El subtítulo de este libro contiene una afirmación muy amplia. Sí, literalmente puedes deshacerte de todos los problemas buscando y poniendo en práctica soluciones espirituales. En el primer capítulo explico lo que quiero decir con las palabras «espiritual», «problemas» y «soluciones», de modo que no será necesario que lo haga en esta breve introducción. El mensaje esencial del libro está contenido en los siguientes diez puntos:
1) Todo lo que hay en nuestro universo no es más que energía. Es decir, en esencia, todo vibra a determinada frecuencia.
2) Las frecuencias más lentas son más sólidas y es ahí donde aparecen nuestros problemas.
3) Las frecuencias más rápidas son menos visibles, como la luz y el pensamiento.
4) Las frecuencias más rápidas son lo que yo llamo «espíritu».
5) Cuando se pasa de las frecuencias más lentas y más bajas a las frecuencias superiores y más rápidas del espíritu, éstas anulan y disipan lo que llamamos problemas.
6) Tú tienes capacidad y poder para aumentar tu energía y acceder a las energías más elevadas y más rápidas con el fin de erradicar cualquier problema de tu vida.
7) Para encontrar soluciones espirituales a los «problemas» que estés experimentando tienes que comprender y practicar algunos fundamentos y principios básicos.
8) Una vez que comprendas estos principios, has de decidir si quieres estar en un campo de energía elevado o un campo de energía bajo.
9) Cuando por fin conozcas y comprendas profundamente el mundo del espíritu, verás con claridad que todos los problemas son ilusiones creadas por nuestra mente porque creemos que estamos separados de nuestro origen, al que llamamos Dios, aunque puedes llamarlo de otro modo si lo prefieres.
10) Estas ilusiones no son más que errores de nuestro pensamiento y, como cualquier error, desaparecen cuando se enfrentan cara a cara con la verdad.
He dividido este libro en dos secciones. La primera consta de seis capítulos que explican con detalle los fundamentos básicos para comprender que existe una solución espiritual para todos los problemas. He estudiado los textos sagrados de muchas tradiciones espirituales, así como las áreas denominadas científicas o pragmáticas. No afirmo que una tradición o práctica sea superior a otra. He examinado los conocimientos que poseo sobre estos conceptos con una mentalidad abierta a todo y apegada a nada. He investigado en libros espirituales antiguos y modernos de Oriente, de Occidente, de todos los lugares entre uno y otro, y los presento porque sé que son veraces y útiles.
La segunda sección de este libro consta de los capítulos siete a trece, cuyos títulos corresponden a una de las plegarias más conocidas y aceptadas que jamás se han escrito. Esta plegaria es de san Francisco de Asís y representa el mensaje fundamental de este libro. Los problemas desaparecerán cuando pases de las frecuencias más bajas de los «problemas» a las frecuencias superiores del espíritu. He procurado dar ideas muy específicas para emplear estas energías más elevadas de un modo práctico y útil y empezar hoy mismo.
Al releer el libro, me he dado cuenta de que repito con frecuencia que hay una solución espiritual para cada problema. En algunos casos lo he eliminado, pero en otros lo repito deliberadamente para hacer hincapié en este principio en cada caso concreto. He descubierto que de este modo se reafirma de forma instantánea y es mucho más probable que el concepto se te quede grabado.
Escribir este libro ha sido para mí un ejercicio de autoconciencia. He descubierto que ahora soy mucho más capaz de apartarme de las pautas de energía más baja y más lenta y de acceder a la guía espiritual, y puedo hacerlo en cuestión de segundos. Me siento más ligero, más cariñoso, compasivo y literalmente libre de problemas cuando, en momentos en que antes creía que tenía un «problema» que había que resolver, accedo a mis energías superiores. Ahora me limito a desconectarme mentalmente de ese mundo de problemas y a conectarme con el espíritu. Escribir este libro me ha acercado más a Dios y me ha hecho comprender que no estoy nunca solo, que eso sería imposible. Espero que, cuando leas estas palabras, encuentres la misma paz que yo he encontrado. Y que todos tus problemas se disuelvan cuando te apartes de las energías inferiores y aprendas que hay una solución espiritual para todos los problemas, tan sólo a un paso.
Que Dios te bendiga,
WAYNE W.D YER
No hay nada malo en la creación de Dios
El misterio y el sufrimiento sólo existen en la mente.
RAMANA MAHARISHI
La solución al problema del día es el despertar
de la conciencia de la humanidad a la
divinidad que hay dentro…
HAZRAT INAYAT JAN
¿Puedes hacer crecer una flor? Probablemente en un primer momento tu respuesta sea: «Es muy sencillo. Plantas una semilla, le proporcionas luz y agua y, con el tiempo, aparecerá la flor. ¡La prueba es que en estos momentos están brotando millones de flores!».
Es cierto, sin duda. Sin embargo, te invito a que vuelvas a leer la pregunta y pienses quién o qué genera la vida que hace crecer la flor, porque es en ese quién o ese qué donde podemos encontrar la fuente de la solución a todos nuestros problemas.
¿Quién o qué hace que la semilla de la flor se transforme en un capullo y que el diminuto embrión se convierta en un ser humano? ¿Quién o qué hace que nuestras uñas crezcan y nuestro corazón palpite incluso cuando dormimos? ¿Quién o qué está detrás del movimiento de los vientos, que sentimos pero nunca tocamos? ¿Qué fuerza mantiene los planetas en su lugar e impulsa a nuestro mundo a una velocidad vertiginosa? El hombre se ha planteado estas preguntas desde que tuvo capacidad para pensar en su existencia.
Espíritu es la palabra que yo utilizo para referirme a la energía informe e invisible que constituye el origen y el sustento de la vida en este planeta. Esta fuerza, sea cual fuere el nombre que le demos, puede resolver todos los problemas con que tropezamos. Existe una solución espiritual para cada problema; sólo tenemos que aprender a acceder a ella. En este libro explicaré las diferentes maneras que he descubierto de hacer esto. Empezaré por explicar los tres pasos básicos para encontrar tus soluciones espirituales a los problemas.
Conocí la existencia de estos pasos cuando me sumergí en el Yogasutra* de Patanjali, escrito entre el siglo IV a.C. y el siglo IV d.C. Estas técnicas y disciplinas espirituales fueron escritas para que la persona alcance el conocimiento último de Dios y la unión con Él. Me referiré con frecuencia a esta colección de escritos y compartiré contigo la forma en que puedes aplicar este conocimiento a tu vida.
Confío en que descubrirás por ti mismo que aquello a lo que llamas problemas tiene fácil solución, y que puedes acceder a ello ahora mismo, en este momento, en ese mundo al que llamamos espíritu.
PRIMER PASO PARA ACCEDER A LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL
Reconocer: puede parecer evidente que hay
que reconocer algo antes de aplicarlo;
pero, en realidad, es el paso más difícil para
alcanzar la iluminación espiritual.
Para reconocer que existe una fuerza invisible que puede emplearse para solucionar problemas hay que superar toda una serie de condicionamientos que nos han ido inculcando durante toda la vida. ¿Has pensado alguna vez en las limitaciones que experimentamos cuando nos identificamos sólo como un cuerpo físico de existencia material?
Por ejemplo, ¿crees que para hacer frente a nuestros problemas sólo podemos remitirnos a nuestras facultades sensoriales o intelectuales? A la mayoría nos han enseñado que es así y que toda la información que hemos adquirido constituye el inventario total de las opciones de que disponemos. Esta actitud condicionada no reconoce nuestra conexión divina, que nos ofrece la posibilidad de encontrar una solución espiritual a los problemas.
En este estado de no reconocimiento, creemos que las medicinas, las hierbas, la cirugía y los médicos son responsables de todas las curaciones, o que mejorar el panorama financiero de uno supone exclusivamente que hay que trabajar mucho, estudiar, hacer entrevistas y enviar currículos. En esencia, este no reconocimiento nos lleva a creer que sólo conocemos los fenómenos que se pueden explicar a través de las funciones sensoriales.
Patanjali describió un tipo de conocimiento o poder al que no se accede únicamente a través del mundo material o sensorial. El primer paso para activarlo consiste en reconocer que este poder existe y que siempre está disponible. Sin embargo, no se accede a él sólo a través de las enseñanzas de otros, o a través de escritos antiguos, igual que no soñamos porque alguien enseña o escribe sobre los sueños. Reconocer, igual que soñar, es algo a lo que accederemos si nos comprometemos interior y exteriormente con nuestra capacidad de reconocer.
Por ejemplo, en este primer paso, cuando te encuentres ante un problema, te aconsejo que crees una afirmación personal como: «Puede que no sepa exactamente cómo encontrar la solución espiritual, pero reconozco que existe». Reconociendo su existencia invitamos al poder a que sea conocido por nosotros.
Como seres físicos, podemos hacer crecer una flor en el sentido al que se alude en la respuesta a la pregunta de antes. Pero si pensamos un poco, nos damos cuenta de que somos incapaces de desentrañar el misterio de la fuerza invisible que da origen a la vida. Sin embargo, la solución a nuestros problemas está ahí, en ese mundo espiritual omnipresente, omnisciente y omnipotente. Esta fuerza espiritual está en todas partes, en todas las cosas y en cada uno de nosotros. Cuando damos el primer paso, reconocer, iniciamos el proceso de acceder a este poder que todo lo sabe.
SEGUNDO PASO PARA ACCEDER A LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL
Percepción: descubrimos que el conocimiento alcanzado
por la percepción es de un orden mucho más
elevado que el razonamiento intelectual.
No se trata de un ejercicio de razonamiento intelectual. En este paso vamos más allá del reconocimiento de una presencia espiritual y entramos en la fase de percepción, donde no se confía en nada más que la propia experiencia. Nos convertimos en exploradores de un territorio virgen en el que no puede haber nadie más que nosotros. Aquí, sólo tú puedes validar tu experiencia.
Nuestro deseo de percibir la presencia espiritual forma parte de la dinámica inexplicable que da origen a la vida. Cuando meditamos activamente sobre un ideal espiritual, o incluso sobre una personalidad dada, expresamos nuestro deseo invitando a que esa presencia sea accesible.
Sugiero que empieces este proceso de percepción visualizando la presencia que buscas. Crea en tu interior la imagen de tu persona recibiendo la orientación divina y borra todas las dudas que tengas sobre su validez. Sé consciente de que, cuando entras en ti mismo, no tienes que explicar o defender nada. Bastará con el deseo silencioso de percibir tu espíritu para que lo descubras. Descubrirás que tu imagen se disuelve y se convierte en la realidad de una presencia accesible dentro de ti. Esto es la percepción. Es una experiencia personal que va más allá de cualquier ejercicio intelectual. Con la práctica y el deseo, mediante la sola meditación, podrás experimentar la presencia.
En ocasiones el intelecto persistirá, tratando de que tu experiencia encaje en la realidad del mundo material. Una manera de pensar en este proceso de acercarse a la percepción es imaginarse un imán. Imagina que tú eres el imán y atraes hacia ti todo lo que has reconocido como cierto. Luego, poco a poco, sé consciente de una fuerza magnética mayor, que te empuja hacia verdades más elevadas. El esfuerzo ya no es exclusivamente tuyo. Te encuentras en una especie de campo magnético metafísico, que te impulsa hacia tu percepción.
He experimentado personalmente esta percepción durante años. Cuando entro en un estado de meditación profunda, soy consciente de una fuerza que me impulsa hacia Dios. Las revelaciones que experimento en esos momentos me ayudan a renovar mi mente, ya que conecto con una energía que me impulsa hacia la solución de cualquier dificultad.
Por ejemplo, algo tan mundano como comprar una propiedad donde instalarme con mi esposa cuando nuestros hijos hayan abandonado el nido me causaba una gran inquietud. Entré en ese campo magnético invisible de energía y fui guiado hacia una solución. En el momento oportuno, un amigo me llamó y dijo una frase que me sacó del dilema. ¡Hecho! Esto es lo que yo llamo percepción en acción.
Todos podemos emplear esta percepción de la disponibilidad del espíritu para resolver problemas. Cuando aprendas a dar el primer paso, el reconocimiento de las soluciones espirituales, pasarás a un estado de percepción en el que experimentarás el poder. Te darás cuenta de que, con la energía espiritual que hay en ti, puedes controlar cualquier falta de armonía, discordia o enfermedad.
TERCER PASO PARA ACCEDER A LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL
Reverencia: comulgar serenamente con la fuerza
espiritual es nuestra manera de ser uno con ella.
Algunas personas llegan enseguida al tercer paso, la reverencia, mientras que otras tardan mucho en llegar a ella. Comulgar serenamente con la fuerza espiritual y ser uno con ella significa que no hay sensación de separación. Somos conscientes de nuestra divinidad y comulgamos con esa parte de nosotros mismos. En otras palabras, nos vemos como una parte de Dios; nos hallamos en un estado de reverencia por todo lo que somos. No dudamos de nuestra divinidad. En ese estado, experimentamos plenamente esta cita de la Biblia: «Ese día, sabrás que soy en mi Padre, tú en Mí y Yo en ti» (Juan, 14:20).
Cuando buscamos una guía, comulgar serenamente con Dios es una manera de desconectar unos momentos nuestra mente del yo. En lugar de pensar en términos de «yo puedo arreglar esto», estamos dispuestos a sumergirnos en nuestro yo superior. Como una gota de agua separada de su fuente, la mente pequeña es incapaz de crear y mantener la vida. Cuando la gota se une al océano, comparte todos los poderes de su fuente. La gota de agua separada de su fuente simboliza nuestro yo cuando estamos separados de nuestra fuente de poder omnipotente.
Comulgar serenamente nos permite gozar de la experiencia de encontrar una solución espiritual a cada problema. Los problemas persisten cuando no los reconocemos, no los percibimos y, finalmente, no comulgamos serenamente con nuestro origen, nuestro poder, nuestro espíritu, Dios.
Pienso a menudo en Abraham Lincoln cuando veía a su amada Unión desmoronarse bajo el peso del odio que se apoderó de su país. Escribió: «Muchas veces me he hincado de rodillas con la abrumadora convicción de que no tenía a donde ir». «Hincarme de rodillas» es una manera de decir: «Me rindo a mi origen y entrego este enorme problema al mismo poder que mueve las estrellas». Tú puedes hacer lo mismo en momentos de dificultad. «Déjate ir y déjalo en manos de Dios.»
Cuando comulgues serenamente con el espíritu, sentirás la presencia de un compañero sagrado. Puedes entregar tus problemas a este compañero «de más edad» y pasar a un estado de paz. El santo indio Sri Ramakrishna utilizaba la siguiente parábola para enseñar a sus devotos cómo alcanzar el estado de unión directa con Dios:
Un discípulo se acercó una vez a un maestro para aprender a meditar. El maestro le dio instrucciones, pero el discípulo pronto volvió y dijo que no podía ponerlas en práctica. Cada vez que intentaba meditar, se encontraba pensando en su búfalo doméstico.
—Entonces —dijo el profesor—, medita sobre ese búfalo al que tienes tanto cariño.
El discípulo se encerró en una habitación y se concentró en el búfalo. Al cabo de unos días, el maestro llamó a su puerta y el discípulo contestó:
—Señor, lamento no poder salir a saludarle. Esta puerta es demasiado pequeña. Mis cuernos no pasarán.
Entonces el maestro sonrió y dijo:
—¡Espléndido! Te has identificado con el objeto de tu concentración. Ahora, concéntrate en Dios y no te costará conseguirlo.
El mensaje es claro. Sé uno con el espíritu y no dudes de tu divinidad ni la temas. Pasa de tu ego a tu yo superior. (No voy a explicar aquí el camino para trascender el ego. He dedicado un libro entero a este tema. El título es: Tus zonas sagradas, Grijalbo Mondadori, última edición, 2001.)
Hay una solución espiritual para cada problema. Los tres pasos básicos para conectar con las soluciones espirituales de los problemas son: reconocimiento, percepción y reverencia.
El resto de este capítulo trata del significado que doy a las palabras clave del título de este libro. Creo que mi definición de las palabras «espiritual», «problema» y «solución» puede constituir la base de una manera única de aportar paz y satisfacción a tu vida cotidiana. También pretendo que, una vez que hayas interiorizado estos tres conceptos no vuelvas a sentir que te enfrentas a problemas insuperables. Con el tiempo, aprenderás que todo aquello a lo que llamamos «problema» se puede disolver saturándolo con la energía superior del espíritu.
LO QUE QUIERO DECIR CON «ESPIRITUAL»
Está escrito en el Bhagavad Gita, el antiguo libro santo oriental: «Nacemos en un mundo de naturaleza; nuestro segundo nacimiento es en un mundo de espíritu». Este mundo espiritual se presenta a menudo como algo separado o distinto de nuestro mundo físico. Creo que es importante ver lo espiritual como una parte de lo físico y no separar estas dos dimensiones de nuestra realidad. Juntos forman un todo. El espíritu representa lo que no podemos validar con nuestros sentidos. Algo parecido al viento, que podemos sentir pero no tocar.
Dos grandes santos de diferentes partes del mundo, así como de diferentes creencias religiosas, han descrito así el espíritu: «El espíritu es la vida de Dios dentro de nosotros» (santa Teresa de Ávila); «Lo que arrastra la mente hacia fuera es inespiritual, y lo que arrastra la mente hacia dentro es espiritual» (Ramana Maharishi). La clave para comprender lo espiritual está en esta idea del mundo interior y el mundo exterior; un solo mundo, pero dos aspectos únicos del ser humano. Tengo un amigo que compara lo físico con una bombilla y lo espiritual con la electricidad. Insiste en que la electricidad existe desde hace tanto tiempo como la espiritualidad, pero cuando fue descubierta no hicimos de ella una religión.
Asimismo, la espiritualidad a la que yo me refiero nada tiene que ver con lo religioso. La religión supone la presencia de una ortodoxia, unas reglas y unos textos sagrados por los que la gente se guía durante largos períodos de tiempo. En general, la gente nace en una religión y se la educa para que siga las costumbres y prácticas de esa religión sin preguntar. Se trata de costumbres y expectativas exteriores a la persona y no entran en mi definición de lo espiritual.
Prefiero la definición de espiritualidad descrita en las observaciones de santa Teresa y de Maharishi. La espiritualidad viene de nuestro interior y es el resultado del reconocimiento, la percepción y la reverencia. Para mí, la práctica espiritual es una manera de hacer que mi vida funcione a un nivel más elevado y de ser guiado hacia la solución de los problemas. La manera en que yo, personalmente, lo hago, implica unas prácticas simples pero básicas. Las he enumerado por orden de importancia para mí.
1. Rendición
Es la primera porque es la más importante y a menudo la más difícil. A los que creen que la vida es un proyecto de «hágalo usted mismo» les resulta difícil admitir que necesitamos la ayuda de otros sólo para sobrevivir un día. Para rendirte, debes ser capaz de admitir que estás indefenso. Eso es, indefenso.
En la rendición, mis pensamientos son algo así: «Sencillamente, no sé cómo resolver esta situación y se la entrego a la misma fuerza a la que entrego mi cuerpo físico cada noche cuando me duermo. Confío en que gracias a esta fuerza seguiré digiriendo mi comida, mi sangre seguirá circulando, etcétera. La fuerza está ahí, a mi alcance, y yo voy a tratar a esta fuerza, a la que llamaré Dios, como a un compañero de más edad. Tomaré las palabras de las escrituras al pie de la letra: “Todo lo que tengo es tuyo”. Estoy dispuesto a entregar cualquier problema a esta fuerza invisible que es mi origen, al tiempo que seguiré teniendo presente que estoy conectado en todo momento con ese origen».
En otras palabras, la vida espiritual es una manera de caminar con Dios en lugar de caminar solo.
2. Amor
Activar las soluciones espirituales significa transformar los pensamientos y sentimientos de discordia y falta de armonía en amor. En el espíritu de la rendición y del amor encuentro útil entonar para mí mismo: «Invito al bien más elevado para todos los interesados a que esté aquí ahora». Intento ver la ira, el odio y la falta de armonía como invitaciones a la rendición y al amor. Pueden ser la puerta que nos lleve a asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos y sentimientos que nos permita acceder al mundo interior de la espiritualidad. Al ser consciente de esto, tengo la opción de dejar que el espíritu se manifieste y trabaje para mí.
Yo empleo la metáfora de un cable largo que cuelga de mi cadera y tengo la opción de conectarlo a dos enchufes. Cuando lo enchufo en el del mundo material, recibo la ilusión de la falta de armonía y eso se manifiesta en mi interior. Me siento indispuesto, dolido, alterado, angustiado y desesperado y no soy capaz de resolver o corregir mi problema. Cuando estoy conectado de esta manera lucho para obtener falsos poderes, cerrando la puerta al poder místico o espiritual. Definir el poder sólo en términos materiales es una clara indicación de que estamos desconectados espiritualmente.
Cuando imagino que este cable se desenchufa del mundo material y se enchufa al espiritual, experimento de inmediato una sensación de paz y alivio. Esta metáfora del enchufe espiritual me recuerda al instante que debo sustituir la angustia o la frustración por el amor. Me relajo y recuerdo que el espíritu es Dios, que es sinónimo de amor. Emanuel Swedenborg expresó esta idea cuando recordó a sus alumnos: «La esencia divina misma es el amor». Este sentimiento de amor es la sustancia que mantiene unidas todas las células de nuestro universo. Se trata de cooperar con y no de luchar contra. Se trata de confiar, no de dudar. ¿Sencillo? Sí. Pero hay algo más: es profundamente eficaz para resolver problemas. El amor, y sólo el amor, disuelve toda la negatividad, pero no lo hace atacándola, sino bañándola en frecuencias más elevadas, igual que la luz disuelve la oscuridad con su sola presencia.
3. Infinito
Carl Jung nos recuerda que: «El aspecto más revelador de la vida de una persona es su relación con el infinito […]». Mi concepto del infinito engloba la aceptación, sin lugar a dudas, de que la vida es indestructible. La vida puede cambiar de forma pero no puede destruirse. Creo que nuestro espíritu es inseparable del infinito.
Este conocimiento de nuestra naturaleza infinita es muy útil para poner todo en perspectiva. Confiar en la parte de nosotros mismos que siempre ha sido y siempre será alivia la tensión producida por cualquier situación dada. «El espíritu da vida, la carne no cuenta para nada», nos dicen las escrituras. Todas estas cosas que percibimos como nosotros mismos pertenecen a la carne. En términos de infinito, no «cuentan para nada».
Cuando me desconecto de lo material y vuelvo a conectarme con lo espiritual, abandono de inmediato el miedo, los prejuicios y la negatividad. Sé que debo aplicar la energía de lo espiritual a mi circunstancia vital inmediata. Recibo amor infinito de esa nueva fuente de energía. Ésta siempre ha estado ahí, pero ahora reconozco este poder infinito y veo que todos mis circuitos funcionan con esta única fuente.
4. Mente vacía
Mi método espiritual de resolver problemas consiste en estar en silencio y dejar fluir mis ideas sobre cómo debería resolverse algo. En este espacio, escucho y me permito tener la fe absoluta de que seré guiado en la dirección correcta. Llámalo meditación, o plegaria si lo prefieres; tengo la firme convicción de que es necesario meditar para nutrir el alma y acceder a la ayuda divina.
Tras el acto en sí de la meditación existe la voluntad de vaciar mi mente de lo que tengo que hacer y de estar abierto a lo que, inevitablemente, acudirá a mí. Envío un mensaje a mi ego, que dice: «Voy a confiar en el mismo poder que mueve las galaxias y da vida a un bebé y no en mis juicios egoístas sobre cómo me gustaría que fueran ahora las cosas». Abandono mis pensamientos al poder que tiene el espíritu de hacer que las cosas funcionen y me deshago de todo lo que interfiere en la perfecta expresión de Dios dentro de mí.
Vaciar por completo la mente de las cosas que hemos de hacer conduce al perdón, que es un componente vital de esta práctica. Alcanzar un estado de vacío significa deshacernos de todos los pensamientos de ira y de culpa por lo que ha ocurrido en el pasado. Vacío significa eso: vacío. No hay espacio para aferrarnos a quién hizo qué y cuándo, y qué equivocados estaban. Lo dejamos ir, simplemente, y lo que queremos es seguir las normas de Dios, que funcionan, y arrojar por la borda las nuestras, que es evidente que no funcionan. Así, cuando vaciamos nuestra mente de nuestros pensamientos dirigidos por el ego, invitamos a que el perdón more en nuestro corazón, y al liberarnos de las energías inferiores del odio, la vergüenza y la venganza creamos una predisposición a la resolución de problemas.
5. Generosidad y agradecimiento
A veces siento la necesidad de recordarme a mí mismo que hemos venido a este mundo sin nada y que nos marcharemos de la misma manera. De modo que encontrar una solución espiritual a cada problema significa hacer lo único que podemos hacer en la vida, que es darla y, al mismo tiempo, agradecer la oportunidad de hacerlo. Ésta es una fórmula que a mí me funciona:
— Recibo del mundo exactamente lo que yo he dado al mundo, lo cual es una manera de expresar el proverbio: «Como sembrares, recogerás».
— Si el mensaje que doy al universo es: «Dame, dame, dame», el universo me enviará el mismo mensaje: «Dame, dame, dame». El resultado es que nunca me sentiré en paz y estaré condenado a pasarme la vida intentando satisfacer todas las exigencias que se me imponen.
— Si mi mensaje al universo es: «¿Qué puedo dar?» o «¿De qué manera puedo servir?», el mensaje que recibiré del universo será: «¿Cómo puedo servirte a ti?» o «¿Qué puedo darte?». Por tanto, experimento la magia de enviar pensamientos generosos y energía allá adonde voy.
Recomiendo que en tu práctica espiritual seas generoso y agradecido con tus pensamientos. Cuantos más pensamientos de «Cómo puedo servir» tengas en lugar de «¿Qué hay para mí?», más oirás que te responden: «¿Cómo puedo servirte a ti?».
6. Conexión
El poeta sufí Rumi explicó una vez que los términos yo, tú, mí, él, ella y ellos son distinciones que no tienen cabida en el jardín de los místicos. En la conciencia espiritual te ves a ti mismo como una flor de este jardín y ves a los demás conectados contigo de un modo invisible. Eso te permite ver la gran cantidad de ayuda que tienes a tu disposición.
En el nivel de la conciencia espiritual, sabemos que estamos conectados con todo el mundo. Nos damos cuenta de que compartimos nuestras preocupaciones y dificultades con todos los demás. Los problemas no afectan a nuestro cuerpo, a nuestra mente o a nuestra personalidad, porque hemos dejado de identificarnos únicamente con nuestro cuerpo, con nuestra personalidad y todos sus logros. En cambio, empezamos a vernos a nosotros mismos como el amado.
Alimenta tu sensación de conexión con todo el mundo y también con Dios. Esto te permite apartar a tu ego de los conflictos. No veas a nadie como a un enemigo, ni mires a nadie como un obstáculo para la realización. Este conocimiento, esta conciencia de que eres parte de todo el mundo te permite eliminar la ira y la frustración con respecto a los demás y verlos como compañeros en la resolución de problemas.
Hay personas que pueden ayudarte a encontrar el empleo que necesitas, a resolver un problema complicado que parece irreconciliable, a que pongas los pies en el suelo y a resolver dificultades económicas. Todo el mundo se vuelve un compatriota en lugar de ser un competidor. Ésta es la conciencia espiritual que yo practico.
No estamos solos. No somos lo que tenemos, lo que hacemos, lo que los demás piensan de nosotros. Estamos conectados con Dios y con todas las creaciones de Dios, y, en consecuencia, cada uno de nosotros dispone de una serie ilimitada de recursos para disfrutar de un estado de paz y para resolver los problemas.
Estar conectado significa, literalmente, que en cualquier momento de tu vida puedes pedir que el amor que te rodea y te une a todo el mundo y todo lo demás te guíe. Luego, abandonas tus imágenes negativas y te concentras en los demás y todo lo que ves como una ayuda. En esos momentos se materializará la persona o el acontecimiento que precisas y te ayudará.
En momentos de desesperación, procuro recordarme a mí mismo la bella afirmación hecha en A Course in Miracles: «Puedo elegir la paz, y no esto». Funciona. O empleo a menudo esta afirmación: «No veo nada. No oigo nada. No hay nada separado de mí».
7. Alegría
Por lo que se refiere a las apariencias, hay algo perceptible en las personas que han alcanzado un nivel elevado de conciencia espiritual, y es que dan la impresión de hallarse en un constante estado de felicidad. En mi vida, el grado de alegría que siento me sirve para determinar el nivel de iluminación espiritual de que gozo en cada momento. Cuanto más alegre, feliz, contento y satisfecho me siento, más consciente soy de mi profunda conexión con el espíritu.
Hazte esta pregunta: «¿Cómo me siento habitualmente?». Si tu respuesta es que te sientes ansioso, angustiado, dolido, deprimido, frustrado, etcétera, es que estás desconectado espiritualmente. Esto podría significar que has dejado que tu campo de energía personal se contamine con las fuerzas debilitadoras de los que se encuentran en tu espacio vital inmediato. (En el quinto capítulo hablaré sobre este tema y de cómo evitar que tu campo de energía se contamine.)
Cuando estás conectado espiritualmente, no te ofendes y no juzgas a los demás ni les pones etiquetas. Te hallas en un estado de gracia, libre de la influencia que pueda tener cualquier persona o cosa ajena a ti.
A menudo me hago la pregunta: «¿Cómo me siento realmente por dentro?». Si mi respuesta es: «No muy bien», o «Preocupado», medito y voy a un lugar tranquilo para conectarme al enchufe espiritual. El estado de alegría regresa de inmediato. Todos los maestros que han tenido verdadera importancia en mi vida poseían esta maravillosa capacidad de reír, de tomarse la vida con ligereza, de ser infantiles y alegres.
Prueba de esta manera tu nivel de conciencia espiritual y, si no estás alegre, recuerda que nunca estarás plenamente satisfecho más que en Dios. Me gusta mucho la visión de Erich Fromm: «El hombre es el único animal que puede aburrirse, que puede estar descontento, que puede sentirse expulsado del Paraíso». Sólo tú puedes expulsarte del Jardín del Edén.
Así pues, defino lo espiritual con estas siete palabras: Rendición, amor, infinito, vacío, generosidad, conexión, alegría. Como ves, en mi interpretación lo espiritual no se limita a ninguna religión. Tenlo presente mientras sigues leyendo.
LO QUE QUIERO DECIR CON «PROBLEMA»
En cierto sentido, en el fondo creo que todos tenemos un único problema, y es cuando nos permitimos estar separados de Dios. Pero, en realidad, jamás podemos estar separados de Dios, ya que no existe ningún lugar en el que Dios no esté. Ésta es la paradoja. Cuando estamos unidos a Dios, no tenemos problemas. Siempre estamos unidos a Dios. Sin embargo, creemos que tenemos problemas.
Buena parte de este libro está dedicado a desentrañar este enigma. Problemas como la enfermedad, la falta de armonía, el desacuerdo, el miedo, la ansiedad, la escasez, las decepciones con los demás, etcétera, se hallan en nuestra mente. Cuando tenemos estos problemas nos sentimos solos, alienados, aislados, hambrientos, dolidos, deprimidos, temerosos y cada vez más angustiados. Sin embargo, cuando verdaderamente nos volvemos a conectar con nuestro origen, estos sentimientos desaparecen.
Por eso utilizo la palabra «problema» como si realmente existiera, aunque sé que se trata de una ilusión. De modo que cada vez que, a lo largo de este libro, veas esta palabra, has de saber que la percibo como una ilusión creada por nosotros mismos porque, en aquel momento, nos hemos separado de Dios.
En A Course in Miracles hay una frase muy incisiva que me recuerda esta lección: «Hay que saber mucho para comprender que todas las cosas, sucesos, encuentros y circunstancias sirven de ayuda». No sólo hay que saber mucho, sino que hay que tener una gran fe y valor para empezar a ver nuestra vida de esta manera.
¿Hasta qué punto deseas saber verdaderamente, más allá de toda duda, que cualquier problema que experimentes, por malo que sea, contiene en realidad las semillas de lo mejor? Podemos aprender a ver cada crisis como una oportunidad, lo que no necesariamente hará la vida más fácil, pero sí más satisfactoria. Jamás habría cosas negativas en tu vida, porque lo verías todo como una valiosa fuente de información.
Puede que esto te parezca demasiado simplificado si te encuentras ante problemas insolubles cada día. Te ruego que tengas una mente abierta y también un poco de lógica basada en los condicionantes religiosos de tu pasado, como se ilustra en el apartado «Los problemas son ilusiones» que viene a continuación. La lógica creará un espacio en el que emplear tu conexión espiritual para resolver tus problemas. También te proporcionará una base para las herramientas que te ofrezco en los últimos siete capítulos del libro.
Los problemas son ilusiones
Reflexiona un poco sobre las siguientes citas de las Escrituras.
— «Dios es demasiado puro para tolerar la iniquidad.»
— «Dios hizo todo lo que está hecho, y todo lo que Dios hizo es bueno.»
— «Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal, no puedes tolerar el mal.»
En todas las religiones se han hecho observaciones casi idénticas. El Santo Corán lo expresa de esta manera: «Todo el bien que posees lo has recibido de Dios; todo el mal, de ti mismo».
Si Dios es bueno y Dios lo creó todo, entonces todo es bueno. Dios no tolera la iniquidad. Entonces, ¿de dónde viene todo eso que ponemos en la categoría de «problemas»? La respuesta es evidente. Cuando creemos que estamos separados de Dios, en nuestra mente experimentamos ese sentimiento de separación y nuestra mente nos indica que tenemos un problema. Y eso nos hace sentir la ausencia de paz o amor. Nuestras creencias pueden manifestarse como enfermedad del cuerpo. Y es cuando empezamos a buscar una solución.
Pero, en realidad, como Dios es bueno y está en todas partes, lo que hemos hecho ha sido separarnos en nuestra mente de Dios. Aunque suframos con esos problemas, no son más que una ilusión.
Es importante que comprendas que todos los problemas son cosas que creamos en nuestra mente. Si podemos crear lo no bueno o no Dios en nuestra mente, también podemos no crearlo aunque no tengamos idea de cómo hacerlo. Estamos tan condicionados que, a menudo, tenemos más fe en nuestros problemas que en nuestra capacidad de no tenerlos.
A menudo damos muestras de tener mucha más fe en el poder del cáncer o del sida que en el poder de curarlos. Lo hacemos de un sinfín de maneras. Nos enamoramos del problema y de su efecto perjudicial. Vivimos la ilusión al tiempo que hacemos caso omiso del hecho de que nada inicuo puede proceder de Dios y de que Dios lo creó todo. El mal, el dolor, la angustia son creación nuestra y nos dan la oportunidad de alcanzar ese saber más grande que se describe en A Course in Miracles.
Sé que algunas de estas ideas te parecen imposibles de llevar a la práctica. Te pido que mantengas la mente abierta mientras viajamos por la senda de la curación para devolver la paz a tu vida de un modo permanente.
Los gurús orientales utilizan el término maya (ilusión) para describir la existencia de problemas que en realidad no existen. El universo es bueno. Dios es bueno. Dios está en todas partes. Dios es espíritu invisible. Todo lo que no es bueno no puede existir. Pero a nosotros nos parece que sí, de modo que tenemos que encontrar una solución y por esta razón me sentí impulsado a escribir este libro. Existe una solución, y está delante de ti.
Los siete últimos capítulos del libro te proporcionan una serie de soluciones a este enigma fáciles de aplicar. Sin embargo, de momento, echemos un vistazo a la palabra «solución» que aparece en el título de este libro.
LO QUE QUIERO DECIR CON «SOLUCIÓN»
En cierta ocasión, participé en una reunión de Alcohólicos Anónimos en la que había diez personas, que habían bebido casi toda su vida, reunidas en un centro de rehabilitación donde tenían que vivir, lejos de su familia y sus seres queridos. En la pared había un cartel con unas palabras que me martillearon durante toda la reunión. Decía: «Tu mejor pensamiento te trajo aquí». Pensé cuán cierto es eso, y es algo que se puede aplicar a todas las circunstancias de la vida. Nuestro mejor pensamiento nos trajo aquí.
Todo lo que llamamos problemas existe en nuestro mejor pensamiento. Si no pudiéramos pensar en ellos, no existirían. Podemos cambiar nuestro mejor pensamiento y empezar a ver lo erróneo que es. Tenemos que cambiar de manera de pensar para darnos cuenta de que lo que cura o erradica nuestros problemas es la unión con el bien divino, espíritu o Dios.
El poder al que llamamos Dios, que hace que las flores crezcan y los planetas se muevan en órbitas perfectas, nos considera una de sus creaciones. Te animo a que, en momentos de crisis, aprendas a confiar en ese poder.
Corregir errores
En matemáticas, dos y dos siempre son cuatro. Se dice que este pequeño problema de que dos y dos son cuatro tiene sustancia porque es cierto. Ahora bien, si afirmas que dos y dos son siete, estás en un error, y no se dice que dos y dos son siete tenga sustancia. Intenta hacer balance de tus gastos calculando que dos y dos son siete. ¿Cómo acabamos con ese error? Es muy sencillo: lo corregimos y desaparece. Es decir, ponemos la verdad en presencia del error y éste desaparece.
No puedes eliminar de tu vida los problemas atacándolos o comprendiéndolos en mayor profundidad. Lo que haces es corregir el error de pensamiento que origina el problema. Una vez que corriges el problema, éste ya no tiene sustancia ni validez y desaparece por completo de tu vida.
La solución, que aquí se señala de un modo general y más adelante con detalle, consiste en dar una esencia espiritual al «problema» de la enfermedad, la falta de armonía o el desacuerdo. Entonces, el error o la ilusión se desvanecerán. En cierto sentido, los problemas representan un déficit de espíritu. El error se corrige de modo permanente cuando aplicas los siete componentes de la espiritualidad. El error es que esos problemas, que estamos experimentando en nuestra mente, en realidad no existen.
Corregir esos errores equivale a disolver nuestros miedos. Y cuando te vuelves y miras directamente tus miedos, éstos se disuelven en la luz de la conciencia. En este contexto cada uno de nosotros tiene la capacidad de eliminar la ilusión de los problemas, de corregir estos errores con la creación de un nuevo sistema de entrega espiritual. Ésta es la clave para comprender la curación del cuerpo, así como nuestras relaciones.
Ésta es la introducción básica a esta idea, algo radical, de que existe una solución espiritual para cada problema. Siempre me ha gustado la frase de Shakespeare: «Ve a tu interior; llama allí y pregunta a tu corazón lo que no sabes». El corazón simboliza la parte de nosotros que no confía exclusivamente en el pensamiento. El pensamiento es la fuente de los problemas. Cuando pido a un público que se señale a sí mismo, el noventa por ciento de las personas se señalan directamente el corazón, no la cabeza. Tu corazón contiene la respuesta para resolver cualquier problema que tengas en la vida.
Acabaré este capítulo con una invitación escrita en el siglo XIII por el poeta sufí Rumi:
Ven, ven, seas quien seas.
Caminante, devoto,
Amante de la partida; no importa.
La nuestra no es una caravana de desesperación.
Ven, aunque hayas roto tus votos
Un centenar de veces, mil veces.
Ven, ven de nuevo, ven.
Sé bienvenido a esta caravana que te sacará del mundo de la ilusión y te llevará a un lugar donde las soluciones espirituales te aguardan en cada encuentro, en cada momento de tu vida.