Índice

La cuarta revolución industrial

Prólogo, por Ana Botín

Introducción

1. La cuarta revolución industrial

1.1. Contexto histórico

1.2. Un cambio profundo y sistémico

2. Impulsores

2.1. Megatendencias

2.2. Puntos de inflexión

3. Impacto

3.1. Economía

3.2. Negocios

3.3. Nacional y global

3.4. Sociedad

3.5. El individuo

4. El camino a seguir

Agradecimientos

Apéndice: Cambio profundo

Sobre este libro

Sobre Klaus Schwab

Créditos

Notas

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Prólogo

La historia muestra que, una vez que las revoluciones industriales se ponen en marcha, el cambio se produce con rapidez. Los emprendedores convierten los inventos en innovaciones comerciales, estas dan lugar a nuevas compañías que crecen aceleradamente y, por último, los consumidores demandan los nuevos productos y servicios que mejoran su calidad de vida. Una vez que el engranaje de este proceso comienza a funcionar, la industria, la economía y la sociedad se transforman a toda velocidad.

En las reuniones del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab reúne a personas capaces de influir en esas transformaciones como jefes de gobierno, empresarios, líderes científicos, emprendedores o académicos. En este libro nos invita a pensar en la convergencia de distintas tecnologías, como las físicas, las digitales y las biológicas, en lo que llama la «cuarta revolución industrial».

En el Banco Santander tenemos un profundo sentido de la historia y una larga experiencia de transformarnos para servir mejor a nuestros clientes. Nuestro banco nació en 1857, entre la primera y la segunda revoluciones industriales, para financiar el comercio entre España y América. La tercera revolución industrial, impulsada por los ordenadores, nos permitió automatizar muchos de nuestros procesos, concentrarnos en servir a nuestros clientes y liberar capital para crecer y expandirnos a nuevos mercados.

Las ideas contenidas en este libro nos ayudan a vislumbrar el futuro e imaginar cómo será nuestra industria en los próximos años, y a reflexionar sobre qué tipo de organización necesitamos para tener éxito. Les debemos a nuestros empleados, clientes, accionistas y comunidades adoptar esa transformación con responsabilidad.

Las implicaciones de la cuarta revolución industrial son numerosas. Muchas de ellas ya nos afectan. Los temas abordados en este libro no son solo visiones del futuro. Son las realidades de hoy.

Los conceptos de la cuarta revolución industrial ya están integrados en los modos de pensar y actuar de los emprendedores dedicados a desarrollar nuevos tipos de servicios financieros. Sus compañías son ágiles y colaborativas, diseñan y mejoran sus productos de forma interactiva, y trabajan de cerca con sus clientes, que ya viven vidas altamente digitalizadas.

Esos clientes no ven diferencias entre sus vidas físicas y digitales. Sus nociones sobre la privacidad son muy distintas de las de las generaciones anteriores. Han crecido compartiendo en las redes sociales sus vidas, su localización, lo que les gusta y lo que no, sus rutinas, sus amistades, sus momentos más personales, sus datos biométricos. Creen que compartir estos datos sirve para mejorar los servicios que reciben, y esperan que dichos datos sean utilizados respetuosamente.

La trayectoria de cada una de las revoluciones industriales nunca ha sido fácil ni directa. El tipo de trabajo se transforma. La mecanización y la producción en masa trasladaron a millones de personas de la producción agrícola y el campo al trabajo en fábricas y ciudades. Los ordenadores y el desarrollo de los medios de transporte hicieron posible la construcción de cadenas de abastecimiento más extensas y flexibles, que han atravesado fronteras y convertido los mercados locales en mercados globales y más interdependientes que nunca.

La cuarta revolución industrial nos exige pensar lateralmente, uniendo industrias y disciplinas antes delimitadas de forma precisa. Los biólogos ahora deben ser también programadores y saber estadística si quieren explotar el potencial de la ciencia genómica. Las empresas financieras, desde los bancos hasta los fondos de inversión, contratan hoy a especialistas cuantitativos que puedan estudiar grandes volúmenes de datos en busca de información sobre el comportamiento de los clientes y oportunidades de inversión.

Esta revolución generará millones de nuevos empleos para aquellos que posean las capacidades y la formación adecuadas. Uno de los mayores desafíos para los gobiernos y las empresas es formar la fuerza laboral del futuro y, al mismo tiempo, ayudar a los trabajadores de hoy a hacer la transición a esta nueva economía.

Las revoluciones, cuando lo nuevo reemplaza a lo viejo, generan sensaciones de incertidumbre ante el cambio. Estoy convencida de que la tecnología no destruye empleo, pero las capacidades que se requieren cambian y eso puede crear inquietud. Por eso es indispensable que ayudemos a los trabajadores a desarrollar las destrezas que exigen los trabajos de la nueva era industrial.

También nos corresponde establecer claramente nuestros propios límites morales y éticos. La tecnología puede sernos muy útil, pero no nos brinda un sentido de moralidad. No puede decirnos qué decisiones tomar como seres humanos.

Nuestro propósito en el Santander es ayudar a las personas y las empresas a prosperar. Eso significa ayudarlas a progresar económicamente y también de todas las otras formas que consideren importantes, ya sea apoyando a su familia o levantando un negocio.

Klaus Schwab siempre ha entendido que la prosperidad debe ser inclusiva. Que debe beneficiar a todos los miembros de una sociedad, no solo a una minoría. Para lograr esa prosperidad inclusiva hay que tomar decisiones. Afrontar el cambio climático, por ejemplo, exige atender nuestras necesidades económicas y ambientales de una forma inteligente y justa. Aún no hemos encontrado el punto de equilibrio. La cuarta revolución industrial puede cambiar eso, ofreciéndonos nuevas formas de generar y usar más eficientemente la energía.

Un mundo verdaderamente próspero es aquel en el que cada individuo se siente capaz de vivir una vida plena y con aspiraciones. Las empresas tienen un papel fundamental en la construcción de ese tipo de mundo. En este libro, Klaus Schwab muestra las opciones que tenemos por delante, y nos ofrece una valiosa guía para tomar las decisiones que nos ayudarán a todos a prosperar.

ANA BOTÍN,

presidenta del Banco Santander

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Introducción

De la multitud de diversos y fascinantes retos de hoy en día, lo más intenso e importante es cómo entender y dar forma a la nueva revolución tecnológica, que supone nada menos que una transformación de la humanidad. Nos encontramos al principio de una revolución que está cambiando de manera fundamental la forma de vivir, trabajar y relacionarnos unos con otros. En su escala, alcance y complejidad, lo que considero la cuarta revolución industrial no se parece a nada que la humanidad haya experimentado antes.

Aún tenemos que comprender plenamente la velocidad y la amplitud de esta nueva revolución. Consideremos las posibilidades ilimitadas de tener miles de millones de personas conectadas mediante dispositivos móviles, lo que da lugar a un poder de procesamiento, una capacidad de almacenamiento y un acceso al conocimiento sin precedentes. O pensemos en la impresionante confluencia de avances tecnológicos que abarca amplios campos, como la inteligencia artificial (IA), la robótica, el internet de las cosas (IoT), los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de materiales, el almacenamiento de energía y la computación cuántica, por nombrar unos pocos. Muchas de estas innovaciones están en sus albores, pero ya están llegando a un punto de inflexión en su desarrollo a medida que se construyen y amplifican mutuamente en una fusión de tecnologías a través de los mundos físico, digital y biológico.

Estamos evidenciando cambios profundos en todas las industrias, marcados por la aparición de nuevos modelos de negocio, la irrupción[1] de operadores y la remodelación de los sistemas de producción, consumo, transporte y entrega. En el ámbito social, se está dando un cambio de paradigma sobre cómo trabajamos y nos comunicamos, al igual que en cómo nos expresamos, nos informamos y nos entretenemos. Asimismo, los gobiernos y las instituciones se están reinventando, como también lo están haciendo los sistemas de educación, salud y transporte, entre muchos otros. Las nuevas formas de utilizar la tecnología para cambiar el comportamiento y nuestros sistemas de producción y consumo también ofrecen la posibilidad de apoyar la regeneración y preservación de entornos naturales, en lugar de crear costos ocultos en forma de externalidades.

Los cambios son históricos en términos de su magnitud, velocidad y alcance.

Mientras que la profunda incertidumbre que rodea al desarrollo y la adopción de tecnologías emergentes significa que aún no sabemos cómo se desarrollarán las transformaciones impulsadas por esta revolución industrial, su complejidad y la interconexión entre sectores implican que todos los actores de la sociedad global, los gobiernos, las empresas, la academia y la sociedad civil tienen la responsabilidad de trabajar conjuntamente para comprender mejor las tendencias emergentes.

La comprensión compartida es particularmente crítica si queremos conformar un futuro colectivo que refleje los objetivos y valores comunes. Debemos tener una visión integral y compartida en el plano mundial de cómo la tecnología está cambiando nuestras vidas y las de las generaciones futuras, y de cómo está cambiando el panorama del contexto económico, social, cultural y humano en el cual vivimos.

Los cambios son tan profundos que, desde la perspectiva de la historia humana, nunca ha habido una época de mayor promesa o potencial peligro. Mi preocupación, sin embargo, es que quienes adoptan decisiones quedan, demasiado a menudo, atrapados en el pensamiento tradicional, lineal (y no disruptivo), o están demasiado absortos en preocupaciones inmediatas como para pensar estratégicamente sobre las fuerzas de la disrupción y la innovación que le dan forma a nuestro futuro.

Soy muy consciente de que algunos académicos y profesionales consideran la evolución que estoy analizando simplemente parte de la tercera revolución industrial. Hay tres razones que, sin embargo, sostienen mi convicción de que una cuarta y distinta revolución está en marcha:

Velocidad: Al contrario que las anteriores revoluciones industriales, esta está evolucionando a un ritmo exponencial, más que lineal. Este es el resultado del mundo polifacético y profundamente interconectado en que vivimos, y del hecho de que la nueva tecnología engendra, a su vez, tecnología más nueva y más poderosa.

Amplitud y profundidad: Se basa en la revolución digital y combina múltiples tecnologías que están llevando a cambios de paradigma sin precedentes en la economía, los negocios, la sociedad y las personas. No solo está cambiando el «qué» y el «cómo» hacer las cosas, sino el «quiénes somos».

Impacto de los sistemas: Se trata de la transformación de sistemas complejos entre (y dentro de) los países, las empresas, las industrias y la sociedad en su conjunto.

Al escribir este libro, mi intención es proporcionar un breve manual sobre la cuarta revolución industrial: lo que es, lo que traerá, cómo nos afectará y qué se puede hacer con el fin de aprovecharla para el bien común. Este volumen está destinado a todos aquellos que están interesados en nuestro futuro y que desean aprovechar al uso de las oportunidades de este cambio revolucionario para hacer del mundo un lugar mejor.

Tengo tres objetivos principales:

• Incrementar la conciencia de la amplitud y la velocidad de la revolución tecnológica y su impacto multifacético;

• crear un marco para reflexionar sobre la revolución tecnológica que describa los temas principales y destaque las posibles respuestas, y

• proporcionar una plataforma que inspire la cooperación público-privada, así como las asociaciones sobre temas relacionados con la revolución tecnológica.

Pero, sobre todo, este libro tiene como objetivo enfatizar la manera en que coexisten la tecnología y la sociedad. La tecnología no es una fuerza exógena sobre la cual no tenemos control. No estamos limitados por una elección binaria entre «aceptarla y vivir con ella» y «rechazarla y vivir sin ella». En cambio, tomemos el espectacular cambio tecnológico como una invitación a reflexionar sobre quiénes somos y cómo vemos el mundo. Cuanto más pensamos en cómo aprovechar la revolución tecnológica, más nos examinaremos a nosotros mismos y analizaremos los modelos sociales subyacentes que estas tecnologías encarnan y habilitan, y tendremos más oportunidades de dar forma a la revolución de una manera que mejore el estado del mundo.

Dar forma a la cuarta revolución industrial para asegurarnos de que gire alrededor del empoderamiento y los seres humanos, en lugar de que sea divisoria y deshumanizante, no es una tarea para un solo sector o una sola parte interesada, región, industria o cultura. La naturaleza fundamental y global de esta revolución afectará a todos los países, economías, sectores y personas y estará influenciada por ellos. Por lo tanto, es fundamental que pongamos nuestra atención y energía en la cooperación entre fronteras académicas, sociales, políticas, nacionales y de la industria. Estas interacciones y colaboraciones son necesarias para crear narrativas positivas, comunes y llenas de esperanza, que les permitan a individuos y grupos de todas partes del mundo participar y beneficiarse de las transformaciones actuales.

Gran parte de la información y mi propio análisis en este libro se basan en proyectos e iniciativas del Foro Económico Mundial, y han sido desarrollados, discutidos y cuestionados en las más recientes reuniones del organismo. Así, este libro también proporciona un marco para dar forma a las actividades futuras del Foro Económico Mundial. También he extraído numerosas conversaciones que he mantenido con empresas, gobiernos y líderes de la sociedad civil, así como con pioneros en el campo de la tecnología y personas jóvenes. En este sentido, es un libro con multitud de fuentes, producto de la sabiduría iluminada y colectiva de las comunidades del Foro.

La obra está organizada en tres capítulos. El primero es un resumen de la cuarta revolución industrial. El segundo presenta las principales tecnologías transformadoras. El tercero proporciona una inmersión profunda en el impacto de la revolución y algunos de los retos que plantea en materia de políticas. Concluyo sugiriendo ideas prácticas y soluciones sobre la mejor manera de adaptarse, dar forma y aprovechar el potencial de esta gran transformación.

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La cuarta revolución industrial

1.1. CONTEXTO HISTÓRICO

La palabra «revolución» indica un cambio abrupto y radical. Las revoluciones se han producido a lo largo de la historia cuando nuevas tecnologías y formas novedosas de percibir el mundo desencadenan un cambio profundo en los sistemas económicos y las estructuras sociales. Dado que la historia se utiliza como un marco de referencia, la brusquedad de estos cambios puede tardar años en desplegarse.

El primer cambio profundo en nuestra manera de vivir —la transición del forrajeo a la agricultura— ocurrió hace alrededor de diez mil años y fue posible gracias a la domesticación de animales. La revolución agrícola combinó los esfuerzos de los animales con los de los seres humanos con vistas a la producción, el transporte y la comunicación. Poco a poco la producción de alimentos mejoró, estimulando el crecimiento de la población y facilitando asentamientos humanos más grandes. Esto condujo a la postre a la urbanización y el surgimiento de las ciudades.

La revolución agrícola fue seguida por una serie de revoluciones industriales que comenzaron en la segunda mitad del siglo XVIII. Estas marcaron la transición de la energía muscular a la mecánica y evolucionaron hasta lo que conocemos hoy, con la cuarta revolución industrial: un mayor poder cognitivo que aumenta la producción humana.

La primera revolución industrial abarcó desde aproximadamente 1760 hasta más o menos 1840. Desencadenada por la construcción del ferrocarril y la invención del motor de vapor, marcó el comienzo de la producción mecánica. La segunda revolución industrial, entre finales del siglo XIX y principios del XX, hizo posible la producción en masa, fomentada por el advenimiento de la electricidad y la cadena de montaje. La tercera revolución industrial se inició en la década de 1960. Generalmente se la conoce como la revolución digital o del ordenador, porque fue catalizada por el desarrollo de los semiconductores, la computación mediante servidores tipo «mainframe» (en los años sesenta), la informática personal (décadas de 1970 y 1980) e internet (década de 1990).

Habida cuenta de las diversas definiciones y argumentos académicos utilizados para describir las tres primeras revoluciones industriales, creo que hoy estamos en los albores de una cuarta revolución industrial. Esta comenzó a principios de este siglo y se basa en la revolución digital. Se caracteriza por un internet más ubicuo y móvil, por sensores más pequeños y potentes que son cada vez más baratos, y por la inteligencia artificial y el aprendizaje de la máquina.

Las tecnologías digitales que en su núcleo poseen hardware para computación, software y redes no son nuevas, pero, a diferencia de la tercera revolución industrial, son cada vez más sofisticadas e integradas y están, de resultas de ello, transformando las sociedades y la economía mundial. Esta es la razón por la que los profesores Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, del Massachusetts Institute of Technology (MIT), hicieron famosa la referencia a este período como «la segunda era de las máquinas»,[2] título de su libro de 2014, al afirmar que el mundo está en un punto de inflexión en que el efecto de estas tecnologías digitales se manifestará con «toda su fuerza» a través de la automatización y la creación de cosas «sin precedentes».

En Alemania se debate sobre la «industria 4.0», un término acuñado en la Feria de Hannover de 2011 para describir cómo esta revolucionará la organización de las cadenas de valor globales. Mediante la creación de «fábricas inteligentes», la cuarta revolución industrial genera un mundo en el que sistemas de fabricación virtuales y físicos cooperan entre sí de una manera flexible en todo el planeta. Esto permite la absoluta personalización de los productos y la creación de nuevos modelos de operación.

La cuarta revolución industrial, no obstante, no solo consiste en máquinas y sistemas inteligentes y conectados. Su alcance es más amplio. Al mismo tiempo, se producen oleadas de más avances en ámbitos que van desde la secuenciación genética hasta la nanotecnología, y de las energías renovables a la computación cuántica. Es la fusión de estas tecnologías y su interacción a través de los dominios físicos, digitales y biológicos lo que hace que la cuarta revolución industrial sea fundamentalmente diferente de las anteriores.

En esta revolución, las tecnologías emergentes y la innovación de base extendida se están difundiendo mucho más rápido y más ampliamente que en las anteriores revoluciones, todavía en desarrollo en algunas partes del mundo. La segunda revolución industrial todavía debe ser plenamente experimentada por el 17 por ciento de la población mundial, pues casi 1.300 millones de personas carecen de acceso a la electricidad. Esto también es válido para la tercera revolución industrial, con más de la mitad de la población mundial, 4.000 millones de personas, la mayoría en el mundo en desarrollo, sin acceso a internet. El huso (el sello de la primera revolución industrial) tardó casi 120 años en difundirse fuera de Europa. Por el contrario, internet permeó todo el mundo en menos de una década.

Todavía válida hoy en día es la lección de la primera revolución industrial, según la cual la medida en que la sociedad abraza la innovación tecnológica es un factor crucial del progreso. El gobierno y las instituciones públicas, así como el sector privado, tienen que cumplir su parte, pero también es esencial que los ciudadanos vean los beneficios a largo plazo.

Estoy convencido de que la cuarta revolución industrial será en cada detalle tan poderosa, impactante e históricamente importante como las tres anteriores. Sin embargo, tengo dos preocupaciones fundamentales acerca de los factores que podrían limitar el potencial de la cuarta revolución industrial para que sea eficaz y coherente.

En primer lugar, creo que los niveles necesarios de liderazgo y comprensión de los cambios en marcha, en todos los sectores, son bajos en comparación con la necesidad de rediseñar nuestros sistemas económicos, sociales y políticos para responder a la cuarta revolución industrial. Como resultado de ello, a escala tanto nacional como mundial el marco institucional requerido para dirigir la difusión de la innovación y mitigar la disrupción es inadecuada en el mejor de los casos y, en el peor, completamente inexistente.

En segundo lugar, el mundo carece de una narrativa consistente, positiva y común que describa las oportunidades y los desafíos de la cuarta revolución industrial, una narrativa que es esencial si queremos empoderar a un conjunto diverso de individuos y comunidades, y evitar una violenta reacción popular contra los cambios fundamentales en curso.

1.2. UN CAMBIO PROFUNDO Y SISTÉMICO

La premisa de este libro es que la tecnología y la digitalización lo revolucionarán todo, lo cual validará el trillado refrán «esta vez será diferente». Por decirlo de manera más sencilla, las innovaciones tecnológicas más importantes están a punto de generar un cambio trascendental en todo el mundo, algo inevitable.

La escala y el alcance del cambio explican por qué la disrupción y la innovación se sienten tan intensamente hoy en día. La velocidad de innovación en términos tanto de su desarrollo como de su difusión es más alta que nunca. Los disruptores de hoy — Airbnb, Uber, Alibaba y similares— eran relativamente desconocidos hace apenas unos años. El omnipresente iPhone fue lanzado al mercado por primera vez en 2007, y aun así había por lo menos 2.000 millones de teléfonos inteligentes a finales de 2015. En 2010, Google anunció su primer vehículo completamente autónomo; estos vehículos podrían convertirse pronto en una realidad generalizada en las carreteras.

Y podríamos seguir con la lista. Pero no se trata solo de velocidad; los rendimientos a escala son igualmente asombrosos. Digitalización significa automatización, lo que a su vez significa que las empresas no sufren una reducción de sus rendimientos a escala (o, por lo menos, no los sufren tanto). Para dar una idea de lo que esto significa en los factores agregados, comparemos Detroit en 1990 (por entonces un importante centro de industrias tradicionales) con Silicon Valley en 2014. En 1990, las tres mayores empresas de Detroit tenían una capitalización de mercado combinada de 36.000 millones de dólares, unos ingresos de 250.000 millones de dólares y 1,2 millones de empleados. En 2014, las tres mayores empresas de Silicon Valley tenían una capitalización de mercado considerablemente más alta (1,09 billones de dólares) y generaban más o menos los mismos ingresos (247.000 millones de dólares), pero tenían diez veces menos empleados (137.000).[3]

El hecho de que una unidad de riqueza se cree hoy en día con muchos menos trabajadores que hace diez o quince años es posible porque los negocios digitales tienen costos marginales que tienden a cero. Además, la realidad de la era digital es que muchas nuevas empresas proveen «bienes de información» con costos de almacenamiento, transporte y replicación que son prácticamente nulos. Algunas empresas de tecnología disruptivas parecen requerir poco capital para prosperar. Empresas como Instagram o WhatsApp, por ejemplo, no requirieron mucha financiación para ponerse en marcha, con lo que cambiaron el papel del capital y de la ampliación de los negocios en el contexto de la cuarta revolución industrial. En general, todo esto demuestra como los rendimientos a escala impulsan mayores escalas de economía e influencian el cambio a través de sistemas enteros.

Aparte de la velocidad y la amplitud, la cuarta revolución industrial es única debido a la creciente armonización e integración de muchas disciplinas y descubrimientos distintos. Innovaciones tangibles fruto de las interdependencias entre las diferentes tecnologías dejaron de ser ciencia ficción. Hoy, por ejemplo, las tecnologías de fabricación digital pueden interactuar con el mundo biológico. Algunos diseñadores y arquitectos ya están combinando el diseño por ordenador, la fabricación aditiva, la ingeniería de materiales y la biología sintética para crear sistemas que involucran la interacción entre microorganismos, nuestro cuerpo, los productos que consumimos e incluso los edificios que habitamos. Al hacerlo, están creando (e incluso «cultivando») objetos que mutan y se adaptan continuamente (características de los reinos vegetal y animal).[4]

En The Second Machine Age, Brynjolfsson y McAfee argumentan que los ordenadores son tan diestros que es prácticamente imposible predecir en qué aplicaciones podrán ser utilizados en solo unos años. La inteligencia artificial (IA) está presente por doquier, desde vehículos que se conducen solos y drones hasta asistentes virtuales y software de traducción. Esto está transformando nuestras vidas. La IA ha logrado avances impresionantes, impulsada por el aumento exponencial de la potencia de cómputo y por la disponibilidad de grandes cantidades de datos, desde el software utilizado para descubrir nuevos fármacos hasta los algoritmos que predicen nuestros intereses culturales. Muchos de estos aprenden del rastro de «migas de pan» que nuestros datos dejan en el mundo digital, lo cual da por resultado nuevos tipos de «aprendizaje de máquina» y el descubrimiento automatizado que les permite a los robots y ordenadores «inteligentes» autoprogramarse y encontrar soluciones óptimas a partir de principios básicos.

Aplicaciones como Siri, de Apple, ofrecen una muestra del poder de un ámbito de la IA que avanza rápidamente, el de los asistentes inteligentes. Apenas hace dos años, los asistentes personales inteligentes comenzaban a emerger. Hoy, el reconocimiento de voz y la IA están progresando tan rápido que hablarles a los ordenadores se convertirá pronto en la norma, lo que dará inicio a lo que algunos tecnólogos denominan «informática ambiental», en la cual asistentes personales robotizados están constantemente disponibles para tomar notas y responder las consultas del usuario. Nuestros dispositivos se convertirán en una parte creciente de nuestro ecosistema personal, escuchándonos, previendo nuestras necesidades y ayudándonos cuando sea necesario, aunque no se lo pidamos.

La desigualdad como un desafío sistémico

La cuarta revolución industrial generará, en igual medida, grandes beneficios y grandes retos. Una preocupación particular es la desigualdad exacerbada. Los desafíos planteados por la desigualdad creciente son difíciles de cuantificar dado que la gran mayoría de nosotros somos consumidores y productores, y la innovación y la disrupción afectan a nuestros niveles de vida y bienestar tanto de manera positiva como negativa.

El consumidor parece ser el gran ganador. La cuarta revolución industrial ha hecho posible nuevos productos y servicios que aumentan prácticamente sin costo alguno la eficiencia de nuestras vidas como consumidores. Pedir un taxi, encontrar un vuelo, comprar un producto, realizar un pago, escuchar música o ver una película; cualquiera de estas tareas ahora se puede realizar de manera remota. Los beneficios de la tecnología para todos los que consumimos son incontrovertibles. Internet, el teléfono inteligente y las miles de aplicaciones están volviendo nuestra vida más fácil y, en general, más productiva. Un dispositivo sencillo como una tableta, que usamos para la lectura, la navegación y la comunicación, posee el poder de procesamiento equivalente a cinco mil ordenadores de escritorio de hace treinta años, mientras que el costo de almacenamiento de la información se aproxima a cero (almacenar 1 GB cuesta, por término medio, menos de 0,03 dólares al año hoy en día, en comparación con los más de 10.000 dólares de hace veinte años).

Los desafíos creados por la cuarta revolución industrial parecen radicar, sobre todo en el lado del proveedor, en el mundo del trabajo y la producción. En los últimos años, una abrumadora mayoría de los países más desarrollados, y también algunas economías de rápido crecimiento como China, han experimentado un importante descenso en la proporción del trabajo como porcentaje del PIB. La mitad de esta disminución se debe a la caída del precio relativo de los bienes de inversión,[5] impulsada a su vez por el progreso de la innovación (que obliga a las empresas a sustituir trabajo por capital).

Como resultado de ello, los grandes beneficiarios de la cuarta revolución industrial son los proveedores de capital intelectual o físico (los innovadores, los inversionistas y los accionistas), lo cual explica la creciente brecha de riqueza entre las personas que dependen de su trabajo y las que poseen el capital. Esto también explica la desilusión entre tantos trabajadores, convencidos de que sus ingresos reales podrían no aumentar durante su vida y de que sus hijos podrían no tener una vida mejor que la suya.

La desigualdad en aumento y la creciente preocupación por la injusticia representan un reto tan importante que le dedicaré una sección a este tema en el capítulo 3. La concentración de los beneficios y del valor en tan solo un pequeño porcentaje de personas también se ve agravada por el llamado «efecto de plataforma», en el que organizaciones digitales crean redes que conectan a compradores y vendedores de una amplia variedad de productos y servicios para disfrutar así de rendimientos crecientes a escala.

La consecuencia del efecto de plataforma es una concentración de pocas pero poderosas plataformas que dominan sus mercados. Los beneficios son evidentes, particularmente para los consumidores: más valor, mayor comodidad y costos menores. Sin embargo, también son obvios los riesgos sociales. Para evitar la concentración del valor y del poder en tan solo unas pocas manos, tenemos que encontrar maneras de equilibrar los beneficios y riesgos de las plataformas digitales (incluidas las industriales), mientras se garantizan la apertura y las oportunidades para la innovación colaborativa.

Todos estos son cambios fundamentales que están afectando a nuestros sistemas económicos, sociales y políticos, y que son difíciles de deshacer, incluso aunque el proceso de globalización en sí fuera a revertirse de alguna manera. La pregunta para todas las industrias y empresas, sin excepción, ya no es «¿voy a experimentar alguna disrupción?», sino «¿cuándo llegará la disrupción, qué forma adoptará y cómo nos afectará a mí y a mi organización?».

La realidad de la disrupción y la inevitabilidad de los efectos que tendrá sobre nosotros no significan que seamos impotentes ante ella. Es nuestra responsabilidad asegurarnos de establecer un conjunto de valores comunes para tomar las decisiones políticas correctas e impulsar aquellos cambios que conviertan la cuarta revolución industrial en una oportunidad para todos.