Prólogo

POR EFRÉN MARTÍNEZ ORTIZ, PH. D.

Una de las experiencias más difíciles de la vida es la de enfrentar una separación. Incluso en medio de crisis severas, en donde parecería ser la mejor decisión, las dudas llenan el momento y la certeza acerca de si esta es la mejor decisión suele ser evasiva. Aparecen miles de preguntas, afloran diversos miedos, nuestra cabeza se pone alerta, a veces en modo lucha, a veces en modo huida, a veces en modo depresión y parálisis. Dentro de las escalas de evaluación de eventos estresantes, el divorcio suele siempre estar en los primeros lugares, complicándose el asunto cuando hay niños de por medio. Y aunque ninguna separación es igual que otra, hay algo bastante parecido: casi siempre es una etapa compleja. Aceptar la pérdida o el cambio, la ruptura de creencias o expectativas, la negación de lo que sucede o la seguridad que en muchos casos luego desaparece, la angustia, el insomnio, la tristeza… En fin, la separación es todo un duelo.

Al principio, muchas personas sienten el impacto de esta decisión y tratan de sobrevivir a esta de diversas formas, algunas veces de la mejor manera y otras, con acciones torpes y hasta nocivas para la salud. Sería interesante que fuese un proceso racional, rápido y maduro, pero lamentablemente la mayoría de las veces no es así; surgen miedos, rabias, resentimientos, tristezas y la sensación de vacío de ya no ser quien se era, la vida tal como se suponía o se estaba llevando cambia, y en ese cambio podemos perdernos, no saber quiénes somos ni cómo continuar.

Nos hacemos preguntas complejas: ¿cómo les decimos a los niños?, ¿a nuestra familia? ¿Qué van a pensar nuestros amigos? ¿Qué dirá la gente? ¿Por qué a mí me está pasando esto? ¿Por qué me hacen esto? Nos decimos que no es justo o que es increíble lo que está sucediendo, nos llenamos de pensamientos extraños acerca de no poder volver a amar o a tener otra relación, como si la vida se acabara.

Separación por las buenas es uno de esos textos que te dice lo que casi nadie sabe, pues la mayoría de las personas no pasan por varios divorcios para ser expertas (aunque algunos sí y son expertos en hacerlo mal cada vez), y quienes enfrentan uno de ellos no han tenido la experiencia ni saben cómo actuar. No es un tema fácil de conversar ni siempre los amigos o familiares son los mejores consejeros.

Un libro como este viene a llenar un vacío en la literatura de crecimiento personal, pues pocas veces se encuentran guías detalladas, prácticas, amorosas y respetuosas a la vez. ¿Sabemos acaso cómo transitar estas perdidas y, en medio de ellas, acompañar a nuestros hijos? ¿Entendemos cómo responder las inquietudes que les surgen cuando tienen que vivir este duelo? ¿Tenemos herramientas de diálogo para explicarles lo que está pasando de una forma adecuada? ¿Es esta la edad de mis hijos adecuada para hacerlo? ¿Qué implicaciones tendrá? ¿Cómo puedo manejarlo de la mejor forma? ¿Hasta dónde debo contarles las razones que nos llevaron a esta decisión? ¿Cómo enfrentamos los impactos que ellos vivan? Seguramente, quien está leyendo este libro en muy pocas ocasiones podrá decir que sí lo sabe, pero en estas páginas encontrará una guía para responder a estas preguntas; quizás no perfecta, porque todas las circunstancias son diferentes, pero sí una muy buena.

Otro gran logro de estas líneas es que no descuidan aspectos esenciales de una transición de este tipo. Así como no todas las separaciones son iguales, cada una tiene en sí etapas distintas. No es lo mismo cuando apenas se está contemplando esta posibilidad que cuando se lleva a la acción; no son iguales los acuerdos iniciales de la transición que los acuerdos posteriores; no es la misma ayuda la que se requiere al principio de la separación que la que se necesita si esta se complica emocionalmente. De esto también se trata Separación por las buenas: de brindar herramientas y sugerencias concretas para cada etapa de este camino, incluyendo ciertos temas escabrosos, como la necesidad de un abogado, los temas legales, la patria potestad, la manutención y, en ocasiones, los pleitos que pueden surgir cuando la inmadurez, la poca trascendencia o el dolor rebasan a los involucrados.

Siempre he pensado que en una relación el amor no muere, pero sí puede transformarse, y la separación es un buen momento para lograr dicha trasformación. El vínculo cambia y la realidad por aceptar es otra. Vendrán los amigos, el cambio de mundo, la crianza diferente de los hijos, los exsuegros, la Navidad, los cumpleaños, las entregas de calificaciones en las escuelas, las crisis de los hijos y un sinnúmero de escenarios que se tendrán que aprender a sortear de la mejor forma, pues se sigue siendo familia, aunque la relación de los padres se haya transformado.

Un duelo trae cierta carga de sufrimiento, cierta pérdida de sentido para algunos o culpa para otros. Una separación es una situación límite que puede fracturar la vida en dos, y si se maneja bien, puede incluso llevar la vida a un nivel mejor, por increíble que parezca. Surgirán aprendizajes que en el momento de sufrir son invisibles a la conciencia; procesos de maduración de un montón de creencias que pueden prepararnos para lo que quizás depare la vida más adelante.

Separación por las buenas es un texto útil.

Conocí a Juanita hace ya varios años, siempre me llamó la atención su disciplina por aprender y en especial por poner al servicio del mundo todo aquello que ha venido consolidando en su vida y en su aprendizaje. Me llamó la atención el amor con el que hace las cosas, lo enfática que es en aquello que cree y su madurez para cuestionarse. Este texto es un regalo para muchas personas, parejas y familias que atraviesan el difícil recorrido de la separación. Con seguridad habrá que recomendarlo a todo aquel que lo necesite.

Separación por las buenas


Introducción

¡No me creas nada!
¡Verifica! Si me crees, solo seguirás
acumulando creencias…

GERARDO SCHMEDLING

Elegir una pareja es elegir una historia. Formar una familia y educar a los hijos es un viaje maravilloso, aunque complejo, que conlleva una gran responsabilidad. Una vez nos convertimos en padres, además de ser dueños de nuestra propia felicidad (un concepto que hoy está tan de moda), así como de nuestras decisiones y acciones, nos hacemos responsables de las experiencias y la formación de nuestros hijos. Por eso, tomar la decisión de separarse y de construir una nueva manera de vivir requiere aún de más valor, trabajo y compromiso.

En Colombia, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Notariado y Registro, por cada dos parejas que decidieron casarse en 2021, una se separó. No obstante, sobre este tema, como sobre tantos otros, no se habla con frecuencia. Y cuando se hace, se suele abordar a partir de las creencias e ideas limitantes (“cucarachas”, como yo las llamo) que nos gobiernan como individuos y como sociedad, y que hacen ver este proceso como un fracaso inevitablemente doloroso para todos.

Estoy convencida de que, en un proceso de separación, todos los involucrados, incluso los niños, vivimos lo que tenemos que vivir y aprendemos lo que tenemos que aprender. Sin embargo, el desconocimiento, el ego y la desatención de la dimensión espiritual —entendida filosóficamente como aquella desde la cual trascendemos para hallar el sentido— no pueden ser excusa para que este se vuelva un proceso traumático e incluso maltratador. Si no se maneja bien, todo este tsunami emocional no solo nos va a avasallar, sino que lo más probable es que deje una huella indeleble en la estructura emocional y relacional de los seres que más amamos, en especial cuando son niños pequeños. Pensando en eso, debemos esforzarnos por hacer de la separación algo constructivo y formativo para todos.

Este libro es, ante todo, un llamado a que abramos la mente y nos demos la oportunidad de ver y hacer las cosas de otra manera, empezando por reconocer la separación como la puerta de entrada a un nuevo comienzo para todos: un nuevo capítulo que debe honrar lo recorrido. A que transitemos juntos esta decisión, de la manera más justa y amorosa, y a que exploremos con consciencia en las emociones, los desafíos, las preguntas y las responsabilidades que trae esta nueva etapa de la vida con respecto a nuestra expareja, nuestros hijos y nosotros mismos. Y para emprender este viaje es necesario que nos levantemos, nos pongamos las botas y les hagamos frente a las decisiones que consciente o inconscientemente hemos tomado.

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Según la logoterapia de Viktor Frankl, que es una de las posturas en las que se fundamentan los planteamientos de este libro, en la vida es posible experimentar tres tipos de sufrimiento: el inminente, que surge con aquellas situaciones límite que llegan sin avisar y nos sobrepasan, como la muerte de un ser querido, una enfermedad o la quiebra económica; el innecesario, que nos ancla a una situación y nos deja sumidos en un sufrimiento que podríamos evitar, como continuar en una relación disfuncional o en la que no hay amor, un vicio, o contraer un virus por no querer vacunarse, y el necesario, que se produce en procesos poco gratos, pero que debemos atravesar para lograr un bien mayor, como ir al odontólogo, ir a terapia de pareja, dejar una adicción o vacunarnos.

A través de la Antropología Filosófica, Frankl se opone al reduccionismo del psicoanálisis de Sigmund Freud, para el cual somos pura biología, temperamento y, por lo tanto, sujetos reactivos a situaciones externas; meras víctimas de nuestros traumas y personalidad. La logoterapia, por el contrario, concibe al sujeto como la expresión de lo heredado, lo vivido y lo decidido; nos asume como seres espirituales, capaces de decidir ante las vicisitudes de nuestra propia existencia, y reconoce la libertad y la responsabilidad como dos fuerzas que generan una sana tensión para decidir ser, en el constante devenir: “La mejor versión de nosotros mismos”.

Una separación con sentido o “por las buenas”, como la he llamado, es aquella en la que el proceso de duelo y reconstrucción conlleva solo el sufrimiento necesario para poder crecer, recuperarnos y seguir adelante, y deja de lado el innecesario, que nace de la rabia, las dudas, los problemas de comunicación y la desinformación, que maltrata más de la cuenta y no construye nada.

Esta aproximación nos permite ver el camino de la separación como un peregrinaje y no como un infierno. Como la oportunidad de encontrar respuestas a preguntas vitales y, si así lo decidimos, la posibilidad de dar lo mejor de nosotros, de donarnos y de autotrascender para el otro (la expareja), a quien a veces sentimos distante, quizás antagónico.

La meta de una separación con sentido es, entonces, el amor y el cuidado, en particular de los hijos, quienes no tenían manera de prever esta nueva realidad. No quiero llamarlos víctimas, pero sí se trata de una situación que se escapa por completo de su control y debemos velar por protegerlos y acompañarlos al máximo en este proceso, para que puedan transitarlo de la manera menos traumática.

La parentalidad es el papel que desempeñamos como padres frente a nuestros hijos, independientemente de si lo ejercemos o no en pareja. Cuando estamos casados, esta relación funciona como los dos cables que conducen la electricidad: el cable rojo sería la pareja y el negro, nuestro rol de padres, y ambos se entrelazan en la vida familiar. Al separarnos, cortamos el cable rojo y dejamos de ser pareja, pero la parentalidad se mantiene. Cambia el tipo de familia, pero seguimos siendo una, en la cual el centro y el punto de contacto son los hijos; la pareja queda atrás, con grandes aprendizajes y buenos recuerdos.

El principal reto consiste, entonces, en rediseñar la parentalidad, pues, aunque la relación de pareja haya llegado a su fin, seremos padres hasta que la muerte nos separe. Parece obvio, pero no lo es. No solo porque estamos lidiando con emociones fuertes frente al duelo, sino porque las dinámicas cotidianas se transforman por completo, y esta logística desborda acuerdos formales como la custodia, las visitas y la manutención. Por eso, el propósito principal de este libro es brindar herramientas para acompañar una parentalidad con sentido, sana y responsable.

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Este es un libro para padres y madres comunes y corrientes, escrito por una madre común y corriente, con defectos, miedos y miles de preguntas, pero que, ante el enorme desafío de la separación, ha buscado hacer las cosas lo mejor posible.

En cada capítulo, navegaremos en aguas inciertas, pero soportados en un bote estructurado y firme llamado consciencia, con unos remos eficientes, que entenderemos como pautas e información, impulsados por el amor. En el puerto de destino nos espera el sentido y, con él, la felicidad para todos los involucrados en el proceso, en particular para los hijos.

Para esto, nos valdremos del análisis existencial, una postura humanista que defiende que, más allá de lo físico, lo psicológico y lo sociológico, somos, ante todo, seres espirituales, libres y responsables. Esta aproximación, que integra una visión comprehensiva del ser humano a partir de la filosofía, la antropología y la psicoterapia, supone que siempre estamos en proceso de cambio y nos devuelve la esperanza y la responsabilidad: somos los únicos líderes y responsables de nuestro destino, aunque este se teja en un constante devenir con infinitas posibilidades.

También, usaremos las herramientas que nos ofrece el coaching existencial logoterapéutico, un proceso de acompañamiento que, como escribe Efrén Martínez en la página web de la Sociedad para el Avance de la Psicoterapia Centrada en el Sentido (SAPS), “fomenta la autoevaluación, a través de un proceso conversacional, destinado a que las personas vivan su libertad personal responsablemente y encuentren y guíen su vida a través de los valores que le dan sentido a la misma, alcanzando de esta forma una existencia auténtica y plena”. Es a partir de este enfoque que trabajo en consulta e intento vivir mi vida cotidiana.

Teniendo en cuenta lo anterior, el propósito de este libro es ofrecer información necesaria, eficiente y oportuna, así como herramientas y estrategias prácticas, para reconocer lo verdaderamente valioso en el proceso de separación, y transitar este peregrinaje con amor y consciencia, dando lo mejor de nosotros. Esto, con el fin de que, en lugar de ser una experiencia devastadora o limitada a la felicidad individual, esta se convierta en una opción beneficiosa y con sentido para todos, y que, a pesar de los obstáculos, estructuremos una parentalidad sana y responsable.

Y si llevas ya un tiempo separado, no pienses: “¿Ya para qué?”. Nunca es tarde para sanar heridas, ejercer una parentalidad consciente y comenzar de la mejor manera este nuevo capítulo de la vida.

Con humildad, espero que estas páginas sean luz y compañía en un momento confrontante. Así que quiero comenzar con una invitación amorosa: busquemos juntos el sentido en esta situación límite y desconocida, para que, en algunos años, podamos recordar este tránsito como un momento que nos mostró de qué estábamos hechos y nos hizo mejores seres humanos.

Como dice Viktor Frankl: “Cuando la situación es buena, disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, transfórmate”.