
Un asunto Top Secret
Relax, estoy a punto de hacerme con la Copa de la Muerte. Respiro hondo. Uno, dos, tres. ¿Cuáles eran las teclas del comando de espirar? Suelto el aire. Ok, perfecto, estoy listo.
He llegado hasta el fondo de una grieta al final de un cráter en medio de un valle al final de un planeta peligrosísimo, ¡y todo de un tirón! La ansiada Copa de la Muerte resplandece delante de mí; un sencillo cáliz del tamaño de un melón bañado en oro, que brilla igual que la frente de papá después de volver del gimnasio. Han pasado tres meses desde la última vez que intenté hacerme con ella, además de un montón de aventuras. He tenido que vencer de nuevo a piratas espaciales, monjas ninja y velocirraptores zombi, pero he llegado hasta el final. Estoy a punto de conseguir el premio más deseado, con permiso del Tridente. Solo tengo que estirar el brazo de mi avatar y...
—¡¡¡QUÉ SUPERFUERRRTE!!!
Un chillido más agudo que la señal de un submarino retumba en los auriculares del ordenador y me hace vibrar las orejas 5 grados de la escala Richter. Tengo que bajármelos hasta el cuello para no quedarme sordo. Mi avatar se gira en redondo para buscar al dueño de esa voz de murciélago, y en su lugar encuentro no uno, sino cinco Cosmics dando saltitos y haciéndome fotos con sus holopulseras. Tienen camisetas con mi nick y dos de ellos visten un traje espacial idéntico al que llevo puesto, como si fuesen... Eh, un momento. ¿Van disfrazados de mí?
—¿Hola?
—¡¡¡¿¿¿ERES TÚ???!!! —grita una avatar patinadora, y volviéndose a sus compañeros, exclama—: ¡¿ES ÉÉÉL?! —El nick GrupiLover flota sobre su cabeza—. ¡¡¡NO ME LO PUEDO CREER!!!
Los otros Cosmics le hacen los coros, cada uno más histérico que el anterior. Estoy más perdido que el abuelo con las instrucciones de la air fryer.
—A ver, chicos —intento explicarles. Me cruzo de brazos y me pongo serio. Menos mal que la tecnología de MultiCosmos disimula mi voz de doce años—. No sé qué clase de pregunta es «¿Eres tú?», porque todos somos tú, quiero decir, uno mismo, pero el caso es que ahora estoy ocupado, ¿vale?
—¡¡¡QUEREMOS VERTE GANAR!!! —grita un avatar de pelo verde. Da unos saltitos ridículos mientras habla—. ¡¡¡Eres nuestro fan!!!
—Oh, no, otra vez no. —Me llevo la mano a la cabeza. He perdido la cuenta de las veces que lo he explicado—. Vosotros sois mis fans, no al revés, y sobre todo: ¡cortad el rollo! Me ha costado muchísimo llegar hasta el último nivel de este planeta como para arruinarlo ahora.
Pero los Cosmics no atienden a razones y se ponen a dar vueltas a mi alrededor en plan danza tribal. No sé si se alegran de verme o me quieren centrifugar.
—Perdonad, pero... Si me dejáis... ¡Oye, eso es mi pierna! —Un Cosmic regordete se pasa de la raya cuando se pone a besuquear mi pierna. Entonces desenvaino la espada binaria, golpeo el suelo y provoco un relámpago que los frena en seco. Ahora sí que me entienden—. ¡¿Queréis parar?! Llevo semanas detrás de la Copa de la Muerte. ¿Qué digo semanas...? ¡Meses! Y cuando estoy a punto de conseguirlo, venís vosotros a arruinarme la partida.
—Pero es que... eres superguay, molas mogollón, nosotros... te queremos —insiste GrupiLover, que hasta lleva una camiseta con la foto de mi avatar y el suyo... ¿besándose? Puaj.
—¿Es que no sabéis lo peligroso que es el País de la Muerte? —De un simple vistazo confirmo que solo son un grupo de panolis que no tienen ni idea. Han llegado hasta aquí pisándome los talones, aprovechando la vía libre de cadáveres Mobs que he dejado a mi paso—. País de la M-U-E-R-T-E, ¿es que eso no os dice nada?
—¿Te puedes hacer un selfi con nosotros? —pregunta un Cosmic de cuatro brazos llamado VitoR. No sé para qué pregunta, porque ya tiene su mejilla pegada a la mía y con la muñeca levantada apuntando su holopulsera hacia nosotros.
De pronto, un rugido ahoga los chillidos de mis fans y nos quedamos en silencio. La poca luz que llega al fondo de la grieta donde nos encontramos desaparece por completo cuando un objeto volador no identificado se interpone entre nosotros y el cielo. Problemas.
Una gota caliente y asquerosa me cae en la cara cuando levanto la vista para descubrir lo que se me viene encima: un dragón. Damos un bote al escuchar un segundo rugido.
Un escupefuegos del tamaño de una orca desciende en picado y levanta una nube de ceniza al aterrizar. Antes de que podamos reaccionar, vomita una llamarada que nos quita un
a cada uno.
—¡Sálvanos! ¡Eres nuestro héroe! —chilla GrupiLover, echándose a mis brazos. Tengo que apartarla a un lado para librarla del zarpazo del dragón y salvar así su vida. Suerte que mi malla feérica es a prueba de bichos que no conocen la manicura.
Los chillidos de los fans son todavía más agudos que al principio de encontrarnos; van a hacer que me sienta un poco importante.
—¡Huid, mendrugos! ¡Este dragón no va a esperar a que nos hagamos la foto! —Los cinco se quedan parados. Seguramente nunca han sacado un arma en MultiCosmos. Conozco a esta clase de Cosmics: se pasan el día cotorreando en sus planetas de máxima seguridad, siguiendo a los Cosmics que más les gustan, mientras los demás retransmitimos nuestros viajes en los que arriesgamos la vida. Bueno, vale, la vida virtual, claro. Pero la vida, a fin de cuentas.
—¿Podemos ver cómo lo matas? —pregunta el Cosmic de cuatro brazos. Me llevo la mano a la cabeza, desesperado. Los doy por perdidos—. ¡Prometemos que no haremos ruido!
No me queda más remedio que ignorarlos e interponer la espada binaria entre el dragón y yo. Ya he luchado antes con Mobs como este, criaturas virtuales de inteligencia artificial, aunque lo de inteligencia artificial es una forma de hablar: no saben distinguir su cola de un enemigo. Solo necesito encontrar su punto débil.

El dragón me asesta un bocado por cada cinco espadazos que doy. Tiene la piel más dura que una roca, pero el truco es apuntar entre las alas, igualito que cuando el abuelo trincha un pollo. Salto sobre él y ¡zas!, ¡zas! ¡Hecho! Mi espada se clava en su cuello igual que un palillo en una aceituna. Finalmente consigo eliminarlo de una patada en el culo, pero con tan mala suerte que, justo antes de desintegrarse y reportarme 50 PExp, arroja la Copa de la Muerte de un coletazo.
Mi avatar y yo nos quedamos en silencio mientras el trofeo se balancea sobre una grieta entre las rocas. Los Cosmics fans aguantan la respiración. La Copa gira igual que una peonza, durante cinco segundos interminables, hasta que se cuela por una minúscula rendija entre dos surcos de lava solidificada y cae por un agujero profundo. Argh. Otra oportunidad perdida.
—Omg... —murmuro petrificado. Este trofeo está gafado.
—Oye, lo siento mucho, pero ¿te importaría hacerte una foto con nosotros? —insiste GrupiLover, que ya se ha olvidado del dragón del que los acabo de salvar. Los cinco vuelven a esbozar su sonrisa de fanáticos—. ¡El selfi de la derrota! ¡Vamos a fardar a tope!

El Administrador Supremo
Esto es demasiado para mí. Activo el escape rápido y me marcho del Valle de la Muerte antes de que me entren ganas de entregar este lote de pardillos a los piratas espaciales. Es la tercera vez en menos de un mes que tengo que dejar una aventura a medias por culpa de los fans que me persiguen.
Al principio, cuando gané la competición del Tridente de Diamante y me convertí en el Usuario Número Uno de MultiCosmos, me divertía que me reconociesen en todas partes. Recibí tantos millones de mensajes privados en una semana que tuve que echar el cerrojo al Comunicador. Mi nick apareció en los telediarios de medio mundo, y en cualquier tienda, desde Albacete hasta Tombuctú, puedes encontrar un muñequito con la imagen de mi avatar. Pero mi identidad real sigue siendo un misterio para la humanidad, excepto para mi amiga Alex, claro. Mi casa se llenaría de periodistas y curiosos si se enterasen de que soy yo, y lo peor de todo: mamá me castigaría sin internet hasta el año 2087 por participar en una competición «de mayores».

Entre tanta locura colectiva, todavía existe un sitio donde puedo pasar el rato sin que me molesten: El Emoji Feliz, mi tugurio favorito de la red. Subo al Transbordador y pongo rumbo a GossipPlanet. Una vez tengo un pie en la avenida principal, activo un comando que oculta el nick de mi avatar durante los siguientes noventa segundos, tiempo suficiente para cruzar la marabunta sin interrupciones y llegar a la taberna. Es un privilegio de las cuentas PRO al que no renunciaría ni por un millón de cosmonedas.
Una vez dentro de El Emoji Feliz, sonrío al reencontrarme con los clientes de dudosa procedencia, el suelo cubierto de grasa y sus características sobras de sándwich de spam esparcidas por todas partes. El emoji de la flamenca ofrece un espectáculo deprimente subido a unos tablones de madera sin que nadie le preste atención. Gracias a su mala fama, este antro sigue sin aparecer en ninguna guía turística, y eso es precisamente lo que lo hace especial.
—¿Qué tal, chico? —El avatar que me saluda es Cer3e$0, el encargado del lugar. Nos conocemos desde hace dos años, aunque nunca hemos cruzado más de diez palabras. Él sabe que el éxito de su negocio consiste en no entrometerse en la vida de los demás.
Pido el zumo de pantone de siempre y busco sitio al fondo de la taberna. Para mi sorpresa, allí me espera una elfa-enana que conozco bien, Amaz∞na. Es el avatar de Alex, otra estrella de MultiCosmos y, últimamente, aficionada a frecuentar El Emoji Feliz. Vale, no es tan famosa como yo, pero también tiene hordas de Cosmics siguiéndola hasta el baño.
—Te eftaba efperando —dice con la boca llena—. ¿Ha ido bien la partida?
—Mal tirando a fatal —respondo al tiempo que me siento a la mesa y echo un vistazo al rábano de su plato. No sé cómo consigue que Cer3e$0 le permita entrar comida sana al local. El Emoji Feliz es famoso por su asquerosidad, y así solo va a arruinar la mala reputación—. Los fans han vuelto a seguirme hasta otro planeta.
—Esto te pasa por anunciar tu siguiente destino en las redes sociales, luego no te extrañes si tienes un montón de locos en el planeta esperando a saludarte.
Los Cosmics de la sala, en cambio, sí nos miran de reojo de vez en cuando, aunque ninguno nos dirige la palabra y se olvidan de nosotros tan pronto les toca el turno en el multicromos, el juego de mesa estrella de la red. A este antro vienen Cosmics mercenarios, contrabandistas y falsificadores de cuentas, la clase de avatares que intentan camuflarse con la pared.
—¿Estás listo para mañana? —me pregunta Amaz∞na después de tragar el último pedazo de rábano. La elfa-enana suelta un eructito muy fino, mitad elfo, mitad enano, y me mira avergonzada—. Perdón.
—Puf, necesitaré tiempo para colarme por ese hueco y bajar a por la Copa de la Muerte. Tendré que minimizarme y...
—No hablo de la Copa de la Muerte, animalito —me corrige—. Hablo de las notas de fin de curso.
Es escuchar esas palabras malditas y automáticamente escupir el zumo como un sifón. El Cosmic de la mesa de al lado, un tal RompePiernas, me dirige una mirada asesina. Tiene restos de pantone hasta en la calva.
—¡Ups! Le invito a esa jarra de ginebrytes —digo a modo de disculpa. Puede que sea el Usuario Número Uno de MultiCosmos, pero todavía me pueden aplastar los huesos en una pelea. El tío hace un amago de venir a probar su nick conmigo—. ¡¡¡Y a la ronda siguiente!!!
Parece que eso lo calma, porque vuelve a acomodarse a la espera de que la camarera le traiga una nueva jarra. Entonces me dirijo a Amaz∞na en voz baja:
—¿Mañana? ¿Cómo tan pronto? —Había olvidado por completo la entrega de las notas. Hace una semana que terminamos las clases y todavía tenía la esperanza de que los profes del instituto se olvidasen de corregir y pusiesen un aprobado general. Aunque sospecho que eso solo ocurre en los sueños.
—Ya verás como todo irá bien —me tranquiliza, aunque yo no las tengo todas conmigo.
Las matemáticas de la profesora Menisco son tan difíciles que parecen un examen de acceso a la NASA. Aunque estudié lo mío para la prueba final, no tengo mucha confianza en el quesito que dibujé para solucionar un problema de fracciones y me da que me lie en el ejercicio de perímetros. Es que estoy acostumbrado a las distancias en píxeles de MultiCosmos. (¿A quién se le ocurre pedir una circunferencia en centímetros? El sistema métrico decimal está sobrevalorado.) Sospecho que he suspendido, y mi familia fue muy clara al respecto.
—Me castigarán sin internet hasta nuevo aviso —digo sin levantar la vista del zumo—. Estaré todo el verano sin conectarme.
—Eso es imposible... —La elfa-enana tiene que hablar bajito para que no nos escuchen desde las otras mesas, pero no puede ocultar la emoción—. ¡Eres el Usuario Número Uno, el avatar con más PExp de todo MultiCosmos! Ganaste la Competición más difícil de la historia..., aunque jamás lo hubieses logrado sin mi ayuda, claro —matiza, por si se me ha olvidado. Pero es difícil que me olvide, porque lo repite unas quince veces al día, en persona y en avatar—. Tus padres no pueden dejarte sin conexión.
—Mis padres no saben nada de esto —le recuerdo, y Amaz∞na asiente; ella tampoco ha explicado todos los detalles a su familia— y fliparían si se lo contase: «Hola, papá; hola, mamá. ¿Os acordáis de ese tipo misterioso que ganó el Tridente de Diamante, el que los periodistas tienen tantas ganas de pillar, especialmente tú, mamá, para poder dar la exclusiva en tu diario? Pues resulta que soy yo, pero se me pasó comentarlo con vosotros. Por cierto, ¿qué hay para cenar?».
—Vale, captado, pero ¡no quiero que te castiguen sin MultiCosmos! Hacemos un equipo increíble. Eres el único con el que no tengo que fingir que soy una bióloga veinteañera conectada desde el corazón de la selva.
Ni Amaz∞na ni yo nos hemos dado cuenta de que se ha hecho el silencio en la taberna y la última frase de mi amiga se ha escuchado claramente en todas las mesas. Se muerde el labio, pillada, y añade rápidamente:
—... y eso fue lo que me dijo mi prima. ¿Te lo puedes creer? Jajaja.
Pero nadie le presta atención, ya que los clientes tienen algo más interesante que atender. Somos los últimos en darnos cuenta de que ha entrado un grupo en El Emoji Feliz. Son seis Cosmics muy diferentes entre sí, pero los une la capa plateada del uniforme y la estrella que flota junto a su nick: es la identificación inconfundible de los Moderadores, el cuerpo de seguridad de MultiCosmos. Tienen privilegios para entrar en cualquier lugar, y pueden silenciar tu avatar o bloquearte durante veinticuatro horas con solo teclear un comando. Se supone que están para garantizar la convivencia y el respeto por las normas de uso de la web, pero los delincuentes que frecuentan El Emoji Feliz no opinan igual. La tensión se masca en el ambiente. La única que no se ha pispado es el emoji de la flamenca, que sigue taconeando como si no hubiera un mañana.
—Buenas noches. —Cer3e$0, el tabernero, sale de la barra para darles la bienvenida. Si no fuese imposible, juraría que el avatar está sudando—. ¿En qué puedo servirlos, Moderadores? ¿Quizá les apetece una jarra de ginebrytes?
—No bebemos cuando estamos de servicio —responde de malas maneras uno de ellos; luego repasa el tugurio con mirada inquisidora—. Estamos en una misión.
Las palabras del Moderador provocan un murmullo de desaprobación entre los clientes, que temen una redada. Puedo sentir el tembleque de RompePiernas en la mesa de al lado. ¡Ja, ya no es tan valiente! Algunos se llevan la mano a las armas por lo que pueda pasar, pero es inútil: GossipPlanet es un planeta pacífico, donde el uso de las armas está bloqueado. Bloqueado para todos los Cosmics menos para los Moderadores, claro.
De pronto la puerta de la calle se vuelve a abrir y entra un avatar de considerable estatura, cubierto con una capa dorada. Tiene el aspecto de un humano cincuentón, con el cabello de color platino y una corona idéntica a la de los emperadores romanos, solo que con lenguas de fuego en vez de hojas de laurel. También flota una estrella sobre su cabeza, pero ésta es de oro. Es la insignia de los Administradores, los mandamases que discuten las leyes de MultiCosmos y dan órdenes a los Moderadores. Son más difíciles de ver que un trébol de cinco hojas (los de cuatro están por toda la red). El asunto debe de ser serio si uno de ellos ha venido hasta El Emoji Feliz.
Amaz∞na me da un pellizco cochinero por debajo de la mesa que casi me tira de la silla.
—¿Qué pasa?
—Es él —me dice sin más, como si fuese lo más obvio del universo.
Leo el nick que flota encima de su cabeza: Celsius... ¿De qué me suena ese nombre? Estoy seguro de que jamás he hablado con un Administrador, pero juraría que lo he oído antes.
De pronto recuerdo que, aunque mi avatar esté quieto como un clavo en una sala repleta de miembros de seguridad, yo (el real) estoy sentado en el desván de mi casa frente al ordenador, y todavía puedo abrir una ventana del navegador para buscar en WikiCosmos.
Tecleo rápidamente «Celsius».
43 600 000 resultados de búsqueda aproximadamente. Tiene que ser importante. Pincho en el primer resultado, pero no me da tiempo a empezar a leer porque, al otro lado de los auriculares, se ha hecho un silencio extraño. Cuando vuelvo a abrir la ventana de MultiCosmos, todos los clientes-criminales me están mirando. El Administrador ha preguntado por mí.
Los Moderadores custodian al Administrador en los diez pasos que separan la puerta de la taberna de nuestra mesa. Celsius no camina, ¡flota! Y da un mal rollo terrible. Repaso mis últimas aventuras: ¿qué delitos he podido cometer? Repíxeles, no debí superar el límite de velocidad a lomos de ese cerdo volador. Seguro que es eso.
—Vale, lo admito, me declaro culpable. —Me pongo en pie, acobardado—. Pero es que tenía prisa por llegar, y...
—Silencio. —Los ojos de Celsius me miran de tal forma que siento que me clava contra la pared. Entonces el corazón me da un vuelco: no son dos ojos los que me están mirando, sino tres. Un tercer ojo, con la pupila de serpiente, me disecciona desde el entrecejo—. No digas ni una palabra más.
—¡Chitón! No diré nada, totalmente callado, como una piedra. —Me paso una cremallera invisible por los labios, pero la vuelvo a abrir porque me he dejado algo—: Qué digo una piedra. ¡Como un montón de piedras!
Amaz∞na pone los ojos en blanco (mola, tengo que preguntarle por ese comando). Sin embargo, no es momento para teclas de ordenador, porque acabo de perder el control de mi avatar: el Administrador ha abierto un privado para pedirme que lo acompañe. Es muy educado por su parte, ahora que controla mi avatar y puede arrastrarme donde quiera. Preferiría meter los dedos en el enchufe de internet que ir con él, pero me temo que no tengo opción; es la autoridad.
Celsius saca un objeto del bolsillo de la capa. Se trata de una llave dorada envuelta en un pañuelo de seda granate, prueba de la pasta que manejan en Administración. Luego dirán que no hay dinero para asfaltar GossipPlanet.
La llave brilla tímidamente, esperando que la toquemos. No hay que ser un experto para saber que es un hipervínculo que nos trasladará automáticamente a otro lugar. Cruzo los dedos para que no sea uno de los calabozos de MultiCosmos: dicen que las ratas son tan grandes que hacen de guardianes.

El Administrador me invita (mejor dicho, me obliga) a tocar la llave. Cuando tienes media docena de Moderadores rodeándote, no te quedan muchas opciones para negociar. Poso el dedo en el hipervínculo un segundo antes que él...
Y viajo...