CONTENIDO
Portadilla
Contenido
Dedicatoria
Epígrafe
Introducción
Capítulo 1
Señor dios, soy Juliana
Una buena herencia
El monje
El maestro Saint Germain
La llama violeta
Capítulo 2
Los años maravillosos
Pisada por un carro, salvada por el arcángel Miguel
Capítulo 3
Boston
El 11 de septiembre
Capítulo 4
Soy una mensajera de los ángeles
Entrenamiento angelical
Capítulo 5
La depresión
Capítulo 6
“You are on your own”
Capítulo 7
El salto al vacío
Capítulo 8
Talleres con los ilegales
Capítulo 9
Mi regreso a Colombia
Capítulo 10
¡Juliana gitana!
Mi efecto bumerán
Capítulo 11
Soy una trabajadora de la luz
Consejos para la protección de los trabajadores de la luz
Capítulo 12
A quién le entrego mensajes
Cómo recibo los mensajes
Los sueños
Capítulo 13
Efecto contrario
Esto es casi una misión imposible
Gratitud
Capítulo 14
La nueva propuesta de espiritualidad
Los falsos maestros
Los maestros del amor
Capítulo 15
Lo que me han enseñado los ángeles
Enseñanzas angelicales
Capítulo 16
¡Mensajes que cambian vidas!
Mi hermana Claudia
Ani
Angélica
Luis
María
Christian
Capítulo 17
No hay marcha atrás
Señor Dios, soy Juliana Ángel
Capítulo 18
¡Más de lo mejor!
Brigadas de amor
Agradecimientos
Créditos
Para Isabela, la mujer más hermosa y maravillosa que conozco.
¡Que nada ni nadie te quite tu alegría!
Te amo.
Los alabamos a todos por igual.
Son los hijos del Señor
y sus existencias están contagiadas
con la magia divina.
Si supieran cuán hermosos son
no se detendrían en sus tropiezos,
sino que reforzarían cada uno
de sus pasos sabiendo que son Él,
que pueden manifestarlo todo
porque de ustedes es el reino de Dios.
LOS ÁNGELES
INTRODUCCIÓN
Me quiero presentar: soy Juliana Ángel, y lo digo así porque ángel significa mensajero de Dios y eso es lo que soy. Puedo escuchar el mundo espiritual desde que tengo memoria y es tan natural como respirar. No tengo que forzarlo, ni me he capacitado, ni nada de lo que recomiendan en muchos libros, simplemente nací con la capacidad de escuchar unas voces en mi oído izquierdo y me he demorado toda mi existencia en entender de quiénes provienen y en ponerme en paz con esta situación. La verdad fue que tuve que vivir muchas pruebas y situaciones difíciles para reconocer que escuchaba el mundo espiritual, a los ángeles en especial, y para darme cuenta de que los demás no podían hacerlo. También tuve que hacer las paces con el hecho de que las palabras que escuchaba no iban a ser recibidas por los demás con la naturalidad que yo lo hago ni con la alegría con que me las entregan, porque desde que tengo memoria me acuerdo de Dios; entonces, acceder a su mundo es lo más natural para mí.
Vamos a ver si me hago entender un poco: yo vivo siempre conectada con el mundo espiritual y la verdad es que lo poco que puedo vislumbrar de él es precioso y me decepciona mucho volver a nuestra difícil realidad y observar lo limitados que somos, en todos los sentidos. Esta es mi verdad, se me hace difícil encajar en este mundo y de alguna manera me he sentido siempre en contravía de lo que el común de las personas sienten, piensan y dicen. Entonces mi camino de vida ha sido un camino solitario en muchos sentidos. Bueno, en realidad no, porque siempre he tenido las voces que me acompañan y me dan ánimos, no importa en qué situación me encuentre ni cuán difícil se vea el proceso para salir adelante. Creo que estar cerca del mundo angelical me pide ser más como los niños y lo digo porque me obliga a estar presente, a divertirme con frecuencia, a expresar todos mis sentimientos sin importar lo que piensen los demás, a decir siempre la verdad y, lo más bonito, a volverlo a intentar, con la paciencia y la disciplina que solo tienen los niños, que descubren día a día la maravilla de estar vivos. Quiero creer que logro aproximarme a la grandeza de los niños, pero no puedo alejarme de mi adultez y es aquí cuando necesito ángeles, en muchas cantidades, para que me ayuden a dominar esa parte de mí que es intransigente, impaciente y todo lo negativo que pueda nombrar. Y cuando me siento agobiada de ser como soy, recuerdo que estas críticas provienen de mi mente y han sido creadas por esa parte que todos tenemos y que se conoce como el ego, porque mis ángeles jamás me dirían nada negativo; al contrario, ellos siempre hacen énfasis en mis fortalezas y los consejos que me dan son para cambiar ciertos hábitos que no permiten que mis fortalezcas se desarrollen. Así son de hermosos mis maestros espirituales y no me imagino mi vida sin escuchar sus sabias palabras ni tengo idea de cómo hace la gente para sobrevivir sus vidas sin escuchar lo que yo escucho. Esto me llena de un sentimiento de gratitud inmenso hacia Dios por haberme creado con un oído que conecta con el mundo espiritual y sobre todo con su hermosa voz, porque confieso que también escucho a Dios y su voz resuena dentro de mi ser de una manera única.