos y chicas, todos personas únicas y especiales, y cada una de ellas —sin excepción— tenía estas habilidades a las que llamamos superpoderes y que están escondidas en lo más profundo de nuestro ser. A veces parece que no existan en absoluto, pero no hay duda de que están ahí. Todos los seres humanos llegamos a este mundo con cinco fantásticos superpoderes en nuestro haber.

Tus cinco fantásticos
superpoderes

SUPERPODER 1: ¡Antes te encantaba explorar! Hubo un tiempo en el que no eras capaz de dar un paseo sin acariciar la hierba, oler las flores, escuchar el zumbido de las abejas o saborear las gotas de lluvia, es decir, sin observar todo lo que te rodeaba. ¡Querías formar parte de todo! Pero no solo prestabas atención a lo que había en el exterior, sino también a lo que había dentro de ti. Tus emociones eran MUY intensas y no te daba miedo sentir y expresar esos sentimientos, ya fueran de felicidad, preocupación, tristeza o enfado. Si estabas triste, llorabas; si estabas feliz, sonreías. Como todo buen explorador o exploradora, llegaste al mundo con el increíble superpoder de la presencia.

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SUPERPODER 2: ¡Eras fiel a tu verdadero yo! Aunque los adultos quisieran vestirte con ropa bonita y colores a juego, tú pensabas que ir al colegio en pijama o con un calcetín de cada color era una idea estupenda. Si querías cantar a pleno pulmón, lo hacías y punto, aunque cantaras fatal. En otras palabras, hacías cualquier cosa que te hiciera sentir bien a ti y te daba igual lo que pensaran los demás. No naciste para seguir las reglas. Jugabas con los juguetes que te divertían y no con los que fueran populares. Comías lo que despertaba tu curiosidad, aunque fuese una combinación de sabores «asquerosa». Te inventabas palabras, tenías amistades imaginarias y te reías de tus propios chistes. Te dedicabas a descubrir todas las cosas especiales que hacían que tú fueras tú. ¡Te enorgullecías de tu originalidad!

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SUPERPODER 3: Hubo una época de tu vida en la que te querías de verdad. Te mirabas al espejo y adorabas a la persona que veías reflejada en él. No te derrumbabas si sacabas mala nota en un examen y, si no marcabas el gol de la victoria, tampoco te torturabas por ello durante días. Simplemente, te sentías bien siendo quien eras, sin importar cómo te fuera, qué aspecto tuvieras o lo que otras personas pensaran de ti. Pasara lo que pasara, te enorgullecías y estabas impaciente por presumir de tus logros. No dudabas de lo que valías ni de las increíbles virtudes que te convertían en alguien único. ¡Tenías el poder de la desenvoltura!

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SUPERPODER 4: ¡Amabas la vida! Hubo un tiempo en el que, cada mañana, saltabas de la cama con la intención de comerte el mundo. «¡¿Qué vamos a hacer hoy?!», gritabas. Cada nuevo día era una fuente inagotable de alegría y de aventuras. Las novedades te parecían emocionantes y nadie tenía que convencerte de que aprender era divertido. Siempre tenías ganas de buscar cosas nuevas que despertaran tu curiosidad y alimentaran tu imaginación. En ocasiones tener tanta energía te metía en algún lío, pero no te importaba. ¡La vida te regalaba demasiadas aventuras! De hecho, a veces incluso tenían que convencerte de que necesitabas descansar. Tu propia curiosidad era la única motivación y diversión que necesitabas. ¡Tenías un montón de energía!

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SUPERPODER 5: ¡Corrías riesgos! Cuando empezaste a caminar, no te resultaba fácil. Te caíste cientos de veces, pero jamás te rendiste, porque jamás pensaste que «CAER» significara lo mismo que «FRACASAR». Caer solo era parte del aprendizaje, y así era como te lo tomabas todo: aprender a comer sin ayuda, a vestirte, a lavarte los dientes, a montar en bici... Si eras torpe o lo dejabas todo hecho un desastre, no pasaba nada: no te rendías hasta que no conseguías hacerlo con maestría. Naciste con la habilidad de correr riesgos y superar los desafíos. ¡Naciste con resiliencia!

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Ya lo ves: llegaste a este mundo con cinco superpoderes. ¿Los repasamos?

PRESENCIA

ORIGINALIDAD

DESENVOLTURA

ENERGÍA

RESILIENCIA

PODER. Es un acrónimo. Como ves, ¡nos gustan los acrónimos!

Y esto es lo que ha pasado: de algún modo, a medida que crecías, esos superpoderes se desinflaron, se apagaron, se achicaron, desaparecieron..., ¡se agotaron! Poco a poco, a medida que te hacías mayor, te fuiste olvidando de ellos y, cada vez que uno se agotaba, aparecía algo para sustituirlo: la preocupación, la ansiedad y muchos otros pensamientos que te hacían sentir que tenías cualquier cosa menos superpoderes. Cuando los poderes se agotan, una vida llena de pasión y de aventuras se puede transformar en otra plagada de desafíos y dificultades. Si has elegido este libro, seguramente ya los conozcas. Nosotras también, así que vamos a pedirte una cosa: que confíes. Confía en el proceso que te planteamos en este libro. Aprenderás exactamente qué ha pasado con tus superpoderes y sabrás qué pasos seguir para recuperarlos. Cada capítulo te ayudará a hacer pequeños cambios que, al final, ¡darán pie a una gran transformación!

• La vida no siempre es fácil... y no pasa nada. La mayoría de las personas tienen ansiedad o se sienten incómodas a veces.

• Naciste con los poderes de la presencia, la originalidad, la desenvoltura, la energía y la resiliencia. Puede que ahora no notes que los tienes, ¡pero los recuperarás!

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CAPÍTULO 2

¡PODERES AGOTADOS!

Todavía faltaba una semana entera para el concierto de orquesta de Kellen, pero él no era capaz de pensar en nada más. Todo lo que antes le gustaba (el entrenamiento de béisbol, comer helado después de cenar, YouTube...) se había convertido en una especie de ruido de fondo, como si preocuparse por ese concierto fuera su único propósito en la Tierra, y todo lo demás, una distracción. Tenía el concierto en la cabeza todo el día y por la noche no lo dejaba dormir.

El problema era que se trataba de su tercer concierto y esa angustia parecía empeorar cada vez que tenía que tocar en público. Se preocupaba por pequeñas cosas, como, por ejemplo, qué ponerse. Sus pantalones preferidos eran amarillos, pero NADIE llevaba pantalones amarillos. Le preocupaba hacerlo fatal en su solo, equivocarse con las notas o entrar tarde y que todo el mundo se diera cuenta de que no era tan bueno. Le angustiaba no estar a la altura de los demás violonchelistas. Todas esas preocupaciones acabaron con su motivación para practicar, y, cuanto menos practicaba, más razones tenía para preocuparse.

No recordaba que la vida hubiera sido siempre tan difícil.

Hemos mantenido tantas conversaciones con tantos chicos y chicas que nos resulta fácil imaginar lo que querréis decirnos: «Si nuestros superpoderes son tan increíbles, ¿cómo es posible que se hayan agotado? ¿De qué nos sirven si se desinflan tan fácilmente? Hablabais de “luchas y desafíos”, pero ¡eso es quedarse corto! Estamos tratando con emociones muy intensas y dolorosas».

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Créenos, comprendemos tu escepticismo, y sí, somos conscientes de lo abrumadora que puede ser la ansiedad. Por eso estamos aquí, para ayudarte a recuperar tus poderes y que así puedas volver a luchar. Para enfrentarte a la preocupación con la ayuda de tus poderes, debes entender exactamente a qué te enfrentas. Veamos con más atención qué sucede cuando tus poderes desaparecen.

AGOTADO: De la presencia al ysismo

Cuando en tu infancia usabas el superpoder de la presencia, todo lo que pasaba en cada momento despertaba tu interés. Lo observabas todo: las tormentas, las puestas de sol, esa ardilla que correteaba por tu jardín... Tu mente estaba en el aquí y el ahora. No pensabas en el examen que tenías al día siguiente ni en lo que había dicho hacía semanas alguna de tus amistades. Estabas total y absolutamente presente, y eso te permitía vivir la vida con alegría.

Las cosas empezaron a cambiar cuando tu superpoder de la presencia... ¡se agotó! Dejaste de vivir en el presente y tus pensamientos comenzaron a viajar en el tiempo. Tu mente se perdía en el pasado, preocupada por cosas que habías dicho o hecho hacía días o incluso semanas. O, si no, tu mente se perdía en el futuro, angustiada por cosas que todavía no habían pasado... ¡o que no pasarían nunca!

Tal vez los viajes en el tiempo sean divertidos en las películas, pero en la vida real son una fuente inagotable de angustia. Cuando nos invaden las preocupaciones producto de los viajes en el tiempo, hablamos de «ysismo». Lo reconocerás porque suena así: «¿Y si no saco buenas notas? ¿Y si lo que le dije ayer a mi amigo no era lo correcto? ¿Y si mañana me equivoco al dar el discurso? ¿Y si no sé qué quiero ser cuando sea mayor?».

El ysismo provoca mucho estrés y sufrimiento porque hace que nos olvidemos del momento en el que estamos y que tengamos miedo de uno en el que no estamos.

AGOTADO: De la originalidad al camuflaje

Cuando usabas todos tus superpoderes, te enorgullecías de ser totalmente original. Te sentías libre de decir lo que pensabas y de hacer lo que te apetecía. No te asustaban las opiniones de los demás y te daba igual si lo que hacías les parecía bien o no. Pero adivina lo que pasó: ese poder se agotó y lo que los demás pensaran de ti comenzó a importarte, y mucho.

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Empezaste a cambiar partes de ti para encajar. Escondías tus verdaderos sentimientos y tus opiniones. Empezaste a actuar y a vestirte de formas que jamás habrías elegido si estuvieras siendo tú de verdad. Empezaste a intentar mimetizarte con la gente que te rodeaba y a cambiar tu imagen en las redes sociales con la esperanza de conseguir más seguidores y más «me gusta». Recurriste al camuflaje. Y, aunque esconder tu verdadero yo no te hacía sentir bien, también aprendiste a enmascarar ese dolor. Cuando te camuflas, piensas cosas como esta: «¿Qué se pondrán los demás? No puedo admitir que me gusta esta canción si no le gusta a nadie más. ¿Cómo hago para que mi pelo sea igual que el suyo? Si subo esto a mis redes sociales, ¿le gustaré a la gente? ¿Cómo hago para que se fijen en mí? ¿Por qué no encajo?».

Un día eras tú y al siguiente estabas intentando ser otra persona, y solo porque encajar te parecía importante. Lo que tus amistades y tu familia pensaran de ti te parecía más importante que lo que pensaras tú. Y, cuando una persona cambia su personalidad para obtener la aprobación de los demás, es muy difícil que se sienta bien consigo misma.

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AGOTADO: De la desenvoltura a la crisálida

¿Te acuerdas de cómo era tener autoestima? Cuando usabas el superpoder de la desenvoltura, te enorgullecías de tus habilidades, eras una persona segura de ti misma, perfecta tal y como eras. Colgabas en la nevera todos tus dibujos; cantabas cualquier canción bien alto, para que todos te oyeran. Si te salías de la raya al colorear, desafinabas o contestabas mal a alguna pregunta, no te importaba lo más mínimo. Eras una persona desenvuelta y tenías muy claro que eras increíble.

Pero entonces te diste cuenta de que la gente juzgaba cosas como las notas y los premios. No parecía importarles qué era lo que te encantaba hacer, solo si se te daba bien o no. Poco a poco, empezaron a asaltarte las dudas, las preocupaciones y la ansiedad. Cuando el superpoder de la desenvoltura se agotó, empezaste a sentir que dependías de lo que hacías. Perdiste tu confianza y te convertiste en alguien que no creía estar a la altura. Te juzgabas en base a números, como las notas, los resultados de los exámenes, cuántos goles marcaras, cuántos «me gusta» tuvieras en las redes sociales o cuánta gente viniera a tu fiesta de cumpleaños. Todo esto te hizo sentir vulnerable, afectó a tu autoestima y te llevó a creer menos en ti... Hasta que empezaste a proteger tu imagen. Te refugiaste en una crisálida y dejaste de arriesgarte para que nadie te criticara.

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Cuando eres una persona desenvuelta, todo lo que necesitas está dentro de ti. Sin embargo, cuando te escondes en una crisálida, nadie ve la belleza que hay en tu interior. Tus pensamientos se convierten en un eco de esa inseguridad y suenan así: «No soy lo bastante inteligente para hacer eso. Por mucho que me esfuerce, nada de lo que hago es suficiente. No me gusto mucho y tampoco le gusto a nadie más».

AGOTADO: De la energía al hastío

Cuando tenías energía, no hacía falta que nadie te dijera qué hacer. No necesitabas que una alarma te despertara, que un adulto te pidiera que te dieras prisa o que el entrenador te dijera que empezaras a correr. Hacías las cosas porque salían de ti, por tu motivación. ¡Te apetecía! ¡La vida te daba energía! ¿Cuántas cosas te hacen sentir así a día de hoy?

Cuando el superpoder de la energía se agotó, llegó el cansancio... ¡Y llegó para quedarse! Cuando empezaste a notar la presión de la gente, que siempre te decía qué tenías que hacer, cómo y cuándo hacerlo, perdiste tu propia motivación para aprender. En lugar de alimentarte de tu propia curiosidad y de tu emoción, te obligabas a seguir adelante, y eso te abrumaba, te agotaba, te hacía sentir que nunca tenías tiempo para hacer lo que verdaderamente te interesaba. Sentías que trabajabas demasiado, que tenías demasiadas cosas que hacer, que ¡TODO era demasiado! A esa sensación la llamamos «hastío».

Antes, las personas que se sentían hastiadas siempre eran adultas. Créenos, nosotras hemos sentido hastío muchas veces. Pero cada vez son más los chicos y chicas que recurren a nosotras porque se les ha agotado la energía. Ellos también están hastiados, como si nada pareciera merecer su esfuerzo. Piensan y sienten cosas que suenan así: «Estoy demasiado cansado, prefiero quedarme en casa. Tengo demasiado que hacer y no tengo tiempo de hacer lo que me gusta ni de divertirme. Estoy harta de ir a entrenar... ¡Parece lo único que hago!».

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AGOTADO: De la resiliencia al hielo

Ser resiliente significa tener la habilidad de superar un desafío. Es un superpoder con el que todos nacemos: nos caemos, pero volvemos a levantarnos. Metemos la pata hasta el fondo, pero lo superamos y lo volvemos a intentar una y otra vez. Así es como se aprende. Pero, de algún modo, se nos ha olvidado. La idea de cometer un error empezó a hacernos sentir inútiles, como si no fuéramos capaces de hacer nada bien. Sí, exacto: se nos agotó otro poder.

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Una persona a la que se le agota el superpoder de la resiliencia se siente atrapada. No sabes si intentar entrar en el equipo, si responder preguntas en clase o si conocer gente nueva. Cuando crees que existe la posibilidad de fracasar, por remota que sea, te preocupa correr ese riesgo. De hecho, algunas personas tienen tanto miedo de cometer errores que no intentan nada nuevo a no ser que el éxito esté cien por cien garantizado. Y si no intentan nada nuevo, no pueden crecer. Están congeladas.

Si esto te resulta familiar, quiere decir que estás en el hielo y tus pensamientos son más o menos así: «Me gustaría formar parte del equipo de natación, pero sé que no nado tan bien, así que ¿para qué me voy a apuntar?», «Quiero salir con mis amigos, pero me sentiré desplazado, así que mejor me quedo en casa», «Solo he acertado seis preguntas de las diez que había en el examen de Matemáticas... Para el próximo ni lo intento».

Te hemos dado mucha información, ¿verdad? Vamos a hacer un breve resumen de lo que pasa cuando se nos agotan los superpoderes.

¿Sientes que has perdido alguno de tus superpoderes? ¡Estupendo! Bueno, no es estupendo que sientas que los has perdido, pero sí que estés leyendo estas páginas, porque aquí viene otra verdad que necesitas saber: los superpoderes nunca, jamás, se pierden del todo... ¡Solo se agotan! Todos ellos siguen dentro de ti, solo que están ocultos. Hemos escrito este libro para enseñarte qué hacer exactamente para revelar y reactivar cada uno de tus superpoderes, paso a paso.

• Tus superpoderes de la presencia, la originalidad, la desenvoltura, la energía y la resiliencia se han agotado y han sido reemplazados por el ysismo, el camuflaje, la crisálida, el hastío y el hielo.

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