
Un niño está haciendo los deberes y le pregunta a su hermano mayor:
—Oye, Carlos, ¿tú sabes cómo se extinguieron los dinosaurios?
—Sí, claro. Apunta: los dinosaurios fueron poco a poco evolucionando e inventando nueva tecnología. Llegó un momento que inventaron el móvil, la tableta y las consolas. Luego se olvidaron de comer y beber y se extinguieron.
—Creo que se lo preguntaré a mamá cuando venga del trabajo... para confirmar, más que nada.

Un niño entra en la habitación de su hermano y le encuentra pintando con yodo una pequeña parte de la pared.
—Pero ¿qué haces?
—Me lo ha dicho el médico. Que ponga yodo en el sitio donde me he dado el golpe...

El padre mira el boletín de notas de los dos hermanos con cara de desaprobación.
—Esto a vuestra madre no le va a gustar. Se va a enfadar mucho.
—Ya, sí, eso te queríamos preguntar: ¿le decimos primero nosotros lo de las notas o tú le cuentas que has roto el ordenador?

Dos hermanos están llamando por teléfono.
—PizzaPizza, dígame —dice el chico al otro lado de la línea.
—¡Hola! —dice el mayor—. ¿Puedo hablar con tu madre?
—No. —El teleoperador parece algo confuso.
—¿Y con tu hermana?
—No.
—¿Y con alguna prima?
—No. Oye, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué me haces esas preguntas?
—Ah. No. Es que tengo aquí una propaganda y lo dice claramente: «Pregunte por las familiares».

Una niña entra en la habitación de su hermano mayor, que está escuchando rock a todo volumen.
—Hola. Oye, la música está muy alta, ¿no?
—¡¿Qué dices?!
—¡¡Que la música está muy alta!!
—¡No te oigo!
—¡¡¡Digo que la música está muy alta!!!
El hermano mayor va hacia el ordenador y baja el volumen.
—La música estaba muy alta, ¿no? Ya podías habérmelo dicho.

Dos hermanos, Luis y Miguel, han sido abroncados recientemente por sus padres por su mal comportamiento delante de las visitas.
—Niños, no debéis decir «me voy a cagar» cuando hay gente en casa.
—Y entonces ¿qué decimos? —pregunta Miguel, el menor.
—Pues... decís otra cosa, una palabra en clave, como «me voy a ir a ver América», por ejemplo.
Los dos hermanos asienten y así quedan las cosas hasta que un par de días más tarde vienen unos amigos de sus padres a merendar. Y llega el temido momento.
—Me voy a ver América —dice Luis, el mayor, y se va hacia el lavabo.
—Yo también —dice Miguel, levantándose—. Concretamente a ver Chicago. A ver chi cago más o chi cago menos...

Un niño está viendo la televisión cuando se le acerca su hermana mayor.
—Oye, Juan, ¿te has tomado ya las pastillas para la paciencia?
—¡Pues claro que sí! Pero ¡qué pesada eres! ¡Siempre igual! ¡Así no se puede vivir! ¡Me estás arruinando la vida! ¡Qué agobio!
—Voy a buscártelas, no te muevas.

Un niño está mirando a su hermanito recién nacido. Tras observarle durante mucho rato se va decidido a hablar con su madre que está frente al ordenador.
—Mamá, el bebé no hace nada, ¿seguro que es así?
—No, cariño, es que los niños pequeños no...
—Mamá, si es porque no hay dinero para pilas, ya lo pongo yo de mi hucha...

Un padre le echa un broncazo a su hijo delante de su hermano pequeño.
—Juan, esto no puede seguir así! ¡Nunca acabas nada de lo que empiezas!
—¡Eso no es verdad, papi! —dice el hermano pequeño—. Tú dale un jamón y ya verás si se lo acaba o no...

Un niño va por la calle de camino a clase de inglés acompañado por su hermana cuando un chico se fija en ella y se acerca intentando ligar.
—Hola, perdona, ¿me dices tu teléfono?
—Un Samsung Galaxy S —contesta la hermana con una sonrisa—. Blanco. Con una funda de Hello Kitty.
—No, perdona, quería decir el número.
—Ah, claro. El nueve. El Samsung Galaxy S9.

Los dos hermanos van a ver a su padre con la pecera en las manos.
—Papá, creemos que Watson, el pez naranja, está gravemente enfermo.
—¿Ah, sí? —dice mientras sonríe comprensivo el padre—. Vamos a ver...
El padre observa con detenimiento la pecera y ve que el pez nada normalmente.
—Pues yo creo que está la mar de sano, chicos.
—Qué va, espera a que lo saquemos de la pecera y ya verás lo que hace...

Una niña y su hermano mayor están esperando a que les traigan sus pedidos de Teletarta que llegan con mucho retraso. La niña, desesperada, llama por teléfono al servicio.
—Bienvenido al servicio de reclamaciones de Teletarta. ¿Qué desea?
—¡Quiero mi tarta! ¡Quiero mi tarta! ¡Miii tarta!
El hermano, viendo que aquello no funciona, le quita el teléfono.
—Verá, señor, yo quería quejarme de la demora.
—Ya... Es que la de fresa nos sale mucho mejor...

—Mi hermano se ha independizado, ya no vive con nosotros.
—¿Y ahora dónde vive?
—En el garaje.

—Hermanito, ¡tómate la medicación!
—No.
—¿Cómo que no?
—No me acercaré a las pastillas. En el frasco pone claramente «mantener alejado de los niños».

Una niña pequeñita que se acerca a su hermana mayor y le pregunta con curiosidad.
—Carmen, cuando duermes, ¿roncas?
—No.
—¿Seguro?
—Estoy segurísima.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque hoy me he quedado toda la noche despierta para comprobarlo. Y no he roncado ni una sola vez.

—¿Sabes que todos tenemos un pie más pequeño que el otro?
—Ahí te has equivocado hermanita, yo tengo uno más grande que el otro.

Llaman a la puerta de una casa de una familia muy rica. Sale el padre y se encuentra con un chico arreglado y un poco nervioso.
—Señor Martínez, vengo a pedirle la mano de su hija.
—¿Cuál, la mayor o la pequeña?
—No sabía que su hija tenía una mano más grande que la otra.

—Ayer fuimos al concierto.
—¿Quién?
—Yo y tu hermana.
—Será tu hermana y yo.
—Pero si tú no viniste.

—Hermanito, ¿sabes que esas manchas que te han salido en la piel son por culpa del tiempo?
—¿Del tiempo?
—Del tiempo que hace que no te duchas, ¡marrano!

La hermana mayor que intenta ayudar a su hermanita a hacer los deberes de ciencias.
—Mira, lo primero que debes saber es que el agua hierve a los noventa grados.
—Matilde, creo que te equivocas.
—Tienes razón, el agua hierve a los cien grados. Es el ángulo recto el que hierve a los noventa grados.

Matilde sigue ayudando a su hermana con los deberes de ciencias.
—Me piden un ejemplo de dilatación por calor. Y no sé qué decir.
—Pequeña, esa es fácil. El verano.
—¿El verano?
—Sí, en verano hace calor y los días se dilatan.

—¡Mamá! Begoña me ha robado la pulsera que me regaló mi novio.
—¿Es eso verdad, Begoña?
—Sí, mamá.
—¿Y por qué no se la devuelves?
—Porque en la pulsera pone bien clarito «Tuyo para siempre».

Matilde ayudando a su hermanita con los deberes de lengua.
—Tienes que fijarte más. En esta frase has escrito árbol con tilde, y en esa otra sin tilde.
—Claro, porque el primero es un árbol de primavera y el segundo de otoño.
—No te entiendo.
—Pues que el de primavera aún tiene la hoja, y al de otoño ya se le ha caído.

—Juan, ¿tú eres un pájaro?
—No. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque ayer, cuando llegaste tan tarde a casa, oí a papá que le decía a mamá que tendrían que cortarte
un poco las alas.

—Pedro, sabes que yo no soy de hacer puzles, pero el otro día me lancé e hice uno de los tuyos.
—¡Uau! Mi hermano mayor haciendo un puzle. ¿De cuántas piezas lo hiciste?
—¡De veinticinco piezas!
—Vaya... ¿Y cuánto tiempo has tardado?
—Tres meses.
—¿No crees que has tardado mucho?
—¡No! En la caja ponía: «de dos a tres años».

El día que los padres van al teatro, Jaime y Edu se quedan solos en casa, así que le toca cocinar a Jaime,
el hermano mayor. Hoy ha preparado una sopa buenísima.
—Edu, ¿te ha gustado la sopa?
—Sí, estaba buenísima, exquisita.
—¿Quieres repetir?
—Sí, estaba buenísima, exquisita.

—Venga Alberto, que te ayudo con los ejercicios de lengua.
—Bien.
—A ver, dime palabras con más de una o.
—No sé...
—Por ejemplo, cocotero, cocodrilo...
—¡Ya lo sé!
—Dime.
—¡Goooooooool!

—Álex, ayúdame con los deberes. ¿Cómo se escribe bala?
—Eso es fácil, Pedro, tal como suena: «Pum, Pum».

—¡Maite! ¿Se puede saber por qué cada vez que entro en mi habitación te pillo husmeando en mis cosas?
—¡Claro! Porque tus zapatillas no hacen ningún ruido
al andar, hermanita.

Olga estuvo hasta las tres de la mañana ayudando a su hermana menor con un trabajo sobre poesía. Al día siguiente, tras entregar el trabajo, Olga le pregunta:
—¿Cómo ha ido el día en el cole? ¿Qué le ha parecido el trabajo al profe?
—Muy bien hermanita, el maestro se ha emocionado, le caían lágrimas y todo.
—¿Sí?
—Sí. Después de leerlo me ha dicho que mi redacción daba pena.

Una chica muy muy alta le comenta a su hermana:
—Laura, no sé por qué pero cada vez que entro en una habitación me duele la cabeza.
—¿Has probado a agacharte un poco más cuando pasas por las puertas?

—Miguel, ¿tú qué quieres ser de mayor?
—Canalla.
—¿Canalla? ¿Y eso?
—Porque papá siempre dice: «¡Mira ese canalla qué cochazo tiene! ¡Mira ese canalla qué casoplón que tiene! ¡Mira ese canalla qué suerte tiene!».

Brunilda entrega una nota de su profesora a su hermana mayor.
—Hermanita, esta nota me la ha dado mi profesora para ti después de entregarle mis deberes de matemáticas.
—¿Los que te ayudé a hacer ayer?
—Sí.
—Pero la nota no será para mí, sino para mamá, ¿no?
—Me ha dicho que se la entregue a mi hermana Alba.
Alba abre la nota y lee:
—«Querida Alba, es intolerable que después de tantos años sigas sin saber resolver los ejercicios de matemáticas. Firmado: Marta, la profe de mates».

Antonia llega a casa con muy mala cara y su hermano pequeño le pregunta:
—¿Qué te pasa?
—Vengo del hospital donde me operarán mañana, y la enfermera no paraba de decir: «No se preocupe, es una operación de nada», «No se preocupe, siempre hay una primera vez», «No se preocupe, no va a pasar nada».
—Pues nada, no te preocupes.
—Es que la enfermera no me lo decía a mí, sino al médico que me operará.

Lucrecia le pregunta a su hermana mayor:
—¿Tú crees que en el cole me pueden castigar por algo que no he hecho?
—No, eso sería muy injusto.
—Así ya me quedo más tranquila.
—¿Por qué?
—Porque no he hecho los deberes.

—Tú que eres mi hermano mayor, ¿cómo lo haces para estar siempre tranquilo?
—Porque nunca me enfado por nada.
—¡Eso no puede ser!
—Pues será otra cosa...

—A ver Marcos, que te ayudo con los deberes de lengua. Dime el presente del verbo caminar.
—Mmm... Yo camino... Eee... Tú caminas... Estooo...
Ella camina...
—Pero más rápido, Marcos, más rápido.
—¡Yo corro, tú corres, ella corre!

Dos hermanos trogloditas repasando las notas del cole.
—A ver, que saques malas notas en ciencia, en lengua y en matemáticas mamá y papá lo entenderán. ¡Pero en historia! ¡Si somos los primeros humanos!

—Hoy he ido al cole y ya sé más cosas que tú de animales.
—Pero si solo tienes tres años.
—Por ejemplo, yo ya sé cuál es el animal que tiene más dientes.
—Y yo también, el tiburón blanco.
—No. El ratoncito Pérez.

—Hermanito, ¿qué serás de mayor?
—¡Adulto!

Dos hermanos están jugando a hacer el burro en la cama hasta que uno se cae al suelo.
—¡Miguel! Me has tirado de la cama. ¡Me he hecho daño! Me duele la rodilla, el pie y el hombro.
—Me sabe mal, pequeñín. Ahora mismo te voy a buscar un calmante y seguro que en una hora ya puedes ir al cole.
—Veo que me odias. No solo me haces daño, sino que encima buscas la forma de obligarme a ir al cole.

—Tú que eres mayor, ¿sabes por qué se inventaron los rascacielos?
—Claro, porque las nubes también tienen piojos.

—Hermanita, ¿de dónde vienen los hijos?
—Bueno, a ver... Papá coge un poco de polen, y lo pone dentro de la caja de mamá... Esperan nueve meses y nace un bebé.
—Sí, eso me lo dijiste hace nueve meses.
—¿Y por qué me lo vuelves a preguntar?
—Porque hace nueve meses puse un poco de polen en esta caja, y hoy que la he abierto, he sido madre de este escarabajo.
—¡Ah, qué asco!
—¡Sí! ¡Si no fuera mi hijo me lo cargaba!

Justino, muy contento, vuelve a casa junto a su hermano mayor después del primer día de cole.
—¿Justino, qué has aprendido hoy en tu primer día de cole?
—He aprendido a escribir.
—¿Ya? Y ¿qué has escrito?
—No lo sé hermano, aún no me han enseñado a leer.

En las taquillas de un campo de fútbol, el taquillero se mira al hermano menor de una familia numerosa.
—¿Estás seguro de que solo tienes cuatro años y no pagas entrada?
—Segurísimo, llevo cinco años entrando sin pagar en este estadio.

—Hermano, hay una cosa que no entiendo de los deberes de lengua.
—Dime.
—¿Por qué «separado» se escribe todo junto, y «todo junto» se escribe separado?

—Huele, hermanita, llevo una colonia Chanel, de más de trescientos euros el bote.
Y la hermana pequeña que suelta un sonoro pedo.
—Huele tú, hermana, es de garbanzos, a dos euros el bote.

El hermano pequeño que vuelve encantadísimo del primer día de cole.
Al entrar, su hermano mayor le dice:
—Vienes muy contento. Me alegro de que te guste ir al colegio.
—Hermano, no te confundas, una cosa es ir, y la otra es volver.

—A ver Darío, hoy te toca cocinar a ti. ¿Qué vamos a cenar hoy?
—Para papá hay garbanzos flambeados, para mamá lubina flambeada, y para mis hermanos cordero flambeado.
—¿Por qué todo es flambeado?
—Porque la cocina está en llamas.

Camila se encuentra a su hermano menor llorando con una nota en la mano.
—¿Qué te pasa, Mario?
—Que la maestra me ha dado esta nota para que se la entregue a mamá, y cuando la lea seguro que me riñe.
—A ver, deja que la lea: «Señora Martínez, le agradecería que obligara a Mario a ducharse. La verdad es que huele mucho. Atentamente