AL LECTOR¿Quién no se ha sentido frustrado alguna vez en la escuela, cuando ha tenido la impresión de que los contenidos que debía aprender estaban muertos y que no eran más que un montón de hechos carentes de interés y sin relación con su propia vida?
Aquellos cuyos años escolares estuvieron marcados por experiencias de este tipo suelen descubrir mucho tiempo después la riqueza de nuestra cultura y entonces comienzan a despertar. ¿Por qué no vieron antes que solamente el estudio de la historia permite comprender la propia sociedad y ayuda a entender lo increíble que resulta? ¿Cómo no se dieron cuenta antes de que la gran literatura no es una asignatura aburrida, sino una forma de magia que posibilita compartir experiencias y observarlas al mismo tiempo? ¿A quién no le ha sucedido que una idea que anteriormente le había dejado frío de repente empieza a brillar como una estrella en explosión?
Cada vez son más los que experimentan cosas similares. El motivo es que nuestro saber sufre una profunda transformación y nuestro sistema educativo está en crisis. Los viejos contenidos parecen haberse vuelto extraños y se han petrificado convirtiéndose en fórmulas, y tampoco los profesionales de la educación los defienden ya con demasiada convicción. Puesto que hemos seguido desarrollándonos, debemos renovar el diálogo con nuestra cultura situándonos en una nueva perspectiva. Muchos de los que tienen dificultades con el actual sistema de enseñanza así lo desean.
Son personas que sólo pueden hacer suyo el saber si éste significa realmente algo para ellas; escolares y estudiantes que se niegan a asimilar todos los residuos de una cultura museística, porque su órgano perceptivo es su propia vida. Se trata, pues, de aquellos de entre nosotros que tienen la necesidad de enriquecer su vida accediendo a nuestra cultura y de participar, si se les permite, en la conversación de la civilización.
Este libro está escrito para ellos. En él he examinado nuestra cultura desde este punto de vista: ¿qué aporta la cultura al conocimiento de nosotros mismos? ¿Por qué la sociedad moderna, el Estado, la ciencia, la democracia o la administración surgieron en Europa y no en cualquier otra parte? ¿Por qué figuras como Don Quijote, Hamlet, Fausto, Robinson, Falstaff o el Dr. Jekyll y Mr. Hyde son tan conocidas? ¿Qué ha dicho Heidegger que no supiéramos ya? ¿Dónde estaba el inconsciente antes de Freud?
Desde esta perspectiva, he presentado la historia de Europa a modo de gran relato, para así evitar que se pierda de vista la totalidad. Al igual que en la exposición de la literatura, el arte, la música, la filosofía y la ciencia, me he esforzado por transmitir parte de la emoción que se apodera de nosotros cuando comprendemos la audacia de sus construcciones y empezamos a intuir que éstas podrían transformar para siempre nuestra visión del mundo y hacer de nosotros hombres nuevos.
Para lograr esta relación viva con nuestra cultura hay algo que resulta imprescindible: dejar de lado toda solemnidad, toda grandilocuencia y toda vaguedad conceptual. El respeto hacia las aportaciones culturales de los distintos autores debe nacer de la comprensión y de la familiaridad con ellos, y no de la imitación de las reverencias ajenas ante ídolos a los que no se comprende. Este libro destruye su culto a través de la irreverencia. Despoja al saber transmitido de las corazas que suponen las fórmulas y lo somete a una especie de «masaje lingüístico», con el fin de que todo el que quiera pueda comprenderlo. Cuando se eliminan innecesarias barreras de comprensión, ya no se requiere hacer concesión alguna en la exposición del tema y se logra dilucidar las cuestiones más difíciles: quien tenga la impresión de que vale la pena, se esforzará.
Me parece que ya era hora de que hubiera un libro así y creo que los lectores tienen derecho a él. Siento lo mismo que aquellos que buscan el conocimiento y son alimentados con fórmulas: antes, a mí me ocurría exactamente igual. Por eso he escrito el libro que entonces hubiera necesitado, el libro dotado con todo el bagaje que denominamos cultura.
SUMARIOPRIMERA PARTE: SABER
INTRODUCCIÓN SOBRE EL ESTADO DE LOS COLEGIOS Y DEL SISTEMA EDUCATIVO
I. HISTORIA DE EUROPA
El relato comienza con las dos fuentes más importantes de nuestra cultura: las divinidades olímpicas, el sitio de Troya y las aventuras de Ulises, por una parte, y la Biblia hebrea, por otra. Describe las increíbles creaciones culturales de Atenas (la filosofía, la democracia, el arte y el teatro). A continuación se ocupa de la historia de Roma y de la transición de la República al Imperio, de la crisis del Imperio y de la cristianización, de la decadencia del Imperio a causa de las grandes invasiones de los pueblos germánicos, de los árabes y del surgimiento del feudalismo en Francia. La Edad Media se presenta a partir de sus estructuras ejemplares, centrándose en las formas de vida que representan el monasterio, la ciudad, el castillo, etcétera, lo que permite formarse una idea de la importancia de la religión en la Edad Media, de su sociedad jerarquizada y de la concepción medieval del mundo.
En las páginas dedicadas al Renacimiento, expresamos nuestra admiración hacia sus grandes artistas y asistimos al nacimiento de Europa a través de la Reforma y las guerras de religión. Seguidamente, relatamos el proceso de modernización, que tomó tres vías distintas: la vía parlamentaria en Inglaterra, en EE. UU., en Holanda y en Suiza; la vía absolutista, nacida de la Revolución francesa, en Francia, y la modernización autoritaria, impuesta desde arriba, en Prusia y en Rusia. Este proceso se describe a partir de los estados modernos y se centra en la evolución de Inglaterra, pues fue en este país donde se crearon nuestras actuales instituciones políticas. La última parte describe el camino de Europa hacia la catástrofe, que culmina en las tiranías más horribles que el mundo ha conocido, y postula la necesidad de un renacer cultural.
II. LA LITERATURA EUROPEA
En esta parte empezamos ocupándonos del lenguaje de la literatura a partir de dos coordenadas: el nivel estilístico y las distintas maneras de desarrollar una historia. A continuación, estudiamos el concepto de novela de formación, basándonos en la biografía de Goethe, así como la relación existente entre biografía y formación cultural, lo que convierte esta parte en un prólogo tardío a la novela de formación. Seguidamente, presentamos las obras más significativas de la literatura europea, de lo que resulta una breve historia de la novela. Tras una consideración preliminar sobre la relación entre genio y locura, asistimos a una representación teatral que se desarrolla en un centro psiquiátrico. Cinco internos, que se toman a sí mismos por los dramaturgos Shaw, Pirandello, Brecht, Ionesco y Beckett, conversan sobre el teatro moderno, mientras que su diálogo muestra las formas teatrales creadas por ellos: el drama de tesis, el metadrama, la pieza didáctica, el teatro del absurdo y la farsa metafísica.
III. HISTORIA DEL ARTE
En una visita guiada al museo recorremos, en primer lugar, la historia de los estilos artísticos, desde el Románico y el Gótico hasta el Impresionismo, pasando por el arte renacentista, el Barroco, el Rococó, el Clasicismo y el Romanticismo, familiarizándonos con las obras de los pintores más importantes. A continuación, el ascensor del museo nos conduce a la sección dedicada al Arte moderno, sección ubicada en el Metamuseo. Aquí ya no se trata de adoptar una actitud reflexiva hacia las obras de arte, sino de aprender a ver. Este proceso de aprendizaje se realiza a través de paradojas, enigmas, proyecciones de películas, conferencias con diapositivas y análisis de las obras, cuyo objetivo es hacer que el público comprenda que el arte moderno transforma la obra de arte en un proceso de observación.
IV. HISTORIA DE LA MÚSICA
Este capítulo es una introducción a los fundamentos de la teoría musical y da a conocer algunos conceptos técnicos. Tras ocuparnos de la música cósmica del pitagorismo y de la música medieval, presentamos las obras maestras de los grandes compositores desde Händel hasta Schönberg, así como algunos aspectos de sus biografías.
V. GRANDES FILÓSOFOS, IDEOLOGÍAS, TEORÍAS Y CONCEPCIONES CIENTÍFICAS DEL MUNDO
En esta parte, empezamos presentando a los filósofos más importantes: Descartes, Hobbes, Locke, Leibniz, Hegel, Schopenhauer, Marx, Nietzsche y Heidegger, centrándonos en aquellos aspectos de sus teorías que siguen siendo de interés en la actualidad. A continuación, discutimos las ideologías y teorías que dominan el actual «mercado de opinión», como el marxismo, el liberalismo, la Teoría crítica, la teoría del discurso, el deconstructivismo y el psicoanálisis. Para finalizar, intentamos formarnos una idea de la naturaleza del progreso de la ciencia, e introducimos aquellos conceptos científicos que han marcado nuestro mundo.
VI. HISTORIA DEL DEBATE SOBRE LOS SEXOS
Conocer cuáles son las posiciones fundamentales en el debate sobre los sexos forma parte del mínimo de cultura que cabe esperar de una persona. Por esta razón, este capítulo muestra cómo la relación entre sexo biológico y rol social ha ido cambiando a lo largo de la historia; en qué medida esta transformación se ha debido al cambio de función de la familia, y cómo esto ha dado lugar al movimiento de las mujeres, con su lucha por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, y al feminismo, con su pretensión de transformar los sistemas simbólicos de la cultura. Este capítulo constata que nuestro nivel de civilización ha ido en aumento con la creciente influencia de las mujeres en la historia.
SEGUNDA PARTE: PODER
INTRODUCCIÓN SOBRE LAS REGLAS QUE RIGEN LA COMUNICACIÓN ENTRE LOS INTELECTUALES; UN CAPÍTULO DEL QUE NO SE DEBERÍA PRESCINDIR.
La cultura no sólo se compone de saber, sino también de la capacidad de dominar el juego social que forma parte la cultura. Nuestro análisis muestra que las reglas de este juego son extremadamente paradójicas y oscuras, lo que explica que ningún libro se haya ocupado todavía de ellas.
I. LA CASA DEL LENGUAJE
Puesto que nada dice tanto de la cultura de una persona como su lenguaje, este capítulo indica cómo lograr un perfecto dominio del lenguaje. Estos consejos se refieren a la necesidad de comprender los extranjerismos, al dominio tanto del lenguaje hablado como del lenguaje escrito, a la capacidad de expresarse y de entender la estructura del lenguaje. Seguidamente, mostramos que la productividad del lenguaje se debe a la relación erótica entre dos principios: la sintaxis y la semántica; y que éste es el origen de todas las familias de palabras, de todos los matrimonios metafóricos y de todos los hermanamientos poéticos que habitan la casa del lenguaje.
II. EL MUNDO DEL LIBRO Y DE LA ESCRITURA
Abrimos este capítulo subrayando la relevancia que tiene para nuestra cultura la metamorfosis del lenguaje hablado en texto. Y lamentamos que tanto la capacidad de estructuración del sentido como el hábito de lectura se vean reducidos por la televisión, así como el hecho de que, pese a esto, la escuela conceda cada vez menos importancia a la expresión escrita en favor de la expresión oral. A continuación, introducimos al lector en el mundo de los libros; le damos consejos sobre cómo ha de actuar en las librerías y en las bibliotecas; le presentamos las técnicas psicológicas más adecuadas para enfrentarse a los miles de libros existentes, y le damos ideas para que consiga extraer la máxima información de un libro con el mínimo esfuerzo.
El capítulo concluye presentando algunos tipos de suplementos de periódicos.
III. GEOGRAFÍA POLÍTICA PARA LA MUJER Y EL HOMBRE DE MUNDO
Puesto que actualmente la cultura implica participar en un espacio público internacional, este capítulo se ocupa de los comportamientos y las formas de trato típicos de los distintos países occidentales. La historia de Alemania explica por qué en este país la influencia civilizadora ejercida por las mujeres de una sociedad cortesana y urbana ha quedado neutralizada, por lo que las formas de trato se han servido de modelos monopolizados por los hombres, haciendo que las maneras de los alemanes sean mucho menos gentiles que las de sus vecinos occidentales. Partiendo de esta base, el capítulo presenta las formas de trato propias de distintos países, poniéndolas en relación con sus respectivas particularidades históricas. Así, nos ocupamos de EE. UU., Reino Unido, Francia, España, Italia, Austria, Suiza y Holanda.
IV. INTELIGENCIA, TALENTO Y CREATIVIDAD
Este capítulo presenta someramente la discusión actual sobre unos temas que desempeñan un papel fundamental en la autoestima de muchas personas: inteligencia, talento y creatividad. El capítulo se centra en la distinción entre creatividad e inteligencia, muestra cómo funciona nuestro cerebro y distingue cinco formas de inteligencia.
V. LO QUE NO HABRÍA QUE SABER
Este capítulo trata de aquellos ámbitos triviales del saber que es preferible no conocer, como por ejemplo la vida privada de actores, aristócratas y famosos. Asimismo, presenta las reglas que hay que tener en cuenta para controlar y mantener al margen de la comunicación aquellos conocimientos que no forman parte de la cultura, que son triviales o sencillamente dudosos.
VI. LA REFLEXIVIDAD DEL SABER
Este capítulo muestra que la cultura es un saber capaz de evaluarse a sí mismo. Teniendo esto en cuenta, hace balance de este libro y sintetiza su contenido en la siguiente pregunta: ¿Qué forma parte de la cultura general?


INTRODUCCIÓN
En la edición original alemana, el autor hace un conjunto de disquisiciones sobre el sistema educativo alemán, que por su especificidad se ha pensado que no interesan directamente a los lectores españoles. Sí hay, sin embargo, algunos elementos del texto que merecen la atención de cualquier ciudadano español, ya que aquí también nos vemos afectados por circunstancias semejantes. En lo que sigue nos hemos tomado la libertad de seleccionar algunas de estas observaciones para ponerlas en relación con las peculiaridades de nuestro país.
La tesis del autor es que en lo relativo a la educación nos encontramos en una situación similar a la de Robinson Crusoe después del naufragio: la necesidad de no dejarse llevar por el pánico y tratar de hacer balance y reconstruir lo que se pueda. El informe PISA, que aportó un estudio comparativo de la capacidad y rendimiento escolar entre los diferentes países de la OCDE, mostró a las claras cómo este tipo de afirmaciones no tienen nada de exageradas cuando se refieren a países como Alemania y España. Si se tiene en cuenta el PIB per capita dedicado a educación en cada uno de estos países, el caso alemán resulta, si cabe, aún más sangrante. Schwanitz lo supo anticipar y señaló como principal razón de las insuficiencias del sistema la falta de discusión sobre los objetivos de la enseñanza. Su lugar lo ocupan una constante creación de inseguridades, así como la inabarcabilidad propia del proceso educativo, que tienen el efecto de provocar esa continuada sucesión de modelos educativos. A ellas se uniría también una gran arbitrariedad. Ésta se manifestaría en el constante valor de intercambio de que se dota a las distintas asignaturas, en la merchantería constante sobre las notas entre profesores y alumnos, en la afirmación de que todo es combinable, en la pérdida del principio de orden básico que informa a todo conocimiento. En palabras de Schwanitz «la distinción entre lo esencial y lo intercambiable, lo central y lo marginal, lo obligatorio y lo libre, las materias nucleares y las optativas».
Esa queja sigue siendo válida entre nosotros, como también la dificultad por conseguir realizar el principio general de que, con independencia del lugar en que se estudie, deban impartirse prácticamente los mismos conocimientos a todos los alumnos. Sólo así puede asegurarse que al final todos accedan al mismo nivel educativo. El Abitur alemán encuentra así su contrapartida en la nueva reválida que se está debatiendo en la reforma educativa española. Pero aquí ocurre algo parecido a lo que se percibe en Alemania, donde cada Land, cada Estado federado, hace su propia política educativa y se impregna de los intereses de los diferentes partidos que los gobiernan. ¿Cómo evitar entonces que el sistema se contamine de esta inevitable distorsión, algo particularmente presente en nuestras Comunidades Autónomas con gobiernos nacionalistas, pero no sólo en ellas? Sobre todo, porque, aparte de los beneficios derivados de un cierto «adoctrinamiento» identitario, es difícil que los partidos políticos se hurten de las grandes ventajas electorales derivadas de presentar novedades en materia educativa. Esto hace que el sistema —también el establecido desde el Estado central— entre en una mutación permanente y vaya perdiendo los necesarios referentes. Ya no se sabe, además, qué contenidos se corresponden en realidad a cada una de las metas educativas, si es que éstas han estado claras alguna vez.
El problema de fondo que quizá provoque los mayores problemas potenciales es, como dice el autor, que «se confunde la igualdad de oportunidades al comienzo de la competición escolar con la deseada igualdad de resultados al final de la misma». Con independencia de la necesidad por asegurar esa igualdad inicial, todo sistema educativo debe atender al principio del mérito y hacer un lugar para que se establezcan diferencias en razón de las «dotes naturales, voluntad de aprendizaje, disponibilidad, interés y ambición». En la necesidad de cumplir con este principio consustancial a la educación los profesores se encuentran en gran medida abandonados por los padres y por la propia sociedad. Ninguna de estas ideas parecen ajenas a nuestro propio sistema educativo.
Por otra parte, la necesidad de revisar el modo en que se presenta el canon de las ciencias de la cultura en el sistema educativo como un todo, tanto en el escolar como en el universitario, es una de las razones que informan los capítulos que siguen.
I. HISTORIA DE EUROPADOS CULTURAS, DOS PUEBLOS, DOS TEXTOS
En 1922, el escritor irlandés James Augusta Joyce publicaba su Ulises, la novela del siglo. Joyce describía las aventuras por la ciudad de Dublín del pequeñoburgués irlandés Leopold Bloom a lo largo del 16 de junio de 1904. Desde entonces, los admiradores de Joyce celebran este día como «El Día de Bloom» (Bloomsday, juego de palabras por similitud con la expresión inglesa Doomsday, el Día del Juicio). El protagonista de la novela es judío, pero los episodios de aquel día siguen el modelo de la Odisea. De este modo Joyce quiere recordarnos que nuestra cultura es un país atravesado y bañado por dos ríos: uno de ellos nace en Israel, el otro en Grecia. Y los ríos son dos textos fundamentales que alimentan nuestra cultura con ricas historias.
Pues, al fin y al cabo, una cultura es el conjunto de historias que da cohesión a una sociedad. Entre ellas están también los relatos sobre los propios orígenes, esto es, la biografía de una sociedad (la descripción de su vida), que le dice lo que es.
Los dos textos fundamentales de la cultura europea son:
– la Biblia hebrea;
– la doble epopeya griega de la invasión de Troya —la Ilíada (en griego, Troya se dice Ilión)— y la Odisea, el viaje de regreso del astuto Ulises desde la destruida Troya hasta su casa, al encuentro de su esposa Penélope.
El autor de estos dos poemas épicos es Homero; el de la Biblia, Dios.
Ambos autores tienen rasgos mitológicos: Homero no podía ver; Dios no podía ser visto —estaba prohibido hacerse una imagen de él—.
¿Por qué se han hecho tan importantes estos dos textos? Para responder a esta pregunta, damos un salto hasta la época del Humanismo, del Renacimiento y de la Reforma, es decir, hacia el año 1500 (en 1517, cuando Lutero anuncia sus tesis, empieza el cisma de la Iglesia).
– En 1444, Johannes Gutenberg inventó la imprenta en Maguncia, inaugurando una «revolución mediática». La imprenta posibilitó que se difundieran masivamente los textos de la Antigüedad clásica que los humanistas habían redescubierto. Para entonces, los príncipes habían logrado concentrar el poder estatal en sus cortes y, con el propósito de no quedarse fuera de juego, la nobleza se hizo cortesana y se sometió al ceremonial de Palacio. En la pintura y en el teatro de la corte se imitaba a los héroes antiguos y a las divinidades olímpicas: se representaba a Zeus y a Apolo, a Ártemis y a Afrodita y se cultivaba la correspondiente poesía.
– En esa misma época, los reformadores —Lutero, Calvino, Tyndale— arrebatan la Biblia a los sacerdotes y la traducen del latín a las lenguas vernáculas. De este modo hacen posible que cada cual se convierta en su propio sacerdote. El protestantismo representó la democratización de la religión, pero también la veneración por los textos.
El resultado fue una forma cultural mixta, situada entre la aristocracia y la burguesía y portadora de una tensión entre religión y Estado —una de las causas de la dinamización de Europa y de su agitación—. Para comprender esta cultura, hemos de volver a los griegos y a los judíos.
Los griegos, el Olimpo y los héroes de la literatura
LAS CIUDADES-ESTADO GRIEGAS (800-500 A. C.)
Hasta el año 800 a. C., los pueblos griegos fueron estableciéndose en sus últimas sedes primitivas ocupando Grecia y las islas del Egeo. En la época arcaica que transcurre entre el 800 y el 500 a. C., la nobleza arrebató el poder a los reyes. Se formaron distintas ciudades-estado a modo de centros políticos: Atenas, Esparta, Corinto, Tebas, Argos, etcétera; pero el sentimiento de unidad de los griegos se mantuvo gracias a las fiestas, los juegos y los cultos panhelénicos (en griego, Grecia se dice Hélade, y pan significa todo).
LOS JUEGOS OLÍMPICOS (776 A. C. - 393 D. C.)
Como todas las culturas de carácter aristocrático, los griegos eran deportistas, por lo que celebraban juegos en Olimpia, de los que tenemos testimonio desde el 776 a. C. Estos juegos se celebraban con regularidad cada cuatro años, y lo siguieron haciendo hasta el 393 d. C. Los griegos competían en las modalidades de carrera (de corto y largo recorrido), lucha, carreras de caballos y otros concursos, como el de trompetistas. El premio era una corona confeccionada con hojas del olivo plantado por Hércules. En la rica Atenas, el ganador recibía además 500 dracmas, un puesto de honor en las celebraciones oficiales y una especie de asistencia social para toda su vida, esto es, su manutención corría a cargo del Estado.
EL ORÁCULO DE DELFOS
El Oráculo de Apolo, en Delfos, se convirtió en el centro religioso de Grecia. Cuando se lo consultaba, una sacerdotisa, tras ingerir ciertas drogas, entraba en trance y pronunciaba palabras inconexas, a las que un sacerdote daba coherencia en forma de ambiguos proverbios. A partir de éstos, el que iba en busca de consejo extraía una predicción que era tan contradictoria como las recomendaciones de una moderna comisión de expertos.
EL ORIGEN DE LOS DIOSES
El reino de los dioses griegos —el Panteón— está formado por un linaje muy ramificado con infinitas relaciones de parentesco. Así, las numerosas historias particulares son verdaderamente partes de una saga familiar.
Todo comenzó cuando Urano cometió incesto con su madre Gea, también conocida como la «Madre Tierra». De este acto surgieron primero los Cíclopes y después los Titanes. Cuando Urano envió a los rebeldes Cíclopes al Tártaro (una especie de inframundo confortable), Gea dio una hoz a su hijo menor Cronos, llamado «el Tiempo», con la que éste cortó los genitales a su padre, los lanzó al mar y de la roja espuma surgió Afrodita, llamada «la diosa del amor nacida de la espuma». Cronos se casó con su hermana Rea y ocupó el trono de su padre. Sin embargo, se le predijo que también él sería destronado por sus hijos —en fin de cuentas, era lo que él les había enseñado—. Para evitarlo, devoró a todos sus hijos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. A su esposa Rea, esto le pareció enormemente absurdo y escondió a su tercer hijo varón, Zeus, en Creta, donde fue criado junto a su hermano de leche Pan y alimentado con la leche de la cabra Amaltea y con miel (después, en señal de gratitud, Zeus haría del cuerno de cabra la Cornucopia, o cuerno de la abundancia).
LA REBELIÓN DE ZEUS
Ya adulto, Zeus se coló como camarero en casa de su padre Cronos, y mezclando un vomitivo en su bebida hizo que arrojara íntegros todos los hijos que se había tragado. Este vómito desencadenó una serie de guerras entre Cronos y sus hijos. Zeus liberó del Tártaro a los Cíclopes, quienes armaron a los tres hermanos varones: Zeus recibió el rayo, Hades el casco mágico y Poseidón su tridente. A continuación, Hades, oculto tras su casco, robó las armas de Cronos, y mientras Poseidón lo mantenía en jaque con su tridente, Zeus le dio muerte con el rayo. Después comenzó la lucha con los Titanes, pero antes de que pudiera empezar, los nerviosos gigantes se asustaron tanto con el repentino grito de Pan que se dieron a la fuga y regalaron al mundo el concepto de «pánico». Para castigar su miedo, su jefe Atlas fue condenado a sostener el cielo. Todos los demás deberían soportar los balcones de las grandes mansiones del periodo de expansión industrial del siglo XIX. Las Titánides, en cambio, fueron perdonadas. Posteriormente, los tres dioses hermanos se repartieron el mundo: Hades escogió el mundo subterráneo, Poseidón el mar y Zeus la tierra.
ATENEA
Comenzó el reinado de Zeus, el padre de los dioses. Su primer acto oficial fue la violación de Metis. Nuevamente, un oráculo había anunciado que el hijo de esta unión destronaría a Zeus, por lo que éste devoró inmediatamente a la titánide Metis, que estaba embarazada, confirmando una vez más la regla de que los hijos están condenados a imitar a su odiado padre. Tras nueve meses, Zeus empezó a sentir fuertes dolores de cabeza, y con la ayuda de Hefesto, su cabeza alumbró a Atenea que vino al mundo completamente armada. Debido a su origen y por haber nacido, sin madre alguna, del propio cerebro de Zeus, Atenea se convirtió en la diosa de la sabiduría. En sus aventuras amorosas, Zeus se volvió cada vez más desconsiderado. Así, por ejemplo, como Sísifo, el gobernador de Corinto, había revelado al desesperado dios de los ríos dónde había escondido Zeus a su hija, éste lo condenó de por vida a arrastrar hasta la cima de una montaña una roca que siempre volvía a precipitarse ladera abajo una vez en la cima.
LOS ADULTERIOS DE ZEUS: TEMIS, LEDA Y SEMELE
Con su esposa Hera, Zeus tuvo varios hijos, entre ellos Ares, el dios de la guerra, y Hefesto, el herrero. Hera le reprochaba continuamente su infidelidad, con lo que sólo logró que Zeus buscara más ávidamente otras mujeres. Así, con Temis tuvo a las tres diosas del destino, con Mnemosine (la memoria) tuvo a las nueve Musas, y con la hija de Atlas tuvo a Hermes, el mensajero de los dioses. Huyendo de su celosa esposa Hera, en cada una de sus escapadas se vio obligado a cambiar constantemente de aspecto. Adoptó la forma de una serpiente para tener una hija con Perséfone: Ártemis. Transformado en cisne, sedujo a Leda, que puso un huevo del que salieron los gemelos Cástor y Pólux y la bella Helena. Su relación con Semele, la madre de Dionisos, el dios del vino y de la embriaguez, fue todavía más espectacular: Hera había convencido a Semele, que estaba embarazada, para que no permitiera que Zeus siguiera metiéndose en su cama; Zeus, llevado por un sentimiento de frustración, destruyó con su rayo a Semele; pero Hermes salvó a la criatura introduciéndola en el muslo de Zeus, de donde nació al cabo de tres meses.
HERMES
Hermes era el más inteligente de los dioses. Siendo todavía muy joven, cayó en la delincuencia, sobre todo a causa del robo de ganado y complicados engaños. Inventó la lira, el alfabeto, la escala musical, el pugilato, los números, la balanza y el cultivo del olivo. Sus dos hijos heredaron su talento a partes iguales: Autólico se convirtió en ladrón, y Dafnis creó la poesía pastoril. Después, Hermes se excedió y engendró con Afrodita a Hermafrodito, ser de dos sexos, largos cabellos y pechos de mujer.
AFRODITA
Aunque casada con Hefesto, Afrodita se entregó tan intensamente al amor libre como el mismo Zeus, logrando seducir incluso al malhumorado Ares, dios de la guerra. Con Dionisos engendró a Príapo, un niño cuyos enormes genitales apenas lograban compensar su enorme fealdad. E incluso tuvo un romance con Anquises, un mortal, y de este modo se convirtió en madre de Eneas, el único troyano que logró escapar del infierno de su ciudad y que, en sustitución de Troya, fundó la ciudad de Roma.
Pero Afrodita era celosa. Llevada por este desagradable sentimiento, hizo que Mirra se enamorara de su propio padre y se acostara con él cuando estaba bebido. Al recuperarse, el padre comprendió el horrible acto cometido y persiguió lleno de ira a su hija, pero Afrodita la transformó en un árbol, la mirra, de cuya corteza nació el bello Adonis. Cuando Adonis creció, Afrodita también mantuvo relaciones con él, provocando tales celos en el pendenciero Ares que éste se convirtió en jabalí y, durante una cacería, desgarró a Adonis con sus colmillos.
ÁRTEMIS
Ártemis, hija de Zeus, era el polo opuesto de Afrodita. Su padre le dio el don de la virginidad perpetua. Armada con flecha y arco, se convirtió en la virginal diosa de la caza, recibiendo posteriormente el nombre de Diana o Titania. Con este nombre aparece en El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, como reina de las hadas; también fue el modelo del personaje de la virginal reina Elisabeth.
DIONISOS
El más anárquico de los hijos de Zeus fue Dionisos, que enseñó a los hombres a prensar las uvas y a celebrar embriagadoras fiestas. Él mismo solía andar por la región en compañía de salvajes Sátiros y desinhibidas Ménades y Bacantes, y por donde pasaba difundía un estado de excitación mórbido-festivo. La tragedia surgió precisamente durante la implantación en Atenas de las fiestas en honor a Dionisos (→ Grecia, Tragedia).
PROMETEO: LA CAJA DE PANDORA
Prometeo fue el creador de los hombres. Era un titán hermano de Atlas; pero más listo que él, previó la victoria de Zeus y se puso de su lado. Después, sin embargo, atentó contra su poder al hacer entrega del fuego a los hombres. Como castigo, Zeus creó a Pandora, la más bella de las mujeres, y la dotó de una caja que contenía todos los males de la humanidad: la vejez, la enfermedad, la locura, los vicios y las pasiones. Zeus envió a Pandora y a su caja a Epimeteo, el hermano de Prometeo, quien presintió la desgracia y desaconsejó a Epimeteo que abriera la caja. Como castigo, Zeus encadenó a Prometeo en el monte Cáucaso e hizo que dos águilas devorasen diariamente su hígado. Por traer la luz a los hombres, por ser el primer ilustrado, Prometeo se convirtió en el modelo del revolucionario.
EUROPA
Los dioses también mantenían relaciones sexuales con los mortales, cuyo fruto fueron los semidioses y los héroes. Agenor de Palestina es el padre de Europa. Cuando Hermes estaba pastoreando su ganado junto al mar, Zeus se transforma en un hermoso toro blanco y rapta a Europa. Agenor manda a sus hijos a buscarla: Fénix marcha a Fenicia y se convierte en el ancestro de los cartagineses; Cílix viaja a Cilicia y Tarso a la isla que lleva su nombre. Cadmos, en cambio, viaja a Grecia, funda la ciudad de Tebas y se casa con Harmonía, la hija de Ares. A la boda acuden todos los dioses y ofrecen a la novia un collar que, aunque confiere una belleza irresistible a quien lo posee, también puede atraer la desgracia, lo que afectaría sobre todo al descendiente de la pareja: el rey Layo.
EDIPO
A Layo, el Oráculo de Delfos le había predicho que su hijo lo mataría y que después éste desposaría a su propia madre. Para evitar tamaña calamidad, Layo abandonó a su hijo Edipo. Criado por un pastor, Edipo se encontró con su padre sin reconocerlo y, en el curso de una acalorada discusión sobre quién tenía prioridad de paso, acabó por darle muerte. Después liberó la ciudad de Tebas de la Esfinge, el monstruo devorador de hombres, al conseguir resolver su enigma (¿Cuál es el animal que primero tiene cuatro pies, después dos y finalmente tres? —un enigma que verdaderamente no era difícil de resolver, pero la Esfinge se suicidó cuando fue resuelto—). Como recompensa desposó a la reina viuda, su madre Yocasta, cumpliendo de este modo la sentencia del Oráculo. Puesto que ahora debía velar por el bien de la ciudad, cuando irrumpió la peste consultó al Oráculo délfico, que le aconsejó: persigue al asesino de Layo. El adivino Tiresias, ciego y hermafrodita, le revelaría que había sido él mismo quien había matado a su padre y se había acostado con su madre. Edipo se horrorizó tanto que cogiendo un broche del vestido de su madre se quitó la vista. Tema digno de tragedia, el poeta Sófocles (496-406 a. C.) escribió dos tragedias sobre Edipo. Freud, sin embargo, fue mucho más allá y afirmó que todos los europeos y los norteamericanos padecían el complejo de Edipo.
En Tebas tomó el mando Creonte, tío y cuñado de Edipo, quien desposó a su hijo con Antígona, hija de Edipo, a la que le prohibió enterrar el cadáver de su hermano Polinices, caído en combate contra Tebas (→ Lenguaje, Autorreferencialidad). De este modo la situó en un conflicto de deberes entre la razón de Estado y la piedad familiar, lo que inspiró a Sófocles una tragedia sobre Antígona, y a Hegel su teoría de la tragedia.
ANFITRIÓN
Lo que se presta a una verdadera comedia, en cambio, es la historia de Anfitrión: el rey de Micenas le había dado como esposa a su hija Alcmena y Anfitrión le pagó con la muerte. Ante la sed de venganza de su hijo, Anfitrión huye a Tebas y ayuda a su tío Creonte en sus guerras. Pero Zeus se enamoró de Alcmena y se hizo pasar por su marido, de modo que, cuando Anfritión regresó del combate, tuvo que oír que ya había estado allí. Basándose en esta historia, Plauto, Molière, Kleist y Giraudoux han escrito magníficas comedias de enredo.
HERACLES
El fruto de la unión entre Zeus y Alcmena fue Heracles (Hércules, en latín) célebre por sus doce penosos trabajos: entre otras cosas, tuvo que limpiar los establos de Augias; dar caza al can Cerbero, el guardián de los infiernos; dar muerte a la hidra de las cien cabezas; estrangular al león de Nemea, cuya piel lleva desde entonces en su brazo, y coger las manzanas del Jardín de las Hespérides tras una feroz lucha con Anteo, que recuperaba sus fuerzas cada vez que tocaba el suelo.
EL LABERINTO
Zeus había raptado a Europa y se la había llevado a Creta. Allí, Europa dio a luz a Minos, quien había heredado de su madre su predilección por los toros hermosos. Como Minos no quiso sacrificar el magnífico toro blanco que Poseidón había enviado desde el mar, sino que prefirió conservarlo, el dios se vengó de su rebeldía haciendo que su esposa Pasifae se enamorara del toro. Ella encargó al famoso artesano Dédalo que le construyera una vaca de madera de hermosas piernas en la que pudiera meterse. Cuando el toro blanco vio la trampa, se dejó llevar por su ciego impulso, y Pasifae se quedó embarazada de un monstruo —medio toro, medio hombre—, que se convertiría en el horrible Minotauro, asesino de hombres. Para ocultar el escándalo, Dédalo tuvo que construir un laberinto en el que Minos encerró al Minotauro, y en el que también lo encerró a él, con objeto de que no revelase el secreto del que era conocedor. Pero Dédalo era un constructor hábil y con plumas y cera fabricó en secreto unas alas para él y para su hijo Ícaro. Con ellas pudieron alzar el vuelo y escapar. Cuando el desafortunado Ícaro, desoyendo las advertencias de su padre, se acercó demasiado al Sol, el inmenso calor derritió la cera y se precipitó en el mar de Icaria.
TESEO
Mientras tanto, Poseidón había engendrado a Teseo, entregándoselo como hijo adoptivo a Egeo, rey de Atenas. Ya adulto, Teseo se propuso liberar a Creta del Minotauro. Para ello contó con la ayuda de Ariadna, la hija de Minos, quien le dio un hilo con el que pudo salir del laberinto después de dar muerte al Minotauro. A petición suya, Teseo se llevó a Ariadna consigo de regreso a casa, aunque por razones desconocidas la dejó abandonada en la isla de Naxos, donde ella prorrumpió en amargos lamentos. Pronto fue vengada, pues en su viaje de vuelta Teseo olvidó izar la vela blanca en señal de éxito, tal y como había convenido con su padre. Cuando Egeo divisó la vela negra del fracaso, se arrojó desesperado al mar que desde entonces lleva su nombre.
Posteriormente, Teseo luchó en numerosas ocasiones contra las feministas Amazonas (a mazon significa «sin pecho», pues las mujeres guerreras se cortaban un pecho para poder tensar mejor el arco).
En la familia de los Atridas hubo tantos crímenes como en la de Edipo. Los hermanos Atreo y Tiestes rivalizaban por el dominio de Micenas y por la misma mujer: Aerope, esposa de Atreo y amante de Tiestes. Atreo engendró a Agamenón y a Menelao, y Tiestes a Egisto, quien con el tiempo se convertiría en asesino de Atreo.
Después de todos estos crímenes, Agamenón fue rey y desposó a Clitemnestra, la hija de Tántalo (que padecía en el Hades el suplicio que lleva su nombre: cada vez que quería beber, el agua se apartaba de él). Su hermano Menelao, en cambio, se casó con la hija de Leda, la bella Helena. Afrodita predestinó a ambas a llevar la desgracia a los hombres a causa de sus infidelidades matrimoniales.
Y así llegamos a la guerra de Troya y a la Ilíada y la Odisea.
La Ilíada y la Odisea
PARIS Y LA BELLA HELENA
Héctor y Paris eran, entre otros muchos, hijos de Príamo, rey de la ciudad de Troya situada en el estrecho de los Dardanelos. Poco antes de que Paris naciera, su madre, Hécuba, soñó que su hijo llevaría la ruina a Troya, así que Príamo encargó al administrador de sus rebaños dar muerte a su hijo; pero aquél lo dejó vivir e hizo de él un pastor que pronto destacó por su belleza y su incorruptible juicio en el peritaje del ganado. Por eso Zeus le confió el papel de juez en un concurso de belleza en el que competían Atenea, Hera y Afrodita, encomendándole que entregara como premio una manzana a la más bella de entre las tres. Afrodita consiguió corromperlo con la promesa de darle el amor de la bella Helena, y Paris le concedió la manzana. Decepcionadas, Atenea y Hera deciden destruir Troya.
LA EXPEDICIÓN GRIEGA A TROYA
Paris fue reconocido como hijo de Príamo y raptó a Helena de Esparta, llevándosela consigo a Troya. Después Agamenón convocó a todos los reyes griegos en Áulide, donde celebraron una asamblea en la que se decidió llevar a cabo una expedición de castigo. Pero una minoría radical quiso escabullirse: Ulises fingió estar loco, Aquiles fue ocultado bajo ropas de mujer por su madre Tetis. Pero con la ayuda del viejo Néstor y del hercúleo Ayax, fueron descubiertos y obligados a participar; no obstante, Aquiles pudo llevar consigo a su querido Patroclo. La calma del mar impedía a la flota partir, hasta que el sacerdote Calcante, un desertor troyano, aconsejó a Agamenón que sacrificara a su hija Ifigenia para así aplacar a Ártemis: cuando el hacha ya caía, los dioses arrebataron a Ifigenia llevándosela a Táuride. Pese a ello, la flota pudo partir.
LA CÓLERA DE AQUILES
Durante diez años los griegos sitiaron la ciudad. La historia de la Ilíada comienza verdaderamente al décimo año de asedio: para entonces, Aquiles, junto con su tropa, se ha convertido en el guerrero más importante. Sin embargo, cuando Agamenón le roba a un rehén troyano se encoleriza y se retira de la batalla. Mientras tanto, Héctor de Troya comete un sangriento error y da muerte a Patroclo, el querido amigo de Aquiles. Lleno de cólera, Aquiles hace que los troyanos retrocedan de nuevo a su ciudad, da muerte a Héctor y, atándolo a la cola de su caballo, arrastra su cuerpo, dando tres veces la vuelta alrededor de Troya.
Cuando Aquiles nació, su madre, Tetis, lo sumergió en las aguas del Estigia, el río del mundo subterráneo, con el fin de hacerlo invulnerable. Pero el agua del Estigia no llegó al talón por el que su madre lo sujetaba, y justamente en ese lugar le alcanzó la flecha de Paris que le dio muerte. Y las murallas de Troya no querían caer.
EL CABALLO DE TROYA Y LAOCOONTE
Ulises idea un ardid eficaz: los griegos construyen un gran caballo de madera y hacen que un supuesto desertor difunda la noticia de que el caballo hace invencible a su propietario. A continuación levantan aparentemente el sitio de la ciudad, tras haber escondido a sus mejores guerreros en el interior del caballo. Cuando el sacerdote Laocoonte estaba advirtiendo a los troyanos de los peligros del caballo, Apolo envía dos serpientes que estrangulan a Laocoonte y a sus hijos gemelos. Príamo, en la creencia de que Laocoonte había sido castigado por haber ultrajado la imagen de culto, hace que introduzcan el caballo en la ciudad. En su interior, los guerreros griegos aguardan a que caiga la noche, salen secretamente del caballo y abren la puerta de la ciudad al resto del ejército. Así comienza el origen de todos los saqueos, masacres y destrucciones. Por fin caen las murallas de Troya y la ciudad es arrasada.
ENTREACTO TRÁGICO: ORESTES Y ELECTRA
A Agamenón no le da tiempo a disfrutar de su victoria, pues, a su regreso a casa, su esposa Clitemnestra hace que encuentre la muerte a manos de su amante, Egisto. Orestes y Electra, hijos de Agamenón, escapan de la masacre. Pasados ocho años, Orestes regresa y, con la ayuda de su hermana Electra da muerte a su madre y a Egisto. El matricidio provoca la persecución de las Erinias, las diosas de la venganza. Finalmente, en Atenas tiene lugar un juicio en el que se dilucida sobre la primacía del patriarcado o del matriarcado. Como Atenea, la huérfana de madre, se pone del lado de los hombres, Orestes es absuelto: para vengar a su padre, podía matar a su madre; Hamlet ya no podrá hacerlo. La historia, un magnífico argumento para una tragedia, inspiró también Mourning Becomes Electra, la obra de O’Neill.
LA ODISEA: LAS AVENTURAS DE ULISES
La Odisea narra el prolongado viaje de regreso de Ulises y su vuelta a casa, en Ítaca. El héroe demuestra su astucia en numerosas aventuras. Para salvarse de Polifemo, cíclope devorador de hombres, Ulises y sus acompañantes lo emborrachan, le queman su único ojo y después, escondidos entre su ganado, escapan de él. Asimismo, Ulises logra sustraerse al intento de la hechicera Circe de convertirlo en cerdo, lo que no todos consiguen. Después se encuentra con las Sirenas, cuyo canto, al igual que el de Loreley, lleva a la muerte a quien lo escucha. Pero Ulises, siguiendo el consejo de Circe, tapona con cera los oídos de su gente, mientras él se hace atar al mástil de su barco para no sucumbir a la atracción mortal de la música. Así, según Theodor W. Adorno se convierte en el primer asistente a un concierto. Posteriormente debe atravesar con su barco un estrecho, en el que a la izquierda se abre el remolino de Caribdis y a la derecha acecha el monstruo de Escila. Finalmente Ulises naufraga y desembarca solo y desnudo en la isla de los feacios, donde lo cura Nausicaa, la hija del rey, quien proporciona a Ulises un barco que finalmente lo lleva a Ítaca.
LA LLEGADA A CASA
Veinte años ha faltado Ulises de casa, durante los cuales ciento doce pretendientes no han dejado de asediar a su esposa Penélope, que ha prometido decidirse por uno de ellos tan pronto como acabe de tejer la mortaja para su suegro Laertes. Penélope deshace por la noche lo que ha tejido por el día. Cuando Ulises llega a casa se disfraza de mendigo. Su perro Argos no precisa servirse de sus ojos de lince para reconocerlo inmediatamente, pero no así su mujer. Cuando Penélope anuncia que se casará con el pretendiente que sea capaz de tensar el arco de Ulises y pasar su flecha a través de un anillo formado por doce hachas, Ulises coge el arco, lo tensa, pasa la flecha por el anillo, se descubre y, con la ayuda de sus criados y de su hijo Telémaco, da muerte a los pretendientes. Por fin ha logrado reunirse con Penélope, como lo hará tres mil años después el dublinés Leopold Bloom con su esposa Molly.
La Biblia
DIOS
Esta historia es muy distinta de la que nos cuenta Homero, y ha sido escrita por Dios, un Dios que fue reconocido por los europeos como el único Dios. Por eso creyeron su historia al pie de la letra: por ella se derramaron mares de sangre y por las más nimias diferencias en su interpretación se devastaron países y se arrasaron ciudades. La figura más importante de nuestra cultura es el Dios de la Biblia. E incluso quien no cree en él, extrae de él su idea de Dios, para después negarlo. Quien afirma que no cree en Dios, está pensando en Zeus, no en Él.

Geografía de la Biblia
CREACIÓN Y PECADO ORIGINAL
Todos conocemos cómo fue el principio: así lo quiso Dios y así lo dijo, y se hizo la luz. Era el primer lunes, entonces comenzó el mundo. Dios siguió creando hasta el sábado, cuando se miró al espejo y creó un ser a su imagen y semejanza: Adán; y para que no se aburriese, le extrajo una costilla y creó con ella a Eva. Después les explicó el reglamento y las normas del Edén: podían comer los frutos de todos los árboles, excepto de los del manzano con la inscripción «Árbol del Bien y del Mal», pues hacerlo era malo y podría significar la muerte. Pero Eva ve en esto una contradicción: si el descubrimiento de la diferencia entre el Bien y el Mal es malo, aquí hay algo que no concuerda con la lógica. Para intentar aclararlo busca la ayuda de la experta en paradojas, la serpiente, quien se lo explica desde el punto de vista de la crítica de las ideologías: la prohibición es, según la serpiente, antidemocrática, y el único propósito de la amenaza de muerte es perpetuar el poder. Así pues, deberían comer tranquilamente; de hacerlo, serían como Dios y podrían distinguir entre el Bien y el Mal.
Y de esta manera tuvo lugar el acontecimiento que conocemos como el Pecado original y todas sus consecuencias: el descubrimiento del sexo y de la vergüenza; la invención de la hoja de parra y de la moral; la expulsión del Paraíso; la condena a ganarse diariamente el pan; el estrechamiento del canal del parto como consecuencia de la posición erguida, cuyo resultado es un alumbramiento prematuro y doloroso; el desvalimiento del recién nacido, un prolongado periodo de crianza y la duplicación de la carga de la mujer por haber liderado el acto del Pecado original.
LA LEY DE DIOS
Es evidente que ya no queda nada del intrincado clan familiar de los dioses griegos. Aquí sólo hay un Dios, que representa el principio con el que los judíos se identifican desde entonces: los mandamientos y la Ley de Dios.
Cuando los griegos querían aplacar la ira de los dioses, los honraban con sacrificios. Ahora, los Cinco Libros de Moisés (el Pentateuco) cuentan en distintos episodios cómo la Ley va sustituyendo paulatinamente al sacrificio. Así, Caín mata a su hermano Abel porque Dios prefiere el olor a carne quemada de los sacrificios animales de Abel a las ofrendas vegetales de Caín. Cuando cesa el destructor ataque de ira de Dios y Noé, tras semanas enteras de lluvia, puede abandonar el arca, el aroma a carne quemada de sus sacrificios refuerza en Dios la voluntad de empezar a tratar con cuidado el mundo. A partir de ese momento ya no quiere más sacrificios, y como signo de la Nueva Alianza pone el arco iris en el cielo.
ABRAHAM
La siguiente historia, en la que, entre otras cosas, Dios destruye la ciudad de Sodoma porque en ella se practicaba la homosexualidad, habla de la supresión del sacrificio humano: Dios profetiza a Abraham una numerosa descendencia, aunque él y su esposa Sara son ya muy mayores. Como signo de la consagración de su virilidad a Dios, Abraham introduce la circuncisión. Y contra todas las leyes de la naturaleza, la centenaria Sara tiene a su hijo Isaac. Entonces Dios pone a prueba la fe y la obediencia de Abraham pidiéndole que sacrifique a este su único hijo. Cuando Abraham se muestra dispuesto a hacerlo, en el último momento Dios cambia al niño por un carnero: otra estación en el camino de la supresión del sacrificio y de su sustitución por la Ley de Moisés.
JACOB, LLAMADO ISRAEL
La historia de Jacob, hijo de Isaac, es la que más nos aproxima a los griegos, pues aquél guarda un cierto parecido con Ulises. En efecto, Jacob arrebata su derecho como primogénito a su peludo hermano Esaú cubriéndose con una piel de cordero y consiguiendo mediante este engaño la bendición de su padre ciego (como Ulises había hecho con Polifemo); además, sirviéndose de un truco de ganadero, engaña a su tío Labán, se queda con las ovejas recién nacidas y toma como esposas a sus hijas Lía y Raquel. Después lucha durante una noche con el ángel del Señor, quien le disloca la cadera y lo bautiza con el nombre de Israel.
JOSÉ EN EGIPTO
Lía da a Jacob diez hijos —entre ellos Judá, el patriarca de los judíos— y Raquel otros dos: José y Benjamín, el menor. Los hijos de Lía se sienten molestos por el amor de Jacob hacia José y por el gran porvenir que éste sueña para sí mismo, de modo que lo venden como esclavo en Egipto. Aquí, la esposa de su dueño Putifar pretende utilizarlo para alegrar su matrimonio; pero en vista de la indiferencia que muestra, lo acusa de querer violarla. Ya en prisión, José impresiona al copero provisional del Faraón por su capacidad para interpretar certeramente los sueños y pronosticar el futuro. Cuando el copero oficial vuelve a su cargo, manda a buscar a José, quien en esta ocasión interpreta de forma tan rápida y certera los sueños del Faraón que éste manda almacenar provisiones, consiguiendo evitar con ello una hambruna en Egipto. José hace carrera y, cuando la hambruna amenaza a sus parientes, consigue que éstos, que tienen derecho a reunirse con él, se trasladen a Egipto con un permiso de residencia ilimitado.
MOISÉS
En Egipto viven bien, pero caen paulatinamente en la esclavitud convirtiéndose en víctimas de la xenofobia y los «pogromos». El Faraón, por temor a la extranjerización de su pueblo, organiza una matanza masiva de niños. Sólo se salva de ella el pequeño Moisés, pues su madre lo echa en una cesta a las aguas del Nilo, de donde lo rescata una de las hijas del Faraón que lo educa como a un aristócrata. Sin embargo, Sigmund Freud, que veía en todas partes intereses ocultos, sospechó que esta historia había sido inventada para hacer del hijo egipcio de la hija del Faraón un judío de pura cepa. Egipcio o no, lo cierto es que Moisés no hace la vista gorda ante una de las persecuciones que sufren los judíos y da muerte a un esbirro egipcio especialmente sádico. Después tuvo que exiliarse y marchar a Madián, donde se casó y cuidó el rebaño de su suegro. Allí se le apareció Dios, en forma de zarza ardiente, y le ordenó sacar de Egipto a los hijos de Israel y conducirlos a la Tierra Prometida de Canaán, de la que manaban leche y miel.
EL ÉXODO
Tras darle vueltas al asunto, Moisés declaró estar dispuesto; pero como el Faraón no quería dejarlos salir, el Señor castigó a Egipto con numerosas plagas, llegando incluso a matar a todos los primogénitos egipcios. El Faraón no podía más. A los judíos, por el contrario, el Señor les dictaba complicadas recetas sobre cómo elaborar el pan ázimo y cosas similares, y les ordenó celebrar la Pascua, que en el futuro habrá de rememorar el éxodo de Egipto. Pero el Faraón, encolerizado, los persigue con su ejército hasta el mar Rojo. Los judíos vuelven a encontrarse en peligro. Entonces, el Señor separa las aguas del mar, permite que los israelitas lo atraviesen y hace que las olas vuelvan a cerrarse sobre el ejército egipcio. De este modo no sólo hacía una demostración de su poder a los egipcios, sino también a los judíos. El éxodo se convirtió en modelo de toda expulsión, pero también de toda liberación de la esclavitud: Let my people go.
LA LEY DE MOISÉS
Todas estas historias no pasaron de ser intentos: después de la huida de Egipto es cuando tiene lugar el verdadero nacimiento del pueblo de Israel. Al pie del monte Sinaí, Dios anuncia mediante la actividad volcánica que en esta ocasión desea manifestarse como montaña. Ante los ojos del pueblo allí reunido, Moisés sube a la montaña y desaparece tras el humo y el fuego. A su regreso, anuncia los Diez Mandamientos (el Decálogo) y otras muchas máximas del llamado Testamento. Después vuelve a subir a la montaña y permanece allí durante cuarenta días. Dios le dice que en adelante quiere vivir con su pueblo y que, por lo tanto, deben construirle un tabernáculo para guardar el arca del Testamento, explicándole también cómo debía ser. Pero tarda tanto tiempo en regresar que todos lo dan por desaparecido, y agotan sus reservas de oro en la elaboración de un becerro de oro al que adoran en una desenfrenada fiesta. Moisés se lanza sobre ellos como una violenta tempestad, rompe encolerizado las nuevas Tablas de la Ley y lidera la sangrienta venganza de los levitas contra los idólatras. Luego vuelve a subir a la montaña, y Dios cierra por segunda vez su Alianza con el pueblo de Israel. Moisés desciende nuevamente, el rostro radiante por haber visto a Dios, con dos Tablas en los brazos como prueba de la Nueva Alianza, pues estaban escritas con el dedo de Dios.
DIOS Y SU PUEBLO
De este modo la relación establecida entre Dios y su pueblo quedó regida por la Ley: Dios es la Ley, que ahora se halla en el Arca, e Israel será el pueblo de Dios siempre que observe la Ley. Y el primer mandamiento dice: aunque todos los demás pueblos adoran a muchos dioses, algunos muy atrayentes, y aunque sea difícil ser distinto de los demás, yo he de ser tu único Dios. A continuación, toda la historia de Israel gira en torno a su constante inclinación a abandonar el camino marcado, a desviarse de la Ley del Señor y a entregarse a seductores dioses locales como Belcebú, el señor de las moscas: es la historia de la ira de Dios y de sus castigos. Tras ocupar la Tierra Prometida, los reyes Saúl, David y Salomón —quien finalmente construye en Jerusalén el templo que ha de contener el arca del Testamento— reproducen el mismo problema, que domina también la época de los profetas y del cautiverio babilónico: en el año 609, Nabucodonosor conquista Israel y se lleva a la élite judía a Babilonia, hasta que, en el 539, el rey persa Ciro pone fin al exilio.
JOB
Finalmente, en el Libro de Job el dilema de la observancia de la Ley alcanza su máxima dimensión moral. Este libro introduce una nueva figura que en la Europa cristiana hará una carrera excepcional, aunque emerge de forma repentina: Satán. Quizá era ya la serpiente del Paraíso, pero ahora se manifiesta abiertamente. Y se expresa como lo hace Mefistófeles en el Fausto: «Job es justo y pío», dice. «¡Gran cosa! ¡No es difícil serlo cuando se tiene todo!». Así que Dios, como en el Fausto, se decide a hacer un experimento y permite que Satán compruebe cuánto puede resistir la fe de Job: Satán mata a todos sus hijos, arruina su fortuna y tortura a Job con enfermedades. Cuando éste protesta contra la arbitrariedad de Dios mientras sus amigos consideran que es religiosamente incorrecto hacerle reproches, Job insiste en que Dios ha de darle una explicación; pero lo único que obtiene es un ambiguo elogio del Señor. ¿Era el objetivo de esta prueba determinar si Job conserva la idea de un Dios justo? ¿Había que introducir la figura de Satán para que Dios siguiera siendo justo? Sea como fuere, la prueba de Job desemboca en una teodicea, en una justificación de Dios ante la existencia del mal en el mundo, y muestra el legado que nos ha dejado este Dios: la Historia se convierte en un continuo «proceso», en un procedimiento judicial constantemente necesitado de justificación y con permanente conciencia de transgresión, que comporta tanto una necesidad de redención (la espera del Mesías) como la posibilidad de reclamar garantías procesales.
JUDÍOS Y CRISTIANOS
El resto de la historia, con Jesús como Mesías, se desarrolla ya en época romana. Los cristianos abandonan la idea de justicia en favor de una amnistía general, y los judíos, en cambio, eligen el papel de Job e insisten en la justicia, con lo que despiertan en los cristianos la sospecha de haber fallado moralmente. Pero los cristianos retroceden a la fase del sacrificio humano —con la crucifixión de Cristo—, una barbarie que los judíos habían suprimido con el derecho y los griegos con la tragedia. Los cristianos pagan este retroceso con el filósofo Hegel, quien reintroduce la justicia en forma de «proceso» dialéctico de la historia universal. Desde entonces, siempre hay alguien que acusa a otro de atentar contra las leyes de la historia, con el resultado de aumentar masivamente el número de víctimas humanas: la historia universal se convierte en el Juicio final.
LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA: CULTURA E HISTORIA
Grecia (500-200 a. C.)
Empecemos determinando el marco cronológico: se trata fundamentalmente de los dos siglos comprendidos entre el 500 y el 300 a. C. Desde el punto de vista de la política exterior, esta época se caracteriza por la lucha de los griegos contra el gran Imperio persa. La defensa se prolonga desde el 500 al 450, años en los que Atenas se torna rica y poderosa, pues hace de las islas jónicas un gran imperio comercial al tiempo que las protege del ataque de los persas. Después vive su época de mayor esplendor bajo el gobierno de Pericles (443-429). A continuación vienen los treinta años de la guerra del Peloponeso contra la militarista y prusiana Esparta (431-404), guerra que concluye con la derrota de Atenas. Del 400 al 340 se produce un renacimiento de Atenas como consecuencia del debilitamiento de Esparta por Tebas. Por último, entre el 340 y el 300 es Macedonia, reino militar del norte, la que bajo el reinado de Filipo II conquista toda Grecia y, bajo el de su hijo Alejandro Magno (336-323), el Imperio persa. Así comienza la época helenística —la difusión de la cultura griega por todo el Mediterráneo oriental, incluidas Asia Menor, Mesopotamia (el actual Irak) y Persia—, hasta que, aproximadamente a partir del año 200, el Imperio romano empieza a apoderarse de toda esta zona. De este modo los romanos se convierten en los herederos de la cultura griega.
ATENAS
Cuando hablamos de la cultura griega, nos estamos refiriendo sobre todo a Atenas, pues los atenienses consiguieron algo que sólo volverían a lograr los ingleses en los siglos XVIII y XIX: pasar de la aristocracia a la democracia sin excluir de la política a los aristócratas. El tránsito tuvo lugar a través de las reformas constitucionales introducidas por tiranos muy juiciosos, y su resultado hemos de entenderlo en forma de una democracia radical, idéntica a la realizada en las universidades de 1968 (cuyo número de miembros también coincidía con el de una polis griega).

La antigua Grecia
– La instancia suprema era la asamblea general de todos los ciudadanos (excluidos los esclavos, las mujeres y todos aquellos que carecían de derechos civiles).
– El gobierno lo ejercían comisiones elegidas regularmente. Para formar parte de ellas (de un tribunal, por ejemplo), no se precisaban conocimientos técnicos. Todos los ciudadanos podían ocupar cualquier puesto.
– Con una sola excepción: los estrategas, los jefes del ejército, que debían tener experiencia. Los estrategas podían convertirse en hombres especialmente influyentes, como ocurrió en el caso de Pericles. El servicio militar era obligatorio.
Esta forma de organización política convirtió a Atenas en una suerte de club de debate en constante actividad; los atenienses estaban convencidos de que sólo podían desarrollar sus capacidades y «autorrealizarse» en el seno de la sociedad. Esta comunidad absoluta se llamaba polis, un término que significaba más que ciudad o Estado —era una «way of life» de la que los atenienses se sentían orgullosos—. La vida sólo parecía valiosa en el seno de la polis.
De esta organización surgió, al cabo de pocas generaciones, una cultura para la que el máximo punto de referencia no era un ser sobrenatural, sino el hombre mismo.
EL PENSAMIENTO GRIEGO
«Las abstracciones son irreales», acostumbramos decir en la actualidad, «sólo las cosas concretas son reales». Pero ¿acaso no es real el mapa genético que hace que el ternero nacido de una vaca vuelva a convertirse en una vaca? «Esto es incluso lo único real», hubiera respondido un griego, «pues es lo que permite que llamemos vaca a todos estos animales», y hubiera denominado a este mapa «Idea».
Para el pensamiento griego solamente lo que permanece es real. Las vacas nacen y mueren, pero lo que permanece es la «forma» de la vaca. Tras los cambios de las cosas concretas está la permanencia de las formas eternas. Así, los presocráticos (los filósofos griegos anteriores a Sócrates) trataron de identificar aquello que estaba detrás de todos estos fenómenos: el agua, dijo Tales; los contrarios, dijo Anaximandro (aproximándose así a la física actual, que dice: las simetrías); los átomos, propuso Demócrito.
Pero la clave para comprender la cultura griega, la idea que organiza las relaciones entre experiencia y pensamiento, la categoría central que introduce un sentido más profundo y de la que dependen todas las demás, la idea evidente por sí misma, es que a la realidad le subyacen unos modelos, unas estructuras o formas esenciales en torno a las cuales se organiza la realidad; y que estas formas esenciales son absolutamente cognoscibles y racionales.
EL ARTE
Por este motivo la escultura griega carece de retratos; lo que muestra es la estructura o la forma esencial del cuerpo humano en estado de reposo y en movimiento, en estado de relajación y en combate mortal. Nos presenta siempre la idealización de una acción, convirtiéndose así en modelo de todo el arte posterior. Los nombres que relacionamos con ella son Fidias y Praxíteles.
Si comparamos la exuberancia de una catedral gótica con un templo griego, nos damos cuenta de que los griegos eran casi funcionalistas de la Bauhaus: con sus series de columnas bajo el frontispicio, mostraban el principio y la estática de un edificio en el que no había nada superfluo. En su arquitectura distinguimos los órdenes dórico, jónico y corintio, cuyas diferencias son reconocibles en las columnas y en sus capiteles (→ Arte).
LA TRAGEDIA (A PARTIR DEL 534)
A primera vista, esta tendencia al formalismo parece estar en contradicción con un rasgo de la cultura griega que constituía un elemento de primer orden, sobre todo en Atenas: la fiesta. Los magnates captaban a sus electores con las fiestas que patrocinaban, y las fiestas fortalecían la cultura transmitida a la vez que reforzaban el sentimiento de unidad de la polis. La tragedia nace de las fiestas celebradas en Atenas en honor a Dionisos, el dios de la embriaguez. Su creador es Tespis (alrededor del 534): entre el canto del coro y la antístrofa Tespis hace que un actor relate en verso un tema mítico (de igual manera que en la Edad Media el teatro europeo moderno se desarrolla a partir de la liturgia cristiana). Así, Nietzsche contrapone lo dionisíaco (lo transgresor) de la tragedia al principio de lo apolíneo (la mesura). Pero, en realidad, la tragedia griega, comparada por ejemplo con Shakespeare o Hollywood, reduce la acción a lo esencial y se concentra en un solo problema. Con la tragedia se produce el tránsito desde el culto a la política y, en tanto que teatro democrático, se convierte en el culto de la polis. La víctima humana —la catástrofe de un ser humano sobresaliente— se convierte en motivo de interrogantes como éstos: ¿Cuáles son los límites de lo planificable? ¿Qué relación guarda el mito de la tradición con la racionalidad de los fines?
Las representaciones tenían lugar durante todo el día en los teatros, que en principio podían acoger al conjunto de la población. Los autores concursaban con sus obras, que eran evaluadas por un jurado seleccionado. Durante el siglo V se representaron unas mil tragedias; trescientas de ellas fueron escritas por los tres grandes poetas: Esquilo, Sófocles y Eurípides, pero sólo conservamos treinta y tres: siete de Esquilo, siete de Sófocles y diecinueve de Eurípides. A partir del año 486 también se organizaron concursos de comediógrafos: el más famoso de ellos fue Aristófanes. A diferencia de la tragedia, la comedia tenía como tema al hombre de carne y hueso y criticaba situaciones sociales reales, por lo que podemos decir que corresponde más bien al Kabarett alemán (espectáculo satírico). Aristóteles señala en su Poética cuáles han de ser la estructura y los efectos de la tragedia: ha de suscitar en nosotros el temor y la compasión y, a través de la catarsis, purificarnos, esto es, librarnos de los malos sentimientos. Su tratado sobre la comedia, en cambio, nunca se encontró y sigue siendo vanamente buscado por los personajes de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco. Los temas de la tragedia griega fueron retomados y reelaborados continuamente: desde la Ifigenia en Áulide de Eurípides hasta la Ifigenia de Goethe, y desde el Prometeo encadenado de Esquilo hasta el Frankenstein de Mary Shelley. La Poética de Aristóteles se convirtió en el texto más importante de crítica literaria.
LA POESÍA
Muchos de los términos que empleamos para nombrar nuestras formas literarias proceden de la poesía griega. Poetas épicos como Homero eran llamados rapsodas (compositores de odas, o cantos). A partir del poema épico (poesía heroica) se desarrolló la elegía (con acompañamiento de flauta), que adquiere forma de canto fúnebre por los seres perdidos (de ahí «elegíaco»). Anacreonte se convirtió en el representante de una poesía que canta a los placeres del amor y de la vida («anacreóntica»). Abundaban la lírica coral, los himnos (cantos en honor de dioses o héroes), los peanes (himnos triunfales), los ditirambos (cantos de alabanza a Dionisos, recitados con éxtasis por sátiros y con acompañamiento de flauta) y las odas (emocionados cantos sobre temas sublimes). Los representantes más importantes eran Píndaro e Íbico (las grullas de Íbico).
Asimismo, nuestros términos para nombrar los elementos del teatro también son griegos: el protagonista y el antagonista (de agón, lucha) son el héroe y su rival en la tragedia (de tragos, macho cabrío, y oda; esto es, «canto del macho cabrío»). El héroe es víctima de la hybris (desmesura), es castigado por su pathos (pasión) y conducido a la catástrofe (cambio de la fortuna) en trágica ironía (aparente favorecimiento de la suerte). Después viene la sátira (farsa divertida), en la que espíritus de la fertilidad con orejas de caballo y falo parodian la tragedia. Lo contrario de la tragedia es la comedia (de komos: desfile festivo más oda), que fundamentalmente satiriza (sátira: burla de las situaciones de calamidad, término que no deriva de sátiro, sino de satura, voz latina que significa plato que mezcla muchos ingredientes). De los números griegos proceden también nuestros nombres para la métrica: tetrá-(cuatro)metro, pentá-(cinco)metro, hexá-(seis)metro, heptá-(siete)metro, así como otras muchas palabras: pentágono (cinco lados), Pentateuco (los Cinco Libros de Moisés), Pentecostés (Pascua de Pentecostés, cincuenta días después de la Pascua del Cordero), pentagrama, pentatlón, pentamerón (historia de lo ocurrido en cinco días), etcétera.
FILOSOFÍA
Con la creación de la filosofía, los griegos inauguran una nueva época de la humanidad. El pensamiento se descubre a sí mismo, se libera de las cadenas de la religión y se da sus propias leyes, las leyes de la lógica. De este modo queda vinculado a la convivencia social y al discurso. El pensamiento es diálogo y no monólogo, y esto lo vincula a la democracia. La filosofía se desarrolla como intervención y réplica, como el arte de la discusión y como el método que permite considerar un mismo asunto desde todos los puntos de vista. Los griegos la llaman dialéctica, aunque ésta propiamente dicha la practicaban sobre todo los sofistas, maestros de retórica que se desplazaban por las ciudades impartiendo clases a los políticos y cuyo oportunismo les dio mala fama. De ellos se distancian las tres figuras que han determinado el pensamiento europeo hasta nuestros días: Sócrates, Platón y Aristóteles. Estos tres pensadores están estrechamente relacionados, pues Platón es discípulo de Sócrates, y Aristóteles es, a su vez, discípulo de Platón. Sócrates (470-399) vive toda la época de Pericles y la guerra del Peloponeso; Platón (427-347) enseña en la época del resurgimiento de Atenas, y Aristóteles (384-322) asiste al ascenso de Macedonia y se convierte en preceptor de Alejandro Magno.
SÓCRATES (470-399)
Sócrates no dejó nada escrito, de modo que casi todo lo que sabemos de él procede de los diálogos filosóficos de su discípulo Platón. Estos diálogos, en los que casi lo escuchamos hablar, nos lo muestran como una figura tan viva que ha quedado grabada en la memoria de los europeos.
Sócrates era hijo de un escultor y de una comadrona. Empezó dedicándose a la escultura y después se hizo sofista, pero pronto atentó contra las reglas de este gremio: a él no le interesaba enseñar trucos verbales sino la fundamentación moral de la política. Como vio que la religión ya no podía cumplir esta tarea, intentó educar a la élite de Atenas en el pensamiento independiente, para hacerla así capaz de gobernar. Muy probablemente, detrás de este intento estaban sus malas experiencias con esa democracia amateur que era el poder del vulgo (oclocracia). Ciertamente, Sócrates pertenecía a la clase media y vivía modestamente, pero eligió como discípulos a personas de origen aristocrático, pues su objetivo era formar élites democráticas a través de la educación. Como enseñaba por vocación, no cobraba nada. Pero su esposa Xantipa no entendía de ningún modo que la búsqueda de la esencia de la virtud fuera más importante que la comida en la mesa, y tuvo con él intensas discusiones, que seguramente Sócrates aprovechó para seguir perfeccionando su dialéctica. Es probable que tuviera un lazo afectivo muy fuerte con su madre, pues a su propia técnica la denominó «arte de la comadrona» (mayéutica).
Así pues, Sócrates hizo que la filosofía dejase de ocuparse de la naturaleza para pasar a ocuparse de la sociedad. Puso los trucos de los sofistas al servicio de la búsqueda de la verdad y desarrolló el denominado método socrático: Sócrates empezaba presentándose como alguien que no sabía nada y preguntaba a su interlocutor, aparentemente seguro de sí mismo, cosas obvias —«¿No es, Critias, el escultor anterior a la estatua?» Y Critias respondía: «Obviamente»—, después hacía que su interlocutor se enredara en contradicciones, que resbalara, para acabar mostrándole, cuando éste estaba ya totalmente desorientado y desmoralizado, que la presunta seguridad de sus opiniones no era más que una forma mitigada de ignorancia. Este principio de esta autodestrucción dirigida se conoce por el nombre de ironía socrática. Se trata de un método muy espectacular y que deja profundas huellas en quien lo sufre. Pero también muestra claramente en qué consiste la filosofía: en convertir en un problema lo que parece obvio y en romper el automatismo de las propias percepciones; y, de esta manera, desmontar el mundo para volver a construirlo bajo el control de la lógica —como más tarde hará Descartes con su duda metódica—. La filosofía ayuda a dar a luz al pensamiento independiente.
Los personajes de estos diálogos están extraordinariamente vivos, y quien desee conocerlos debería empezar por El Banquete. Este diálogo relata el festín en el que participan consumados bebedores para celebrar el triunfo de Agatón en el concurso de tragedias. A él asisten, entre otros, Agatón, Aristófanes —el comediógrafo—, Fedro, Pausanias y Sócrates. Reina una desinhibida erótica homosexual —la homosexualidad, en tanto que pederastia, era parte de una relación espiritualizada entre maestro y discípulo—, y el tema es también el amor. Se habla de Eros como el mediador entre los dioses y los hombres, y Aristófanes cuenta el mito según el cual el ser humano era originariamente una esfera bisexual, que los dioses separaron en dos partes para castigar su arrogancia y que ahora Eros une una y otra vez. A continuación, Sócrates expone su teoría de los grados ascendentes del amor: desde la sensibilidad hasta la participación en el misterio de la inmortalidad divina, pasando por el amor al alma bella y a la ciencia. Esta doctrina del amor platónico, combinada con ideas cristianas, hará una extraordinaria carrera y resurgirá en la Florencia renacentista. Pero en El Banquete, Alcibíades llega borracho al festín al frente de una ruidosa pandilla y los allí presentes le piden que pronuncie un discurso de elogio al amor. En vez de esto, Alcibíades pronuncia un discurso sobre Sócrates, en el que afirma que, en verdad, Eros se ha personificado en él. Con sus encantadoras palabras logra embelesar a todos, si bien después cambia totalmente de tema y se dedica a ensalzar el amor a la filosofía.
Nada ha marcado tanto la imagen de Sócrates como este diálogo y el relato de su muerte. Como otros muchos después de él, Sócrates es acusado de pervertir a la juventud y de incitar a violar las antiguas costumbres. Sócrates se defiende a sí mismo; el tribunal, por ajustada mayoría de votos, lo condena y, siguiendo una vieja costumbre, se le permite que proponga su propio castigo. Él provoca a sus jueces cuando, en vez de un castigo, pide una recompensa. Los jueces se sienten burlados y lo condenan a muerte por amplia mayoría. Poco antes de morir, Sócrates conversa serenamente con sus apenados discípulos sobre la muerte, rechaza la ayuda que le ofrecen para huir, pues no quiere vivir fuera de la polis, y bebe un vaso de cicuta que le causa la muerte.
La muerte de Sócrates ha sido comparada frecuentemente con la de Cristo: en ambos casos hay una víctima que se autoinmola y que hace las veces de chivo expiatorio, todo ello conforme a un ritual organizado por una vulgar pandilla que dice actuar en nombre de la ortodoxia.
PLATÓN (427-347)
Después de la muerte de Sócrates, Platón emprende distintos viajes. Hay una época en la que ejerce de «delegado de gobierno» en Siracusa, lo que acaba en un desastre (pues es esclavizado durante un tiempo). Regresa a Atenas y funda una escuela cerca de los jardines dedicados al héroe Academos, una escuela que se llama «Academia» y que perdurará durante casi mil años.
A diferencia de la mayoría de sus sucesores, Platón supo escribir de forma sugerente y atractiva. Su objetivo era lograr que sus enseñanzas tuvieran el mayor número posible de seguidores y, en este sentido, continuó el proyecto de educación de Sócrates, pues también a él le preocupaba el orden correcto de la ciudad. Pero lo decisivo para la posteridad es otra cosa: mediante un par de estrategias teóricas, Platón estableció el programa filosófico del futuro. Dividió el mundo en el reino del ser eterno y el reino de las apariencias cambiantes. El reino de las apariencias es una caverna en la que estamos sentados de espaldas a un fuego llameante, mientras que entre nosotros y el fuego pasan figuras reales. Pero nosotros sólo vemos los movimientos de sus sombras proyectadas sobre el muro y ellas constituyen nuestra realidad: éste es el famoso mito de la caverna de Platón. La realidad verdadera son las formas ideales, de las que las cosas concretas no son más que copias. Platón denomina a estas formas «Ideas». Con esta división del mundo en un más acá y un más allá, Platón funda la metafísica y el idealismo. De este modo determina los problemas de los que habrá de ocuparse la filosofía futura y posibilita —aunque esto sólo ocurrirá gracias al impulso del neoplatonismo liderado por Plotino (204-270)— una «relación amorosa» entre el cristianismo y la filosofía durante el Renacimiento.
Aunque la percepción sensible nos condena a ser prisioneros de este sombrío mundo de las apariencias, existen puntos de contacto con el mundo de las Ideas: así, en la geometría, la intuición sensible y las Ideas se rozan, por ejemplo cuando la esfera o el cuadrado nos permiten barruntar la perfección de las Ideas (véase el mito del ser humano como esfera que Aristófanes relata en El Banquete). Además, a través de determinadas visiones podemos liberarnos de las limitaciones de nuestros sentidos y dar alas al alma. De este modo nos aproximamos a nuestro estado anterior al nacimiento y recordamos el mundo de las Ideas, del que procede el alma y del que participa cuando piensa.
Las mismas Ideas forman una especie de sistema de cuerpos celestes compuesto de Ideas dotadas de fuerza de atracción solar, en torno a las cuales giran Ideas-satélite menores. En el centro está el sol, que es la Idea de la trinidad o la unidad del Bien, la Verdad y la Belleza.
Así pues, la filosofía de Platón no distingue entre la doctrina moral (ética), la teoría del conocimiento y la teoría del arte (estética). Hacer filosofía es ya una actividad moral, y la ciencia se nutre de la fuerza de atracción que ejerce lo erótico (véase el El Banquete y los grados del amor). Raras veces se ha presentado a la filosofía de forma tan atrayente.
Mucho menos simpático nos resulta hoy el proyecto platónico del Estado ideal (el escrito titulado Politeia es la primera utopía). En él se suprime la familia y la propiedad, imponiéndose una dictadura educativa estatal, con toda una serie de medidas eugenésicas para la formación de una élite y con un programa educativo perfectamente definido: en la infancia hay que aprender los mitos; después, a leer y escribir entre los catorce y los dieciséis años; de los dieciséis a los dieciocho, matemáticas; entre los dieciocho y los veinte tiene lugar la instrucción militar. Posteriormente, los menos capacitados se quedan en el ejército, los más aptos siguen estudios científicos, y tras encauzar a los interesados en los asuntos prácticos hacia carreras funcionariales menores, la élite estudia durante cinco años teoría de las Ideas, se pone a prueba durante quince años en puestos de alta responsabilidad gubernamental y después, ya con cincuenta años, puede tomar la dirección del Estado. Ya lo vemos: desde un comienzo la utopía muestra un rasgo totalitario e introduce la dialéctica según la cual las mejores causas suelen servir de justificación al más severo rigorismo (atenerse férreamente a determinados principios).
En cuanto a la influencia de la obra de Platón, se ha dicho que en relación con ella la filosofía europea no es más que un conjunto de notas a pie de página.
ARISTÓTELES (384-322)
Aristóteles era hijo de un médico y nació en Estagira, en la Calcídica, por lo que después fue llamado el «Estagirita». Cuando tenía diecisiete años de edad ingresó en la Academia de Platón, donde estudió durante veinte años. En el año 342, tras una estancia corta en Lesbos, viajó a la corte de Filipo de Macedonia y allí fue preceptor de Alejandro, que por entonces tenía catorce años. Cuando comenzaron las campañas militares de Alejandro, regresó a Atenas, donde fundó su propia escuela, el Liceo, en el año 334. En sus jardines, él y sus discípulos daban paseos mientras filosofaban, por lo que se les dio el sobrenombre de «peripatéticos» (los que pasean en el peristilo del jardín). Tras la muerte de Alejandro, al igual que Sócrates fue acusado de ateísmo, y murió poco después en el exilio.
Aristóteles es sin duda el hermano realista del idealista Platón. Sin embargo, Aristóteles no suprime la diferencia entre el mundo de las Ideas y el mundo de las apariencias, sino que más bien la generaliza. Para ello introduce un pequeño cambio, pero de inmenso alcance: Aristóteles ya no habla de Idea y apariencia, sino de forma y materia. Esta diferencia ya no separa dos mundos sino que ahora está presente en el seno del propio mundo: así, el barro es la materia, y el ladrillo la forma. Pero esta forma puede convertirse en materia de otra forma: el ladrillo es forma con respecto al barro, pero es materia con respecto a la casa. Hoy se habla de forma y medio (así lo hace, por ejemplo, la teoría de sistemas). Los sonidos son el medio de la forma lenguaje, éste es el medio de la forma texto, que es el medio de la forma verso, etcétera. Conforme a este mismo principio, Aristóteles concibe el mundo como una estructura que responde a una gradación de relaciones entre materia y forma. Son los grados de la progresiva determinación de lo indeterminado, de la conversión de lo posible en real, o, como diríamos hoy, de la transformación de lo improbable en probable. Así, de lo que no es sino ruido puede surgir repentinamente un poema, como el David de Miguel Ángel surge del bloque de mármol. La forma despierta la estructura viva que yace adormecida en la materia (hoy hablamos de conexión laxa o estricta entre los elementos: el ruido es una conexión laxa de sonidos; en el lenguaje, en cambio, impera una conexión estricta entre ellos).
El espíritu divino es forma pura, lo más improbable y lo más real al mismo tiempo. Es la primera causa, que hace que la materia se convierta en forma; en todas las demás cosas forma y materia están mezcladas. De este modo se resuelve también el problema de la relación cuerpo-alma. El alma es forma, el cuerpo materia. Dentro del alma hallamos esta misma diferencia entre el alma vegetativa, animal y racional. Mientras una cosa cambie y se mueva, es que todavía no es perfecta. Así pues, inmutabilidad y reposo son los signos de la suma perfección: Dios es reposo. Esta oposición de reposo y movimiento constituirá más tarde un obstáculo para la construcción de la teoría de la gravedad.
A partir de este mundo ordenado del ser y de la lógica aristotélica, los filósofos medievales (los escolásticos), como por ejemplo Santo Tomás de Aquino, elaboraron su concepción medieval del mundo. Redescubiertos los escritos de Aristóteles a través de los árabes, el Estagirita se convirtió en el filósofo más importante de la Edad Media, cuya preponderancia sólo quedó interrumpida por el resurgimiento que experimentó la filosofía de Platón en el Renacimiento. Hasta ese momento el dominio de Aristóteles es casi absoluto, y no sería posible estudiar la Edad Media sin estudiar también a Aristóteles.
OTRAS ESCUELAS FILOSÓFICAS
Los cínicos se establecieron como otra escuela filosófica. Su objetivo principal era desprenderse de toda necesidad, por lo que produjeron filósofos «mendigos» como Diógenes. Éste vivía en un tonel, y cuando Alejandro le preguntó si deseaba algo, le contestó con estas célebres palabras: «Apártate, por favor: me tapas el sol». A lo que Alejandro respondió con estas otras no menos célebres: «Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes». Se les llamó cínicos porque vivían como perros (kynos); de ahí «cínico». Hoy, Peter Sloterdijk ha recuperado esta acepción del término (Crítica de la razón cínica).
Los estoicos reciben su nombre del término Estoa (stoá, pórtico con columnas). La Estoa fue una escuela filosófica cuyos seguidores predicaban la imperturbabilidad de ánimo («estoico»). Se hizo especialmente popular bajo el terror de emperadores romanos como Nerón. Los seguidores del amable Epicuro, por otra parte, determinaron la percepción sensible como la única fuente del conocimiento y el placer como el fin supremo del hombre («epicúreo»).
Los escépticos, desde una perspectiva muy urbana y democrática, se abstenían de emitir juicios, convirtiendo en fundamento de la filosofía aquello con lo que ésta comienza: la duda (skepsis), por lo que los espíritus ortodoxos los acusaron de incoherencia.
Historia de Roma
Cuando llegamos a Arles, ciudad situada al sur de Francia, concretamente donde empieza el delta del Ródano, encontramos un circo perfectamente conservado que data de la época romana y que hoy ha recobrado su actividad. Pero en la Edad Media toda la ciudad se hallaba dentro del circo. La ciudad se había construido en su interior, y sus muros eran también los de la ciudad de Arles.
Esta imagen tiene un valor simbólico: la Europa moderna se levanta sobre las ruinas del Imperio romano. Estas ruinas transmiten un sentimiento de continuidad, lo que es válido, sobre todo, en relación con las instituciones políticas. Cuando Carlomagno, el príncipe de los francos, es coronado emperador por el papa León III en la Navidad del año 800, ambos creen estar renovando el Imperio romano (translatio imperii). Los cancilleres de Carlomagno redactan sus leyes en latín, y el mundo culto escribe y se entiende en latín. Hasta nuestros días, el latín sigue siendo la lengua de la Iglesia romana, y la historia de Roma tiene un carácter ejemplar: como en un experimento histórico, Europa aprende de ella política. Ésta es la razón por la que hemos de conocer los dramas y los personajes de la historia de Roma que después fascinarán a Europa.
PRÓLOGO (753-200 A. C.)
Para simplificar, comenzaremos en el año 200 a. C. y narraremos la historia anterior a modo de prólogo. ¿Por qué en el 200 a. C.? Porque ese año Roma unifica Italia, consolida su organización política, vence en dos guerras a los cartagineses y en los siguientes setenta años se dispone a conquistar Macedonia y el mundo helenizado del Mediterráneo oriental.
Según cuenta la leyenda, Roma fue fundada en el año 753 a. C. por los gemelos Rómulo y Remo, que habían sido abandonados al nacer y sobrevivieron amamantados por una loba. Estos gemelos se convirtieron en el emblema de Roma.
Hasta el año 510, la ciudad fue gobernada por los reyes de los etruscos, que habitaban más al norte, un pueblo de piratas y hedonistas que, aparte de cerámica y dentaduras postizas, no nos han dejado demasiadas cosas. Posteriormente la ciudad se convirtió en una república (del latín res publica: asunto público).
Del 510 al 270, Roma conquista el resto de Italia y se entrega a luchas internas entre patricios (aristócratas) y plebeyos (denominación despectiva para «el pueblo»). El resultado modelo de muchas organizaciones políticas, y los nombres empleados para designar los distintos cargos perduran hasta la actualidad.
ORGANIZACIÓN POLÍTICA
Roma estaba gobernada por dos cónsules dotados con los mismos poderes, elegidos anualmente, y que eran al mismo tiempo generales del ejército. El organismo político supremo era el Senado (que inicialmente tenía trescientos miembros, pero después muchos más). Los senadores no eran elegidos, sino nombrados de forma vitalicia por los magistrados de entre una serie de antiguos funcionarios del Estado. Durante la época de la República, es el Senado quien ejerce el verdadero poder (decide en asuntos de presupuesto y de política exterior, toma decisiones sobre la paz y la guerra, controla las provincias, etcétera).
Además, hay otros magistrados o funcionarios que se parecen a nuestros ministros actuales: los censores vigilaban el respeto a la moral y el pago de impuestos y se ocupaban de las obras públicas; los ediles eran los jefes de policía y vigilaban los juegos públicos; los cuestores administraban las arcas públicas, y de la justicia se ocupaban los pretores. Los magistrados vestían una toga con bandas púrpura y eran acompañados por los lictores (ayudantes), que llevaban fasces (insignia que consistía en un haz de varas sosteniendo en el centro un hacha) como signo de su poder. Enlazando con el estilo de la Roma imperial Mussolini tomará este símbolo para su partido, por lo que sus seguidores se llamarán «fascistas».
Los tribunos del pueblo desempeñaban un papel especial: eran similares a los actuales comités de empresa y defendían al pueblo contra la burocracia. Los tribunos podían vetar las decisiones del Senado y hacer sus propuestas en las asambleas de los plebeyos. Hacia finales de la época republicana, tendieron a hacer una política de bloqueo similar a la de los actuales representantes sindicales.
LAS GUERRAS PÚNICAS (264-241/218-201 A. C.)
El primer gran drama que Roma superó, y que le valió su ascenso a gran potencia, fueron las llamadas guerras púnicas. Roma se enfrentaba a los fenicios, pueblo de comerciantes que posteriormente se denominarían cartagineses, con capital en Cartago (cerca de lo que hoy es Túnez). En la primera guerra (264-241), los romanos les arrebataron Sicilia.
El carácter dramático de la segunda guerra púnica (218-201) fascinaría a la posteridad, principalmente por el arrojo de Aníbal, general cartaginés que estuvo a punto de aniquilar Roma aunque finalmente fracasara. Con el propósito de llevar la guerra a Italia, y tras atravesar en dos semanas el sur de Francia con cien mil hombres, treinta y siete elefantes y sufriendo grandes pérdidas, Aníbal cruza los Alpes y derrota al ejército del cónsul romano en el lago Trasimeno y a otro ejército en Cannas. Después de esto, los romanos temían un ataque a la mismísima ciudad («Aníbal ad portas» —no ante portas—, dice la primera Filípica de Cicerón). Pero ya bajo el mando de Fabio, llamado Cunctator (el titubeante), lograron evitar el combate abierto y pasaron a la táctica de desgaste, de partisanos y de guerrilla, lo que para los nativos representa siempre una ventaja frente a los ocupantes extranjeros y sus problemas de avituallamiento (la Fabian Society tomó su nombre de Fabio Cunctator y su objetivo era convertir al socialismo a las élites inglesas a través de la guerrilla intelectual). Después, cuando Escipión traslada la guerra a África, Aníbal se retira y es vencido en Zama. No obstante, tras la derrota Aníbal sigue participando en coaliciones contra Roma, los romanos piden su extradición, y el general cartaginés se suicida en el exilio. Aníbal es uno de esos personajes románticos que, pese a superar en genialidad a todos los demás, acaba perdiendo. Sin quererlo, Aníbal impulsó el ascenso de Roma a potencia mundial y le ayudó a asumir el legado griego de Alejandro. De este modo llegamos de nuevo al año 200.
En los próximos ochenta años (hasta el año 120 a. C.), Roma convertirá todos los territorios conquistados —Cartago, España, Macedonia, Grecia, Asia Menor (Pérgamo), y Siria y Egipto (que se habían aniquilado mutuamente)— en provincias suyas y las incorporará al Imperio. De esta forma también se conquista la cultura helenística.
LAS GRANDES CRISIS POLÍTICAS Y LA TRANSICIÓN AL CESARISMO
Los tributos e impuestos procedentes de las provincias iban a parar a los bolsillos de los administradores y de los funcionarios públicos. Con ese dinero, éstos pagaban los elevados costes que suponía aspirar a un cargo. Así, como sucede actualmente en EE. UU., sólo podía aspirar a un cargo político quien era rico o quien tenía buenos padrinos. En consecuencia, se formó una capa social de gente muy rica que monopolizaba los cargos políticos. Al mismo tiempo, el pueblo romano se empobrecía. El resultado fue una lucha de clases entre el partido del Senado y el partido popular. En tanto que tribunos del pueblo, los hermanos Tiberio y Cayo Graco realizaron una buena labor en favor de las clases populares y se convirtieron en los precursores del socialismo.
El paso siguiente fue la guerra civil entre Mario, jefe del partido democrático, y Sila, jefe del partido aristocrático; una guerra que ganó Sila con su ejército expedicionario, formado con motivo de una guerra colonial, del mismo modo que, mucho tiempo después, Franco ganaría la Guerra Civil española con el ejército colonial de Marruecos. Y como ocurriría entre los fascistas, la victoria de Sila acabó introduciendo la confección de las llamadas listas de proscritos (que incluían los nombres de los enemigos que debían morir). A partir de entonces sería el ejército el que decidiría sobre el destino de los participantes en el juego político.
POMPEYO Y CÉSAR
El ritmo de los acontecimientos se acelera. Bajo la dirección de Espartaco, se produce la rebelión de los esclavos (acontecimiento histórico llevado al cine con Kirk Douglas como protagonista; este hecho dio nombre a la sublevación «espartaquista» que tuvo lugar en Berlín en 1919). La rebelión es reprimida por Pompeyo y Craso (73-71). Después, Pompeyo satisface las demandas sociales del pueblo, es investido con poderes extraordinarios y dirige con éxito la guerra contra las provincias, mientras que el Senado aplasta la conspiración del exaltado Catilina, dándole de esta manera a Cicerón la posibilidad de lucirse con su retórica (63 a. C.). Así fortalecido, el Senado se niega a entregar a Pompeyo la recompensa para sus veteranos que había prometido darle cuando regresara. Para obtener lo prometido, Pompeyo forma una triple alianza (Triunvirato) con Craso y Cayo Julio César, el conquistador de las Galias. Juntos controlan el Senado y la situación funciona durante cierto tiempo; pero después Craso entra en guerra con los persas, y la rivalidad entre César y Pompeyo desemboca finalmente en la segunda guerra civil. Ésta concluye con el triunfo de César, cuyas tropas están mejor entrenadas a causa las guerras galas contra Vercingetorix y Asterix (de los que no existen pruebas). César se convierte en soberano absoluto, lo que supone el final de la República y el comienzo de una nueva institución: el cesarismo o Imperio.
MARCO ANTONIO Y CLEOPATRA
El resto lo conocemos por Julio César, la tragedia de Shakespeare. Dirigida por Casio y Bruto, se produce una conspiración en la que César es asesinado (44 a. C., idus de marzo: 15 de marzo). Marco Antonio, partidario de César, perdona a los conspiradores; sin embargo, en uno de los mejores discursos que ha dado jamás el género dramático, incita al pueblo a rebelarse contra ellos. Con Octavio, hijo adoptivo de César, y Lépido forma una alianza contra el partido del Senado: el segundo triunvirato. Juntos, y con la ayuda del espíritu de César («volveremos a vernos en Filipos»), vencen a Casio y a Bruto en la batalla de Filipos. Después, la historia continúa con Antonio y Cleopatra, también de Shakespeare: Marco Antonio se dirige hacia Oriente con el objetivo de obtener dinero para sus soldados, y allí es seducido por la vida licenciosa de la reina egipcia Cleopatra. Las incipientes divergencias con su rival Octavio se intentan eliminar mediante la boda de Marco Antonio con Octavia, hermana de aquél. Es el principio del final: Marco Antonio no puede dejar a Cleopatra, se somete a ella para conseguir sus favores y pierde la cabeza. En los siguientes enfrentamientos militares Marco Antonio está totalmente desacertado; cuando llega a sus oídos la noticia de la muerte de Cleopatra, la mentira que ella misma se había encargado de difundir, se suicida (30 a. C.).
AUGUSTO
La crisis ya ha pasado y Octavio es ahora el soberano absoluto, pero ha aprendido de la conspiración contra César. Si conserva la fachada de la República, no irá frontalmente en contra de los sentimientos republicanos. El Senado sigue existiendo, pero le transfiere a Octavio de forma vitalicia, entre otras cosas, la jefatura suprema del ejército (imperator), y también le otorga el título de Augusto (el egregio) en señal de su privilegiada posición.
Augusto pacifica el Imperio, consolida sus fronteras y crea las condiciones para el florecimiento cultural de la llamada era augusta (31 a. C.-14 d. C.). Durante su gobierno, pues, se produce el nacimiento de Cristo. Después de casi medio siglo, el Imperio llegó a tener tal aceptación que Augusto no tuvo ningún problema para transmitir el poder a su hijo adoptivo, Tiberio. A partir de entonces, César, el apellido del padre adoptivo de Octavio, se convirtió en un título; de aquí derivan el término alemán «Kaiser» y el ruso «Zar». Todos los emperadores invocarán desde entonces a César.
LA ÉPOCA IMPERIAL: NERÓN Y OTROS
El Imperio romano nace y muere con esta nueva institución. Duró quinientos años, desde el 31 a. C. al 475 d. C. Algunos de los emperadores serán tipos muy raros. A Tiberio le sucede ya una serie de personajes extremadamente excéntricos que pasarán a la posteridad por sus increíbles ocurrencias: Calígula, llamado el «caliga» (sandalia militar), estaba tan loco que nombró senador a su caballo. En Claudio lo más notable fue su estupidez: después de mandar ejecutar a su esposa Mesalina por su continuo y escandaloso desenfreno, se casó con Agripina —mucho más malvada que la anterior y madre de Nerón—, que se lo agradeció envenenándolo. Su obra como emperador fue muy modesta: añadió al alfabeto tres nuevas letras, que desaparecieron cuando murió. Nerón, educado por el filósofo Séneca, no comenzó mal, pero perdió el rumbo tras asesinar a su madre. Para poder casarse con la atractiva Popea, asesinó también a su mujer. Después se apoderó de él el síndrome Hitler o la más absoluta megalomanía, una mezcla de crepúsculo de los dioses wagneriano, diletantismo musical y desenfrenada manía de construir: para dar cabida a sus delirantes proyectos, incendió Roma, cantó su destrucción como Homero cantó el incendio de Troya (maravillosamente interpretado por Peter Ustinov) y después persiguió a los cristianos y a los judíos acusándolos de incendiarios, con lo que ofreció al Führer un buen ejemplo para rentabilizar políticamente el incendio del Reichstag. Pero a diferencia de lo que ocurrió en el caso del Führer, esto fue demasiado para los pretorianos (la guardia de Nerón), quienes lo abandonaron, por lo que acabó suicidándose.

El Imperio Romano
Después, con Flavio Vespasiano, vino una nueva serie de césares más hábiles (desde el 69 hasta el 180 aproximadamente). Vespasiano y su hijo Tito se ganaron el odio de los siglos posteriores por haber reprimido el levantamiento de los judíos y por haber destruido el templo de Jerusalén (70 d. C.). La serie se completa con Trajano, Adriano y Marco Aurelio, emperadores que en general se mostraron razonables y obtuvieron grandes éxitos.
EL DECLIVE
A partir del año 180 d. C., el Imperio se convertirá durante un siglo en el juguete del ejército y de los pretorianos. Asimismo, en el siglo III se producen importantes transformaciones sociales cuyo resultado es la pérdida de las libertades ciudadanas, el empobrecimiento de la población urbana, el final de la autonomía de las ciudades, la transformación de los arrendamientos en relaciones de esclavitud y el control estatal de las mutualidades. Como consecuencia de esta crisis, el emperador Diocleciano (284-305) trasladó la sede del gobierno, situándola fuera de Roma para evitar la influencia del Senado; centralizó la administración, eliminando la gran diversidad de fueros y libertades de las distintas ciudades que habían ido conformándose a lo largo de la historia; y, siguiendo el modelo de los regímenes despóticos orientales, intentó dar un nuevo fundamento al Imperio, basándolo en un complicado ceremonial cortesano con carisma religioso, para lo que no dudó en perseguir a los cristianos, a los que consideraba sus rivales.