¿Por qué cuando niños soñamos con ser adultos y los adultos todos los días quieren volver a ser niños? Llevo muchos años tratando de respondérmelo. Pienso que es porque cuando eres niño crees que cuando seas grande vas a ser libre, entonces podrás hacer lo que quieras y tendrás muchas opciones y oportunidades para alcanzar lo que te propongas. Pero cuando llegas a ser adulto, descubres que no eres tan libre; por el contrario, te vuelves prisionero de muchas cosas, descubres lo compleja que es la vida, lo difícil que es lograr lo que aspiras y lo retador que es hacerte seleccionable. Y es en ese momento cuando quieres volver a ser niño para tener una vida menos exigente, más simple; esa que vivías en verdadera libertad.
Te preguntarás: ¿qué quiere decir eso de “hacerse seleccionable”? Cuando llegas a la edad adulta, descubres que eres uno más entre la manada, y que si no te destacas nadie se va a fijar en ti. Entonces, no te van a seleccionar, y si no te seleccionan la vida se hará cada vez más compleja.
La analogía que mejor explica esto es la del pavo real. ¿Has observado la belleza y el esplendor de un ave tan majestuosa como esta? ¿Cómo crees que surgió semejante hermosura? “Tal vez alguien lo pintó con un pincel” puede ser una de las explicaciones que surjan en nuestra mente al tratar de entender lo que parece inexplicable. Pero no es así.
La verdadera explicación es que los pavos reales han llegado a ser lo que son gracias a que, generación tras generación, los mejores han sido seleccionados. Así que a los pavos reales nadie los pintó: llegaron a producir semejante esplendor porque son seleccionados con base en su belleza.
El mecanismo de selección sexual y selección natural, tratado y desarrollado inicialmente por Charles Darwin, da cuenta de cómo la naturaleza es capaz de “producir” animales tan extraordinarios como el pavo real, tan fuertes como el rinoceronte, tan ágiles como el guepardo o tan feroces como el león. Como lo explica la página web especializada Pavorealpedia.com:
La selección sexual es la capacidad que tienen los organismos masculinos y femeninos para ejercer fuerzas selectivas sobre los demás con respecto a la actividad de apareamiento. El portador de características más fuertes, dependiendo de la especie y según la teoría de Darwin, saldrá ineludiblemente beneficiado de este proceso natural. El éxito reproductivo de la pava y la probabilidad de supervivencia de sus polluelos se debe, en parte, al genotipo de la pareja, el cual se refleja en el éxito de su cortejo nupcial, donde luce los deslumbrantes colores de su cola.
Por su parte, el estadístico y biólogo Ronald Fisher, dando sustento y seguimiento a la teoría de Darwin, desarrolló la teoría de selección sexual runaway, en la cual, entre otros aspectos, concluyó que los pavos reales se seleccionan con base en la ornamentación de su plumaje. La BBC, en el artículo “La supervivencia del más bonito”, soporta esta teoría de que los pavos utilizan su gran plumaje para hacerse seleccionables frente a sus competidores, y así reproducirse, transmitiendo de esta forma sus genes generación tras generación.
¿Pero esto qué tiene que ver con ser adulto y descubrir lo compleja que es la vida y lo difícil que va a ser lograr lo que aspiramos? Pues que una de las cosas más retadoras y complejas en la vida es hacerte seleccionable en cada etapa, en cada instante y en cada escenario que vas a afrontar durante tu vida. En tu universidad, en tu trabajo, en tu hogar, en tu familia y en las comunidades en que participes, debes brillar y producir esplendor para que te seleccionen y te den oportunidades; para que puedas participar en iniciativas relevantes para la sociedad y puedas liderar grandes ideas y proyectos de la humanidad, los cuales serán tu forma de reproducirte, perpetuarte y dejar huella.
Lo mismo pasa con las organizaciones. Aquellas que van perdiendo su esplendor comienzan a pasar desapercibidas ante sus clientes, audiencias y públicos objetivos. Ellos no las ven, porque se parecen a todas las demás, no se destacan por ninguna razón; entonces, a la hora de escoger, sus clientes objetivos y audiencias no las tienen en cuenta. De esta manera comienza la lenta desaparición de esas organizaciones. Porque es así de simple: las organizaciones desaparecen porque los clientes dejaron de seleccionar sus productos entre todas las ofertas o porque sus públicos objetivos dejaron de apoyarlos ante la falta de brillo de su propuesta de valor.
Cuando la vida te empieza a pasar por el frente, como una película, y te das cuenta de que no te seleccionan o de que no seleccionan a la organización en donde trabajas, comienzas a sentir lo difícil que es crecer, lo retadores que son la vida adulta y el mundo corporativo. Entiendes que no defines los escenarios en donde te escogen y, por lo tanto, que no eres el ser humano libre o la organización que selecciona el destino que has soñado.
Las preguntas claves son, entonces: ¿Cómo hago para hacerme seleccionable en mi vida? ¿Cómo hacen las organizaciones para que las escojan entre todas las ofertas disponibles en esa jungla llamada “mercado”?
Esta obra se trata de la teoría que he construido sobre cómo hacerse seleccionable. Yo creo que, para ser escogidas de forma permanente, las personas y las organizaciones deben tener cuatro grandes impulsores. Primero, mantener una visión memorable. Segundo, ser capaz de reinventarse en el éxito. Tercero, descubrir la magia que hay en los otros. Y, por último, darle un profundo sentido a la vida.
En estas páginas y en mi conferencia, que se llama igual que este libro, me he dedicado a profundizar en el entendimiento de estos cuatro impulsores, a través de la magia de fábulas, metáforas y analogías basadas en el reino animal, que permiten entender a profundidad las habilidades, capacidades y comportamientos que tienen, viven y experimentan las personas y organizaciones que se hacen seleccionables. Estas, de manera consciente, han centrado su desarrollo y crecimiento en estos cuatro impulsores.
Aunque te identificarás más con uno de estos impulsores, con una capacidad o habilidad, o con una historia, pretendo al final invitarte a hacer una reflexión que te permita llegar a ser un buen ser humano, un mejor miembro de familia, un gran profesional o un excelente miembro de equipo. Que te permita hacerte seleccionable.
Sé que cuesta asumir y entender esta idea de que debemos estar sacando todo el tiempo nuestro plumaje para mostrarnos, para exhibirnos, para que se fijen en nosotros. Pero es el juego ineludible de la vida, que sería diferente si los recursos y oportunidades fueran ilimitados. Lamentablemente, debemos aceptar el hecho brutal de que no es así. La vida, la sociedad y el mundo organizacional son cada vez más complejos y debes estar listo para competir y asegurarte de que te vean dentro de la manada y te seleccionen para darte una oportunidad.
Un día, en una tarea del colegio, nuestra hija manifestó su angustia por no tener claro qué era lo que la hacía especial y única entre sus amigas y familiares. Ese instante trascendental ocurrió cuando nos compartió una historia que debía presentar en su colegio, narrada con imágenes, tal y como si fuera un libro animado. Recuerdo con precisión que comenzó a mostrarnos su minilibro animado con la imagen de cinco osos totalmente blancos. Y entonces nos relató que el propósito de esos osos era encontrar un color a lo largo de sus vidas. En la segunda página aparecieron todos los osos con diferentes colores, excepto una de las osas hijas, que continuaba siendo totalmente blanca. Entonces, nuestra hija dijo:
—Papá oso, con el tiempo, encontró su color azul en su capacidad de inspirar a los demás con sus palabras; mamá oso encontró su color naranja en el placer de ayudar a los demás a ver [Cris, mi esposa, es oftalmóloga]; una de las osas hijas encontró su color rosado en el baile y su capacidad artística, y el oso menor encontró su color verde en la capacidad de hacer reír a los demás en cualquier momento. Pero la osa de la mitad continúa blanca porque no ha encontrado su verdadero color.
Luego, nuestra hija dijo esas palabras que aún retumban en mi mente:
—Solo me falta una hoja, el final, y es en lo que necesito ayuda, porque realmente no sé cómo va a terminar esta historia.
Imagínate lo que puede sentir uno como padre cuando ve que uno de sus hijos le dice a través de una historia que no se siente nada ni nadie, y que le angustia cómo va a terminar ese sentimiento en su vida.
En ese inolvidable y difícil momento está inspirada otra de mis obras, “Las lecciones de los amigos del alma”, que trata justo acerca de esa angustia que nos produce tener que destacarnos constantemente entre los demás. Esta conferencia —que pronto será también un libro— narra cómo llevamos a nuestra hija, a través de historias, analogías y profundas conversaciones, a concluir que encontrar su color no podía ser su único motivo de vida, y mucho menos producirle tanta ansiedad y angustia.
A eso hemos llevado nosotros los adultos a las mentes jóvenes. Hemos infundido en los niños una profunda ansiedad por lograr y ser alguien desde muy temprana edad. Quizá a nosotros nos pasó lo mismo cuando pequeños, y de hecho es la mayor angustia que podemos sentir como profesionales. Mi propuesta es que a medida que encuentres tu propio color, que te hace único y especial, y te permita destacarte entre los demás, debes hacer algo que te va a dar una profunda tranquilidad, y es disfrutar los colores de la vida que te rodean. Y así, con el tiempo, si tienes la intención, encontrarás tu propio color, ese que te hará seleccionable ante los demás.
Este libro trata acerca de la importancia de hacerte seleccionable, de encontrar tu color, ese que te hace único y especial. A través de los cuatro impulsores propuestos y la magia de las fábulas, analogías y metáforas, descubrirás el valor de saberte transformar como la oruga, de tener constancia y persistencia como el salmón, y de confiar en ti mismo como un águila para poder alcanzar tu visión memorable. Entenderás, entre otras cosas, la importancia de identificar esa vaca que te tiene en una zona de confort para deshacerte de ella; de adaptarte al entorno, como lo hace el camaleón, y lo crítico que es poner un tiburón en la piscina de la vida para movilizar la reinvención en el éxito.
En esta páginas también aprenderás lo valioso que es volar en familia, como los gansos salvajes; de ser diverso de pensamiento para poder ver todo el elefante y no solo sus partes; y lo importante que es no brillar solo, como la luciérnaga, sino arrojar luz con y sobre los demás, para descubrir la magia que hay en los otros, esos que te ayudarán a alcanzar tu visión. Al final, concluirás que no hay propósito superior sin pasión, como la del panda; que si no eres íntegro, al contrario del ratón, no encontrarás tu esencia, como la que tiene el conejo de Pascua. Estas y otras historias te brindarán algunas herramientas para hacerte seleccionable en ese entorno complejo, selvático, agreste y competido llamado “vida”.
Mi propósito no es fijar una posición ni entregar una fórmula mágica: lo importante es tu decisión sobre cómo vivir el proceso de búsqueda de esa esencia y ese color que te harán seleccionable. Debes ser capaz de disfrutar el camino, debes gozarte el color de los demás y debes percibir y deleitarte con las tonalidades del entorno, para que en este trascurrir descubras que, aunque el camino de la vida es retador, el paisaje siempre será genial.
Debes tener una visión grande, robusta, poderosa y exigente. Las personas y organizaciones que brillan, que producen esplendor y se hacen seleccionables no se dan el lujo de tener una visión que esté por debajo de estos estándares.
La primera salvedad importante que debemos hacer a la hora de hablar de visión es que debe estar clara la distinción entre la visión y la misión. La primera responde a la pregunta “¿A dónde quiero llegar, qué es lo que quiero lograr?” y está íntimamente relacionada con las palabras objetivos, sueños y metas. En resumen, podríamos decir que la visión responde a la pregunta “¿Qué?”. La misión, en cambio, es por completo diferente, pues responde a las preguntas: “¿Cómo?”, “¿Dedicándome a qué?”, “¿Haciendo qué o a través de qué?”. Está ligada al propósito o sentido de lo que hacemos o de aquello a lo que nos dedicamos en nuestra organización o en nuestra vida. En resumen, la misión responde a la pregunta: “¿Para qué?”.
He acompañado a varias organizaciones en procesos de planeación estratégica y la clara definición de estos dos elementos es la pieza clave para que una organización sea exitosa y trascienda. En estos procesos utilizo regularmente dos ejemplos magistrales de lo que es una clara definición de la visión y la misión.
El primero de ellos proviene de mi alma mater, Microsoft, el lugar donde formé mi carácter laboral y mi estilo de liderazgo, y donde forjé la templanza con la que hoy afronto mi vida personal. Bill Gates, a muy temprana edad, definió claramente el objetivo, la meta y la visión de Microsoft: “Poner un computador en cada escritorio del mundo”. Con esto se refiere a lo que quería lograr, pero la gran pregunta que surge, entonces, es: ¿Para qué? Hay múltiples respuestas, como para ser la persona más rica del mundo, para que la organización fuera reconocida como la más innovadora, para ser los líderes del mercado, entre otras. Con el tiempo, Microsoft maduró su “para qué” y hoy en día este se define como: “Para realizar el potencial de la humanidad”. Así, podría decirse que Microsoft quiso poner un PC en cada escritorio del mundo para poder realizar el potencial de cada ser humano. Tremenda fórmula. Poderosa, ambiciosa, trascendental y, como vamos a ver más adelante, tiene muchas posibilidades, requiere mucho tiempo, es exigente y caben millones de personas en ella. Esto es lo que tienen las visiones memorables.
El segundo ejemplo proviene de una de las compañías que más admiro, Starbucks. Su visión, lo que quieren lograr, a dónde quieren llegar, es a “ser el tercer hogar”. Tamaño de pretensión. Aunque esta visión evolucionó con el tiempo a “ser el tercer espacio”, en esencia habla de que todo ser humano tiene en general dos espacios, su casa y su trabajo. Bien, ellos quieren ser esa tercera opción: que cuando no quieras estar en tu casa o en tu trabajo, quieras estar en Starbucks. Hay múltiples formas de lograrlo, pero ellos definieron que lo querían hacer para “nutrir e inspirar el espíritu humano…”. Ese es su propósito, su “para qué”. Así que Starbucks tiene definido con claridad su qué y su para qué como ser ese tercer espacio (visión) donde las personas nutran e inspiren su espíritu (misión). En lo personal, es una de las definiciones estratégicas que más admiro, porque le ha permitido a esta gran organización vender un producto completamente “comodotizado”, como es el café, entre seis a ocho veces más por encima del precio de la media del mercado. Tremenda fórmula de negocio.
Estos dos ejemplos nos permiten entender la meridiana distinción entre la visión y la misión de una organización. Por diferentes metodologías, culturas o criterios, las organizaciones y las personas llaman la visión de diferentes maneras, como la “Mega”, “el propósito superior”, el “objetivo”, la “meta”, la “ambición y el “sueño”, entre otras. Sin querer pecar de simplista, considero que todas ellas responden a las dos grandes preguntas mencionadas: “¿Qué?” y “¿Para qué?”. Así que vamos a concentrarnos en el “qué”, la visión, y a sumergirnos en la importancia de que esta sea memorable, para que tú o tu organización se hagan seleccionables.
Cuando observas a tu alrededor, todas las organizaciones y personas que se destacan, sin excepción, tienen clara la meta a la cual quieren llegar. Pero ese objetivo, además de estar bien definido, se caracteriza por ser memorable. Una visión memorable duele, tiene espacio para muchos, viene en talla grande, hay diversas opciones para alcanzarla, requiere bastante tiempo, exige enfoque y persistencia, requiere resiliencia y va a demandar una dosis importante de autoconfianza.
Una visión memorable duele cuando te preguntas si siendo lo que eres lo vas a lograr, y te das cuenta de que es absolutamente imposible. Así que la primera característica de una visión memorable es que exige tu transformación, como la oruga que se convierte en mariposa.
En una visión memorable caben muchas personas y organizaciones. Una en la cual solo quepas tú no trascenderá más que en ti y probablemente en el pequeño círculo que te rodea. Las que son memorables, en cambio, son grandes y por lo tanto acogen a muchas personas, entidades, organizaciones y comunidades. Así, crean un impacto masivo que te permitirá producir un esplendor y un brillo lo suficientemente grandes para que seas seleccionado entre la manada.
Las visiones memorables vienen en tallas grandes y, por lo tanto, cumplirlas requerirá tiempo, esfuerzo y recursos. Las visiones que, por el contrario, se alcanzan rápida y fácilmente, no tardan en ponernos en esa peligrosa posición para cualquier persona u organización que es estar en la zona de confort. Cuando alcanzamos fácil nuestros objetivos, sentimos que hemos cumplido con nuestro deber, entonces dejamos de insistir en esa visión, entrando en lo que he llamado “la zona cómoda del deber cumplido”. Esta no es más que esa zona en la cual ya no hacemos nada, porque ya hemos alcanzado lo que nos habíamos propuesto. Las visiones memorables jamás nos permitirán entrar en esta zona, porque nos estarán retando todo el tiempo y tomará mucho tiempo alcanzarlas.
Una visión memorable te va a exigir mantenerte enfocado en ella, no vas a poder quitarle la mirada por un instante, no te va a permitir distraerte con elementos que no aporten a su logro. Como el gato que está al asecho del ratón: si se da el lujo de quitarle un segundo la mirada a su presa, se le escapará.
Las visiones memorables exigen persistencia, porque lograrlas toma tiempo, son muy amplias y existen varios caminos para llegar a ellas. Siempre encontrarás barreras y obstáculos en el camino que te van a desanimar, y como el salmón, vas a tener que persistir para garantizar tu supervivencia.
En su búsqueda, vivirás momentos muy retadores, que te van a descontrolar y sumergir en estados de ánimo difíciles. Pero si no encuentras la calma ni desarrollas la resiliencia necesaria para poder controlar ese estado de ánimo y reponerte hasta de las dificultades más profundas, que jamás te imaginabas que ibas a afrontar, va a ser difícil lograr una visión memorable. Como las mariposas, que solo se acercan a las personas que están en calma, vas a tener que descubrir los beneficios de vivir y de acercarte a las personas y momentos que te produzcan paz, para así poder controlar y sobrepasar los momentos difíciles.
Por último, una visión memorable va a exigir una profunda autoconfianza de tu parte o colectivamente de la organización. Como individuos o como equipo, si dudamos por un instante de que seamos capaces de lograrlo, reduciremos de manera significativa las posibilidades de hacerlo. Cuando crees en ti y en el equipo que te rodea, eres capaz de volar y llegar hasta donde te lo propongas. No te quedarás en el suelo, solidarizándote en la mediocridad con las gallinas que te rodean, sino que podrás volar con todo tu potencial y tu talento, como la gran águila que eres. Así, podrás alcanzar la altura que quieras, donde llegarás a tu visión memorable.