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Los poemas seleccionados para esta antología lo han sido por razones exclusivamente personales y subjetivas, con la idea de mostrar un panorama global de la obra de Mario Benedetti al dictado exclusivo de mi gusto.

Lo más probable es que el lector versado en el poeta eche de menos poemas a su entender fundamentales y se encuentre con otros que a su modo ver son perfectamente prescindibles. Yo también lamento haber dejado algunos en el tintero, pero las dimensiones del volumen dictan su rigor.

No es fácil escoger lo más representativo entre la extensa obra de uno de los poetas más leídos en castellano, pero confío en que aquí estén representados todos los Benedettis que Mario cargaba en su mochila —el oficinista rutinario, el montevideano de clase media, el periodista comprometido, el viajero curioso, el militante de la patria doméstica, el exiliado y el desexiliado, y también el intelectual parcial, el luchador político y, por supuesto, el poeta minucioso y trabajador que nunca dejó de ser—, con la esperanza de que esta selección pueda resultarle tan útil al lector familiarizado con el mundo literario del poeta uruguayo como a aquel que llegue por primera vez a sus versos.

Sigue esta antología un orden cronológico, lo cual, en el caso de Benedetti, alguien en quien la vida y la obra poética caminaban al mismo paso, parecería el método más seguro y natural.

Internarse en su poesía equivale a seguirle los pasos a la peripecia humana de su autor y, por supuesto, a las circunstancias políticas y sociales que la fundamentan [...]. Buena parte de la biografía de Benedetti se encuentra tenaz y correlativamente replanteada en su poesía, tal vez como un procedimiento para conocerse mejor y para conocer también mejor a los demás.

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

(prólogo a Antología poética, Madrid, Alianza, 1984)

Mario Benedetti fue, junto a Idea Vilariño, Juan Carlos Onetti e Ida Vitale, entre otros, uno de los exponentes más destacados de la llamada «generación crítica uruguaya». Hijo de inmigrantes de origen italiano, nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay, población que debe su nombre y su origen a ser paso obligado por el que carretas y ganado vadeaban el río Negro de una a otra ribera.

mi padre se llamaba Brenno Mario Edmundo Renato

Nazareno Rafael Armando

y a mí me llamaron Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno

pero cuando ocho años después nació mi hermano ya

había crisis de nombres y sólo le llamaron Adolfo Raúl

(«Agenda», Adioses y bienvenidas)

A los dos años, la familia se trasladó a Tacuarembó y de ahí, cuando Mario tenía sólo cuatro, se instalaron en una Montevideo apacible, provinciana y doméstica que cobijó su infancia y que será el escenario de su vida y su literatura:

en el Deutsche Schule aprendí alemán

y a recibir derbe Ohrfeige (tr. bofetones) a la menor

rrtum (tr. equivocación)

cuando me ordenaron saludar a lo nazi

el viejo me sacó de una oreja

sin que yo asumiera mi terrible culpa [...]

después fui contable / vendedor de repuestos / corredor

de libros / cajero / sobre todo taquígrafo una profesión

entonces cotizada porque aún no habían nacido las

grabadoras

(«Agenda», Adioses y bienvenidas)

Viaja a Argentina, donde reside entre 1939 y 1941, para trabajar como taquígrafo para una editorial. Es entonces cuando, leyendo a Baldomero Fernández Moreno, descubre su vocación de poeta.

En 1945 inicia el largo y difícil camino literario tras integrarse en el equipo de redacción del semanario Marcha, en Montevideo, donde se convirtió en periodista junto al maestro Carlos Quijano. Al año siguiente se casa con Luz López Alegre, a la que conocía desde la niñez y que sería para siempre su compañera y la dueña de todos sus poemas de amor.

Tardé seis años en decírselo y ella un minuto y medio en aceptarlo [...]. Casarse con alguien que lleva una luz y la alegría en su nombre parece una buena inversión.

En su obra, siempre llena de compromiso social, no falta nunca la imprescindible presencia del amor, el tema más universal de la poesía; bálsamo o veneno, el amor, siempre un apogeo de las relaciones humanas.

Usted y yo sabemos

que en el fondo

el amor

el amor

es una cosa seria.

(«Interview»,

Poemas de hoyporhoy)

Generación tras generación, los enamorados colocaron en sus labios algunos de los versos aprendidos del poeta y los grabaron junto a sus nombres en las cortezas de los árboles de todos los parques. Las muchachas llenaron cuadernos con poemas de Benedetti y, desde el paredón de la fábrica, replicaba aquel que aprendimos huérfanos o en pareja y que aún hoy repetimos como una letanía. Esencias de un perfume que al sentirlo de nuevo nos devuelve el tiempo en que, felices o no, fuimos presente; versos que son sólo nuestros, que se hilvanan en la entretela del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo.

quiero morir de siesta

muslo a tu muslo

boca a tu boca

para saber quién sos

(«Ay del sueño»,

Geografías)

Pero al tiempo que el amor, a lo largo de toda su vida, por razones literarias o personales, la nostalgia y el exilio estarán presentes en la obra de Benedetti. A veces la nostalgia provocará el exilio, y otras será el exilio el que avive la nostalgia.

La nostalgia que provoca el exilio

En sus dos primeros libros de poemas, Sólo mientras tanto y Poemas de la oficina, la nostalgia de una Montevideo cercana y a la vez remota y perdida será la que provoque el exilio interior del poeta a consecuencia de un personal desencuentro con un tiempo y una sociedad provinciana que le resultan mediocres y poco estimulantes.

Si pudiera elegir mi paisaje

de cosas memorables, mi paisaje

de otoño desolado,

elegiría, robaría esta calle

que es anterior a mí y a todos.

(«Elegir mi paisaje»,

Sólo mientras tanto)

Con Benedetti llega al Río de la Plata el prosaísmo o realismo crítico, es decir, el acercamiento del habla coloquial y de la vida diaria a la escritura, la deliberada aproximación a la prosa, la construcción de una épica de lo cotidiano.

Era un escritor que rehuía los «grandes temas» y se acercaba a la gente común y corriente con delicadeza y ternura, a los oficinistas, los taquígrafos, los empleados del montón, las familias sin historia [...] con una prosa y unos versos sencillos, claros, directos, impecables. Era una voz nueva y sorprendente, sobre todo en la literatura de la época, porque rehuía el relumbrón y el aspaviento y transmitía sinceridad y limpieza moral.

MARIO VARGAS LLOSA

(«Mario Benedetti: cien años», El País, 2019)

Poco a poco, los estímulos de la realidad empujan a Benedetti a una poesía en la que lo político y lo social se hacen más visibles y, como otros muchos intelectuales latinoamericanos, participa simultáneamente de la práctica política y del ejercicio de la literatura. La nostalgia montevideana del pasado será sustituida por la nostalgia de un futuro posible, fundamentada en un hecho histórico que resultó crucial para Latinoamérica: la revolución cubana. En esta sementera crecerá en adelante su poemario.

Hasta la eclosión de la Revolución en Cuba yo no era un tipo preocupado por lo que sucedía en América Latina y estaba absolutamente alienado a los problemas culturales europeos.

La visión del poeta será cada vez más dinámica y participativa. Se hace cargo no sólo de sus conflictos personales, sino también de aquellos que surgen en la sociedad y el mundo que le han tocado en suerte. Desde sus constantes estancias en el extranjero, verá el Uruguay con nostalgia, lo que confirma el amor que siente por su patria, de la que, paradójicamente, a cada regreso sentirá la irresistible necesidad de escapar.

Miré

admiré

traté de comprender

creo que en buena parte he comprendido

y es estupendo

todo es estupendo

sólo allá lejos puede uno saberlo

[...]

Pero ahora no me quedan más excusas

porque se vuelve aquí

siempre se vuelve.

(«Noción de patria», Noción de patria)

Llegaron años muy difíciles para América Latina. Tiempos de duros enfrentamientos y de brutal represión, presagio del horror que traerían las dictaduras que estaban por venir. El cuestionamiento del orden establecido hace que su poesía, como ocurre con otros escritos suyos más directos y polémicos, se torne «sospechosa».

El poeta participa activamente en política hasta que el 27 de junio de 1973 Juan María Bordaberry instaura en el país una dictadura cívico-militar que prohíbe los partidos políticos, ilegaliza los sindicatos y censura la prensa.

Se persigue y encarcela a los opositores al régimen.

Benedetti renuncia a su cargo en la Universidad y abandona Uruguay.

El exilio que provoca la nostalgia

Comienza un largo exilio de doce años que llevará a Benedetti a Buenos Aires, ciudad que también se ve obligado a abandonar tras ser amenazado de muerte por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), para viajar luego a Perú, de donde no tarda en ser deportado de nuevo a Buenos Aires.

El escritor que vive desgajado de su suelo y de su cielo, de sus cosas y de su gente no es alguien que aborda el exilio como un tema más, sino un exiliado que, además, escribe.

(«Dicen que la avenida está sin árboles», El País, 1982)

Ha llegado ahora el tiempo en el que el exilio provoca la nostalgia. El exilio que va a ser la temática fundamental de su poesía. El exilio que supone una mutilación no sólo para el desterrado sino también para el país que le ve partir.

Creo que mi ciudad ya no tiene consuelo entre otras cosas porque me ha perdido

(«Ciudad en que no existo»,

La casa y el ladrillo)

Benedetti regresa a Cuba ahora como exiliado, y se reincorpora al Consejo de Dirección de Casa de las Américas hasta que en 1980 decide instalarse en Palma de Mallorca, porque, según él mismo dijo, la isla era uno de los lugares más baratos de España.

Mientras, este mismo año, al otro lado del mar, el Gobierno cívico-militar uruguayo convoca un plebiscito con el objetivo de crear una nueva Constitución que legitime el régimen, pero la propuesta fue rechazada por la población con casi un cincuenta y siete por ciento de los votos válidos en contra, lo que, a la postre, desencadenó el proceso de apertura democrática.

Por razones obvias

no fue

exactamente

una toma de conciencia

colectiva

sino apenas la suma

de seiscientas mil

tomas de conciencia

individuales

(«Tríptico del plebiscito»,

Viento del exilio)

A pesar de ello, durante los tres años siguientes, Mallorca seguirá siendo su residencia hasta que, en 1983, a causa del asma, decide trasladarse a Madrid.

Continúa fundando patrias interinas. Buenos Aires, Lima, La Habana y por último Madrid marcan su huella en él, sumando exilios y nostalgias propios y ajenos, pues sólo en los demás se reconoce uno mismo.

País lejos de mí / que está a mi lado

país no mío que ahora es mi contorno

[...]

acaso el tiempo enseñe

que ni esos muchos ni yo mismo somos

extranjeros recíprocos extraños

y que la grave extranjería es algo

curable o por lo menos llevadero

acaso el tiempo enseñe

que somos habitantes

de una comarca extraña

donde ya nadie quiere decir

país no mío

(«Comarca extraña», Geografías)

Fue en Madrid, en su piso del barrio de Prosperidad, donde nos conocimos, y donde acordamos hacer un disco a cuatro manos. Canción a canción, a caballo entre Madrid y Barcelona, lo fuimos preparando con poemas elegidos de mutuo acuerdo que Mario corrigió y adaptó a rimas y ritmos más tradicionales para ser cantados. Eran versos publicados con anterioridad, a excepción de la canción que le da título al disco El sur también existe, escrita especialmente para la ocasión.

No toda la poesía vale para ser cantada ni todos los poetas sirven para escribir canciones, de la misma manera que detrás de un buen autor de canciones no hay necesariamente un buen poeta. Pero en el caso de Mario Benedetti, letrista de canciones por derecho y al tiempo buen poeta, entre poesía y canción no media una frontera clara.

Circulan más de doscientas versiones de canciones registradas con letra de Benedetti. Somos muchos los que, con mayor o menor fortuna, nos hemos atrevido a ponerle música y a cantar sus versos, unos por libre y otros con la complicidad del autor. A Mario le gustaba escuchar sus versos convertidos en canción porque apreciaba su importancia divulgadora y el valor de la música como soporte de la idea. En las canciones está presente todo su argumentario vital. Todo aquello que define su obra poética.

Entretanto, Benedetti sigue escribiendo. Sabe que la vuelta se acerca y su poemario se construye ahora como un tránsito entre el allá y el aquí, un itinerario que da cuenta de su estar en ninguna parte.

El desexilio

Desexilio es un término que acuñó el propio Benedetti para referirse a su vuelta al Uruguay; un regreso que plantea la confrontación de lo imaginado con la realidad, el dilema entre irse y quedarse.

El desexilio será un problema casi tan arduo como en su momento lo fue el exilio, y hasta puede que más complejo. [...] Se emigraba por varias razones, pero, sobre todo, para evitar la prisión y la tortura y, en definitiva, para salvar la vida. [...] El desexilio pasará a ser una decisión individual. [...]. Unos volverán y otros no, y cada uno tendrá sus razones, pero ¿hasta qué punto los que se quedaron o pudieron quedarse van a comprender el exilio cuando sepan todos sus datos? [...] ¿Y hasta qué punto los que regresen comprenderán ese país distinto que van a encontrar?

(El País, 1983)

Con la restauración de la democracia en 1985, Benedetti regresa a Uruguay. A partir de ese momento su vida transcurrirá entre Montevideo y Madrid.

En el exilio se trataba de mantener viva la memoria; en cambio ahora, en el desexilio, el poeta se enfrenta a sus propios recuerdos. En el exilio había habitado un territorio donde lo posible era real, y construía, a través del relato, un futuro más justo, más humano y solidario. Pero con la llegada del fin de siglo, se produce el descrédito social de los valores humanistas y los sueños son empujados hacia un paraje donde no cabe la esperanza ni la revolución. Sólo hay desencanto y la curiosa nostalgia del exilio en plena patria.

Más de una vez me siento expulsado y con ganas a

de volver al exilio que me expulsa

y entonces me parece que ya no pertenezco

a ningún sitio

a nadie

¿será un indicio de que nunca más

podré no ser un exiliado?

(«Pero vengo», Las soledades de Babel)

El regreso marca también la vuelta a sus orígenes poéticos. Y ahora, como entonces, será la nostalgia la que provoque el exilio. A partir de aquí, Benedetti resume buena parte de sus preocupaciones existenciales y estéticas en una suerte de demanda contra el olvido.

todo se hunde en la niebla del olvido

pero cuando la niebla se despeja

el olvido está lleno de memoria

(«Ah las primicias»,

El olvido está lleno de memoria)

Cuando se fueron de Madrid, en 2003, ya Luz no escuchaba el teléfono, no sabía qué hacer con los recados. Él la cuidaba con una delicadeza incendiada por el aturdimiento. Esa mañana del regreso definitivo a Uruguay ella se dejó las llaves dentro de la casa. Era la metáfora de la despedida. Después de tantos viajes de ida y vuelta, tras el exilio y el desexilio, ya iba a ser Montevideo, de donde partió huyendo, el amparo final, el salto a la esperanza y al vacío. Y las llaves se quedaron en Madrid, ya no habría vuelta.

JUAN CRUZ

(«Érase una vez Mario Benedetti», El País, 2019)

Si en el crepúsculo

el sol era memoria

ya no me acuerdo

(Rincón de haikus)

El 17 de mayo de 2009, tras meses de desvarío, triste y solitario, el poeta del amor y del exilio muere a causa del asma, esa vieja enemiga que le había acompañado a lo largo de la vida y que le hacía odiar los frutos secos tanto como odiaba el pescado por las espinas que esconde. Se iba el poeta comprometido con su tiempo y con el mundo, siempre contemporáneo de su pueblo, el escritor que supo como pocos aunar en su obra la vida misma de su país y su problemática personal.

Benedetti fue un hombre extremadamente tímido que se lamentaba de la mala educación con que lo había tratado la vida. Era como un niño en busca de amparo, desconfiado de un pasado que lo había convertido en una especie de exiliado permanente, pero que sobrellevaba el pesimismo y el desencanto con grandes dosis de tenacidad y humor.

un pesimista

es sólo un optimista

bien informado

(Rincón de haikus)

Mario Benedetti ha sido uno de los escritores más fecundos y populares de América Latina. Un hombre de aspecto frágil y sencillo, de gesto y voz mesurada, que acercó a la gente su palabra despojada de solemnidad. Escribió, a contramano de las modas imperantes y de la crítica, historias que son las peripecias del hombre medio. Visitó todos los géneros literarios: la novela, el relato, el teatro, pero fue la poesía su género predilecto, el que marcó más intensamente su vocación y el más abundante y popular de su obra. Probablemente Benedetti sea el poeta más leído en nuestro idioma y, con toda seguridad, el más cantado.

JOAN MANUEL SERRAT

La nostalgia provoca exilio

Sólo mientras tanto (1948-1950)

Poemas de la oficina (1953-1956)

Poemas de hoyporhoy (1958-1961)

Noción de patria (1962-1963)

Próximo prójimo (1964-1965)

Contra los puentes levadizos (1965-1966)

Quemar las naves (1968-1969)

Letras de emergencia (1969-1973)

Elegir mi paisaje

Si pudiera elegir mi paisaje

de cosas memorables, mi paisaje

de otoño desolado,

elegiría, robaría esta calle

que es anterior a mí y a todos.

Ella devuelve mi mirada inservible,

la de hace apenas quince o veinte años

cuando la casa verde envenenaba el cielo.

Por eso es cruel dejarla recién atardecida

con tantos balcones como nidos a solas

y tantos pasos como nunca esperados.

Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,

los espías aleves de la soledad,

las piernas de mujer que arrastran a mis ojos

lejos de la ecuación de dos incógnitas.

Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,

hojas secas, bocinas y nombres desolados,

nubes que van creciendo en mi ventana

mientras la humedad trae lamentos y moscas.

Sin embargo existe también el pasado

con sus súbitas rosas y modestos escándalos

con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera

y su insignificante comezón de recuerdos.

Ah si pudiera elegir mi paisaje

elegiría, robaría esta calle,

esta calle recién atardecida

en la que encarnizadamente revivo

y de la que sé con estricta nostalgia

el número y el nombre de sus setenta árboles.

Dactilógrafo

Montevideo quince de noviembre

de mil novecientos cincuenta y cinco

Montevideo era verde en mi infancia

absolutamente verde y con tranvías

muy señor nuestro por la presente

yo tuve un libro del que podía leer

veinticinco centímetros por noche

y después del libro la noche se espesaba

y yo quería pensar en cómo sería eso

de no ser de caer como piedra en un pozo

comunicamos a usted que en esta fecha

hemos efectuado por su cuenta

quién era ah sí mi madre se acercaba

y prendía la luz y no te asustes

y después la apagaba antes que me durmiera

el pago de trescientos doce pesos

a la firma Menéndez & Solari

y sólo veía sombras como caballos

y elefantes y monstruos casi hombres

y sin embargo aquello era mejor

que pensarme sin la savia del miedo

desaparecido como se acostumbra

en un todo de acuerdo con sus órdenes

de fecha siete del corriente

era tan diferente era verde

absolutamente verde y con tranvías

y qué optimismo tener la ventanilla

sentirse dueño de la calle que baja

jugar con los números de las puertas cerradas

y apostar consigo mismo en términos severos

rogámosle acusar recibo lo antes posible

si terminaba en cuatro o trece o diecisiete

era que iba a reír o a perder o a morirme

de esta comunicación a fin de que podamos

y hacerme tan sólo una trampa por cuadra

registrarlo en su cuenta corriente

absolutamente verde y con tranvías

y el Prado con caminos de hojas secas

y el olor a eucaliptus y a temprano

saludamos a usted atentamente

y desde allí los años y quién sabe.

Amor, de tarde

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cuatro

y acabo la planilla y pienso diez minutos

y estiro las piernas como todas las tardes

y hago así con los hombros para aflojar la espalda

y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cinco

y soy una manija que calcula intereses

o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas

o un oído que escucha cómo ladra el teléfono

o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las seis.

Podrías acercarte de sorpresa

y decirme «¿Qué tal?» y quedaríamos

yo con la mancha roja de tus labios

tú con el tizne azul de mi carbónico.

Monstruos

Qué vergüenza

carezco de monstruos interiores

no fumo en pipa frente al horizonte

en todo caso creo que mis huesos

son importantes para mí y mi sombra

los sábados de noche me lleno de coraje

mi nariz qué vergüenza no es como la de Goethe

no puedo arrepentirme de mi melancolía

y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito

qué vergüenza me encantan las mujeres

sobre todo si son consecuentes y flacas

y no confunden sed con paroxismo

qué vergüenza diosmío no me gusta Ionesco

sin embargo estoy falto de monstruos interiores

quisiera prometer como Dios manda

y vacilar como la gente en prosa

qué vergüenza en las tardes qué vergüenza

en las tardes más oscuras de invierno

me gusta acomodarme en la ventana

ver cómo la llovizna corre a mis acreedores

y ponerme a esperar o quizás a esperarte

tal como si la muerte fuera una falsa alarma.

Interview

No es ninguna molestia

explicarle qué pienso

del infinito

el infinito es

sencillamente

un agrio viento frío

que eriza las mucosas

la piel

y las metáforas

le pone a uno en los ojos

lágrimas de rutina

y en la garganta un nudo

de sortilegio

seguramente usted ya se dio cuenta

en el fondo no creo

que exista el infinito.

Bueno sobre política

jesús

sobre política

mi bisabuelo que era liberal

espiaba a las criadas en el baño

mi abuelo el reaccionario

extraviaba las llaves de sus deudas

mi padre el comunista

compraba hectáreas con un gesto de asco

yo soy poeta

señores:

y usted debe saber que los poetas

vivimos a la vuelta de este mundo

claro que usted quizá no tenga tiempo

para tener paciencia

pero debe conocer que en el fondo

yo no creo en la política.

Por supuesto el estilo

qué pienso del estilo

una cosa espontánea que se va haciendo sola

siempre escribí en la cama

mucho mejor que en los ferrocarriles

qué más puedo agregar

ah domino el sinónimo

módico exiguo corto insuficiente

siempre escribo pensando en el futuro

pero el futuro

se quedó sin magia

me olvidaba que usted

ya sabe que en el fondo

yo no creo en el estilo.

El amor el amor

ah caramba

el amor

por lo pronto me gusta

la mujer

bueno fuera

el alma

el corazón

sobre todo las piernas

poder alzar la mano

y encontrarla a la izquierda

tranquila

o intranquila

sonriendo desde el pozo

de su última modorra

o mirando mirando

como a veces se mira

un rato antes del beso

después de todo

usted y yo sabemos

que en el fondo

el amor

el amor

es una cosa seria.

Por favor

esto último

no vaya a publicarlo.

Cumpleaños en Manhattan

Todos caminan

yo también camino

es lunes y venimos con la saliva amarga

mejor dicho

son ellos los que vienen

a la sombra de no sé cuántos pisos

millones de mandíbulas

que mastican su goma

sin embargo son gente de este mundo

con todo un corazón bajo el chaleco

hace treinta y nueve años

yo no estaba

tan solo y tan rodeado

ni podía mirar a las queridas

de los innumerables ex-sargentos

del ex-sargentísimo Batista

que hoy sacan a mear

sus perros de abolengo

en las esquinas de la democracia

hace treinta y nueve años

allá abajo

más debajo de lo que hoy se conoce

como Fidel Castro o como Brasilia

abrí los ojos y cantaba un gallo

tiene que haber cantado

necesito

un gallo que le cante al Empire State Building

con toda su pasión

y la esperanza

de parecer iguales

o de serlo

todos caminan

yo también camino

a veces me detengo

ellos no

no podrían

respiro y me siento

respirar

eso es bueno

tengo sed y me cuesta

diez centavos de dólar

otro jugo de fruta

con gusto a Guatemala

este cumpleaños

no es

mi verdadero

porque este alrededor

no es

mi verdadero

los cumpliré más tarde

en febrero o en marzo

con los ojos que siempre me miraron

las palabras que siempre me dijeron

con un cielo de ayer sobre mis hombros

y el corazón deshilachado y terco

los cumpliré más tarde

o no los cumplo

pero éste no es mi verdadero

todos caminan

yo también camino

y cada dos zancadas poderosas

doy un modesto paso melancólico

entonces los becarios colombianos

y los taximetristas andaluces

y los napolitanos que venden pizza y cantan

y el mexicano que aprendió a mascar chicles

y el brasileño de insolente fotómetro

y la chilena con su amante gringo

y los puertorriqueños que pasean

su belicoso miedo colectivo

miran y reconocen mi renguera

y ellos también se aflojan un momento

y dan un solo paso melancólico

como los autos de la misma marca

que se hacen una seña con las luces

nunca estuvo tan lejos

ese cielo

nunca estuvo tan lejos

y tan chico

un triángulo isósceles nublado

que ni siquiera es una nube entera

tengo unas ganas cursis

dolorosas

de ver algo de mar

de sentir cómo llueve en Andes y Colonia

de oír a mi mujer diciendo cualquier cosa

de escuchar las bocinas

y de putear con eco

de conseguir un tango

un pedazo de tango

tocado por cualquiera

que no sea Kostelanetz

pero también es bueno

sentir alguna vez un poco de ternura

hacia este chorro enorme

poderoso

indefenso

de humanidad dócilmente apurada

con la cruz del confort sobre su frente

un poco de imprevista ternura sin raíces

digamos por ejemplo hacia una madre equis

que ayer en el zoológico de Central Park

le decía a su niño con preciosa nostalgia

look Johnny this is a cow

porque claro

no hay vacas entre los rascacielos

y otro poco de fe

que es mi único folklore

para agitar como un pañuelo blanco

cuando pasen o simplemente canten

las tres clases de seres más vivos de este Norte

quiero decir los negros

las negras

los negritos

todos caminan

pero yo

me he sentado

un yanqui de doce años me lustra los zapatos

él no sabe que hoy es mi cumpleaños

ni siquiera que no es mi verdadero

por mi costado pasan todos ellos

acaso yo podría ser un dios provisorio

que contemplara inerme su rebaño

o podría ser un héroe más provisorio aún

y disfrutar mis trece minutos estatuarios

pero todo está claro

y es más dulce

más útil

sobre todo más dulce

reconocer que el tiempo está pasando

que está pasando el tiempo y hace ruido

y sentirse de una vez para siempre

olvidado y tranquilo

como un cero a la izquierda.

Nueva York,

14 de septiembre de 1959