LECTURA DEL PARAÍSO

Paraíso se lee poco y gusta poco. Cansa sobre todo su pues llega a parecer casi una serie de preguntas y respuestas entre maestro y educando.”Así se expresaba Francesco De

Historia de la literatura italiana.Y expresaba una reserva que cada uno de nosotros se ha planteado en el bachillerato, a menos que tuviera un profesor extraordinario. Por otra parte, hojeamos alguna historia de la literatura más reciente,
mos la anotación de que la crítica romántica desvalorizó el condena que ha seguido pesando también el siglo siguiente.

Puesto que quiero decir que, naturalmente, el Paraíso bello de los tres cánticos de la Comedia, volvamos a De Sanctis, que desde luego era un hombre de su tiempo, pero era también un lector dotado de una extraordinaria sensibilidad,
cómo su lectura del Paraíso es una obra maestra de tormento intede reticencia, de entusiasmo y desconfianza.

De Sanctis, lector muy agudo, se da cuenta enseguida de que,

Paraíso, Dante tiene que hablar de cosas indecibles,

Escrito como artículo para el diario La Repubblica del 6 de septiembre de 2000 (encuadrado en una serie de intervenciones dedicadas al séptimo centenario de la

), retomado después para la revista Paragone, agosto-diciembre, reino del espíritu, y se pregunta cómo el reino del espíritu “puede tener una representación”. Para hacer artístico el

Dante ha imaginado un Paraíso humano,
tido y a la imaginación. Por eso intenta encontrar en la luz el enlace con nuestras posibilidades de comprensión humanas. aquí De Sanctis se convierte en lector apasionado de esta poesía donde no hay diferencias cualitativas sino únicamente de intensidad luminosa, y cita multitudes de esplendores,
adamante che lo sol ferisse”, beatos que aparecen “sì come schieche s’infiora”, riadas de donde salen chispas vivas,
en forma de riberas fúlgidas de fulgores, beatos que se desvanecen “come per acqua cupa cosa grave”.Y nota que,
Pedro se indigna con Bonifacio VIII (representando Roma en términos que evocan más bien el infierno: “fatt’ha del cimitero mio cloaca – del sangue e della puzza”, del cementerio mío ha hecho cloaca – de la sangre y la podre), todo el cielo expresa la propia indignación sencillamente tiñéndose de rojo.

Pero, ¿son suficientes las variaciones de color para expresar pasiones humanas? Aquí De Sanctis se ve prisionero de su propia “En ese torbellino de movimientos,
desaparece… no hay diferencias de aspecto, sino, por así decir, sola cara… Este desvanecerse de las formas y de la misma personalidad reduce el Paraíso a una sola cuerda, si en él no penetrara y con la tierra, otras formas y otras pasiones… Los cantos de las almas están vacíos de contenido, voces y no palabras, música y no poesía… Es todo una sola ola de luz… la individualidad desaparece en el mar del ser”. Defecto inaceptable, poesía es expresión de humanas pasiones, y si la pasión humana no puede ser sino carnal: ¿tiene acaso esta poesía de la luz comparación alguna con el trémulo beso de Paolo y Francesca, horror de la feroz comida, con el condenado que levantando en ambas manos sendas higas a Dios se las manda ?

Toda la contradicción en la que De Sanctis se debate se debe a dos malentendidos: primero, que ese intentar representar lo divino por meras intensidades de luz y de color es un esfuerzo danpero casi imposible) para humanizar lo que los humanos no pueden concebir; segundo, que hay poesía sólo en la representación de las pasiones de la carne y del corazón, puede haber poesía de la pura inteligencia, porque en ese caso

(Y aquí valdría la pena hacerle burla no al buen sino al desanctismo de los hazmerreír, dispuestos a afirmar que Bach no es poesía, y Chopin, por suerte,
que los claves bien temperados y las Variaciones Goldberg hablan de amor terrenal, mientras que el Preludio de la gota hace pensar en George Sand y en la tisis al acecho, y ésta,
sí que es verdadera poesía, porque hace llorar.)

Vayamos al primer punto. El cine y los juegos de rol nos animan a pensar en la Edad Media como en una secuencia de siglos no digo ideológicamente (que en el cine no imporsino en términos de color nocturno y hoscas sombras.

La gente de la Edad Media vivía sin duda en ambientes oscuzaguanes de castillos, habitaciones angostas iluminadas apenas por la chimenea; pero, aparte de que era gente que se acostaba pronto y estaba más acostumbrada al día que a la noche (que les gustará tanto a los románticos), la Edad Media se representa a sí misma con colores brillantes.

La Edad Media identificaba la belleza (además que con la proporción) con la luz y el color, y este color era siempre eleuna sinfonía de rojos, azules, oros, platas, blancos y versin matices ni claroscuros, donde el esplendor es generado por la armonía del conjunto en vez de dejarse determinar por una luz que envuelve las cosas desde fuera o hace filtrar el color más allá de los límites de la figura. En las miniaturas medievales la luz parece irradiar de los objetos.

Para Isidoro de Sevilla, los mármoles son bellos a causa de su los metales por la luz que reflejan, el aire mismo es bello y se llama así porque aes-aeris deriva del esplendor del aurum del oro (y de hecho, como el oro, en cuanto es herido por resplandece). Las piedras preciosas son bellas a causa de su dado que el color no es sino la luz del sol apresada,
ria purificada. Los ojos son bellos si son luminosos,
bellos son los ojos glaucos. Una de la primeras cualidades de un cuerpo bello es la piel rosada. En los poetas este sentido del color flamante está siempre presente, la hierba es verde,
la leche cándida, una bella mujer tiene para Guinizelli “viso di neve colorato in grana” (por no hablar, más tarde,
dulces aguas), las visiones místicas de Hildegarda de Bingen nos muestran llamas rutilantes, y la misma belleza del primer ángel caído está hecha de piedras refulgentes como si de un cielo estrellado se tratara, de suerte que la innumerable multitud de resplandeciendo en el fulgor de todos sus ornamentos, aclara la luz del mundo. La iglesia gótica, para hacer penetrar lo divino en sus naves, que de otro modo resultarían oscuras, segada por aceros de luz que atraviesan los vitrales,
a estos pasillos de luz, el espacio para las ventanas y rosetones se las paredes casi se anulan en un juego de contrafuertes y arcos en tranquil, y toda la iglesia se construye en función de una irrupción de la luz a través de un calado de estructuras.

Huizinga nos recuerda el entusiasmo del cronista Froissart por los barcos con las grímpolas y los gallardetes movidos por el viento y los blasones variopintos que destellan al sol,
de los rayos del sol en los yelmos, las corazas, las puntas de las lanlos estandartes y los pendones de los caballeros en marcha o, para los blasones, las combinaciones amarillo pálido y azul,
ja y blanco, naranja y rosa, rosa y blanco, blanco y negro; jovencita arropada por seda violeta sobre una hacanea con gualdrapa de seda azul, llevada por tres hombres vestidos de seda bermeja con gorros de seda verde.

En los orígenes de esta pasión por la luz había ascendencias de lejano origen platónico y neoplatónico (el Bien como sol de las ideas, la simple belleza de un color dado por una forma que domina la oscuridad de la materia, la visión de Dios

Fuego, Fuente Luminosa). Los teólogos hacen de la luz un principio metafísico y se desarrolla, en estos siglos,
la óptica, de donde proceden las reflexiones sobre las maravillas del arco iris y los milagros de los espejos (algunas veces estos espejos se presentan líquidamente misteriosos, pues, no inventó su poética de la luz jugando con una materia reluctante a la poesía. Se la encontraba a su alrededor, según su genio, para un público de lectores que sentían la luz y el color como pasión. Si releemos uno de los ensayos más bellos que conozco sobre el Paraíso dantesco ( ti della poesia di Dante, de Giovanni Getto, de 1947), vemos cómo no hay imagen del Paraíso que no proceda de una tradición que para el lector medieval formaba parte de su propio bagaje, sino de fantasías y sentimientos cotidianos. tradición bíblica y de los padres de la Iglesia proceden esos fulesos torbellinos de llamas, esas lámparas, esos soles, esplendores y esas claridades que nacen “per guisa d’orizzonte las cándidas rosas, las flores rubicundas.

Como decía Getto,“Dante se hallaba ante un lenguaje,
ante una lengua, ya constituida para expresar la realidad de la misteriosa experiencia del alma en su catarla vida de la gracia como gozo estupendo, preludio a una estación jubilosa y sagrada”. Para el hombre medieval, leer de estas luces era como para nosotros fantasear sobre la gracia esbelta de sobre la línea bien trazada de un coche, sobre los amores de amantes perdidos, breves encuentros, hojas muertas, misteriosos y angelitos negros, y con una intensidad pasional y unos escalofríos del alma que nos resultan desconocidos.
se dice poesía doctrinal y discusión entre maestro y educando!

Con lo cual, llega el segundo malentendido, que no puede haber poesía de la inteligencia, capaz de hacer vibrar no sólo con el beso de Paolo y Francesca, sino con la arquitectura de los ciecon la naturaleza de la Trinidad, con la definición de la fe como substancia de lo esperado y argumento de lo que no se mani

Esta invocación a una poesía de la inteligencia es la que puede hacer fascinante el Paraíso también para el lector moderno, que ha perdido las referencias familiares al lector medieval. mientras tanto, este lector ha conocido la poesía de John de Eliot, de Valéry o de Borges, y sabe que la poesía puede ser también pasión metafísica.

Y a propósito de Borges, ¿de quién ha tomado la idea del ese punto fatal desde donde se ve el populoso mar,
las muchedumbres de América, una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, un laberinto roto que era Lonun traspatio de la calle Soler con las mismas baldosas vistas treinta años antes en el zaguán de una casa en Frey Bentos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, tos ecuatoriales, y en Inverness a una mujer inolvidable,
quinta de Adrogué el ejemplar de la primera versión inglesa de y a un tiempo cada letra de cada página,
Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa de Bengala, un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin en un gabinete de Alkmaar, una playa del Mar Caspio en el alba, una baraja española en un escaparate de Mirzapur, émbolos, marejadas, todas las hormigas que hay en la tierra,
y la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo? El primer Aleph es el del último canto del cuando Dante ve (y por lo que le resulta posible,

Nel suo profondo vidi che s’interna Legato con amore in un volume
Ciò che per l’universo si squaderna Sustanze e accidenti e lor costume Quasi conflati insieme, per tal modo che ciò ch’i’ dico è un semplice lume.

“En su profundidad vi que se interna,/con amor en un libro encuadernado,/
lo que en el orbe se desencuaderna;/sustancias y accidentes, todo atado/con sus cos

Al describirse “la forma universal di questo nodo”, con mente en suspenso y habla corta, en esa clara subsistencia, Dante ve tres círculos de tres colores, y no como Borges las reliquias atroces de porque su Beatriz, convertida en reliquia atroz desde hace mucho tiempo, ha vuelto como luz, y, por lo tanto, Aleph de Dante es más pasionalmente rico de esperanza que el Aleph alucinado de Borges, que sabía perfectamente que el Empíreo no le estaba concedido, y le quedaba sólo Buenos Aires.

Así pues, a la luz de las seculares peripecias de una poesía de hoy en día podremos leer y paladear mejor el

Quisiera añadir algo más, para estimular la imaginación de o de aquellos a los que no les interesa ni Dios ni El Paraíso dantesco es la apoteosis de lo virtual, del puro software, sin el peso del hardware cuyos desechos se quedan en el Purgatorio. El
es más que moderno, puede convertirse, para el lector que haya olvidado la historia, en algo posible y tremendamente futuro.
el triunfo de la energía pura, lo que la telaraña de la Web nos promete y no sabrá darnos nunca, es una exaltación de flujos, cuerpos sin órganos, un poema hecho de estrellas novas y de enaun Big Bang ininterrumpido, un relato cuyas peripecias siguen las longitudes de los años luz y, si de veras quieren hacer uso de ejemplos familiares, una triunfal odisea en el espacio,

Si lo desean, lean el Paraíso también así,
les podrá hacer y será mejor que una discoteca psicodélica y que

Porque, en cuanto a éxtasis, el tercer cántico mantiene vi yo en tal figura/que una luz simple es lo por mí expresado.”

Divina Comedia, Barcelona: Planeta, 1992).

SOBRE EL ESTILO DEL MANIFIESTO

No se puede sostener que algunas bellas páginas puedan cambiar el mundo ellas solas.Toda la obra de Dante no sirvió para devolverles a los comunes italianos un Sacro Romano Emperador.
al recordar ese texto que fue el Manifiesto del Partido Comude 1848, y que sin duda ha influido conspicuamente en la historia de dos siglos, creo que hace falta volverlo a leer desde el punto de vista de su calidad literaria o, al menos, al no leerlo en de su extraordinaria estructura retórico argumentativa. En 1971 apareció un librito de un autor venezolano,

El estilo literario de Marx XXI), tradujo al italiano en 1973. Creo que ahora es prácticamente imposible de encontrar y valdría la pena volverlo a imprimir.
va analizaba minuciosamente toda la obra de Marx, recorriendo también la historia de su formación literaria (pocos saben que escribió también poesías, aunque, según los que las han leído,

Curiosamente, Silva dedicaba sólo unas líneas al
quizá porque no era una obra estrictamente personal.
se trata de un texto formidable que sabe alternar tonos apo

L’Espresso (8 de enero de 1998) en ocasión de los ciento cincuenta

Manifiesto del Partido Comunista.

calípticos e ironía, eslóganes eficaces y explicaciones claras y (si de verdad la sociedad capitalista pretende vengarse de los trastornos que estas no muchas páginas le han procurado) debería analizarse religiosamente todavía hoy en las escuelas para publicitarios.

Empieza con un formidable redoble de timbal, de Beethoven:“Un fantasma recorre Europa” demos que aún estamos cerca del florecimiento prerromántico y romántico de la novela gótica, y los fantasmas son entidades que hay que tomarse en serio). Sigue inmediatamente después una historia a vista de águila de las luchas sociales desde la antigua Roma hasta el nacimiento y desarrollo de la burguesía,
nas dedicadas a las conquistas de esta nueva clase “revolucionaria” constituyen su poema fundador, que sigue siendo válido todavía hoy para los partidarios del liberalismo. Se ve (quiero decir precisamente “se ve”, de manera casi cinematográfica) a esta nueva inarrestable fuerza que, empujada por la necesidad de nuevas salidas para las propias mercancías, recorre todo el orbe terráqueo (y yo creo que aquí el Marx hebreo y mesiánico está pensando en el principio del Génesis), altera y transforma países remotos,
los bajos precios de sus productos son la artillería pesada con la cual derriba todas las murallas chinas y hace capitular a los bárbaros más encallecidos en el odio hacia el extranjero,
rrolla las ciudades como signo y fundamento de su propio poder, se multinacionaliza, se globaliza, se inventa incluso una literatura ya no nacional sino mundial.2

Cuando escribí el artículo, evidentemente ya se hablaba de globalización,
la expresión al azar. Pero hoy, que todos estamos sensibilizados ante el problema, verdaderamente la pena releerse esas páginas. Es impresionante cómo el
con un adelanto de ciento cincuenta años, la era de la globalización,
zas alternativas que habría desencadenado. Como si quisiera sugerirnos que la globalización no es un accidente ocurrido en el transcurso de la expansión capitalista (sólo porque ha caído el muro y ha llegado Internet), sino el diseño fatal que la nueva clase no podía no trazar, aunque entonces, para la expansión de los mercados,
cómoda (aunque más sangrienta) se llamaba colonización. Hay que volver a meditar también (y hay que recomendárselo no a los burgueses sino a los obreros de todo tipo) sobre la advertencia de que cualquier fuerza alternativa a la marcha de la globa

Al final de este elogio (que conquista porque está sencillallega el vuelco dramático: el hechicero se ve impotente para dominar las potencias subterráneas que acaba de el vencedor es sofocado por la propia superproducción, ve obligado a generar de su propio seno, a hacer florecer de las a sus propios sepultureros, a los proletarios.

Entra ahora en escena esta nueva fuerza que, al principio dividisipa sus esfuerzos en la destrucción de las máquies usada por la burguesía como masa de choque obligada a combatir a los enemigos del propio enemigo (las monarquías absola propiedad latifundista, los pequeños burgueses);
poco va absorbiendo a parte de sus propios adversarios que la gran burguesía proletariza, como los artesanos, los tenderos,
la sublevación se convierte en lucha organizada, los obreros entran en contacto recíproco gracias a otra forma de poder que los burgueses han desarrollado en su propio provecho, las comunicaciones.Y aquí el Manifiesto cita los ferrocarriles, piensa también en las nuevas comunicaciones de masas (y no olvidemos que Marx y Engels en la Sagrada Familia habían sabido usar la televisión de la época, es decir, el folletón, como modelo del imaginario colectivo, y criticaban su ideología usando el lenguaje y las situaciones que el folletón había hecho populares).

Es aquí cuando entran en escena los comunistas.
decir de manera programática qué son y qué quieren los comu

Manifiesto (con soberbia jugada retórica) se coloca en el punto de vista del burgués que los teme y avanza unas preguntas

¿Queréis abolir la propiedad? ¿Queréis la comunidad de las mujeres? ¿Queréis destruir la religión, la patria,

Aquí el juego se vuelve sutil, porque el Manifiesto ponder a todas estas preguntas de manera tranquilizadora, al principio, dividida y confusa, tiende al puro ludismo, ser usada por el adversario para combatir a los propios enemigos.

para propiciarse al adversario. Luego, con un movimiento repentilo golpea por debajo del plexo solar, y obtiene el aplauso del público proletario… ¿Queremos abolir la propiedad? Pues claro las relaciones de propiedad siempre han estado sometidas a transformaciones, ¿acaso no abolió la Revolución Francesa la propiedad feudal a favor de la burguesa? ¿Queremos abolir la propiedad privada? Pero qué tontería, no existe, porque es la propiedad de un décimo de la población en perjuicio de los restantes nueve décimos. ¿Nos reprocháis entonces que queramos suprimir propiedad? Ah sí, eso es exactamente lo que queremos

¿La comunidad de mujeres? Vamos, vamos;
quitarle a la mujer su carácter de instrumento de producción. Pero ¿es que nos veis poniendo en común a las mujeres? La comunidad de mujeres la habéis inventado vosotros, que,
usar a vuestras mujeres, os aprovecháis de las de los obreros y como máxima diversión practicáis el arte de seducir a las de vuestros iguales. ¿Destruir la patria? Pero ¿cómo se les puede quitar a los obreros lo que no tienen? Nosotros queremos que triunfando se constituyan en nación…

Y así en adelante, hasta esa obra maestra de la reticencia que es la respuesta sobre la religión. Se intuye que la respuesta es “queremos destruir esta religión”, pero el texto no lo dice:
aborda un argumento tan delicado, sobrevuela,
todas las transformaciones tienen un precio, pero en fin,
mos enseguida capítulos que escuecen demasiado.

Sigue la parte más doctrinal, el programa del movimiento, crítica de los diversos socialismos, pero a estas alturas el lector ya está seducido por las páginas precedentes. Y,
parte programática fuera demasiado difícil, he aquí un golpe de efecto final, dos eslóganes que quitan el aliento, fáciles, destinados a tener (creo) un éxito estrepitoso:
tarios no tienen que perder sino sus cadenas”
uníos!”.