Contenido

Portada

Dedicatoria

Filiaciones

Mapa 1

Mapa 2

Prólogo

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Créditos

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Leonino se asomó con sigilo a otra de las oscuras aberturas. No captó ningún olor.

—¡Por aquí! —Glayino estaba agazapado delante de un pasaje estrecho, agitando los bigotes.

Carrasquera se acercó a él y examinó el suelo.

—¡Tienes razón! Aquí hay una huella.

Leonino se acercó a mirar. No cabía duda: en el suelo embarrado había una huella diminuta y reciente.

—Han ido por aquí —maulló, buscando con la mirada los ojos azules de Zarpa Brecina, que centellearon de miedo.

—Ay, Leonino —susurró la aprendiza del Clan del Viento—. ¿Qué hemos hecho?

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Para Geof.

Un agradecimiento especial
a Kate Cary.

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Filiaciones

CLAN DEL TRUENO

Líder

ESTRELLA DE FUEGO: gato de un intenso color rojizo.

Lugarteniente

ZARZOSO: gato atigrado marrón oscuro de ojos ámbar.

Aprendiz: BAYINO

Curandera

HOJARASCA ACUÁTICA: gata atigrada de color
marrón claro y ojos ámbar.

Aprendiz: GLAYINO

Guerreros
(gatos y gatas sin crías)

ESQUIRUELA: gata de color rojizo oscuro y ojos verdes.

MANTO POLVOROSO: gato atigrado marrón oscuro.

Aprendiza: ZARPA PINTA

TORMENTA DE ARENA: gata de color melado claro.

Aprendiza: MELOSA

NIMBO BLANCO: gato blanco de pelo largo.

Aprendiza: CARBONCILLA

FRONDE DORADO: gato atigrado marrón dorado.

Aprendiza: CARRASQUERA

ACEDERA: gata parda y blanca de ojos ámbar.

ESPINARDO: gato atigrado marrón dorado.

Aprendiza: ROSELLERA

CENTELLA: gata blanca con manchas canela.

CENIZO: gato gris claro con motas más oscuras,
de ojos azul oscuro.

Aprendiz: LEONINO

ZANCUDO: gato negro de largas patas,
con la barriga marrón y los ojos ámbar.

Aprendiz: RATOLINO

RIVERA DONDE NADA EL PEQUEÑO PEZ (RIVERA): gata atigrada de color marrón y ojos grises, antiguo miembro
de la Tribu de las Aguas Rápidas.

BORRASCOSO: gato gris oscuro de ojos ámbar, antiguo miembro de la Tribu de las Aguas Rápidas.

CANDEAL: gata blanca de ojos verdes.

BETULÓN: gato atigrado marrón claro.

LÁTIGO GRIS: gato gris de pelo largo.

MILI: gata atigrada de color gris y ojos azules, antigua minina doméstica.

Aprendices

(de más de seis lunas de edad, se entrenan
para convertirse en guerreros)

BAYINO: gato de color tostado.

ZARPA PINTA: pequeña gata gris y blanca.

RATOLINO: gato gris y blanco.

CARBONCILLA: gata atigrada de color gris.

MELOSA: gata atigrada de color marrón claro.

ROSELLERA: gata parda.

LEONINO: gato atigrado dorado de ojos ámbar.

CARRASQUERA: gata negra de ojos verdes.

GLAYNO: gato atigrado gris de ojos azules.

Reinas

(gatas embarazadas o al cuidado de crías pequeñas)

FRONDA: gata gris claro con motas más oscuras,
de ojos verde claro. Pareja de Manto Polvoroso;
madre de Albinilla (gatita blanca) y Raposillo
(gatito atigrado rojizo).

DALIA: gata de pelo largo color tostado, procedente
del cercado de los caballos.

Veteranos

(antiguos guerreros y reinas, ya retirados)

RABO LARGO: gato atigrado de color claro con rayas
muy oscuras, retirado anticipadamente por problemas
de vista.

MUSARAÑA: pequeña gata marrón oscuro.

CLAN DE LA SOMBRA

Líder

ESTRELLA NEGRA: gran gato blanco con enormes
patas negras como el azabache.

Lugarteniente

BERMEJA: gata de color rojizo oscuro.

Curandero

CIRRO: gato atigrado muy pequeño.

Guerreros

ROBLEDO: pequeño gato marrón.

SERBAL: gato rojizo.

Aprendiza: YEDRINA

CHAMUSCADO: gato negro.

Aprendiz: RAPACERO

AGUZANIEVES: gata de un blanco inmaculado.

Reina

TRIGUEÑA: gata parda de ojos verdes;
madre de Pequeño Tigre, Rosillo y Canelilla.

Veteranos

CEDRO: gato gris oscuro.

AMAPOLA: gata atigrada marrón claro
de patas muy largas.

CLAN DEL VIENTO

Líder

ESTRELLA DE BIGOTES: gato atigrado de color marrón.

Lugarteniente

PERLADA: gata gris.

Curandero

CASCARÓN: gato marrón de cola corta.

Aprendiz: AZORÍN

Guerreros

OREJA PARTIDA: gato atigrado.

Aprendiz: LEBRATO

CORVINO PLUMOSO: gato gris oscuro.

Aprendiza: ZARPA BRECINA

CÁRABO: gato atigrado de color marrón claro.

COLA BLANCA: pequeña gata blanca.

Aprendiz: VENTOLINO

NUBE NEGRA: gata negra.

TURÓN: gato rojizo de patas blancas.

Reina

GENISTA: gata de color blanco y gris muy claro, de ojos azules; madre de Cardina, Cañeta y Fosquilla.

Veteranos

FLOR MATINAL: reina de color carey,
muy anciana.

MANTO TRENZADO: gato atigrado
de color gris oscuro.

CLAN DEL RÍO

Líder

ESTRELLA LEOPARDINA: gata atigrada
con insólitas manchas doradas.

Lugarteniente

VAHARINA: gata gris oscuro de ojos azules.

Aprendiza: ZARPA ROANA

Curandera

ALA DE MARIPOSA: gata atigrada de color dorado.

Aprendiza: BLIMOSA

Guerreros

PRIETO: gato negro grisáceo.

MUSGAÑO: pequeño gato atigrado
de color marrón.

Aprendiza: PALOMINA

JUNCAL: gato negro.

Aprendiz: SALTARÍN

MUSGOSA: gata parda de ojos azules.

Aprendiz: GUIJOSO

FABUCÓN: gato marrón claro.

TORRENTERO: gato atigrado de color gris oscuro.

Reina

FLOR ALBINA: gata de color gris muy claro.

BOIRA: gata atigrada gris claro, madre de Soplillo y Malvillo.

FLOR ALBINA: gata blanca de ojos azules, en avanzado estado de gestación.

Veteranos

GOLONDRINA: gata atigrada oscura.

PIZARRO: gato gris.

OTROS ANIMALES

PIPO: terrier blanco y negro que vive con los Dos Patas cerca de la caballeriza.

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Prólogo

El cielo de color añil se extendía sobre el páramo y contenía el frío de la noche.

El viento agitaba el brezo de la ladera ondulante. Entre los arbustos, unas figuras felinas, con el pelo pegado al cuerpo por la ventisca, descendían por la pendiente.

Entre ellos, una reina atigrada caminaba al lado de un joven gato.

—¿Seguro que estás preparado para esto? —preguntó la gata.

—Estoy preparado —respondió él, y sus ojos verdes brillaron a la luz de la luna.

—Eres el mayor de la camada, Hojas Caídas —susurró la reina—. El primero de mis hijos en enfrentarse a la prueba.

—No me pasará nada.

—¡Ha entrenado bien! —exclamó una voz a sus espaldas.

—¡Ni siquiera el entrenamiento puede preparar a un zarpa blanda para la lluvia! —gruñó otra voz.

Hojas Caídas levantó la mirada hacia el cielo.

—Pero... está despejado.

—Os digo que huelo a lluvia en el viento.

Entre los demás gatos se extendieron murmullos de preocupación.

—¡El cielo está despejado! —insistió Hojas Caídas, que salió entre el brezo y se detuvo.

La luna iluminó su pelaje blanco y canela. Sus compañeros de clan se apelotonaron detrás de él, sacudiendo la cola. Bajo sus patas, la ladera descendía abruptamente. Allí, lunas y lunas de viento y lluvia habían azotado el páramo y se habían llevado la tierra hasta dejar la roca desnuda, un muro de piedra desigual en mitad del ondulante brezo.

—¡Buena suerte, zarpa blanda!

Hojas Caídas bajó de un salto y aterrizó con agilidad sobre el suelo arenoso que había al pie de la pared rocosa. Su madre saltó tras él.

—¡Ten cuidado, hijo!

Hojas Caídas restregó el hocico contra el de ella.

—Te veré al amanecer —le prometió.

Ante él se abría una grieta negra, como una herida en el muro. Se le erizó el pelo del lomo. Nunca había estado allí dentro. Sólo los gatos elegidos entraban en la cueva.

Echó a andar, notando cómo lo engullía la oscuridad. ¡Debería haber alguna luz que le mostrara el camino! Hizo un esfuerzo por sofocar el miedo, que se agitaba en su pecho como un pez en tierra firme.

«El túnel te llevará hasta la cueva —repitió en su mente la voz de su tutor—. Deja que tus bigotes te guíen.»

Sus bigotes se estremecieron, atentos al más mínimo contacto, guiándolo a lo largo del angosto pasaje.

De pronto, una pálida luz brilló a lo lejos. El túnel desembocó en una gruta, cuyas paredes arqueadas centelleaban bajo la débil luz de la luna que se colaba por un agujero del techo. El sonido de una corriente de agua resonaba alrededor de las rocas.

¿Un río? ¿Bajo tierra?

Hojas Caídas se quedó mirando el ancho arroyo que dividía en dos el suelo arenoso de la caverna. Sus aguas negras brillaban levemente bajo la luz tenue.

—¿Hojas Caídas?

El ronco maullido hizo que el joven diera un respingo. Levantó su hocico blanco para tratar de distinguir quién había hablado, y entornó los ojos al descubrir a una criatura agazapada en un repecho alto, alumbrada por la luz de la luna que bañaba la cueva.

¿Se trataba de Pedrusco?

El pelaje de aquella criatura se parecía al de un topo; apenas le quedaba pelo, excepto por unos pocos mechones en el lomo, y sus ojos ciegos sobresalían como huevos. Sus largas y retorcidas garras se aferraban a una rama lisa que descansaba a sus pies. La rama carecía de corteza y, a pesar de la escasa luz, Hojas Caídas pudo ver que tenía algunas marcas grabadas en la superficie: una serie apretada de líneas rectas hendidas en la madera pálida.

Sí, tenía que ser Pedrusco.

—Puedo notar tu sorpresa —dijo la criatura ciega con voz ronca—. Me araña la piel como la aulaga.

—Lo siento —se disculpó Hojas Caídas—. Es sólo que no me esperaba...

—No esperabas que un gato pudiera convertirse en algo tan feo.

El joven se quedó petrificado por la vergüenza. ¿Es que Pedrusco le había leído el pensamiento?

—Un gato necesita el viento y el sol para que le lustren el pelaje, y buena caza para mantener las garras afiladas —continuó Pedrusco, y su voz sonó tan áspera como el roce de una piedra contra otra—. Pero yo debo quedarme cerca de nuestros antepasados guerreros, aquellos que han ocupado su lugar debajo de la tierra.

—Y te damos las gracias por eso —murmuró el joven gato con respeto.

—No me las deis —gruñó Pedrusco—. Era el destino que yo estaba obligado a seguir. Además, quizá no te sientas tan agradecido una vez que comience tu iniciación.

Mientras hablaba, deslizó una de sus largas garras sobre las líneas grabadas en la rama lisa. Algunas de las líneas estaban cruzadas por una segunda raya, pero no todas.

—Las líneas sin marcar son las de los gatos que entraron en los túneles pero no salieron.

Hojas Caídas se quedó mirando los oscuros agujeros, negros como bocas que acechaban al borde de la cueva. Si no conducían al aire libre y a la seguridad del exterior, ¿dónde terminaban?

—¿En qué túneles entraron?

Pedrusco negó con la cabeza.

—No puedo ayudarte. Para convertirte en un garra afilada, debes encontrar tú mismo la forma de salir. Yo sólo puedo enviarte a tu cometido con la bendición de nuestros antepasados.

—¿No puedes darme ningún consejo?

—Sin luz, sólo contarás con tus instintos. Síguelos, y si son auténticos, estarás a salvo.

—¿Y si no son auténticos?

—Entonces morirás en la oscuridad.

Hojas Caídas se cuadró.

—No voy a morir.

—Espero que no —maulló Pedrusco—. Ya sabes que no te está permitido regresar a esta gruta, ¿no? Debes encontrar un túnel que lleve directamente al páramo... ¿Está lloviendo? —preguntó de repente.

Hojas Caídas se puso tenso. ¿Debería mencionarle esa vibración en el aire que sugería que podía llover? No. Pedrusco podría decirle que se fuera por donde había venido y que esperara a otro día. No podía retrasar más tiempo convertirse en garra afilada. Quería hacerlo ya.

—El cielo está despejado —aseguró.

Pedrusco volvió a pasar la zarpa por las líneas grabadas en la rama.

—En ese caso, puedes empezar.

Hojas Caídas examinó el túnel que había debajo de la cornisa donde estaba Pedrusco. Parecía más ancho que el resto, y daba la impresión de que iba hacia arriba. ¿Ascendería hasta el páramo que quedaba por encima de ellos? Aquél era el camino que debía escoger.

Con el corazón desbocado, cruzó el riachuelo de un salto y se internó en aquella oscuridad que helaba los huesos.

«Cuando amanezca, seré un garra afilada. —Se le erizó el pelaje—. Espero.»