PRÓLOGO

Hay días en que no tenemos ganas de ir a trabajar, de leer las noticias, de agobiarnos por los desastres del mundo, de preocuparnos por el futuro… No tenemos ganas de opinar sobre las últimas reformas políticas que nos ponen los pelos de punta, tampoco tenemos ganas de angustiarnos por nuestra carrera profesional ni por saber si tendremos una pensión cuando, de aquí a unos años, nos jubilemos.

No tenemos ganas de estar torturándonos por nuestros problemas personales y los de nuestros seres queridos, ni de culpabilizarnos si tomamos un baño en detrimento de «la salud del planeta», ni tampoco de tener mala conciencia por la calidad de nuestra alimentación.

Solo tenemos ganas de desconectar, de olvidarnos de todo por un día, aunque sea un instante… y respirar.

Me doy la vuelta y veo a Ziggy, mi gato, que acaba de entrar silenciosamente en mi despacho. Me mira entornando los ojos, pega un salto hasta el escritorio y se tumba encima del teclado. Es un ritual que llevamos años practicando, desde la época en que yo escribía en un cuaderno y él no paraba de morder el capuchón de mi bolígrafo. Me hace gracia, es un juego entre nosotros. Es como si, por una parte, le encantara que escribiera pero, por otra, hiciera cualquier cosa para impedírmelo.

Hasta ahora, los golpecitos de sus suaves patas y las idas y venidas de mis rodillas al teclado solo me parecían un tejemaneje de mimos y juegos.

Puede que todos estos años tratara de decirme otra cosa, tal vez: «Oye, ¿por qué no lo dejas un poco por hoy?».

Dejarlo. Ahora, mientras restriega su nariz contra mi cuello, no tengo ganas... Hoy no tengo ganas de saber si podré pagar las facturas ni de preocuparme por el próximo crac bursátil.

¿Acaso a él le importa?

Puede que ese sea precisamente el secreto que quería revelarme desde hace tanto tiempo: aprender a aflojar, centrarme en lo básico, pensar en mi bienestar, hacer como él... ¡Vivir como un gato!

¡Es evidente que los gatos viven mucho mejor que nosotros! ¿Por qué no tomar ejemplo de ellos? Es lo que pretendo hacer al desentrañar sus movimientos, sus expectativas y su manera de vivir.

Durante todos estos años la clave ha estado ahí, ante mis ojos, sin que me diera cuenta.

¡Los gatos tienen mucho que enseñarnos, tanto en nuestra vida personal como en la profesional!

Te invito a descubrirlo en este libro, para que tomes cierta distancia con tu vida cotidiana, estés a gusto y sonrías.

¿En qué acierta el gato? ¿En qué nos debe inspirar?

A partir de hoy, si quieres enfocar la vida de otra manera, ¡piensa y actúa como un gato! ¡Haz como él: él sí que sabe!

cap-2

LOS GATOS, NUESTROS AMIGOS

Al principio, Dios creó al hombre

pero lo vio tan débil que le dio al gato.

WARREN ECKSTEIN

Los gatos callejeros, incluso los más desarrapados, siempre son nobles.

No piden nada.

Son gatos… y eso lo dice todo.

FRÉDÉRIC VITOUX

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Los gatos nos cautivan desde la noche de los tiempos. Cuando los observamos y tratamos de entenderlos, encontramos en su fortaleza, su actitud, sus virtudes, sus costumbres y sus pequeñas manías una especie de ritual mágico para vivir en paz y ser feliz.

Los gatos poseen de manera natural muchos recursos que podemos aplicar en nuestra vida cotidiana, tanto personal como profesional.

Practican una filosofía vital que podría resumirse en pocas palabras: comer, jugar, dormir, preocuparse por su comodidad y hacer solo lo que les gusta. ¡Eso ya es mucho en comparación con nosotros! Pero hay mucho más, como vas a descubrir más adelante.

Es un estilo de vida que les permite vivir sin estrés, pues los gatos tienen una única prioridad: ¡su bienestar!

Si imitamos una parte de su forma de actuar, gracias a ellos se abrirá ante nosotros otra perspectiva, otra visión del mundo, así como una comprensión diferente y más evolucionada de nosotros mismos.

De modo que ¡bienvenidos a la mirada gatuna, a su lógica y a su filosofía, que nos permitirán valorar la vida como lo hacen ellos!

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cap-3

EL GATO ES LIBRE

En el fondo, a todos nos mueven

las mismas urgencias.

Los gatos tienen el valor de vivir

sin preocuparse de ellas.

JIM DAVIS

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Libertad, ¡ansiada libertad! ¿Quién no sueña con que sea ella el principal motor de su vida?

Ser libre para ir y venir, ser libre para hacer solo lo que a uno le guste, ser libre para actuar, desear y encapricharse de lo que uno quiera, ser libre para pensar y para moverse. ¡Libre!

Paradójicamente, todos tendemos a acumular obstáculos y, a menudo, a esclavizarnos a nosotros mismos, ya sea mediante préstamos bancarios que nos obligan a trabajar cada vez más, objetos banales que nos parecen muy valiosos, costumbres convertidas en obligaciones que ni siquiera nos damos cuenta de que lo son o personas tóxicas a las que nos forzamos a aguantar. Tal vez ya sea hora de hacer una buena limpieza en nuestra vida.

¿Por qué no pruebas a quedarte solo con lo que te gusta? ¿A mantener las relaciones que te satisfacen, a realizar únicamente las actividades o trabajos que te apasionan?

Tomar tus propias decisiones, hacer lo que te apetezca... Quizás pienses que se trata de un sueño. No lo es para el gato, que ha decidido ser libre: libre para tener lo que desea, para ser lo que quiere y para vivir como le da la gana en cada momento.

Se trata de una constante en el gato, más que una segunda naturaleza, y es lo más importante en su vida: ser libre. Lo demás le importa poco. En cambio, en nuestra vida a menudo relegamos ese ideal simplemente a poder elegir cuándo nos vamos de vacaciones... de acuerdo, eso sí, al calendario.

¿QUIERES VIVIR COMO UN GATO?

¡SÉ LIBRE COMO EL VIENTO!

¡Y HAZ SOLO LO QUE TÚ HAYAS ELEGIDO!

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cap-4

EL GATO ES CARISMÁTICO

Con lo limpios, cariñosos, pacientes, dignos

y valientes que son los gatos, me gustaría saber

cuántos de nosotros podríamos ser gatos.

FERNAND MERY

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Al gato no le hace falta maullar, saltar de un lado a otro o armar jaleo para destacar. Sentimos su presencia en cuanto entra en una habitación. No necesita alborotar: tiene suficiente carisma como para que todo el mundo se fije en él.

Su discreción y su personalidad nos obligan a mirarle cada vez que se pasea por el salón. Qué elegancia..., ¡tiene mucha clase! ¿Quién no sueña con poseer semejante magnetismo?

¿Qué hace para desprender tal cantidad de vibraciones positivas, para provocar tanta admiración?

Nada. SER ÉL MISMO.

Esta es la mayor lección que nos enseña el gato para ser un poco más espontáneos y carismáticos: ¡hay que ser uno mismo!

No hay que ocultarse ni mentir tras las apariencias, tampoco adoptar un papel ni moverse de un lado a otro haciendo aspavientos para tratar de hipnotizar al público presente. Simplemente no hay que hacer nada.

Irradia tu personalidad como si fueras un transmisor o una fuente de luz. No presumas más de lo necesario en una conversación y no la monopolices para darte importancia: lo único que conseguirás es aburrir al auditorio ya que, inconscientemente, pensarán que mediante esos largos monólogos tratas de autoconvencerte o de reafirmarte.

¡Eso no es tener carisma, sino ser omnipresente e invasivo, incluso ser pesado!

¿No te has fijado nunca en que las personas más carismáticas, como esos actores de cine de los que decimos que «se comen la pantalla», no sobreactúan? Son sobrios tanto en sus palabras como en su aspecto.

Las personas más carismáticas no son las más extravagantes; están ahí, pero siempre con cierta contención.

El carisma se va desarrollando a medida que somos honestos con nosotros mismos y con los demás, y según nos aceptamos tal y como somos, sin recurrir a artificios que no se corresponden con nuestra verdadera personalidad.

Todos podemos desarrollar una personalidad atractiva en diversos aspectos si, al igual que el gato, nos limitamos a ser nosotros mismos en cualquier circunstancia.

PARA LLENAR EL ESPACIO

CON TU PRESENCIA Y TU CARISMA,

¡SÉ SINCERO, SÉ DISCRETO

SÉ SENCILLO, SÉ AUTÉNTICO!

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UN DÍA EN LA VIDA DEL GATO

dormir.jpg Síguele con atención y copia sus hábitos: ¡te aseguro que vivirás muchísimo mejor!

7.30: SUENA EL DESPERTADOR

dormir.jpg Estás amodorrado. Como les pasa a tantos otros, te cuesta despertarte. ¡Hace falta una pequeña puesta a punto! Fíjate en el gato, ¿qué hace?

dormir.jpg No sale de la cesta como alma que lleva el diablo: eso es malo para el cuerpo y para la mente. Se relaja, se estira, abre los ojos despacio y se toma el tiempo que sea necesario para despertarse.

dormir.jpg Estírate, bosteza… No tengas prisa. El gato se estira cuando aún está tumbado, luego se levanta, arquea la espalda, se estira otra vez y bosteza ostentosamente. Después, vuelve a sentarse entornando los ojos.

dormir.jpg Lo he probado. Me he puesto a imitarle. Efectivamente, eso es mucho más agradable que pegar un salto de la cama como si fuera una crepe a la que dan la vuelta en la sartén, y deambular hasta la cafetera arrastrando los pies.

dormir.jpg Este fenómeno, habitual en la mayoría de los animales, se denomina pandiculación. Es un automatismo para tener un despertar agradable y empezar bien el día… Algo de lo que nosotros, los humanos, solemos olvidarnos.

cap-5

EL GATO ES TRANQUILO

(LA MAYOR PARTE DEL TIEMPO)

Un gato sentado es la imagen perfecta de la tranquilidad.

RENÉ CHAR

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El estrés es una plaga en nuestra sociedad actual. ¿Cómo podemos combatirlo? ¿Cómo canalizarlo?

En las últimas décadas se han desarrollado multitud de disciplinas y técnicas de relajación, lo cual no es muy buena señal, ya que significa que estamos cada vez más estresados y son más los que padecen este problema.

Vivimos constantemente en tensión, constantemente al límite; el insomnio se suma a los nervios y a la ansiedad, lo que a veces repercute en el cuerpo y se convierte en hipertensión e incluso en el síndrome de desgaste profesional (burn out) que ha surgido en los últimos años.

Es necesario que vivamos mal, muy mal, para llegar a tales extremos.

Dicho esto, ¿cómo podemos cambiar? Fijémonos en el gato: ¿él parece estresado la mayor parte del tiempo? En muy raras ocasiones.

Emana paz y tranquilidad. Su apacible postura, con los músculos relajados, no presenta ninguna señal física de inquietud y su mirada no refleja ninguna tensión.

Lo que a veces calificamos de estrés en los gatos es solo un instante de máxima vigilancia. En ese momento está alerta ante algún peligro potencial, algún suceso que perturba la relajada calma ininterrumpida de su vida cotidiana. Levanta las orejas, fija la mirada, observa y espera. Pero, en cuanto identifica el motivo de su inquietud, en pocos segundos recupera la tranquilidad y descansa la cabeza.

El gato no padece estrés a posteriori de una situación. Cuando esquiva, evita o descarta el peligro y vuelve la calma, da la impresión de desentenderse y no dedicarle ni un segundo más de su pensamiento, como si el suceso nunca se hubiera producido. Esta es quizás su mayor fortaleza y una de las claves de esa calma imperial.

Dejando a un lado su vida contemplativa, el gato lleva una vida organizada y tolera mal los cambios imprevistos, pues construye su existencia en torno al confort y el bienestar, y nada debe perturbarle.

Sus raros momentos de estrés se producen cuando se altera ese bienestar: por una situación que debe resolver rápidamente haciendo huir a un intruso, expresando con contundencia y tesón que el cambio de sus croquetas por otras más baratas no es de su agrado o haciendo ver que la larga y repetida ausencia de su amo no se ajusta a sus necesidades de cuidado y amor.

SI, COMO EL GATO, QUIERES PRESERVAR LA CALMA Y LA PAZ INTERIOR, IDENTIFICA EL ORIGEN DEL ESTRÉS Y RESUELVE EL PROBLEMA DE UNA VEZ POR TODAS: NO PARES HASTA SOLUCIONARLO Y LUEGO OLVÍDALO PARA SIEMPRE.

NO HAY QUE DARLE MÁS VUELTAS NI OBSESIONARSE CON ELLO: PASA PÁGINA PARA SIEMPRE Y ASÍ RECUPERARÁS LA CALMA Y, CON ELLA, EL BIENESTAR.

Los veterinarios también mencionan otro fenómeno que han observado en el gato: si se estresa de forma regular y continua, ¡hay que fijarse en el amo!

Los gatos son como esponjas: lo sienten todo, absorben los estados de ánimo y, a veces, si en su entorno se alcanza cierto grado de tensión, ruidos o gritos, no pueden soportarlo y digerirlo con su tranquilidad absoluta.

Si está en juego su bienestar y tiene la posibilidad de hacerlo, el gato llegará incluso a abandonar el hogar si el ambiente se vuelve insoportable. Pero ¿de quién es la culpa? Si debe marcharse en pro de su tranquilidad, lo hará. ¡Toma nota!