Conocí a mi primer maestro de budismo tibetano hacia finales de 1962 en New Jersey. Como muchos monjes mongoles, Geshe Wangyal, un mongol kalmyk de Astracán, donde el Volga vierte sus aguas en el mar Caspio, viajó al Tíbet para ingresar en una universidad monástica, donde pasó treinta y cinco años. Testigo de la destrucción de las instituciones budistas en la Unión Soviética, presintió —tras las incursiones comunistas chinas en 1950— lo que se avecinaba para el Tíbet y en 1955 emigró a la India. Transcurridos tres años viajó en barco a Estados Unidos con ayuda de la Church World Service.
Apenas hubo desembarcado, Geshe Wangyal empezó a enseñar budismo tibetano a personas interesadas en ello; y en 1960 fundó un monasterio y centro de enseñanza e invitó a cuatro monjes tibetanos a unirse a él. Enseñaron a muchos estadounidenses, incluido un servidor. Algunos de ellos destacaron con el tiempo en el ámbito de la docencia, la política, la medicina, la religión y la edición.
El masivo éxodo que sufrió el Tíbet en 1959, cuando el Dalai Lama huyó a la India, favoreció la creación de escuelas tibetanas para monjes y laicos en la India, Sikkim y Nepal, incluido el primer centro educativo monástico fundado en una antigua prisión de Buxaduor, la India, lugar de difícil adaptación por sus altas temperaturas y su baja altitud. Con el tiempo se fueron restableciendo en la India y Nepal las principales instituciones monásticas de todas las grandes órdenes del budismo tibetano, aunque más reducidas. Las escuelas monásticas grandes aprovecharon esta nueva situación para realizar algunas reformas y abandonar ciertos elementos, como la institución de los monjes policía, los supuestos encargados de mantener la disciplina tan temidos en el viejo Tíbet. Otros grupos crearon innovadores centros educativos religiosos ajenos al control de los monasterios. La educación laica en los cursos de primaria y secundaria, por su parte, acabó incluyendo temas hasta entonces restringidos a los clérigos.
En el extranjero, los profesores tibetanos —tanto monásticos como laicos— trataron de adaptar los antiguos métodos de práctica y estudio a entornos más seculares. Hoy día, después de prosperar lenta pero ininterrumpidamente en miles de centros de todo el mundo, estamos a punto de fundar importantes centros de enseñanza de estilo tibetano fuera de la comunidad tibetana. La diáspora ha hecho posible que aspectos de la enseñanza tradicional del Tíbet, con más de mil años de antigüedad, se propaguen mucho más allá de su lugar de origen. Fuera del Tíbet hay necesidad del rigor de estos estudios e interés por unos métodos de enseñanza antiguos cuya eficacia ha quedado demostrada con el tiempo, si bien existen grandes dificultades para poner en marcha estos estudios fuera de los entornos tibetano y mongol.
Da la sensación de que el mundo se halla dominado por fuerzas que impiden este desarrollo: una creciente tendencia a la explotación, a la avaricia y a la lujuria; un consumismo descontrolado; una constante manipulación de opiniones que refuerzan los impulsos ordinarios; la presencia ubicua de entretenimientos insustanciales; distancia cada vez mayor entre ricos y pobres; explicaciones superficiales sobre las complejidades de la existencia humana; excesos en el comer que generan dolor y obesidad; movimientos que pretenden devolver los derechos de los trabajadores a los niveles que tenían en el siglo XIX; un énfasis ridículo en el beneficio económico, como si fuera la única razón de vivir. Sin embargo, existen indicios de que estas fuerzas oscuras están provocando una reacción de insatisfacción y un deseo de probar otros caminos.
Son muchas las personas en todo el mundo que poseen tanto una cultura local como una cultura global, y muchas han adoptado actitudes que igualan en importancia a su cultura local original. Esta abertura indica una buena disposición para aceptar nuevos puntos de vista, pero también puede significar un sentido fracturado del tiempo, lo cual podría poner en peligro la clase de inmersión que se requiere en la práctica budista tibetana.
El gobierno tibetano en el exilio está dando los pasos necesarios para incorporar el principio democrático de separar el control político de las instituciones religiosas sin abandonar por ello los ideales budistas. Esto es comparable a la adaptación de los sistemas educativos tibetanos, los cuales mezclan elementos laicos y religiosos.
Los tibetanos que viven fuera de su país se esfuerzan por determinar qué tradiciones deben conservar y cómo conservarlas. Por ejemplo, todos nosotros valoramos la larga tradición de la medicina tibetana. El ingenio de cientos de médicos a lo largo de más de mil años ha dado lugar al desarrollo de efectivos tratamientos compuestos con hierbas y minerales. Si observamos otras partes del mundo donde la modernidad ha destruido y reemplazado antiguas formas de vida y donde la sabiduría de viejos métodos médicos se ha perdido para siempre, nos damos cuenta del enorme tesoro que representa la antigua sabiduría conservada en las tradiciones tibetana y china.
Es preciso mantener los bosques mediante la tala y la replantación planificadas a fin de conservar variedades de plantas y animales potencialmente beneficiosas para el mundo, pero es una tarea que plantea problemas de desplazamiento y comerciales que podrían condenar a la gente a la pobreza permanente; también los tibetanos se enfrentan al conflicto entre la necesidad de alimentar a las personas ahora y las fuerzas del mercado que con el tiempo agotarán este tesoro. Del mismo modo que los mercados liberalizados no hacen libres los mercados, el desarrollo descontrolado no garantiza el progreso. Son problemas a los que se enfrenta el planeta y no existen soluciones fáciles.
El futuro bienestar del Tíbet depende de la buena disposición del gobierno chino para dejar a un lado sus miedos e iniciar negociaciones sinceras con el gobierno tibetano en el exilio. El actual llamamiento chino a entablar negociaciones, ¿es un nuevo enfoque basado en un sincero interés o es solo una estratagema más? Hasta la fecha, el gobierno de Pekín ha utilizado el engaño como táctica de aplazamiento; un ejemplo de ello es el requisito de que el Tíbet renuncie a su independencia, a pesar de que el Dalai Lama ya abandonó esa exigencia nada menos que en 1978. El defecto del gobierno chino es la falta de amor y compasión, defecto que, como todos sabemos por nuestra experiencia personal, con el tiempo conduce a la autodestrucción.
Es absolutamente preciso que en todo el mundo el amor diluya la intolerancia, el conocimiento mine la ignorancia, el activismo coordinado sustituya a la aceptación y la desesperación pasivas, el diálogo reemplace a la recriminación, la justicia innovadora gane terreno a la venganza, la ética se imponga en el orden de prioridades, el reconocimiento de los derechos humanos evite la privación de los mismos. Solo un decidido esfuerzo realizado durante un largo período de tiempo puede vencer a fuerzas tan arraigadas como la estupidez y la avaricia.
Confío en que este libro sobre el amor de su Santidad el Dalai Lama, inspirado en una larga tradición de técnicas tibetanas destinadas a la transformación de lamente y el corazón, contribuya a eso que necesitamos tan encarecidamente: cultivar el amor y la compasión por todos los seres.
JEFFREY HOPKINS,
doctor en filosofía,
profesor de estudios tibetanos,
Universidad de Virginia
Si no se domestica al enemigo interno del odio, cuando intentamos domesticar a enemigos externos, estos crecen.
Por tanto, es una práctica de los sabios domesticarse a sí mismos mediante las fuerzas del amor y la compasión.
BODHISATTVA TOKMAY SANGPO
Cuando hablo de amor y compasión no lo hago como budista, ni como tibetano, ni como Dalai Lama, sino como un ser humano que habla a otro ser humano. Espero que en este momento pienses en ti como en un ser humano y no como en un americano, un asiático, un europeo, un africano o un ciudadano del país que sea. Estas lealtades son secundarias. Si tú y yo encontramos un terreno común como seres humanos, nos comunicaremos a un nivel básico. Si yo digo «soy monje» o «soy budista», estos aspectos, comparados con mi naturaleza humana, son temporales. Ser humano es fundamental, la base a partir de la cual todos crecemos. Tú has nacido ser humano y eso es algo que permanece inalterable hasta la muerte. Todo lo demás —si eres joven o viejo, rico o pobre, culto o inculto— es secundario.
Solucionar problemas
En las ciudades grandes, en las granjas, en los lugares remotos, en el campo, la gente siempre está ocupada. ¿Por qué? A todos nos mueve el deseo de obtener felicidad. Eso está bien. Sin embargo, debemos tener presente que un exceso de implicación en los aspectos superficiales de la vida no resolverá el problema de la insatisfacción. El amor, la compasión y el interés por los demás son las verdaderas fuentes de felicidad. Si las tienes, no te afectarán ni las circunstancias más incómodas. Pero si alimentas el odio no serás feliz aunque vivas rodeado de lujos. Por tanto, si realmente queremos felicidad, debemos ampliar la esfera del amor. Es una cuestión tanto de pensamiento religioso como de sentido común.
La ira no se puede vencer con ira. Si una persona muestra ira hacia ti y tú respondes con ira, el resultado será desastroso. En cambio, si controlas tu ira y muestras el sentimiento opuesto —amor, compasión, tolerancia y paciencia—, no solo conservarás tu paz interior, sino que la ira del otro se irá apagando poco a poco. Nadie puede negar que cuando hay ira, la paz interior es imposible. Solo a través de la bondad y el amor puede alcanzarse esa paz.
Los seres humanos son los únicos seres con capacidad para juzgar y razonar; comprendemos cuáles son las consecuencias y pensamos a largo plazo. También es cierto que los seres humanos pueden desarrollar un amor infinito, mientras que, que nosotros sepamos, los animales solo pueden sentir afecto y amor de forma limitada. No obstante, cuando los seres humanos se irritan, todo ese potencial se pierde. Ningún enemigo armado solo con armas puede anular esas cualidades, mientras que la ira sí puede. La ira destruye.
Si lo observas detenidamente, verás que el plan de nuestras acciones se halla dentro de la mente. Las actitudes contraproducentes no surgen por sí solas sino por culpa de nuestra ignorancia. También el éxito se halla dentro de nosotros. De la disciplina, la conciencia y la comprensión clara de los efectos negativos de la ira y los efectos positivos de la bondad surgirá la paz. Por ejemplo, actualmente quizá seas una persona que se irrita con facilidad. Sin embargo, con una comprensión y una conciencia claras puedes debilitar tu irritabilidad y, a renglón seguido, reemplazarla. El propósito de este libro es preparar el terreno para esa toma de conciencia a partir de la cual puede crecer el verdadero amor. Necesitamos cultivar la mente.
Todas las religiones transmiten mensajes de amor, compasión, sinceridad y honestidad. Cada sistema busca su propia manera de mejorar la vida de todos nosotros. No obstante, si damos demasiada importancia a nuestra filosofía, religión o teoría, si nos apegamos demasiado a ella e intentamos imponérsela a otras personas, surgirá el conflicto. Prácticamente a todos los grandes maestros, entre ellos Buda Gautama, Jesucristo, Mahoma y Moisés, les motivaba el deseo de ayudar a sus semejantes. No buscaban el beneficio personal, ni crear más conflicto en el mundo.
Tal vez la religión se ocupe de cuestiones filosóficas profundas, pero el fundamento de la religión es el amor y la compasión. Así pues, en este libro describiré la práctica del amor que yo mismo ejercito. La práctica del amor me proporciona paz interior y ayuda a otras personas. Las personas necias y egoístas siempre están pensando en sí mismas y el resultado siempre es negativo. Las personas sabias piensan en los demás, ayudan en todo lo que pueden y el resultado es felicidad. El amor y la compasión son beneficiosos tanto para ti como para los demás. A través de tu bondad hacia otros tu mente y tu corazón se abrirán a la paz.
Extender este estado interior a la comunidad que te rodea generará unidad, armonía y cooperación; extender esta paz a las naciones y de ahí al mundo generará confianza y respeto mutuos, comunicación sincera y, por último, esfuerzos colectivos para resolver los problemas del mundo. Todo esto es posible. Pero el cambio debe producirse primero en nosotros.
Cada uno de nosotros es responsable de la humanidad en general. Es preciso que nos veamos como auténticos hermanos y hermanas, y que nos interesemos por el bienestar común. Debemos tratar de reducir el sufrimiento de los demás. En lugar de trabajar únicamente para enriquecernos, es preciso que hagamos algo positivo, algo verdaderamente dirigido al bienestar del conjunto de la humanidad.
Actuar llevados por la compasión y el amor, respetar los derechos de los demás: he ahí la auténtica religión. Vestir una túnica y hablar de Dios pero pensar egoístamente no es un acto religioso. En cambio, un político o un abogado que se preocupa verdaderamente por la humanidad, que hace cosas que benefician a otros, practica sinceramente la religión. El objetivo debe ser servir a los demás, no dominarlos. Las personas sabias practican el amor. Como dice el erudito y yogui indio Nagarjuna en su Guirnalda de joyas:
Después de analizar en profundidad
todas las acciones del cuerpo, el habla y la mente,
quienes perciben cuáles son beneficiosas para él y los demás
y siempre las ponen en práctica, son sabios.
Un acto religioso tiene una motivación positiva, se hace pensando sinceramente en el beneficio de los demás. La religión está presente en nuestra vida cotidiana. Si dirigimos nuestra vida pensando en el bien del mundo, estamos llevando una vida religiosa.
Esta es mi religión, una religión sencilla que no necesita templos ni complejas filosofías. Tu propia mente, tu propio corazón, es el templo; tu filosofía, la simple bondad.
Los budas no limpian las malas acciones con agua, ni retiran el sufrimiento con sus manos, ni trasladan su comprensión a otros.
Los seres son liberados mediante la enseñanza de la verdad, la naturaleza de las cosas.
BUDA
En el Tíbet, un gran número de grandes yoguis-eruditos recogió las prácticas espirituales que conducen a la iluminación en unos volúmenes titulados Los estadios del camino hacia la iluminación. Estas elocuentes enseñanzas del compasivo Buda detallan una serie de prácticas que la persona afortunada puede utilizar con el fin de alcanzar la iluminación. De ellas se extraen las extensas escrituras y los comentarios budistas sin sacrificar la naturaleza ni el orden fundamental de las mismas. Conservadas para el mundo en el Tíbet, estas valiosas enseñanzas son una joya para los estudiantes y aprendices afortunados.
Los estadios del camino hacia la iluminación es un instrumento para principiantes —aquellos que todavía no han alcanzado ningún nivel espiritual— que nos explica los pasos a seguir de forma ordenada —primer paso, segundo paso y así sucesivamente—, sin confundir lo que viene antes con lo que viene después. Los volúmenes detallan las prácticas que todos necesitamos para alcanzar la iluminación; reúne primero los pasos en un formato breve y, a continuación, en un formato más extenso, de acuerdo con la capacidad del aprendiz. Este tipo de presentación está orientada hacia la práctica que permite comprender el camino.
Primero se exponen las prácticas destinadas a los principiantes. Cuando hayas ejercitado las reflexiones y sientas su impronta, tu mente estará capacitada para tratar cuestiones más profundas y pasarás al siguiente nivel. Debes practicar y dominar cada estadio antes de pasar al siguiente. Es como en los estudios: un niño no puede ingresar en la universidad.
Resumen del libro
En este libro presentaré un sistema práctico de siete pasos para desarrollar el amor. Estas técnicas se basan en el enorme potencial que, gracias a la pureza fundamental de la mente, tienen los seres humanos para mejorar. El libro, por tanto, comienza analizando si las emociones contraproducentes están arraigadas en la mente o son periféricas y, por tanto, susceptibles de modificación. Al final llegamos a la conclusión de que la mente es fundamentalmente pura, como el cielo azul que hay detrás de los nubarrones. Partiendo de esta idea, estableceremos instrucciones concretas para una práctica que servirá de base para los posteriores siete estadios clave del desarrollo.
Esta práctica previa a los siete estadios tiene como objetivo que superemos nuestra tendencia natural a catalogar a las personas (como amigo o enemigo). Demuestra cómo el apego a tales categorías se basa en la valoración que hacemos de las ventajas y desventajas temporales que ofrecen las personas, un enfoque equivocado que limita sentimientos como el amor y la compasión. Veremos cómo nuestra adicción a lo atractivo aumenta nuestra simpatía hacia unas personas y la reduce hacia otras. Esta práctica inicial se fundamenta en el principio de igualdad, en nuestra aspiración común a la felicidad. Ejercicios meditativos sobre la variabilidad de las situaciones y relaciones ayudan a poner en tela de juicio las rígidas categorías que aplicamos de forma automática. Una técnica de refuerzo consiste en visualizar a dos personas: una digna de elogio y la otra en posición de atacar, para que aprendamos a reconocer y modificar nuestras respuestas reflejas. Los pasos de esta práctica preparatoria —meditaciones preliminares, técnicas de refuerzo y meditaciones finales— son comparables a limpiar y lijar una pared antes de pintar en ella un mural de amor.
Una vez cultivada la ecuanimidad, el primer paso consiste en desarrollar una actitud fuertemente positiva hacia círculos de personas cada vez más amplios. El ejercicio comienza con la elección de tu mejor amigo como modelo para evaluar a otros amigos menos íntimos; luego a personas neutrales y, por último, a enemigos —personas que querrían perjudicaros a ti y a tus amigos—. La tarea más difícil en este paso es apartar las piedras emocionales que te impiden progresar.
El segundo paso lleva a reflexiones prácticas sobre la bondad que familiares y amigos han mostrado hacia nosotros, sobre todo en la infancia, cuando dependemos tanto de la atención y el cuidado de otros. Una vez que empezamos a sentir un profundo agradecimiento por esa bondad, podemos extender poco a poco nuestra gratitud a personas que no pertenecen a nuestro círculo de amigos. Algunos ejercicios de este paso proponen recordar la bondad recibida a lo largo de varias vidas; otros van dirigidos a agradecer los servicios prestados por otras personas independientemente de su intención, como el empleado que coloca los productos en las estanterías del supermercado del barrio. La técnica de refuerzo consiste en valorar a nuestros enemigos, pues estos nos proporcionan oportunidades únicas para practicar la paciencia y la tolerancia.
El tercer y cuarto paso están relacionados y se refuerzan mutuamente. El tercer paso consiste en corresponder a la bondad de los demás desarrollando la heroica intención de ayudarles a alcanzar la iluminación. Esta intención conduce de forma natural al cuarto paso: aprender a amar, en el que se comienza por reconocer cómo sufre la gente. Exploraremos el funcionamiento del ciclo de las situaciones dolorosas y lo aplicaremos primero a nosotros mismos y luego a los demás. Llegados a este punto, tras haber avanzado por los estadios que aumentan el sentimiento de unión con los demás, podemos probar tres ejercicios, incrementando gradualmente la intensidad, para extender el interés por los demás y, por último, el amor.
Hasta aquí, el objetivo de los ejercicios es hacerse amigo de todos los seres, interesarse por su situación y estar dispuesto a ayudar. A partir de ahora se hace una distinción más clara entre amor y apego. Si extendemos los sentimientos de amor e interés más allá de los límites de predisposición establecidos, el amor se libera del contraproducente apego. Este proceso no consiste en buscar un amor nuevo y espiritual, sino en utilizar los sentimientos de amor familiar y aplicarlos a círculos cada vez más amplios.
El objetivo es cultivar en nuestros corazones el interés que una madre entregada siente por su hijo y luego dirigirlo hacia más y más personas y seres vivos. Se trata de un amor sincero y poderoso. Mostraré cómo estos sentimientos ayudan a comprender verdaderamente los derechos humanos, no los basados en leyes o mandatos sino los profundamente arraigados en el corazón.
El quinto paso es el cultivo de la compasión, del deseo profundo de ver a los demás seres liberados del sufrimiento; esta es la otra cara del amor, el fuerte deseo de ver a otros felices. Para sentir amor y compasión por los demás —ricos o pobres, sanos o enfermos, jóvenes o viejos— es preciso ser consciente de su valor y reconocer al mismo tiempo su estado de sufrimiento. Los ejercicios prácticos de esta sección generan una paulatina experiencia de la compasión por aquellas personas por las que tus sentimientos son débiles, neutros, inexistentes o incluso negativos. La técnica de refuerzo consiste en ponerte en el lugar de alguien que vive en la miseria o padece una enfermedad.
El sexto paso enseña cómo comprometerse plenamente con el altruismo, y el séptimo y último paso lleva la experiencia del amor y la compasión hacia el objetivo más elevado de la iluminación: ayudar y servir más eficazmente a una amplia variedad de seres.
Seguir los estadios del camino hacia la iluminación hará que el contraproducente centrarse en uno mismo se transforme en un interés saludable por los demás. Al desarrollar tu propio potencial pasarás de valorarte a ti mismo a valorar a los demás. Las numerosas técnicas para reestructurar tus relaciones a partir de un amor imparcial y comprometido te garantizan que la práctica nunca será aburrida. La variedad hará más intensa y profunda tu experiencia. Por otro lado, puede que unas técnicas sean más apropiadas para tu manera de ser y de ver las cosas que otras, y puede que unos métodos te resulten más fáciles y eficaces que otros.