Es la razón por sí misma lo que hace la vida feliz
y agradable, al expulsar todas las ideas y opiniones falsas, y evitar
así toda perturbación de la mente.
EPICURO
La vida examinada es la única que merece ser vivida.
SÓCRATES
El tiempo de la vida humana no es más que un punto, y su
sustancia un flujo, y sus percepciones torpes, y la
composición del cuerpo corruptible, y el alma un torbellino, y la
fortuna inescrutable, y la fama algo sin sentido [...]
¿Qué puede pues guiar a un hombre? Una única cosa, la filosofía.
MARCO AURELIO
Las nubes de mi aflicción se disiparon y bebí de la luz.
Con mis pensamientos en orden giré para examinar el rostro de
mi médico. Volví los ojos y posé mi mirada en ella, y vi que
era la enfermera en cuya casa me habían cuidado desde la
juventud: la filosofía.
BOECIO
El hombre no debe sobrevalorar la grandeza y el poder
de su mente.
GEORGE FREDERICH HEGEL
Hacer filosofía es explorar el propio temperamento, pero al
mismo tiempo tratar de descubrir la verdad.
IRIS MURDOCH
Los carpinteros dan forma a la madera; los flecheros dan forma
a las flechas; los sabios se dan forma a sí mismos.
BUDA
Agradecimientos
Gracias a los filósofos predecesores y contemporáneos por su perenne inspiración. La filosofía es un río sin fin, que serpentea aquí y fluye allí, pero que nunca se seca.
Gracias a tantos colegas académicos y profesionales, en Estados Unidos y el extranjero, por el intercambio constructivo de ideas. Ellos mantienen encendida la llama de la búsqueda filosófica, iluminando teorías y prácticas eficaces.
Gracias a todos los consejeros que aportaron los casos que se estudian en la presente obra. Debido a las limitaciones habituales, no hemos podido incluir todas las propuestas. Hemos utilizado casos de Keith Burkum, Harriet Chamberlain, Richard Dance, Vaughana Feary, Stephen Hare, Alicia Juarrero, Chris McCullough, Ben Mijuskovic, Simon du Plock y Peter Raabe. Gracias también a los consejeros filosóficos cuyos trabajos e ideas he tenido ocasión de mencionar que son: Gerd Achenbach, Stanley Chan, Pierre Grimes, Kenneth Kipnis, Ran Lahav, Peter Mark y Bernard Roy.
Gracias a nuestros colegas holandeses —sobre todo a Dries Boele e Ida Jongsma— por formar al primer grupo de expertos norteamericanos en el método nelsoniano de diálogo socrático.
Gracias a muchos otros cuya clarividencia y apoyo constante han contribuido al florecimiento del asesoramiento filosófico en Estados Unidos, entre los que se cuentan Charles DeCicco, Joelle Delbourgo, Ruben Diaz Jr., Paul del Duca, Ron Goldfarb, John Greenwood, Robbie Hare, Mahin Hassibi, Merl Hoffman, Ann Lippel, Thomas Magnell, Robyn Leary Mancini, Jean Mechanic, Thomas Morales, Yolanda Moses, Gerard O'Sullivan, Mehul Shah, Paul Sharkey, Wayne Shelton, Jennifer Stark, Martin Tamny y Emmanuel Tchividjian.
Gracias también a Tin Duggan, por su experto y cordial quehacer como editor.
Por último, gracias a Colleen Kapklein, quien tradujo hábilmente mis elípticas divagaciones en una prosa comprensible. He aprendido que todo filósofo puede escribir un libro poco popular sin contar con ninguna ayuda. Al fin y al cabo, nuestro don es abordar asuntos sencillos y hacerlos asombrosamente complejos. En cambio, la escritura de éxito requiere arte y fidelidad para hacer que los asuntos más complejos sean asombrosamente sencillos, tarea que no habría podido concebir, y mucho menos realizar, sin la ayuda de una experta.
LOU MARINOFF
Nueva York, 1999
Los casos estudiados en estas páginas proceden de mi consulta y de las de colegas que me han autorizado a incluirlos. El anonimato de nuestros clientes se ha garantizado cambiando nombres, lugares, ocupaciones, detalles y demás datos pertinentes. Aunque sus identidades sean ficticias, el provecho filosófico que sacaron es real.
MÁS PLATÓN Y MENOS PROZAC
PRIMERA PARTE
LOS NUEVOS USOS DE LA SABIDURÍA ANTIGUA
1
La crisis de la filosofía y su reciente recuperación
Contra las enfermedades de la mente,
la filosofía dispone de remedios; por esta
razón se la considera, con toda justeza,
la medicina de la mente.
EPICURO
Ser filósofo no consiste en el mero
formular pensamientos sutiles, ni siquiera en
fundar una escuela [...] Consiste en
resolver algunos de los problemas de la vida,
no en el ámbito teórico, sino en el práctico.
HENRY DAVID THOREAU
Una mujer joven hace frente al cáncer de mama terminal de su madre. Un hombre de mediana edad prevé un cambio de rumbo en su trayectoria profesional. Una mujer protestante cuya hija está comprometida con un muchacho judío y cuyo hijo está casado con una chica musulmana tiene miedo de los conflictos religiosos que puedan surgir en su familia. un ejecutivo financiero con una brillante carrera a sus espaldas se debate sobre si debe abandonar a su esposa tras veinte años de matrimonio. Una mujer vive plenamente feliz en pareja, pero sólo uno de los cónyuges quiere tener hijos. un ingeniero separado, padre de cuatro hijos, teme que delatar un error de diseño en un proyecto importante pueda costarle el empleo. Una mujer que tiene todo cuanto creía desear (un marido y unos hijos que la quieren, una casa bonita, una profesión bien remunerada) lucha contra la falta de sentido de su vida; cuando piensa en ella se pregunta: «¿Esto es todo lo que hay?»
Todas estas personas han buscado ayuda profesional para resolver los problemas que las abruman. En otros tiempos, quizás habrían acudido a la consulta de un psicólogo, un psiquiatra, un asistente social, un consejero matrimonial o incluso a la del médico de cabecera para dar con el tratamiento que les curaría su «enfermedad mental». O quizás habrían consultado sus dudas con un guía espiritual o recurrido a la religión en busca de orientación e instrucción moral. Y puede que a algunos de ellos les diera buen resultado. Ahora bien, también cabe que tuvieran que soportar largas conversaciones sobre su infancia, detallados análisis de sus pautas de comportamiento, recetas de antidepresivos o peroratas sobre la naturaleza pecaminosa del ser humano y el infinito perdón de Dios, sin que ninguno de estos trances llegara al meollo de su lucha interior. Asimismo, es probable que emprendieran una prolongada terapéutica, sin fecha de finalización, centrada en el diagnóstico de una enfermedad como si se tratara de un tumor que es preciso extirpar o de un síntoma que pudiera controlarse con medicamentos.
Sin embargo, ahora existe otra opción para las personas que se muestran insatisfechas o contrarias a las terapias psiquiátricas y psicológicas: el asesoramiento filosófico. Lo que hicieron las personas descritas más arriba fue buscar una clase de ayuda distinta. Consultaron con un filósofo para hallar nuevas ideas fundamentadas en las grandes tradiciones del pensamiento humano. Puesto que las instituciones religiosas oficiales pierden autoridad ante un número creciente de personas, y que la psicología y la psiquiatría traspasan los límites de su utilidad en la vida de la gente (y comienzan a hacer más mal que bien), muchas personas están cayendo en la cuenta de que la pericia filosófica abarca la lógica, la ética, los valores, los significados, la racionalidad, la toma de decisiones en situaciones conflictivas o arriesgadas; en suma, toda la inmensa complejidad que caracteriza la vida humana.
Las personas que se enfrentan a dichas situaciones necesitan términos suficientemente profundos y amplios para exponer sus inquietudes. Sirviéndose de sus respectivas filosofías de la vida, a veces valiéndose de los grandes pensadores del pasado, logran construir un marco de referencia que les permite arrostrar cualquier situación y pasar a la siguiente con fundamentos más sólidos y con una mayor entereza espiritual o filosófica. Lo que necesitan es diálogo, no un diagnóstico.
Usted puede aplicar este proceso a su propia vida. Puede trabajar por su cuenta, aunque suele resultar útil contar con un interlocutor con quien contrastar pareceres para asegurarse de no pasar por alto ningún aspecto y evitar que la racionalización prevalezca sobre la racionalidad. Con los consejos y los ejemplos contenidos en este libro, estará en condiciones de descubrir los beneficios que reporta un examen atento de la vida, beneficios que comprenden la tranquilidad de espíritu, la estabilidad y la integridad. No necesita ninguna experiencia en filosofía, ni tiene por qué leer La república de Platón ni ningún otro texto filosófico (a no ser que así lo desee). Todo cuanto precisa es una mentalidad filosófica y, dado que ha elegido este libro y lo ha leído hasta aquí, me atrevería a afirmar que usted la tiene.
UNA FILOSOFÍA PROPIA
Todo el mundo tiene una filosofía de la vida pero pocos de nosotros gozamos del privilegio o el tiempo libre necesario para sentarnos a esclarecer sutilezas. Tendemos a irlo haciendo sobre la marcha. La experiencia es una gran maestra, pero también precisamos reflexionar sobre nuestras experiencias. Necesitamos pensar con una postura crítica, buscando pautas de conducta y situándolo todo en el contexto general para abrirnos camino en la vida. Comprender nuestra propia filosofía puede ayudarnos a evitar, resolver o abordar muchos problemas. Nuestra filosofía también puede ser el origen de los problemas que padecemos, de modo que debemos evaluar las ideas que sostenemos para modelar un punto de vista que obre a favor nuestro, no en contra. usted es capaz de cambiar sus creencias para resolver un problema, y este libro le enseñará cómo hacerlo.
Pese a la fama que ostenta, la filosofía no tiene por qué resultar intimidante, aburrida o incomprensible. Gran parte de lo que se ha escrito sobre el tema a lo largo de los años sin duda encaja en una o más de estas categorías pero, en el fondo, la filosofía investiga las cuestiones que todos nos preguntamos: ¿Qué es una buena vida? ¿Qué es el bien? ¿En qué consiste la vida? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué debería obrar correctamente? ¿Qué significa obrar correctamente? No son preguntas fáciles, y sus respuestas tampoco lo son; de lo contrario, no seguiríamos dándoles vueltas una y otra vez. Dos personas distintas nunca llegarán automáticamente a las mismas respuestas. No obstante, todos contamos con un conjunto de principios como punto de partida, tanto si somos conscientes de ellos y podemos enumerarlos como si no.
Lo mejor de disponer de miles de años de pensamiento en los que inspirarse es que muchas de las mentes más sabias de la historia han profundizado en estos asuntos y nos han cedido un legado de ideas y directrices que cabe aprovechar. Ahora bien, la filosofía también es algo personal: usted también es filósofo. Tome cuanto pueda aprender de otras fuentes, pero si lo que quiere es encontrar una forma de ver el mundo que le dé resultado, tendrá que tomarse la molestia de pensar por su cuenta. La buena noticia es que, con el debido incentivo, usted es perfectamente capaz de pensar por sí mismo.
¿Dónde encontrar dicho incentivo? Pues sin ir más lejos en este libro, que no le ofrece parte del fruto de la práctica filosófica. Mis colegas de profesión y yo no somos filósofos sólo en el sentido académico del término. Aunque muchos de nosotros estemos doctorados en filosofía, enseñemos en universidades y publiquemos artículos especializados, hacemos algo más que eso: también ofrecemos asesoramiento a clientes individuales, a grupos y a organizaciones. Apartamos la filosofía de los contextos puramente teóricos o hipotéticos y la aplicamos a los problemas cotidianos de la vida personal, social y profesional.
Si usted viniera a verme, tal vez le comentaría los planteamientos de Kierkegaard para enfrentarse a la muerte, las ideas de Ayn Rand sobre las virtudes del egoísmo o el consejo de Aristóteles de perseguir la razón y la moderación en todas las cosas. Quizás estudiaríamos teoría de la toma de decisiones, el Yijing o I Ching (Libro de las mutaciones) o la teoría de la necesidad de Kant. En función de su problema, examinaríamos las ideas de los filósofos que mejor se apliquen a su caso, aquellas con las que usted se sintiera más cómodo. Hay personas que gustan del enfoque autoritario de Hobbes, por ejemplo, mientras que otras responden a planteamientos más intuitivos, como el de Laozi o Lao Tse. Quizás exploraríamos dichas filosofías en profundidad, aunque lo más probable sería que usted tuviera su propio esquema filosófico y que deseara expresarlo con más claridad. Yo actuaría como un guía para sacar a la superficie e iluminar sus propias ideas y, posiblemente, para sugerirle otras nuevas.
Lo que obtendría después de abordar desde una óptica filosófica el asunto que le atañera sería una forma duradera, profundamente arraigada e imparcial, de hacer frente a cualquier obstáculo que surja en su camino, ahora y en el futuro. Encontraría esta verdadera tranquilidad de espíritu mediante la contemplación, no con medicamentos. Platón sí, Prozac no. Ello exige pensar con claridad y agudeza, lo cual no está fuera de su alcance.
La vida es estresante y complicada, pero usted no tiene por qué estar angustiado ni confundido. Este libro trata sobre los problemas a los que nos enfrentamos en la vida cotidiana. Somos especialmente vulnerables cuando andamos escasos de fe o confianza, tal como nos ocurre a muchos de nosotros cuando no logramos dar con todas las respuestas en la religión o en la ciencia. A lo largo de este siglo, se ha ido abriendo un tremendo abismo bajo nuestros pies a medida que la religión ha ido retrocediendo y la ciencia avanzando, y todo ha perdido significado. Es fácil que no veamos dicho abismo hasta que ya hayamos caído en él. Los filósofos existencialistas realizan visitas guiadas muy completas; aun así, en la mayoría de los casos no logran sacar a las personas de él. Lo que necesitamos es cosechar las aplicaciones prácticas de todas las escuelas filosóficas para planear la forma de salir de nuevo a la superficie.
La filosofía está recobrando su legitimidad perdida como un modo útil de examinar el mundo que nos rodea, mientras el universo nos proporciona nuevos misterios antes de que ni la teología ni la ciencia hayan podido reconciliar los enigmas existentes. Bertrand Russell describió la filosofía como «algo intermedio entre la teología y la ciencia [...] una tierra de nadie expuesta a ataques procedentes de ambos bandos». No obstante, la otra cara de esta acertada observación es que la filosofía puede sacar fuerzas de ambos bandos sin tener que absorber los dogmas y puntos flacos respectivos.
El presente libro se inspira en los más grandes filósofos y filosofías de la historia del mundo para enseñarle a abordar los aspectos más importantes de la vida. Trata sobre los problemas que todo ser humano encara, tales como la manera de conducir las relaciones amorosas, de vivir con ética, de plantearse la muerte, de enfrentarse a un cambio profesional y de encontrar sentido a la existencia. Por supuesto, no todos los problemas tienen solución, pero aunque no logre encontrarla necesita manejar el problema de tal modo que su vida siga adelante. Sea como fuere, tanto si lo resuelve como si aprende a convivir con él, este libro puede servirle de guía. Ahora bien, en lugar de ofrecerle enfoques pseudomédicos orientados a las patologías o proponerle superficiales principios propios de la New Age, este libro presenta una sabiduría puesta a prueba por el tiempo y adaptada específicamente para ayudarle a vivir con plenitud e integridad en un mundo que cada vez resulta más desafiante.
LA FILOSOFÍA PRÁCTICA
El asesoramiento filosófico, a pesar de ser un campo de la filosofía relativamente nuevo, está experimentando un rápido crecimiento. El movimiento de la práctica filosófica surgió en Europa en la década de los ochenta, impulsado por Gerd Achenbach en Alemania, y comenzó a expandirse en Norteamérica en la década de los noventa. Aunque «filosofía» y «práctica» son dos palabras que la mayor parte de la gente no suele relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana. Tanto Sócrates, que se pasaba el día debatiendo cuestiones de gran importancia en el ágora, como Laozi, que recopiló sus consejos sobre cómo seguir el camino del éxito evitando todo perjuicio, querían que sus ideas fuesen de utilidad. La filosofía, al principio, era una forma de vida, no una disciplina académica; es decir, no sólo objeto de estudio sino también de aplicación. No fue hasta el siglo pasado, aproximadamente, cuando la filosofía se vio consignada a un ala esotérica de la torre de marfil, llena de avances teóricos pero desprovista de toda aplicación práctica.
«Filosofía analítica» es el término técnico que designa lo que, con toda probabilidad, acude a su mente cuando piensa en filosofía. Éste es el campo tal como se define desde un punto de vista académico. Esta clase de filosofía es, en su mayor parte, abstracta y autorreferencial, y dice muy poco o nada acerca del mundo. Rara vez puede aplicarse a la vida. Dicho enfoque es apropiado para las universidades. Los estudios básicos de filosofía deberían formar parte de todo plan general de educación; una universidad sin departamento de filosofía es como un cuerpo sin cabeza. Ahora bien, la mayoría de los campos de estudio académico en los que existe una rama de investigación pura también cuenta con una rama aplicada. Se pueden estudiar matemáticas puras o aplicadas, ciencias teóricas o experimentales. Si bien es esencial para cualquier campo de estudio expandir sus fronteras teóricas, la filosofía académica últimamente se ha excedido en su énfasis sobre la teoría en detrimento de la práctica. Mi misión en estas páginas es recordarle que la sabiduría de la filosofía de la vida, que está relacionada con la vida real y la forma de vivirla, precede a la institucionalización de la filosofía como una gimnasia mental que no tiene nada que ver con la vida.
La filosofía está volviendo a la luz del día, donde las personas corrientes pueden entenderla y aplicarla. Las ideas atemporales sobre la condición humana son accesibles para usted. Nosotros, los profesionales de la filosofía, las sacamos de los mohosos estantes de la biblioteca, les quitamos el polvo y las ponemos en sus manos. usted puede aprender a utilizarlas. No precisa experiencia previa. Quizá quiera reconocer el terreno antes de emprender su propia andadura, y este libro le ayudará a hacerlo, proporcionándole la clave para descifrar las señales que hallará en el camino de modo que disfrute de un viaje seguro y fascinante, tanto si lo realiza a solas como en compañía de un amigo.
De ningún modo es necesario ser doctor o licenciado en filosofía para beneficiarse de la sabiduría de todos los tiempos. Al fin y al cabo, tampoco necesita estudiar biofísica para dar un paseo, ser ingeniero para plantar una tienda de campaña o ser un experto en economía para encontrar empleo. De la misma forma, no necesita estudiar filosofía para llevar una vida mejor, aunque tal vez necesite practicarla. La gran verdad sobre la filosofía (y éste es un secreto bien guardado) es que todo el mundo puede ejercerla. La investigación filosófica no es coto vedado de filósofos licenciados o diplomados; basta con la voluntad de enfocar el tema en cuestión en términos filosóficos. No hace falta que le pague a alguien (aunque puede que aprenda y disfrute del encuentro con un profesional), ya que con un interlocutor voluntarioso, o incluso por su cuenta, podrá hacerlo en su propia casa, en una cafetería o, ya puestos, hasta en un centro comercial.
Como consejero filosófico soy un abogado en defensa de los intereses de mis clientes. Mi trabajo consiste en ayudar a las personas a comprender con qué clase de problema se enfrentan y, mediante el diálogo, desenmarañar y clasificar sus componentes e implicaciones. Les ayudo a encontrar las mejores soluciones: un enfoque filosófico compatible con su propio sistema de creencias y, al mismo tiempo, en consonancia con principios de sabiduría consagrados que contribuyen a llevar una vida más virtuosa y efectiva. Trabajo con mis clientes para identificar sus creencias (proponiéndoles la sustitución de las que resultan inútiles) y explorar cuestiones universales relacionadas con el valor, el significado y la ética. Trabajando con este libro, usted puede aprender a hacer lo mismo por su cuenta, si bien es posible que le resulte más provechoso contar con otra persona que quiera profundizar en el mismo tema.
La mayor parte de mis clientes acude a mí para asegurarse de que sus actos son acordes con su propia forma de entender el mundo, y confía en mí para que les llame la atención sobre cualquier contradicción en la que incurran. El objeto del asesoramiento filosófico es el presente (y la mirada hacia el futuro) más que el pasado, al contrario de gran parte de las psicoterapias tradicionales. Otra diferencia es que el asesoramiento filosófico tiende a desarrollarse a corto plazo. Con algunos clientes nos reunimos en una única sesión. En mi caso, lo más frecuente es que trabaje con alguien algunas veces durante un período de unos pocos meses. El tiempo más largo que he dedicado a una persona ha sido de cosa de un año.
una sesión de asesoramiento filosófico es algo más que el mero análisis de las dificultades sirviéndose de bien fundados fragmentos de literatura filosófica, aunque un simple aforismo en ocasiones puede dilucidar el problema más intrincado. Es el diálogo, el intercambio de ideas en sí mismo, lo que resulta terapéutico. Este libro le proporcionará toda la información necesaria para que aclare su propia filosofía, así como una guía para conducir su deliberación interior o el diálogo con un amigo. Le enseñaré la manera de ser lo bastante radical como para considerar todas las opciones, pero con la suficiente prudencia para elegir la correcta.
¿PLATÓN O PROZAC?
Antes de confiar únicamente en la filosofía para hacer frente a un problema, debe asegurarse de que ésta resulta apropiada a su situación. Si está molesto porque tiene una piedra en el zapato, no necesita asesoramiento; lo que debe hacer es quitar la piedra del zapato. Aunque hable acerca de la piedra que tiene en el zapato el pie jamás le dejará de doler, por más empatía que muestre su interlocutor y con independencia de la escuela terapéutica a la que él o ella pertenezca. Las personas cuyos problemas sospecho que son de naturaleza física las mando a profesionales de la medicina o la psiquiatría. A algunos otros les será tan poco útil Platón como a otras el Prozac. Habrá quien precise primero el Prozac, y luego a Platón, o una combinación de ambos.
Muchas personas que buscan asesoramiento filosófico ya han pasado por una terapia que, en última instancia, les ha parecido poco satisfactoria, al menos en algunos aspectos. Las personas pueden salir mal paradas de un tratamiento psicológico o psiquiátrico si la raíz de su problema es de carácter filosófico y el terapeuta o el médico al que acuden no lo entiende así. Puede surgir un sentimiento de desesperación si usted empieza a creer que nadie será capaz de ayudarle a resolver su problema porque no le están escuchando como es debido. Una terapia inadecuada supone una pérdida de tiempo (en el mejor de los casos) y puede conllevar un empeoramiento de la situación.
Muchas personas que finalmente recurren al asesoramiento filosófico se han beneficiado previamente del asesoramiento psicológico, pero consideran que éste no les basta por sí mismo. Sin duda, el pasado nos condiciona e informa el modo en que solemos ver las cosas; de ahí que examinar el pasado puede que resulte provechoso. Es posible que la comprensión de su propia psicología sea una valiosa preparación para cultivar su propia filosofía. Todos llevamos un equipaje psicológico, pero librarse del exceso quizá exijas asesoramiento filosófico. La idea es viajar tan ligeros de equipaje como sea posible. Conocerse a sí mismo (meta que enfocan de forma distinta el asesoramiento psicológico y el filosófico) no consiste en memorizar la Enciclopedia de Usted. Hacer hincapié en cada uno de los detalles, por exquisitos que sean, no logra sino aumentar el equipaje en lugar de aligerar la carga.
Muchas personas que no tocarían una psicoterapia ni con una pértiga de tres metros encuentran atractiva y aceptable la idea de conversar con alguien sobre ideas y puntos de vista. Tanto si usted considera la terapia psicológica un trampolín como si no, si usted es curioso, especulativo, reflexivo, analítico y elocuente, puede beneficiarse en gran medida del asesoramiento filosófico. De hecho, cualquiera con una mente inquieta está preparado para ese examen de la vida que es el objetivo común de todos los filósofos.
UNA TERAPIA PARA CUERDOS
El asesoramiento filosófico es, en palabras de mi colega canadiense Peter March, «una terapia para cuerdos». Según mi parecer, esto nos incluye a todos. Por desgracia, con demasiada frecuencia la psicología y la psiquiatría han aspirado a catalogar las enfermedades de todo el mundo, tratando de diagnosticar a cualquiera que entrara en sus consultas en busca del síndrome o trastorno que sería la causa de su problema. En el lado frívolo, gran parte del pensamiento New Age toma como premisa que el mundo (y todos los que en él están) es tal como debería ser. Si bien en general deberíamos esperar ser aceptados a pesar de la variedad de idiosincrasias y defectos que todos tenemos, y pese a que no exista ningún motivo para ver esos defectos como algo anormal (la perfección es lo que carece de normalidad), tampoco hay razón alguna para juzgar que el cambio esté fuera de nuestro alcance. Cuando Sócrates declaró que una vida sin reflexión no merecía la pena ser vivida, abogaba por la evaluación personal constante y el esfuerzo por mejorarse a sí mismo como la más alta de las vocaciones.
Tener problemas es normal, y la congoja emocional no constituye necesariamente una enfermedad. Las personas que luchan por hallar una manera de comprender y manejarse en un mundo que cada día es más complejo no tienen por qué verse etiquetadas con un trastorno, cuando lo que en realidad están haciendo es avanzar por caminos consagrados a la búsqueda de una vida más satisfactoria. En este libro encontrará formas concretas de aplicar la filosofía al hacer frente a dilemas morales; a conflictos éticos en el ámbito profesional; a dificultades para reconciliar su experiencia con sus creencias; a conflictos entre la razón y la emoción; a crisis de sentido, propósito o valores; a la búsqueda de la identidad personal; a las estrategias que es preciso seguir como padres; a la ansiedad ante un cambio en su trayectoria profesional; a la incapacidad para alcanzar sus objetivos; a los cambios de la mediana edad; a los problemas en sus relaciones personales; a la muerte de un ser querido o su propia mortalidad. He seleccionado y examinado de forma minuciosa las situaciones vitales más comunes que enfrentan a las personas con su filosofía. Sea cual fuere el asunto que le preocupe, podrá aplicar las técnicas e ideas que se recogen en estas páginas.
Al orientarlo en el uso de su propia filosofía, el presente libro hace mucho más que sugerirle que «se tome dos aforismos y llámeme por la mañana». Es una guía práctica para los dilemas más frecuentes de la vida. Ofrece un rápido repaso de la filosofía para quienes nunca asistieron (o no recuerdan) los cursos elementales, pero también es un riguroso compendio de caminos que cabe seguir para vivir con más integridad y satisfacción. Trata sobre las grandes cuestiones con las que todo el mundo se topa en la vida y facilita las respuestas que dieron algunas de las mentes más privilegiadas de todos los tiempos, así como estrategias que le conducirán a la respuesta más valiosa para usted: la suya propia.
VISIÓN DE CONJUNTO
Para que sepa a qué atenerse, a continución se presenta una breve descripción de lo que encontrará en este libro.
En esta Primera parte se detalla la práctica filosófica, las formas de usar la filosofía para ayudarse a sí mismo y los límites de la autoayuda. Tras este capítulo sobre las vicisitudes que ha sufrido la filosofía tal como se ha usado (o dejado de usar) en el mundo real (y su reciente recuperación), el capítulo 2 contempla los aciertos y los puntos débiles de la psicología y la psiquiatría y compara distintas clases de terapias. El capítulo 3 presenta los cinco pasos del proceso PEACE («paz», en inglés) para enfrentarse a los problemas con actitud filosófica. El capítulo 4 ofrece un breve repaso sobre algunos filósofos cuyas ideas son relevantes en mi labor como asesor, con objeto de proporcionarle cierta perspectiva histórica.
Cada uno de los capítulos de la Segunda parte se centra en uno de los problemas más comunes que suelen plantearse a los asesores filosóficos, muestra cómo los aborda la filosofía y le orienta en la aplicación del pensamiento filosófico en las situaciones que le atañen personalmente. Los estudios de casos reales están salpicados de explicaciones sobre las principales escuelas de pensamiento y las teorías filosóficas más destacadas, a fin de proporcionar una gama de opciones a elegir ante cada una de las situaciones más habituales. Éstas son las herramientas que usted necesita para examinar su propia vida.
La Tercera parte amplía la perspectiva más allá del asesoramiento filosófico y contempla el ejercicio de la filosofía en varios grupos y organizaciones. El término práctica filosófica comprende tres tipos de actividad profesional: el asesoramiento a clientes individuales, a distintas clases de grupos y a organizaciones de diferente índole. De ahí que cada consejero filosófico presente un perfil determinado. Algunos consejeros se especializan en un tipo de práctica; otros extienden sus actividades a más de uno. Aunque este libro se centra en el asesoramiento individual, las otras clases de práctica también son importantes y dignas de mención en estas páginas. Los individuos que trabajan con grupos pueden sacar provecho de tales encuentros, y es posible que las organizaciones se beneficien de la misma clase de autoexamen y aclaración filosófica que ayuda a los individuos y los grupos.
Finalmente, en la Cuarta parte, la lista de recursos adicionales le proporciona mucha información suplementaria. El apéndice A presenta una lista de filósofos y sus mejores obras. El apéndice B enumera organizaciones de asesoramiento filosófico de Estados Unidos y el extranjero. El apéndice C es un directorio nacional e internacional de consejeros filosóficos. El apéndice D expone una selección de lecturas complementarias sobre práctica filosófica y temas afines. El apéndice E le enseña a utilizar el Yijing, una fuente perenne de sabiduría filosófica que puede consultar por su cuenta.
Este libro resulta mucho más didáctico que una sesión individual de asesoramiento filosófico. Con un consejero filosófico, una sesión puede seguir tres derroteros distintos. Se puede debatir su problema en términos generales, sin mención de ningún filósofo o filosofía concretos. Se trata de la clase de conversación que, con toda seguridad, mantendría con un amigo, cónyuge, pariente, camarero o taxista, y a veces es la mejor manera de abordar el asunto en cuestión. Usted piensa por sí mismo, empleando sus facultades críticas y analíticas, recurriendo a las ideas que tiene sobre sí mismo, y conversando filosóficamente sin intentar adoptar a conciencia una actitud filosófica.
Otro derrotero habitual en una sesión de asesoramiento consiste en que el cliente pida unas enseñanzas filosóficas específicas. En esta variante, usted quizás haya reinventado un planteamiento filosófico y le tranquilice saber que alguien ya se ha adentrado en ese territorio con anterioridad. Entrar un poco en contacto con las escuelas de pensamiento tradicionales tal vez le ayude a atar cabos o a llenar espacios en blanco, aunque su consejero no acostumbrará darle una disquisición completa sobre cada tema, a no ser que usted se la pida.
Existe una tercera alternativa más dura para quienes ya han indagado en sus problemas de esta manera pero tienen interés en seguir adelante. Esto conlleva un compromiso mayor y es posible que le remitan a otro consejero o a explorar la biblioterapia, abordando de pleno determinados textos filosóficos. Quizá le haya resultado útil un punto de vista budista y quiera aprender más sobre la práctica del Zen. O quizá le ayudara una idea de Aristóteles y desee ahondar en su sistema ético. Esta clase de trabajo puede llevarle a abrazar otros temas de un modo más concienzudo que la mera experiencia de trabajar sobre un problema concreto, pero no es más que una opción y, sin duda, no será la adecuada para todo el mundo.
Pese a que el ejercicio de mi profesión abarca estos tres planteamientos, este libro ilustra principalmente el segundo.
Nadie espera que tenga conocimientos concretos de filosofía; eso corre de mi cuenta. Su tarea consiste en formular el problema y estar dispuesto a investigarlo desde un punto de vista filosófico. El diálogo (sea interior o exterior) resultante le será de gran ayuda para interpretar, resolver o abordar cualquier asunto que le ataña. No soy un médium que vaya a ponerle en contacto con filósofos del pasado, sino la guía para adentrarse en sus ideas, sistemas y posturas. En cuanto los haya conocido, le prestarán un buen servicio para manejar cualquier situación que surja en su camino.
Nos encontramos con que ni la ciencia ni la religión pueden responder a todas nuestras preguntas. El psicoterapeuta filosófico Victor Frankl adviritó que este hecho conducía a un «vacío existencial» y que la gente corriente necesitaba una nueva vía de salida:
Cada vez se agolpan más pacientes en nuestras clínicas y consultorios quejándose de vacío interior, de la sensación de una absoluta y definitiva falta de sentido en sus vidas. Podemos definir el vacío existencial como la frustración de lo que cabe considerar la fuerza motivadora más elemental del hombre, a la que podríamos llamar [...] la voluntad de significar.
Frankl usó la frase «voluntad de significar» para emparejar dos de las ideas clave de la psicología: la «voluntad de poder» de Adler y la «voluntad de placer» de Freud. Ahora bien, tal como Frankl previó, había algo aún más profundo en el meollo del problema fundamental de las personas, y los tratamientos médicos, psicológicos y espirituales existentes no iban a bastar para aliviarlo. Hubo un tiempo en que dirigíamos nuestras preguntas sobre el sentido de la vida y la moralidad a una u otra autoridad tradicional, pero dichas autoridades se han venido abajo. Cada vez hay más personas que no se conforman con aceptar pasivamente los dictados dogmáticos de una deidad inescrutable o las frías estadísticas de una ciencia social imprecisa. Nuestros más profundos interrogantes siguen sin respuesta. Peor aún, ni siquiera reflexionamos sobre nuestras creencias.
La alternativa reside en la práctica de la filosofía. Ha llegado el momento de una nueva forma de ver las cosas, y esa nueva forma que en la presente obra se describe es, de hecho, un método antiguo, olvidado durante mucho tiempo y recordado hace poco. Al adentrarnos en el nuevo milenio, hemos cerrado el círculo.
No dejaremos de explorar
Y el final de la exploración será Llegar al punto de partida
Y conocer el sitio por primera vez.
T. S. ELIOT