Queridos papás, decidí escribir este libro en forma de glosario para que puedan usarlo de referencia cuando tengan dudas, o inquietudes, sobre cómo enfrentar las situaciones cotidianas, que viven durante la crianza de sus hijos. A lo largo de las páginas que siguen, encontrarán una recopilación de conceptos, que van desde la A a la Z, de todo lo que he aprendido a lo largo de más de 35 años de experiencia, apoyando a padres y familias. Además, está escrito de una manera innovadora para que puedan consultar con facilidad cuestionarios, consejos, testimonios y temas muy variados, que con seguridad enriquecerán su experiencia como padres. Espero, de la mejor manera posible, que el ABC de la crianza logre abordar la mayor cantidad de conceptos, que he incluido en mis otros libros, y que también he investigado en las obras literarias de otros autores, que se han dedicado a fortalecer y a mejorar los procesos de educación.
Siempre lo he dicho: los padres son los pilares de la crianza y su participación es definitiva para la construcción del éxito y la felicidad de sus hijos. Por eso, papás: para criar hijos felices y exitosos en este mundo moderno, el amor y la disciplina son tan importantes, como la sabiduría que logren transmitir y estoy convencida de que estar bien informados y adquirir conocimientos les permitirá tomar siempre las mejores decisiones. Muchas veces los padres dudamos si estamos haciendo lo correcto o si, por el contrario, estamos cometiendo errores; nos angustiamos y nos sentimos culpables al creer que nos hemos equivocado con la crianza de nuestros hijos. Y en ese sentido, les aseguro que este libro se convertirá en un apoyo para que se sientan más seguros, e informados. No olviden que los errores son maravillosas oportunidades para aprender. Por eso, si en algún momento sienten que se han equivocado, reflexionen sobre lo que creen que hicieron mal, ya que la idea es aprender, mejorar, crecer, evolucionar y reconocer que cada equivocación es un aprendizaje necesario para continuar el camino como padres.
Los padres del siglo XXI están continuamente enfrentándose a retos, especialmente diferentes, ya que sus hijos son producto de una época que se ha caracterizado por emerger en medio de una revolución tecnológica, en la que los niños crecen más rápido, saben más y, por lo general, son impacientes. En ese sentido, me alegra poder acompañarlos en este recorrido para lograr que la familia se convierta en un lugar emocionalmente seguro, en el que los niños puedan crecer sanos y anímicamente fuertes. Y espero, queridos lectores, que este libro se convierta en una compañía cercana y amable, mientras experimentan la maravillosa experiencia de criar.
Annie de Acevedo
El primer amor que recibe todo ser humano es el de sus padres y es a partir de este instante que se desarrolla un vínculo bueno o malo, que va a perdurar para siempre. Por eso, es tan importante crear y construir día a día un amor sano y constructivo. El amor bueno, el que sirve y da fuerza es el que se da incondicionalmente, es el que aprueba y acompaña, pero también pone límites y es honesto. Es un amor generoso que sabe cuándo dejar ir, cuándo guiar, cuándo hacer presencia y siempre orienta sin juzgar. Por otro lado, está el amor que es permisivo, controlador, desaprobatorio, crea dependencia, es condicionado y maltrata con el abandono y el constante enjuiciamiento. Es fácil caer en la trampa de estos amores y también oscilar entre uno y otro. Un buen amor nunca es excesivo, ni se aprovecha de la intimidad y proximidad para maltratar y dominar. Se puede maltratar también con un amor excesivo, lo cual puede convertir a sus hijos en seres humanos necesitados, a quienes después les va a ser difícil reconocerse y satisfacerse con un amor normal. El amor excesivo y posesivo puede llevar a una búsqueda errónea de algo que no existe. Amores serenos y sosegados, no conflictivos, ni posesivos (de los cuales hablan las canciones y novelas de amor), son los que necesitamos.
Se debe reflexionar, entonces, sobre las manifestaciones del amor. Para cada quien los gestos de amor son diferentes. Para algunos hijos el amor debe ser expresado constantemente y de manera abierta con palabras cariñosas, para otros, pequeños actos son suficientes. Por otro lado, hay hijos más necesitados de amor que otros. Cada padre debe preocuparse por ver cómo están sus manifestaciones de “amor” para con sus hijos. No es suficiente quererlos, sino que ellos también reciban y sepan de su gran afecto. Nada que de más fuerza en la vida que ser el objeto del amor de alguien.
“Soy especial porque amé con todo el corazón
y fui amado”.
Nicholas Sparks, autor norteamericano
Para que el amor llegue tiene que haber tiempo compartido en el que los hijos se sientan queridos y, por lo tanto, importantes para sus padres. Estos momentos, que van a ser inolvidables, pueden ser desde actividades sencillas, como juegos y tareas, hasta los viajes en familia. Es la única manera de que la cantidad de amor se vea traducida en calidad. El origen de todos nuestros amores se remonta siempre a ese primer vínculo amoroso que construimos con nuestros padres. Más tarde en la vida se escoge pareja y amistades, basándose en este patrón que se estableció en la infancia.
A continuación les presento algunas manifestaciones de amor que se establecen en la relación entre padres e hijos:
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El amor que sirve |
El amor que no sirve |
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Aprueba |
Es permisivo |
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Acompaña |
Es controlador |
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Pone límites |
Es desaprobatorio |
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Es honesto |
Es condicional |
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Es incondicional |
Crea dependencia |
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No juzga, pero sí guía |
Maltrata con el abandono |
A continuación los invito a resolver los siguientes interrogantes para determinarlo.
El sobreprotector
¿Sus manifestaciones de amor con su hijo son constantes y no obedecen a ningún tipo de mérito que el niño haya hecho?
¿Por el gran amor que le tienen a su hijo le evitan cualquier sufrimiento, apoyándole en deberes, comprándole lo que quiere?
¿Intentan lo más que pueden acercarse a su hijo al punto que compiten con su pareja por su afecto?
¿Cuando llora y está frustrado ustedes le facilitan las cosas dándole soluciones con tal de que no llore más?
El autoritario
¿Son ustedes unos padres que asumen que sus hijos saben que los quieren, pero no dan manifestaciones afectuosas?
¿Son ustedes unos padres que corrigen a su hijo todo el tiempo?
¿En la casa las cosas se hacen “como yo digo” y si no hay consecuencias fuertes?
El permisivo
¿Sus manifestaciones de amor corresponden a comprarle todo lo que su hijo les pida?
¿Son de los que creen que los hijos hagan lo que quieran porque la vida por sí sola se encarga de formarlos?
¿Nosotros como padres le damos gusto a nuestro hijo y nos cuesta decirle que no a algo?
¿Para nosotros lo único importante es que nuestros hijos hagan lo que quieran para que estén felices y tengan bienestar?
El respetuoso y responsable
¿Son ustedes padres que corrigen solo cuando toca y de resto dejan pasar cosas menores?
¿Son ustedes padres que con frecuencia dan besos y abrazos?
¿Ustedes como padres le compran a su hijo solo lo que pueden y lo que él se merece?
¿Cuando llora y está frustrado lo abrazan y entre los dos buscan soluciones?
La adolescencia es una época de transición entre la niñez y la edad adulta, durante la cual se tiene la gran tarea de buscar una identidad propia; en otras palabras, dar paso a la personalidad. Ocurre desde el inicio de la pubertad y dura, hoy en día, hasta casi los 30 años cuando llega la independencia. La adolescencia es la etapa de mayor vulnerabilidad, debido a la inseguridad promovida por tantos cambios simultáneos; por lo tanto, la tarea más importante de los padres es promover en los adolescentes la seguridad y la confianza en sí mismos. En otras palabras: una autoestima positiva.
Por otro lado, la tarea de un adolescente es saber cuál es su nueva identidad, todo lo que hace y dice tiene que ver con la búsqueda de esto. Hay varios cambios que ocurren durante la adolescencia como son los físicos, los cuales se caracterizan por un crecimiento notorio; por ejemplo, la estatura, el engrosamiento de las facciones y el crecimiento desproporcionado de las extremidades. De igual manera, se presenta el desarrollo intelectual, lo cual le permite al adolescente pensar de manera más abstracta y analítica. A nivel social hay un gran cambio, pues empieza el interés por relacionarse con los del sexo opuesto, y a nivel emocional hay estados de ánimo cambiantes, debido a los cambios hormonales y una excesiva consciencia de sí mismo.
La siguiente es una guía para ayudar a los padres a acompañar y guiar a sus hijos en esta etapa de manera menos traumática y más amable:
Respeten a los adolescentes. En la medida en la que desarrollen una relación basada en el respeto mutuo, crearán mayor confianza y estarán menos interesados en negar los derechos de la contraparte.
Concéntrense en el comportamiento positivo del adolescente. Tomen nota de los esfuerzos, de las contribuciones y de cualquier acto de cooperación y déjenle saber su reconocimiento. Minimicen los errores.
Acéptenlo tal y como es haciendo a un lado sus expectativas. Su aceptación ayudará al adolescente a sentirse a gusto consigo mismo y a lograr lo que se proponga.
Ayúdenlo a que se vuelva responsable, otorgándole tareas y esperando un compromiso. No hagan nada que pueda hacer por sí mismo.
Permitan que aprenda las consecuencias lógicas que trae la vida. Eviten una relación basada en el premio y en el castigo.
Tengan el coraje de ser imperfectos. Reconozcan sus propias limitaciones y no se exijan más de lo que les es posible dar. Al mismo tiempo, estimúlenlo a que tenga el coraje de ser imperfecto y a aprender a vivir con sus limitaciones.
Den a conocer claramente sus valores y creencias, pero no traten de imponerlas en el hogar. Sermoneando y obligando solo lograrán rechazo y resistencia.
Desarrollen normas y expectativas razonables. Es muy importante que sirvan de ejemplo, viviendo personalmente de acuerdo con ellas, lo más consistentemente posible. Los hijos aprenden más de lo que hacen sus padres que de lo que dicen.
Escuchen con cuidado lo que dice su hijo. Traten de comprender sus sentimientos y emociones no solamente en lo que dicen, sino también en lo que no dicen. Recuerden que el adolescente actúa sus emociones.
Tomen a su adolescente en serio. Muestren interés por las cosas que despiertan su curiosidad, como la ropa, la música, los deportes, las actividades escolares, los libros, las redes sociales, las películas, etcétera.
A la hora de una buena crianza en esta etapa es importante tener en cuenta varias cosas:
Cuanto más seguro se sienta un adolescente menor será su rebeldía y agresividad.
La cantaleta de los padres es entendida por los adolescentes como una falta de confianza en ellos.
Las angustias emocionales de los adolescentes impiden su concentración en las tareas académicas.
Una filosofía religiosa importante le da sentido al adolescente y apoya su necesidad de aceptación y amor.
El rechazo promueve la hostilidad por parte de los adolescentes. Los insultos y las críticas hieren más gravemente y perduran más si proceden de los padres.
Los adolescentes cambian abrupta y continuamente: un momento son niños y otros son adultos.
A través de sus sueños y fantasías los adolescentes alivian su tensión y practican sus conductas.
La aceptación de los amigos, y demás adolescentes, es una meta muy importante para ellos. Ser parte de un grupo les da sentido de identidad.
El adolescente se rebela, no tanto por desafiar a sus padres, como por experimentar su identidad y autonomía.
No se tomen las pataletas y los insultos de manera personal.
El adolescente no sabe lo que quiere ser, pero sabe perfectamente lo que no quiere ser. Está continuamente bombardeado por una serie de impulsos y emociones que ni conoce, ni sabe manejar. Tengan paciencia e indíquenle el camino a seguir.
La ansiedad es uno de los trastornos más comunes hoy en día. Según un estudio llevado a cabo en Estados Unidos, por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), uno de cada cinco niños presenta problemas de ansiedad y depresión complejos. Miremos cómo se pueden manifestar los desórdenes de ansiedad. El miedo aparece en los niños usualmente a los tres años de edad, cuando son conscientes de que hay peligros en el ambiente. Hablamos de fobia cuando el miedo es totalmente irracional, extremo y paralizante. Un ejemplo es un niño que está en un avión y el miedo lo invade a tal punto que no puede parar de llorar durante todo el vuelo. Los desórdenes de ansiedad son bastante comunes en la niñez: uno de cada cinco niños presenta ansiedad.
Como ya he dicho, muchos niños presentan temor ante estímulos desconocidos, ante un examen o prueba académica, o ante el hecho de tener que hablar en público y esto es normal. Estas conductas de temor pasan a ser anormales cuando hablamos de un desorden de ansiedad generalizado, que interfiere con la ejecución de las tareas diarias del niño y con su relación con los demás. El niño ansioso puede expresar muchísimo temor sin razón aparente: siente que el corazón le late rápido, le pueden sudar las manos y presenta una sensación generalizada de temor agudo. Además, se quejan de frecuentes dolores de estómago y de cabeza, otros tienen problemas para conciliar el sueño y dormir bien y algunos se comen las uñas y viven visiblemente preocupados por todo. También está el niño que busca reafirmación constante ya que la ansiedad lo vuelve inseguro y temeroso. Está también el niño que se retrae y no se comunica, lo cual indica que puede estar sufriendo por el exceso de estrés en su vida. Asimismo, están los niños que “chasquean” los dientes, se chupan el dedo a toda hora, expresan miedos o se les olvidan las cosas.
A continuación están los trastornos de ansiedad más comunes, sus síntomas y cómo enfrentarlos:
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Trastorno |
Síntomas |
Qué hacer |
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Fobias |
Miedo severo focalizado en un objeto, persona o situación. Miedo irracional. El objeto fóbico puede ser casi cualquier cosa (animales, personas, situaciones, transportes, la sangre, etcétera.) Se bloquean los procesos de pensamiento, atención y memoria. |
Tratar cuanto antes esta fobia por un profesional con un proceso de desensibilización, por medio de técnicas como la relajación hipnótica. |
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Ansiedad Generalizada (Dos veces más común en niñas que en niños). |
Patrón de preocupaciones sin base en la realidad y claramente excesivas. Las preocupaciones afectan de forma negativa la rutina y los eventos cotidianos de la vida del niño. Miedo constante hacia el futuro, acompañado de una visión pesimista. Fatiga continua. Dolores de cabeza. Dolores musculares. Temblores en las extremidades. Irritabilidad. Sudor continuo. Dificultad para tragar. |
Se recomienda consulta por psiquiatría y psicología para un tratamiento conjunto. |
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Trastorno de pánico |
Ansiedad intensa hasta el punto en que la persona queda totalmente invadida por un estado de nervios inexplicables y un miedo intenso a morir o a enloquecer (ataque de pánico). Dolores en el pecho. Náusea. Palpitaciones rápidas. Dolor de estómago. Mareo. Un ataque de pánico puede durar aproximadamente diez minutos, aunque a veces puede ser más prolongado. |
Si experimenta un ataque de pánico acuda inmediatamente al hospital para ser atendido por un psiquiatra. |
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Trastorno Obsesivo-compulsivo |
Pensamientos y comportamientos repetitivos que son imposibles de controlar. Ocurre con poca frecuencia en niños pequeños, pero sí se puede ver con claridad en adolescentes, quienes se pueden obsesionar con cualquier tipo de cosas: actividades, tics, rituales y rutinas. Ejemplo: lavarse las manos porque no han quedado suficientemente limpias (según su obsesión), tantas veces que se hacen daño (compulsión). |
Con terapia cognitiva, medicación o relajación hay respuestas positivas para acabar con este desorden. |
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Estrés post-traumático |
Efectos desagradables y síntomas específicos después de que el niño experimenta un evento fuerte o traumático. Apatía. Pesadillas. Irritabilidad. Agresividad. Adormecimiento emocional. Factores genéticos. Los síntomas suelen aparecer tres meses después del evento traumático. |
Buscar asesoría profesional, de preferencia especialistas en estrés post-traumático. |
Hoy en día, en Colombia ha aumentado el número de personas mayores, por lo cual los abuelos están teniendo un papel más destacado en la crianza de los nietos. Como verán a continuación, es importante que el abuelo participe de una manera especial, más no central, en la crianza de los nietos. Con el cambio en la familia colombiana, vemos que cada día hay más necesidad de la presencia de los abuelos. Es el caso de las madres solteras, separadas y otros modelos de familia, donde no están de manera continua el padre y la madre.
Ser abuelo es una experiencia única y es completamente diferente a ser padre, porque hay grandes dosis de amor, pero pocas responsabilidades. Es un afecto tranquilo que se puede disfrutar más intensamente. Para los abuelos los nietos son su prolongación en este mundo y con ellos existe una profunda conexión genética. Ver a los hijos repetir lo que aprendieron en casa también produce la grata sensación del deber cumplido y sentir que todos los esfuerzos que se hicieron con los hijos se perpetúan en los nietos es una satisfacción inmensa. Es parte del legado importante que dejamos los seres humanos.
El papel que juegan los abuelos en la vida de los nietos es único. Ellos, como personas con más experiencia, guían y apoyan a sus hijos en la labor de la crianza. Los abuelos son otra fuente de afecto para los nietos. Con su sabiduría les enseñan cosas que los padres, por sus múltiples obligaciones, no tienen el tiempo para hacer. Todo aquel que tuvo abuelos presentes mientras crecía guarda recuerdos hermosos de ese apoyo incondicional. Las vacaciones, los regalos y el tiempo compartido dejan huellas imborrables en los nietos. Son muy afortunados aquellos que tuvieron abuelos involucrados, pues tuvieron una fuente de amor adicional en sus vidas.
Los abuelos no están ahí para reemplazar a los padres en sus deberes. Los abuelos ya criaron a sus hijos y no les corresponde criar a sus nietos. Ayudar, guiar y disfrutarlos es más lo que ellos están llamados a hacer. Es importante, entonces, que se creen unas rutinas con los abuelos. De esta manera, el niño sabe y conoce qué esperar de los abuelos y, a su vez, ellos también se pueden organizar alrededor de estas rutinas. Por ejemplo, asignar un día a la semana para que visiten a los abuelos en su casa y/o tener un almuerzo, o alguna reunión familiar, durante los fines de semana. La esencia de esto es que sean unas visitas organizadas y planeadas para que puedan ser lo más enriquecedoras posibles para todos.
Sin embargo, hoy en día se presentan muchas situaciones especiales, donde los abuelos son los que crían para que así los padres puedan trabajar y traer el pan a la casa. No es lo óptimo, pero ellos cuidan mejor a sus nietos que cualquier otra persona ante la ausencia de los padres. Tampoco es aconsejable que los abuelos críen a sus nietos, pues es más fácil caer en el consentimiento excesivo, donde no hay límites claros. Hay un momento en la vida para cada vivencia. El abuelo debe tener derecho a disfrutar a sus nietos, sin tener el agobio de la crianza diaria.
Es importante que los abuelos no desautoricen a los padres. Esto confunde a los niños y no beneficia a los padres tampoco. El abuelo sí se puede dar el lujo de ser algo alcahueta, pero respetando siempre las normas del hogar.
Definitivamente, es necesario hablarles y contestarles a los niños cuando buscan respuestas sobre cómo se ven. Un estudio reciente, en el cual participaron 17.000 niños en Inglaterra, muestra que dos tercios de las niñas entre diez y once años se sienten “gordas”. Otros estudios también muestran que una de cada cuatro niñas de siete años ya ha ensayado hacer una dieta para adelgazar. Estos datos son alarmantes ya que la apariencia física es motivo de gran preocupación en niños y adolescentes.
Parecer ser lo normal que no les gusta ver como se ven versus estar contentos con su cuerpo y su apariencia. La investigación científica muestra claramente la relación entre una imagen corporal negativa y una baja autoestima. Es por esta razón que los padres deben enfrentar esta problemática hablando y comentando frente a sus hijos las preocupaciones que estos tengan sobre su apariencia física. Es importante no decirles mentiras sobre cómo se ven y mejor preguntarles qué es “gordo” para ellos y qué significa estar gordos o con sobrepeso. Dependiendo de la respuesta, hay que decirles que se habla mucho de la silueta y de la gordura en la televisión, pero lo más importante no es esto, sino estar sanos por dentro y por fuera.
Celebren con sus niños y niñas todo lo que pueden hacer con sus cuerpos versus cómo lucen sus cuerpos. Aquí se puede hacer énfasis en el ejercicio físico y los deportes al aire libre. Los padres tampoco deben hablar excesivamente sobre su peso y dietas, al igual que sus preocupaciones sobre su ropa, porque inmediatamente el niño va a intentar imitar lo que dice y hace el adulto. Un niño que viva en una casa donde todo el día está el tema del peso y la apariencia personal se va a preocupar mucho por su aspecto físico.
Las niñas entre 9 y 11 años son más propensas a sentirse gordas ya que en este periodo, antes y durante la pubertad, les sale barriguita. El contrapeso se hace mostrándoles cómo están cambiando y cómo seguirá cambiando su cuerpo y lo emocionante que es esta aventura de convertirse en pequeñas mujercitas. Les aconsejo que expongan a sus niñas a bastante actividad física, como algún deporte, juegos al aire libre o manualidades, que las puedan ayudar a desconectarse de internet. Sabemos que en las redes sociales estarán expuestas a cuerpos perfectos, que harán que cada día se sientan más inseguras sobre su propia apariencia. De igual manera, no hablen en exceso de lo linda y bella que es su hija. Concéntrense más bien en sus destrezas, habilidades, talentos, buenos hábitos y su personalidad emergente. Alaben su apariencia física solo cuando la vean bien arreglada o cuando se haya esmerado en verse linda para algún evento especial.
En un mundo en el que no se debe esperar a que los niños sean adolescentes para que hablen de su físico, se debe hablar de manera muy natural de este tema. Se les debe explicar que los modelos se ven perfectos en televisión, o comerciales, pero que en realidad esto es producto del Photoshop, y otros arreglos con herramientas tecnológicas.
Algo que no podemos hacer es burlarnos de su físico, con apodos como ‘gordo’, ‘flaquis’, ‘llantica’. Debe evitarse, pues es muy doloroso para ellos y le hace mucho daño a su autoestima. Durante la adolescencia, la tendencia es a exagerar cualquier defecto físico, así sea un pequeño grano en la barbilla. Por lo tanto, con ellos toca hacer el ejercicio de buscar lo que tienen bonito: “mira tus ojos, son de un color precioso”, “tus manos son finas, muy delgadas”. Debemos enseñarles a agradecer lo que tienen de positivo y bello en su cuerpo, para no dejarlos caer en la tentación de agrandar cualquier defecto, por pequeño que sea.
Para concluir, los hijos imitan el 90 % de lo que hacen sus padres; por lo tanto, todo lo que ustedes hablen sobre sus cuerpos, su peso, las dietas que practican, lo cómodos e incómodos que estén con sus cuerpos y qué tanto valor le den a la estética va a determinar en gran medida la percepción que tenga el niño de su imagen corporal. Obviamente, la imagen física es muy susceptible de ser criticada. No caigamos en esta trampa y acostumbrémonos a hablar positivamente de la apariencia y de la personalidad de las personas. Muéstrenle a sus hijos que hay una belleza interior que merece ser rescatada y contemplada.
“Adulto emergente o en formación” es el nuevo término con el que se denomina a los jóvenes que están entre los 23 y 27 años aproximadamente. En Estados Unidos se ha encontrado que estos jóvenes recién graduados todavía tienen un alto riesgo de caer en adicciones u otros malos hábitos. Contrario a lo que se pensaba antes, estos jóvenes aún no pueden sobrevivir completamente solos y necesitan una guía de los adultos, pues están más expuestos que los adolescentes menores a toda clase de peligros: son muy temerarios y se sienten invencibles, toman decisiones importantes a la ligera y no parecen estar listos para asumir la adultez.
Se trata de un grupo altamente vulnerable, en todo sentido, que va a necesitar mucha orientación para madurar. De acuerdo con las investigaciones, en estas edades se están presentados más casos de sida y de adicción a sustancias nocivas. En cuanto al trabajo, aunque son jóvenes que están empezando su vida profesional, parece que no han hecho bien la transición de estudiantes a miembros de la fuerza laboral y sufren mucho con las presiones del trabajo porque no las saben manejar. Por otro lado, sienten la presión de la sociedad para asumir compromisos laborales, sociales y afectivos. Pero, infortunadamente, no parecen estar listos.
Como viven bajo mucho estrés, en algunos casos acuden a consulta psicológica, pero otros se quedan solos y tratan de hacerle frente a todas las exigencias y en muchas ocasiones terminan sucumbiendo a ayudas artificiales, como el alcohol y las drogas. Ante este panorama, es importante que las empresas, los padres y toda la sociedad creen redes de apoyo que les ayuden a terminar de formar a estos jóvenes para que puedan enfrentar con solidez los desafíos de la vida cotidiana.
Desde pequeña, María era muy tímida; tanto que hablar era un esfuerzo para ella. No se relacionaba bien con sus compañeros y se mantenía aislada. A los cinco años la remitieron por primera vez al psicólogo. Era clara su dificultad para expresar cualquier emoción. Ni siquiera con títeres, ni con juego de roles, expresaba lo que sentía. Era doloroso verla encerrada en su propio mundo.
Pasaron los años y María seguía retraída, pero además tenía problemas con la lectura. Por esta razón, las clases también se le dificultaban. Para acabar de complicar las cosas, cuando estaba en quinto año de primaria sus padres se separaron. Ella era la mayor de tres hijos y no supo qué hacer ante el dolor de su madre y el silencio de su padre. Con la ayuda de la terapia María comenzó a progresar en la expresión de sus emociones, pero aunque estaba furiosa con sus padres no se atrevía a decirles nada por temor a perder más afecto. El resultado fue que volcó su rabia hacia el colegio.
En los primeros años de bachillerato comenzó a tener problemas de conducta. No entregaba las tareas, hizo unas malas amistades con niñas que ya experimentaban con drogas y se inició en el sexo por la necesidad de sentirse querida, aunque fuera solamente durante un corto tiempo. La situación escolar se volvió insoportable. Aunque ella expresaba poco, cuando lo hacía era de manera desenfrenada y agresiva. Buscando refugio, comenzó a consumir drogas, sobre todo marihuana, donde encontró una salida temporal a la enorme tensión que vivía. Con la marihuana se desinhibía, se relajaba, socializaba y expresaba todo mejor. Así comenzó una adicción que duró muchos años y que al fin logró superar cuando aprendió a no maltratarse y a manejar sus sentimientos de forma adecuada.
María siempre fue terreno fértil para desarrollar una adicción, pues tenía todas las características propicias. Primero, la información genética, luego, su dificultad para expresar sentimientos, sus problemas escolares y sus problemas familiares. Afortunadamente, el apoyo terapéutico oportuno y una férrea decisión lograron romper esa cadena. El caso de María es un ejemplo de la importancia de prestarle atención a señales como el exceso de timidez o la dificultad para expresar emociones, aún más si en la familia hay historias de adicción. Hacer las cosas en forma correcta, desde temprano, marca una diferencia.