Por qué hacemos lo que hacemos

POR QUÉ HACEMOS LO QUE HACEMOS

Este libro invita a explorar parte del entramado invisible sobre el que se apoya la vida cotidiana del ser humano. Un tejido sensible compuesto de creencias, costumbres, tradiciones y objetos de uso diario que, desde el inicio de los tiempos, aunque con distintos formatos, conforman el ser, el hacer y el pensar del Homo sapiens.

En la primera sección analizaremos el origen de las creencias y las supersticiones más populares en el mundo occidental, con especial énfasis en los países de Hispanoamérica. Intentaremos aclarar el contexto y las razones que dieron origen a supersticiones tales como el temor al “mal de ojo” y a los gatos negros, la esperanza de buena suerte que provoca una herradura o un trébol de cuatro hojas y la sensación de protección que, en determinadas circunstancias, experimentan quienes tocan madera o llevan consigo una pata de conejo.

Al hablar sobre usos y costumbres, rastrearemos las raíces de un número importante de prácticas que regulan nuestra vida familiar y social desde las más simples, tales como saludar, aplaudir o tapar un bostezo, hasta las que, con argumentos históricos, tratan de justificar el hábito de brindar o quitar los codos de la mesa durante las comidas.

En esa sección también abordaremos el origen de nuestros comportamientos sociales más básicos y habituales. Entre otros, los festejos de cumpleaños con y sin tortas según la época, las bodas con sus anillos y padrinos dispuestos a dar su vida para que el matrimonio se concrete, y la verdadera e inesperada función de las flores en los funerales.

Finalmente, nos detendremos en los objetos de uso cotidiano, esenciales pero invisibles a los ojos, diría Saint-Exupéry, para tratar de analizar y comprender su historia. Allí, entre muchos otros, aparecerán el tenedor y sus antepasados, el inodoro y el enojo que le causó a la reina Isabel, y los tacos altos impuestos por un rey francés de baja estatura.

Este libro no pretende ser exhaustivo ni mucho menos. Por el contrario, esta obra solo intenta abrir una pequeña puerta que, doy por hecho, despertará el interés y la curiosidad del lector quien, dado lo insólito y asombroso de estos relatos, con seguridad ahondará sobre el tema.

Parte I. Creencias y supersticiones

Antes de que la ciencia descubriera razones que justificaran los misterios de la vida, los seres humanos observaban los cielos, analizaban el comportamiento de los animales e interpretaban los sueños, entre muchas otras prácticas, para darle sentido al mundo que los rodeaba y, más específicamente, a su quehacer cotidiano. Así nacieron las supersticiones, o sea, la búsqueda de patrones y señales que aportasen seguridad ante la incertidumbre generada por experiencias y fenómenos que el Homo sapiens no podía comprender.

En esta sección, exploraremos las creencias y supersticiones más populares y también, por qué no, las más insólitas que, con sus diferencias según épocas y culturas, ayudarán a comprender quiénes somos y de dónde venimos. Aun los más escépticos —estoy convencido—, de manera consciente o inconsciente, alguna vez habrán cruzado los dedos antes de un examen, esquivado un grillo para no hacerle daño o besado el pan antes de tirarlo.

ABRIR UN PARAGUAS ERA MUY PELIGROSO

Los egipcios fueron los primeros en asociar el paraguas con la mala suerte, aunque lo que en realidad fabricaban eran sombrillas confeccionadas con papiros y plumas de pavo real. Por otra parte, en el Antiguo Egipto se creía que el pabellón celestial estaba formado por el cuerpo de una diosa llamada Nut, a la que representaban como una mujer arqueada sobre la tierra, con la piel azul y salpicada de estrellas. Estas sombrillas eran consideradas la encarnación, en pequeña escala, de la diosa en cuestión, por lo cual solo podían utilizarse sobre las cabezas de la nobleza. La sombra que arrojaban era considerada sagrada y un sacrilegio y señal de mala suerte ingresar a ella, aunque fuese por accidente.

La superstición asociada con el paraguas que se abre dentro de una habitación o una casa habría surgido en el Londres del siglo XVIII cuando estos utensilios portátiles de metal se hicieron populares en la capital inglesa. Era común, en ese entonces, que las puntas de estos artefactos causaran accidentes entre las personas presentes y, en muchos casos, la rotura de objetos valiosos, dando origen a discusiones y peleas de distinto grado. Así, gradualmente se llegó a la costumbre de no manipularlos en espacios cerrados, y con el tiempo se convirtió en superstición.

AMARILLO, EL COLOR PROHIBIDO

El amarillo fue un color muy apreciado por las culturas antiguas. Para los egipcios representaba la buena suerte; para los chinos, un símbolo de estatus, y para los romanos, el color de la pureza. Algunas etnias prehispánicas lo asociaban con el conocimiento divino, además de relacionarlo con la luz, el oro y el sol.

Sin embargo, en la Edad Media comenzó a enarbolarse banderas amarillas en lugares afectados por epidemias. En consecuencia, dada su asociación con la enfermedad y la muerte, este color adquirió una creciente connotación negativa. Además, se le sumó un hecho fortuito ocurrido en el siglo XVII. El 17 de febrero de 1673 el dramaturgo y actor Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), más conocido como Molière, murió horas después de haber dejado el escenario donde, vestido de amarillo, había representado su obra El enfermo imaginario. Este lamentable suceso excluyó definitivamente a este color de muchos teatros del mundo, hasta la fecha. Como si lo expuesto fuera poco, la tradición indica que ese era el color que vestía Judas Iscariote la noche que traicionó a Jesús.

Fue así, a través de ese terreno plagado de ambigüedades, como el amarillo llegó hasta nuestros días con relativa vigencia, elegido por algunos, más allá de su historia, y evitado por otros, que optan por el camino más seguro.

BESAR EL PAN ANTES DE TIRARLO
Coinciden las culturas

Esta costumbre reconoce fuertes raíces culturales y religiosas. El pan era considerado por las antiguas civilizaciones como símbolo de la subsistencia y también una bendición divina pues, a través de la generosidad de la tierra y las lluvias, se obtienen los granos para elaborarlo.

Para el cristianismo, tiene un fuerte carácter alegórico, particularmente en la Eucaristía en la que representa el cuerpo de Cristo; es decir, el pan ha adquirido tal condición sagrada que se extendió fuera del ámbito litúrgico. A título de ejemplo, la más tradicional de las oraciones religiosas, el Padre Nuestro, relaciona el pan con la provisión divina cuando dice: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”.

En el judaísmo se recita el Hamotzi, la bendición que se pronuncia sobre la “jalá” o “pan trenzado” que se consume en el Shabat, para agradecerle a Dios que haya brotado de la tierra. Los musulmanes, por su parte, consideran al pan una bendición de Alá y muchas comunidades levantan el pan caído, lo besan y lo colocan donde no sea pisoteado.

Es fácil comprender, entonces, las razones por las que todavía hoy muchos seres humanos besan el pan antes de tirarlo. Se trata de un reconocimiento al trabajo y al sacrificio que significa subsistir, una muestra de respeto por los pueblos que sufren hambre o escasez y, también, una manera de mitigar un acto que, prima facie, especialmente para los más conservadores, equivale a un sacrilegio.

Véase: El pan boca abajo. Solo para el verdugo

CAMINA DEBAJO DE UNA ESCALERA Y VERÁS LO QUE TE PASA

Esta superstición encuentra su origen en el Antiguo Egipto, pues allí el triángulo que formaba una escalera contra cualquier pared era considerado sagrado y una señal de buena suerte. De ahí que las tumbas de los faraones y otros símbolos tuviesen esa forma. Dado que, según sus creencias, una escalera había rescatado a Osiris de la oscuridad, en las pinturas simbolizaban el ascenso de los dioses y se solía colocar escaleras en las tumbas de los reyes para ayudarlos a ascender a los cielos. Por lo tanto, se consideraba una deshonra que un ciudadano común pasara por debajo de ellas pues podía interferir con el tránsito espiritual.

Varios siglos después, los cristianos tomaron esta superstición y la adaptaron a su propia fe. Para ellos, una escalera apoyada contra una pared forma un triángulo que representa la Santísima Trinidad, o sea el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Caminar a través de él era considerado un acto de sacrilegio, que no solo atentaba contra lo divino, sino también atraía la mala suerte. Además, la escalera apoyada sobre la cruz durante la crucifixión de Jesús la convirtió en un símbolo de infamia, maldad y muerte.

Desde entonces hubo múltiples representaciones de adhesión a esta creencia; por ejemplo, en Inglaterra y Francia del siglo XVII obligaban a los condenados a muerte a caminar hacia la horca debajo de una escalera, mientras el verdugo explícitamente se desplazaba a su alrededor.

En la antigüedad, uno de los antídotos más comunes para evitar los efectos negativos de una superstición era el “fico”, que consistía en cerrar el puño mientras se permitía que el pulgar emergiera entre los dedos índice y medio. Así, el puño se apuntaba al objeto o situación en cuestión, en este caso la escalera, para contrarrestar las consecuencias nocivas de esta creencia. Téngase en cuenta que el fico también era un símbolo fálico romano, considerado el precursor del dedo medio extendido.

Una última teoría para justificar esta superstición apela a la practicidad y la sensatez. Quien evite caminar debajo de una escalera tendrá menos posibilidades de resultar herido por la caída de personas o elementos contundentes.

CANTOS DE SIRENAS
¡Átenme al mástil!

Las sirenas son personajes mitológicos caracterizados por tener torso de mujer y cola de pez y vivir en las profundidades del mar. Según la leyenda, sus hechizantes cantos atraían poderosamente a los marineros, y estos, en el intento por alcanzarlas, se arrojaban al agua y morían ahogados.

La trascendencia y la popularidad de las sirenas deriva, en gran parte, del relato de Homero en el Canto XII de La Odisea. En él se cuenta que Ulises, de regreso a casa después de la guerra de Troya y advertido por la maga Circe sobre el peligro de las sirenas, obliga a su tripulación a usar tapones de cera para no escuchar su canto. Él mismo logra salir indemne del hechizo porque se hizo amarrar a uno de los mástiles de la nave.

En nuestros días, calificamos como canto de sirenas a cualquier discurso elaborado en base a palabras agradables y seductoras que esconden un engaño, típico de ciertas declaraciones de amor o amistad, y también de promesas de dudoso o imposible cumplimiento.

CINTAS ROJAS CONTRA LA ENVIDIA

Existen creencias populares que le atribuyen al color rojo el poder de absorber y desviar energías negativas. Para algunas culturas, el rojo significa protección, fuerza y buena suerte. De ahí que se aten cintas de ese color en las puertas de las casas, a los coches y a otros objetos de valor, además de usarlas como pulseras para protegerse contra la envidia y el “mal de ojo”.

Si bien esta práctica proviene de la Cábala Judía, en la que se relaciona la cinta roja con la tumba de Raquel —considerada protectora de todo lo que es negativo—, su uso se ha extendido fuera de la religión para ser adoptada indiscriminadamente en muchos países de Hispanoamérica.

El uso de la cinta roja exige un ritual para que esta tenga efecto. Debe ser colocada en la muñeca izquierda por una persona que desee lo mejor para quien la vaya a portar. Es conveniente que se le hagan siete nudos y cada uno deberá representar un deseo de protección. El portador no se debe quitar la cinta voluntariamente. Esta se romperá o caerá cuando haya cumplido su función, o sea, cuando haya absorbido toda la energía negativa. Recién en ese momento se la podrá reemplazar por otra, para lo cual se deberá repetir el ritual.

CRUZAR LOS DEDOS
Un saludo secreto

La práctica de cruzar los dedos para pedir deseos o tener buena suerte es muy antigua. Hasta el año 313 en que se promulgó el edicto de Milán estableciendo la libertad de culto, en el Imperio romano los cristianos fueron perseguidos. Por entonces, muchos de ellos comenzaron a cruzar los dedos de manera que formaran una cruz, era su manera de pedir a Jesucristo que los ayudara. Luego, se convirtió en un saludo secreto que les permitía a los cristianos identificarse entre ellos.

Originalmente, esta práctica requería la participación de dos personas que cruzaban sus respectivos dedos índices: debajo el dedo de quien solicitaba el deseo y encima el índice de quien apoyaba psicológicamente para que se concretara. Según las creencias cristianas de la época, dicha intersección indicaba la morada de los espíritus benéficos, por lo cual un deseo gestionado de ese modo quedaba sujeto a la cruz hasta que se cumpliese.

Con el paso del tiempo, la práctica perdió parte de la formalidad de origen, no siendo necesaria la asistencia de una segunda persona para formalizar el pedido. Bastaba con que alguien cruzara sus dedos medio e índice para formar una suerte de cruz y así cumplir con el rito.

CUIDADO CON LOS ZURDOS
¿Debemos temerles?

El hemisferio derecho del cerebro es el que controla el lado izquierdo del cuerpo, por lo tanto a los zurdos, que conforman aproximadamente el 10 % de la población mundial, se los conoce técnicamente como derechos mentales.

Esta avasallante diferencia entre diestros y zurdos ha dado origen a gran cantidad de creencias que no se condicen con la realidad. Se les atribuye a los zurdos, por ejemplo, una menor expectativa de vida, lo que no ha sido científicamente comprobado. Se los acusa, sin fundamento, de ser más introvertidos que los diestros, lo que es totalmente falso, aunque sí se los reconoce como más comprensivos y flexibles, quizá por actuar desde el hemisferio que opera la música, el arte y las emociones. Tampoco faltan quienes dicen que los zurdos presentan dificultades para realizar simples tareas cotidianas, solo que esto en general obedece a la dificultad que resulta de utilizar herramientas y utensilios diseñados para diestros, tales como tijeras, abrelatas, guitarras, pupitres, etc., a los que deben adaptarse. Si bien no es cierto que con el tiempo se convierten en diestros, es verdad que vivir en un entorno preparado para izquierdos mentales les aporta práctica para realizar tareas con ambas manos y pies.

A pesar de lo expuesto, se han creado mitos que condenan el lado izquierdo y a quienes lo favorecen. En algunas culturas antiguas, saludar con la mano izquierda era de mal augurio; también se relacionó a los zurdos con actividades brujeriles y demoníacas, sin olvidar que la palabra izquierda deriva del latín sinister, que significa “siniestro” o “desafortunado”. De ahí que, durante muchos años, en diferentes civilizaciones, se forzara a los zurdos a utilizar sus extremidades derechas bajo amenaza de castigos físicos.

Desde 1992, cada 13 de agosto se celebra el Día Internacional del Zurdo, una fecha designada para reconocer las contribuciones y los logros de los derechos mentales y a la vez para llamar la atención sobre sus dificultades para adaptarse a un mundo que no los considera.

DÉJÀ VU
¿Premonición o falla en el cerebro?

La expresión déjà vu (del francés, significa “ya visto”) es un tipo de paramnesia, o sea una alteración de la memoria por la que creemos recordar situaciones que están ocurriendo en ese momento. Se debe a un fallo temporal de nuestro cerebro que envía en milésimas de segundos, y por separado, la información de lo que estamos viendo y que nuestra mente registra como algo ya vivido.

Este fenómeno puede ocurrir sin previo aviso, especialmente en los años jóvenes y en personas con altos niveles de educación y con tendencia a recordar sus sueños.

El término fue acuñado por el filósofo y psicólogo Émile Boirac (1851-1917) en el año 1917 para su libro El futuro de las ciencias psíquicas, en el que trata de vincular la sensación de lo vivido con fenómenos parapsicológicos.

Lejos de lo que se creyó originalmente, la ciencia ha demostrado que esa anomalía de nuestra memoria nada tiene que ver con premoniciones u otros tipos de creencias paranormales.

DEJAR CAER UN PAÑUELO
Ellos lo entendían

A través de los siglos se han generado gran cantidad de supersticiones relacionadas con pañuelos, muchas de ellas aún vigentes, al menos en el imaginario colectivo.

En la Antigua Grecia, por ejemplo, era común llevar encima un trozo de tela —equivalente a lo que hoy sería un pañuelo— con un nudo, para neutralizar el “mal de ojo”. Las mujeres jóvenes de antaño solían llevar en sus manos un pañuelo de seda negra para pedirle a la luna nueva que les permitiese reconocer al hombre que las llevaría al altar. Quien continuara agitando un pañuelo en una despedida, aun cuando el que partía ya hubiese desaparecido de la vista, le deseaba, según las creencias populares, un viaje sin retorno. Regalarse pañuelos entre novios auguraba lágrimas, mala suerte y futuros disgustos. Se consideraba peligroso para el hombre llevar un pañuelo perfectamente limpio y doblado en el bolsillo dado que el diablo, según una de las creencias más difundidas, solía prestarle más atención a los jóvenes prolijos y vestidos de punta en blanco.

Es interesante destacar que originalmente los pañuelos se usaban para secar la transpiración y, entre otros ejemplos, para agitarlos al viento en el circo romano como señal de aprobación. Su uso para enjugar secreciones nasales fue muy posterior.

Ahora bien, en 1844 llegó a Madrid la moda a la Fleur de Marie, un tipo de pañuelo utilizado por la Asociación de las Hijas de María, congregación católica femenina que bregaba por la castidad y el compromiso moral, entre otros valores. La cuestión es que, finalmente, de este tipo de pañuelo se valían las damas para hacerle saber a algún acompañante que gustaban de él, cuando lo dejaban caer para que este lo levantase.

DERRAMAR VINO
Lo malo y lo bueno

En Grecia y Roma de la Antigüedad, se relacionaba al vino con los dioses Dionisio y Baco, asociados a su vez con la alegría y la fertilidad. Recuérdese, por otra parte, que el primer milagro de Jesús, de acuerdo con el relato del Evangelio de Juan, fue convertir el contenido de seis tinajas llenas de agua en vino; además se lo considera sagrado por representar la sangre de Cristo durante la Eucaristía.

Entre las supersticiones positivas, una de las más populares sostiene que el vino derramado sobre la mesa augura buena suerte y prosperidad, sobre todo si se moja el dedo índice sobre el líquido esparcido y se hace la señal de la cruz en la frente de los comensales a la vez que se dice “¡Alegría! ¡Alegría!”.

Hay quienes pasan el dedo mojado detrás de la oreja del responsable y los demás asistentes, aunque otros sostienen que esto último solo se aplica cuando se trata de champagne y obedece a la similitud que existe entre el lóbulo de la oreja y la primera etapa del embrión.

Al beber vino, o cualquier otra bebida con la que se improvise un brindis, es de buena ventura no cruzar las copas e imprescindible mirarse a los ojos. Quienes no lo hagan pueden sufrir algún tipo de desgracia, sobre todo en su vida amorosa.

Por otra parte, los supersticiosos consideran un mal presagio apoyar el vino sobre la cama o brindar con agua debido a que, según la mitología griega, en el inframundo los muertos bebían agua en lugar de vino.

En la Edad Media, servir vino con la mano izquierda era considerado una falta de respeto o una señal de traición dado que la sinistra (“izquierda”, en latín) estaba relacionada con el demonio.

DUENDES
Los niños los ven

La palabra “duende” deriva de “duen de casa”, forma apocopada de “dueño de casa”; según ciertas creencias, el nombre se debe a que estos espíritus jamás abandonan el lugar en el que habitan.

Los duendes, criaturas mágicas de pequeño tamaño, parte del folclore de diferentes culturas europeas, son generalmente representados con un aspecto humanoide, largas orejas puntiagudas y piel verdosa. Se los considera personajes básicos, que algunos relacionan con las hadas y otros con el demonio. Son descriptos como escurridizos, con conocimientos sobrenaturales y una personalidad bromista, por lo cual se les atribuye todo tipo de daños menores. Para muchos, el gnomo, el pombero sudamericano y el poltergeist alemán son distintos tipos de duendes.

Las supersticiones que los ligan a los hogares fueron muy difundidas por todo el Imperio Romano, ya que se los asociaba con dioses menores que, según sus religiones paganas, habitaban en las casas que debían proteger. De esa manera, justificaban ruidos de distinta índole que generalmente escuchaban de noche en alacenas, sótanos y altillos.

La importancia de estas creencias en la Antigua Europa —especialmente en el Reino Unido— fue tal que, durante el Renacimiento y a partir de los escritos del alquimista y médico suizo Paracelso, se propusieron teorías que hablaban de la posible existencia de “gente pequeña” que habitaría en cuevas de las Islas Británicas, donde se habrían refugiado ante el avance de pueblos de mayor tamaño, más evolucionados y mejor armados.

Esta teoría fue retomada varios siglos después por David MacRitchie en su obra The Testimony of Tradition (El testimonio de la tradición) del año 1890 y completada por la doctora Margaret Murray en su trabajo The Witch-Cult in Western Europe (El culto de la brujería en Europa Occidental) del año 1921.

Volviendo a los escritos de Paracelso, podemos decir que al hablar de duendes nos referimos a criaturas interdimensionales y atemporales que viven en comunidades organizadas, y son invisibles para los hombres, pero no para algunos niños. Pueden llegar a vivir más de 500 años, son juguetones, tramposos y muy interesados en la sexualidad de los humanos.

EL AJO
Contra los perros, las víboras y los vampiros

Los antiguos egipcios consideraban al ajo una planta divina, de ahí que en algunos países del otro lado del Mediterráneo luego lo utilizaran para curar el “mal de ojo”, entre otras dolencias. Se creía también que ayudaba a reponer las fuerzas y que actuaba en contra de las llagas, los venenos y las mordeduras.

En Los tratados sobre la dieta, Hipócrates le atribuía poderes laxantes y diuréticos, aunque, aclaraba, podía ser perjudicial para los ojos si se abusaba de él.

Plinio el viejo, escritor y militar romano, aseguraba en su libro Historia natural, que ajos y cebollas en vinagre, que se ponían a secar y luego se mezclaban con miel y vino, alejaban a las serpientes, protegían de la locura y curaban la mordedura de perro. Claudio Galeno (129 -216), el investigador y filósofo griego que llegó a ser el médico personal del emperador Marco Aurelio, sostenía que además curaba la tiña y la sarna.

Era común en la Antigua Europa, y luego en Hispanoamérica, plantar ajo en la puerta de la casa para ahuyentar la mala suerte y atraer la buena, además de ser útil para espantar vampiros y víboras. También se lo podía tener en macetas, para los mismos fines, siempre y cuando se lo hubiese plantado en luna creciente mientras se proferían insultos.

En los países cristianos se cree que un collar con siete dientes de ajo cosechados en la víspera de San Juan cura las lombrices. Llevarlo en los bolsillos durante los viajes, protege de accidente y conflictos e, invariablemente siempre, si se lo coloca debajo de la almohada mejora el sueño, atrae la buena suerte y aleja las malas energías.

Además, entre otras supersticiones comunes que llegaron hasta por lo menos el siglo XX, según el lugar y la época, se encuentra la que recomienda ponerlo en la cuna del recién nacido o entre su ropa para preservarlo del “mal de ojo”. Incluso hay quienes, sin demasiado sustento, lo asocian con la palabra “ajó” que se les dice a los niños antes de que comiencen a hablar. La realidad parece indicar que solo se trata de una imitación que hacen los adultos del sonido gutural que emiten los bebés, y nada tiene que ver con este vegetal liliáceo de flores blancas.

EL ATRAPASUEÑOS
Para dormir mejor

El atrapasueños es un objeto que forma parte de la cultura indígena norteamericana. Los fabricaban los Ojibwa con ramas de sauce y hebras vegetales teñidas de rojo.

Consiste en un aro de madera con una red en forma de telaraña, generalmente adornado con plumas y otros objetos, que se colgaba encima de la cama por medio de un hilo. Se lo utilizaba para proteger el sueño de las personas, particularmente el de los niños. De acuerdo con sus creencias, el atrapasueños solo permitía pasar los sueños buenos y positivos, en tanto los malos y las pesadillas quedaban atrapados en su red y a la mañana siguiente se quemaban con la primera luz del día.

Con el tiempo, los atrapasueños fueron adoptados por otras tribus del hemisferio norte hasta que en la década del sesenta gradualmente se hicieron populares en distintos países del mundo.

EL CUERNO TE PROTEGERÁ

Desde la antigüedad muchas culturas le han atribuido al cuerno el poder de atraer la buena suerte y de proteger contra la envidia y el “mal de ojo”. Se trata de un amuleto muy utilizado en Italia donde, entre otros nombres, se lo conoce como cornicello o cornetto, que significa cuerno pequeño. Lo llaman corno rosso cuando es rojo, el color por excelencia contra la envidia. De ahí el uso de una o más cintas rojas en la muñeca izquierda o atadas a bienes materiales que pueden causar celos o ira ajena.

En Argentina también se lo llama cuerno napolitano, por haberse conocido a través de los inmigrantes oriundos de esa región de Italia quienes, originalmente los confeccionaban retorcidos para potenciar su eficacia y de coral rojo, oro o plata que usaban colgados de pulseras o collares.

Para que el cornicello sea realmente efectivo, indica la superstición, es menester que cumpla con las siguientes condiciones: deberá ser un obsequio, estar en contacto con la piel, ser reemplazado si se rompe y combinarlo con la mano cornuta (el gesto de los cuernos con el índice y el meñique) para aumentar su protección.

El cornicello está relacionado con los fascinus, amuletos de la Antigua Grecia y Roma, con forma de pene, considerados símbolos del éxito en la vida sexual, la fertilidad y la prosperidad. El pene, a su vez, era visto como un emblema de vida y fuerza que podía repeler la envidia y el “mal de ojo”.

EL EKEKO
Inmune al cigarrillo

El Ekeko (del quechua iquaqu) es un personaje que representa la fecundidad, la abundancia y la alegría. Un símbolo cultural del altiplano andino al que aún hoy se le rinde culto especialmente en Bolivia y Perú, aunque también en el norte de la Argentina y Chile.

Se trata de una estatuilla de cerámica o metal, de aproximadamente 20 centímetros, con la forma de un hombrecito sonriente, vestido con distintos tipos de ropa, aunque en general lleva las típicas de la región andina. De su cuerpo cuelgan bolsitas que contienen cereales, tabaco y billetes enrollados que propician la adquisición de bienes materiales. También suele agregársele objetos en miniatura que representan lo que el oferente desea obtener.

El origen de esta figura parece encontrarse entre los habitantes de las culturas prehispánicas sudamericanas, como las Pucará y Tiahuanaco en el altiplano peruano y boliviano, para luego ser adoptado por los Incas. De acuerdo con estudios arqueológicos, los primeros Ekekos eran de piedra, con rasgos indígenas y no llevaban vestimenta alguna dado que su desnudez representaba la fertilidad. La Iglesia católica intentó sin éxito erradicar su culto, aunque solo consiguió que llevara ropas y que sus rasgos fueran los de un mestizo.

Cuanto más cargados están, mayor es la promesa de riqueza que auguran a sus oferentes, de ahí que muchas familias peruanas y bolivianas tengan uno en su casa y que su imagen se utilice en billetes de lotería. Para lograr los favores solicitados se lo debe hacer fumar en el momento en el que se agrega el objeto. Si el deseo ha de ser concedido, se verá salir humo del Ekeko como si realmente estuviese fumando.

EL EXCREMENTO
Sus cualidades mágicas

Desde hace miles de años, se le han atribuido al excremento facultades mágicas. En la Antigüedad, era común realizar hechizos y encantamientos utilizando excremento humano. Los ladrones romanos creían que defecar en el lugar de un robo evitaba que los capturaran, práctica que, aún hoy, algunos malhechores todavía llevan a cabo.

En algunas culturas europeas e hispanoamericanas, pisar involuntariamente excremento con el pie izquierdo auguraba prosperidad y buena suerte, al igual que llevarlo a la casa en la suela del zapato. Asimismo, quienes soñaran con heces de cualquier tipo obtendrían buenas ganancias y se librarían de energías negativas.

Si un pájaro defecaba en la cabeza de un transeúnte, vaticinaba buenas noticias y mucho éxito, debido a la antigua creencia de que llevar estas deposiciones en una pequeña bolsa curaba la tos y el dolor de cabeza.

La bosta de caballo, muy apreciada desde tiempos inmemoriales como un excelente abono para la tierra, también dio origen a supersticiones varias. Entre otras, la de los neerlandeses, quienes solían ponerla detrás de la puerta para ahuyentar los maleficios. Los ingleses tomaron luego esta costumbre y la extendieron a las entradas de sus casas para salir de una mala racha y evitar el “mal de ojo”.

En el mundo del teatro, desde hace muchos años, se evita decir “suerte” o “buena suerte” por creerse que equivalen a lo contrario. En su lugar, quienes desean augurar éxito, utilizan el término francés “merde”. Esto se debe a que, cuando los automóviles no existían o cuando su uso no era masivo, se concurría a ver espectáculos en carruajes tirados por caballos, por lo cual la existencia de abundante bosta delante del teatro significaba que había ido mucho público o, en otras palabras, que la obra había sido un éxito.

Téngase presente, por otra parte, que algunas religiones consideran un acto de profanación defecar en lugares sagrados.

EL GRILLO
Nunca lo pisen

Desde la antigüedad, el llamado “canto del grillo”, producido por la fricción de las alas de los machos durante la noche para atraer a las hembras, fue interpretado como un mensaje que predice el futuro o una advertencia de que ciertos espíritus se encuentran cerca y desean comunicarse con los seres vivos.

Para otras civilizaciones, este sonido rítmico es una invitación a meditar sobre el flujo de la vida y una oportunidad para evaluar pensamientos y emociones, lo que a su vez alienta a la persona a escuchar su voz interior antes de tomar decisiones.

Distintas creencias populares advierten que matar a un grillo puede causar desgracias de distinto tipo dado que, para muchas culturas —entre ellas la nuestra—, son insectos de la suerte.

En China, Japón y otras civilizaciones asiáticas, su aparición era vista como un buen presagio que auguraba prosperidad, abundancia y tiempos favorables. De ahí que matarlos ex profeso pudiera causar graves contratiempos económicos y financieros.

Matar a una hembra también era considerado una muy mala señal para las parejas que desearan concebir, dado que se la estima capaz de producir hasta 300 crías en pocas semanas.

Muchos creen que el acto de matar a un grillo es, en sí mismo, un mensaje que demuestra desinterés por las cosas buenas de la vida, que no solo se trasladará a su destino para provocar desgracias e infortunios, sino también, sostienen otros, causará el enojo de Dios.