Hábitos espirituales

INTRODUCCIÓN

La disciplina espiritual es una enseñanza universal dada por los maestros, sabios y pensadores, tanto hombres como mujeres, que en distintas épocas han buscado guiar a la humanidad por caminos de entendimiento, bondad y servicio. Personas cuya tarea era, y sigue siendo, mostrar el camino del amor.

Las diversas disciplinas espirituales convergen en dar consejos y prácticas cotidianas que le faciliten al practicante comprenderse a sí mismo, regularse y tomar decisiones que lo lleven a mejorar su carácter y tener una conducta valiosa para su entorno. En pocas palabras, lo conducen a ser un buen ser humano. Estas prácticas, que en la antigua India llaman sādhanā, corresponden a lo que en nuestro lenguaje cotidiano podemos denominar hábitos espirituales.

La palabra sādhanā proviene del idioma sánscrito: Sādh es ir directo hacia una meta o tener éxito y ana es un sufijo que indica el acto de hacer. Se utiliza en el contexto del esfuerzo espiritual para conseguir una meta que nos proporciona una riqueza espiritual. “La práctica hace al maestro”, dice un antiguo adagio popular. Nadie que haya triunfado en una carrera o en algún deporte lo ha logrado sin una práctica repetida (hábitos), un compromiso con dichos hábitos y con el esfuerzo cotidiano que estos suponen para lograr la meta. La espiritualidad no es la excepción, y los santos y santas que dejaron su huella son un ejemplo de esfuerzo persistente y buen carácter.

¿Cuál es el esfuerzo? ¿Cuál es la meta a buscar? De eso trata este libro. Los humanos tenemos diferentes personalidades y gustos muy variados. No hay una sola práctica espiritual y cada cual debe diseñar aquella que mejor se adecúe a su temperamento y circunstancias de vida. En estas páginas, explicaré con sencillez las principales: la oración, la meditación, el canto, la repetición de frases cortas o mantras y el estudio, para que el lector pueda escoger cuál o cuáles de ellas le pueden ser útiles.

Si bien las herramientas de la práctica espiritual pueden variar de un maestro a otro (diferentes técnicas de meditación o de respiración, por ejemplo), todas ellas buscan desarrollar un buen carácter por parte del practicante y una conducta servicial enmarcada en los valores humanos universales: verdad, rectitud, paz, amor y no violencia o compasión.

Hay muchos y consagrados guías espirituales. En Occidente priman las enseñanzas judeocristianas y en Oriente las de los Vedas1 y el budismo. Si bien pueden diferir en detalles externos, su esencia es la misma. Este libro se inspira en las enseñanzas universales del maestro indio Satya Sai Baba (1926-2011), que son similares a las de la mayoría de los instructores espirituales. No pretendo que el lector se vuelva devoto de Sai Baba, sino que aumente su devoción a su propio guía (que, por lo general, en Occidente es el maestro Jesús) y que busque comprender mejor y practicar sus enseñanzas. Si no tiene un guía específico, lo invito a diseñar su práctica personal tomando como maestro a Dios2, el cual es la fuerza detrás de todos los maestros sinceros, que son solo sus enviados o mensajeros.

¿Cuál es la meta del sādhanā? Además de transformarnos en mejores seres humanos y desarrollar nuestro amor por lo divino y por todos los seres sintientes, la gran meta es fusionarnos con Dios. Es necesario tener la convicción de que somos uno con Él para luego poder experimentar que en realidad lo somos. Podemos simplificar y decir que los buenos hábitos espirituales son caminos que nos permiten encontrar a Dios.

Espero que disfruten la lectura de este texto y se sientan motivados a realizar cotidianamente su sādhanā. Esto los conducirá a una mayor cercanía con Dios, a sentir con más frecuencia contento, paz, y a encontrar fortaleza para cumplir cada día las tareas de su vida.

MI SĀDHANĀ

Mi sādhanā es la red de rescate que me sostiene cuando caigo de la cuerda floja en la que se me convierte la vida en algunos momentos. Si bien intento sostenerme, a veces pierdo la paz y la confianza, y la práctica de mi sādhanā es la que impide que me estrelle contra el suelo. Al aquietar mi mente, repetir el nombre de Dios, respirar y recordar que todo es transitorio, encuentro de nuevo fuerza y se aclaran en mi interior los diversos propósitos que justifican el esfuerzo diario. Esta red me rescata y me retorna a la presencia de Dios, en especial cuando siento que Él se halla muy lejos y no logro sentir su amor ni su cercanía.

Momentos oscuros los tenemos todos. La duda, la incertidumbre, el miedo o la rabia son habitantes frecuentes, no invitados, de nuestras mentes. De la misma manera en que hacemos aseo a nuestra casa y la mantenemos en orden y limpia para evitar alimañas, los hábitos espirituales mantienen en orden nuestra mente y nos ayudan a disolver a esos intrusos que, si bien tienen un oficio constructivo en nuestra vida cuando nos visitan por corto tiempo, al invadir nuestra vivienda mental nos impiden la alegría en la vida cotidiana. Esta alegría es uno de los mayores propósitos de un ser humano y una buena práctica nos ayuda a obtenerla. No les garantizo que una práctica espiritual logre que nunca tengamos tristeza, temor o abatimiento. Lo que sí les puedo asegurar es que millones de personas, con su sādhanā diario, han logrado superar grandes obstáculos, su vida ha cobrado sentido, logran tener paz y alegría y han dejado una huella de servicio. Esa es la evidencia de una vida útil.

En mi caso personal, no solo he vivido adversidades como las pasamos todos, sino que he tenido un dolor crónico, severo e incapacitante por una lesión grave en un nervio de una pierna para el cual no sirven los analgésicos. Mi sādhanā me ha permitido continuar mi trabajo diario y he cumplido con mis tareas como médica, miembro de familia y amiga. Tengo muchos bellos momentos de paz y alegría. Creo que la valentía y perseverancia para manejar mi condición me la han dado dos cosas: mi sādhanā y el amor y el soporte de mi familia, amistades y pacientes. Tanto en el manejo de las adversidades e imprevistos como en el dolor, la práctica espiritual me sostiene, rescata y devuelve a mi espíritu la luz. Poco después de terminar de escribir este libro me encontraron un tumor cerebral. Luego de que fui operada, vimos que era la causa de mi severo dolor, ya que este disminuyó después de la cirugía. Sin embargo, durante la misma se presentó una hemorragia importante que me dejó como secuela una hemiparesia izquierda, lo cual significa que cuando pude recuperar la consciencia, encontré que mi pierna y mano izquierdas estaban paralizadas. Yo era deportista y, por supuesto, totalmente independiente para mis tareas cotidianas. De repente, pasé a no poder caminar ni sostenerme de pie tan siquiera unos instantes y a depender por completo de ayuda externa para lo que necesitara durante el día, ya fuera vestirme, comer o desplazarme. Hoy en día, ya puedo caminar sola y en este momento estoy tecleando con ayuda de la mano izquierda. Estos logros no se han debido, en esencia, a la fisioterapia, aunque sin duda he pasado muchas horas en terapia, sino que se han dado gracias al gran trabajo mental y espiritual que he hecho. Espero que comprendan que no lo digo por arrogancia, sino para inspirar a aquellos lectores que estén pasando por una adversidad a que recurran a su sādhanā o que escojan sencillos hábitos espirituales que con seguridad les ayudarán a encontrar la luz al final del túnel. Tener la fortaleza y la valentía para no quedarme en la tristeza y la autocompasión, así como dedicar el esfuerzo necesario para volver a caminar, fue una tarea heroica que he podido hacer gracias a mi sādhanā. Creo que sin la fuerza del espíritu animando un cuerpo físico y una mente, yo no habría sido capaz de volver a caminar, pero, en especial, no habría podido dar el primer paso indispensable en todo proceso de rehabilitación: la aceptación. La convicción de que nada ocurre sin un propósito espiritual me ha permitido abandonar los “porqués” y centrarme en los “paraqués” y en cómo puedo ayudarme a mí misma a encontrar una luz al final del túnel sin esperar a que una fuerza misteriosa lo haga por mí, reconociendo que Dios no es una fuerza misteriosa, sino la fuerza inteligente creadora del universo que le da sentido a todo lo que ocurre. Este sentido, a veces, solo se comprende tiempo después de que ha ocurrido una determinada situación.

Esta red que me ha rescatado, mi sādhanā, la tejo y la refuerzo cada día, observo dónde tiene huecos y procuro repararla; ella me lo agradece y cumple con su parte, me rescata cuando caigo y me permite ascender a planos espirituales donde encuentro intuición paz, armonía y conexión. Ojalá, apreciado lector, este libro te sea útil para tejer tu red, para fortalecerla si ya la tienes, para que te rescate en tus momentos oscuros y te facilite llegar a la luz cuando tu vida física termine y puedas mirar atrás y decir con paz: “hice lo mejor que pude”.

Elsa Lucía Arango E.

1 Vedas: textos base la filosofía espiritual hindú.

2 La palabra Dios en este libro hace referencia a quien en diferentes caminos espirituales se denomina el Gran Espíritu, el Tao, la divinidad , la Fuente, la Conciencia Suprema, la Luz, la luminosidad base, el Padre y la Madre Divinos, el Uno, el Todo, Brahman, Alá y muchos otros nombres con los cuales queremos designar al Creador y cuya descripción va más allá de las palabras.

EL SĀDHANĀ
Y LOS HÁBITOS ESPIRITUALES SEGÚN ORIENTE Y OCCIDENTE

“El Universo es el campo donde Dios juega. Percibe siempre este hecho con plena conciencia y no habrá nada más que necesites para una existencia feliz, pues estarás en contacto con Dios en cada cosa, a través de cada pensamiento, en todo lugar y a cada momento”.

—Sai Baba.

“Una vez que uno ha emprendido el camino del yoga, hay una sola cosa que hacer: fijarse en la resolución de llegar hasta el final, pase lo que pase, independientemente de las dificultades que surjan. En realidad, nadie obtiene la realización en el yoga por su propia capacidad; es por la fuerza mayor que está por encima de ti que esto ocurrirá. Y es la llamada, persistente a través de todas las vicisitudes, a esa fuerza por la cual la realización llegará. Incluso cuando no puedas aspirar activamente, mantente orientado hacia la Madre para que la ayuda llegue; eso es lo único que se debe hacer siempre”.

—Sri Aurobindo.

Para ser devoto se debe tener amor o devoción por algo o alguien. En el caso del devoto espiritual, dirige su amor a Dios o a una de sus manifestaciones en la Tierra: un maestro espiritual. Por naturaleza, el ser humano anhela la experiencia de sentirse amado; buscar lo divino es una búsqueda del amor supremo. Experimentar que se es amado por Él, no como algo aprendido, sino como algo vivido, es una de las metas preciosas de un sādhanā.

En Oriente, se dice que el ser humano, al encarnar en el llamado “juego de la vida”, es envuelto por maya, palabra en el idioma sánscrito que describe la ignorancia o la ilusión que tenemos los seres humanos de que existimos como seres separados de Dios. Maya es la barrera entre él y la experiencia perfecta de percibir la realidad divina. A medida que encarna vida tras vida, Él va deshaciendo ese muro o velo de ignorancia. Luego de miles de experiencias (y vidas) que poco a poco le aportan discernimiento, empieza a distinguir entre lo falso y lo verdadero, logra destruir dicho muro y encuentra al amor, lo divino, su verdadera naturaleza. Se funde en Él, halla la sabiduría, la bienaventuranza y culmina el divino juego para el cual cada ser humano está destinado. Este deshacerse de maya es lo que en Oriente se llama “la liberación”, es estar libre de la ignorancia de sentirnos separados de Dios. Cuando esto ocurre, se desvanecen las falsas creencias y se activa un aspecto interno llamado buddhi que nos permite acceder a una inteligencia y comprensión superiores, mediadas por la intuición y el correcto discernimiento, de tal forma que la conciencia puede ver el mundo tal como es en realidad. En otras palabras, la “liberación o iluminación” lleva a niveles elevados de sabiduría. Por ello, el iluminado puede actuar libre de apegos y aversiones, con bondad y rectitud, sin el velo de maya3.

A continuación, transcribo un bello texto del Bhagavad Gita, el texto espiritual por excelencia de la religión hindú. Este expresa cómo es un iluminado, alguien que ha llevado a buen fin su sādhanā. Krishna el maestro espiritual de Arjuna, el discípulo, le enseña:

“Los sabios, Arjuna, están liberados por completo de la ilusión. Conocen la Deidad Suprema y experimentan en forma directa su identidad con Eso. No los exalta la buena fortuna ni los deprime el dolor; no se regocijan ni se apenan. Saben que la sensación llamada placer es fugaz como un relámpago y que el costo del placer es siempre el dolor y la desdicha, ¡que es un precio muy alto! Estas personas no se engañan ni necesitan para nada del sustento externo. Gracias a su intensa meditación en lo divino, plenamente arraigadas en Dios, han conocido la eterna bienaventuranza, que confiere vivir en el ser (ātman)”.

“Quienes hallan gozo y paz total en su interior son los verdaderamente felices. Su dicha es proporcional a su liberación de las tentaciones terrestres. A la larga, se vuelven uno con la divinidad, la fuente misma de la dicha que reside adentro”.

“… Su mente y su corazón moran con firmeza en lo divino y siempre procuran contribuir al bienestar general. Quienes alcanzan la dicha eterna de la divinidad son los verdaderos santos”.
—Bhagavad Gita
, capítulos 5, 20, 21, 25.

Esa experiencia de gozo y paz ha sido descrita por santos de todas las religiones; si bien no es algo sencillo de alcanzar, toda la vida se transforma cuando hay conciencia de la importancia de la búsqueda de esa meta: todos los días se llenan de un colorido especial. ¡Vale la pena persistir en el intento!

Para enseñar cómo deshacer el muro de ignorancia, Dios, el diseñador del juego, envía profetas, sabios, gurús e incluso Él mismo encarna en forma de avatar. Esta sagrada enseñanza es impartida con mayor o menor fidelidad por todas las grandes religiones y culturas espirituales, por lo general inspirada por los grandes maestros. Llevar a cabo estas enseñanzas espirituales en la vida cotidiana es lo que en sánscrito se llama sādhanā y que en este libro también llamaremos hábitos espirituales.

Para tener éxito en esta tarea, se requiere de la gracia divina, la guía de un maestro o una tradición espiritual auténtica, así como, por parte del devoto, de devoción, esfuerzo sostenido y claridad con respecto a la meta. El propósito de este libro es recordar cuáles son las metas de un sādhanā y las principales herramientas para lograrlas.

No pretendo reducir la infinitud de prácticas que muchos maestros han enseñado a un breve texto, pero sí creo que se puede comprender con facilidad lo BÁSICO de la gran mayoría de las disciplinas espirituales. Muchas de las referencias que hay aquí son del maestro Satya Sai Baba, ya que de él aprendí mi sādhanā. La realidad es que, en esencia, todas estas prácticas son muy parecidas. ¿Qué ventajas tiene llevar a cabo unos buenos hábitos espirituales o sādhanā?

  • Nos acercamos a lo divino.
  • Recibimos guía y protección.
  • Desarrollamos paz interior.
  • Cultivamos el contento.
  • Recibimos gracia divina.
  • Avanzamos hacia la liberación.
  • Cumplimos mejor nuestras tareas.
  • Nos ayuda a mejorar el carácter.
  • Somos más conscientes de la importancia del servicio.
  • Enfrentamos con mayor fuerza, valentía, serenidad y discernimiento las adversidades.
  • Podemos gestionar mejor algunas emociones, como el temor, el resentimiento, la rabia o similares.

A través de la práctica, aprendemos a intuir qué pedir a Dios, a comprender qué nos corresponde hacer para cumplir con nuestro deber o dharma y colaborar con el plan divino.

Las escuelas espirituales nos piden que practiquemos alguna porción de sus enseñanzas. Dios sabe cómo guiarnos desde nuestro corazón para indicarnos cuál de las muchas herramientas que nos da es la apropiada para cada uno en un momento dado de su vida. Si nuestro corazón está ocupado en otros temas y solo nos acordamos de Él en ocasiones, difícilmente podrá guiarnos.

¿Qué temas ocupan nuestro corazón? La respuesta es muy sencilla: ¿en qué se ocupa nuestra mente la mayor parte del tiempo? En lo que se ocupa nuestra mente, allí está nuestro corazón.

Práctica espiritual es mantener la mente en Dios sin que importe qué estemos haciendo. Estar en el presente, con la mente en actividades correctas, es mantener la mente en Él, ya que el trabajo realizado con conciencia es divino. Es posible estar en actividades de servicio, entonando cantos devocionales o repitiendo mantras, pero tal vez nuestra mente esté en otro lugar, en otros temas y no en el presente, en lo que estamos realizando. Eso nos desgasta y somos menos eficientes en nuestra labor; no es una buena práctica espiritual. Entonces, practicar es traer la mente de regreso a casa, de regreso a Dios. Nuestra mente es muy distraída, por ello al principio hay que hacerlo muchas veces hasta que ella misma aprende a estar cómoda y tranquila en su propio hogar, en lo divino. Encuentra la paz; de allí la mente ya no querrá salir.

3 La liberación, también llamada moksha, nirvana, samādhi, entre otros nombres en sánscrito, no es fácil de describir con palabras. Invito al lector curioso a profundizar en ella en los textos védicos y budistas.