Tener una mente abierta a todo y no apegada a nada parece fácil hasta que uno piensa en cuántos condicionamientos se han producido en su vida, y en cuántos de sus actuales pensamientos se han visto influidos por la geografía, las creencias religiosas de sus antepasados, el color de su piel, la forma de sus ojos, la orientación política de sus padres, su estatura, su sexo, las escuelas que le eligieron y la vocación de sus bisabuelos, por citar solo algunas posibilidades. Llegó usted aquí como un diminuto bebé capaz de un infinito número de potencialidades. Muchas de sus opciones permanecen aún inexploradas a causa de un programa de condicionamiento —es de esperar que bienintencionado— concebido para adaptarle a la cultura de quienes se hicieron cargo de su educación. Probablemente no tuvo usted casi ninguna oportunidad de discrepar con la configuración cultural y social hecha para su vida.

Puede que haya habido algunos adultos que le hayan alentado a tener una mente abierta; pero si es sincero con usted mismo, reconocerá que su filosofía vital, sus creencias religiosas, su manera de vestir y su lenguaje dependen de lo que su tribu (y su acervo) determinaron que era adecuado para usted. Si usted expresó su disconformidad pretendiendo ir en contra de este condicionamiento preestablecido, probablemente oyó voces aún más fuertes exigiéndole que volviera a la fila y que hiciera las cosas «como se han hecho siempre». La noción de adaptarse reemplazó a la de tener una mente abierta a nuevas ideas.

Si sus padres, por ejemplo, eran judíos, es poco probable que le educaran para honrar y respetar la religión musulmana; y viceversa. Si sus padres eran de derechas, es poco probable que oyera usted ensalzar las virtudes de los partidos de izquierdas. Cualesquiera que fuesen las razones que movieron a sus antepasados a no tener una mente abierta, lo cierto es que habitaban en un mundo mucho menos poblado que el nuestro. En el superpoblado mundo de hoy sencillamente no podemos seguir viviendo con los viejos estilos de cerrazón mental. Le animo a que abra su mente a todas las posibilidades, a resistirse a todos los intentos de encasillarle y a negarse a dejar que el pesimismo penetre en su conciencia. Me parece que tener una mente abierta a todo y no apegada a nada constituye uno de los principios más básicos que puede adoptar para contribuir a la paz individual y mundial.

NADIE SABE LO SUFICIENTE PARA SER PESIMISTA

Busque la oportunidad de observar un diminuto brote verde surgiendo de una semilla. Cuando lo haga, perciba la maravilla que está viendo. Un famoso poeta llamado Rumi observaba: «Vende tu inteligencia y compra perplejidad». La escena de un retoño brotando representa el inicio de la vida. Nadie en este planeta tiene siquiera el menor indicio de cómo ocurre eso. ¿Qué es esa chispa creadora que hace brotar la vida? ¿Qué es lo que ha creado al observador, la conciencia, la observación y la propia percepción? La lista de preguntas sería interminable.

Hace cierto tiempo, los terrícolas que trabajaban en el programa espacial movían un diminuto vehículo sobre la superficie de Marte por control remoto. Una serie de señales invisibles, que tardaban diez minutos en viajar a través del espacio, al llegar hacían girar y ordenaban a una pala que recogiera y examinara unos cuantos bienes raíces marcianos. Todos nosotros nos maravillamos ante aquellas hazañas tecnológicas. Pero piense en ello por un momento. En un universo infinito, viajar a Marte, nuestro vecino más próximo, equivale a recorrer una milmillonésima de milímetro en la página que está leyendo en este momento. Así pues, logramos mover un pequeño vehículo en el planeta de al lado, ¡y ya nos sentimos impresionados por nuestro logro!

Pero hay miles de millones de planetas, estrellas y objetos diversos solo en nuestra galaxia, mientras que fuera de ella existen miles de millones de galaxias. Somos una mota en un universo incomprensiblemente inmenso que no tiene límite. Piense en ello: si encontráramos ese límite, ¿sería una pared en el borde del universo? De ser así, ¿quién la habría construido? Y, lo que resulta aún más desconcertante: ¿qué habría al otro lado de esa pared y qué grosor tendría?

¿Cómo puede alguien ser pesimista en un mundo del que sabemos tan poco? Un corazón empieza a latir en el útero de una madre unas semanas después de la concepción, y ese hecho constituye un absoluto misterio para todos los habitantes de nuestro planeta. En comparación con todo lo que hay que saber, no somos más que embriones. Téngalo en cuenta cuando se tropiece con quienes están absolutamente seguros de que hay solo una única manera de hacer algo.

Resístase al pesimismo. Resista con todas sus fuerzas, puesto que apenas sabemos nada en absoluto en comparación con todo lo que hay que saber. ¿Puede imaginar lo que un pesimista que vivió hace solo doscientos años pensaría del mundo en que vivimos? Aviones, electricidad, automóviles, televisión, control remoto, internet, faxes, teléfonos, móviles... Y todo ello gracias a esa chispa de apertura mental que permitió florecer el progreso, el crecimiento y la creatividad.

¿Y qué hay del futuro y de todos sus mañanas? ¿Puede imaginarse enviándose a sí mismo por fax al siglo XIV, volando sin máquinas, comunicándose telepáticamente, desmolecularizándose y reapareciendo en otra galaxia, o clonando una oveja a partir de la fotografía de una oveja? Una mente abierta le permite explorar, crear y crecer. Una mente cerrada bloquea herméticamente cualquiera de esas explicaciones creativas. Recuerde que el progreso resultaría imposible si hiciéramos invariablemente las cosas como siempre las hemos hecho. La capacidad de participar en milagros —verdaderos milagros en nuestra vida— se da cuando abrimos la mente a nuestro ilimitado potencial.

LA PREDISPOSICIÓN MENTAL AL MILAGRO

No se permita a sí mismo tener bajas expectativas en relación a lo que es usted capaz de crear. Como indicaba Miguel Ángel, el mayor peligro no es que sus esperanzas resulten demasiado ambiciosas y no logre alcanzarlas, sino que resulten demasiado modestas y sí lo logre. Mantenga en su interior una imaginaria vela encendida que arda vivamente con independencia de lo que se encuentre frente a sí. Deje que esa llama interior represente para usted la idea de que es capaz de obrar milagros en su vida.

En todos y cada uno de los casos en los que una persona experimenta una curación espontánea o supera algo que se consideraba imposible de superar, el individuo pasa por una completa inversión de su personalidad. De hecho, reescribe su propio contrato con la realidad. Para experimentar milagros espontáneos de cariz divino, primero uno debe verse a sí mismo como un ser divino. Dicen las escrituras: «Con Dios son posibles todas las cosas». Dígame, entonces, qué puede escapar a esa norma. Una mente abierta a todo equivale a ser pacífico, irradiar amor, practicar el perdón, ser generoso, respetar toda forma de vida y, lo más importante, visualizarse a uno mismo como capaz de hacer todo aquello que pueda concebir en su mente y en su corazón. Cualquiera que sea la ley universal utilizada para obrar un milagro en cualquier lugar, en cualquier época y en cualquier persona, sigue estando vigente. Jamás ha sido abolida, ni lo será nunca. Usted posee la misma energía, la misma conciencia de Dios, para ser un artífice del milagro; pero solo si realmente lo cree y lo sabe en su interior.

Comprenda que aquello que usted piensa, se expande («Tal como un hombre piensa, así es»). Si sus pensamientos están llenos de dudas y tiene una mente cerrada, usted actuará necesariamente en función de esas dudas y de esa cerrazón, y verá evidencias de su pensamiento prácticamente en todos los lugares donde se halle. Por el contrario, debería decidir (no se equivoque en eso: es una elección) tener una mente abierta a todo; entonces actuará en función de esa energía interior, y será el creador así como el receptor de milagros dondequiera que esté. Experimentará lo que Walt Whitman quería decir cuando escribió: «Para mí, cada centímetro cúbico de espacio es un milagro».

QUÉ SIGNIFICA ESTAR ABIERTO A TODO

Todo significa exactamente eso. Sin excepciones. Cuando alguien le plantea algo que entra en conflicto con su condicionamiento, en lugar de responder: «¡Eso es ridículo!; todos sabemos que es imposible», diga: «Nunca había considerado antes esa posibilidad. Pensaré en ello». Ábrase a las ideas espirituales de todas las personas, y escuche con mente abierta los proyectos e ideas más disparatados, aunque al principio parezcan escandalosos. Si alguien plantea que los cristales pueden curar las hemorroides, que las plantas medicinales pueden reducir el colesterol, que a la larga la gente será capaz de respirar bajo el agua, o que la levitación es posible, escuche, y sea curioso.

Libérese de su apego a lo que le han enseñado a creer. Abra su mente a todas las posibilidades, puesto que, tanto si cree que algo es posible como si cree que es imposible, en cualquier caso tendrá razón. ¿Y cómo puede ser eso? Porque su contrato con la realidad y con todo lo que es posible determinará lo que será de usted. Si usted está convencido de que no puede llegar a ser una persona rica y famosa, un artista, un deportista profesional, un gran cantante, o lo que sea, actuará en función de esa convicción interna, que evitará que manifieste lo que realmente le gustaría. Lo único que conseguirá con su esfuerzo es tener razón. Cuando uno necesita tener razón, está apegado a su reflejo condicionado acerca del modo en que las cosas son y han sido siempre; y presupone que también serán siempre así.

LIBERARSE DE LOS APEGOS

Este primer secreto tiene dos componentes: 1) una mente abierta a todo y 2) una mente no apegada a nada. Sus apegos son la fuente de todos sus problemas. La necesidad de tener razón, de poseer algo o a alguien, de ganar a toda costa, de que los otros le vean como a alguien superior: todo eso son apegos. La mente abierta se resiste a esos apegos y, en consecuencia, experimenta la paz interior y el éxito.

Para liberarse de los apegos, es necesario cambiar el modo en que nos vemos a nosotros mismos. Si usted se identifica primordialmente con su cuerpo y con sus posesiones, su ego constituye la fuerza dominante en su vida. Si es usted capaz de doblegar suficientemente a su ego, podrá invocar a su espíritu para que constituya la fuerza directriz de su vida. Como ser espiritual, puede observar su cuerpo y ser testigo compasivo de su existencia. Su aspecto espiritual es capaz de ver el absurdo de los apegos porque su yo espiritual es un alma infinita. Nada puede hacerle feliz o sentirse realizado: eso son elaboraciones interiores que usted aporta a su mundo, y no algo que usted reciba de él.

Si tiene usted pensamientos pacíficos, sentirá emociones pacíficas, y eso es lo que aportará a todas las situaciones de su vida. Si está usted apegado a la necesidad de tener razón o a la absoluta necesidad de algo para poder estar en paz o tener éxito en sus objetivos, vivirá una vida de esfuerzo sin llegar jamás a puerto.

Es posible tener un ardiente deseo y, sin embargo, no alcanzar ningún logro. Puede tener una visión interna de lo que pretende manifestar y, no obstante, seguir alejado del resultado. ¿Cómo? Considere esta observación del libro Un curso de milagros (editado por la Fundación para la Paz Interior): «La paciencia infinita produce resultados inmediatos». Parece una paradoja, ¿verdad? La paciencia infinita implica la absoluta certeza de que aquello que le gustaría manifestar de hecho se mostrará, en perfecto orden, y exactamente en su momento. El resultado inmediato que uno obtiene de este conocimiento interior es una sensación de paz. Cuando se distancia del resultado, uno se halla en paz, y a la larga verá los frutos de sus convicciones.

Suponga que tiene que elegir entre dos varitas mágicas. Con la varita A, puede conseguir cualquier cosa material que desee con solo agitarla. Con la varita B, puede experimentar una sensación de paz durante el resto de su vida independientemente de las circunstancias que surjan. ¿Cuál elegiría? ¿Una garantía material o la paz interior para el resto de su vida? Si opta por la paz, la varita B está ya en su poder. Basta con tener una mente abierta a todo y no apegada a nada. Déjela ir y venir a voluntad. Disfrute de todo, pero no haga nunca que su felicidad o su éxito dependan del apego a una cosa, a un lugar y, especialmente, a una persona.

En todas nuestras relaciones, si podemos amar a alguien lo bastante como para dejarle ser exactamente lo que ha decidido ser —sin expectativas ni apegos por nuestra parte—, conoceremos la verdadera paz durante toda nuestra vida. El verdadero amor significa que uno ama a una persona por lo que es, y no por lo que uno cree que debería ser. Eso es tener una mente abierta, así como la ausencia de apego.

2. Segundo secreto: No morir mientras aún haya música en nuestro interior

SEGUNDO SECRETO

No morir mientras aún haya música en nuestro interior

Hay solo una vida para cada uno de nosotros: la nuestra.

EURÍPIDES

Un músico debe hacer música, un pintor debe pintar, un poeta debe escribir, con tal de que esté en paz consigo mismo. Lo que un hombre puede ser, debe serlo.

ABRAHAM MASLOW