¿En alguna ocasión, mientras conversabas con alguien, tuviste la sensación de ser invisible? ¿O sentiste que, aunque te expresabas claramente, tu interlocutor no hacía otra cosa que tergiversar o empequeñecer tus dichos y transmitirte culpa?
Tal vez te sucedió eso con tu compañero o compañera, con un jefe, con tus padres, con tus hijos o con tus amigos. En esos espacios, donde supuestamente te escucharían y te tratarían con respeto, solo te topaste con frialdad, falta de consideración (en forma de broma) o con ese silencio que te hirió más que una voz fuerte.
Bienvenido al mundo del narcisista… Aquí todo da vueltas alrededor de un “yo” que nunca se conforma. Por eso, quienes lo rodean acaban convertidos en anexos, en cosas útiles que le dan lo que desea, pero son descartadas cuando pretenden brillar.
Esta obra tuvo su origen en el hecho de que todo el mundo, alguna vez en su vida, ha conocido a alguien con estas características. Hay quienes solamente exhiben dichos rasgos durante algún tiempo; y también quienes poseen una “estructura narcisista” que desgasta relaciones, crea codependencia y provoca heridas que tardan en sanar.
En este libro no diagnosticamos a nadie, sino que brindamos recursos para reconocer, entender y limitar sus acciones. Lo más grave de un narcisista no consiste únicamente en su accionar, sino en el hecho de que, tarde o temprano, te conduce a dudar y a avergonzarte de ti mismo. En otras palabras, a sentir que, hagas lo que hagas, nunca podrás satisfacerlo.
Te invito a realizar un recorrido a través de estas páginas:
Cada capítulo te brindará no solo otra perspectiva sobre el tema, sino también una bocanada de aire fresco. El primer paso hacia la sanidad consiste en reconocer la propia herida; solo así podrás volver a vincularte de manera sana, libre y genuina.
Ella: —¿Te acordaste de conseguir lo que hace falta para la comida de esta noche que te pedí a la mañana?
Él: —La verdad que no. No pude ir al supermercado porque tuve que ocuparme de cuestiones más importantes que hacer las compras. ¿No podrías ir tú?
Ella: —Habría sido una buena idea que me avisaras.
Él: —¿Por qué siempre te tienes que quejar por algo? Me encantaría que me agradecieras alguna vez todo lo que hago por ti, en lugar de enfocarte en tonterías.
¿Tuviste un diálogo así con tu pareja en alguna ocasión? Parecen frases inocentes, pero tienen el poder de hacerte sentir que tus emociones no valen. Una situación de todos los días que comienza con un pedido normal por la mañana y acaba contigo sintiéndote mal, con duda, culpa o enojo, por la noche. ¡Y sin tener idea de por qué! Esto suele suceder cuando se convive con un narcisista: algo insignificante se transforma en una oportunidad para controlar y opacar al otro.
Para entender por qué sucede esto, sumerjámonos más a fondo en este tipo de personalidad narcisista…
Según el DSM-V (2013), la versión actualizada de este DSM-V-TR, revisado en el 2022, y algunos expertos como Otto Kernberg (psiquiatra y psicoanalista estadounidense nacido en Viena [Austria] en 1928) y Theodore Millon (psicólogo estadounidense), las características típicas del trastorno de la personalidad narcisista son una autoestima variable y vulnerable, una necesidad de admiración excesiva y de aprobación de los demás, y una grandiosidad manifiesta o encubierta. Algunos de los rasgos que menciona el DSM-V acerca de una personalidad narcisista son los siguientes: falta de empatía, desprecio o falta de interés hacia los demás ―considerados meramente como objetos que pueden utilizar para alcanzar sus propios fines―, excesiva necesidad de admiración, creerse una persona especial, pensarse merecedor de todos los privilegios. Además, suelen mostrarse altamente sensibles a la crítica o falta de reconocimiento1.
Para Kernberg, los narcisistas demuestran estar centrados en sí mismos, exhibir una imagen propia desigual y exagerada, y necesitar desesperadamente ser validados por los demás. Según Millon, los trastornos de la personalidad no deben ser entendidos como enfermedades mentales, sino como estilos de conducta, cognición y emoción…, entre otras señales2.
Ahora bien, si solo tengo algunas de estas características, ¿soy un narcisista?
En este caso, querido lector, estamos hablando de “rasgos narcisistas”, de ciertas características temporarias de cualquier persona. ¿Quién no demostró alguna vez tener un ego desmedido ante una determinada situación? Todos presentamos, en algún momento de nuestra vida —algunos en mayor medida que otros—, rasgos narcisistas. Esto no significa que tengamos una estructura narcisista. Por eso, necesitamos comprender bien la diferencia entre “rasgos narcisistas” y “estructura narcisista”. ¿Quién de nosotros no se ha sentido, en alguna ocasión, superior a los demás o no ha buscado recibir validación exagerada en las redes sociales? Estos aspectos suelen aparecer especialmente en momentos de vulnerabilidad, pero no siempre son parte de la personalidad; es decir que no la definen ni tampoco implican un diagnóstico o una estructura.
Cuando hablamos de estructura, nos referimos a una forma estable, persistente y profunda de funcionar en la vida. Los rasgos se suman de manera constante y persistente, e invaden todas las áreas de la vida.
Se trata de una manera de moverse en la vida, con respecto a otro, que presenta estabilidad, persistencia y profundidad. Este tipo de personas suelen presentar algunas de las siguientes características:
Ahora sí estamos en condiciones de considerar con qué tipo de narcisistas podremos encontrarnos en la vida.
A continuación, realizaremos una clasificación propia sobre la base de estos autores, Kernberg y Millon, y otros tantos no citados, con fines didácticos:
Narcisista: ―Tal vez llegue tarde mañana, pero estoy convencido de mi pensamiento: el tiempo es sinónimo de dinero, y yo genero dinero haciendo cosas que valen la pena y transforman la vida de otras personas. Me encanta mejorar la vida de los demás y, al mismo tiempo, obtener ganancias.
Narcisista: ―¿No pensaste que, si trabajo tanto, es porque con lo que tú aportas no cubrimos ni las expensas?
¡Wow! Aquí podemos ver claramente a una persona narcisista: se muestra como omnipotente, segura de sí misma y superior a los demás. Actúa esta grandiosidad de manera notoria y expresiva, lo cual es percibido por quienes la rodean. Es el prototipo del narcisista egoísta, fanfarrón y prepotente.
Compañero: —Llegaste al final en el maratón, ¡te felicito!
Narcisista: —Es que alguien tenía que dar el ejemplo. Me desagrada mucho que los demás no sean tan esforzados y dedicados como yo.
¡Palabras habituales de un narcisista! Siempre estará reprochándote. Ahora bien, este tipo de narcisismo es típico de la persona que funciona con todos los rasgos que veremos en el desarrollo del libro, en las distintas etapas de su vida.
Narcisista: —Hoy traje estos chocolates caros para compartir con todos. Fui a comprarlos ayer después del trabajo porque siempre estoy pensando en otros antes que en mí mismo.
Compañero: —¡Muchas gracias! A todos nos encanta el chocolate.
Narcisista: —¿Un “Muchas gracias” nada más? Por momentos, tengo la sensación de que los demás no me dan el valor que yo merezco.
Seguramente conoces a alguien así, y algún nombre debe haber venido a tu mente. Estas repuestas son típicas de la persona bondadosa, altruista, que necesita que la perciban como el niño bueno, como aquel que más da, que más ayuda. Pero, en el fondo, no soporta que lo corrijan o que no lo elogien, razón por la cual se enojará cuando los demás no puedan ver tan magno sacrificio. En su interior, piensa: “¡Qué grande y humilde soy!”.
Compañero: —Me parece que te equivocaste en esta parte del trabajo.
Narcisista: —¿Equivocarme yo? Es llamativo cómo los demás disfrutan cuando a uno le va mal.
Esta persona presenta una mezcla de narcisismo y psicopatía. Es decir, posee rasgos antisociales, no siente culpa ni remordimiento, disfruta del sometimiento y de la humillación de los demás y suele destruir a quienes la enfrentan. Otto Kernberg, mencionado anteriormente como estudioso de esta patología, define este tipo de narcisismo de la siguiente manera:
Equipo: —Ya nos dieron el trabajo que tenemos que realizar la semana que viene. ¡Creo que nos vamos a divertir mucho!
Narcisista: —¿Divertirnos? A mí me preocupa que nadie reconozca el gran esfuerzo que siempre hago. Porque, por lo general, los otros reciben todo el mérito mientras yo tengo que trabajar el doble de tiempo.
Equipo: —No tiene por qué ser así. Si nos organizarnos bien, podemos dividir las tareas equilibradamente.
Narcisista: —Quizá tengas razón…, pero es agotador trabajar duro y que nadie lo valore. Me gustaría que alguien alguna vez notara mi desempeño.
¿Has participado de este tipo de situaciones? Sin duda, son mucho más comunes de lo que pensamos. El narcisista encubierto podrá mostrarse débil y sufriente, sobre todo cuando no lo miran. Es envidioso de los demás y guarda resentimiento porque percibe todo como una injusticia hacia su persona. Se coloca en el lugar de víctima para procurar, así, llamar la atención. Rara vez cambia, pues su carácter es manipulador desde el sufrimiento, la culpa y la agresión pasiva. En su mente, cree ser mejor que el resto de los mortales por considerarse inteligente, culto o racional; entonces, menosprecia a todos aquellos que no alcanzan “su nivel intelectual”.
Realmente, no se ama. Por eso, cuando los demás no lo admiran, se siente vacío y se deprime. Por lo general, demuestra ira cuando lo ignoran y colapsa cuando lo critican, pues precisa que la gente lo espeje, ya que no es capaz de disfrutar de sí mismo (por el hecho de no amarse). En el fondo, está profundamente herido, desconoce su identidad y se oculta en su forma de ser para no sentir dolor. “Con su personalidad tóxica, centrada en su propia persona, ‘vende’ seguridad en sí mismo, decisión, ambición y fortaleza. Hasta que aparece alguien que sabe más que él y empieza el conflicto. O hasta que, con el paso del tiempo, la gente que lo rodea se da cuenta de que no es tan maravilloso ni único como él pretende hacerles creer. Y este es su propio talón de Aquiles y lo que lo hace caer”4.
Como dice esta vieja historia5:
Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se retiró a un árbol.
Lo vio una zorra. Deseando apoderarse de aquella carne, empezó a halagar al cuervo. Elogiaba sus elegantes proporciones y su gran belleza; agregaba, además, que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que no tuviera voz.
El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba voz, soltó la carne para lanzar con orgullo fuertes gritos.
La zorra, sin perder tiempo, rápidamente atrapó la carne. Le dijo:
—Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría para ser el rey de las aves.
Como podrás ver, no lo tiene todo… Por eso, cuando te enfrentes a un narcisista, recuerda: nadie es mejor ni peor que otro. Valórate, ámate sanamente y no permitas que nadie te rebaje o te prive de tu valor.
Algo más para que tengas en cuenta, querido lector: la presente obra no está diseñada para diagnosticar a ninguna persona, pero sí te será útil para identificar y entender conductas “propias” o “ajenas” que, seguramente, si tienes este libro entre tus manos, ya habrás notado.
Sin más, sigamos adelante para conocer un poco más sobre estos tipos de personalidad…
1. https://aela.es/psicologia/trastorno-narcisista-de-la-personalidad-dsm-v/#subtitulo_1_caracteristicas_principales_del_trastorno_narcisista_de_la_personalidad
2. https://psicologiaymente.com/biografias/theodore-millon
3. https://www.psicoletra.com/2013/08/trastorno-narcisista-y-narcisismo.html
4. Stamateas, B. (2014). Más gente tóxica. Ediciones Vergara.
5. Fábula de Esopo.