Nunca he creído en las casualidades, y sé que, si tienes este libro en tus manos, es porque estás listo para recibir su información. Porque has estado buscando estas palabras tanto como ellas te han buscado a ti, y ha llegado el momento en el que estás preparado para despertar la sabiduría que siempre ha estado latente en ti, pero no has sabido cómo acceder a ella.

Si estás leyendo este libro, es probable que hayas escuchado la frase “eres el creador de tu propia realidad” y tal vez hayas escuchado hablar sobre la ley de la atracción, bien sea porque viste la película o leíste el libro El secreto, de Rhonda Byrne, y, como la mayoría de nosotros, quedaste con muchas dudas de cómo funciona en realidad, o porque, de pronto, te topaste con uno de mis videos en YouTube y te llamó la atención el tema. En cualquiera de los casos, la ley de la atracción te trajo hasta este libro porque tú y el contenido que estás a punto de leer necesitaban encontrarse. Las palabras que hallarás aquí son solo una herramienta para que recuerdes quién eres en realidad. Para que conectes de nuevo con la energía de la que provienes y hacia la que volverás: el amor incondicional.

Quizás hay una parte de ti que, desde hace algún tiempo, viene cuestionándose. Tal vez tienes muchas preguntas y no has encontrado suficientes respuestas. Quieres saber si esto que estás viviendo es todo lo que tiene la vida para ti, si no hay algo más profundo y transformador, si no existe un propósito mayor para tu vida que te traiga el amor, la seguridad, la paz y las conexiones humanas que has estado anhelando desde hace tanto. Puede que le estés buscando el truco a la vida porque, hasta ahora, parece un poco confusa.

Esta es la respuesta que has estado esperando: sí hay más por vivir, sí hay una nueva realidad esperándote con sueños, aventuras, el trabajo que te haga querer levantarte con propósito a diario, el encuentro de almas con tu pareja, mucha más abundancia de la que te has permitido experimentar hasta ahora. Lo mejor de todo es que puede llegar a ti con facilidad y sin hacer un gran esfuerzo.

Pero lo más interesante es que, mientras más avanzas en este libro, vas a darte cuenta de que todos esos deseos y esas respuestas que has estado buscando ya están aquí y ahora, porque hacen parte de ti. No tienes que buscar nada, perseguir nada, luchar por nada ni esforzarte para conseguir nada, porque realmente NO TE HACE FALTA NADA; no necesitas arreglar nada porque no estás dañado, ni sanar nada porque no estás enfermo. Eres un ser completo, merecedor y suficiente. Y justamente la respuesta que vas a ir encontrando en este camino de despertar es que todo llega a ti cuando la búsqueda desaparece y dejas de esforzarte tanto por hallar resultados y respuestas afuera, y miras hacia adentro. Cuando empiezas a fluir más, a confiar más, a abrirte más a la infinita abundancia que te creó y al inmenso poder que habita en tu interior, que está siempre presente; cuando dejas de buscar magia y comienzas a agradecer la que ya existe; cuando te rindes ante la inteligencia que sostiene tu vida, que excede los límites de tu humanidad, es cuando por fin entiendes que eres el atractor de tu propia realidad y, por lo tanto, eres libre de elegir qué experiencia quieres vivir. No porque necesites ninguna experiencia en particular o porque te haga falta, sino porque ERES LIBRE.

Cuando lees estas palabras, ¿algo resuena en ti? Aunque no tengas claridad de cómo hacerlo en este momento, ¿crees que sería posible? Si es así, tu única tarea, por ahora, es abrirte a una nueva posibilidad y a creer que la vida no tiene que ser la repetición de tus patrones familiares. Que vivir en un estado de abundancia ES POSIBLE y puede estar disponible para ti, si te abres lo suficiente para recibirlo.

¿Cómo lo sé? ¡Porque lo he vivido! Porque yo fui esa persona que le estuvo buscando el truco a la vida durante muchos años, creyendo que no tenía sentido seguir viviendo, y buscando todas las formas para dejar de hacerlo. Y en el momento en que decidí tomar mi sufrimiento como mi mayor lección de crecimiento y expansión, me obsesioné con entender cómo YO y las historias que había decidido creer eran las que me habían estado convenciendo de que la vida era dura y difícil. Tomé la decisión de que, si me iba a quedar en este mundo, iba a hacer de mi vida una experiencia extraordinaria, y que, si lo lograba, iba a compartirla con todos los seres que estuvieran buscando una respuesta y estuvieran listos para ser los atractores conscientes de su propia realidad.

Y eso es este libro: la prueba de que aprendí a manifestar mi realidad con facilidad y que estoy dispuesta a enseñarlo a los oídos dispuestos y a las almas que estén listas para escucharlo. Este libro surge como el llamado de una chica común y corriente a expresar una mirada honesta, auténtica y personal a prácticas y conceptos que, cuando aprendí a vivirlos en carne propia, transformaron por completo mi vida y me enseñaron que no solo los iluminados pueden vivir la magia de la manifestación. En este libro, aparte de contarte conceptos científicos que logren convencer a tu mente analítica de que la ley de la atracción funciona, voy a compartirte cómo lo he vivido yo, desde mi experiencia personal, porque, aunque entenderlo con la mente es importante, sentirlo en el corazón es lo que te va a llevar a hacer verdaderos cambios en tu vida.

Siempre me han gustado los conocimientos sencillos que se puedan poner en práctica, porque si algo he aprendido es que de nada sirve tener la información en la cabeza si no la integras en tu experiencia. Por eso he creado este libro, para que lo uses como una guía, como tu manual de vida al que puedas regresar una y otra vez, cuando te sientas perdido o confundido y necesites claridad. La idea es que repases su contenido las veces que sea necesario.

Antes de empezar este hermoso camino de autodescubrimiento y despertar, debes saber que este proceso requiere COMPROMISO: un compromiso constante contigo mismo y con tu bienestar interior. Porque, desafortunadamente, tus programaciones mentales y el mundo que te rodea te van a distraer del verdadero camino para la manifestación: la responsabilidad radical de tu estado interior. El mundo, la sociedad, o como a mí me gusta llamarle, “la Matrix”, te van a llevar a vivir en un estado de miedo y escasez, tus relaciones van a ser tu excusa para responsabilizar a las personas por las emociones que TÚ sientes, y todos los estímulos externos van a hacer que te enfoques en el mundo exterior, sobre el cual no tienes ningún tipo de control. Por eso es nuestro deber tener día a día el compromiso de mirar hacia adentro, lo lindo, lo feo y lo malo; mirarnos sin pena y sin miedo, porque si el conocimiento es poder, el conocimiento interior es poder personal. Para ayudarte a hacerlo, he creado ejercicios y compromisos a lo largo de este libro que te irán guiando en el camino hacia tu interior, y como nadie puede hacer el trabajo por ti, es importante que no solo leas este libro, sino que te sientes a hacer para poder empezar a SER.

Pero, como siempre digo, no me creas nada a mí. Experiméntalo tú y luego me cuentas cómo te va.

Si tienes este libro en tus manos, tómale una foto y etiquétame en @thevortexway. ¡Estaré reposteando todas las fotos etiquetadas!

El paso a paso de la ley de la atracción
El paso a paso de la ley de la atracción

¿Qué pensarías si te digo que todo lo que has vivido, hasta ahora, ha sido un reflejo de tu estado interior? ¿Que todas las experiencias que has tenido en el mundo material son una expresión exacta de lo que llevas por dentro? ¿Que tú has atraído a todas y cada una de las personas que han pasado por tu vida, a las que has amado y a las que te han hecho muchísimo daño? ¿Que toda situación incómoda y tormentosa que has sufrido ha sido una correspondencia entre tus bloqueos energéticos y las enseñanzas que necesitas para evolucionar? ¿Que cada milagro ha sido también un reflejo de tu confianza y apertura de corazón? ¿Que tú eres el punto de partida en el que tu vida se desenvuelve, y que esto sucede gracias a la ley de atracción: la ley universal que está todo el tiempo atrayendo a tu vida experiencias que reflejan una energía igual a la que emanas desde tu mundo interno?

Pueden pasar varias cosas cuando escuchas estas palabras. Que no lo entiendas y pienses que no tiene sentido, porque “yo no pude haber atraído eso tan horrible a mi vida, yo no llevo eso por dentro… hay algunas cosas que de pronto sí las atraje, pero eso no, porque hay cosas que ‘solo pasan’ sin que yo haya ni siquiera pensado en ellas”. Que te sientas mal, porque piensas, “yo soy el culpable de todo lo malo que me ha pasado” (olvidándote de que también has atraído lo positivo, y que no es cuestión de culpa, sino de una responsabilidad y un poder maravillosos). Que lo entiendas, pero no tengas muy claro cómo usar este conocimiento a tu favor. Que lo tengas muy claro y estés listo para descubrir cómo ahondar en las profundidades de la hermosa creación consciente de tu realidad.

Sea lo que sea que sientas, este entendimiento puede devolverte el poder de crear la vida de tus sueños si aprendes a conectarte con él. Podrías quedarte estancado toda la vida en la culpa, pero si así lo decides, estarías desperdiciando todo tu potencial, porque el primer paso para convertirte en un manifestador consciente de tu realidad es salirte del estado mental de víctima y tomar responsabilidad de tu propia vida.

Y fíjate que dije estado mental, no condición, cualidad o característica intrínseca del ser, porque ser una víctima es una decisión mental que tomaste mientras ibas creciendo. En algún punto de tu vida hiciste este acuerdo contigo: “cada vez que me pase algo que no me guste, que se salga de mi control, o que no entienda por qué pasa, voy a entenderlo como un castigo divino, como si me estuviera pasando a mí y yo no tuviera ni voz ni voto ni, sobre todo, INFLUENCIA al respecto”.

De pronto, tomaste esa decisión porque, en varios momentos de tu vida, el hecho de sentirte como una víctima te ha servido para liberarte de la responsabilidad de hacerte cargo de tus emociones y pensamientos. Pero la verdad es que echarle la culpa a “la suerte”, a que “la vida es muy dura”, o a alguien más, es mucho más fácil que escuchar la enseñanza detrás de cada experiencia y usarla a tu favor, porque eso implica salir de tu zona de confort.

Y no creas que yo no he pensado que la vida es dura e injusta, porque a veces la siento así, pero hace algunos años, esa dejó de ser mi excusa para seguir viviendo en un estado de constante sufrimiento. La vida puede mostrarme la situación que sea, pero ahora sé que yo puedo tomar una actitud amorosa y responsable (no culpable) ante todo lo que me sucede, y que ahí reside mi poder.

EL ESTADO DE VÍCTIMA

Antes de empezar con el paso a paso para convertirte en el manifestador consciente de tu propia realidad, quiero contarte la historia de cómo una chica de veintisiete años terminó escribiendo un libro sobre la ley de la atracción y cómo este conocimiento llegó a convertirse en la base que le cambiaría la vida para siempre, tanto así que decidió entregarle su vida a llevarles el mensaje a cuántas personas le fuera posible. Y como en mi mente todo es posible, aquí me tienes.

Hace algunos años, en el 2016, estaba en la universidad estudiando un pregrado en Artes Visuales. En ese momento me consideraba una chica “común y corriente”. Mi vida giraba en torno a mis estudios —por los cuales sentía una gran pasión, que aún siento—, mi familia —con la que siempre tuve una relación aparentemente “normal”, pero en el fondo no muy sana y con mucho dolor de por medio—, mis amigos —a quienes siempre he considerado mi verdadera familia—, mis parejas —con quienes yo creía que era muy feliz, pero luego me di cuenta de que en realidad eran un reflejo de mi bajo nivel de merecimiento— y mis inseguridades —que, aunque me han acompañado toda la vida, he aprendido a relacionarme de una manera diferente con ellas—.

Antes de empezar mi tesis de grado tenía que aprender a hablar inglés, y como estaba a punto de graduarme, dije, “no me voy a meter a clases de inglés porque me voy a demorar cinco años en aprender y necesito graduarme ya (la paciencia nunca ha sido mi mejor virtud), así que mejor me voy a ir a Estados Unidos a trabajar como niñera, y allá miro cómo me las arreglo para aprender”. Eso sonaba como una buena idea en mi cabeza, hasta que llegué allá…

Yo siempre he sido muy viajera. Antes de eso, había vivido en España seis meses y había recorrido Europa de mochilera sin ningún problema. Pero ahora, en Estados Unidos, todo fue muy diferente, porque no iba de paseo, y esta vez la vida tampoco quería darme una lección fácil, sino más bien una de esas que duelen lo suficiente como para abrir los ojos de una vez por todas. Y como el universo es tan buen maestro, te va a repetir la lección hasta que la aprendas.

Al llegar a Sacramento (California) me encontré viviendo con una familia que no conocía, en un país cuyo idioma no hablaba, en un trabajo que nunca había ejercido, teniendo que cuidar a unos niños que al inicio me odiaban; en una cultura desconocida y lejana para mí, y me di cuenta de que estaba viviendo en el cuerpo de una completa extraña: yo misma. En ese momento no entendía que ese tiempo tan oscuro en mi vida iba a ser lo que me permitiría tener mi primer despertar de consciencia.

Era mi tercer día de trabajo como niñera, viviendo en la casa de los niños a los que cuidaba, y ya llevaba tres días llorando sin parar. No entendía nada de lo que me decían, hacía todo al revés porque no comprendía el idioma y me sentía perdida y desesperada.

En este tiempo vino a visitarme una nueva amiga —que aún no conocía— que le daría una vuelta de ciento ochenta grados a mi vida. Su nombre completo es “Trastorno de ansiedad generalizada”, pero sus amigos más cercanos le pueden decir solo “ansiedad”.

La ansiedad llegó a mi vida sin que yo supiera que había llegado. Porque no la conocía, nunca la había experimentado y no sabía que tenía nombre propio. Para mí solo era una sensación nueva y horrible que me hacía pensar todo el tiempo en formas de quitarme la vida, porque sentía que me estaba muriendo lenta y dolorosamente, todos los días.

Como no sabía qué sucedía, decidí recurrir al mecanismo de defensa que había utilizado toda mi vida: la evasión, hacer como si nada me estuviera pasando y distraerme de alguna manera. Lo grave fue que mi dolor interior era tan fuerte que usar las redes sociales para distraerme no fue suficiente, así que tuve que usar algo un poco más fuerte. Y aunque por fortuna no caí en el uso de drogas, sí empecé a comer de manera compulsiva y desarrollé un trastorno alimenticio que se llama trastorno por atracón, en el que comía y comía sin parar hasta que no podía más, y luego dejaba de comer por uno o dos días, porque me sentía muy culpable.

Al mismo tiempo, el acné severo con el que llevaba viviendo durante más de doce años empeoró más que nunca. Aparte de sentirme ansiosa en mi interior, por fuera me veía disminuida y sin luz, me sentía insegura, fea, y puesto que creía que mi valor como ser humano dependía por completo de cómo me veía, sentí que no valía nada.

No te cuento todo esto para que pienses que ahora mi historia sí tiene validez porque pasé por un momento horrible en mi vida, porque de una manera u otra todos hemos estado ahí, en las sombras, viviendo desde “la noche oscura del alma”, sin saber hacia dónde escapar. Te lo cuento porque en ese momento yo me sentía 100%, y sin duda alguna, como una víctima. Como la mayor víctima de las víctimas, como la mamá víctima, como una victimota.

¿Por qué a mí, si yo he sido tan buena persona?, era mi pregunta diaria. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí? ¿Por qué no puedo sentirme y verme “normal”? ¿Por qué no puedo sentirme segura, estable y tranquila? ¿Por qué tengo que pasar por todo esto?

Ya llevaba tres meses trabajando como niñera, y desde el día en que la “noche oscura de mi alma” empezó, todo había seguido empeorando: tenía atracones de comida y ataques de ansiedad a diario; había varios días en los que estos se convertían en ataques de pánico y, como sentía que me iba a morir, me desmayaba. Mi acné se agravó, y también los pensamientos suicidas. Todo esto mientras cuidaba a dos niños pequeños durante diez horas al día.

Entre todo este caos, un día pensé, “si esto no me mata, me hace más fuerte”, y como no tenía las agallas suficientes para quitarme la vida, un día dije: tengo que aprender a fortalecerme. En ese momento recordé que mi hermana me había hablado mucho de la meditación, y aunque yo siempre había pensado que eso era solo para hippies o para personas “con problemas”, comencé a meditar como si fuera un acto de vida o muerte, y se convirtió en la práctica más importante de mi vida. En la meditación encontré un refugio seguro, y a pesar de no tener muy claro del todo cómo funcionaba, me obsesioné con aprender a hacerlo. Al inicio fue algo difícil, pero poco a poco me fui entrenando en la maravillosa habilidad de observar mis pensamientos con consciencia, sin identificarme con ellos.

Un día, después de una jornada horrible de trabajo, mi mente estaba en blanco y “me llegó” la pregunta: ¿qué pasaría si yo fuera la creadora de mi realidad? ¿Qué pasaría si yo estuviera atrayendo todo lo que estaba pasando en mi vida? Y de inmediato, me interrumpió otro pensamiento: estás loca, ¿quién en sus cinco sentidos estaría atrayendo tener acné y verse así de horrible, o estar ansiosa, tener un desorden alimenticio y estar en una situación de vida tan incómoda? Nada que ver. Y de nuevo, dejé mi mente en blanco y me volvió a “llegar” otra pregunta: ¿qué pasaría si fuera mi alma quien me estuviera llevando a vivir todo esto para que yo pudiera despertar? ¿Para que me viera a mí misma y me pudiera hacer responsable de mi propia vida?

Ahora, te lo pregunto a ti: ¿qué pasaría si fuera tu alma quien te estuviera llevando a vivir la realidad que vives para que puedas despertar? ¿Para que puedas verte a ti mismo y puedas hacerte responsable de tu propia vida? ¿Qué pasaría si la situación dolorosa fuera tu mayor bendición y guía?

A partir de ese momento empecé a entender que, detrás de cada experiencia, hay un aprendizaje más profundo que tu alma necesita enseñarte para fortalecer tu carácter y para mostrarte el camino de alineación con la energía de amor incondicional, muchas veces a través de la crisis, el problema o la oscuridad. Es nuestra elección aprender la enseñanza con coraje, valentía, escucha y apertura, y rediseñarla para nuestro mayor beneficio, o quedarnos sufriendo la lección toda la vida.

Lecciones difíciles va a haber muchas, pero he comprendido que no tengo que sufrir en el proceso. Que, de hecho, puedo disfrutar cada paso como parte de la evolución. Imagina que compras un videojuego en el que apenas entras a jugar ya ganaste y no hay ningún reto por superar, ningún nivel que avanzar, ni puntos por lograr. Aburrido, ¿no? Lo interesante es el proceso de evolución. Y como de nuestra evolución biológica se encargan nuestros genes, nosotros vamos a hacernos cargo de nuestra evolución interior. O, como prefiero llamarla yo: la REVOLUCIÓN interior.

LOS CUATRO NIVELES DE CONSCIENCIA

Jenny Dsouza nos cuenta que Michael Beckwith, autor y ministro del Nuevo Pensamiento dice que el estado de víctima es uno de los cuatro niveles de consciencia en los que puedes estar. Estos niveles nos ayudan a observar qué tan conscientes somos de que la realidad es un espejo de nuestro estado interior, y qué tan alineados estamos con el amor, en vez del miedo.

Nivel 1. La víctima:
La realidad me pasa a mí

En este nivel, toda tu vida se basa en el mundo que te rodea, en el mundo exterior. Crees que la vida te pasa A TI y no PARA TI. Te basas en el mundo cognitivo de las ideas, crees 100% en las leyes creadas por los seres humanos y te dejas llevar por el mundo que te venden: por la cultura, la política, la sociedad, la religión y el sistema educativo.

En este estado, crees que todo lo que ves en las noticias es la única realidad, en vez de ser una curaduría perfecta de información que te lleva a tener ciertas creencias de miedo, escasez y carencia. Crees que el sistema educativo es “como debería ser”, en vez de cuestionarte por qué educar niños obedientes y domesticados ha sido siempre más importante que educar niños felices y conectados con el amor, y por qué no les enseñan sobre inteligencia emocional y espiritual a los estudiantes en las escuelas.

Vives en un estado de reacción, juicio y supervivencia, en donde juzgas la realidad como buena o mala, y eres manipulable en extremo, porque en este nivel no cuestionas las normas de la sociedad y solo crees en lo que experimentas con tus cinco sentidos. Piensas que no tienes influencia sobre lo que te pasa y que no puedes hacer nada para cambiar tus circunstancias. En este estado se encuentra la mayoría de la humanidad, aunque puedo intuir que, si estás leyendo este libro, lo más probable es que no te encuentres ahí, o que estés intentando salir de allí cuanto antes.

Nivel 2. El manifestador:
La realidad pasa porque yo la creo

En este nivel, vives en el mundo que eliges y comienzas a cuestionarlo TODO. ¿Por qué tengo que estudiar una carrera? ¿Por qué tengo que trabajar de 8 a 5 todos los días de mi vida, hasta jubilarme a los sesenta años? ¿Por qué tengo que creer en una religión que me culpabiliza por sentirme libre? ¿Por qué tengo que creer en los estándares de belleza que las redes sociales me venden? Te preguntas si la pandemia fue un conjunto de hechos desafortunados, o si en realidad fue un mecanismo de control para mantenernos vibrando en miedo. Te das cuenta de que vivimos en una Matrix y que estamos siendo programados con frecuencia por el mundo que nos rodea.

Te encuentras en el mundo que puedes y decides crear porque aprendes que tienes la libertad de ELEGIR, que puedes dirigir el curso de las experiencias de tu vida y que no estás limitado por tus circunstancias. Cuestionas incluso tus propias creencias y comprendes que tú no fuiste su creador, sino que estas te crearon a ti. Entiendes que la vida está pasando PARA ti y no A ti, que cada vivencia es una oportunidad para expandirte. En este nivel, estás en el estado de manifestador, en el que empiezas activamente a pensar en positivo y a tener prácticas como la visualización creativa, definir intenciones, hacer afirmaciones y tomar acción masiva hacia los sueños que quieres lograr; sobre estas ahondaremos más en los siguientes capítulos.

Este fue el estado en el que entré en Estados Unidos, cuando me pregunté por primera vez qué pasaría si yo fuera la creadora de mi realidad. Uno entra a este nivel cuando comienza a descubrir quién es en verdad, sin la influencia del mundo exterior, y sabe que puede elegir creer quién quiere ser y qué le gustaría vivir.

Nivel 3. El canalizador:
La realidad pasa a través de mí

En este nivel, vives desde el mundo dentro de ti y caminas cada vez más hacia tu verdad interior, desapegado del ego y conectado con tu corazón. En este estado, dejas de tener metas y planear objetivos de tu propia creación y comienzas a ser un canal para lo que se tenga que manifestar/experimentar a través de ti, a escuchar en profundidad a tu intuición, pidiendo respuestas desde una fuente superior a ti. Dejas de sentir que tienes que hacer que las cosas sucedan y, en cambio, te quitas del camino para dejar que sucedan a través de ti, sin la interferencia de tus deseos personales. Entonces, tus acciones diarias no estarán enfocadas hacia “YO quiero lograr esto y puedo lograrlo”, sino hacia “¿Qué tiene que ser logrado a través de mí? ¿Cuál es mi propósito en la vida? ¿Para qué fui traído a esta experiencia humana?”.

Empiezas a entregar tus intenciones desde una inspiración profunda y superior y comienzas a tener prácticas trascendentales que te conectan con tu mundo interior y tu divinidad: meditación, ejercicios de respiración, oración, escritura, ejercicios de creatividad, activaciones. De estos también hablaremos más adelante.

En este estado, te vuelves una vasija dispuesta a recibir lo que tiene que ser manifestado a través de ti, en vez de moverte hacia tus propios deseos del ego. Te conviertes en un vehículo de la consciencia universal y comienzas a entregarle tu vida con devoción a esta consciencia. Es un estado de completa autenticidad y unidad con la divinidad.

Nivel 4. Ser la consciencia:
La realidad pasa como soy

En este nivel, estás conectado constantemente con la divinidad y llegas a la disolución total del ego. Te vuelves consciente de que eres uno con el todo. Que eres un ser eterno que no está atado a este personaje humano. Tu primera prioridad se convierte en el servicio a los demás, porque rompes la idea de que existe la separación entre tú y el mundo que te rodea. Entiendes que haces parte de la misma consciencia que creó el universo, y te sientes más conectado con todos y todo lo que existe a tu alrededor.

Entras en un estado de completa compasión por todos los seres, y solo quieres servir sin esperar nada a cambio. Tu mayor recompensa es la sensación que tienes al servir a otro ser humano. Vives desde y por el amor.

Empiezas a tener un sentido de conexión profunda con todo lo vivo, porque entiendes (con la experiencia y no con la razón) que todos somos uno. Que si te duele, me duele; que si te hiero, me hiero. Vives desde la intuición y la inspiración divina que mueve cada una de tus acciones.

Particularmente no me gusta pensar en el despertar de consciencia como un concurso o una competencia en el que hay “niveles” en los que tú estás por debajo de mí y eres “menos despierto que yo”, porque esa es solo otra trampa del ego. Podemos usar la información de los niveles de consciencia no como una estrategia de comparación con los demás, sino como una herramienta útil para reconocer en dónde estamos y hacia dónde queremos evolucionar.

Algo que a mí me pasa es que con frecuencia me muevo de un nivel a otro, y es completamente normal; a veces volver al estado de víctima es necesario para despertar de nuevo, con más fuerza, porque para mí el despertar ha sido un proceso en el que doy dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Es un camino en el que tengo que practicar estar presente todo el tiempo. No es algo que logras una vez, y ya, sino que es una práctica diaria.

¿En cuál nivel consideras que estás tú? ¿Eres un creador consciente? ¿O te sientes una víctima y dejas que la vida te pase a ti? ¿En cuál sientes que estás listo para evolucionar?

Lo más probable es que, si llegaste a este libro, estés del nivel 2 en adelante y que recibas esta información con facilidad, tomes lo mejor de ella y la utilices a tu favor. Si estás en el nivel 1, tal vez esta información te parezca nueva y rara y pienses que este no es más que uno de esos libros de teorías “espiritualoides”. Pero, de pronto, en el mejor de los casos, algo de lo que digo te quede sonando y empieces a cuestionar la realidad que has experimentado hasta ahora.

Espacio de conciencia

Ahora, quiero invitarte a que uses este espacio para reflexionar sobre tu vida y poner en el papel algunas cosas que irás descubriendo sobre ti.

Escribe las situaciones en las que te has sentido como una víctima, en las que no entendiste por qué tuviste que vivir esa experiencia, y, luego de un tiempo, comprendiste el propósito mayor de por qué todo sucedió como debía. Ejemplo: No entendía por qué todo tuvo que terminar así con Carlos, y luego me di cuenta de que era una relación en la que yo me conformé, porque creía que no merecía nada mejor, y me dio la oportunidad de amarme más a mí misma y aprender a poner límites sanos. Luego, pude atraer la hermosa relación que ahora tengo con Juan.

Describe una situación que actualmente no entiendes, en la que aún te sientes como una víctima. Ejemplo: No entiendo por qué mi jefe me habla de esa manera tan agresiva.

Pon las manos sobre tu corazón y pregúntate: ¿cuál es la enseñanza detrás de esta situación? ¿Cómo esta situación me está ayudando a expandir mi carácter? ¿Cómo esta situación es una bendición? Ejemplo: Sé que, en general, me cuesta mucho expresar mis necesidades, y sé que la vida me puso esta situación enfrente para que yo aprenda a ser más asertiva, frentera, y pueda expresarme abierta y vulnerablemente con lo que siento.

¿Cómo puedo usar esta situación a mi favor? Ejemplo: Poner límites y ser clara con lo que tolero o no en mi vida, amarme más y saber que merezco ser tratada siempre con respeto.

¿Cómo se ve mi mejor versión en esta experiencia? Ejemplo: Clara con lo que siente y sin miedo a comunicarlo. Como una mujer que se conoce, que escucha sus necesidades y aprende a valorarse, antes de valorar a nadie más.

LA DIFERENCIA ENTRE CULPA Y RESPONSABILIDAD

¿Qué pasa si durante toda mi vida he estado en el estado de víctima? De pronto, he tenido atisbos de creer que tengo influencia sobre lo que pasa a mi alrededor, pero no he sabido muy bien cómo hacerlo y siempre caigo en el juicio y la culpa.

La culpa dice, “soy culpable de lo que pasó, merezco sufrir y castigarme de por vida”. La responsabilidad dice, “es lo que es; esta situación está sucediendo en este instante y me está sirviendo como un espejo para ver las emociones que estoy sintiendo; me está permitiendo verme a mí mismo, y volverme cada día más alineado con mi mayor fuente de poder. Puedo elegir aprender la lección que esta experiencia me deja, elegir verla con amor, y, así, atraer otra situación más disfrutable”.

¡La responsabilidad es la cura para salir del estado de víctima! La consecuencia de estar leyendo estas palabras es entender que tu vida es tu responsabilidad, y que TODA la realidad que viviste en el pasado y que estás experimentando en la actualidad es un reflejo de tu estado interior. De tus creencias, pensamientos y emociones, de qué tan conectado estás o no con el amor.

La responsabilidad te libera porque te da el entendimiento de que lo que te causa sufrimiento NO es lo que te pasa, no son las situaciones, no son las personas ni las circunstancias, sino tu actitud frente a ellas. Al no aceptar lo que sucede como una oportunidad para verte a ti mismo y tomar responsabilidad para crecer y alinearte, es ahí cuando se genera disonancia en tu interior y, por lo tanto, se manifiesta menos bienestar en tu realidad. La responsabilidad te hace mirar hacia adentro para encontrar paz, felicidad y armonía, y te libera de las situaciones que suceden a tu alrededor porque ya no les entregas tu poder personal.

El primer paso que di para ser la atractora consciente de mi realidad fue tomar consciencia sobre mí misma, en cada momento de mi vida. Me empecé a volver consciente de cómo había influido o estoy influyendo en la realidad que he experimentado o experimento en este momento presente. Antes de culpar a algo o alguien fuera de mí, me pregunto: ¿cuál fue mi parte? Y eso suena fácil cuando la realidad es linda y amorosa, pero cuando me enfrento ante situaciones desagradables, es un poco más difícil hacerse responsable.

Uno de los aspectos más difíciles para traer a mi consciencia fue la relación con mi familia, porque son ellos a quienes les he dado el mayor permiso de controlar mi estado emocional, y es muy fácil usarlos como excusa para mi desalineación con la fuente de amor. Es muy fácil culparlos por “haberme creado todos mis traumas en la infancia”, porque “por ellos tengo mis creencias limitantes”. Y algo que entendí (o que decidí) es que ellos no son mi excusa, sino mi razón y mi motivación para crecer y alinearme con el amor. Si no me enseñaron a poner límites cuando era pequeña, es mi oportunidad para aprender a ponerlos; si en algún momento abusaron de mí emocionalmente y no me enseñaron a amar, es mi oportunidad para valorarme y no tolerar menos de lo que merezco. Es mi oportunidad para aprender qué es el amor y qué se hace pasar por amor, escondido detrás de una máscara de miedo, apego y dependencia. Si me enseñaron que vivir en abundancia es un estado en el que solo unos pocos privilegiados pueden estar, es mi oportunidad para creer que yo hago parte de ese selecto grupo de personas abundantes y que la abundancia no es un privilegio, sino un estado del ser.

Al final de cada capítulo encontrarás una serie de afirmaciones que te ayudarán a reafirmar una nueva realidad para tu mente subconsciente y un nuevo compromiso interior. Repítelas en voz alta mientras las lees, lo ideal es hacerlo todos los días, por veintiún días seguidos.

Compromiso conmigo

Desde hoy hago de las situaciones difíciles
mi razón para crecer y no mi excusa para sufrir.

Desde hoy entiendo que TODO pasa
por un propósito mayor.

Me hago responsable de mi parte en la creación
de mi realidad.

Me rindo ante la gran sabiduría universal.

Empiezo a ver la vida como un gran plan divino
de expansión.

Dejo de pelear con las situaciones que suceden
en mi realidad y empiezo a aceptarlas como son.
Aprendo a usarlas a mi favor, para la mayor
expansión de mi alma.

Son una oportunidad para conectarme
con mi versión más elevada, más valiente
y cercana al amor.

El paso a paso de la ley de la atracción