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Sucedió en un taxi

Y fue entonces cuando me di cuenta. Era una soleada mañana de primavera del año 2008 e iba en un taxi bajo el cielo diáfano de Madrid. El taxista, uno de estos conductores que van con la radio a tope y te dan conversación, tan típicos de la capital, me empezó a hacer preguntas.

—¿Estás aquí de vacaciones? —me dijo.

—No, trabajo y vivo aquí desde hace un par de años —le respondí.

Se quedó pensativo un momento, con la mirada perdida en el semáforo en rojo, y entonces, cuando se puso en verde y arrancó de nuevo, se interesó por mi procedencia. Hablo bien español (como veréis, vine muy joven a España para aprender el idioma, y eso fue un factor determinante en todo lo que ocurrió posteriormente, es decir, en todas las peripecias que se narran en este libro), aunque conservo cierto acento americano, y, bueno, mi aspecto también es típicamente americano. Rubio, ojos azules…: lo que llamaríais un guiri. Pero soy un guiri que no está de turismo, un guiri que vino a emprender —eso de lo que tanto se habla ahora— en este país.

—¿De dónde eres? —preguntó el taxista—. ¿Alemán? ¿Inglés?

—No —respondí—, soy estadounidense. De California.

—Ah... ¿Y en qué trabajas?

—Trabajo con ordenadores, internet, ese tipo de cosas. En ese asunto de las redes sociales.

El taxista, sin ningún lugar a dudas, no era sospechoso de estar al día en estos temas, más bien tenía pinta de no saber ni qué botón hay que pulsar para encender un ordenador ni para qué sirve un ratón, y yo me imaginaba que dejaría ahí la conversación y se pondría a pensar en otra cosa. O, en el peor de los casos, que tendría que explicarle de alguna manera bastante trabajosa y pesada qué es una red social y para qué demonios sirve. Pero no hay que juzgar a la gente por las primeras impresiones que tenemos de ella, y ahí fue cuando aquel taxista, a quien no he vuelto a ver y cuyo nombre desconozco, me sorprendió.

—Ah —dijo—, una red social, como el Tuenti ese con el que todo el mundo anda loco, al que todo el mundo está enganchado todo el santo día. ¿No conoces Tuenti?

Flipé. Y fue entonces cuando me di cuenta (y sucedió en un taxi, no en un despacho) de que estábamos saliendo adelante, de que Tuenti ya era una realidad sólida y tangible, de que las cosas marchaban bien. Si aquel hombre, que presumiblemente no tenía demasiado contacto con las nuevas tecnologías, nos conocía, si había oído nuestro nombre, es que se hablaba de nosotros en la calle, existía un boca a boca. Estábamos teniendo éxito. Le dije al taxista:

—Tuenti lo inventé yo.

Este libro es la historia del éxito de Tuenti y del grupo de personas que lo creamos y que cada día luchamos por mejorarlo y proyectarlo hacia el futuro. De cómo Tuenti llegó a tener los 15 millones de usuarios que tiene actualmente, y de cómo una empresa formada por cuatro amigos jovencísimos llenos de ideas y ganas de trabajar ha llegado a ser una compañía con un equipo de más de 250 miembros. De cómo, a partir de una red social al uso, vamos a intentar crear el futuro de las telecomunicaciones con nuestro nuevo proyecto Tuenti Móvil. De nuestro compromiso de innovación hacia el futuro, de explorar nuevas fronteras con la idea de llevar las cosas a otro nivel a largo plazo, de reinventarnos. Es también, cómo no, la historia de muchas noches sin dormir, de muchas decisiones erróneas, de muchos pequeños fracasos y discusiones, de esos meandros y escollos que hay que superar para llevar un proyecto a buen puerto. Y también es la historia de mi vida.

Un viaje agitado

Hay personas cuya vida, desde que nacen, va encaminada directamente, siguiendo una línea recta, con paso militar, a conseguir sus últimos objetivos. Otras vidas zigzaguean, dudan, se pierden, caen en el abismo y fracasan en sus propósitos. Es curioso, porque mi vida es una mezcla de ambas cosas: nunca he ido en línea recta hacia ningún sitio, siempre he dudado y cambiado de opinión, y muchas veces no he tenido claro el objetivo ni el camino que debía seguir para lograrlo. Sin embargo, cuando miro hacia atrás desde este extremo de la existencia (aún no tengo 30 años), me da la impresión de que todos los cambios de dirección, todas las casualidades y todos los zigzags encajan perfectamente, como en un puzle o una novela, para llevarme adonde estoy ahora mismo. Me da la impresión de que ha tenido que ser así y que no ha podido ser de otra manera. En este ajetreado viaje partiremos de las paradisiacas playas de la costa Oeste estadounidense y aterrizaremos en la plaza de las Cortes de Madrid, al lado de los leones del Congreso de los Diputados, donde están ahora mismo la oficinas centrales de Tuenti; pero en el camino conoceremos Namibia, China, Nueva York, Costa Rica o la Extremadura profunda. Pasaremos por la Organización de la Naciones Unidas, varias universidades americanas, bufetes de abogados, reuniones con grandes empresas, una oficina llena de cucarachas, pequeños barcos de vela y una autocaravana. Y conoceremos a algunos personajes rebosantes de talento y espíritu creativo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Razones para este libro

Antes he de confesaros que cuando surgió el proyecto de escribir este libro para contar mi historia y la de Tuenti, que muchas veces se confunden, no lo tenía nada claro y me asaltaron ciertas dudas. ¿Cómo iba yo a escribir una especie de memorias si era tan joven? ¿Qué tenía de interesante este relato, a quién podía ayudar? Y, sobre todo, ¿cómo nos vamos a poner a contarlo todo ahora si aún estamos al principio del camino, si aún está todo por hacer?

Pero como veis, me decidí a seguir adelante y ahora tenéis este libro entre las manos. Una de las razones es que aunque solo llevamos seis años desarrollando Tuenti, lo que es muy poco tiempo, hemos vivido muchísimos momentos yendo de arriba abajo, de la euforia al desánimo, numerosos días en los que pensamos que todo se iba al garete. Hemos vivido todo tipo de experiencias. Y hemos conocido a un montón de personas en algún momento determinado de nuestro periplo, pero son muy pocos los que han estado ahí durante el viaje completo. Como fundador de la compañía, me interesa dar una visión global de nuestra historia, de principio a fin, desde que se forjó la idea hasta hoy. Este viaje, este relato, solo lo puedo contar yo.

Otra de las razones es que esta historia puede servir de ejemplo y dar ánimo a la juventud de un país que pasa por unos momentos durísimos, una grave crisis económica con un desempleo juvenil de más del 50 por ciento. Nosotros hemos tenido que enfrentarnos a menudo al escepticismo. A las dudas de los demás, pero también a las dudas dentro de nosotros mismos. A mucha gente que no confiaba en nosotros, que nos criticaba, y a la que al final hemos demostrado que nuestra idea sí valía, que podíamos hacerlo. Y esto se ha conseguido mediante muchísima, muchísima persistencia durante toda nuestra trayectoria.

Cuando creas una compañía pasas por varias fases. Una primera fase en la que todo el mundo dice que estás loco, que eso nunca funcionará, que nadie se va a dar de alta y que nunca lo vas a poder monetizar. Vamos, que lo tuyo es una gilipollez. Por ejemplo, a nosotros nos decían que Tuenti con invitación jamás iba a salir adelante. Luego viene una segunda fase en la que te ven y se dan cuenta de que eres más competente, pero aseguran que solo estás de moda, eres un hype, pronto pasará la fiebre y te quedarás en nada: ahora vas bien, luego ya veremos. No es mérito tuyo. Después te dicen: «¡Qué suerte has tenido, con lo obvio que era!». Aun así, uno debe seguir a lo suyo, con su proyecto, sin hacer caso de lo que digan los agoreros. Algún día querrán competir contigo, y si no pueden buscarán una alianza. Solo hay que trabajar duro, ser constante y mirar hacia el futuro que tenemos que construir.

Quiero mostrar que solo somos un grupo de gente normal con ideas, ilusión y muchas ganas de trabajar. Que luchando uno puede abrirse camino. Y que todo está por hacer.

(Por cierto, «todo está por hacer» es el lema que me guía y aparecerá varias veces en esta historia. Así se os quedará bien grabado en el cerebro, pues esta actitud ante la vida es la enseñanza más importante que puedo aportar y el mensaje principal de todo esto: la moraleja de todo lo que sigue.)

Tal vez lo primero que os extrañe de este enredo es que un tipo nacido a 11.000 kilómetros de distancia, en otro continente más allá del horizonte, sin ninguna relación familiar ni de ningún otro tipo con este país, haya acabado por abandonar su lugar de origen y montar una empresa en el corazón de la «piel de toro». Así que lo mejor será responder cuanto antes a la pregunta: ¿por qué acabé montando en aquel taxi madrileño? Y sobre todo, ¿por qué estoy en España?