Créditos

Título original: Arquetypes

Traducción: Paula Vicens

1.ª edición: enero 2014

© 2013 by Arquetypes Publishing LLC.

Publicado originalmente por Hay House Inc, USA

Hay House emite en www.Hayhouseradio.com

© Ediciones B, S. A., 2014

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito legal: B. 29.274-2013

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-686-1

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidasen el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

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Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Prólogo

Introducción

1. Arquetipos: la nueva intranet

2. Tu misión vital

3. La abogada

4. La artista/creativa

5. La atleta

6. La cuidadora

7. La moderna

8. La intelectual

9. La reina/ejecutiva

10. La rebelde

11. La buscadora espiritual

12. La visionaria

Galería de arquetipos

Agradecimientos

Notas

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Dedicatoria

Para Cristina Carlino,

hermana y amiga,

con amor y gratitud.

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Prólogo

Prólogo

Los arquetipos me han fascinado desde que leí por primera vez, hace veinte años, Mujeres que corren con lobos, de Clarissa Pinkola Estés. Aprendí más acerca de ellos gracias a Bill Moyers, que trató el tema en algunos de sus programas especiales para la PBS. Sin embargo, fue Contratos sagrados, de Caroline Myss, la obra que creativamente hizo florecer en mí la idea de los arquetipos y el modo en que estos influyen en todos los aspectos de nuestra vida. En los diez años transcurridos desde su publicación, he hablado de arquetipos con todo aquel que ha querido escucharme, incluida Caroline, que ha llegado a ser mi amiga íntima, mi alma gemela.

Nos conocimos en un acto en el que ella iba a dar una charla. En esa época yo era directora ejecutiva de la empresa de cuidados dermatológicos Philosophy, fundada por mí, así que cuando los organizadores del acto me pidieron que lo patrocinara acepté de inmediato para tener ocasión de hablar en privado con Caroline acerca de mi amiga Dana Reeve, que estaba gravemente enferma. (Uno de los muchos talentos de Caroline es la medicina intuitiva.) Tuve la suerte de poder mantener aquella conversación con Caroline y desde aquel día nos une un fuerte lazo de amistad.

Posteriormente, en 2009, recibí una llamada de la empresa que había absorbido la mía. Me dijeron que ya no necesitaban de mis servicios creativos, aunque me ofrecieron mantener el cargo honorífico de directora ejecutiva siempre y cuando no me interpusiera en el camino del nuevo director.

Con el corazón roto, humillada, presenté la dimisión y me pasé un mes entero en la cama, llorando, con la cabeza hundida en la almohada. A pesar de todo mi éxito profesional me sentía una fracasada. Una sola llamada telefónica había bastado para robarme mi autoestima. Sin embargo, al final, aquella llamada resultó ser lo mejor que podría haberme pasado.

Cerca de un mes más tarde, hice lo que cualquier mujer normal hace si tiene tiempo: ordenar el armario.

Sentada en el suelo, me puse a repasar los ingentes montones de ropa que había acumulado con los años. El que más me gustaba era el de las prendas femeninas, creativas y etéreas. También tenía un montón de uniformes de visionaria: zapatos, pantalones y camisetas iguales que había comprado de diez en diez o de veinte en veinte. La otra cara de la moneda era el montón de trajes caros, confeccionados a medida, a menudo con adornos de pedrería: trajes armadura para la sala de juntas, dignos de una reina; tenía muchos y los detestaba todos. Siempre que me los ponía me sentía incómoda. Lo mismo me pasaba con el montón de prendas elásticas cedidas, propias de una mamá cuidadora. A pesar de que nada de todo aquello había sido nunca de mi agrado, era lo que predominaba en el suelo del vestidor.

Allí estaba yo, sentada, contemplando la historia de mi vida vista a través de la lente de mi armario, cuando un rayo de luz atravesó la oscuridad de mi desesperación. Mi tercera empresa, Archetypes Inc., acababa de nacer.

Fue como si la visionaria que concibió Philosophy despertara de un sueño profundo. Lo que vi fueron montones de ropa pertenecientes a distintos arquetipos. Algunos eran de mis verdaderos arquetipos, pero la mayoría no. Empecé a pensar en lo mucho que me había esforzado durante la última década en adaptarme a un arquetipo (el de la cuidadora) que no era realmente propio de mí. Pensé en cómo había estado ejerciendo de reina ejecutiva sin sentirme cómoda en el papel ni, sobre todo, llevando la ropa que este me exigía.

La verdad que se me reveló gracias a aquella tarea, sentada ese día en el suelo del vestidor, fue que la sensación de vacío que experimentaba, a pesar de haber logrado un notable éxito personal y profesional, provenía del hecho de no haber vivido según mis arquetipos.

Con perspectiva, veo que no sufría por una identidad robada sino más bien porque estaba pasando por una crisis arquetípica. La reina ejecutiva había muerto, pero no así la creativa visionaria fundadora de Philosophy. Más todavía: había tenido mi siguiente empresa delante de las narices todo el tiempo. Quería crear una plataforma social para que la gente aprendiera acerca del fascinante tema de los arquetipos, de cómo nos cambian la vida y transforman nuestras relaciones. ArchetypeMe ayudaría a la gente a realizar elecciones potenciadas a través del prisma de sus arquetipos individuales.

La nueva empresa me dio la oportunidad de unir fuerzas con Caroline Myss. Caroline lleva veinticinco años enseñando a sus alumnos el poder de los arquetipos. Ahora, en este libro, va a enseñártelo a ti.

Vas a descubrir que los arquetipos empiezan a moldear nuestra vida desde que nacemos. Aprenderás por qué ciertas personas, prendas y relaciones te van como anillo al dedo y otras te resultan tremendamente incómodas. Por primera vez podrás hacerte una pregunta sencilla referida a tu vestuario, tu casa, tu carrera profesional y tus relaciones importantes: «¿Vivo según mi arquetipo?» En otras palabras: «¿Estoy viviendo la vida a la que estoy destinado, la de mi verdadero yo?»

El descubrimiento más hermoso acerca de los arquetipos es que te despiertan a la sincronía, a las señales, los símbolos y las coincidencias significativas con que nos encontramos y que nos llaman de inmediato la atención. Te indican que pares, que sigas o que tengas calma; pero, sea cual sea el mensaje, intuyes que tienes que hacerles caso. Prestar atención a la aprobación y a las advertencias de tales señales te fortalece enormemente. Empezará a ocurrirte un milagro tras otro.

Descubrir los arquetipos fue en mi caso uno de esos milagros. Conocer a Caroline, otro. Espero que también lo sea para ti.

Con gratitud,

CRISTINA CARLINO,

Nueva York, 2012

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Introducción

Introducción

Creo desde hace mucho que nos resulta imposible saber quiénes somos realmente a menos que entendamos los arquetipos y, más concretamente, nuestros arquetipos personales, porque los arquetipos son lentes psíquicas a través de las cuales nos vemos y vemos el mundo que nos rodea.

Como sociedad, hemos tratado de entender nuestro funcionamiento psicológico, por qué somos como somos y qué nos resulta curativo. Estas preguntas han despertado en nosotros la necesidad no solo de ser conscientes de la influencia de los arquetipos en nuestra vida, sino también de cómo se manifiestan en ella. Los arquetipos son un nuevo lenguaje de poder.

Estaba en pleno proceso de escritura de otro libro cuando Cristina Carlino me pidió que dejara lo que estuviera haciendo y escribiera este, además de participar en la página web que estaba desarrollando. Cristina me describió su modo de ver las redes de personas (Arqu-e-amigos, las llamó) unidas entre sí por sus modelos arquetípicos. Veía infinitas posibilidades de que las personas mejoraran su salud, sus relaciones, su bienestar, todo su mundo, si conseguían captar la verdadera esencia de lo que eran. No dudé en aceptar su propuesta, porque sabía que poner al alcance del gran público este material sería transformador. Arquetipos: ¿quién eres en realidad? y el sitio web www.ArchetypeMe.com ofrecen conjuntamente un medio interactivo para que profundices en el conocimiento del poder de tus arquetipos y te sirvas de su magnetismo para abrirte a la amplia expresión de tu vida.

Ha llegado la hora de que nuestra sociedad dé un salto cuántico en el conocimiento y la conciencia del papel fundamental que desempeña la intución. Los arquetipos son el vocabulario de la intuición y, cuanto más familiarizados estemos con ellos, más vibraremos en consonancia con nuestra intuición.

Los arquetipos nos hablan con un lenguaje de mitos y símbolos muy apropiado para una sociedad que domina el lenguaje de la alta tecnología, los mensajes instantáneos y Twitter. La única diferencia es que esos arquetipos tienen su origen en nuestra inteligencia cósmica, no en nuestros conocimientos técnicos. Era inevitable, sin embargo, que algún día nuestro intelecto racional encontrara un modo de servirse de nuestra inteligencia intuitiva. Lo ha logrado mediante los arquetipos.

Los arquetipos son la clave de nuestro poder. He sido testigo de cambios radicales cuando las personas despiertan a ese poder. He visto a más de uno caer en la cuenta de que no sentía la necesidad de pasar tiempo a solas porque fuera antisocial, sino porque el arquetipo del ermitaño lo empujaba a buscar el silencio y la soledad para alimentar su espíritu. He visto a otros descubrir que su pasión por la naturaleza no tenía nada que ver con la necesidad de alejarse de la ciudad, sino que se debía a que se identificaban con el niño natural, la expresión arquetípica del espíritu de la naturaleza.

Cuando descubres qué arquetipos rigen tu vida, ahondas en el núcleo de tu ser, quizá por vez primera. Es como si finalmente te hubieras puesto el traje que estabas destinado a usar.

Aunque creo firmemente que el de los arquetipos se está convirtiendo en nuestro próximo lenguaje, hasta hace poco no estaba tan segura de eso. El día en que di mi primera conferencia sobre el tema temía no ser capaz de explicar adecuadamente que los arquetipos son modelos universales de poder derivados de nuestros mitos y creencias, y que, a su vez, esos mitos y creencias tejen con sus influyentes hilos, de manera invisible, el modo en que nos planteamos todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Dudaba doblemente porque sabía que el campo de los arquetipos tiene su propio léxico, un vocabulario asociado con el reino interior de la psique. Para nuestra sociedad racional, lógica y científica, la información que se presenta como «poderosa pero invisible» no suele tener ninguna credibilidad. Sin embargo, para mi sorpresa, descubrí que unos cuantos ejemplos sencillos para reconocer los arquetipos con facilidad crearon inmediatamente el puente que yo necesitaba entre el mundo literal en que vivimos y el mundo mítico o simbólico, la zona dominada por los arquetipos. Les pregunté a las mujeres del público: «¿Cuántas de ustedes han sabido siempre que iban a ser madres?» La mayoría levantó la mano. Luego les pregunté: «¿Cómo lo sabían?» Muchas se limitaron a encogerse de hombros, como diciendo: «Simplemente porque eso es lo que soy y eso debía ser... madre.»

Luego pregunté en general: «¿Cuántos de ustedes son aventureros por naturaleza?» Varios hombres levantaron la mano, así como algunas mujeres. «¿Cuántos se consideran guerreros?», pregunté. Todavía más hombres levantaron la mano. Me quedé asombrada. Yo creía que la del guerrero victorioso era una fantasía más propia de mujeres que de hombres, pero ese día comprendí que a muchos hombres les atrae la idea de considerarse gerreros modernos como los SEAL.1

Cuando me puse a hablar de los arquetipos del sanador y el ermitaño, los asistentes ya no me hacían preguntas acerca de los arquetipos en general, sino más bien otras: «¿Cuáles son mis arquetipos?» «¿Cómo puedo identificarlos?» La atmósfera de la sala estaba cargada de excitación. Nunca antes había visto tal grado de curiosidad en el público. Aquella gente se habría quedado toda la noche en la sala de conferencias si yo lo hubiese consentido.

Más tarde, cenando con unos amigos, no paré de hablar del estallido de entusiasmo que se había producido en la sala. Ningún otro tema de mis conferencias había provocado tal respuesta. ¿Qué tenían los arquetipos que producían aquella reacción? Tras pensarlo detenidamente, la respuesta me resultó obvia: los arquetipos tienen la llave de tu verdadera identidad. En cierto modo, saben más de ti que tú mismo. Identificando y explorando tus arquetipos llegas a comprender tu verdadero yo. Los arquetipos han sido desde siempre el mecanismo del inconsciente humano, pero puedes pasarte toda la vida sin saberlo. Son como puertas a un reino oculto, a una realidad paralela. Descubrir esa realidad en la que residen los arquetipos y aprender acerca de los tuyos en particular es un modo de encontrarte contigo misma quizá por vez primera.

Tengo la esperanza de que este viaje interior te resulte tan transformador como yo lo considero.

CAROLINE MYSS,

Oak Park, 2012

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1. Arquetipos: la nueva intranet

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Arquetipos: la nueva intranet

Si te digo: «¿Ves a ese hombre de ahí? Es un héroe», o: «Esa mujer es una madre perfecta», sé sin duda que entenderás exactamente lo que quiero decirte acerca de dos personas a las que no conoces en absoluto. Con estas dos expresiones, «héroe» y «madre perfecta», habré abierto en ti archivos completos de mitos y símbolos que asociarás automáticamente con ellas. En cuestión de segundos, esas dos personas habrán dejado de ser desconocidas para ti, porque tu psique las arropará con historias, cuentos de hadas y tus propios recuerdos. El hombre adquirirá instantáneamente la apariencia de un héroe tremendamente fuerte, capaz de enfrentarse a cualquier adversario. A pesar de no saber nada más acerca de su persona, confiarás de inmediato en él. Al fin y al cabo, los héroes no traicionan a las mujeres que tienen que rescatar: al menos no en los cuentos de hadas que conocemos y que tanto nos gustan, ¿verdad?

El héroe sería un tipo solitario, carismático, un hombre de una sola mujer que te haría perder la cabeza. (¿Cómo iba a ser un héroe auténtico si tonteara con otras?) Toda mujer desea un héroe para sí. Los antiguos guerreros griegos, como Hércules, Odiseo y Aquiles, las figuras legendarias como Robin Hood y Braveheart y héroes de la vida real como los SEAL, que arriesgan la vida para atrapar a Osama bin Laden, nos cautivan con sus hazañas. Además, ahora hemos añadido a la lista de quienes admiramos a heroínas contemporáneas como Karen Silkwood2 y Erin Brockovich,3 cuya fuerza es el valor moral.

Héroes y heroínas son los personajes cinematográficos más populares de la actualidad. Se rueda una película sobre Batman, Spiderman, Superman o la Mujer Maravilla y se convierte en número uno de taquilla la semana misma del estreno. ¿Por qué? Es muy sencillo: nuestros héroes y nuestras heroínas no solo nos encantan sino que los necesitamos. Una sociedad sin héroes es una sociedad derrotada. Son los iconos de nuestro poder, comunican al mundo que, como nación, somos invencibles.

Tú tambien tienes al menos un héroe. Y si no, anhelas tenerlo. Tal vez no pretendas que tu personaje de cómic cobre vida, pero la idea de tener a alguien en quien confiar para que te saque las castañas del fuego (si no literal, sí psicológicamente) forma parte de la lista de necesidades de la mayoría para disfrutar de una vida segura y feliz. Compartimos esta necesidad de héroes en parte porque lo llevamos en el ADN emocional. Lo que llamamos «naturaleza humana» es también nuestra «naturaleza arquetípica». Algunas cualidades y características son intrínsecamente humanas: el cuidado de los demás, la protección de los pequeños, la lealtad, la necesidad de tener un hogar seguro y una familia. Y todas estas cualidades humanas innatas están representadas por arquetipos, modelos universales e impersonales de influencia que residen en el inconsciente colectivo: en la psique de la especie, la que compartimos con todos los seres humanos.

Piensa en el arquetipo de la madre perfecta. No te hace falta conocer a la mujer en concreto para imaginártela. El concepto de «madre perfecta» entraña un gran poder, sobre todo en nuestra sociedad, en la que hemos explotado comercialmente este arquetipo más allá de su profundo y arraigado significado afectivo. En cuanto alguien te dice que una mujer es una madre perfecta, inmediatamente imaginas una cocinera maravillosa con la casa como una patena, que ayuda a sus hijos a hacer los deberes, asiste a todas sus competiciones deportivas, escucha sus problemas, deja que sus amigos pasen la noche en casa... y hornea brownies. Aunque eso de «madre perfecta» dé pie a dolorosas comparaciones con una no tan perfecta crianza, sigues teniendo la figura de la madre ideal firmemente arraigada en la psique.

¿Por qué los términos «héroe» y «madre perfecta» nos aportan tanta información visual, emocional e intelectual? Resultan tan potentes porque son arquetipos, modelos psíquicos del inconsciente colectivo. Aunque los arquetipos sean símbolos colectivos que comparten todas las culturas, también pueden hablarnos individualmente, como modelos propios en los que se basan nuestras creencias, esfuerzos, motivaciones y actos, que organizan y potencian todas las relaciones de nuestra vida. Los arquetipos son las poderosas figuras con que nos identificábamos de niños. La atleta, la artista, la actriz, la princesa o incluso, aunque sea triste decirlo, la víctima o la vampiresa, son la encarnación de un conglomerado de relatos y hechos míticos que relacionamos con nosotras mismas.

Nos atraen las películas, los libros y los videojuegos cuyos personajes encarnan nuestras figuras de poder. Las niñas se visten de princesa y de Mujer Maravilla, los niños de Batman y de guerrero. La identificación arquetípica empieza a una edad temprana. Cuando nos hacemos mayores seguimos amoldando nuestra vida a esas figuras, viviendo inconscientemente nuestros arquetipos.

Yo los considero nuestros compañeros energéticos. Desde que nacemos, vivimos los modelos arquetípicos activos en nuestra psique. Como seres humanos que somos, nos encantan los modelos porque aportan orden a nuestra vida. Constantemente buscamos modelos a nuestro alrededor, sobre todo entre las personas, porque sabemos de manera intuitiva que si comprendemos los patrones de comportamiento de alguien, sabremos cómo esa persona se ve a sí misma, entiende la vida y se relaciona con nosotros.

Comprendemos mejor a alguien, por ejemplo, si sabemos que en esencia es intelectual; eso explica por qué le gustan el cine extranjero y las biografías de grandes personajes históricos.

Nos gusta que nuestros amigos entiendan que obedecemos al arquetipo de la atleta y que entrenar a diario es vital para nuestro bienestar físico, mental y emocional; hacer ejercicio es para nosotras más que una afición: forma parte de nuestra naturaleza esencial.

Puede que no seas consciente de ello, pero has estado haciendo «lecturas arquetípicas» de la gente desde tu más tierna infancia, aunque seguramente consideras que lo que haces es etiquetarla (o incluso juzgarla si la etiqueta que le pones es negativa). Los que curiosean no hacen otra cosa que lecturas arquetípicas: analizan a los desconocidos e inmediatamente recaban información acerca de sus vidas.

Lo que buscan es lo que yo llamo «elementos esenciales» arquetípicos: rasgos comunes que nos lo dicen todo acerca de cómo es esa persona. El chico malo lleva tatuajes y tiene pinta de rudo. Una vampiresa tiene esa mirada que nos indica que necesita chuparle la energía a alguien. La diva, por supuesto, es inconfundible. Un bombón resulta evidente, pero al buen samaritano cuesta más detectarlo, porque nunca se sabe qué aspecto puede tener, lo que es, precisamente, una de las características de este arquetipo. Nos pasamos la vida incorporando a nuestro álbum arquetípico estas instantáneas de energía intuitiva de la gente.

No podemos evitar leer los arquetipos de los demás: es una parte intrínseca de nuestro mecanismo intuitivo de supervivencia. Confiamos en los modelos que nos resultan familiares, en los que reconocemos intuitivamente. Cuando no confiamos en alguien es porque no logramos hacernos una idea de su arquetipo, o porque ya hemos conocido a alguien que obedecía a su mismo arquetipo y no nos gustó su modo de obrar.

Determinar los arquetipos es una tendencia ancestral en nosotros, como la de caminar o comunicarnos. Arquetipos, símbolos y mitos constituyen aspectos de nuestra inteligencia intuitiva. Somos intuitivos por naturaleza, ya que la intuición nos resulta impescindible para sobrevivir. La respuesta de lucha o huida y las reacciones viscerales son ejemplos de una inteligencia intuitiva orgánica en la que siempre confiamos. De manera parecida, leer los arquetipos es algo que haces de manera intuitiva, aunque no sepas que tienes una capacidad inherente de entender o responder al lenguaje de los mitos y los símbolos. Sin embargo, no olvides que el lenguaje de tu imaginación está hecho de mitos y símbolos y que el de la fantasía es uno de los lenguajes más tempranos de la mente infantil. Estamos en contacto con nuestra imaginación y nuestros sueños antes de estarlo con la lógica y la razón.

Estás en contacto mítico con tu mundo antes de aprender a leer y escribir acerca de él. Tienes amigos invisibles y te imaginas yendo a colegios donde los magos aprenden su oficio. Todo eso es real para ti, al menos durante una época. Cuando maduras, reconoces que esos lugares míticos no existen físicamente, pero, sin embargo, sigues aferrado a ellos psíquicamente: constituyen tu espacio psíquico sagrado, tu propio territorio arquetípico.

El lenguaje de los arquetipos es el lenguaje universal del alma humana, que nos une psíquicamente a todos mediante lo que el psiquiatra suizo Carl Jung denominó el «inconsciente colectivo».

Jung consideraba los arquetipos el principal instrumento de navegación de la psique, un portal entre la mente consciente y el inconsciente que puede ayudarnos a alcanzar la plenitud como seres humanos.

También advirtió que los arquetipos no suelen ir solos sino acompañados de otros, lo que explica la variedad de modos en que un arquetipo dado puede llegar a expresarse en función del individuo que lo encarna.

Una conocida mía, por ejemplo, obedece por completo al arquetipo de la artista. Desde niña ha estado en contacto con su talento artístico y se metió en su «piel de artista» con naturalidad, fácil y elegantemente. Todo cuanto hace, desde su modo de vestirse hasta su manera de poner la mesa para una cena, tiene un toque artístico. Vive en armonía con su arquetipo aunque no lo piense conscientemente.

Sin embargo, en el caso de otro conocido, el arquetipo del artista se mezclaba con un modelo arquetípico muy distinto. De niño pasó estrecheces que nuestra artista de antes no tuvo que soportar, de modo que adquirió características propias del artista muerto de hambre, una faceta del arquetipo del artista sobradamente conocida gracias a pintores como Toulouse-Lautrec y Van Gogh. La incapacidad de este hombre para creer plenamente en su talento menoscababa su autoestima y derivó hacia el arquetipo del niño frágil. Ese niño frágil establecía con el artista muerto de hambre un incesante diálogo interno de miedo: algo así como un sistema de audio mental que él no era capaz de apagar y que sonaba el día entero, diciéndole que no podría salir adelante siendo el artista creativo que pretendía ser. Acabó por regresar a casa y aceptar un trabajo de media jornada como pintor de brocha gorda y manitas. Para poder pagar las facturas tuvo que revisar su mito interior: la historia que se había contado a sí mismo acerca de quién era «realmente» y lo que le estaba pasando. Se decía que solo pintaría casas hasta que pudiera ahorrar lo suficiente para pagarse las clases de arte que le hacían falta, pero mientras los arquetipos del artista muerto de hambre y el niño frágil estén al mando de sus mitos internos, nunca dejará la brocha gorda. Tal es el poder de los mitos que nuestros arquetipos encierran. Siempre tendrá la opción, sin embargo, de revitalizar a su artista creativo. Lo único que se interpone en su camino es el temor a carecer del talento necesario para lograr hacerse un nombre en el competitivo mundo del arte.

Los arquetipos siempre se expresan, de un modo u otro. En este caso, pintar casas se ha convertido para él en un alto en el camino hasta reunir el valor necesario.

LA INTRANET EMERGENTE

A lo que Jung llamaba «inconsciente colectivo» yo lo llamo «nuestra intranet»: un entramado psíquico de interconexión que nos une a los demás seres humanos mediante un amplio sistema de arquetipos. Cada arquetipo es un programa informático completo, con su propio conjunto de mitos y su propio almacén de símbolos y leyendas asociadas a cada uno de esos mitos.

Imagínate nuestro planeta con miles de millones de líneas entrecruzadas sobre su superficie, un entramado por el que se transmite toda la actividad psíquica humana a una velocidad extremadamente rápida. Todas las ideas, las sensaciones, los sentimientos y las vibraciones humanas recorren instantáneamente esta red arquetípica, transmitiendo el ingrediente común a toda experiencia humana: el poder. Todo lo haces, dices, piensas, calculas y consideras teniendo en cuenta el poder, incluso a la hora de elegir tu vestuario. El poder es el único ingrediente común a todo acto humano desde el nacimiento hasta la muerte. La vida entera es una negociación por el poder... y todo ese poder recorre la red arquetípica.

Piensa por qué eliges lo que eliges y qué te impulsa a actuar del modo en que lo haces. Al final, todas tus elecciones han estado basadas en cálculos de poder. Lo que voy a decir o hacer ahora, ¿va a proporcionarme poder o a quitármelo? ¿Debería callármelo? ¿Debo decirlo? ¿Debo ser honesta? ¿Debo actuar guiada por mi intuición o recabar más información? En este caso, ¿qué información me conviene más?

Podemos temer algo tan sencillo como disentir sobre un restaurante al que un amigo ha sugerido que vayamos. «Mejor aceptarlo e ir con el grupo», piensa la mayoría.

Pero ¿por qué reducimos todas las elecciones a un cálculo del poder que se transmite a través de esa potente red? Porque estamos todos conectados y formamos parte de la misma red de vida. Hemos nacido ya conectados a esa intranet, a ese potente entramado de poder, con una mochila llena de las verdades y la sabiduría inherentes a la especie humana. Por eso sabemos de manera innata, desde lo más profundo, lo que está bien y lo que está mal. Lo llevamos en el ADN celular.

Sin embargo, no somos conscientes de esas verdades desde el día que nacemos, sino paulatinamente, a medida que maduramos. Este es un conocimiento sagrado que debe ser despertado, estimulado interiormente y reconocido de manera intuitiva, no con la mente racional. Si alguna vez te has preguntado cuál es el verdadero propósito de tu vida o te has dicho: «Necesito saber lo que realmente me importa», entonces ya has iniciado el proceso. Estos estímulos interiores son una invitación a despertar, a ir en busca de tu yo más auténtico.

Nos atraen las historias acerca de antiguos héroes que parten en su arquetípico viaje iniciático para descubrir su verdadero yo. Encontrando una ruta hacia ese precioso conocimiento sagrado, hacia quién eres en verdad, adquieres poder. Esa es la esencia de la auténtica autoestima, el santo grial de la búsqueda interior.

Plantéate por un momento la pregunta que constituye el tema de este libro: «¿Quién eres en realidad?» Todos nos preguntamos quiénes somos muchas veces y de muchas maneras a lo largo de la vida, pero nos hace falta el lenguaje adecuado para extraer las respuestas de lo más profundo de nuestro interior.

Nos hacemos esa pregunta porque buscamos entender el motivo por el que nos fue dado el don de la vida. «¿Por qué razón he nacido?» Esta pregunta señala un pasadizo arquetípico, un punto de inflexión en nuestro deseo de conocernos más a fondo. Simboliza una maduración que nos lleva de definirnos por lo que poseemos a querer conocernos por lo que podemos llegar a hacer, ser o aportar. ¿Llevo dentro una artista? ¿He nacido para ser una visionaria?

Para conocer la verdad más profunda acerca de ti misma tienes que realizar un viaje interior con el poder de tus arquetipos.

ENTRANDO EN CONTACTO CON TUS ARQUETIPOS Y CON LA INTRANET

Este libro es una introducción a la intranet y a los diez arquetipos que encarnan las tendencias de poder de nuestra época: la abogada, la artista/creativa, la atleta, la cuidadora, la moderna, la intelectual, la reina/ejecutiva, la rebelde, la buscadora espiritual y la visionaria.

Cada arquetipo representa una familia arquetípica, un grupo de arquetipos similares. Estas familias generales sirven tanto para los hombres como para las mujeres. La cuidadora, por ejemplo, es la representante de la familia de quienes se ocupan de los demás, un grupo relacionado con la alimentación que incluye a la madre, el rescatador, el maestro, el sanador y el compañero.

De igual manera, la rebelde pertenece a una familia de la que forman parte el guerrero, el héroe y la inconformista. Los miembros de una familia arquetípica comparten características, pero entre ellos existen diferencias sutiles que a veces dan pie a confusiones. Por ejemplo, a la gente suele costarle distinguir entre el sanador y el rescatador, porque ambos sienten la inherente necesidad de dar respuesta a quienes piden ayuda. No obstante, la iniciación del sanador, el viaje iniciático del sanador herido, es propio únicamente de este y ajeno al arquetipo del rescatador. (No todos los arquetipos realizan un viaje iniciático. La iniciación es un ritual exclusivo de los arquetipos que tienen la sagrada función de curar.) El viaje iniciático del sanador herido es una importante iniciación que muchas de vosotras puede que reconozcáis. Empieza con una «herida». La herida puede ser un accidente grave, una enfermedad o alguna circunstancia de la vida por la que alguien pierde casi todo cuanto posee. Entonces, a esa persona no le quedan más que dos opciones: derrumbarse o hacer de tripas corazón. La herida la enfrenta a la dicotomía de hacer algo o morir, y le ofrece la oportunidad de transformar por completo su relación con el poder, que hasta ese momento definía como algo externo: posición social, dinero, fama, seguridad y creencia en la propia invencibilidad. La herida destruye la ilusión de que algo de eso pueda aportar poder verdaderamente y le enseña la vacuidad, la falsedad de las definiciones externas de poder. La elección del sanador herido es descartar todo lo que creía acerca del poder y la seguridad terrenales para descubrir un paradigma alternativo y curativo. Llega a entender que su herida solo puede sanar si vive en completa armonía con su espíritu. Esto explica por qué muchos sanadores heridos se recuperan de enfermedades o situaciones que a otros los habrían llevado a la tumba. Pasando por la ordalía de la curación, el sanador herido adquiere el poder para ayudar a otros a sanar.

LOS DIEZ ARQUETIPOS

Estos diez arquetipos encarnan los problemas básicos de poder que definen a las mujeres de hoy en día, incluidos sus esfuerzos subyacentes por conseguir más.

Hace diez años la lista de arquetipos habría sido otra y puede que sea distinta dentro de otros diez. Pero en el mundo tal como hoy lo conocemos, la mujer moderna suele considerarse una profesional o, si no una profesional, alguien que busca su lugar en el mundo. La definición de «profesional» no abarca solo a quienes se dedican a una profesión liberal, sino que incluye a las que dominan un oficio o llevan un negocio desde casa. La mujer actual tiende a considerarse cuidadora, sea o no madre. Esa cuidadora puede tener trazas de rebeldía, simplemente porque debe adaptarse a un mundo tremendamente distinto de aquel en que vivieron las anteriores generaciones de mujeres. A veces, sin embargo, la rebelde es la fuerza imperante. Muchas mujeres, hoy en día, se sienten llamadas a cambiar el mundo como abogadas de sus respectivas comunidades o como ecoabogadas (activistas medioambientales), un arquetipo que ha tomado forma solo recientemente en el inconsciente colectivo. (La madre naturaleza no solía necesitar seres humanos que defendieran su causa en los círculos políticos, pero así son los tiempos en que vivimos.) Actualmente las visionarias juegan un papel más importante como instrumentos del cambio social. Muchas mujeres se han convertido en atletas, porque estar en buena forma física y hacer ejercicio es un valor al alza en este mundo. Las imágenes arquetípicas que gobiernan nuestra intranet producen cambios: alteran la definición de belleza, poder y logro social. La moderna, sin ir más lejos, nos aporta modos de sentirnos bien con nosotras mismas gracias a lo que nos ponemos, a cómo nos maquillamos, al estilo de peinado o los zapatos que calzamos.

Además de ser el reflejo de los temas importantes de la actualidad, los diez arquetipos del libro encarnan los cambios personales más acuciantes a los que las mujeres se enfrentan ahora mismo. Los cambios personales son arquetípicos porque también ellos tienen su origen en nuestros modelos arquetípicos. Nadie nace con una sana autoestima, pero nuestro grado de autoestima orienta todo cuanto hacemos en la vida. En particular, las mujeres se enfrentan al reto de desarrollar su sentido del poder interior y la identidad personal. Sin ese núcleo esencial de autoestima, puede que seas incapaz de oír tu guía interior. No confiarás en la intelectual que llevas dentro cuando adopte nuevas ideas. Desatenderás al arquetipo de la moderna cuando salpique tu imaginación con ideas acerca de la creación de una nueva línea de ropa o de joyas.

Desestimarás las instrucciones o sugerencias intuitivas igual que si fueran una pesadilla, pensando: «Soy incapaz. ¿Y si fracaso?», o cualquier otra excusa derivada de la baja autoestima. Pocas fuerzas en la vida tienen la autoridad positiva de la autoestima o el efecto negativo de la falta de autoestima.

Los arquetipos se comunican psíquicamente mediante corazonadas, premoniciones, reacciones viscerales, escalofríos que nos recorren la columna y otras sensaciones físicas.

Yo sé leer el lenguaje fluido de mi intuición, porque me siento cómoda con estas sensaciones íntimas. No entran en conflicto con mis cinco sentidos, sino que son más bien su complemento perfecto. Mi intelecto confía en mi intuición, trabajan en perfecta colaboración.

Los arquetipos impregnan cualquier aspecto de tu vida, por eso es tan importante que descubras de qué manera se expresan en tus decisiones y rutinas diarias. Tus arquetipos influyen en tus hábitos de gasto, en el modo que tienes de hacer compras, en lo que adquieres o dejas de adquirir. Influyen en la calidad de tus relaciones y en quién te atrae y por qué. Y también influyen en los problemas recurrentes que tienes: las discusiones en que recaes, las dificultades en el trabajo con las que te enfrentas repetidamente u otras situaciones en que reincides. Todo lo que se repite es una clave de la influencia en tu vida de los arquetipos.

Por último, los diez arquetipos descritos en este libro reflejan los desafíos míticos colectivos de nuestros tiempos. Necesitamos a las personas visionarias más que nunca, porque nos hace falta concebir nuevos modelos de energía, nuevas tecnologías y nuevas maneras de cooperar con el entorno.

Las buscadoras espirituales también están cambiando en consonancia con la época. Para las mujeres y los hombres atraídos por la vida espiritual, el mundo es en sí mismo una nueva clase de monasterio. Las espiritualistas suelen considerar que su actividad es la consecuencia de una llamada, sea cual sea su campo de actuación. Junto con la atleta, la abogada, la artista/creativa, la cuidadora, la moderna, la intelectual, la reina/ejecutiva y la rebelde, representan equilibradamente la familia arquetípica contemporánea.