Este libro va dedicado a mi llave, mi amigo, mi confidente, mi salvador, mi todo: ¡Jesús! Fue Él quien me motivó a escribir estas líneas, y aunque en un principio no me sentía capaz, lo asumí como un compromiso de evangelización, y finalmente fue Él quien inspiró cada palabra.

A mi familia, mi mayor regalo, porque en ella veo reflejada la obra de Dios. Gracias a Alfredo papá, Alfredo hijo, Esteban y Mariana por acompañarme en este proceso, por impulsarme cada día a ser mejor, por respetar los espacios de oración y de escritura.

A mi mamá, gracias por ser siempre mi ejemplo y guía. Y a mi papá (Q.E.P.D), por enseñarme con su testimonio en vida y ser mi palanca en el cielo.

Quiero agradecerles a dos sacerdotes amigos por valorar este trabajo hecho con amor y sacar el tiempo para revisarlo, y por darme ánimo para continuar con el proyecto evangelizador: al padre Diógenes Marrero, por su disposición para ayudarme siempre a corregir los textos y participar de ellos con sus conocimientos, y al padre Rodolfo Londoño, por tomarse el trabajo de leer todo el libro terminado, revisar cada detalle, compartirme sus impresiones y contribuir con sus ideas para enriquecer los temas desarrollados.

A Wilson Tamayo, laico comprometido, subdirector de la comunidad Lazos de Amor Mariano, porque aunque él no me conoce, me ha ayudado enormemente en mi crecimiento espiritual. Lo sigo en sus redes sociales, escucho sus charlas de diversos temas, el evangelio de cada día y los tres mensajes que nos da. Dentro de este libro incluyo mucho de lo que he aprendido gracias a él.

Llaves de amor

Presentación

Con este libro he querido obedecer a mi corazón y compartir las bendiciones recibidas en mi vida. Son muchos los regalos del cielo que he podido disfrutar, y quisiera que tú también los puedas vivir. Por eso, a través de este texto quiero darte a conocer mi experiencia de vida espiritual, contarte desde el fondo de mi corazón cómo conocí al Señor Jesús, cómo fue ese primer encuentro cercano con él, de qué manera logró conquistarme y cómo hasta el sol de hoy (diecisiete años después de vivir una experiencia muy cercana con Él) continúo sintiéndolo cada día de mi vida, siempre con el deseo de acercarme y aprender más de sus enseñanzas.

Como humana, NO SOY PERFECTA, me equivoco, cometo muchos errores y día a día lucho por corregir mis debilidades y tratar de ser mejor persona. Sin embargo, a pesar de que no me siento digna, decidí relatar mi historia con el humilde deseo de que quien la lea logre un acercamiento con Jesús y, ojalá, se enamore de nuestro Señor, lo empiece a descubrir en la cotidianidad de sus días y logre valorar cada instante de la vida que Él nos regala. ¡Sin Dios no somos nada! Yo lo comprobé y quiero que tú lo hagas también.